V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



Implicaciones éticas en la poesía de Julia de Burgos

La poesía de Julia de Burgos nos ofrece la posibilidad de mirar la existencia humana con todas sus opciones, contradicciones y esperanzas. Al existir, Julia de Burgos se convirtió en poesía misma que asumía la vida en un espacio y un tiempo particulares. En su poesía y existencia encontramos, tanto una pregunta, como una respuesta a la vida.

Su lucha vital, su compromiso con la libertad plena y patriótica y su opción por la justicia hacen posible que miremos su poesía desde la óptica de la ética para desde ella captarlo todo con el fin de recuperar plenamente el alma profunda de Julia de Burgos.

Al leer su poesía encontramos a una mujer que como poetisa opta fundamentalmente por cuanto implica afirmación de la vida. Yo diría que en ella encontramos una pasión por todo lo que significa vida en plenitud. En su poema "Río Grande de Loiza", exclama:

Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana
me estaré derramando para abrir surcos nuevos;
o si acaso, cansada de morder corazones,
me estaré congelando en cristales de hielo

La poetisa nos regala en esta estrofa la transformación plena del ser. En la integración total al universo podemos descargar nuestra responsabilidad. Vemos la vida plena y responsable en la universalidad de todo lo que somos.

Pero la vida es siempre esperanza viviente, no importa lo fugaz que pueda ser. Cuando esperamos, es porque tenemos valentía y fuerza para atrevernos a creer en el futuro, en el tiempo y el espacio vital. Julia es la mujer abierta al futuro y a la esperanza, aunque ésta sea una encrucijada. En su poema "Momentos" nos dice:

Yo, dentro de mí misma,
siempre en espera de algo
que no acierta mi mente.
Yo, universal,
bebiéndome la vida
en cada estrella desorbitada,
en cada grito estéril,
en cada sentimiento sin orillas.

Para creer al futuro es vital creer en la vida con todas sus dimensiones y todos su caminos. Para ser anténtico y responsable hay que atreverse a vivir, aun con el riesgo que esto implica. El compromiso con la vida tiene que manifestarse en la decisión de existir en el mundo concreto y universal. Con tono vital afirma la poetisa:

Que sea nuestra vida presente de todo.
Que busque futuro tan solo en el alma.
Que ensaye verdades. Que sienta en idea.
Que siempre se extienda cortando distancias.

Una nota de visión de sueño con la vida leemos en las letras de Julia de Burgos. El sentido de la existencia está en el sueño visionario que tengamos con nosotros mismos. La vida, aun con todo su dolor, debe soñarse como rocío de la mañana. Cancelar esta oportunidad constituye renunciar a la vocación esencial de lo que somos. En Julia se encuentra esta visión llena de vida y posibilidad:

¡Amaneceres en mi alma!
¡Amaneceres en mi mente!
Cuando se abre la puerta íntima
para entrar a una misma,
¡qué de amaneceres!

Allí dentro,
bien adentro,
asomarse a la vida.

Ver...
Oír...
Oler...
Gustar...
Y tocar...
tierra.
Y en la tierra...
el hombre
perpendicular sobre su propia vida.

La vida es además un eterno retorno desde la circunstancia vital a la interioridad del ser. En esa vivencia recuperamos nuestro pasado presente para percatarnos de lo que hemos sido y de lo que somos en el espacio y el tiempo particulares que nos ha correspondido vivir.

Podrán desamparados de la vida desterrarme de su sendero de puentes angustiado de tanta ceremonia, pero el sendero donde florecen esas rosas siempre abiertas es mío, solo mío, desde el fondo de ellas mismas hasta la sonrisa de triunfo de mi imaginación.

Cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma, sostienen mi vida en fuga continua hacia adentro sonreída de memorias.

Son esas "cuarenta abiertas rosas" las que nos permiten mirarlo todo para sentir la vida en cuanto debió ser y en todo lo que es. Es posible, nos dice Julia, "sonreirle a la memoria".

Hay quien se obstina en negar a la vida "aquí y ahora" la significación de "carne y hueso" que tiene para el ser humano; hay quienes pretenden un dualismo tan radical que en su práctica terminan rindiendo culto a la muerte y renunciando absurdamente a la plenitud vital. Es trascendental que en su contexto histórico la poetisa se niegue a sucumbir en ese dualismo deshumanizante y reduccionista. En la última estrofa de su poema "Soy en cuerpo de ahora", afirma:

Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada.
En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo.

