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Prejuicios
Cuando la mente hace trampas
Aunque muchas veces no nos damos cuenta de ello, juzgamos constantemente a los demás por cuestión de raza, cultura o sexo. Ahora, los neurocientíficos intentan explicar por qué tenemos prejuicios e ideas estereotipadas.
En la Unión Europea es cada vez más fuerte el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, el rechazo a los gitanos y la islamofobia.
A pesar de que vivimos en un mundo cada vez más globalizado, los prejuicios interculturales están a la orden del día. ¿Pero qué es un prejuicio?
En 1954, el famoso psicólogo estadounidense Gordon Allport lo definía como "una antipatía basada en una generalización falsa e inflexible". Allport identificaba la creación de estereotipos como un rasgo propio de la especie humana. Argumentaba que, ante una vida tan corta y con exigencias de adaptación tan fuertes, el hombre necesita ordenar y clasificar los objetos y sujetos del mundo en categorías amplias para poder desenvolverse en el día a día. En otras palabras, los estereotipos actúan como unidades de organización y permiten que el cerebro reconozca rápidamente un objeto al compararlo con otros con los mismos rasgos comunes. De ahí que ideas como los hombres son mejores en matemáticas; los árabes son más violentos; los judíos son avaros o las mujeres no tienen dotes para el 1iderazgo se repitan en el inconsciente colectivo, aunque sean falsas y resulten políticamente incorrectas.
• Arquetipos a los que nadie puede escapar
El que esté libre de prejuicios que tire la primera piedra. Mahzarin Banaji, psicóloga de la Universidad de Harvard, en EEUU, ha llegado a la conclusión de que la mayoría de las personas, incluida ella misma, tiene más ideas preconcebidas de los que imagina ocultos en el cerebro.
A través de una serie de experimentos con estudiantes, comprobó que una zona del cerebro relacionada con el miedo se activaba más cuando a los sujetos de raza blanca les mostraba rostros de personas de raza negra que cuando eran de su mismo color. Lo más sorprendente es que los estudiantes no llegaban a ver realmente las imágenes, que aparecían de forma subliminal durante una fracción de segundo intercaladas entre otros fotogramas. Sin embargo, sus cerebros sí reaccionaban claramente a las imágenes fantasma. Por el contrario, cuando observaban durante tiempo suficiente los rostros de individuos de otras razas y sus sesos los registraban a conciencia, su comportamiento cerebral era muy diferente. "Nuestro cerebro consciente puede alejarnos de los prejuicios de nuestra mente inconsciente", defiende la psicóloga.
• Mujer, anciana, gay y negra: estereotipo seguro
Para sacar a la luz los prejuicios ocultos, Banaji utilizó el Test de Asociación Implícita (TAI), que está disponible en la web http:// implicit.harvard.edu.
Después de analizar las respuestas de más de dos millones de encuestados de todo el mundo, ha concluido que los prejuicios instintivos se dirigen principalmente hacia individuos de otras razas, mujeres, homosexuales y personas mayores. Para sorpresa de Banaji, la discriminación por cuestión de edad es la más frecuente en individuos de entre 8 a 68 años. "Anciano –explica la investigadora– es un concepto relativo que significa más viejo que yo". El aumento de edad está mentalmente asociado con cualidades negativas, como la disminución de la estatura, la fuerza, la agilidad física y las habilidades cognitivas. También los obesos cargan con un estigma negativo.
Lo más preocupante de la investigación es que la mayoría de la gente no se siente incómoda con este tipo de prejuicios, algo que sí ocurre con los sentimientos racistas. En cuanto al sexismo, el 80% de los encuestados asocia a los hombres con la categoría de "trabajo" y a las mujeres con la de "familia".
El test, en marcha desde 1998 y que cada semana responden 15.000 personas a través de la Red, ha puesto de manifiesto que muchas veces la gente no sólo no dice lo que piensa, sino que realmente no sabe lo que piensa. La investigación trata de mostrar las divergencias entre lo consciente y lo inconsciente.
• Cambian actitudes y deforman recuerdos
Aunque la mayoría de los prejuicios son inconscientes, pueden influir en la toma de decisiones y, por lo tanto, "hay que tenerlos en cuenta a la hora de educar a las nuevas generaciones", matiza la psicóloga.
Parece indudable que los prejuicios tienen un origen ancestral. Los expertos aseguran que es difícil borrar de un plumazo los miles de años de evolución en los que el ser humano ha aprendido a temer lo desconocido, a estar preparado para huir, a pelear ante cualquier amenaza externa o a luchar por los recursos económicos. "Hacer los juicios correctos sobre cómo interactuar con los demás es fundamental para sobrevivir", explica el psicólogo estadounidense David DeSteno.
Si la pertenencia a un grupo implica que hay que cooperar para garantizar la seguridad, los otros pueden convertirse en fuente de competencia y conflicto. Por eso se generan emociones como el enfado o el rechazo al entrar en contacto con individuos ajenos al grupo. "Cuando el conflicto es probable, lo diferente es sinónimo de malo", asegura DeSteno.
Steven Neuberg, profesor de psicología de la Universidad de Arizona, en EE.UU, apoya esta teoría. "Desafortunadamente, –señala– las tendencias psicológicas no están en armonía con los peligros actuales y la gente puede reaccionar negativamente ante ciertos grupos aunque no supongan ninguna amenaza real". No obstante, Neuberg insiste en que el hecho de que los prejuicios tengan raíces evolutivas no implica que no puedan controlarse. "Lo que pensamos y sentimos y cómo nos comportamos es el resultado de complejas interacciones entre tendencias biológicas y experiencias aprendidas", sostiene el psicólogo.
La evolución nos ha preparado para tener prejuicios, pero es nuestro ambiente, "el que nos condiciona para seleccionar hacia quién dirigimos esos prejuicios y cómo actuamos en consecuencia", añade Neuberg.
Trevor Philips, responsable de la Comisión para la Igualdad Racial del Reino Unido, considera interesante el estudio pero asegura que usar ese método para detectar prejuicios no sería útil. "Hay personas con actitudes racistas que son perfectamente correctas en su forma de tratar a la gente", argumenta.
Como decía Edward R. Murrow, una de las grandes figuras del periodismo radiofónico durante la II Guerra Mundial, distinguido por su honestidad e integridad: "nadie puede eliminar totalmente sus prejuicios, pero sí reconocerlos".
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