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Educación intercultural bilingüe, en perspectiva andina
¿Para qué les puede servir a los pueblos indígenas?
Dina Ludeña Cebrian
La educación, según el diccionario Karten es “acción y efecto de educar” , así como “instrucción y enseñanza”. Diremos, entonces, que la educación tiene que ver con el aprendizaje. Los gobiernos de turno formulan y reformulan mecanismos y estrategias a fin de que la educación, que es enseñanza e instrucción, funcione y sea más eficaz, al menos, durante el periodo de sus gobiernos.
Desde que tenemos uso de razón aprendemos muchas cosas, aprendemos de todos aquellos y de todo aquello que se halla alrededor de nosotros: de nuestros padres, amigos, hermanos, abuelos y abuelas; de las plantas, de los animales, de la tierra, las estrellas, el sol, la luna, el viento, el río, la lluvia; en fin, de todo cuanto podemos percibir. Sin embargo, todo este aprendizaje no es, para muchas personas, educación. Educación se llama lo que aprendemos en la escuela.
El gran problema radica en que la educación que aprendemos en la escuela no es nuestra: proviene de la tradición europea anglosajona y lo que allí enseñan, en su gran mayoría, tampoco nos pertenece. En muchas escuelas rurales, a nuestros hijos e hijas no les enseñan nuestras costumbres, como el arte de sembrar y cosechar, el de tejer, el arte de saber curar; ni nuestra visión de la historia o nuestro conocimiento de la naturaleza; no les enseñan nuestra sociedad, nuestra religión ni nuestras tradiciones.
Además, nuestros hijos e hijas tienen que aprender a leer y escribir en español, idioma que no es suyo; tienen que aprender las matemáticas y otras materias en una lengua que no es la suya. Es injusto y muy difícil para un niño que habla un idioma indígena tener que aprender lo mismo que aprende un niño cuya lengua materna es el español, en la misma cantidad de tiempo, cuando no está aprendiendo en su propio idioma. 1.
Sabemos que parte de la conquista de nuestros pueblos indígenas consistía y consiste aún en hacernos sentir como personas que valemos menos, como seres humanos de segunda categoría.
Por esto, los conocimiento de los pueblos quechuas, aymaras, shipibos, nomatziguengas, chayahuitas y otros no han sido parte de lo que se aprende en las aulas.
Los colegios y escuelas, a lo largo de nuestra historia republicana, han servido a los indígenas para mantenernos humillados, para hacernos sentir inferiores; los niños y niñas tratados de tontos se sienten disminuidos desde el primer día de clases, por no poder pronunciar las vocales en un idioma que no es el suyo.
Hace rato sabemos que una forma de extinguir a un pueblo es matar su lengua, que es expresión de su alma, de su espíritu.
Al negarles a niños y niñas indígenas el poder leer, escribir y dialogar en su propio idioma, se les niegan su identidad, sus orígenes, su historia y su vida. La vida en las escuelas y colegios se convierte en una vida aparte, que no tiene nada que ver con la otra, con la de la familia y del ayllu.
Esta forma de ‘educación’ aleja a los niños y las niñas y a los jóvenes de sus padres, de sus raíces. Por esto, como indígenas creemos que es preciso cambiar las escuelas y los colegios antes de que ellos terminen por cambiarnos a nosotros. Debemos hacer que las escuelas sean nuestras. No deben estar al servicio de los poderosos que nos oprimen y quieren que estemos abajo; deben estar al servicio de las comunidades y de los ayllus.
¿Cómo podemos convertir la escuela en algo nuestro? Hoy en día, tanto en el Perú como en Bolivia, Ecuador y en otros países, hay muchas propuestas e ideas al respecto. Una de ellas es que en las escuelas no solo se enseñe en español, sino también en el idioma materno de los estudiantes.
Muchos docentes bilingües afirman que está comprobado científicamente que un alumno aprende a leer y a escribir mejor el español si primero aprende a leer y a escribir en su propio idioma. Una forma de asegurar la vida, la existencia de nuestras lenguas y culturas en los jóvenes y niños es enseñarles a leer, a escribir y a dialogar en su propia lengua.
En el futuro, estos niños y niñas podrán escribir libros en idiomas indígenas, podrán exigir que en el congreso, en los municipios y en todas las instituciones del país se hable también en lenguas indígenas, que se convierta a nuestras lenguas en lenguas de poder.
Los indígenas debemos exigir que en las escuelas se enseñe nuestra ciencia andina y amazónica. Pero claro, los no indígenas llaman ciencia a sus conocimientos; a los nuestros, los llaman tradiciones. Cuando en las escuelas se habla sobre los conocimientos occidentales de la naturaleza: la lluvia, la tierra, los animales, las piedras, las plantas, se habla de biología, de zoología, de botánica, de física o química; los alumnos aprenden en libros que se hallan lejos de la realidad y de la práctica, mientras nuestros hijos e hijas del campo conocen y saben más de la naturaleza porque viven en ella.
Nuestros abuelos y taytas indígenas saben ver y leer en la forma y color de las nubes, que habrá granizo, por ejemplo, y que se debe cosechar antes. Saben cuál será el tamaño de las papas este año, viendo el tamaño de las hormigas. Saben cuánto lloverá en la temporada de lluvias viendo a qué altura ponen las aves sus nidos en las cochas 2, lagos o lagunas.
