V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



El sufrimiento de Job
Una experiencia del Dios vivo

Margarita Andrade R.

Recuerdo que aquella vez me encontraba en compañía de la noche..., caminaba por la calle de siempre, sin la humedad de la tierra, bajo la sequedad de las luces de los faroles que la alumbraban. De repente, algo desvió mi atención en el silencio y miré un bulto entre paredes y aceras, una sombra grisácea, sombra de hombre que apenas se movía; me regaló una sonrisa momentánea, efímera, profunda. Era un mendigo. Pude observar su mirada triste y sus manos pintadas con la negrura del silencio, viejas de recuerdos, que buscaban mi solidaridad. Toqué sus cabellos, y sentí el dolor. Lo cobijé del frío, de la noche; apacigüé algo su hambre, y me alejé: aquel mendigo me había dejado un aroma a eucalipto fermentado, a tristeza del alma, a sufrimiento...

¿Por qué tanto dolor? El arzobispo Desmond Tutu señala: "El sufrimiento es el molde según el cual se forja nuestro carácter, a la vez que nos enseña el sentido de la compasión y de la empatía. Debemos asumir el sufrimiento como algo enaltecedor, en lugar de que nos produzca amargura. Podemos hacerlo, aceptándolo y encontrando esperanza y significado en él; de esta manera, podría ser transfigurado, transformado por el poder de Dios".

Las palabras del arzobispo Tutu se reflejan en la vida de Job, un Job que, como lo señala José María Cabodevilla, "sabe que el porvenir es, en cualquier caso, un río que hay que atravesar a nado. Job, en cierto modo, es la humanidad entera, y todas las amargas vicisitudes del pensamiento son otras tantas variantes de la lepra, oportunidades diversas para hacer a Dios -para hacer al aire, donde Dios se aloja- la única pregunta persistente: ¿por qué?".

¿Por qué tantas injusticias?: los niños de la calle, descalzos, en el frío, solos. y, a pesar de ellos, el tráfico sigue, la vida continua. ¿Y qué decir de las guerras?: las armas se multiplican, la gente sigue muriendo; ¿y las enfermedades?, un signo del dolor interno, del agotamiento total de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu; de la soledad.

Las dudas, los porqués se acumularon en mí. Puse un alto a mis interrogantes, cerré las páginas de los libros que me acompañaron en mi búsqueda de Job y me dirigí a encontrar otras respuestas. Busqué a Simón Espinosa, reconocido periodista y comunicador social, y a Marcia Moya, biblista y asesora de grupos de mujeres en el estudio teológico-bíblico de América Latina, y entablé un coloquio hacia una respuesta que explique el sufrimiento del ayer, del hoy, y quizá del de mañana.

Rebeldía de Job en su fe

La tarde estaba quieta. La serenidad de Simón se instaló junto a los ventanales que llamaban al deleite de las montañas pintadas de azul, de tranquilidad; la amabilidad y dulzura de Marcia impregnaban su sonrisa, alentaban a tomar un abrazo del ambiente para saborear el inicio del diálogo:

- Job ha sido un personaje del ayer y del hoy. Se lo ha catalogado como el siervo doliente, como el hombre paciente, justo, temeroso de Dios; mas en mi recorrido por las páginas de esta historia, yo sentí a un Job decepcionado de la vida y herido, a un ser que tuvo que vivir en carne propia la pobreza, la enfermedad, la soledad para poder realmente ver a Dios, ¿cómo lo ve usted, Simón?

Lo veo fundamentalmente como un hombre de fe, tanto en su momento de riqueza y de bendición divina como a lo largo del diálogo con sus consejeros. Su fe es latente incluso en los reclamos y en las imprecaciones que hace a Dios, pues no tambalea; y a pesar de sus preguntas constantes, él está convencido de que Dios es justo y sabio. El Padre responde a la fe de Job y le muestra su grandeza, indicándole que Job es un ser pequeño, que su inteligencia es limitada y que, por lo tanto, no puede comprender los designios de la divina Providencia, de Dios. Pero lo que brilla en Job es esta fe en Él, incluso para rebelarse, luego para humillarse y finalmente para bendecirlo.

