Las iglesias como fuentes de reconciliación y paz en una sociedad fracturada

Rev.  Eduardo Chinchilla Guevara

Quisiera agradecer a la Fraternidad Teológica Latinoamericana en Costa Rica por su invitación a esta exposición, es verdaderamente un honor el compartir en este espacio de tan grande significancia en nuestro continente.

La paz no llega sola, de la noche a la mañana.  No se consigue por actos mágicos sino que es más bien el producto de la suma de voluntades para que esta se de.  Es frágil pues depende de procesos de justicia en donde la igualdad, la tolerancia, el respeto, la justa distribución de los bienes, la garantía de la salud y la educación de calidad, se implementen por completo y en todo lo que abarca la vida humana.  Razón tiene la historia en afirmarnos que la ausencia de guerra no es sinónimo de paz.  La paz es la culminación de todo un esfuerzo de lograr que todos tengamos vida plena, pero es también una esperanza que acompaña todo proceso de establecer esa vida plena.

El tema de la paz ha sido objeto de análisis en la misión y quehacer de la iglesia cristiana.
Existe un debate inclusive de carácter ético que plantea si en realidad la iglesia tiene autoridad para predicar acerca de la paz debido a los hechos sucedidos de guerra en la historia y donde sectores del cristianismo le han dado su bendición o en el peor de los casos han sido sus gestores

Existe otro grupo que mantenemos que la iglesia fue, es y seguirá siendo un semilla de reconciliación, categoría nada fácil de cargar, por el contrario es ese carácter el que nos hace vivir en una tensión y contradicción constante.

La iglesia es un reflejo de la sociedad y por eso ella misma se encuentra fracturada.  Le es muy difícil encontrar la reconciliación y el perdón al interior de si misma y el germen del cisma parece ser una de sus principales cualidades, tanto en la iglesia protestante como en la católica romana que muchas divisiones se disimulan en el sometimiento a una estructura, pero al interno vive la división de subgrupos.  Para los que trabajamos en la búsqueda de la unidad de  la iglesia de Cristo como lo es el caso del CLAI, es común que nos frustremos al ver lo difícil que es ponerse de acuerdo en cosas de menor cuantía.

La iglesia es contradictoria, porque es humana.  Desde un punto de vista radical la iglesia fue desde sus inicios producto de la intolerancia en el seno de la religión judía.   Como lo atestigua el libro de Hechos de los Apóstoles la reuniones eran en el templo, pero la presión sobre el nuevo grupo llego a tal punto que fue muy difícil mantenerse allí, y se formo casa aparte. Y así en su devenir también la misma iglesia ha ido creciendo más por división que por multiplicación.  Fenómeno que permanece hasta nuestros días.

Sin embargo sigue hablando de paz y de reconciliación aunque le cueste mucho vivirla.

El contrapeso positivo lo da el hecho de que ella es heredera del mensaje de la reconciliación porque es también de creación divina.  Su fundador Jesús,  es el más vivo ejemplo y paradigma de la reconciliación (II Corintios 5.19)  . En su vivir diario y en la realización de su misión, en la búsqueda de esta paz,  se enfrentará a sus propias contradicciones y estará de cara a los aciertos del Espíritu de Dios.

El evangelio de la paz:

El principal tesoro de la iglesia es el mensaje del Evangelio.  El cristianismo comprendió que todo lo dicho en el AT se cumple y se resume en el Evangelio, ese es el centro de la fe.
Jesús basa su nueva noticia en el anuncio del Reino de Dios.  Este reino tiene como característica la paz, esta será la principal características para  que las personas vivan una calidad de vida.
La paz que Jesús ofrece no es comparada a la que este mundo ofrece.  Tiene que ser así pues de otra forma sería corruptible y podría desvirtuarse. 

Esta cualidad ofrece una garantía sin comparación a la iglesia. La paz tan anhelada no podrá desvirtuarse aunque la misma iglesia no tenga claro esto y se equivoque en su búsqueda.

