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CAPÍTULO II

IMPACTO Y VULNERABILIDAD

Para tener una visión más completa de los efectos del cambio climático, es preciso examinar el impacto de éste sobre los sistemas humanos y la adaptación que ellos puedan lograr. En este sentido, se presentan aquí evidencias que permiten delinear los niveles de vulnerabilidad y las exigencias de adaptación que la región enfrenta, incluyendo los impactos que ya está sufriendo.

2.1 El Impacto en la Región

La región está expuesta a una variedad de riesgos del clima y de acontecimientos extremos, tales como sequías e inundaciones. Los ejemplos recientes de fenómenos climáticos extremos, tales como el huracán Mitch y más recientemente los huracanes Charles e Iván en 2004, ilustran este punto (CEPALIADB, 2000).

Se estima que el huracán Mitch dio lugar a miles de muertes y desaparecidos. Casi 1,2 millones de personas fueron afectadas directamente por el huracán (CEPAL-IADB, 2000) . Estimaciones conservadoras ponen el costo regional de daños de Mitch aproximadamente en USD 8,5 mil millones, que es más alto que el producto bruto doméstico anual combinado de Honduras y de Nicaragua, los dos países más golpeados por el huracán Mitch; estancando el desarrollo de la región por más de una década . Otros desastres del clima incluyen el huracán George en la República Dominicana (septiembre de 1998), con cerca de 235 muertos y casi 300.000 personas afectadas directamente (CEPAL-IADB, 2000). Las fallas en la adaptación y la vulnerabilidad aumentaron debido a la pobreza, a la degradación de los recursos naturales, a la carencia de planeación del uso de suelo y por la falta de preparación de un plan importante para contrarrestar los daños causados por los desastres relacionados con el clima. En el año 2004, por ejemplo, el huracán «Charley» dejó graves daños estimados oficialmente en más de 18.500 millones de dólares, que incluyó más de 73.500 viviendas y miles de hectáreas agrícolas afectadas. El huracán Iván a su paso golpeó a Barbados, Trinidad y Tobago, San Vicente y las Granadinas, Granada, Jamaica, Cuba y los Estados Unidos. Provocó más de 100 muertos y unos 15.000 hogares destruidos.

Una idea del daño potencial que pueden causar los fenómenos climáticos, se puede obtener al analizar el impacto del fenómeno de El Niño. Éste ha causado significativos impactos económicos. El evento de El Niño que tuvo lugar entre 1982 y 1983 fue devastador. En esa ocasión, causó una pérdida del 12% en el PIB peruano, así como una pérdida del 8,5% en la producción agrícola y de 40% en la producción pesquera (CEPAL, 2000). En el siguiente evento de El Niño, entre 1997-1998, hubo inundaciones catastróficas y severas sequías con daños económicos significativos en el noreste y el sur del Brasil, así como en la costa del Pacífico en Ecuador, Perú y Chile. En Paraguay, Uruguay y Argentina hubo precipitaciones que en algunos lugares llegaron a ser 16 a 17 veces por sobre las normales. Los incendios forestales ocurridos en México, Centro América, Venezuela, Bolivia, Paraguay y Brasil, posiblemente también estuvieron asociados a dicho fenómeno. En la región Andina en su conjunto, los daños por el fenómeno de El Niño entre 1997 y 1998 alcanzaron la cifra de 7.545 millones de dólares, es decir, el 95% del PIB de Bolivia en 1997, o el 32% de las exportaciones de Venezuela. En cuanto a pérdidas, el país más afectado de la región Andina fue Ecuador, que sufrió pérdidas equivalentes al 14% de su PIB. La suma total de pérdidas en la región de ALC fue equivalente a 15.480 millones de dólares .

En el cono sur también se esperan impactos significativos por los cambios en los patrones de precipitación. Existen en la actualidad indicaciones de algunos de los posibles impactos que estos cambios están generando. En Argentina, por ejemplo, se observan cambios en los niveles de la ribera en Buenos Aires.

Las investigaciones realizadas en Argentina muestran que la respuesta hidrológica ha repercutido en cambios de temperatura, lo cual da como resultado que esta última aumente en general siendo más intenso este efecto en la parte sur del Continente, mientras que en las zonas subtropicales la consecuencia es mínima. Por otro lado, también se provocan cambios en las precipitaciones, siendo éstas más frecuentes e intensas, más de 100 mm en un corto periodo de tiempo viéndose ello reflejado en el corrimiento de las isoyetas (las líneas de niveles de precipitación hacia el oeste).

