|
Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Dando testimonio de nuestra unidad En particular, se podría colocar en el contexto de globalización, con sus múltiples exclusiones, contraponiéndole un proyecto de unidad centrada en la igualdad, en la inclusión, acompañada del respeto a la legítima diversidad. Me limitaré aquí a analizar las relaciones entre iglesias y grupos confesionales y, de manera más específica, a una lectura del escenario religioso brasileño, a partir de datos del censo del 2000. Concluiré con una serie de tesis. Nuestra historia y nuestra realidad La historia del ecumenismo en América Latina contempla siglos de hegemonía católica prácticamente absoluta, en que expresiones religiosas diferentes eran reprimidas, sofocadas y eliminadas. A partir del siglo XIX, el protestantismo comenzó a ser tolerado, aunque con discriminación de todo orden (prohibición de construcción de templos, negación de uso de cementerios, no reconocimiento de los matrimonios y de los hijos, prohibición del derecho a la herencia, etc.). Primeramente, grupos de emigrantes protestantes buscan preservar sus valores evangélicos en sus propias comunidades, conviviendo pacíficamente con el mundo católico hegemónico. Posteriormente, el protestantismo de misión intenta establecer una alternativa religiosa, centrada en la distribución de literatura cristiana, particularmente de la Biblia , en la educación y en obras sociales. El siglo XX ha sido designado, en términos globales, como el siglo del ecumenismo. En América Latina la práctica del ecumenismo priorizó los ejes de la misión y del compromiso social, descuidando el diálogo doctrinal, como ha señalado José Míguez-Bonino. El siglo XX también registró el nacimiento del pentecostalismo, con un fuerte crecimiento a partir de la mitad del siglo, seguido en las últimas décadas del surgimiento y crecimiento espectacular de versiones denominadas "neopentecostalismo" (que, en parte, conjugan elementos del pentecostalismo y del catolicismo popular). Con el crecimiento del mundo "evangélico", en especial del pentecostalismo, el catolicismo pasó a sentirse amenazado y acosado, el protestantismo histórico, en gran medida estancado, entró en crisis de identidad, y el propio pentecostalismo pasó de una actitud de autoexclusión en relación con el "mundo", a una fase de eufórica participación en los ámbitos políticos. ¿El ecumenismo habría fracasado, cuando en vez de unidad, hay hoy una proliferación de un sinnúmero de nuevas iglesias y religiones? Como sea, hay una enorme inestabilidad religiosa entre la población. Las opciones individuales conquistan espacio, en perjuicio de la estabilidad de las comunidades religiosas. Una investigación sociológica reveló que de los habitantes de la metrópoli de Sao Paulo, una de cada tres personas ya cambió de una a otra religión o iglesia. Datos proporcionados por el censo del 2000 en el Brasil, revelaron que el 73% de los habitantes se declararon católicos. Nueve años antes, en el censo del 1991, ¡aún eran el 83,7%! Al contrario, los "evangélicos", en especial los pentecostales, crecieron, aunque no tanto como los propios evangélicos suponían: 15,4% (aproximadamente 27 millones) se declararon "evangélicos" (en 1991 habían sido apenas 9,05%). De esos pocos, más de dos tercios (68,9%) se declararon pentecostales, siendo la mayor denominación la Asamblea de Dios. Algo más de un cuarto (26,5%) de ese 15,4% de "evangélicos" declaró estar afiliado a una de las denominaciones del protestantismo histórico. Una de cada veinte personas del contingente de "evangélicos" (4,9% de ellos) fue incluida en la categoría genérica de "otros evangélicos". El crecimiento del pentecostalismo fue bien acentuado, pero, aun así, el protestantismo histórico reveló más vigor de lo que se presumía. Un dato sorprendente -y que se ha analizado poco- consiste en el crecimiento del número de aquellas personas que se declaran "sin religión". Éste pasó del 4,8% en 1991 al 7,3% de la población brasileña en el 2000, ¡un crecimiento porcentual de más del 50% en