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CAPÍTULO III

TENDENCIAS Y RETOS

Una evaluación de las tendencias y retos que la región enfrenta ayuda a comprender lo que ha venido haciendo y las opciones que tiene frente a sí. Tal como se señaló anteriormente, la región no podrá evitar un impacto por el cambio climático derivado de las actividades humanas, y deberá empezar a evaluar políticas de adaptación para disminuir su vulnerabilidad. Por otro lado, las políticas de mitigación que la región viene implementando generan una serie de cobeneficios que frecuentemente ofrecen externalidades positivas en otros ámbitos. Esta mezcla de políticas y medidas genera oportunidades que pueden potenciar las respuestas que la región está dando al problema del cambio climático.

Cabe señalar que la región requiere de una alta tasa de crecimiento económico para poder cubrir los rezagos sociales y de desarrollo que actualmente enfrenta. Pero se requiere de un crecimiento que no mantenga la tendencia de deterioro ambiental. Todo esto supone un nivel de inversión y de recambio de capital relativamente grande. Aún cuando una respuesta a estos retos no depende únicamente de lo que la región pueda hacer, sino que involucra factores externos para abordarlos de la mejor manera, es indispensable aprovechar el proceso de renovación de capital de una manera sostenible en el largo plazo, adoptando tecnologías innovadoras que faciliten un crecimiento más limpio. Con el propósito de examinar estas cuestiones, este capítulo presenta las principales tendencias de las emisiones de GEI derivadas del uso de suelo (incluyendo la agricultura y la ganadería) y de la energía, así como las oportunidades que podrían abrir los procesos de recambio de capital, de política energética y forestal como el MDL para enfrentar el sentido de estas tendencias.

3.1 El Crecimiento Económico y la Emisión de CO 2

Para encontrar un camino hacia un desarrollo que satisfaga las necesidades regionales, y que además coadyuve a mitigar el impacto del cambio climático, se debe considerar la contribución relativa de la región al problema, las capacidades de los países para ofrecer alternativas y las disyuntivas existentes.

La gráfica 28 ilustra un aspecto del problema. Esta gráfica clasifica a los países de acuerdo con la intensidad de emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles y del PIB per capita . Los globos representan el tamaño relativo de las emisiones, dentro de una escala. La mayoría de los países se agrupa en la primera columna, que corresponde a bajos niveles de PIB, y se distribuyen a lo largo de las filas de emisiones.

Como se puede apreciar, la casilla vacía que se encuentra en la esquina inferior derecha, correspondería a altos niveles de producto y bajos niveles de intensidad de emisiones. Ésa es precisamente la directriz para alcanzar una relación favorable de emisiones y crecimiento. Si bien la gráfica se limita a los GEI derivados de la combustión de combustibles fósiles, su razonamiento puede extenderse a otros gases. En esta tarea, existen muchas actividades que se pueden realizar generando simultáneamente alguna ganancia en materia de eficiencia. Otras, derivan de acciones que de todas maneras se deben realizar para mejorar el entorno ambiental y de desarrollo a largo plazo de la región. Hay que poner a prueba mezclas de políticas y medidas en diversos sectores y ámbitos de la economía y de la sociedad, para encontrar las que eventualmente permitan preparar una respuesta regional al objetivo último de la Convención y adaptarse a los efectos del cambio climático.

Sin embargo, en la región no se han estimado todavía los costos de mitigación y cambio tecnológico, ni se han cuantificado los daños potenciales. Hay costos de adaptación que actualmente se están generando. Aunque los patrones de variabilidad climática no permiten correlacionar los fenómenos que están ocurriendo (frecuentes inundaciones, huracanes, etc.) con el cambio climático, sí puede suponerse que existe un cambio en el patrón de frecuencia e intensidad de los mismos.