Pero, a pesar de su fe, a Job le pesa su sufrimiento, anhela morir, se siente rechazado, angustiado y se queja de que Dios lo ha puesto una prueba injusta, ¿es así, Marcia?

Job se encuentra confundido porque tiene la imagen de un Dios que da; piensa que la abundancia y la generosidad que recibe de Él están representadas en las cosas materiales y en el bienestar corporal y mental de las personas. Pero cuando empieza a vivir el proceso de despojo externo de bienes materiales y luego la pérdida de seres queridos, va volcándose hacia su propia corporalidad, al dolor físico y a la humillación social, moral. Por esto, sufre mucho y se pregunta, como cualquier ser humano: ¿dónde está Dios?, ¿por qué a mí? Job no es un ser doliente, es un ser rebelde, y esa rebeldía le ayuda a buscar a un dios que le hable directamente en la vida.

Marcia, ¿crees, entonces, que el sufrimiento acerca más a Dios?

El planteamiento del Libro de Job no consiste exactamente en hablar del sufrimiento, sino, a partir de él, en el de cómo hablar con Dios. Por eso el personaje de Job en principio es tan ambiguo, porque tiene que replantear la imagen de su dios: una imagen desde una teología de la retribución, un dios desde el planteamiento de la estructura jerárquica, o la imagen de un dios que se encuentra y sostiene a los seres humanos en todos los momentos o estados emocionales y de conducta.

Al final del Libro, Dios se enoja con los amigos de Job porque ellos no hablan bien de Él; sin embargo, bendice a su siervo: "mi siervo Job habló con verdad en mí", declara. Simón, ¿cree que esta actitud del Señor hace pensar que Él prefiere a un Job que se rebela a aquél que permanece sumiso?

Hay una clara contraposición: entre los amigos de Job que le aconsejan y que tratan de 'justificar' a Dios, diciendo a su modo, "Dios es justo porque te está castigando por tus pecados ocultos, que tú no conoces", y la de un Job humano que se siente herido en su cuerpo, en su espíritu, en su familia, en su riqueza agrícola, como era en ese entonces; que se desespera, que reta a Dios; pero este hombre inconforme con Dios se atreve a hablar a Dios, a preguntarle, y al final vemos que Dios, a más de mostrarle su grandeza, lo justifica y lo declara siervo, porque Job, al rebelarse, mostró una actitud más verdadera, más humilde que la de los que creían ser como Dios y dieron, en nombre de Él, las razones de Dios, sin ser dioses.

Marcia, ¿las rebeliones del hombre son justas, quizá necesarias?

Los amigos de Job hablan de un dios de retribución, de un dios de "estar bien"; pero cuando Dios hace ver que Job permaneció a pesar de todo, que él fue fiel, entonces Job prevalece porque sigue un proceso de revelación para él mismo: ¿quién es Dios?, ¿el Dios de quien le hablan sus amigos o el Dios que se revela en él, en la experiencia del sufrimiento? Entonces, sí creo que es necesario rebelarse, porque lo que le mantiene a Job hasta el final, lo que le permite soportar el dolor es su rebeldía, su rebeldía en la búsqueda de un dios que dé sentido a lo que él está pasando.

Marcia, tú dices que los amigos de Job tenían una imagen más conceptual de Dios, en cambio Job está haciendo una experiencia de Dios en el sufrimiento, ¿se podría decir, Simón, que ellos eran más esquemáticos y más religiosos?

Podría tratarse de aquella dicotomía que, con frecuencia, aparece en algunos lugares y libros de la Biblia : entre el hombre religioso que es bueno pero que se queda sobre todo en el cumplimiento de la ley, y el hombre que es esencialmente más profundo, más inquieto, y que en el fondo está más abierto a Dios; y, precisamente porque no está protegido por la ley, su fuerza no está en el rito, en la observancia de las cosas, sino en la fe, en la Palabra de Dios.

¿Cómo aplicar hoy en día esa fe, cómo podemos mantenerla y transmitirla a pesar de las guerras, del dolor que se sufre en todos los ámbitos?