apenas nueve años! Son, en total, doce y medio millones de brasileños, un número bastante superior a los prácticamente 7 millones de protestantes históricos y equivalente a casi el 70% de la suma de todos los pentecostales, que están rondando los 18 millones. De cara a estos números, llama la atención el hecho de que, comparado al interés generado por las religiones, se habla muy poco acerca de esas categorías de personas "sin religión", grupo en franco crecimiento. Algunas investigaciones efectuadas indican que en esta categoría se encuentran personas que profesan el ateísmo e igualmente personas que tienen un gran interés religioso, pero aversión a las religiones y a las iglesias constituidas. Ellas, aunque "religiosas" en lo íntimo, son selectivas y puntuales en sus opciones, sin adherirse a ninguna de las religiones o iglesias establecidas. Pueden recorrer diversas religiones, sucesiva o simultáneamente, sin, con esto, adoptar una "familia" religiosa. Todas las otras opciones religiosas (por ejemplo, judaísmo, islamismo, hinduismo, budismo, inclusive el espiritismo y las religiones afro, como umbanda y candomblé), no exceden, sumadas, del 4% de la población brasileña, un índice extremadamente bajo. Una de las razones de estos resultados consiste, sin duda, en el hecho de que el censo no permitió múltiples opciones, de modo que muchas personas practicantes del espiritismo y, en especial, de los cultos afro, preferían indicar que pertenecían a iglesias presumiblemente más reconocidas en la sociedad, en especial el catolicismo. Es una religiosidad que, debido a la historia de represión y al contexto persistentemente discriminatorio, aún se encuentra en buena medida en la "clandestinidad religiosa" o en la "invisibilidad". Proyectándonos hacia el futuro, se puede decir con certeza, que la opción por el catolicismo continuará descendiendo y la evangélica creciendo, en especial hacia el pentecostalismo. También es presumible que la adhesión a cultos afro (y a la religiosidad indígena] se torne, en el futuro, menos invisible. Y todo indica que el número de quienes se declaran "sin religión" continuará creciendo acentuadamente. Con qué intensidad se evolucionará, es imposible prever. De todas formas, se puede estimar, con alguna posibilidad de crédito, que en cerca de 25 años, menos de la mitad del pueblo brasileño profesará la fe católica. Los "sin religión" podrán haber alcanzado la cifra del 20%. Según el antropólogo Ronaldo de Almeida, "el catolicismo es un donador universal de fieles, mientras que los pentecostales y los sin religión son los principales receptores". En un horizonte más lejano, sin embargo no tan remoto, podemos vislumbrar algunos posibles escenarios religiosos en el Brasil. Uno de ellos estaría compuesto de un 40% de católicos, 40% de "evangélicos" (4/5 de ellos pentecostales) y 20% con otras opciones religiosas, en especial las personas "sin religión". El otro escenario, más radical, podría ser 1/3 de católicos, 1/3 de pentecostales y 1/3 para las demás opciones, incluidas otras religiones, protestantismo histórico, cultos afro y, mayoritariamente dentro de ellas (más del 20% de la población), los "sin religión". ¿Qué significa una perspectiva de escenarios de este orden para el proyecto ecuménico de unidad? El escenario se desplegará en un "gran enfrentamiento" católico-pentecostal ("sectas" vs. "idolatría", de acuerdo con el lenguaje de discriminación religiosa) o ¿será posible superar ese antagonismo de cara al desafío representado por un escenario religioso profundamente alterado, en especial por el crecimiento de los "sin religión"? Teológicamente, debemos contar con la posibilidad de que, guiadas por los preceptos bíblicos de la unidad (y orientadas por el Espíritu), las iglesias encuentren reservas espirituales para superar la tentación de las "cruzadas" y de las condenaciones mutuas, en favor de un testimonio común de la fe en Cristo. Las iglesias protestantes históricas, bastante desorientadas en el actual escenario religioso, podrían, tal vez, encontrar en sus herencias