Se observan también aumentos en el nivel del mar. Se ha incrementado en 17 cm promedio el nivel del mar en el puerto de Buenos Aires. El fenómeno eólico también se ha visto afectado en la presión y el campo de los vientos, dando como resultado el aumento de las fuentes de viento del sudeste.

Los impactos antes mencionados tienen como consecuencia que las nuevas condiciones estén más frecuentemente fuera del rango de tolerancia del sistema económico-social. Así, en Argentina, la frontera agropecuaria se ha ido desplazando hacia el oeste, se ha incrementado la productividad en la pampa húmeda y hay una mayor energía hidráulica en el litoral. Si bien es cierto que estas consecuencias son de provecho para el ser humano, también existen otras perjudiciales, como por ejemplo: el desplazamiento de vectores de enfermedades tropicales, inundaciones más frecuentes, menos energía y agua en el Comahue, además de cambios importantes en el espesor de los glaciares de la Patagonia (Gráfica 15).

Fenómenos glaciares similares se pueden encontrar también en los glaciares de la subregión Andina. Éstos no sólo permiten monitorear la evolución del cambio climático a través del tiempo, al conservar en sus capas registros climáticos de épocas pasadas, sino que también manifiestan ellos mismos cambios en su área y en su término (la elevación hasta la cual hay que ascender para encontrar el borde del glaciar) de acuerdo a los cambios climáticos. Tal como se puede observar con el área cubierta por la zona más alta del Nevado Santa Isabel, a medida que aumenta la temperatura, el área disminuye.

La vegetación es vulnerable al cambio climático y es el componente más importante de los ecosistemas ya que determina, en buena medida, la diversidad y composición de la fauna que los integra. La distribución geográfica nacional de los tipos de vegetación podría variar latitudinal y altitudinalmente, en respuesta al cambio del patrón de clima y al ritmo en que se presente. Las coberturas vegetales son más vulnerables si éste se presenta en forma rápida.

Las temperaturas inusualmente calientes y la humedad alta parecen estar afectando a los ecosistemas boscosos. En Belice, entre 1999 y 2000, se destruyeron más del 75% de los bosques nacionales de pino por una plaga de escarabajo de corteza del pino, al parecer derivada de un entorno climático más favorable a la plaga. Esto también afectó la biodiversidad de la zona. Las prácticas administrativas apropiadas y eficaces están llegando a ser aún más importantes, especialmente con los incidentes de incendios de bosques los cuales han aparecido a lo largo de Centroamérica cada año.

El cuadro 4 resume los posibles impactos del cambio climático sobre la región en materia de aumento de las precipitaciones, las temperaturas, y el nivel del mar. En algunos casos, la relación es más directa, como en la erosión de las costas, la inundación de tierras bajas y el aumento del nivel del mar. En otros casos algunos impactos pueden inducir o potenciar a otros, como en el caso del impacto sobre la calidad y disponibilidad del agua y las enfermedades infecciosas y otros problemas de salud, que se ven reforzados por ella. En casi todos los casos, el impacto económico inmediato es evidente, sobre todo si se consideran los efectos sobre la infraestructura de caminos, la infraestructura hidráulica, la energía, y otros, o sobre la producción agrícola, pecuaria, forestal y actividades como el turismo. También pudieran haber efectos relacionados con la salud humana, con la biodiversidad, silvicultura y sanidad vegetal.

El cambio climático afecta a los países de la región de manera variada. En ALC, el impacto se refiere más a cambios en el régimen de precipitación que en el de niveles de temperaturas, con la posible excepción de los extremos de latitud y altitud de la región. En la región Andina, por ejemplo, se observan en la actualidad cambios y retrocesos en los glaciares mientras que en Argentina se pueden apreciar cambios importantes en los patrones de lluvias. En el Caribe, el impacto se expresa de manera primordial en los cambios en la frecuencia e intensidad de los huracanes que azotan la zona.

Para los Pequeños Estados Insulares del Caribe, la vulnerabilidad se ve acentuada por su particular condición. Como ha sido reconocido a partir de la Cumbre de Río de Janeiro y en numerosas conferencias internacionales, los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo comparten numerosos retos que los hacen particularmente vulnerables, entre los que cabe resaltar su alta dependencia de una estrecha base de recursos, estar fuertemente sujetos a las fluctuaciones del comercio internacional, la particular sensibilidad a los desastres naturales, la escasez de recursos de tierra, y la limitada disponibilidad de recursos humanos, entre otras circunstancias que convierten al cambio climático en un reto de particular magnitud para estos países.