Julia no deja de ser consciente de lo que implica esa vida encarnada. Esta nos plantea la paradoja y la incertidumbre. Al asumir la vida nos encontramos con el "no sé". Se requerirá de una buena dosis de humildad responsable para responder con conciencia y honestidad a lo incierto y desconocido de nuestro propio existir.

Cuando nos miremos con apertura, también podremos ver al otro ser humano con amor. Cuando el dolor de lo incierto y lo paradójico nos interpele y confronte, podremos tomar conciencia de la solidaridad y la misericordia. Para amar se requiere haber vivido hasta lo profundo. Encuentro esa nota de lo incierto y lo contradictorio, cuando la poetisa escribe:

Es el sueño un leve acierto
con la nota más incierta de mi vida,
esa nota que me pierdo de mi carne
y me escondo en la ilusión de ser mentira.

En su poema "Yo misma fui mi ruta", el espíritu poético y humano de Julia de Burgos expresa su más profundo sentido de vida. En el poema la autora dice un "sí" a la vida como respuesta a la realidad existencial. Aunque la vida implique desafío y reto, es imperativo y digno seguir adelante. En el no claudicar ni detenerse la existencia exige responsabilidad, compromiso y valentía. Por eso, Julia de Burgos nos desafía al decirnos:

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían, adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

Por ese sendero vital alcanzamos la actualización del ser y de lo universal. Somos universales en esa acción responsable de estar en todos y en todo. Cumplimos con nosotros mismos y con nuestras circunstancias cuando participamos de la universalidad, y salimos al encuentro cotidiano con todo lo que vive y es en el mundo. Hemos nacido para vivir en todo y abrirnos a todo como vocación vital. Julia hace un homenaje a la vida amplia y profunda al escribir:

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.
Y fui toda en mi como fue en mi la vida...

Acompañando la opción de compromiso radical por la vida, encontramos también en la poetisa su afirmación de la libertad como condición ética fundamental. Esta afirmación de la libertad como valor esencial se puede dar en su poesía como denuncia del colonialismo o de cualquier otra relación humana que signifique dominación. En su poema "Río Grande de Loiza" se destaca ese clamor de libertad:

¡Río Grande de Loiza!... Río grande. Llanto grande.
Él más grande de todos nuestros llantos isleños,
si no fuera más grande el que de mí se sale
por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

En su visión de libertad hay también una denuncia a toda relación que implique condiciones licitantes. Podemos decir que su poesía es cántico a la plena liberación del ser humano mediante una práctica auténtica de la libertad. El prejuicio, lo normativo como dogma y las trabas sociales estereotipadas limitan la expresión total del ser en libertad. Como respuesta profética a esta realidad, la poetisa responde:

Distancia de innobles pisadas sociales.
Distancia de huellas de loca avanzada.
Distancia de credos, de normas, de anhelos.
Distancia de todo lo que hace

Desde la libertad encontramos otra afirmación importante en su valoración del mundo: El amor a la Patria y su libertad. Considero que en toda la poesía de Julia de Burgos está presente esta vivencia y afirmación de la patria. Aun en su poesía de sentido intimo y existencial, el amor a todo cobra significación en la patria.

Su cántico a la patria levanta la dignidad misma de esta y la coloca como el sentido del valor de la vida. Si la patria no es valorada, no se puede existir en plena dignidad. En su poema "Campo" el valor de la patria se concreta en los versos que dicen,

La brasa está en el pecho robusto de raíces,
pecho de tierra adulta madura para el salto,
y para que desemboquen en sus ojos las estrellas
ignoradas,
y para recibir a Dios en sus barrios,
y para secarse las tormentas del cuerpo entumecido,
y para ponerle guardarraya a los amos.

La patria está "madura para el salto". En su poesía la patria se nos presenta como posibilidad y desafío. La patria es praxis y vocación, es sentido de vida y propósito existencial e histórico.