Jesús dijo que solamente el que persevere llegará. Luego de la última cena y antes de caer preso en manos de los sacerdotes y romanos, hubo en la vida de Jesús un oscurecimiento total, una angustia, un no saber, pese a ser Dios en su naturaleza humana, un no saber qué le venía, y por eso dijo "aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Esa actitud de Jesús es la de una suerte de nuevo Job; y el símbolo de Job es que Dios es más grande que todo sufrimiento, que todo misterio, que toda duda, que toda vacilación. Dios es la eternidad y Él está con nosotros, pero muchas veces no lo sentimos, no lo vemos, y más bien, un poco como Job, le imprecamos: ¿por qué hay tanto sufrimiento en el mundo, tanta maldad?; sobre todo llama nuestra atención el sufrimiento de la gente inocente, pero hay que sobreponerse como Job y decir, somos pequeños, nuestro entendimiento es limitado, pero la sabiduría y el amor divino son muy grandes y Él nos mostrará el camino.

La fe es un continuo accionar en y por Cristo y, a la manera como señala José María Cabodevilla, digo que "A la fe se llega no como quien cede a la fuerza de gravedad, sino como quien responde a un llamamiento venido de las cumbres, del fondo del bosque, del centro del océano; como quien acude a alta mar para salvar a un náufrago, para salvar la propia alma".

La fe es confianza, la confianza está presente, muchas veces, en un acto ciego hacia alguien a quien amamos, como un hijo a una madre de la cual no se puede dudar, porque se sabe que ella estará un poco airada o alejada, pero si la necesitara, él será recibido por ella. Algo así nos enseña el Libro de Job: que tenemos que aferrarnos a nuestra fe en Dios, pese a cualquier dificultad, al dolor personal, al dolor del mundo o al dolor social, y no seremos abandonados.

Tenemos que aferrarnos a Cristo, a Su Persona, a Su forma de ver y vivir la vida; de amar y de ser, para llegar a una misión de amor.

La salvación por medio de la fe en Jesús, por medio de su muerte y resurrección es una gracia, es un don que ya está dado por Dios; en ese don debemos creer y debemos recibirlo; y alabar y agradecer a Dios por él, pero precisamente porque estamos conscientes de que la fe en Jesús nos trae la salvación, nace en nosotros la obligación de una misión. Jesús predicó la Buena Nueva , el evangelio; dijo que amemos como "Yo os he amado", y ¿cómo nos amó?, dándonos su vida, haciéndonos el bien, pasándonos la Buena Nueva , curando enfermedades, dándonos esperanza y alegría: somos los canales de la gracia de Dios. 

Revelación de Dios en Job

El tiempo transcurría en un ámbito de paz, mientras las palabras de Marcia y Simón se adentraban en mi mente y rondaban en mi interior. para quedarse allí como manjares que deleitan, que alimentan el ser.

Marcia, ¿con la muerte de Cristo en la cruz se terminó el sufrimiento de la humanidad?

El sufrimiento termina en el proyecto que plantea Jesús del Reino de Dios que va a confirmarse con la Resurrección y ésta es posible cuando nosotros y nosotras, cristianos convencidos del proyecto de Jesús, sentimos nuestros propios dolores y desde éstos nos sensibilizamos hacia el dolor de los inocentes, tal como lo hizo Jesús. Este proyecto se debe seguir a partir de nuestro encuentro con Jesús revelado que es el sostén de nuestro sufrimiento y, después de volvernos más sensibles a la revelación de un Dios gratuito, que permanece siempre allí. .

Simón, ¿usted cree que el mundo dejará de cometer tantas injusticias el momento en que el ser humano decida cambiar, entrar en su interior para buscar a Dios?

Jesús nos redimió y nos salvó, no porque somos buenos o malos, sino porque Dios nos ama. Debemos saber que esta Buena Nueva a unos nos llega más directamente con la predicación de la Palabra , y otros no viven esa experiencia; pero, de alguna forma, en el fondo de su mente y en su corazón, sienten también un llamado a la unidad, a la bondad, al bien, y eso es una manera de manifestar el amor de Dios.

Aprendimos a conocer a Dios a través de nuestros padres, pero existen personas que no han escuchado de Él, no lo conocen, ¿tú piensas, Marcia, que Dios les habla de alguna manera?

