Mensaje del Culto de Causura de la v Asamblea del CLAI

Buenos Aires 24 de febrero de 2007
Pastor Salvador Dellutri

 

 

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 2 Pedro 1.19-21

La fe cristiana es una fe revelada. Por lo tanto no es lo que yo creo que es , ni lo que yo siento que es , ni lo que a mi me parece que es . La fe está escrita: Es lo que Dios dijo.

El Dios eterno usó los instrumentos humanos para trasmitir en forma infalible su voluntad. Podemos afirmar que Dios se humilló al libro a causa de que estaba tratando con un ser caído.

¿Qué hubiera sucedido si la comunicación hubiera sido oral? La tradición humana, al tamizar la verdad de generación en generación, la hubiera deformado con las omisiones y los aportes de la imaginación y la fabulación. Cuando leemos la saga del Rey Arturo no tenemos la certeza de si se trata de un antiguo dios que fue humanizado o de un líder idealizado. Porque todo lo que recibimos a través de la tradición oral es atractivo, pero imperfecto y vaciado de certezas. Por lo tanto Dios se comunicó a través de la Palabra escrita.

Al decir del Apóstol Pedro tenemos la Palabra profética más segura para que cada generación pueda acceder a las fuentes, revisar el pasado, corregir el rumbo, purificarlo y volverlo a encausar en los lineamientos eternos. Esto es posible porque el Espíritu Santo trabaja sobre una base estable, común a todos los hombres: la Palabra escrita.

La Reforma religiosa del siglo XVI y la obra de los reformadores posteriores fue posible únicamente porque existía esta base sólida de fe. Y en los continuos cambios filosóficos, sociales y políticos ha sido la Palabra de Dios la antorcha que iluminó el camino de los cristianos.

Hago esta introducción porque creo que es pertinente para tenerla presente al observar la problemática espiritual de nuestra América Latina. Como decía Octavio Paz en ocasión de recibir el Premio Nobel, refiriéndose a los pueblos que estaban al sur del Río Grande, nosotros venimos de España, Portugal y la Contrarreforma

El primer contacto de estas tierras con la Biblia fue traumático. Los conquistadores que violaban, saqueaban y humillaban las culturas indígenas traían consigo la Biblia y hablaban de Jesucristo. La religión era un instrumento más en el sistema de dominación y pervertían el mensaje cristiano poniéndolo al servicio de su codicia.

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón tal vez fueran sinceros cuando manifestaban su voluntad de evangelizar a los nativos y tratarlos con caridad cristiana. Pero la realidad no se compadecía con sus deseos porque los toscos conquistadores, henchidos de codicia, estaban muy lejos de manifestar las virtudes cristianas. Eran aventureros que corrían detrás del oro, sembrando el terror y la muerte. Y si algunas voces, como la Fray Bartolomé de las Casas, se levantaron para defender el derecho de los nativos, no bastaron para cambiar el estado de cosas de nuestras desdichadas tierras.

Es comprensible que los nativos renegaran de la fe cristiana de los conquistadores, porque cuando el evangelio no es vivido y encarnado, la religiosidad es hueca, la Biblia es solo un talismán y Cristo se transforma en un fetiche.

Ha tocado a generaciones posteriores tratar de revertir el panorama, hacer que la Palabra de Dios resonara con su poder transformador en esta tierra y hoy estamos viendo como la fe de Jesucristo se extiende por nuestro continente.

Sin embargo no deja de ser preocupante que la mayoría de las evaluaciones optimistas, hechas a la luz del exitismo capitalista, se hagan siempre sobre lo cuantitativo y no se tenga en cuenta lo cualitativo. Porque la investigación que se impone hoy es saber si nuestros pueblos están siendo esclarecidos por medio de la fe cristiana basada en la Palabra de Dios o alienados de su triste realidad de opresión, pobreza y miseria por un evangelio diferente gestado por el neoliberalismo.

El Salmista dice: La exposición de tu palabra ilumina; instruye a la gente sencilla. 1Carlos Marx, con mucha razón, señaló que la religión era el opio de los pueblos. La historia ha demostrado muchas veces, muchas más de las que hubiéramos deseado, que la fe se transformó en el cloroformo utilizado por los imperialismos para mantener a los pueblos sometidos.

El transmundismo, tan criticado por Nietzsche, ha sido una herramienta útil para conformar a los sometidos con su triste suerte, prometiéndoles un futuro venturoso en la eternidad. Y al decir esto tengo bien presente las palabras del Apóstol Pablo cuando señala que Si solamente para esta vida esperamos en Cristo, somos los más dignos de lástima de todos los hombres. 2 Creo en un evangelio trascendente, creo en la resurrección, creo en las maravillas del cielo. Pero también creo que toda esa fe trascendente no tiene que transformarse, como muchos pretenden, en una forma de evadir la realidad. Porque la fe nunca es alienación de la realidad, sino esclarecimiento, visión y comprensión clara de la realidad. Y hoy, lamentablemente, vemos en Latinoamérica mucha fe alienante, muchas convocatorias a la alienación, mucho reduccionismo del mensaje del evangelio.

