V Asamblea General
Buenos Aires, 19-25 de febrero de 2007
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EL ARTE INTERROGA A LA HABANA

Por José Aurelio Paz

•  Un grupo de viejos refrigeradores enfría con humor la reflexión de destacados artistas sobre la cotidianidad cubana

Por JOSÉ AURELIO PAZ, con fotos del autor

El arte siempre es provocación para el espíritu. La IX Bienal de La Habana se robó, durante todo un mes, no solo los espacios públicos de esta ciudad cubana sino, además, las expectativas de la gente que vio reflejada, en muchas de las obras, un pedazo de esa cotidianidad mágica que enciende la más descabellada creatividad ante las escaseces materiales de cada día.

Entre polos opuestos de opinión, ha discurrido uno de los eventos de la plástica latinoamericana más interesantes, junto a su homóloga Bienal de Sao Paulo. Mientras unos afirmaban que el fenómeno es expresivo del auge actual de esta manifestación en Cuba, otros le atribuían síntomas de cansancio y decadencia.

Sin embargo, a la gente común, al cubano de a pie como se le llama aquí al que no tiene auto propio para trasladarse, le importó un bledo el criterio de ambos grupos y se adueñó de esos escenarios para interactuar con la obra de renombrados artistas de varias partes del mundo 129 de 52 países, en el autorreconocimiento que siempre aporta el arte cuando es auténtico y hace crecer el alma.

Bajo el tema de Dinámicas de la cultura urbana, se pusieron de manifiesto imaginación, vitalidad y talento pero, sobre todo, la pluralidad propia del ejercicio intelectual que hace de la plástica un producto polisémico y polémico a la vez.

El aprovechamiento del espacio citadino para provocar al espectador funcionó de diversas formas. Una de las que más acaparó la atención fue la decoración de los llamados camellos. Estos transportes tan populares en Cuba que son una especie de Cubo de Rubik humano. Usted nunca sabe dónde colocar un pie o una mano; los olores naturales del cuerpo y de los perfumes se funden y confunden ante el mejor olfato; el mosaico de historias hilarantes o dramáticas compartidas colectivamente teje un espectáculo sin competidor por solo veinte centavos cubanos.

El popular vehículo se transmutó, durante esos días, en mural rodante. Fue el caso del cubano Guillermo Ramírez Malberti el cual, bajo el título de Pasaje a lo desconocido , aludiendo a un espacio televisivo destinado a temas científicos, rescató elementos de la cultura egipcia y los adaptó a las simpáticas escenas que tienen lugar en los camellos. De modo que se podía observar a un faraón sentado en uno de los asientos del sui géneris ómnibus, degustando una Cristal, la marca cervecera cubana más famosa de Cuba. Sin duda, toda una parodia de la realidad que vive la gente común.

También estuvo el caso de Alexis Leyva, más conocido por Kcho, quien tiene como elemento reiterativo en su obra el éxodo de los balseros. Él amontonó, en una plaza de La Habana Vieja , nada menos que 13 mil ladrillos en forma de barcos, lo cual le permitía al público tomarlos en una especie de performance colectivo que propiciaba, de manera gratuita, la posibilidad de llevarse un pedacito de la obra a casa.

El Forum Idea sobre Urbanismo, también devino escenario para el debate en torno a las dinámicas de cambio de las ciudades, en tanto estos espacios superpoblados se han convertido, en cualquier parte del mundo, en plataforma de diversas expresiones sociales y artísticas donde se entrecruzan las historias más terribles y las más esperanzadoras, y se desdibujan las fronteras interculturales para crear una extraña e indefinible amalgama de violencia, de falta de comunicación afectiva, contaminación y caos.

ROCCO Y SUS HERMANOS

Nadie olvida aquella escena de la proverbial película cubana Fresa y chocolate, en que Diego (Jorge Perugorría), el homosexual que entra en un contrapunteo intelectual y afectivo con un joven comunista de nombre tan simbólico como David (Vladimir Cruz), habla de su viejo refrigerador norteamericano, al cual ha nombrado Rocco en homenaje a una película del neoclasicismo italiano, y dialoga con el aparato recriminándole por tener solo agua en su interior.

