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Arrepentimiento

Revista Muy Interesante

Si uno volviera a nacer, ¿qué haría? ¿Elegiría la misma profesión, se uniría a la misma persona? ¿Qué cosas íntimas repetiría y cuales no? ¿Diría aquella fatídica frase, rechazaría de nuevo aquel beso?

Vivir otra vez la vida no es posible, pero debería serlo, aunque fuera sólo para compensar el arrepentimiento.

Todos sabemos qué es arrepentirse, conocemos bien esa sensación de irreversibilidad y de fuga. Si volviera a vivir, cometería los mismos errores, dice un poema apócrifo, atribuido a Borges, comería más helados, viajaría más ligero, no seria tan perfecto. Uno se arrepiente de lo que hizo y también de lo que ha dejado de hacer. El malo de haber sido malo, el bueno de no haber sido un poco peor.

El arrepentimiento es un fenómeno psicológico polivalente. Uno puede arrepentirse de cosas menores, como saltarse una dieta o no haber comprado una televisión, o de cosas trascendentes, como haber renunciado a tener hijos. Puede arrepentirse de algo que hizo a si mismo - haber estudiado ingeniería y no bellas artes - o por algo que hizo a otra persona - negar una ayuda, juzgar erróneamente a otro. El sentimiento de haber cometido un error y querer repararlo se da en todas las culturas y religiones. Los budistas celebran ceremonias de expiación, la Biblia nos habla del hijo pródigo y los grandes personajes literarios como Fausto oscilan entre los excesos y el arrepentimiento.

El arrepentimiento puede ser resultado de perder o de ganar. De perder lo deseable por dejar escapar una oportunidad y de ganar lo indeseable - sufrir o provocar una desgracia. Hay arrepentimientos que reciben una segunda oportunidad - como la parábola del hijo prodigo - porque ciertas conductas son reversibles. Pero otras chocan contra lo irreversible.

Las personas sentimos arrepentimiento por tres cosas de las que somos responsables: la torpeza, la ingenuidad y la maldad. Cometí una tontería, me avergüenzo y me arrepiento; fui confiado e ingenuo y me defraudaron; cometí una maldad, me arrepiento mucho más y me odio. El sentimiento moral de eso último puede ser tan profundo que puede transformar una vida. Y la culpa, algo que no experimentan los animales, puede inundar la existencia entera.

Sí, es cierto que la crueldad humana es brutal; sin embargo hay algunas razones para conservar la esperanza en la humanidad. Una de ellas es el arrepentimiento. Arrepentirse es, en cierto modo, ser bueno. La psicología incluye el arrepentimiento entre los sentimientos positivos junto a la empatía, la piedad y la compasión. En cambio, el rencor nos aleja de la bondad; los rencorosos son duros de corazón y en su grado extremo, vengativos.

Sin embargo, el arrepentimiento nos es un sentimiento tan precoz como la alegría, el miedo o el asco. Sólo empezamos a arrepentirnos cuando experimentamos la generosidad, y eso sucede alrededor de los cinco o seis años de edad. Arrepentirse sobreviene después de un acto de descontrol. La ira y, en menor medida, el miedo, son los peores consejeros y pueden provocar acciones de pesados remordimientos

"Ojo por ojo" decía la ley del Talión, a la que contestó Jesús poniendo la otra mejilla. Los valores de la cultura occidental se inclinan menos para la reconciliación y más por la asertividad. Hoy se aplaude el ser reivindicativo, hay que tener razón siempre, se debe exigir, ganar y, si es posible, atropellar.

Sin embargo, ante el atropello, el rencor y la culpa cabe pedir perdón. Pero hay que saber pedir perdón y hay que saber concederlo. Decía el obispo anglicano Desmond Tuto, que el perdón diluye el odio, sin él no hay futuro. Por eso, el perdón es más importante para el futuro de la humanidad que el petróleo. El pecado, el arrepentimiento, el perdón y la penitencia forman la secuencia necesaria porque todos, religiosos o no, deseamos liberarnos de la culpa y reconciliarnos también con nosotros mismos. Pequeños perdones se piden y se conceden diariamente como fórmula de educación; son muchos, pero poco relevantes. Sin embargo, hay perdones de una trascendencia absoluta, algunos de los cuales reflejan sentimientos de toda una colectividad.
 

 

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