
LAS MUJERES EN LA BIBLIA COMO REFERENTES SIMBÓLICOS
Gabriela Miranda García
Introducción
En la primera década de la teología y hermenéutica feministas latinoamericanas, las teólogas y biblistas centraron sus estudios en el análisis de las mujeres en la Biblia , ya sea que estuvieran marginadas o que fueran líderes; en las mujeres que ayudaron a la liberación y en aquellas que pasaron desapercibidas en los estudios de los personajes de la historia de la salvación.
Sin embargo, esta lectura de la Biblia no tocaba el problema de la invisibilización de las mujeres en la historia, ni tampoco cuestionaba el sistema patriarcal desde el que estos textos habían sido escritos. Así que, para la década de los 80, se trabaja todo el texto desde el ángulo de la mujer, como dice Elsa Tamez : se busca feminizar la teología y a Dios Trino, reivindicando roles que la sociedad ha prescrito para las mujeres y que, a la vez, ha menospreciado. A medida que pasa el tiempo, los textos patriarcales se confrontan, se reinterpretan, se reconstruyen.
Este ensayo no es un recuento del devenir histórico de la hermenéutica feminista latinoamericana, tampoco pretende ser un aporte a ella. Es más un producto de mis propias indagaciones respecto del papel que las mujeres juegan como personajes bíblicos.
No es novedad afirmar que muchos de los personajes de la Biblia obedecen a una construcción particular de sus autores y, por lo tanto, a un discurso retórico que se halla más allá del género literario en que están descritos. Todo interlocutor tiene un papel temático: es decir que cada personaje bíblico es una construcción socio-narrativa en función de las necesidades particulares del contexto histórico del texto y de la intención de sus autores.
Esta construcción socio-narrativa permite el desarrollo de la trama y con ella se logra un tejido de relaciones, de tensiones y oposiciones en el texto. Este último aspecto es el tema de nuestro ensayo: las mujeres que aparecen en la Biblia son una construcción socio-narrativa porque son, antes que sujetos históricos, objetos simbólicos que favorecen el desarrollo del texto.
I. Las mujeres como representaciones simbólicas
No solamente en el texto bíblico, sino en muchos otros textos, escritos o no, las mujeres juegan un papel simbólico. Me atrevería incluso a decir que ellas, aun en lo cotidiano, son en sí mismas representaciones simbólicas. Es decir, que no se necesita hacer referencia a la mujer como personaje ni como heroína o diosa para que las figuras femeninas estén cargadas de simbolismo. Las mujeres pueden en sí mismas representar la capacidad de sufrir, la seducción, la ternura, la traición, el engaño, la muerte o la vida, por el hecho de ser mujer.
La cultura patriarcal les ha adjudicado una fuerte carga simbólica. Pero estas representaciones simbólicas las reducen a la exclusión, ya que los valores que las mujeres representan y encarnan son valores simbólicos secundarios y no privilegiados por el sistema patriarcal que los fomenta y que, a la vez, los desvaloriza (esto sucede, incluso, con valores como la ternura o la capacidad de sufrir). Estas representaciones simbólicas sostienen y legitiman el propio sistema patriarcal que las alimenta. Es lo que Estela Serret llama la simbólica de la exclusión . Más aún, desde mi punto de vista no solo lo femenino tiene una carga simbólica, sino las mujeres en su corporalidad, ya que el cuerpo es el receptáculo de toda significación.
Esta desventaja simbólica es, a la vez, una forma de violencia simbólica, porque impone, mantiene y legitima un sistema, en este caso el patriarcal. Es violencia, aunque no tan clara: es una violencia amortiguada, es una lógica de dominación ejercida en nombre de un principio simbólico conocido y admitido, tanto por el dominador como por el dominado.
Al ser objetos simbólicos y no sujetos históricos, las figuras femeninas son fácilmente manipulables, tal como afirman Georges Duby y Michelle Perrot: A las mujeres se las representa antes de describirlas o de hablar de ellas, y mucho antes de que ellas mismas hablen. Incluso es posible que la profusión de imágenes sea proporcional a su retiro efectivo.
Las mujeres, como construcciones sociales, forman parte del universo simbólico y de los imaginarios, por ello, desde mi punto de vista, su participación en los textos bíblicos gira más bien en torno a un papel simbólico que a un hecho histórico. No quiero decir con esto que las mujeres sean elementos pasivos de la historia, no, no es así. Pero sí es verdad que su participación fue invisibilizada u opacada y que el propio sistema de simbolización y control socio-narrativo contribuyó a esta manipulación histórica.
En las mujeres que aparecen en los diferentes textos bíblicos se centra la muerte, la liberación o la traición de la historia del pueblo de Israel y después, la de la comunidad postpascual. Podemos decir que narrativamente las mujeres son referentes simbólicos que concentran en su imagen, en su papel y en su corporalidad, ya la muerte o el amor de Dios por su pueblo, o bien, la fidelidad o la traición del pueblo de Dios
En el uso patriarcal de la simbólica, las mujeres son símbolos en sí mismas, están cargadas de un conjunto de asignaciones y significaciones; así son transformadas en imágenes polisémicas y polivalentes, ya que los varones se han atribuido el poder de la construcción de símbolos.