El impacto de estos fenómenos afecta principalmente a las infraestructuras y a los servicios derivados. Sin embargo, cuantificar estos daños es una tarea plagada de incertidumbre, a la que se le agrega el que uno de los supuestos básicos de los estudios de inversión -aquél que establece que el clima pasado será más o menos igual al clima futuro- ya no necesariamente se aplicará. Ello tendrá un impacto no sólo sobre la definición del carácter y alcance de obras de caminos, transportes o de uso de suelo, sino también en temas vinculados a la energía, inclusive a las fuentes renovables de energía, cuyos estudios de variabilidad y disponibilidad pueden verse afectados. El incluir metodologías para calcular los costos potenciales es crucial para poder articular políticas públicas.

En el entorno externo, existen múltiples factores de la política y de la economía que impiden un desarrollo favorable a la superación del problema, y su atención debe ser considerada como una parte sustantiva de la solución del problema del cambio climático. Una mezcla de políticas domésticas en los países de la región, por sí sola no puede superar los obstáculos que este entorno impone, y que afectan tanto a los mercados de productos agrícolas básicos, como a los patrones de inversión en infraestructura.

En materia de agricultura, por ejemplo, existen múltiples incentivos perversos que producen un impacto negativo sobre factores que podrían atenuar el problema. Los subsidios que los países desarrollados otorgan a sus productos agrícolas hacen que los países en vías de desarrollo deban competir a través de un aumento de las cantidades que colocan en los mercados, para compensar la pérdida en el precio generada por el subsidio. Esto contribuye a empeorar las condiciones en las cuales se insertan las políticas de mitigación, toda vez que la cantidad de tierras destinadas a la agricultura se incrementa para poder atender dicha necesidad. Se podría producir menos y ganar lo mismo si se aplican políticas de restricción de expansión, y se mejoran los precios que se reciben por los productos agrícolas. Por supuesto, lograr aplicar tal medida no es en absoluto sencillo. Pero haría más fácil cubrir los costos de oportunidad de las selvas y bosques que actualmente están desapareciendo para convertirlos en tierras agrícolas, y evitar de esta manera una mayor pérdida de sumideros de carbono, de biodiversidad, y de fuentes hidrológicas, entre otros efectos.

Los costos ambientales y climáticos de los proyectos de inversión se han contabilizado sólo de manera parcial y/o tangencial. Las aproximaciones al problema desde el entorno de la cooperación internacional y/o desde los países en desarrollo, han buscado restringir los flujos de fondos de inversión para dirigirlos hacia actividades que sean ambientalmente sostenibles. Es importante evitar que la carga del costo se traslade a la región, en una proporción que no corresponde a su responsabilidad objetiva en la generación del problema. Más aún si se considera que otras políticas de los países desarrollados, como en particular aquellas vinculadas a la agricultura, mencionadas arriba, tienen un impacto mucho mayor.

3.2 Tendencias de Emisiones

Como mostró el capítulo anterior, las principales fuentes de emisiones de la región se derivan del patrón de uso de la energía (que a través de la quema de combustibles, involucra la producción de electricidad y el transporte, entre otros), y el cambio de uso de suelo. Éste a su vez involucra a la ganadería, la agricultura, la silvicultura y los procesos de urbanización. Una evaluación de las tendencias de emisión debe evaluar la relación entre esas actividades y el volumen de emisión de GEI que generan.

3.2.1 Uso de Suelo

La emisión de GEI se genera, en primer lugar, por la quema y pérdida de vegetación, que ocasiona emisiones de CO 2 , y luego por los óxidos nitrosos contenidos en los fertilizantes. Estos últimos, además, generan otros problemas ambientales derivados de su uso. Una vez que el suelo se ha degradado y ya no puede ser empleado para la agricultura, se le suele emplear para la ganadería, lo que a su vez aumenta las emisiones de metano. A continuación se analizan las emisiones que el cambio de uso de suelo por actividades agropecuarias y forestales generan, identificando en el proceso los elementos que presionan al incremento de emisiones.