En el Libro de Job va a explicarse la libertad y la gratuidad de Dios por medio de la naturaleza, y quienes no han escuchado del Padre lo conocerán a través de la vida cotidiana, porque para experimentar a Dios no es necesario que otros hablen de Él: para cada ser humano Dios es una experiencia propia, es un sentido, es lo que a veces una no llega a comprender. Las imágenes pueden empobrecer lo que realmente es Dios; por esto, muchas de las personas que sufren no encuentran el sentido de Dios, y estaríamos actuando como los consoladores inoportunos, como los amigos de Job, si pretendiéramos hablar de él cuando lo único que el sufriente necesitaba en ese momento de dolor era nuestra compañía.

Job, un nuevo ser en Dios vivo

La amenidad del diálogo, los secretos de la naturaleza, la liviandad de las cosas: la música, el vaso con agua, los susurros de la calle, la expresión de nuestros pensamientos. todo permitió surgir entre nosotros algo nuevo, edificante. Fue un coloquio vivo, de esperanza.

Marcia, ¿crees que hay situaciones en las que no deberíamos cuestionarnos y esperar que Dios nos las explique, o debemos seguir preguntándonos?

Job tiene que hacer el gran camino y el gran recorrido hasta cuando se encuentra con Dios mismo sin intermediarios, y Él no le da directamente una respuesta sino que le pregunta, le cuestiona, ¿por qué el ser humano quiere un dios a su medida, un dios que no le castigue, que le tenga feliz, con casa llena de cosas? Entonces, Dios se revela, y podemos notar que no es el dios que los seres humanos construimos, sino que es un Dios presente en los diferentes procesos de nuestra vida y debemos ir sintiéndolo, porque Dios es una experiencia de vida cuya revelación debemos ante todo, esperar. .

Simón, ¿a qué se refiere el Libro de Job cuando dice que éste era un hombre temeroso de Dios?

El santo temor a Dios es el principio de la sabiduría; temer a Dios es simplemente respetarlo, y como estamos conscientes de este amor mutuo, procuramos obrar con rectitud para agradar a Dios de alguna forma, tal como sucede con el amor de un esposo hacia su esposa: la ama tanto que está cuidadoso de no lastimarla. Temer a Dios es no hacer nada que lo hiera, nosotros no podemos herir directamente a Dios, pero sí podemos herir al prójimo que es el rostro de Dios, de los pequeños, como dijo Jesús. Entonces, se debe tener precaución en el trato con los humildes, para no escandalizarlos, para no ser imprudentes y achacar a Dios todos los males del mundo; para no ser iracundos frente al misterio de Dios y a nuestro sufrimiento. Yo creo que el temor a Dios es otra cara del amor.

La historia de Job refleja el sufrimiento de la humanidad, un sufrimiento estructurado en un sistema de jerarquías, un sufrimiento que es parte de nuestra existencia; sufrimiento necesario, esencial para crecer, desarrollarnos.

A pesar de que tengamos fe en la otra vida, nos atormenta que nos llegará el fin, que nos iremos de este mundo sin quererlo, y este es ya un sufrimiento muy grande. Luego hay el sufrimiento social, el sufrimiento que nace de la sensibilidad, del afecto hacia los demás, de considerar los dolores del mundo; entonces, el dolor de vivir y de sufrir nos podría también llevar a Dios; lo que nos puede mover a la fe, pese al sufrimiento, nos puede hacer más fuertes, forjar nuestro carácter para no quedarnos como niños plásticos, sino seguir adelante con fortaleza en el sufrimiento que nos puede ayudar para ayudar a los otros.

Entonces, Simón, ¿es el sufrimiento individual el que nos hace ver a Dios?

Ambos sufrimientos. El sufrimiento individual bien llevado fortalece tu fe. Antes decíamos que las cuatro virtudes fundamentales son como puntos cardinales, como los goznes de una puerta: la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templaza que nos vuelve más fuertes. Y el otro, el sufrimiento del mundo nos vuelve abiertos a los demás, nos hace olvidar nuestro egoísmo y nos lleva a los otros, y ¿cuál es el mejor camino para llegar a Dios?: salir de uno mismo y ayudar a los otros.