La tendencia global se confirma por múltiples observaciones. Algunas de las que indican este calentamiento son las siguientes :

- Se han modificado los patrones de precipitación en el hemisferio norte. En latitudes septentrionales es donde se han dado mayores precipitaciones, incluyendo aguaceros frecuentes, y menores precipitaciones en las áreas subtropicales.

- Los niveles del mar han aumentado de 10 a 20 cm debido a que las áreas cubiertas de hielo y nieve han disminuido en todo el mundo.

- En el siglo XX, la temperatura de la superficie global aumentó cerca de 0,6 o C. La década de los noventa fue la más calurosa, y desde 1861 no se habían registrado temperaturas tan altas como en 1998.

- En los últimos mil años el hemisferio septentrional no había tenido temperaturas tan altas como en la última década.

A nivel regional, los impactos podrían ser más significativos. Si se toma el cambio en la frecuencia e intensidad del fenómeno de El Niño como un indicador, de un posible impacto regional del cambio climático, se verá que los cambios están interrelacionados y pueden impactar múltiples subregiones. En Centroamérica, se observarían excesos de lluvias en las costas del Caribe, mientras que en las costas del Pacífico habría sequías. En las costas de Ecuador y del norte peruano, aumentarían las lluvias, al igual que en las zonas central y sur de Chile, mientras que en las cumbres y zonas andinas de Ecuador, Perú y Bolivia habría sequías, acompañadas de un retroceso glaciar importante en esos tres países, con los consiguientes cambios en la disponibilidad de agua y la biodiversidad local. En Colombia, Venezuela y las Guyanas se reducirían las precipitaciones, que llegarían a constituirse en una sequía en el noreste brasileño, mientras que al sureste de ese mismo país aumentarían las temperaturas, y al sur, las lluvias. En Argentina, Paraguay y Uruguay aumentarían las lluvias, y las temperaturas al sur de Brasil.

EL Fenómeno del Niño

El término «El Niño» era originalmente aplicado a una corriente caliente débil que recorre parte del sur que va desde la costa de Perú hacia las Islas Navidad. Se sabe también que el calentamiento costero localizado es asociado en muchas más ocasiones con el extenso e inusual calentamiento del océano.

El Niño es un fenómeno natural que ha ocurrido desde hace miles de años. La relación con el cambio de los patrones actuales de ocurrencia de dicho fenómeno con el cambio climático es aún incierto. Las condiciones oceánicas y atmosféricas en el Pacífico tienden a fluctuar entre El Niño (calentamiento) y una baja temporal de la temperatura del Pacífico tropical, llamada La Niña. Mientras que las fluctuaciones son irregulares, éstas tienden a presentarse cada tres a seis años, con una fase más intensa de cada acontecimiento que dura alrededor de un año. El calentamiento climático, sin embargo, podría estar contribuyendo a elevar su frecuencia e intensidad.

Este fenómeno es el resultado de las interacciones internas al Océano Pacífico tropical y la atmósfera sobrepuesta. Las temperaturas inusualmente calientes en el Pacífico ecuatorial reducen la diferencia, normalmente grande, de la temperatura superficial del mar entre los lados oriental y occidental del Pacífico tropical, afectando el patrón de vientos. Simultáneamente, las aguas más calientes se mueven hacia el este a lo largo del Ecuador, mientras que los vientos debilitados reducen la capacidad de absorción del agua fría en el Pacífico ecuatorial, por lo que se consolida la anomalía del incremento de la temperatura.

Los cambios presentados alteran los patrones de calentamiento de la atmósfera así como la dirección de los vientos, incluyendo las corrientes medias de vapor y las tormentas. Esto tiene efectos sobre los patrones del clima e impacta social y económicamente a la población mundial.

Además de este tipo de impacto, aparecen otros sobre los ecosistemas. Los vínculos entre sistemas climáticos que a primera vista no están vinculados entre sí suelen ser más frecuentes de lo que parecen. Por ejemplo, cuando ocurre el fenómeno de El Niño, éste puede afectar tanto una zona semidesértica - por ejemplo la vinculada a las zonas costeras del Perú y Chile- como a los glaciares de Ecuador, Perú o Colombia. Tal como muestra la gráfica 23, cuando suben las temperaturas debido a El Niño, el tamaño de los glaciares en Ecuador se reduce; cuando se incrementa debido a las corrientes frías derivadas de su variante fría -denominada La Niña- se amplía. Estos efectos se suman a otros que tendrán impacto sobre diversas actividades, tales como la agricultura, la generación y uso de la energía eléctrica, la ganadería, la pesca, la acuacultura, el turismo, el uso de recursos hídricos (presas) y el transporte.