a) Actividades Agropecuarias

Las actividades agropecuarias constituyen una importante actividad económica. En 1998, el 80% del suelo en usos agropecuarios estaba constituido por pastizales, y del 20% restante, muy poco se empleaba para cultivos permanentes. En los años noventa, las ganancias de la agricultura regional se duplicaron, creciendo a una tasa anual de 6,4% (subieron un 3,3% anual respecto de la década anterior). Si bien hubo un incremento en los cultivos tradicionales (maíz, trigo, arroz, etc.) y no tradicionales (por ejemplo soya y sorgo para la exportación), el mayor aumento tuvo lugar en la ganadería, que es una fuente importante de emisiones de metano. El crecimiento de las actividades agropecuarias se dio pese a las condiciones políticas, económicas y climáticas adversas. En 1999, por ejemplo, hubo un crecimiento del 4,6% en la producción agrícola, a pesar del impacto y la conmoción regional que produjo el fenómeno de El Niño.

La región también tiene graves problemas con la degradación del suelo, que causa importantes pérdidas en la productividad. El deterioro de las tierras productivas es uno de los más agudos problemas y tiene su origen en la erosión (la principal causa de la degradación que, además, causa la pérdida de nutrientes y productividad), la acidificación, la contaminación química y la salinización. El PNUMA (GEO ALC 2003) estima que cerca de 3.000 millones de hectáreas han perdido productividad a consecuencia de estos problemas. Otro aspecto de este deterioro es el uso de agroquímicos en la agricultura. Facilitan, por un lado, un incremento en la productividad, pero por otro, no siempre lo hacen de una manera sostenible en el largo plazo, pueden contaminar el suelo, además de causar un aumento en las emisiones de GEI. Este proceso es más agudo en los países pequeños de Centroamérica y en los estados insulares del Caribe. Algunos países que dependen fuertemente de las actividades agropecuarias, tales como Nicaragua, Guatemala, Bolivia y Paraguay, también resultan vulnerables y ven agravarse este asunto (FAO, 2001a).

b) Bosques y Selvas

La región de ALC cuenta con grandes extensiones de bosques y selvas amenazados por la deforestación. La mayoría de los bosques regionales se encuentran en Sudamérica y, particularmente, en Brasil y el Perú, que concentran el 92% de los bosques de la zona. Estos países se encuentran entre los 10 que concentran las dos terceras partes de los bosques y selvas en el mundo. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) el 88% de los bosques de la región se encuentra en siete países: Brasil, Perú, México, Bolivia, Colombia, Venezuela y Argentina, siendo Brasil el principal contribuyente a este porcentaje, con cerca del 56% de los bosques regionales (FAO, 2001). Por su tamaño, la deforestación más grande corresponde a Brasil, pero las tasas de deforestación han sido mayores en México y Argentina. Mientras que en Brasil la tasa de deforestación en la década de los noventa fue de 0,4%, en México y Argentina fue de 1,1% y 0,8%, respectivamente (FAO, 2001a).

Hacia un Manejo Sostenible de los Bosques Naturales

Entre los principales temas emergentes en la discusión sobre los bosques está la preocupación por la pérdida de bosques naturales en la región - con su biodiversidad y funciones ambientales asociadas- y el manejo sostenible de las formaciones naturales.

La mayoría de los países cuentan con incentivos para el manejo de sus bosques nativos: exenciones de impuestos territoriales (Chile, Ecuador, Uruguay), asistencia técnica (Ecuador y México), subsidios (Argentina, México y Colombia) o pago por servicios ambientales (Costa Rica y México). Además, la mayoría de los países está exigiendo planes de manejo para las explotaciones, así como limitaciones en el cambio de uso de suelo en bosques. Algunos países exigen estudios previos de impacto ambiental para la aprobación de cualquier proyecto forestal de importancia (Chile y Guyana), mientras que otros ya están aplicando la certificación forestal (México, Belice, Costa Rica y Brasil).

Una iniciativa positiva emprendida por algunos países - como Argentina, Chile, Paraguay, Costa Rica y México -consiste en el establecimiento del "bosque modelo", destinado a demostrar la aplicación del manejo sostenible, considerando aspectos productivos, ambientales y una amplia participación social, incluyendo grupos comunitarios e indígenas. En Cuba, la creación de fincas forestales integradas ha tenido un éxito notable en la rehabilitación de vegetación de la cuenca del Cauto (CIGEA, 2001; Granma Internacional, 2002).