¿Y cómo podemos consolar a la gente enferma, al que sufre espiritualmente, a aquélla que está sola, a la mujer maltratada, a los pobres que no tienen donde dormir? ¿Al mendigo? Yo he mirado y he notado que esa gente, a pesar de que tiene mucho dolor físico y espiritual, tiene bastante paz, trasmite fe y a veces hasta nos ayuda, pero otras veces decae, ¿cómo se les puede ayudar?

El mejor alivio para una persona enferma o afligida es escucharla, no tanto darle consejos, porque se caería en la misma actitud de los amigos de Job, que no lo ayudan. Estas personas dolientes ya saben que la enfermedad es un mal, que es una señal de muerte, y que la enfermedad puede llevarles a Dios, eso ya lo saben; pero lo que una persona enferma y solitaria necesita es la cercanía de los otros; necesita afecto y compañía, calor, que se le abrace, que se le dé un poco de contacto corporal; y luego dejarle que se desahogue para que cuente cosas de la vida, de su niñez, quizás, incluso, sus secretos: necesita llorar. Entonces, se quedan con mucha paz y uno los ha ayudado; cualquier gesto de solidaridad es bueno y eso nos humaniza mucho y, en cierto modo, devolvemos algo de lo que Dios nos ha brindado.

Marcia, ¿cuál es el mensaje que nos deja el Libro de Job para el día de hoy?

El Libro de Job no nos habla del sufrimiento como un enigma humano, nos enseña que cada uno y cada una vivimos nuestros propios procesos y que el sufrimiento toca a nuestra sensibilidad; entonces es importante apartarnos de las seguridades, de los apegos, porque solo despojándonos de todo podremos ir percibiendo al Señor, y la revelación del Dios vivo estará latente en nuestra vida. En el momento en que dejamos libremente que esa revelación se dé, ésta se manifestará como una fuerza que nos permite recuperarnos y ya no volveremos a ser los mismos; seremos un nuevo Job, aquel que se encuentra con el Dios de su esperanza.

¿Y la respuesta al sufrimiento, Simón?

Racionalmente, no podemos hallar respuesta, siempre va a quedar algo oscuro porque la misma vida no es perfecta, ¿por qué hay terremotos, por qué se acaban las estrellas?; nosotros somos mortales, las plantas se acaban, los ríos se secan. Pero, el Libro de Job nos muestra que dentro de nosotros y más allá de nosotros está un Dios grande que nos ama y que ahora está con nosotros, que Él no nos va a defraudar y que si confiamos en Él, así no entendamos todo, su presencia nos llenará, pase lo que pase.

¡Dios como el Emmanuel!, ". un Dios que está con nosotros, que no nos aconseja desde lejos, sino que se revuelca en el fango con nosotros. Dios no trata de evitar el dolor, sino que lo padece a nuestro lado y nos da valor para que los padezcamos", así señala Desmond Tutu; y, sí, quizá no haya una respuesta clara del porqué de tanto sufrimiento, pero pienso que es importante saber aplicar en éste el principio de la transfiguración, "el poder de la transformación de Dios que hace que toda situación, persona o cosa se renueve, se libere del cautiverio para compartir la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios; cuando ya no sea solo materia opaca e inerte sino que resplandezca con la gloria divina. Y el ejemplo más espectacular de este principio de transfiguración es el de la cruz. Ella, de ser un símbolo de muerte, pasó a ser percibida como fuente de vida eterna (.) Este principio obra cuando sucede algo que parece tan poco probable como que la hierba quemada que cubre la tierra en el invierno, pueda reverdecer; cuando en las ramas desnudas y retorcidas de un árbol vuelven a crecer hojas gracias a la irrigación de la savia y los pájaros llegan a picotear las ramas frondosas; cuando los arroyos que una vez estuvieron secos arrastran agua en abundancia; cuando el invierno da paso a la primavera y la naturaleza experimenta su propia resurrección".

Margarita Andrade R.

Desmond Tutu, Dios tiene un sueño: Una visión de esperanza para nuestro tiempo, traducción Santiago Ochoa, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2004.

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