Y, agrego, la fuerza simbólica volcada en las mujeres es explotada desde su derrota: se explota su condición de seductora, de tramposa, de débil, atolondrada o hermosa, en la medida en que estos atributos sirven para fortalecer su condición de sujeción, su funcionalidad y la justificación de la superioridad masculina. Las mujeres en la historia bíblica suelen ser objeto de interpretación de los acontecimientos.
II Las mujeres en los relatos bíblicos
Muchos de los relatos bíblicos reflejan la histórica tensión que recae sobre las mujeres: una historia de miedo y de deseo. En esa tensión de miedo y deseo, el papel simbólico que las mujeres juegan tantas veces en la historia bíblica es un papel desencadenante, reafirmante, de ruptura o de giro dentro de los relatos bíblicos. Estas coyunturas históricas acontecen a partir de los imaginarios que se tienen sobre las mujeres: la historia cambia, entra en crisis, continúa, se restaura o se afirma gracias a mujeres fieles, tramposas, seductoras o frívolas.
Las mujeres son las eternas ausentes de la historia escrita. Creo que la historia de las mujeres en la Biblia acontece en tres categorías de análisis: la ausencia, la emergencia y la presencia.
La ausencia. En los estudios de mujeres o desde las mujeres, el rescate de nuestras historias ha sido hecho y entendido desde los vacíos y los silencios. Como mujeres, hemos aprendido a leernos y a encontrarnos en los espacios de los cuales se buscó nuestra eliminación y retiro paulatino.
En la mayor parte de los textos bíblicos, las mujeres funcionan como imágenes, no como sujetos. Esto en sí mismo es ya una advertencia: la representación en figuras está ligada a la ausencia.
En este abuso de imágenes femeninas condicionadas a cumplir papeles patriarcales, descubrimos las ausencias, los vacíos y los silencios. Desde aquí sospechamos que su presencia ha sido ocultada, diseminada y suplantada. La ausencia de las mujeres en la historia escrita en los textos es tan evidente como su silencio en las tomas de decisión, en las dirigencias, en los espacios públicos, en las instituciones y, por supuesto, en las iglesias.
La presencia de las mujeres en la historia ha sido pormenorizada y ocultada y esto es evidente a lo largo de casi toda la historia eclesial. Revela que una comunidad, para ser verdaderamente liberadora, tendrá que cuestionar las relaciones asimétricas que ejerce y fomenta.
Debemos darnos cuenta de que este reconocimiento es una oportunidad para modificar los actos violentos en contra de las mujeres, las decisiones que se han tomado al margen de ellas, su retiro progresivo de los espacios de poder y la imposibilidad de acceder a ellos.
La emergencia. Muchas de las imágenes femeninas que encontramos en los textos bíblicos se refieren a mujeres extranjeras, seductoras, frívolas, impertinentes y poco juiciosas. O, por el contrario, a mujeres plagadas de atributos positivos. Casi siempre, atributos y vicios entran en tensión y conflicto. Así, encontramos heroínas como Judith que usa sus atractivos físicos y su astucia como poder de control, pero estos mismos atributos son tenidos por malos en el caso de Dalila. Las mujeres entran en escena cuando se requiere una explicación de las conductas masculinas. Son colocadas en momentos en que la historia parece no sostenerse más, o cuado llega a un clímax; se las incluye en momentos de crisis como significación de cambio, de desviación o avance de la historia.
En la desviación del pueblo o de sus líderes, las mujeres juegan un importante papel. Su presencia explica apostasías y también sirve como confirmadora de fidelidades. Se la mira desde estereotipos de permanencia o de ruptura. Las figuras femeninas en la Biblia son figuras emergentes porque no cuentan la historia sino que son objeto de interpretación. Salen a escena porque, como figuras construidas simbólicamente o como construcciones socio-narrativas son desencadenantes de la historia: la historia es comprendida a partir del símbolo que ellas encarnan.
La substitución de las mujeres reales por imágenes es la creación de lo que Gilles Lipovetsky llama la mujer ficticia, es decir la que no existe: En las estampas alegóricas se representa a mujeres diáfanas cuyas expresiones idealizadas y no individualizadas se asemejan más al segundo sexo, a un ángel o a una criatura mágica que a un ser real. En esta lógica de recurrencia a una imagen femenina social y políticamente construida (y en el caso de la Biblia también narrativamente construida), de modo de lograr una reacción, la construcción socio-narrativa suplanta a las mujeres reales.
Entonces, dentro de la narración bíblica, las mujeres como figuras emergentes de la historia son en realidad mujeres inexistentes. Más bien, la emergencia revela el papel secundario o invalidado que juegan las mujeres en la historia construida y relatada en la Biblia.
Ni la ausencia ni la emergencia son un topos efectivo para reconocer el papel de las mujeres en la historia bíblica. No lo es la ausencia, porque hay en ella una eliminación efectiva de la mujer, y no lo es la emergencia, porque hay en ella una suplantación. En ausencia y en emergencia, el resultado es el silenciamiento y ocultamiento de las mujeres.
Actualmente, en nuestras iglesias y teologías la función de las mujeres es prácticamente la misma. Muchas veces, a las mujeres se les reconoce en tanto juegan un papel resolutivo, justificativo y hasta innovador. La Teología de la Liberación , por ejemplo, sigue entendiendo en muchos casos
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