El manejo sostenible de los bosques, considerando todos los elementos que éste involucra, requerirá de un enorme esfuerzo en el campo de la investigación, especialmente en temas relacionados con el funcionamiento de los complejos ecosistemas boscosos naturales presentes en la región. Sin embargo, la investigación forestal regional es claramente deficitaria en este campo, y se concentra en gran parte de los países, en materias relacionadas con el establecimiento, manejo y utilización de plantaciones forestales, por lo general realizadas con especies introducidas.

Fuente: GEO ALC 2003.

 

Existen muy altas tasas de deforestación en algunos países pequeños e insulares, pero el patrón no es uniforme: en algunos países la situación es aguda, mientras que en otros se observan mejorías. Por ejemplo, en Santa Lucía y Haití, existieron altas tasas de deforestación en la década pasada (4,9% y 4,6% anual). En Centroamérica, la deforestación va desde tasas de 4,6% en El Salvador, hasta 0,8% en Costa Rica. Nicaragua y Belice se asemejan más a El Salvador que a Costa Rica en ese sentido, mientras que México y Honduras están por encima del promedio. En Sudamérica, las tasas son más altas en Ecuador (que enfrenta una fuerte presión poblacional) y en Argentina (que las pierde debido al incremento en el uso de las tierras agrícolas), mientras que en el resto de los países las tasas se mantuvieron por debajo del promedio subregional (GEO ALC 2003).

Gran parte de las emisiones de GEI de Brasil derivan de fuentes no energéticas tales como agricultura y ganado, cambio de uso de suelo y silvicultura; sus emisiones de carbono derivadas de la energía son relativamente bajas, debido al innovador uso de combustibles alternos y de programas de ahorro. Una serie de estudios de 1992 a 1994 muestra que el cambio de uso de suelo y la silvicultura son las fuentes más importantes de las emisiones de bióxido de carbono, seguidas por la energía y abonos con cal. La tala de árboles en la Amazonia brasileña durante la década pasada aumentó 32%, pasando de 14.000 a más de 18.000 kilómetros cuadrados por año. Las causas principales de deforestación incluyen el desarrollo del sistema de transporte carretero, los incentivos del gobierno para la agricultura, el financiamiento de proyectos a gran escala, tales como presas hidráulicas, y explotación de la tierra. Más recientemente, también se ha citado el impacto de maquiladoras en las regiones del Amazonas y el Cerrado, donde se dedican a la producción de carne de vaca y similares de soya, con impactos perjudiciales en los bosques.

Entre las principales presiones sobre los bosques se encuentran la expansión de la agricultura, de la ganadería y de la mancha urbana, las cuales fuerzan una reconversión de la tierra. La extracción maderera, los incendios forestales y los fenómenos climáticos afectan también a los bosques, al igual que la proliferación de plagas. En ALC, la expansión de la red de caminos, la ganadería extensiva y la agricultura mecanizada, explican mejor la pérdida de la cobertura boscosa que la extracción maderera, que se encuentra concentrada en relativamente pocos países (GEO ALC 2003). Por otro lado, el cambio climático frecuentemente refuerza las tendencias adversas a un desarrollo sostenible de los bosques. Al parecer, éste tiende a aumentar los incendios forestales, lo que intensifica los impactos negativos.

Las presiones económicas, así como algunos subsidios o incentivos mal dirigidos, han sido la causa de la reconversión de bosques a suelos de uso agrícola o ganadero. El influjo que existe en muchos países para generar divisas con las cuales cubrir un desequilibrio en la balanza de pagos, ha llevado en ocasiones a empeorar la situación. En muchos casos, la presión sobre los bosques está vinculada a una visión de corto plazo, que desdeña los aspectos sociales y ambientales de estas superficies por consideraciones de orden económico, y pasa por alto los beneficios que al respecto generan los bosques. Por el contrario, una visión económica más completa de los servicios que brindan, podría contribuir a facilitar su conservación y disminuir el impacto del cambio en el uso de suelo.

