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ESTUDIO EXEGÉTICO–HOMILÉTICO 093 – Enero de 2008
Instituto Universitario ISEDET
Aut. Prov. Nº 1340/01
Es un servicio elaborado y distribuido por el Instituto Universitario ISEDET
Buenos Aires, Argentina
Este material puede citarse mencionando su origen
Responsable: Néstor Míguez
Domingo 20 de enero de 2008, 2º de Epifanía
Sal 40:1-11; Isaías 49:1-7; 1Co 1:1-9 (1Cor 1:3-9 EEH 68); Jn 1:29-34 (EEH 22)
Ubicación
El texto que estudiamos hoy se encuentra entre los llamados “poemas del Siervo”, que son característicos del Segundo Isaías (ver esquema en la introducción al estudio del 6 de enero). Estos deben ubicarse aún en el tiempo exílico, si bien no hay certeza de que hayan sido escritos en Babilonia. Es sobre el final del exilio, ya que se menciona a Ciro y se lo pondera (incluso con la palabra “Ungido”) por su política, que permitirá la vuelta a casa y la reconstrucción del pueblo judío. Vale la pena señalar que la expectativa del profeta va más allá: no es solamente el retorno de los desterrados a Babilonia (en realidad, sus descendientes, pues los que originalmente fueron llevados por Nabucodonosor seguramente ya han muerto –han pasado unos 50 años al menos). También espera la reunión de todo Israel, incluyendo los que han quedado en Judea (la mayoría de la población, campesinos pobres agobiados por lo impuestos y levas imperiales) así como los desterrados por Asiria, cuando la toma de Samaria.
Esta porción del libro profético se caracteriza por el agregado de distintas expresiones, que si bien tienen cierta unidad teológica, son diferentes en su modo de expresión. Entre ellas se destacan cuatro porciones que se han llamado bajo el título común de “los cantos del Siervo del Señor” (Is 42:1-12; 49:1-9; 50:4-9; 52:13-53:12). En ellos por momentos se refleja a todo Israel como siervo de Dios, o por momentos parece dirigirse a una persona específica cuya identidad no es claramente fijada (el mismo profeta o algún otro personaje destacado). La tradición cristiana los ha interpretado a la luz de Jesús, vinculándolos con su ministerio profético como obediencia y sufrimiento.
Notas exegéticas
El texto del poema tiene una clara forma concéntrica, usando por momentos el clásico paralelismo hebreo (a veces directo, a veces invertido). El canto se presenta, a diferencia de otros, formulado desde la persona del autor, abundando la primera persona del singular, sea como sujeto u objeto del mensaje. Esta conformación está extendida por un discurso del Señor, donde se indica la identidad (mi siervo eres tú), misión (te pongo por luz a las naciones) y visión (los reyes vendrán...) que espera cumplimiento a través de este siervo, o del mismo profeta. Veamos una posible estructuración de la perícopa: (usamos la traducción propuesta por J. Severino Croatto1)
a) ¡Oídme, islas; atended, pueblos, desde lejos!,
b) Yavé desde el vientre me llamó,
desde las entrañas de ni madre recordó mi nombre.
Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano escondióme
me hizo saeta bruñida, en su aljaba ocultóme.
c) Me dijo: mi siervo eres tú, Israel,
en quien resplandeceré.
d) Mas yo había dicho: en vano me cansé
para nada y viento mis fuerzas agoté
c’) Pero de veras, la realización de mi salvación está en Yavé,
mi salario con mi Dios
b’) Pero ahora dijo Yavé –el que me modela desde el vientre para siervo suyo:
para hacer volver a Jacob a él y que Israel de verdad se junte
siendo ponderado a los ojos de Yavé y siendo mi Dios mi fuerza.
díjome pues: ‘es poco que seas para mí un siervo para levantar las tribus de Jacob y hacer volver a los reservados de Israel;
te pongo como luz de las naciones para que mi salvación esté hasta el extremo de la tierra.
a’) Así dice Yavé, el redentor de Israel, su Especial.
al despreciado, al abominado de la gente, al siervo de las naciones
‘reyes vendrán y se levantarán; príncipes, y se postrarán’,
por Yavé que es fiel, por el Especial de Israel que te eligió.