Y esta devaluación progresiva de la fe tiene que ver con el nuevo contexto mundial. A la vanguardia del mundo está ubicada una sola potencia dominante que ejerce una influencia avasallante sobre los países latinoamericanos. Su poderío económico le permite difundir profusamente tanto su materialista estilo de vida y como sus precarias ideas.

Esto es muy preocupante porque en la actualidad el liberalismo capitalista introduce, conjuntamente con la cultura consumista, su particular forma de ver y practicar la fe cristiana. Trata de imponer una visión de la realidad que no tiene matices, una visión maniquea de blancos y negros absolutos en la cual el mundo se divide entre buenos y malos, santos e impíos, cristianos benefactores y musulmanes terroristas, pro norteamericanos y anti norteamericanos. La percepción de la realidad la realizan a través de un poderoso filtro que no les permite percibir la riqueza de los matices.

Su extremo pragmatismo concibe a las ideas sólo como herramientas para alcanzar objetivos. El pensamiento filosófico ha resignado su importancia ante el aplastante avance de la técnica, generando una sociedad donde el ¿cómo? es más importante que el ¿por qué?.

Harold Bloom analiza con agudeza el cristianismo en su versión estadounidense:

La religión en los Estados Unidos, un país ostensiblemente protestante, es algo que tiene diferencias sutiles con el cristianismo, aunque es engañoso decir que somos un país poscristiano. Más bien somos posprotestantes y vivimos una contundente redefinición del cristianismo. Es tan contundente que nos negamos a admitir que hemos transformado la religión tradicional en una fe que se ajusta mejor a nuestro temperamento nacional y a nuestras aspiraciones y ansiedades nacionales. La religión estadounidense, una mezcla de antiguas herejías y enfoques del siglo XIX, avanza hacia el siglo XXI con un triunfalismo desenfrenado que fácilmente se convierte en nuestras extravagancias políticas.

Es preocupante esta aspiración a redefinir la fe cristiana hecha en base a sentimientos nacionalistas mesiánicos. Pero es mucho más preocupante ver que, en pos de intereses políticos se muevan ingentes sumas de dinero para imponer ese nuevo estilo religioso, hueco de contenidos, en los países periféricos.

Esta fe cristiana pos protestante se propaga por América Latina siguiendo las corrientes del mercado, con frases estereotipadas, consignas de tono comercial, ofertas de prosperidad económica y manifestaciones catárticas. Observamos grandes concentraciones religiosas que no se diferencian en nada de los festivales de música secular porque en su confusión han equiparado la exaltación puramente sensorial con manifestaciones espirituales.

La liturgia se asemeja cada vez más a los espectáculos de Broadway donde el envase vistoso pretende sustituir la falta de contenido. Animadores hábiles enfervorizan a las multitudes hasta el paroxismo, la fe y la espiritualidad se transforman en espectáculo, en show, y sin ningún pudor se recurre a todos los tácticas del mercado para manipular a la gente. Las mismas técnicas usadas en la publicidad se utilizan para alienar al público hasta convertirlo en masa dócil que responde incondicionalmente a los manipuladores. Luego, cuando la persona perdió su individualidad, se lo convoca a la manifestación de fe. Y con esos nuevos cristianos se engrosan las estadísticas.

A esto hay que añadir que el extremo pragmatismo ha derivado en una peligrosísima forma de evaluación: creer que los resultados inmediatos dan legitimidad al método. De allí que hagan un culto de las estadísticas, con las que pretenden justificar y certificar la ortodoxia del sistema empleado. Olvidan que en las cosas que pertenecen al Espíritu la legitimidad la dan los principios rectores y no los resultados numéricos.

Así como los romanos creían en la necesitad de una fe cívica que les permitiera aglutinar al imperio, también los norteamericanos conservadores creen que su estabilidad nacional solo será posible por ese camino. Por lo tanto sus avances imperiales van siempre acompañados y reforzados por avances religiosos. Cuando el objetivo era el mundo musulmán elaboraron la estrategia de la ventana 10/40 y la instalaron como meta en todo el tercer mundo. La ingenuidad e ignorancia de una gran mayoría del pueblo evangélico permitió ese avance. Dejaron de prestar atención a América Latina y sus movimientos evangelísticos apuntaron entonces al mundo musulmán.

En el presente, en vez de mandar misioneros a la ventana 10/40 se mandan misiles, y embarcados en una Guerra Santa contra el Islam necesitan reforzar su retaguardia. América Latina constituye la espalda vulnerable del imperio y el temor al resurgimiento de movimientos que reaccionen contra la política de dependencia desplegada en el tercer mundo, hace que vuelvan los ojos a América Latina. Para ello no dudan en hacer un escandaloso despliegue de riqueza en medio de pueblos empobrecidos, montando escandalosos shows para evangelizar.

Es notable que todos los enviados de los Estados Unidos están ligados a la derecha norteamericana actualmente en el poder, por lo tanto muestran reticencia a emitir cualquier crítica a la política bélica norteamericana y cuando algún periodista los apremia recurren a la engañosa figura de la guerra justa.