El Pago por Servicios Ambientales en Costa Rica

En Costa Rica el concepto de pago por servicios ambientales (PSA) se sustenta en el principio de que los propietarios de bosques y plantaciones forestales, tienen derecho a ser compensados por el costo de preservar o restaurar los beneficios que estos ecosistemas brindan al país y al resto del planeta.

Según la Ley Forestal de 1996, estos servicios incluyen la reducción, absorción, fijación y almacenamiento de carbono para disminuir el efecto invernadero; la protección del agua para uso urbano, rural o hidroeléctrico; la protección de ecosistemas para su conservación y uso sostenible (científico, farmacéutico y de mejoramiento genético); la protección de ecosistemas, formas de vida y belleza escénica natural para fines turísticos y científicos.

Costa Rica se aplica un programa de pago por servicios ambientales desde 1997 en el 5% del territorio nacional (más de 260.000 hectáreas y 22.000 pequeños y medianos propietarios); el 85% del área corresponde a bosques privados protegidos, más un 9% en manejo sostenible del bosque para producción de madera. Mientras que en el periodo 1979-1995 el 76% de los incentivos forestales se destinó a la reforestación, durante 1997-2000, estas actividades sólo recibieron el 7% de los pagos por servicios ambientales.

En el año 2001, el PSA recibió 5.412 millones de colones (unos USD 16,5 millones) provenientes del impuesto de consumo sobre los combustibles e hidrocarburos; la Ley de Simplificación y Eficiencia Tributaria de ese año fija un monto del 3,5% de la recaudación por este impuesto para el programa. Otros recursos económicos provienen de la venta de servicios ambientales a escala nacional e internacional, incluyendo experiencias novedosas como la "tarifa hídrica" municipal de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia y los certificados de reducción de emisiones por proyectos de energía renovable en el marco del Protocolo de Kioto.

El programa es administrado por el Ministerio de Hacienda, que recauda los recursos, y el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), que ejecuta mediante el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (FONAFIFO). Éste administra los fondos del Ministerio de Hacienda y otras fuentes de financiamiento. El SINAC tramita las solicitudes de los interesados, aprueba los pagos por medio de las áreas de conservación y determina anualmente las áreas prioritarias donde se aplica el programa.

Fuente: Obando Acuña, 2002; MINAE y PNUMA, 2002; Proyecto Estado de la Nación, 2002; INBIO, 2002.Citado de GEO ALC 2003.

3.3 Energía y Economía

La quema de combustibles fósiles es otra de las fuentes importantes de emisiones en la región. En varios países son parte significativa de la base de la oferta de energía, lo que a su vez genera emisiones de CO 2 . Su consumo, por otro lado, tiende a incrementarse de manera asociada con la población y con el crecimiento económico. Las fuentes fósiles constituyen actualmente el 78% de la oferta interna bruta de energía primaria: 74% son hidrocarburos y 4% carbón. De los primeros, el gas es una de las fuentes de energía con crecimiento más rápido en la región y es una fuente de energía relativamente limpia. La energía nuclear representa sólo el 1% de la oferta. La energía producida es consumida por la industria (39%), el transporte (32%) y otros sectores (29%).

En América Latina, las energías renovables forman una parte importante de la oferta primaria. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, mientras que en el mundo las energías renovables incluían un 5,5% de fuentes modernas (de las cuales, 2,3% correspondían a energía hidráulica y 2,2% a nuevas fuentes de energía, eólica y biomasa), y un 9,3% de tradicionales (principalmente leña), en América Latina esos mismos porcentajes, incluían un 8,3% de energía hidráulica (el porcentaje más alto de participación en la oferta primaria en cualquier región del planeta) y un 14,7% de fuentes tradicionales. De hecho, si éstas se suman, la energía renovable es la tercera fuente de energía con un 23,4%, detrás del petróleo (48%) y del gas (15,8%). Si se considera la producción de electricidad, las cifras son sustancialmente más impactantes, debido a que la energía hidráulica participa en un 67,7% de la producción, el porcentaje más alto en cualquier región.

