V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

Investigación

La resistencia humana: El ser humano a prueba

Revista MuyInteresante, número 300

FRÍO en los polos, calor en el desierto, aire enrarecido en las alturas, presión insoportable bajo el agua. ¿Dónde están los límites de nuestra resistencia?

En lo profundo: el punto más bajo de la Tierra es la Fosa de las Marianas (Micronesia) en el Océano Pacífico, con una profundidad de 10.924 metros. La presión ejercida por el agua a esa profundidad equivale a 1.100 veces la presión que hay a nivel de la superficie marina. El agua es mil veces más pesada que el aire; y pulmones, aparato, digestivo, oídos son aplastados por la presión a medida que aumenta la profundidad. Nuestro límite de profudidad natural son los 200m. Para llegar hasta allá hay que respirar aire comprimido.

Para poder descender en apnea arrastrado por un peso hasta 170m de profundidad, como hizo en 2003 el cubano Pipín Ferreras, el corazón debe comprimirse al tamaño de una ciruela mientras la sangre deja de circular por las extremidades para concentrarse en el pecho y evitar el colapso de los pulmones. Al mismo tiempo, el buceador tiene que tener un entrenamiento extraordinario y lograr reducir su ritmo cardíaco a 10 pulsaciones por minuto.

En las alturas: el punto más elevado de la Tierra es el Monte Everest, en Nepal-China, que llega a 8.848m. Por encima de los 7.500m ya se considera "zona de muerte", un entorno donde nadie puede permanecer más de unas horas.

Respirar en las alturas no resulta fácil. La razón no es la falta de oxígeno, cuyo porcentaje en el aire (21%) permanece igual en toda la atmósfera, sea al nivel de mar o en el Everest. El problema es que cuanto más alto está el aire, menos aire tiene encima, y por tanto, menos presión, que es justamente la fuerza que necesitan nuestros pulmones para poder absorver el aire a través de la tráquea. En la cumbre del Everest la presión es de 0,33 atmósferas, o sea un tercio que al nivel del mar. En ese caso, el aire apenas entra y los alvéolos no reciben el oxígeno que necesitan para incorporarlo a la sangre y suministrarlo a los músculos. Sin embargo, en 1978 el alpinista italiano Reinhold Messner y el austriaco Meter Habeler coronaron la montaña sin ayuda de oxígeno suplementario. La razón es que se habían aclimatado previamente a la altitud, pasando varias semanas entre los 3 mil y los 6 mil metros antes de avanzar hacia la cumbre.

El mal de altura no es nada agradable. Comienza con una sensación de euforia sustituida pronto por síntomas de cansancio extremo, dolor de cabeza, mareo, digestión lenta, náuseas y taquicardia. El mal de altura puede presentarse a partir de los 2.500-3.000 metros de altura. La Paz (3.829m), Quito (2.800m) y Bogotá (2.600m) están a esos niveles, pero las reacciones dependen mucho de cada persona. Hay quienes sufren mucho, pero hay muchas personas que se aclimatan perfectamente a las montañas. Si el mal de altura aparece y se continua ascendiendo, no son raros los infartos, el riesgo de edema cerebral y pulmonar. Hay medicinas naturales conocidas por los indígenas andinos.

Calor máximo: El punto más caliente de la tierra es El Azizia, en el desierto del Sáhara, en Líbia. La temperatura llega a los 57°C. La temperatura normal del cuerpo humano está entre 36,6°C y 37°C. Cuando se hace ejercicio prolongado puede llegar hasta los 40°C. Ya a los 41°C el organismo está en peligro de sufrir una insolación. Con una temperatura corporal de 44°C, el riesgo de muerte es de 100%.

El calor extremo es un problema para nuestro cuerpo en general. El cerebro es el órgano menos resistente a las altas temperaturas. El sudor hace que el organismo pierda electrolitos -sodio, potasio, magnesio, cloro- al tiempo en que aumentan el volumen de sangre y la frecuencia cardiaca. Los capilares de la piel se dilatan para permitir que el calor salga al exterior con más eficacia.

Aunque podemos permanecer en un sauna a 90°C durante unos cuantos minutos, es mejor no abusar. Si las células del cerebro alcanzan una temperatura de 41°C podemos decir que estamos literalmente "fritos". Los tuaregs y otros habitantes del desierto saben que una clave para adaptarse en el desierto es protegerse con varias camadas de ropa suelta para cubrirse por completo la cabeza y el cuerpo. Los camellos y otros animales del desierto tienen una intrincada red de venas minúsculas que disipan el calor del cuerpo antes que este suba a la cabeza. Con sus prodigiosos mecanismos de termorregulación, sus patas largas y la capacidad de almacenar agua en el interior, los camellos y dromedarios son capaces de regular la temperatura para no sudar. Un ser humano moriría si perdiera 15% del agua de su organismo.

El frío polar: El punto más frío de la tierra está en la estación de investigación Vostok, en Antártica Oriental. La temperatura allá es de -89,96°C, equivalente a la que se registra en Marte. Además de gélido, el Polo Sur es un lugar alto (2.800m), y el lugar más seco y ventoso del planeta. Solamente en la costa algunos pingüinos, peces y focas se atreven a desafiar los rigores del termómetro.

La exposición prolongada al frío extremo castiga al organismo robándole energía en cantidades ingentes. Los trabajadores en las bases antárticas deben consumir entre 4 mil y 6 mil calorías diarias. Otro problema del frío es la hipotermia, que se produce cuando la temperatura del cuerpo desciende a 35°C. En este punto, las defensas del cuerpo contra el frío -temblores, constricción de los vasos sanguíneos- se maximizan. Si llega a solo 27°C, sobreviene el coma. Si alguien cayera en un lago helado en la Antártica tardaría menos de 15min en morir. A -60°C si vertimos el café caliente se hiela antes de llegar al vaso y los tejidos de una mano desprotegida tardan 3 minutos en congelarse. Además el frío intenso inhibe nuestra resistencia natural a las infecciones.

Frío extremo en las zonas polares, calor insoportable en grandes áreas subtropicales, aire enrarecido en las regiones montañosas, tres cuartas partes del planeta cubiertas de agua. La franja de habitabilidad terrestre es muy reducida. Aunque hemos inventado tecnologías que nos permiten aventurarnos en esos territorios invisibles, sólo cuando falla la tecnología se hace patente nuestra precaria aunque adaptable biología. Más vale que cuidemos mucho de nuestra "gran casa" llamada planeta Tierra.

 

 
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