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Vuelve el latín y el conservadorismo
Con la rehabilitación de la misa en latín y el nuevo documento del Vaticano sobre el ecumenismo, el papa Benedicto XVI confirmó su visión conservadora de la Iglesia. Esto a pesar de las críticas y el desconcierto de algunos sectores católicos.
Desde sus antiguas oficinas en la Congregación para la Doctrina de la Fe, Benedicto XVI aprobó un documento que precisa las enseñanzas de la Iglesia sobre las relaciones con otros cristianos.
En medos de una semana el Papa corrige lo que considera interpretaciones erróneas del Concilio Vaticano Segundo, celebrado entre 1962 y 1965, que modernizó la Iglesia.
Es bien conocida la afición por el rito tradicional y la ortodoxia del actual papa, Benedicto XVI. Cuando era simplemente prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger ya había expresado su deseo de reintroducir la lengua de Virgilio en la liturgia de la misa y su contrariedad por las "fantasías" y "abusos" del culto moderno. Apenas han pasado dos años desde su llegada al pontificado para que se haya decidido a ponerlo en marcha a través de un motu proprio, un decreto por el cual deja a la elección del sacerdote el uso del latín o de la lengua vernácula la celebración de misas, matrimonios, funerales y demás ritos católicos.
El latín fue prácticamente abandonado como lengua litúrgica tras las reformas modernizadoras aprobada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), iniciadas por Juan XXIII y concluidas por Pablo VI, con las que se pretendía acercar más el oficiante a los fieles. Se ponía así fin al rito establecido por Pío V en el Concilio de Trento (1545-1563).
El motu proprio está dirigido a los cismáticos de la Fraternidad San Pío X, el movimiento ultraconservador del fallecido arzobispo francés Marcel Lefebvre, que sólo reconocía como válido el rito tridentino, lo que le valió la excomunión.
La visión del Vaticano sobre la eclesiología ha provocado muchas reacciones. Nuevo Siglo trata de esta cuestión en la página 7 de esta edición.
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