  3.3.1 Los Retos de las Energías Renovables

Las cifras anteriores también ilustran algunos dilemas que el uso de las energías renovables enfrenta en la región. Si bien la energía hidráulica cuenta con un alto nivel de desarrollo, no se han impulsado de igual manera otras. Existen algunos desarrollos de energía geotérmica (de hecho, México es el tercer país en el mundo en capacidad instalada para el uso de esta energía, con poco menos de 900MWs de capacidad instalada) y de energía producida por biomasa moderna (particularmente debido al proceso del bagazo de caña, así como, en menor medida, de desechos), el desenvolvimiento de las otras ha sido menor respecto al abundante potencial en materia eólica, geotérmica y de biomasa. Una mayor expansión de las energías renovables en ALC requiere no sólo de un marco regulatorio que no discrimine a éstas, sino que además proporcione un impulso adicional para su desarrollo. Ellas compiten directamente con las energías convencionales y enfrentan dificultades de distinto tipo. Las energías renovables no siempre se pueden producir a voluntad: la mayoría de ellas son intermitentes y el recurso hídrico ha sido escaso en algunas subregiones en los últimos años. Requieren de una mezcla de diferentes fuentes de financiamiento, con diferentes plazos, y enfrentan frecuentemente mandatos legales para adquirir la energía al menor costo posible, lo que puede colocarlas en desventaja. La posibilidad que tiene la tecnología de ciclo combinado de gas de suplir energía a un costo menor, aunado a la probabilidad de obtener contratos de largo plazo para el desarrollo de estos proyectos y a la firmeza en la disposición de la energía convencional, suponen dificultades en el desarrollo de proyectos de energía renovable.

Los residentes de hogares rurales pobres que utilizan leña al interior de sus viviendas en fogones abiertos, sufren de múltiples impactos sobre su salud, debido a la exposición prolongada al humo. El uso de fuentes tradicionales de energías renovables en condiciones poco saludables para la salud humana, es una muestra de carencias. En África, por ejemplo, el continente que concentra el mayor número de países menos desarrollados, las fuentes tradicionales de energía representan el 61,5% del total de la oferta primaria. Si bien la participación de América Latina y el Caribe, equivalente al 14,7%, es menor al promedio de 17,9% de los países en vías de desarrollo, aún está por encima del promedio mundial que es cercano al 10%. Una manera de evitar estos problemas tiene que ver con las condiciones en las que se quema la leña.

Sin embargo, cabe señalar que el consumo de leña en la región suele ser sostenible. Los estudios detallados que se han llevado a cabo desde la década de los noventa a nivel mundial y, específicamente, en Latinoamérica, demuestran que sólo una fracción pequeña del total consumido puede considerarse como no sostenible (Arias, 1999). En efecto, la mayor parte del consumo de leña proviene normalmente de especies forestales no comerciales, de residuos de otras actividades forestales o agrícolas, o de madera muerta y no del derribo de árboles en bosques nativos.

La leña se recolecta asimismo de las parcelas agrícolas o en descanso (acahuales) y en árboles fuera de los bosques. En México, por ejemplo, un análisis muy detallado, mostró que a pesar de representar un volumen tres veces mayor que el uso comercial de madera, el consumo de leña es un 90% renovable. Esta situación es similar en muchos países del área (Masera et al. 2003).

Utilización de la Leña como Fuente de Energía en Mesoamérica

Un análisis de la generación regional de energía a partir de madera y derivados revela que ha aumentado constantemente en los últimos treinta años, particularmente en Mesoamérica y Brasil, donde el consumo es más importante y representa un 48% del total.

En Mesoamérica, donde el consumo de leña representa el 17,5% de la región, los principales países consumidores son México (8,7% del total regional), Guatemala (3,4%) y Honduras (2%).

Dos terceras partes del potencial maderable de México se encuentra en los bosques templados. Dentro de éstos, los pinos representan la mitad del volumen maderable producido en México. De este volumen total, un 80% de la madera cortada y procesada es empleada para fines energéticos en forma de producción de leña y carbón vegetal. En Centroamérica, mucha de la leña proviene de terrenos agrícolas, cercas vivas y bosques secundarios.