La llegada de Jesús fue acompañada con cánticos angelicales que proclamaban la paz en medio de las personas de buena voluntad (Lucas 2.14).  Así El se convierte en primicia de esa paz.  Isaías lo afirmó: “y llamarán su nombre admirable, consejero, Dios fuerte, príncipe de paz”  (Isaías 9.8).  Jesús es la paz encarnada que para cumplir su propósito tuvo que abrirse paso, no sin una rotunda resistencia.   Es por eso que la paz si se busca de manera genuina como lo hizo Cristo, será a la vez victima de aquello que ella misma quiere erradicar.  La paz que el mundo no da, como la llamó Jesús tiene enemigos y ellos harán lo posible para que no se instaure, hasta el punto de matar a los pacificadores.  Buscar la paz es ponerse en plena oposición a la lógica de este mundo, lógica destructiva, guerrerista, desigual y profundamente inhumana.

En el sermón del monte, en el apartado sobre las bienaventuranzas, Jesús establece una relación-consecuencia para los que trabajan por la paz “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.3).  La categoría de hijos de Dios es la más exaltada de todos los cristianos, todos nos consideramos hijos de Dios por los meritos de Jesucristo, pero la pregunta que se nos devuelve entonces es ¿seremos todos y todas pacificadores entonces?

El manejo del poder:

Uno de los elementos más importantes en el establecimiento de toda relación es el manejo del poder.  Las estructuras humanas se manejan por medio del poder.  Las injusticias más soberbias y las más pequeñas son producto del mal manejo del poder.

Generalmente se nos enseña que poder es la atribución que un grupo de personas da a otras para gobernarlas.  Poder es sinónimo de fuerza y de autoridad.  La iglesia está llena de esto llevadera solo con  la lógica de este mundo.  El poder tiene la cualidad de pervertir a los que abusan de él,   ¿acaso podríamos decir al revés? son los que abusan del poder los que pervierten el poder. 

Sin embargo el mensaje del evangelio, que debe ser el mensaje de la iglesia, dice otra cosa.  Jesús parte de la premisa de que todo grupo humano necesita si de personas que lo lidere, sin embargo su clave es poder-servicio: “el que es mayor de vosotros sea vuestro siervo” (Mateo 23.11).  La comunidad reconocerá a su líder en la medida en que este se ofrece en humildad y desprendimiento al procurar el bien de todos y todas.

En nuestra sociedad quien tiene el poder es quien se sirve de los demás, les ultraja y les saca provecho. 

Quien ejerce el poder debe estar conciente de que debe ser responsable de sus hechos, es decir no puede andar si restricciones y límites, pues lo que genera es caos e injusticia.  Debe también saber tiene poder que debe rendir cuentas pues no es un acto sin responsabilidad.

Un buen abono para la paz es un buen manejo del poder.  Debemos comprender que el poder no esta en los líderes sino en la comunidad.  Los líderes guían a la comunidad.  El poder es un instrumento para lograr las decisiones que más convienen a la comunidad como un todo sin que nadie se vea desplazado.

Es el desafío de la iglesia practicar un buen manejo del poder.  Hacer las modificaciones para que este no se vuelva más bien en su contra.  Es también el desafío de la iglesia con su nuevo testimonio decirle al mundo la manera en que el poder se debe manejar.

La lógica de la violencia:

La violencia no repele pero también nos atrae
La violencia nos alarma pero también nos entretiene
La violencia nos destruye pero también nos protege

Una rápida mirada al mundo actual nos puede servir para desistir del mensaje de paz y reconciliación.  La violencia ha llegado a tales límites que se ha convertido en un objeto del mercado.  Los medios de comunicación venden por la violencia.  Cada vez más las secciones de “sucesos”  destinadas a registrar los peores actos de violencia se amplían.   Como en un circo romano el colectivo humano sacia su sed de entretenimiento con las noticias de violencia.  Las imágenes del 11 de setiembre del 2001 dieron la vuelva al mundo una y otra ves, como si hubiese una especie de sadismo colectivo.

Es un mundo de paradojas y contradicciones: hacemos leyes violentas para reprimir a los violentos.  Metemos a los violentos en lugares más violentos para que se regeneren, a sabiendas de que de allí saldrán peores.