Esta modalidad de fe, que se está difundiendo profusamente por América Latina, no es la fe esclarecedora del evangelio, que permite a los cristianos analizar con criterio la realidad, identificar el mal y desarrollar un ministerio profético. Es la fe que aliena de la realidad, que presenta un Cristo mágico que soluciona los problemas temporales del individuo, pero lo mantiene alejado de todo análisis crítico de la realidad. Una fe enraizada en la visión materialista del capitalismo y alejada de la Palabra de Dios, que es el fundamento de la fe. Una forma de perversa de fe que se extiende peligrosamente sobre nuestro continente.

Por eso es necesario que en América Latina volvamos a levantar en alto las Sagradas Escrituras. Levantar la Biblia es apuntar directamente al corazón de la crisis.

La Palabra de Dios habla al corazón de cada hombre y su mensaje le muestra el camino del cambio y la purificación, para que pueda ser una influencia benéfica dentro de la comunidad.

Pero también la Palabra de Dios constituye el cimiento sólido sobre el cual edificar una sociedad sana. Sin un fundamento consistente la sociedad está sujeta a los caprichos y las modas impuestos por el materialismo, y vive en un vértigo de cambios permanentes que desembocan en la ruina moral y espiritual.

Cuando la Palabra de Dios ejerce su influencia en el corazón de los individuos y la sociedad, caen todas las idolatrías. Si hoy vivimos sometidos por los sacerdotes de las multinacionales, modernos ministros de una nueva religión, y si nos deslumbran los valores materiales es porque no dejamos que la Palabra de Dios ejerza su influencia benéfica sobre nosotros.

En América latina necesitamos afirmar los valores de la vida y la verdadera esperanza. Necesitamos un fundamento de vida. No un fundamentalismo de muerte y destrucción. No un fundamentalismo que fomente el odio y la intolerancia. No un fundamentalismo, sino un fundamento cristiano. Nuestro Señor Jesucristo dijo: Las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida

El profeta Ezequiel tuvo que ministrar a su sociedad en tiempos de profunda crisis. El hombre preparado para presentar las ofrendas ante Dios abandonó el ropaje sacerdotal, vistió el rústico manto del profeta y volvió su rostro endurecido hacia el pueblo rebelde para denunciar sus pecados. El mandato de Dios fue muy claro: Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. 3

Ezequiel tenía las limitaciones propias de la condición humana, pero el Espíritu Santo lo afirmó sobre sus pies 4 y le infundió el valor necesario como para acometer la desmesurada tarea de enfrentar a toda una generación, criticar fuertemente sobre su conducta y censurar sus caminos. Al mensaje popular, facilista y lisonjero, tuvo que oponer el mensaje de Dios, impopular y resistido, pero verdadero y sanador.

Para poder cumplir su ministerio fue convocado a un insólito banquete: Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. 5 No era un llamado a la simple reflexión, el análisis profundo o el estudio sistemático del rollo. Debía engullirlo para que todas sus células se vigorizaran y todo su cuerpo tomara la energía de ese singular alimento. La Palabra de Dios tenía que encarnarse en el profeta para que la influencia nefasta de la sociedad decadente no pudiera derribarlo y el mensaje llegara con toda su fuerza a los empedernidos corazones.

Ezequiel tenía una tarea difícil. Debía resistir los furibundos ataques de los que preferían la alienación de la lisonja a la crudeza de la verdad, y sabía que no tenía el éxito asegurado. 6 Pero con un inclaudicable sentido del deber proclamó la Palabra de Dios sin tapujos.

Podemos aplicar a cada cristiano en esta hora las palabras de Ernesto Sábato: Hay momentos decisivos en la vida de los pueblos como en la de los hombres. Hoy estamos atravesando uno de ellos con todos los peligros que acarrean; pero toda desgracia tiene su fruto si el hombre es capaz de soportar el infortunio con grandeza, sin claudicar a sus valores .

Los tiempos de crisis demandan temperamentos y mensajes proféticos. No son aptos para quienes quieren el éxito o descansan en sus propias fuerzas. Son tiempos heroicos de hombres que permanecen de pie cuando todos claudican.

Sobre el horizonte de la historia se vuelve a levantar, como antaño, la estatua de oro demandando adoración. El deslumbrante espectáculo está montado de tal manera que todos se inclinen ante ella. Una multitud enceguecida dobla las rodillas ante el oro de la estatua creyendo que allí está su salvación. Entonces se hace evidente que hay tres - solo tres jóvenes - que resisten permaneciendo de pie. Ellos no claudicaron, tienen la fortaleza del Espíritu Santo, están fortalecidos por la Palabra de Dios y la encarnan en una situación extrema sin medir las consecuencias. Son tres perfiles de fidelidad.

Que esta hora de claudicaciones nos encuentre en pie.

 

 

1 Salmo 119.130 VP

2 1 Corintios 15.19

3 Ezequiel 2.4

4 Ezequiel 2.1-2

5 Ezequiel 3.3

6 Ezequiel 2.5