Fuente: GEO ALC 2003

Estufas Eficientes como Alternativas de Mitigación

Las estufas eficientes de leña constituyen una opción de mitigación relevante dentro del sector residencial. Por razones económicas y culturales la mayor parte de las familias rurales, y gran parte de las peri-urbanas de la región, continuarán dependiendo de la leña y otros biocombustibles para la cocción de alimentos; de hecho cuando se adoptan combustibles modernos como el gas licuado de petróleo (LP) las familias siguen una lógica de "uso múltiple" por medio de la cual combinan, más que sustituir totalmente los combustibles tradicionales (Masera, et. al. 2000). A nivel mundial, existe actualmente una "revolución" en el campo de las estufas eficientes de biocombustibles, que ha llevado a desarrollar una tercera generación de estas tecnologías.

Dentro de la región, se cuenta con numerosos modelos de diseño robusto y de bajo costo -como la Estufa "Justa", "Ecofogón", "Rocket", "Onil", "Patsari", por citar sólo algunas-, que brindan ahorros sustantivos de combustible (más de 50% con respecto a los fogones tradicionales) y reducciones muy significativas de contaminación de interiores (Winrock, 2004). Las estufas están adaptadas tanto al medio rural como al urbano. Se han mejorado sustancialmente las metodologías de promoción y difusión mediante esquemas participativos y novedosos sistemas de incentivos financieros, lo que ha conducido a un alto porcentaje de adopción (Masera et al. 2004). Al proporcionar una combustión más limpia y eficiente que los fogones tradicionales, estas estufas ayudan a mitigar tanto las emisiones de CO 2 -en caso de que la leña se haya extraído no sustentablemente- como de otros gases de efecto invernadero, principalmente metano y monóxido de carbono.

Fuente: Masera, O.R.et.al, 2004.

3.3.2 Uso y Consumo

Si se considera el uso global de energía, se puede apreciar que el consumo de la región se ha mantenido casi constante en los últimos 30 años, pese al crecimiento económico y poblacional. En la participación porcentual, a nivel mundial la región que más ha crecido es Asia, de manera particular China, ya que aumentó a más del doble su consumo, pasando de 10,8% en 1973, a 22,2% en 1999.

3.3.3 Participación y Eficiencia - Indicadores Generales

Si se considera el consumo de energía per capita , se observa que los países de ALC tienen consumos relativamente más bajos que los países desarrollados. El alto nivel de consumo de energía per capita de Trinidad y Tobago se explica por su abundante oferta de energía y

población proporcionalmente menor. Por otro lado, si se observa la gráfica siguiente, que compara la cantidad de energía empleada por los países para generar una unidad de producto, se verá que la mayoría de los países de ALC tienen niveles relativamente más altos que los de los países desarrollados, es decir, emplean más energía para generar unidades de PIB. Las siguientes gráficas y el recuadro adjunto examinan esta misma cuestión desde una perspectiva global, ponderando estos indicadores con la población mundial y con el producto bruto global.

 

 

Participación y Eficiencia Globales

En realidad, un indicador que considere sólo el consumo con respecto al producto o a la población es de poca utilidad relativa, toda vez que no proporciona elementos para contrastarlo con su eficiencia o con la participación del país en la oferta de energía. Un indicador más útil consiste en considerar la eficiencia y la participación en el contexto de la oferta global de energía y de la población mundial. Desde esta perspectiva, es evidente que los países en vías de desarrollo tienen niveles de eficiencia menores a los de la media mundial, mientras que su participación en la oferta mundial de energía también es menor a la que correspondería si se toma en cuenta su población.

Dicho de otra manera, los países en vías de desarrollo tienden a ser relativamente más ineficientes que los países desarrollados, y se dirigen a tener una participación en el consumo de la energía menor que la de los países desarrollados. Los países de ALC no escapan a esa tendencia.