Saben curar a los enfermos usando diferentes plantas. Es importante que los niños y niñas aprendan de los conocimientos que poseen sus padres y abuelos acerca de la naturaleza, porque si entendemos a los animales, la tierra, los vientos, las lluvias, entenderemos mejor cómo sembrar y cosechar, cómo vivir bien, respetar y amar la naturaleza. Si entendemos el mundo de las plantas, sabremos cómo curarnos; por esto, las escuelas deberían invitar a los taytas y abuelos a que enseñen sus saberes a los alumnos. Nuestros hijos e hijas deben conocer desde nuestra propia perspectiva indígena, nuestra visión de la sociedad, la política, la economía, la historia. Deben conocer, para apreciar y valorar, la visión indígena de la realidad social, política e histórica.
La democracia, entendida por la mentalidad occidental anglosajona, pide que una vez cada cinco años se vote por alguien y luego esa persona decida por cada uno de nosotros, para bien o para mal, sin que podamos hacer casi nada para cambiar esta situación. La democracia entendida por los indígenas es diferente. Muchos acuerdos se toman en consenso: todos tienen que estar de acuerdo antes de tomar una decisión. Para que todos sientan que es una decisión en la que han participado, se conversa y se piensa varios días, a veces semanas y meses, hasta llegar a una conclusión; toma más tiempo que el sistema europeo, pero es un sistema más justo. Nuestra visión de la historia también es diferente. Los mistis piensan que la historia es una línea recta que va hacia delante. Pero los pueblos indígenas sabemos que la historia se repite, como se repiten la naturaleza y el año agrícola. Vuelven las lluvias y vuelven a crecer el maíz y la papa, y vuelve a repetirse la historia, aunque siempre con matices algo diferentes. La historia es un círculo o más bien, una espiral. Nuestros antepasados no fueron menos inteligentes que la gente de hoy, pero no conocían lo que ahora se conoce. Mas solo gracias a los conocimientos y descubrimientos de nuestros taytas y abuelos conocemos, sabemos y amamos hoy a nuestros pueblos indígenas”.
Cuando en las escuelas aprendemos historia, aprendemos la historia de los ganadores, la de los españoles y de sus descendientes. Los maestros enseñan la historia de individuos, de tal o cual héroe, como si hubiesen sido personas solas las que hicieron la historia de un país; más aún, personas varones, mientras apenas se menciona a las mujeres, y cuando se lo hace, es porque ayudaron a… los héroes mestizos o criollos. ¿Qué, respecto de los indígenas? Nada. Pero todos somos parte de la historia, la historia la hacen los colectivos, la hacemos los ayllus, todos y todas.
Propuesta de educación intercultural bilingüe
La idea de una educación bilingüe no es la de dejar de enseñar los conocimientos de las ciencias occidentales, las matemáticas y el español, sino la de no excluir de la enseñanza oficial nuestros saberes indígenas. . Una cosa no debe impedir la otra. Queremos que nuestros hijos e hijas aprendan a leer, a escribir y dialogar en español, pero las escuelas deben también enseñar a leer, escribir y dialogar en su lengua materna. Los niños y niñas tienen mucha facilidad para los idiomas y la experiencia muestra que para ellos no es difícil aprender varias lenguas.
Así como saben de las ciencias europeas, nuestros hijos e hijas deben saber dominar nuestros conocimientos de la lluvia, los vientos, la tierra, las plantas, los animales; deben saber de nuestra historia, de nuestra democracia, nuestro arte y nuestra música, nuestros colores y olores. Con una educación intercultural bilingüe que dé igual validez a las dos lenguas, nuestros hijos e hijas amarán más a nuestros pueblos y comunidades, a los ayllus; esto los hará más fuertes, en lugar de incitarlos a olvidarse, alejarse y avergonzarse de sí mismos y de los suyos.
Para lograrlo, tenemos que alzar nuestra voz y exigir que los gobiernos nacionales, regionales y locales promuevan esta forma de educación. Que los docentes sepan hablar en nuestros idiomas. Que abuelos y taytas puedan tener acceso a las escuelas y colegios en acuerdo con los docentes, a fin de impartir sus conocimientos de medicina natural, del arte de tejer, del dominio y uso de tintes naturales, de la música, de las danzas.
Los alumnos pueden visitar las chacras de sus taytas y ayudarlos a sembrar, a cosechar: así aprenderán también. Las autoridades políticas y religiosas indígenas pueden compartir sus saberes con los alumnos. Todos y todas estamos comprometidos a contribuir con nuestros conocimientos de padres y madres indígenas y de ayllus, para que la educación sea, verdaderamente, intercultural y bilingüe.
Dina Ludeña Cebrian es peruana, metodista y licenciada en Educación.
1 El niño y la niña indígenas se ven obligados a poner en práctica antes de tiempo lo que se llama la inteligencia múltiple (aprender a hablar y a escribir en español y las demás materias, en la misma cantidad de tiempo que el niño cuyo idioma materno es el español); así, los niños y niñas indígenas están en desventaja, pero no tienen nada de tontos, término usado con frecuencia por los profesores y profesoras de habla española.
2 Testimonio de un indígena metodista de la comunidad de Layo Ccollachapi Canas Cusco Perú.
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