En su poema "Una Canción a Albizu Campos" nos ofrece esa idea de patriotismo encarnado. La fuerza moral del patriotismo encuentra su manifestación más excelsa en su encarnación. En los seres humanos que asumen la patria como punto de partida para la vida, hallamos la manifestación cabal de la moral patriótica. Y así nos dice,

Todo en ti se adelanta en banderas de nubes
Desde Atlanta hasta el hombre que doquiera pelea.
Porque te fuiste, inmenso peleando libertades.
Y peleando mundiales libertades regresas.
Todo en ti se adelanta en magnitud de símbolo.
Desde Atlanta hasta el hoy eterno de tu ofrenda.
Porque te fuiste, todo, de amor a Puerto Rico
y todo, de amor patrio, a lo eterno regresa.

Uno de los aspectos fundamentales en la reflexión ética constituye el lugar de la justicia en el contexto de la existencia humana. En la tradición del pensamiento hebreo cristiano se afirma la trascendencia de ésta, al afirmar que la justicia es la condición absoluta para el "shalom". En otras escuelas dentro de la ética, la justicia se vincula con la praxis del amor. En este sentido, la justicia es expresión necesaria del amor.

La justicia no queda fuera de la obra poética de Julia de Burgos. Su conciencia social la lleva a insertar la afirmación de la justicia en su pensamiento como mujer y como puertorriqueña. Su compromiso con la justicia la lleva, entre otras denuncias, a repudiar enérgicamente la dominación y explotación burguesa y a unir su canto poético a fin de defender la dignidad de los proletarios del mundo. En su poema "Amaneceres" se lee esta idea:

Y que cante;
y que grite;
y que se interne en todos los rincones anónimos
despertando rebeldías;
y que barra la cara de los eternos jorobados del tiempo
enfermos de no pensar;
y que cuelgue todas las canciones de rumbos burgueses,
y rompa sus segundos en un millón de himnos proletarios.

En su poema "Pentacromía" continúa reclamando justicia para el obrero. Hay una denuncia de la injusticia económica. Así continúa su manifestación de esta idea, al decir:

Hoy, quiero ser hombre. Seria un obrero,
picando la caña, sudando el jornal;
a brazos arriba, los puños en alto,
quitándole al mundo mi parte de pan.

Este ideal de la poetisa parece mantener una relación con el tema de los derechos humanos y con el de la justicia para con el trabajador. En su poesía también hallamos un repudio a toda relación humana basada en la dominación y la explotación. Este rechazo a la dominación parece ser constante en el pensamiento de Julia de Burgos.

Su opción ética por la justicia se expresa también en relación con la explotación del negro y de la clase obrera. En su poema "Ay ay ay de la grifa negra" la escuchamos decir:

Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser siervo es no tener derechos,
es no tener conciencia.

Para concluir el tema de la justicia en su poesía, vale la pena incluir una estrofa del poema "Desde el puente Martín Pena". Me impresionan su fuerza poética y su poder ideológico. En esta estrofa la iniquidad salarial es planteada y confrontada con gran sentido de verticalidad moral.

Hacha del tiempo cortando
carne de siglos de ayuna.
Adentro la muerte manda.
Afuera el hambre murmura
una plegaria a los hombres
que al otro lado disfrutan
de anchos salarios restados
a hombres obreros que luchan.

Pero también la tierra sufre la injusticia. Puede verse en el poema "Campo" una defensa de la tierra y un cántico a la redención total de la tierra y del ser humano.

Es la tierra que se abre, quemada de injusticias.
No la apagan los ríos;
No la apagan los charcos;
Ni el apetito de las nubes;
Ni el apetito de los pájaros.

La poesía de Julia de Burgos es, sobre todo, un cántico a la vida humana que se expresa en la plenitud de toda vivencia. Su cántico no se aleja de lo que es pertinente a la vida: la libertad, la justicia, el amor y la patria.

Julia de Burgos vive en su poesía y la poesía vive en Julia de Burgos. Sus poemas no se alejan de la vida y por eso nos acercan a nuestra propia existencia. La imaginación y la creación de la poetisa son encuentro cotidiano con lo que somos y no somos, con lo que anhelamos y se nos escapa, en la cotidianidad paradójica del ser. Es una poesía sin excusas que nos permite ir al "campo", pensar en la "libertad" y "amanecer" a la vida.SV

El Dr. Luis G. Collazo es catedrático asociado de ética y teología en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

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