 

El escaso consumo se explica por varios motivos. Las recurrentes crisis económicas y la pobreza derivada de ellas son tal vez alguna de las más claras causas. La inversión en infraestructura energética no ha crecido tanto como debiera, debido, en gran parte, a las mismas dificultades económicas que la región ha atravesado a lo largo de su historia reciente; lo que a su vez ha causado rezagos en la cobertura. Sin embargo, existen otras causas menos dramáticas que explican por qué el consumo se ha mantenido bajo.

Se ha comprobado en la región que a medida que se incrementa el ingreso per capita , el consumo de energía aumenta, pero a una tasa cada vez menor. Esto se explica por varias razones. Existe un cúmulo importante de ganancias en la eficiencia energética que se derivan de la necesidad de ahorrar recursos en mercados que a menudo son más competitivos; el desarrollo tecnológico vinculado directamente al crecimiento económico también contribuye a esta tendencia, al incrementar la eficiencia de los equipos empleados tanto en la generación de energía como en los hogares (e inclusive, en el transporte). Pero también, se ha observado que el sector de servicios suele crecer más que proporcionalmente con el desarrollo económico; y este sector agrega valor al producto interno sin necesidad de consumir grandes cantidades de energía, lo que contribuye a reducir la cantidad de emisiones generadas. A estos factores económicos cabe agregar los diversos programas de ahorro y de eficiencia energética, así como los de producción limpia, que contribuyen también a disminuir la intensidad con la que se emplea la energía (y a menudo también, la intensidad con las que se generan emisiones de GEI) para obtener una unidad del producto. Esta tendencia es similar a la que se observa en los países con altos ingresos. En ellos, el crecimiento del consumo de energía aumenta también a una tasa menor que la del crecimiento del PIB.

Las gráficas siguientes ilustran dicho fenómeno. La primera de ellas compara la cantidad de emisiones de carbono derivada de la quema de combustibles fósiles con el crecimiento económico, expresado en términos de la contribución al PIB. La segunda contrasta el consumo de energía con el mismo producto. Si bien en ambas gráficas se aprecian frecuentes oscilaciones, derivadas de las fluctuaciones macroeconómicas que han afectado a la región, cabe también destacar que las dos señalan que la región se dirige hacia una producción económica que emplea cada vez menos energía, y emite cada vez menos CO 2 .

3.4 Avances Tecnológicos y Cambio Climático

En el debate sobre la evolución y régimen internacional de cambio climático hay una tendencia que, al mirar hacia el futuro próximo, se enfoca en periodos de tiempo significativamente más largos que aquéllos contenidos dentro del relativamente corto horizonte temporal del Protocolo de Kioto en su actual estado.

Los cambios tecnológicos requeridos para combatir de manera efectiva el cambio climático requieren de mucho tiempo para su desarrollo y efectiva implementación. Cambios fundamentales en los patrones de utilización de -energía, de transporte, y de uso de suelo- sólo pueden ocurrir en periodos de tiempo compatibles con la amortización de dichos patrones, que pueden implicar décadas.

Adicionalmente, si se considera el objetivo de largo plazo de la Convención de estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, va a crear una presión sobre los países de la región para comprometerse a examinar sus opciones para satisfacer sus requerimientos de desarrollo social y económico. Es importante que en los países de la región se desarrollen las herramientas necesarias para posicionarse adecuadamente sobre los objetivos de la Convención.

En México, el desarrollo de la tecnología de turbinas de ciclo combinado de gas natural ha permitido contar con una infraestructura que permite producir energía a partir del uso de hidrocarburos más limpios. Éste cuenta con menos emisiones de GEI que las del combustóleo (este último emite 180 Kg/ GJ por 130 de gas natural), combustible que se empleaba anteriormente. Sin embargo, México aún enfrenta múltiples dificultades regulatorias, de infraestructura y políticas, para impulsar un mayor uso de energías renovables. Por lo mismo, una evaluación de los mecanismos flexibles actuales y, en particular, del MDL, podría contribuir a superar las barreras aún existentes y a impulsar un mayor uso de combustibles más limpios.

 

 
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