V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



Fidel Castro habla sobre su salud y el futuro de la revolución tras su muerte

La Habana /inSurGente

Pregunta. ¿Cómo se encuentra de salud?

Respuesta. Bueno, me encuentro bien. Por lo general, sí me siento bien, sobre todo me siento con energía, me siento con entusiasmo por las cosas. Me siento muy bien física y mentalmente. En esto seguramente ha contribuido el hábito del ejercicio; yo creo que el ejercicio físico no sólo ayuda a los músculos, ayuda también a la mente. (...)

P. El 23 de junio de 2001 sufrió usted un desmayo durante un discurso público, y el 20 de octubre de 2004 tuvo usted una caída, también en público, que le causó la fractura de una rodilla. ¿Cómo se ha repuesto usted de esos dos percances físicos?

R. Mire, como siempre, se ha especulado mucho con eso. Es cierto que, aquel 23 de junio de 2001, en un barrio de La Habana , en El Cotorro, bajo un calor intenso y durante un discurso que duró más de tres horas, transmitido en directo por televisión, conocí una ligera pérdida de conciencia. Algo muy venial. Fue un desvanecimiento ligero de apenas unos minutos, debido al calor y al sol excesivos. Unas horas después, los que allá, en Miami, ya lo estaban celebrando, se llevaron la sorpresa de verme reaparecer en un programa televisivo donde pude darle al pueblo, directamente, la versión auténtica de lo sucedido. (...)

P. Yo quisiera, a este respecto, abordar el tema del porvenir. ¿Ha pensado usted en algún momento en retirarse?

R. Mire, sabemos que el tiempo pasa y que las energías humanas se agotan. Pero le voy a decir lo que les dije a los compañeros de la Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003, cuando me reeligieron presidente del Consejo de Estado. Les dije: "Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida". Y les prometí estar con ellos, si así lo deseaban, todo el tiempo que fuera necesario mientras tuviera conciencia de poder ser útil. Ni un minuto menos, ni un segundo más. (...)

P. La CIA ha anunciado, en noviembre de 2005, que usted padece la enfermedad de Parkinson. ¿Qué comentario le inspira esa "información"?

R. Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo: asesinarme. Si yo fuera un vanidoso, podría estar incluso orgulloso de que esos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera. Todos los días inventan algo, que si Castro tiene esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que inventaron es que tengo Parkinson. Bueno, no importa si me da Parkinson. El papa Juan Pablo II tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo el mundo. (...)

P. Si usted, por cualquier circunstancia, desapareciera, ¿Raúl sería su sustituto indiscutible?

R. Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne el buró político y lo eligen.
Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación. Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas... Mucha gente con muchos méritos. (...)

P. ¿Usted está diciendo que esta revolución no está agotada?

R. No hemos terminado ni mucho menos. Vivimos en la mejor época de nuestra historia y la de más esperanza de todo, y usted lo ve en todas partes.
Es cierto, es correcto, yo estaría dispuesto a aceptar la crítica de que cometimos algunos errores de idealismo, quizá quisimos ir demasiado rápido, quizá subestimamos fuerzas, el peso de los hábitos y eso. Pero ningún país se ha enfrentado a ningún adversario tan poderoso, tan rico, a su maquinaria de publicidad, a su bloqueo, a una desintegración del punto de apoyo. Desapareció la URSS y nos quedamos solos, y no vacilamos. Sí, nos acompañó la mayor parte del pueblo, no le digo que todo, porque algunos se desalientan, pero nosotros hemos sido testigos de las cosas que ha hecho este país, cómo resistió, cómo avanza, cómo se reduce el desempleo, cómo crece la conciencia. (...)

P. Veo que no está usted preocupado por el porvenir de la Revolución Cubana ; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos años del derrumbe de la Unión Soviética , del derrumbe de Yugoslavia, del derrumbe de la revolución albanesa, Corea del Norte en esa situación tan triste, Camboya, que se hundió también en el horror, o la propia China, donde la revolución ha tomado un cariz muy diferente. ¿No le angustia a usted todo eso?

R. Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la URSS , Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crea que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y todos los demás.


P. Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso revolucionario, socialista, en Cuba, puede también derrumbarse?

R. ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos.
Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos muy difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Y lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso.
Habrá una participación cada vez mayor y seremos el pueblo que tendrá una cultura general integral. Martí dijo: "Ser cultos es el único modo de ser libres", y sin cultura no hay libertad posible.

 

 
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