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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

Nuestra predicación puede partir de la tajante oposición entre el enorme imperio romano y la pobreza del pesebre, entre la autoridad terrenal suprema de aquel entonces y un recién nacido en una cueva postergada en algún lugar del campo. Para plantear entonces el "salto" de la fe: creer en Jesucristo, en el Dios encarnado, implica creer contra toda apariencia; significa arriesgarse y colocar su confianza en alguien que para los criterios comunes (de entonces y actuales?) es insignificante y demasiado humilde. De allí la predicación puede pasar a la oposición flagrante entre el imperio comercial y social de los desbordantes festejos de la Navidad en nuestra sociedad actual, y la escandalosa falta de lugar para el Salvador. Por lo visto, dos mil y tantas Navidades no lograron convencer a la humanidad de que Dios no se muestra en lo ostentoso y ruidoso, sino en lo humilde, en la cruz, en el dolor, en el perdón, en la paz y en el Jesús del pesebre de Belén.

 

Salmo 98; Isaías 62:10-12; Tito 3:4-7; Lucas 2:1-20
Dina Ludeña

Introducción

El texto de Lc 2:1-20 forma una unidad dentro de todo ese conjunto y corresponde a la unidad de la Anunciación de Lc 1:26-38, según el modelo preferido por Lucas de promesa - cumplimiento. Por otra parte, el relato navideño (del nacimiento) guarda una cierta independencia que se manifiesta en el hecho de que no hay referencias a la anunciación (Lc 1:26-38). Internamente, Lc 2,1-20 se subdivide en una ubicación cronológica y situacional con los datos sobre el censo, vs. 1-5 · vs. 6-7 el nacimiento de Jesús · vs. 8-14 el anuncio a los pastores de Belén con el canto de los ángeles · v. 15-20.la visita de los pastores a la familia, Como cada una de estas sub-unidades contiene numerosos elementos teológicos, proponemos leer el texto completo Lc 2:1-20 en el culto de Navidad y concentrar luego el sermón sólo sobre la primera parte, Lc 2:1-7.

Exploración exegética

Lucas sitúa el evento del nacimiento de Jesús en un momento preciso de la historia imperial: el empadronamiento ordenado por el emperador Augusto (en el mando desde el año 30 a . C. hasta el 14 d. C.). El emperador de nombre Octaviano había recibido el título de Augusto en el año 27 a . C. del Senado romano. Esta designación provenía del lenguaje cultual y denotaba una elevación sagrada. En griego se decía sebastós . En Roma aún no se trataba de una divinización propiamente dicha, pero el proceso tendía a ello, sobre todo en la parte oriental del imperio. En el año 2 d. C. Octaviano Augusto recibió un nuevo título: Padre de la patria ; y después del año 27 se generalizaron los templos dedicados a la diosa Roma y a Augusto en todo el oriente, penetrando la ideología del culto al emperador paulatinamente también en el occidente, convirtiéndose en un decidido vínculo de la unidad del imperio romano y de pertenencia o lealtad incluso fervorosa a ese bloque histórico. Es decir, cuando Lucas escribe su evangelio, el culto al emperador romano se hallaba fuertemente instalado y es materia de reflexión teológica polémica en los ambientes cristianos. (Primeros años del siglo I) Mucho se ha investigado, discutido y escrito sobre el censo referido por Lucas, y es imposible presentar aquí todos los análisis hechos. Diremos tan sólo que Lucas habla aquí de uno de esos registros de toda la población, realizados periódicamente, que en este caso obligaban a la gente a trasladarse a sus propiedades (pudiendo tener David algún lote de terreno en Belén, por provenir de allí). Con frecuencia, estos censos provocaban en algunas provincias (Galia, Siria) la resistencia sangrienta por parte de la población. Comúnmente la recaudación de impuestos se basaba en los censos. En Hch 5,37 Gamaliel recuerda otro censo que provocó la revuelta de Judas el Galileo. El autor judío Flavio Josefo también menciona este hecho. El traslado de Nazaret (Galilea) a Belén de Judea permite vincular mejor a Jesús con su ascendencia davídica, dado que David provenía del mismo pueblo. Aquí radica un punto de enlace entre la historia "secular" y la historia salvífica, con un sesgo peculiar que le da el evangelista: los hechos de la historia del imperio deben servir al proceso de la historia de la salvación. Por otra parte, el texto implícitamente excluya la vía de oposición violenta al censo. Es interesante notar aquí el término traducido por todo el mundo en el v. 1, en griego: oikouménê . Se refiere a la parte habitada de la tierra , el mundo , la tierra habitada ; los habitantes del mundo : la humanidad ; y, en un sentido más restringido, al imperio romano y sus habitantes. Conjugando diversos datos históricos importantes (cálculos cronológicos relacionados con los censos, el primer mandato de Cirenio en Siria - posiblemente a partir del año 12 a . C. -, el reinado de Herodes el Grande que terminó en el 4 a . C), se obtiene como año más probable para el nacimiento de Jesús el 6 antes de la era común. De manera casi imperceptible el texto pasa del contexto geopolítico imperial al contexto familiar más íntimo de José y su prometida (de lo mas amplio a lo mas particular). De manera totalmente abreviada el texto establece que María estaba encinta. Como si no se recordara nada de todo lo dicho en el cap. 1. En el v. 7 el evangelista diseña borrosamente el cuadro central de lo que posteriormente llegó a adquirir tanta fama: el niño colocado en un pesebre, su madre al lado de él (y eventualmente un José al otro lado). La expresión hijo primogénito , además de su significado natural referido al primer hijo o hijo mayor de la familia con varios hijos, también conllevará un significado figurado referido a Jesucristo como el Hijo preexistente y Único del Padre celestial (Hebr 1,6); el Único que existía antes que toda la creación (Col 1,15); el Primero que resucitó de entre los muertos (Col 1,18; Ap 1,5); la Cabeza de una familia espiritual compuesta por muchos hermanos (Rom 8,29). El pesebre no tenía nada de romántico, como nos lo han enseñado los cinemas, y otras representaciones posteriores de la escena del nacimiento de Jesús. Se trataba de un comedero dentro de un establo para los animales; ubicado posiblemente -si seguimos la indicación de Justino Mártir (al inicio de la historia de la Iglesia ) y la tradición vinculada a la Iglesia de la Natividad de Belén- dentro de una cueva, como las que abundan en los alrededores de nuestros pequeños poblados en las serranías andinas. Ciertamente no se trataba de una canastita de madera o pajita bien elaborada (como las representaciones actuales), sino más bien de una especie de batea hecha de arcilla o directamente de piedra fría y tétrica. El establo también podía haber estado conectado directamente con la posada. Éstas solían tener espacios para los animales (asnos, camellos y otros) de los viajeros que se alojaban de paso en el hospedaje. La falta de lugar en el mesón - que de por sí no era ningún hotel de lujo, sino un hospedaje más que humilde - se debió sin duda a la afluencia de gente por el censo.

