V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



A propósito del 60 aniversario del bárbaro Holocausto:

Dietrich Bonhoeffer lealtad en medio de la
persecusión estatal

"La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia. Nuestra lucha de hoy es por el costo de la gracia", estas imborrables palabras en el libro de Bonhoeffer Discipulado, que originalmente se intituló El Costo del Discipulado, constituyeron la bandera de lucha de los verdaderos seguidores alemanes de Cristo, respecto de la Iglesia estatal nazi.

Aunque someramente, señalemos que este monumental libro publicado en 1937, hoy conocido simplemente como Discipulado, es un verdadero clásico de la literatura cristiana, da luces en el derrotero para seguir a Cristo con toda lealtad, en el mundo moderno, en medio de dificultades y persecuciones, mayormente si estas son causadas por un Gobierno enemigo y criminal.

Pocos años después de su muerte a manos de los nazis, Dietrich Bonhoeffer, el gran teólogo protestante, maestro y prolífico escritor, ha llegado a ser ampliamente conocido como uno de los pocos mártires cristianos, que sin entrar en complicidades con los poderes gubernamentales de opresión y crimen, se constituyó en paradigma de lealtad a Cristo en situaciones de persecución, bajo la arrolladora máquina estatal como lo fue la del Führer.

Ejecutado en el campo de concentración de Fossenburg el 9 de abril de 1945 por su participación en la resistencia a Hittler, las cartas y los tratados teológicos de Bonhoeffer tienen una fuerte influencia en muchos círculos del cristianismo actual.

Como dice uno de sus biógrafos, Eberhard Bethge, D.B. fue un hombre de carácter. Heredó su temple de la rama paterna. De movimiento rápido y ágil. Nunca de pausadas caminatas. Un exitoso saltador y corredor en sus años de escuela, aun cuando fue profesor universitario siguió compitiendo atléticamente con sus alumnos. Impaciente con las enfermedades, buscó sobreponerse a ellas usando copiosas medicinas. En tiempos de estrés, no tuvo resquemor alguno en tomar píldoras para dormir. Vistió bien y de acuerdo con el clima en que tuvo que vivir, sin que lo hubiera hecho por impresionar a los demás. De buen comer, supo degustar las especialidades de las diferentes regiones de la geografía por donde pasó. De cabeza redonda más que alargada, su nariz corta hacía resaltar su frente amplia y su ancha boca. Fumaba varios cigarrillos cuando tenía que hacer negociaciones difíciles o cuando debía concentrase en escribir documentos importantes. En sus conversaciones, fue atento escuchador, y planteaba preguntas de manera tal que despertaba confianza en sus interlocutores, quienes respondían más de lo que él suponía habrían podido hacer. Bonhoeffer prefería los pequeños círculos a reuniones de mucha gente. Sabía delimitar bien su privacidad, a la que permitió entrar a unos pocos privilegiados.

Legado de Dietich Bonhoeffer

En muchos aspectos, su legado es complejo. Su experiencia bajo el nazismo le llevó a un profundo conflicto con muchas de sus tradiciones religiosas y suscitó preguntas, varias de las cuales, según el parecer de algunos de sus biógrafos, no llegó a dilucidar totalmente aun al ser asesinado. Algunas de esas cuestiones continúan confrontando a quienes buscan explorar la relevancia actual de Bonhoeffer.

Una de ellas, la relación entre cristianos y judíos. En su contexto de oposición pública al régimen nazi, ciertamente fue más allá de lo que se atrevieron sus colegas y compatriotas. Mucho del trabajo teológico de este mártir refleja las actitudes tradicionales cristianas hacia el judaísmo, como pueblo escogido que ha de ser defendido a sol y sombra, sin la reflexión sobre la verdad del nuevo Israel, el pueblo discípulo de Jesucristo. Como muchos de los cristianos de su generación, Bonhoeffer creyó en un destino especial para el pueblo judío que incluía su aceptación de Jesús como el Mesías.

Como señala Victoria Barnett, "como resultado de ello, estudiantes y profesores cristianos y judíos evalúan el verdadero legado de Bonhoeffer. Para muchos cristianos, se destaca su resistencia en contra del nazismo y las marcadas directrices en sus escritos que ofrecen nuevos modelos éticos y teológicos. En cambio, estudiosos judíos sostienen que Bonhoeffer actuó a nombre de su Iglesia y fue guiado por su profundo sentido patriótico, mas no precisamente por salvar a los judíos europeos. Por ello, y por su tradición cristiana, dicen ellos, mucho de su pensamiento es irrelevante para la comunidad judía".

Pero, salvando estos entredichos cristiano-judíos, creemos que la herencia legada por este gran teólogo y pastor cristiano va más hondo, es más permanente y desafiante para los cristianos de hoy y de mañana, cuando a nuestro entender se volverán más coaccionantes las situaciones conflictivas contra el cristianismo.