Ello llevó a Perugorría, quien se desempeña también como artista plástico, a participar de una de las muestras más significativas de la Bienal. Manual de instrucciones resulta el homenaje a un electrodoméstico que, en pleno Caribe, es sustancial para la gente: el refrigerador; cuando su ausencia puede llevar hasta una crisis de identidad parecida a la del dramaturgo inglés William Shakespeare cuando hizo decir a Hamlet su popularísimo To be or not to be.. .

El actor convierte el simbólico aparato del filme en un ataúd. Bajo un cristal, cual si fuera la cabeza del difunto, se muestra la máquina de alto consumo eléctrico, mientras se cubre con un sudario de flores junto a una especie de despedida de duelo a esos viejos artefactos de fabricación norteamericana, como si se tratara de la muerte de un obrero: Compañero Rocco, donde quiera que estés ahora, que llegue a ti nuestro agradecimiento por todos tus desvelos y nuestro más sentido pésame para que, de una vez y por todas, ¡descanses en paz! reza el texto.

La exposición, que agrupó a unos 50 connotados plásticos cubanos de varias generaciones, aludía, con ingenio y humor, a una de las medidas del actual Programa de Ahorro Energético del país, donde esos dinosaurios de nombres tan antiguos como Westinhouse, Philco o General Electric, llegados a Cuba en los años 50 y considerados altos consumidores de energía eléctrica, serán sustituidos para las familias, en un primer momento, por unos 300 mil refrigeradores adquiridos a la empresa China Haier.

Así, el conjunto de esculturas es una especie de sesgo que simboliza, según los curadores de la muestra, la mirada del artista frente a lo ya proclamado infuncional. Lo utilitario adquiere, desde otra visión, la categoría de arte. El patio del antiguo Convento de Santa Clara devino parque jurásico de un objeto que, durante el llamado período especial, ha sido para la familia cubana cómplice en preservar lo poco que se consigue para poner a la mesa, como si se tratara de un bien patrimonial. Cada caparazón metálico ha transmutado su oficio para dejar un sabor a gracejo criollo con una pizca de sutil ironía.

SE REFRIGERA TAMBIÉN EL TEMA RELIGIOSO

La muestra, como buena anfitriona de la realidad cubana, no pudo obviar la simbología religiosa. Así, La familia , de Jorge Luis Ballart, utilizaba el símbolo de la corona de espinas de la cruz como elemento unificador; Merry Christmas tenía pintado en la puerta del congelador un cerdo crucificado, partiendo de la tradición en Cuba del sacrificio masivo de ese animal por Navidad y, también, como alimento para la subsistencia; a la par que Háblame María hizo, al artista Ángel Ramírez , convertir el aparato en un confesionario; José Fuster, bajo el título Un día Dios apartó las nubes y nos vio asumió el ojo, símbolo utilizado contra el maleficio en las prácticas fetichistas del espiritismo, como elemento expresivo de su obra.

Sin embargo, llama la atención que ninguno de los refrigeradores-esculturas aludiera, de manera directa, al sincretismo religioso afrocubano, cuando las fronteras entre las verdaderas esencias de esa cosmovisión del mundo y el folclorismo comercial se desdibujan cada día más en la Isla , a partir del flujo turístico que acude a la búsqueda del atractivo que ofrecen esas prácticas.

El desarrollo del crecimiento religioso en Cuba en los últimos tiempos, ha hecho que el tema se observe cada vez con más naturalidad en el mundo de las artes, como parte de esa propia cotidianidad urbana; sobre todo en la plástica, quizás por la riqueza iconográfica con que cuenta la historia del cristianismo, en una tendencia que va desde el reflejo de una devota religiosidad popular hasta la desacralización de ciertos símbolos.

 

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