2.1.1 El Impacto sobre los Sistemas Humanos

Los riesgos mencionados se superponen a las tensiones ambientales adicionales causadas por los cambios en las condiciones socioeconómicas. Como en muchos otros países en vías de desarrollo, los sistemas humanos en esta región son altamente sensibles a los cambios en abastecimiento y demanda de agua, utilización del suelo, las prácticas del uso de suelo y los cambios demográficos, grupos de países, como es el caso de los Estados insulares, reflejan de modo muy particular estos problemas. Desde la perspectiva sostenible del desarrollo, las dimensiones socioeconómicas del cambio climático son probablemente tan importantes como los factores climáticos biofísicos. Sin embargo, los análisis sobre la vulnerabilidad y los gravámenes de la adaptación de las comunicaciones nacionales iniciales se han centrado sobre todo en los impactos biofísicos .

Hoy existe un reconocimiento cada vez mayor entre los países, acerca de la necesidad de una aproximación diferente y nuevos enfoques a los temas de adaptación, a fin de integrar los aspectos de cambio climático en el desarrollo nacional . Se requiere el examen de las políticas y medidas relevantes y de los vínculos entre la vulnerabilidad climática, condiciones socioeconómicas y tendencias para el desarrollo sostenible, al momento de generar la nueva serie de evaluaciones de vulnerabilidad y adaptación, de cara a las comunicaciones nacionales.

Dado este nuevo enfoque, los sistemas humanos han sido elegidos como el tema central para la evaluación de la vulnerabilidad y de la adaptación. Éstos se refieren a cualquier sistema natural en el cual la sociedad humana desempeñe un papel importante, según lo aplicado en el Tercer Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) .

El patrón de asentamiento que expresa el uso social del espacio y, la forma de apropiación y empleo de los recursos naturales, pueden favorecer el aumento de la vulnerabilidad de la población expuesta a fenómenos naturales, como es el caso del aumento del nivel del mar que acentúa el problema de esta población, ya que por lo general presenta altos índices de pobreza, densidad poblacional y tasas de crecimiento por encima de los parámetros nacionales.

En este sentido la población, por su dinámica y capacidad de adaptación, puede acentuar o disminuir su vulnerabilidad a los efectos del ascenso del nivel del mar por el cambio climático. Si la probabilidad de ocurrencia de la amenaza por inundaciones está determinada por una magnitud de entre 80 cm y 1 m en 100 años, el nivel de daño físico de las personas -muerte y heridos- en cualquier categoría de amenaza es de cero, por lo cual su vulnerabilidad es nula. Sin embargo, la vulnerabilidad de las personas a la inundación por el ascenso del nivel del mar podría ser significativa en su aspecto funcional y social.

El Análisis del Impacto en la Vivienda

En el caso de los daños físicos y funcionales de las viviendas por el ascenso del nivel del mar, éstos se relacionan con el probable deterioro del material y con la interrupción de su función habitacional a corto, mediano y largo plazo, teniendo en cuenta que el fenómeno amenazante es una acumulación muy lenta de agua y que los posibles efectos de la dinámica litoral serán graduales. La vulnerabilidad funcional y estructural de las viviendas podría tomarse en consideración para realizar un estudio en zonas críticas.

La dinámica sociodemográfica y socioeconómica dentro del contexto regional refleja grandes contrastes. Por una parte, se observan asentamientos urbanos, con una fuerte actividad agroindustrial, turística y comercial, receptores de población, no sólo por la actividad económica que desarrollan, sino por ser sitios de refugio de la población desplazada por la situación económica actual en nuestra región. Por otra parte, se encuentran asentamientos urbanos y rurales con un relativo estancamiento o con tendencia al empobrecimiento, que los ha llevado a expulsar población y, otros en los que, aunque su actividad productiva aporta al crecimiento económico, socialmente se encuentran marginados del proceso de desarrollo de la región.

