El ecumenismo y el poder
El ecumenismo católico romano fue tema de conversaciones en los últimos meses, motivado por el documento del Vaticano “Respuestas a algunas preguntas de la Doctrina sobre la Iglesia”. La reacción de pensadores católicos como: La Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, la Comisión Teológica Latinoamericana y la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo (ASETT), es que el papa Benedicto XVI, que lleva en el cargo algo más de dos años, está liquidando las reformas del Concilio Vaticano II (1962-1965).
Sin embargo, en el mundo evangélico protestante el documento despertó poco interés. “El documento no trae nada de nuevo”, dicen la mayoría de las reacciones protestantes. Además, frente a la arrogancia vaticana que considera a las iglesias de la Reforma apenas como comunidades eclesiales, los protestantes prefirieron dirigir su atención a otra agenda: la realidad de la crisis ética, social y espiritual que demandan de las iglesias un testimonio ecuménico positivo de unidad, no una provocación para discutir quien tiene el poder. “La cuestión si somos iglesia o no somos iglesia de Jesucristo no depende de la interpretación del Vaticano”, dijo la lianza Reformada Mundial.
Como protestantes nos cansamos de repetir que el propósito de hombres como Lutero, Zwinglio y Calvino no era empezar una nueva iglesia, con el nombre de "iglesia reformada". Su propósito era reformar la iglesia. Y no tenían el concepto de que esto fuera una obra acabada durante su propia vida y ministerio. Para alguien como Calvino, la reforma de la iglesia es una necesidad permanente. De ahí el lema: ecclesia reformata semper reformanda.
Para entender mejor esta actitud del Vaticano el padre José Comblin, un sacerdote que tiene el pasaporte belga y el corazón latinoamericano, nos dice que en la eclesiología tradicional católica romana, desde los orígenes en el siglo XIV, la palabra poder ocupa el centro del tratado. Sin embargo, el clero rechaza la idea de que algo pudiera ser motivado por cuestiones de poder en la Iglesia. Se presume que todo se hace por amor. Aún la condenación de los herejes se hace por amor.
Sin embargo, la cuestión del poder es también un tema delicado entre los evangélicos protestantes. Las grandes divisiones entre nosotros/as no acontecen por motivos teológicos, sino por cuestiones de poder. En esta edición también vamos a hablar de la cuestión del poder que se manifiesta en las buenas intenciones frente a temas de género, de cultura, educación y poesía.
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Que Dios nos bendiga con Paz y Vida.
Nilton Giese