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Dios Madre y Padre
María Cristina Ventura (Tirsa)
El tema que me fue propuesto para esta reflexión no sólo me parece interesante, sino también complejo. A decir verdad, extremadamente complejo.
Es verdad que se puede reflexionar este tema desde diferentes puntos de vista: por ejemplo, se podría enfatizar en el Dios Madre desde los estereotipos que encasillan las figuras paternas y maternas en modelos socialmente establecidos para mujeres y para hombres. Así también, se podría decir que la formulación propuesta induce a pensar que del misterio divino, que es Dios, sólo podemos hablar a través de símbolos humanos.
Estas elucubraciones introductorias son por tanto, reveladoras de la complejidad del tema. Es como si cualquier opción de las presentadas nos llevase a una trampa.
La importancia de pensar en Dios Madre y Padre
Es importante destacar que en interés de esta temática, necesitamos enfrentarnos a una doble cuestión: lo divino, presente tanto en el hombre como en la mujer. Y esto, visto como un desafío que puede tener que ver con las relaciones cotidianas entre mujeres y hombres, como individuos, pero también como comunidad, en relación con la naturaleza.
El abordar esta cuestión nos invita a buscar caminos para que esas relaciones vayan aconteciendo, no solamente en un clima de respeto, sino en un ámbito de exigencia ética y de preocupación constante por la supervivencia del ser humano y delos diferentes grupos de seres vivos.
Por tanto, invitamos a pensar en los siguientes tres puntos para llevar adelante esta reflexión:
1) A partir de cómo nos han construido a mujeres y hombres en la sociedad patriarcal en la que vivimos, aquéllas, definidas como débiles, sumisas, y estos, como fuertes, que no lloran, que no pueden ni deben mostrar sus debilidades, que no son tiernos…
2) A partir de algunos textos bíblicos en los cuales podemos ver cómo Dios se representa a Dios desde diferentes formas, símbolos, metáforas, que pueden ser masculinas o femeninas:
- Dios es una madre que consuela a sus hijos "Como consuela la propia madre, así los consolaré yo (Is 66,13) "; al final de la historia.
- Dios tendrá un gesto de madre o padre amoroso, enjugando las lágrimas de nuestros ojos cansados de tanto llorar (Ap 5 1,4);
- Dios-madre es incapaz de olvidarse del hijo de sus entrañas: "Sión decía: "me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado" ¿Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is 49, 14-15; ver también Sal 25,6 y Sal 116,5);
- La tradición profética describe el comportamiento maternal o paternal de Dios para con su pueblo: " Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo [...] "Yo enseñé a andar a Efraín y lo llevé en mis brazos. Con cuerdas *de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer [...] El corazón me da un vuelco, todas mis entrañas se estremecen" (Os 11, 1-8);
- "¡Si es mi hijo Efraín mi niño mi encanto! Cada vez que lo reprendo, me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión" (Jer 31,20).
- También Jesús se compara con una madre o un padre que quiere reunir a los hijos bajo su protección (Lc 13,34);
- En la tradición sapiencial, la sabiduría de Dios se presenta personificada en una figura femenina (Prov 8,22-26; Eclo 24,9); entre la Sabiduría y la Mujer, existe una estrecha correlación, que permite la mutua transmutación simbólica. (Prov 31,10.26.30); en el Nuevo Testamento, Cristo es identificado con la Sabiduría de Dios (I Cor 1,24-3O; Mt 11, 19; Jn 6,35).
Todo esto nos lleva a plantearnos el tercer punto:
3) Cómo hablamos de Dios: en nuestras sociedades androcéntricas, Dios es pensado y representado casi siempre en masculino, como si su masculinidad fuera evidencia indiscutible, como si todas las personas quisieran decir lo mismo cuando dicen Dios. En este sentido, queremos decir que el misterio que es Dios se quiebra cuando dejamos de reconocer y sentir en nuestras experiencias, cuando sacamos de nuestros imaginarios lo divino como materno.
Para unas relaciones sanas entre hombres y mujeres en nuestras familias, comunidades y en la sociedad, es importante destacar que Dios no es varón, que no es ni masculino ni femenino, que transciende la masculinidad y la feminidad, que todos los conceptos que aplicamos a Dios, incluida la palabra “padre” son analogías y metáforas, símbolos y claves, y que ninguno de esos símbolos “fija” a Dios de tal manera, que en nombre de un Dios patriarcal se pretenda afirmar la inferioridad de las mujeres frente a los hombres.
Somos conscientes de que el misterio divino supera lo femenino, lo masculino o lo neutro. Preferimos a Dios en el silencio, en la solidaridad, en la mirada tierna, en el toque delicado de hombres y mujeres, niñas y niños, ancianas y ancianos, en el respeto mutuo que construye relaciones justas.
Prefiero Dios Madre y Padre; no, masculino ni femenino. Él en su misterio reúne, de manera eminente, cuanto de bueno, de gozoso y benéfico hay en la mujer y en el hombre. Por esto, puede decirse que Dios es, simultáneamente, Ella y Él.
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