En un mundo marcado por la violencia nos movemos en un vaivén sumamente peligroso, el de ser victimas y ser victimarios, nos situamos en una de los dos lados según sea la situación que estemos viviendo,

La violencia rompe con el orden normal de la vida, produce muerte, desencadena los más bajos instintos humanos.  Razón tenía Jesús de llamar a los pacificadores “Hijos de Dios” pues esa será la marca de los que busquen por todos medios viables conseguir desterrar la violencia de su entorno.

Abrazar la reconciliación:

Ser cristiano debería ser sinónimo de no violento. 

La única alternativa para contrarrestar la violencia se encuentra en el recurso  del amor.  Ante la lógica de la violencia, la lógica del amor. La comunidad joanina quiso darle un énfasis especial al amor en el mensaje de Jesús.  Para ella Dios derrama en Jesús todo su amor para con toda la humanidad (Juan 3.16 y 17 ) en su búsqueda de erradicar todo aquello que promovía la violencia.

La iglesia como promotora del mensaje de la paz debe tomar al amor como el lubricante de todas sus acciones.  Tomando el ejemplo del motor de un carro, el amor lubricará hasta el más pequeño espacio y hará que la marcha por la paz continúe, como funciona el aceite en el motor.

En ese sentido la reconciliación juega un papel sumamente importante para encontrar la paz.  Se ha demostrado que la mayoría de conflictos se podrían haber resuelto por medios pacíficos si hubiese existido una buena mediación que lograse un entendimiento y generara la reconciliación.

A su vez una buena mediación puede ayudarnos como experiencia terapéutica en donde la amistad y el respeto sean la ganancia.  Muchas comunidades en Colombia han encontrado la paz en la creación de pequeños espacios de resolución de conflictos.  Sin tener que pasar por largos procesos, desgastantes, caros y que más bien empeoran las situaciones.

Las iglesias podrían ayudar a los barrios en donde trabajan a crear estos espacios.  En donde personas de reconocida trayectoria en la comunidad se les asigne tan loable función.  Lógicamente la creación de estos espacios responden a todo un proceso al interior de la comunidad que a su vez es instructivo y sirve de guía.

Conscientes de que en la familia es uno de los principales espacios generadores de conflictos en el CLAI y en Colaboración con el Centro Integral de la Familia hemos impulsado una serie de cursos de facilitadores para la mediación de los conflictos en la familia, en los cuatro de los países más violentos de Centroamérica.  Los cursos buscan formar a personas que sean apasionados por la paz y que desean capacitar a otros en un proceso de multiplicación.  La iniciativa consiste en un curso de 80 horas dado en una semana completa, que enseña desde entender la conducta humana hasta herramientas para la resolución de conflictos.

Otra de nuestras insistencias ha sido que las facultades de formación teológica capaciten a sus estudiantes, futuros o ya pastores de las iglesias, con herramientas que les den la capacidad de mediar y llevar a las personas a la resolución no violenta de los conflictos.  Esta formación no solo busca ayudar a resolver positivamente los conflictos sino también educar a los pastores en una cultura de paz.  Se ha demostrado que la mayoría de los conflictos en las iglesias son generados por el pastor, ya sea porque los motivó en su mal manejo del poder y porque se puso a resolverlos.  Necesitamos que los seminarios y universidades se tomen en serio su responsabilidad de hacer de sus estudiantes verdaderos pacificadores.  Agentes de pastoral que sean agentes de paz.

Otro gran aporte de las iglesias desde la experiencia del CLAI, es la propuesta pedagógica de Cultura de Paz para las escuelas y colegios, el cual nos ayude a sembrar en las nuevas generaciones toda una cultura del respeto, la reconciliación y el amor.  La fracturación de la sociedad nos desafía a dar pasos de fondo para cambios significativos.  Necesitamos formar a jóvenes y niños que amen la paz y quieran vivir promoverla en su entorno.

En abril del 2004 reunidos en Honduras más de 160 jóvenes provenientes de más de 20 denominaciones de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, nos encontramos para tratar el fenómeno de la violencia juvenil y como resultado surgió que el tema de Evangelizar por la paz desde las juventudes, es una de las tareas que como jóvenes ha de tratarse.  De esa reunión que incluyó una “Marcha por la paz” en las calles más céntricas de Tegucigalpa, se han derivado talleres de evangelización por la paz y mediación, producción de materiales e impulsó a iniciativas de regeneraciones e inserción a la sociedad de jóvenes “maras” .