En el Caribe, si bien la mitigación no es significativa para la región, su vulnerabilidad a los impactos adversos del cambio climático es una preocupación importante. El artículo 8 de la UNFCCC reconoce las necesidades y las preocupaciones especiales del Caribe porque son: (a) pequeños países insulares, (b) países con línea costera baja, (c) países con áreas áridas y semiáridas, y disminución de las áreas boscosas y propensas a serlo, (d) países propensos a los desastres naturales, (e) países propensos a la sequía y desertificación, (f) países con ecosistemas frágiles, incluyendo ecosistemas montañosos, y (g) países cuyas economías son altamente dependientes del ingreso generado por la producción, procesamiento y exportación, y/o el consumo de combustibles fósiles y de productos asociados a una alta intensidad energética. Con estas vulnerabilidades, la adaptación es la preocupación principal de los gobiernos.

Los estudios de vulnerabilidad indican que el incremento de medio metro en el nivel del mar inundaría más del 50% de las playas en el Caribe entre los próximos 50 a 100 años. Esto causará una erosión severa, la cual podría producir tormentas con oleadas más altas, aumentar el potencial de inundación en las comunidades costeras, aumentar la intrusión salina en acuíferos de agua dulce, y aumentar la salinidad de campos agrícolas aledaños a las zonas costeras. Mientras que las defensas costeras son una opción de adaptación, las comunidades pueden ser forzadas a retirarse tierra adentro, aumentando la tensión en tierra ya limitada, cambiando el uso del suelo, creando tensión adicional en la fauna y la flora nativas y afectando la biodiversidad.

Los cambios en el ciclo de lluvias y el aumento en las temperaturas afectarán la agricultura adversamente. Los cambios entre 10% a 20% en incrementos de la precipitación y de la temperatura de sólo uno o dos grados, reducirían la producción de habas, maíz y arroz en cerca del 10%. Prácticas agrícolas más sofisticadas tendrán que ser introducidas incluyendo los esquemas de irrigación que agregan tensión adicional en el abastecimiento de agua, ya de por sí escaso. Nuevos cultivos resistentes a las condiciones adversas deben ser desarrollados e introducidos a la región.

Si el mar se mantiene caliente por largos periodos, el coral eventualmente se muere. Esto afectaría el hábitat natural de las zonas pesqueras de la región y podría dar lugar a la emigración de algunas especies, y a la introducción de otras nuevas. De hecho, durante la década de los 90, la región caribeña experimentó dos episodios de blanqueamiento de coral importantes. Éstos fueron producidos por temperaturas inusualmente altas del mar. También afectaría la industria del turismo, la principal fuente de ingresos para muchos Estados caribeños. El nivel del mar y las altas temperaturas también perjudicarían los bosques y los lechos de hierba marina, donde muchas de las especies depositan sus huevos para incubarlos. Esto generaría presión en las industrias pesqueras, afectando el suministro de alimentos y la economía de algunas comunidades.

Además de afectar la agricultura, los cambios en el ciclo del agua afectarían las fuentes de agua potable y la generación de energía hidroeléctrica, y exacerbarían la erosión de laderas. Algunas opciones para responder a estos cambios incluyen la introducción y el uso de una administración integral del agua, el desarrollo de los sistemas nacionales de administración del agua, la valoración de los recursos acuíferos nacionales y la promoción del uso eficiente y racional del agua.

  Análisis del Recurso Hídrico y Vulnerabilidad

Regularmente, la economía de cada país está condicionada por las características hidrológicas de las regiones donde se establecen los procesos productivos y, dado que el régimen hidrológico representa una respuesta a la interacción del medio geográfico con la atmósfera y los procesos que en ella ocurren, es evidente que los cambios climáticos alteran el régimen de escorrentía y afectan la estructura socioeconómica en cada espacio.

Por ello, la vulnerabilidad del recurso hídrico se aborda desde dos aspectos: en primer lugar, relacionado a la capacidad de los sistemas hídricos para conservar y mantener su régimen hidrológico ante las posibles alteraciones climáticas; y en segundo lugar, la vulnerabilidad de quienes usan el recurso ante la amenaza de cambios sustanciales en la oferta y la disponibilidad de agua para su abastecimiento. La evaluación de este segundo aspecto se realiza a través de las funciones de producción de cada uno de los sectores que lo usan, incluyendo factores tales como la tecnología, la inversión de capital, la construcción de capacidades e influencia de otros insumos. Adicionalmente, los análisis de relaciones costo-beneficio permiten estructurar los indicadores de vulnerabilidad de cada sector.