espirituales, reservas teológicas para propiciar puentes que lleven a nuevas avenidas de cooperación ecuménica. En cualquier caso, el escenario que enfrentamos indica, no el anacronismo del sueño ecuménico, sino su relevancia y urgencia acentuadas, aunque en configuraciones profundamente alteradas con el escenario religioso intensamente plural y fragmentado. A partir de este escenario, me atrevo a establecer las tesis que siguen, ya como resumen parcial de lo presentado, ya como aspectos teológicos complementarios. Tesis 1. En un proceso de continua fragmentación, el escenario religioso latinoamericano se caracteriza por una creciente diversificación y pluralidad. 2. Por un lado, el escenario religioso latinoamericano testifica la relevancia de la religión, y la búsqueda que todo ser humano realiza, en expresiones religiosas, de un sentido de la vida y un modo de vivir. . 3. Por otro lado, forma parte del escenario religioso también, la creciente opción por un estado de "sin religión", certificado por los censos realizados, aunque tal opción no significa, necesariamente, desinterés en cuestiones religiosas en sí mismas, sino rechazo y negación de las instituciones religiosas. 4. Se ha comparado el escenario religioso con un gigantesco "mercado religioso" (el "neoliberalismo" en el ambiente de las religiones), cuyas diferentes expresiones religiosas compiten entre sí por "feligreses" de la fe. 5. Ciertos investigadores han expresado que los "feligreses" de la fe buscan en las religiones bienes simbólicos que den sentido a su vida y los asistan en las necesidades cotidianas (pan, empleo, salud, como también participación ciudadana). 6. El escenario religioso latinoamericano revela un aparente fracaso del sueño ecuménico porque, en lugar de la unidad existe un pluralismo religioso cada vez más exacerbado. 7. A pesar de ello, el escenario religioso latinoamericano hace cada vez más urgente el compromiso en favor de la unidad, porque la división continua de las iglesias (y de las religiones) tiende, no a su expansión, sino a la autodisolución. 8. La rivalidad religiosa, no raramente acompañada de agresividad abierta en contra de las expresiones religiosas diferentes a la propia, contiene un peligroso potencial de explosión social y , en última instancia, niega la reconciliación y la comunión que las religiones afirman profesar. 9. La unidad de la fe cristiana se expresa complementariamente (y no como alternativas excluyentes) en una "diversidad reconciliada" y en un "proceso conciliar" de cooperación ecuménica entre comunidades locales, iglesias constituidas y "familias confesionales", con posibles opciones por uniones orgánicas. Todo modelo uniformizador, sea la tradicional hegemonía católica, sea una "nueva hegemonía" pentecostal/carismática, o cualquier otro anhelo hegemónico, constituye una negación del propio evangelio. 10. Conforme al modelo paulino del cuerpo y sus miembros, la unidad abarca diversidad de dones y formas con unidad en lo esencial -a saber, el Evangelio de Jesucristo-, libertad en lo adicional y el amor, sobre todo. (Cf. Ef 4:1-6, 1 Co 12-13) 11. El intenso "interés" actual de las personas por cuestiones religiosas constituye oportunidad permanente para dar testimonio de la "esperanza que hay en nosotros" (1 Pe 3:15): afirmación de la dignidad de la vida, de la gratuidad de la fe, de la confianza en Dios, incluso cara a la muerte; de la vida en comunión, del sentido de la vida en oración a Dios y al servicio del prójimo; del compromiso por la justicia, la paz y la integridad de la creación. 12. La próxima asamblea del Consejo Mundial de Iglesias, en febrero del 2006, en Porto Alegre será, para las iglesias latinoamericanas y para su organismo ecuménico, el CLAI, la oportunidad y el desafío, a la vez, , de fortalecer su propio compromiso por la unidad y de dar un "trazo fisonómico latinoamericano" a la oikoumene universal.SV Walter Altmann, teólogo y pastor luterano brasileño, ex- presidente del CLAI. Comentarios |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |
|
|
|
|