Evangelizar por la Paz nos ayudará a denunciar un sistema injusto y anunciar uno justo para los y las jóvenes que están siendo victimas de la injusticia social y victimando a la sociedad en sí. Asimismo, la acción evangelizadora debe encaminarse no sólo al anuncio y denuncia, sino más bien hacia la visión de la Comunidad Evangelizadora: La Iglesia, como comunidad cristiana, debe comprometerse en el anuncio profético desde sus propias bases.

También para la formación de las nuevas generaciones el CLAI elaboró el libro “Busquemos la Paz” un material de campamentos para niños de 6 a 12 años de edad en donde se les enseña el concepto de la paz, la resolución de conflictos por la vía pacífica, la tolerancia y el respeto al ser diferente.

La iglesia menonita y sus esfuerzos de misión es también un ejemplo de su preocupación en esta temática.  Muchas otras iglesias a lo largo de nuestro continente hemos abrazado la recociliación y estamos promoviendo la paz.

 La justicia como motor de la paz:

Un valuarte irrenunciable de la Iglesia del Señor ha de ser la justicia.  Mártires han dado su vida por que la sociedad pueda comprender la necesidad de vivir en justicia.  La justicia hace a la iglesia profeta.  Porque quien proclama y busca la justicia revela el pecado, identifica a los injustos, se mantiene fiel a su mensaje y no vende su conciencia.  Anuncio y denuncia.  Juicio y restitución.

La justicia entendida como el establecimiento de las condiciones para que todas las personas puedan tener una vida plena es la justicia de la cual Jesús predicó.  Es la vida abundante de Juan 10.10. “para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Isaías entendía muy bien la importancia de la justicia en su interrelación con la paz.  No hay la segunda sin la primera “El efecto de la justicia será la paz y la labor de la justicia reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32.17).

La iglesia  debe actuar en fidelidad al concepto de justicia del evangelio.  La iglesia debe amar la justicia. Y eso significa oponerse a todo hecho que la contradiga o anule.

Es lamentable ver como muchas iglesias acaparan riquezas mientras sus mismos miembros escasean en muchas áreas de su vida.  Es lamentable ver a una iglesia evangélica que solo busca resaltar por el tamaño de su congregación aunque el tamaño de sus obras sea insignificante.

En la era de globalizaciones la iglesia debería de aprovechar para luchar porque la Vida Plena sea globalizada, pero en el sentido de que todos seamos impactados por acciones de justicia que redunden en el mejoramiento de nuestra calidad de vida con oportunidades y posibilidades para crecer y ser mejores cada día.

Es una búsqueda irrenunciable de la iglesia del Señor que la justicia se asiente en nuestras tierras, pues solo así podremos gozar de esta paz tan anhelada.

Plegaria por la paz

 
Al Creador de la naturaleza y del hombre, de la verdad y de la
belleza, suplico:
 
Escucha mi voz, pues es la voz de las víctimas de todas las
guerras y de la violencia entre individuos y las naciones.
 
Escucha mi voz, pues es la voz de todos los niños que sufren y
sufrirán cuando las gentes pongan su fe en las armas y en la
guerra.
 
Escucha mi voz cuando te ruego que infundas en el corazón de todos
los hombres la sabiduría de la paz, la fuerza de la justicia y la
alegría de la confraternidad.
 
Escucha mi voz, pues hablo por las multitudes de todos los países y
de todos los períodos de la historia que no quieren la guerra y
están preparados a caminar por sendas de paz.
 
Escucha mi voz y concédenos discernimiento y fortaleza para que
podamos responder siempre al odio con amor, a la injusticia con la
dedicación total a la justicia, a la necesidad compartiendo de lo
propio, a la guerra con la paz.
 
¡Oh Dios! Escucha mi voz y concede a todo el mundo tu eterna paz
 
Que así sea...

Aporte de Horacio Olthoff
electrotecnica@ecolan.com

 

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