Es posible ver como en los extremos del poema se hace alusión a la universalidad del mensaje: La voz es dirigida en el primer verso (a) a las “islas y naciones” (fórmula para nombrar a los pueblos en tierra firme y los insulares), y al concluir (a’) vuelve a invocarse la presencia de reyes y príncipes de las naciones, que se sirvieron del siervo del Señor, y que ahora deberán reconocerlo. La segunda sección (b y b’) destaca la vocación del siervo, que es elegido “desde el vientre” (otra fórmula que encontramos también en Jeremías, y que Pablo usará en Gal 1:15), lo cual encabeza también su par. En este caso, el texto se extenderá, con el reconocimiento del poder del mensaje que tendrá el poeta (comparación con la espada) y con la protección divina, y en la segunda parte (b’) con el contenido del mensaje: Dios lo ha elegido para ser luz de las naciones. Es interesante notar el contraste: Dios lo oculta para protegerlo, primero, pero luego resplandece en él y lo exhibe como luz. De esa manera el mensaje y la misión del Siervo alcanzan a las naciones para iluminarlas.
Al acercarnos al centro (c y c’) se destaca la intervención de Yavé. El siervo de Dios resplandecerá por la presencia del Señor, en quien se realiza la salvación. El siervo es reivindicado, no por el solo hecho de ser recuperado en su dignidad, sino por ser la ocasión de la muestra del alcance de la misericordia y salvación divina. Es a través de su resplandor que Dios ilumina a todas las naciones, y de quien antes sacaron provecho explotándolo, ahora recibirán otro tipo de “servicio” a través de este siervo Dios los guiará y traerá de las tinieblas a la luz (no olvidemos que estamos en el contexto de epifanía –cf. estudio de enero 6).
Pero el centro del poema nos remite a la gracia divina. El siervo reconoce que su propio esfuerzo ha resultado vano. Sus propias fuerzas, hasta el agotamiento, se las llevó el viento. El hecho de que esto esté en el centro del poema nos abre a otra forma de interpretación del mismo: la salvación del siervo, y por ende la del mundo que ha de ser iluminado por él, solo depende y descansa en la gracia y misericordia divina. En ese sentido el siervo no es distinto del resto de la humanidad: no puede construir desde su propia voluntad, que puede ser sometida por otros o desfallecer sin resultados, sino de la voluntad divina, que lo elige y eleva desde su postración. El canto tiene atisbos de lo que luego será el himno cristológico de Filipenses 2:5-11.
Proyección hermenéutica y homilética
Seguimos en el tiempo de Epifanía, y el texto del Antiguo Testamento continúa jugando con la idea de resplandecer, iluminar, ser luz para todas las naciones. Los conceptos centrales están muy cercanos al texto que hemos visto para el 6 de enero (epifanía). Son textos, junto con el del Evangelio de hoy, que apuntan a identificar al “siervo de Dios” (Cordero de Dios, en el texto del Juan) y su misión redentora. Pero se destaca el énfasis en el don de Dios, en su gracia y amor. Dios esconde y protege en tiempos de dolor, es nuestro refugio y consuelo. Pero también es un Dios que nos envía, nos hace brillar, nos pone como sus testigos.
La vocación aparece con un “plan de vida”, de un Dios que nos conoce y prepara para sí desde el vientre materno. Por supuesto, hay un sentido especial de vocación para el profeta, pero de alguna manera todos somos preparados para ser puestos al servicio de Dios. No es necesario (ni conveniente) ser un determinista estricto para saber que en el amor de Dios cada uno tiene su lugar, que venimos a este mundo “equipados” para ser parte de esa dimensión de esperanza que Dios nos prepara. Es cierto que el sometimiento (las naciones se han servido de ti) nos muestran toda nuestra fragilidad, o las tentaciones del poder nuestros desvíos. Pero si reconocemos el doble sentido de ser siervo de Dios en nuestras vidas, nos acercaremos más a esa vocación divina en la cual fuimos concebidos como hijos e hijas de Dios. No por nuestros esfuerzos, sino porque en Dios encontramos nuestra fuerza y en su gracia nuestra salvación, la que proclamamos.
Isaías. La palabra profética y su relectura hermenéutica. Vol II : 40-55: La liberación es posible. Buenos Aires, Lumen, 1994, pp.187-188.
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