2.2. Vulnerabilidad

En la región de ALC, los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son posiblemente los que tienen costas en la cuenca del Caribe. Otras regiones particularmente vulnerables se encuentran en Sudamérica, particularmente en el noreste brasileño, en las desérticas costas peruanas y chilenas, y en las zonas áridas de Argentina, así como en la región Andina, las cuales son vulnerables a cambios en los patrones climáticos.

En la subregión Andina, tal como ya se señaló, el fenómeno de El Niño tiende a aumentar las precipitaciones y ocasiona severas sequías. La dependencia de varios países de esa subregión de las actividades agrícolas y de la energía hidráulica hace que estas variaciones puedan verse afectadas seriamente, particularmente debido a las sequías, aunque también como consecuencia de las inundaciones derivadas de los aumentos en las precipitaciones. El impacto se extiende también a las enfermedades infecciosas derivadas de la variabilidad en la disponibilidad del agua en la región.

En la región del Caribe, existe una alta vulnerabilidad debido a sus sistemas ecológicos y socioeconómicos y a la magnitud de la alteración que los fenómenos climáticos pueden experimentar. Las islas del Caribe son altamente dependientes de las actividades del turismo y de la agricultura, actividades muy sensibles al cambio climático. En años recientes, la tala de árboles tropicales ha estimulado el interés y la discusión tanto por la magnitud del problema en la región como por los impactos que los cambios tienen en el uso del suelo, en la diversidad biológica y en la estabilidad del clima. La cobertura boscosa del Caribe continúa declinando.

Los recursos naturales de gran importancia económica y social aumentarían su vulnerabilidad debido al impacto de acontecimientos meteorológicos extremos, especialmente el aumento del nivel del mar. Los recursos bióticos marinos podrían también ser afectados, y esto representará una disminución considerable del suministro de alimentos para la población. Este hecho sería mucho más severo en una situación en la que se reduce la producción agrícola debido a condiciones climáticas adversas. La infraestructura aumentaría su vulnerabilidad como resultado del aumento del nivel del mar. Por lo tanto, una mayor cantidad de habitantes estaría en peligro de inundaciones por la trasgresión del mar. Por último, los impactos del cambio climático podían estimular el éxodo de sus habitantes hacia áreas con mejores condiciones de vida. Este proceso migratorio podría aumentar la vulnerabilidad de las regiones receptoras, haciendo los impactos más notables.


El Caribe es conocido por su vulnerabilidad a las tormentas tropicales y a los huracanes. Si bien es imposible indicar con certeza qué efecto tendrá el cambio climático sobre la fuerza y la frecuencia de los huracanes en el futuro, el consenso es que el ciclo hidrológico será más vigoroso. Esto significa que la precipitación será más pesada dando por resultado mayores inundaciones y sequías más severas y frecuentes. Las tarifas de las compañías de seguros se están incrementando sustancialmente debido a fuerzas externas a la región. Algunos tipos de seguros son inasequibles en la región y las altas tarifas pueden empujarlos fuera del alcance de la mayoría de la población.

La región todavía está intentando conducir de forma objetiva las valoraciones sobre la vulnerabilidad de sus recursos, aprendiendo las técnicas disponibles y animando el desarrollo de esquemas más apropiados. Una vez que se emprendan valoraciones satisfactorias, pueden ser ideadas medidas eficaces de adaptación y desarrollados y puestos en ejecución los proyectos correspondientes.

Economic Commission for Latin America and the Caribbean and the Inter-American Development Bank.

Janet N. Abramovitz, «Averting Unnatural Disasters» in "State of the World", Chapter 7 pp. 123-142, 2001, Worldwatch Institute, Linda Starke, editor, Norton and Co. New York 2001

http://es.wikipedia.org/wiki/Huracán_IvánEl.

PNUMA, GEO Andino, 2002; PNUMA, GEO América Latina y el Caribe, 2003.

Fuente: Unidad de Cambio Climático de Argentina.

United Nations Framework Convention on Climate Change, Preliminary Report of the Consultative Group of Experts on National Communications from Parties not included in Annex I to the Convention (FCCC/SBI/2001/8)(July, 2001).

Intergovernmental Panel on Climate Change, Climate Change 2001, Impacts, Adaptation, and Vulnerability (2001).

Agricultura, política, tecnología, economía, son ejemplos de sistemas interrelacionados de la sociedad. Intergovernmental Panel on Climate Change, Climate Change 2001, Impacts, Adaptation, and Vulnerability (2001).


 
 
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