Toma la decisión de salir de una cómoda situación en Chicago y volver a Alemania con esta desafiante declaración, "Si me quedo, quedaría como hipócrita respecto de mis convicciones".

¿Cuáles convicciones? A la sazón, Hitler quería tener el dominio total sobre las personas. Mientras Dietrich Bonhoeffer contesta que él se sujeta a Jesucristo, como el único que puede tener dominio total sobre él.

Decide no esconder la cabeza en la arena, mientras los judíos van a ser exterminados por el nazismo. Y toma como enseña la desobediencia de Gandhi, que avala el modelo cristiano de obedecer primero a Dios y desobedecer a las autoridades gubernamentales si estas se oponen a las directrices expresas de Jesucristo; así, sigue el ejemplo de los primeros apóstoles consignado en Hechos.4:1-22 (v.19). En defensa de la vida y de las masas judías perseguidas, y contra el imperialismo ominoso sobre conciencias y vidas con todo el aparato gubernamental y estatal, Bonhoeffer toma la decisión frontal, de rebelarse contra el régimen hitleriano.

Por supuesto que emplea un medio discutible, el de la conspiración. ¿El fin justifica los medios? En absoluto. Pero el contexto histórico en que se mueve Bonhoeffer., y el proceso perfectible de este gran cristiano, como el de todos nosotros, hace que elija este medio para alcanzar fines tan nobles como los anotados. Y esto asusta en Suecia, cuando sus colegas reciben la decisión de "asesinar a Hittler". O cuando su joven ex alumna de los estudios de confirmación, María von Wedemeyer, más tarde su prometida, de tanto soporte en momentos de sufrimiento y riesgo, le recuerda que no recibió de él los matices éticos que ahora Bonhoeffer difunde sin avergonzarse, ratificándolos, más bien, sobre piedad y perdón, sobre pecado y culpa.

Él afirma fundarse en los libros bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y dice y hace algunas cosas emblemáticas, como aquello de "no estamos obligados a decir la verdad a todo aquel que pregunte, sino sólo a Dios". O cuando no reniega, ni delata ni se aparta de los aliados extranjeros que trabajaban en contra del régimen nazi, a cambio de salvar a su familia, a su María y su misma vida. Hombre de principios con el temple de los ancestros paternos Bonhoeffer, y de su ímpetu tras las metas, cultivado desde su infancia. Todo esto, afincado en los principios cristianos por la vida y la justicia, mayormente para los marginados, para los que son víctimas de abusos y se encuentran empobrecidos por los poderosos que abusan del poder.

Y cuando, en medio del trato salvaje y bajo amenazas de ser exterminados como ya lo habían sido los otros prisioneros, vive aleccionadoramente y dice a sus dos últimos compañeros, aquella descollante verdad: "en un mundo carente de fe, necesitamos más que solo la religión, necesitamos a Cristo en el centro, compartiendo nuestro sufrimiento". Y ante la horca homicida, declara con entereza de verdadero cristiano, que ese no es el fin. ¡No!, en absoluto. El Cristo que permite seguir Sus huellas de cruz tiene la resurrección al final del túnel.

Dietrich Bonhoeffer fue, ciertamente, un gran líder, aunque incomprendido y casi sin seguidores mientras vivió, pero muchos hemos tomado su ejemplo y sus principios rectores, que nos han ayudado a movernos de donde estamos a ámbitos de total compromiso con Jesucristo y su misión de servicio.

Si pudiéramos sintetizar en un párrafo su enorme legado, diríamos que ser cristiano es vivir y andar con Cristo en tan íntima relación, que no se traicione a Él ni Sus valores y principios ni Su servicio comisionado, cuando la opresión y la persecución vengan de cualquier estamento de poder, gubernamental, estatal, político, económico y/o aun religioso. La lealtad a Jesucristo y Sus valores y principios está por sobre todo, aun a riesgo de perderlo todo, comenzando por perder un cómodo estatus. La desobediencia a esos poderes cuando enfrentan directamente la voluntad de Cristo, tiene que ser tomada con carácter y sin traspiés, con "Cristo compartiendo el sufrimiento". ¡Qué cruz existe, inevitablemente en la existencia de un verdadero discípulo cristiano. Pero también qué Resurrección!

"Y si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados"; Romanos 8:17 nos da la fortaleza de esperanza cierta, entre muchos otros compromisos de Dios para con quienes no le niegan y le obedecen aun nadando contracorriente.

Guardar lealtad a las convicciones cristianas, siguiendo radiantemente las huellas de Jesús, aun en medio de un arrollador aparato estatal perseguidor, trae cruz, inevitablemente, pero también resurrección.SV

Vicente Vieira es un periodista y pastor ecuatoriano.

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