En el interior del texto

La fe cristiana tiene una estructura histórica, no mítica. Sus hechos fundantes - la encarnación, la crucifixión, la resurrección - sucedieron en momentos y lugares históricos, reales y constituyen los datos sobresalientes de la vida de un personaje histórico. Una serie de personas concretas nos transmitieron su testimonio de estos hechos mismos. Es más: esos hechos fundantes se desarrollaron en comparación con hechos, situaciones y representantes de los poderes político, social, económico y religioso de la época. Esto puede verse en la misma estructuración de los relatos evangélicos. El texto navideño comienza hablando de un edicto promulgado por la autoridad importante o máxima del gigantesco imperio y concluye con un humilde niño depositado envuelto en pañales en un establo para animales. Es casi imposible imaginarse un contraste mayor en cuanto a las dimensiones del significado de ambas figuras: la cabeza del universo conocido en aquel entonces (el rey) y un bebé pobre en un lugar sucio. Por un lado; Palacios, castillos, legiones, desfiles, abundancia, lujo, derroche y por el otro ni siquiera una cama en una humilde choza, sino un establo o una cueva para animales. Creer que esa criatura tiene algo de especial es un acto heroico de fe; y más todavía cree que es el enviado de Dios, el Mesías o Cristo, el Señor y Salvador. Por un lado la oposición entre lo visible, evidente y palpable y la profundidad inescrutable y misteriosa de la fe da forma sustancial al relato de la escena, por otro lado la alegría en el cielo y su efecto sobre los humildes pastores se basa sobre el anuncio de Dios mismo y no sobre lo que está a la vista y es palpable. El pesebre también cobra importancia y se constituye una clave de identificación en el doble sentido: a) será la señal para los pastores, b) y es una señal de las circunstancias pobres del nacimiento del niño de una familia de escasos recursos, que se ve obligada a realizar un viaje no precisamente deseado, agravado por un embarazo y alumbramiento inminente. Ahora la criaturita yace fuera del espacio habitado por los humanos, en un lugar que comúnmente les pertenece a los animales. Posiblemente la referencia a los pañales quiera remitir a la verdadera humanidad de ese niño. Aquí sólo hay humanidad, humildad, marginación, pobreza. Un Dios encarnado en la cotidianeidad de los esfuerzos de la gente pequeña y sin poder. A partir de aquí el evangelista Lucas trazará el vínculo de Dios con los pobres y humildes a través de todo el ministerio de Jesús, cosa que comienza directamente con el relato de los pastores. Con esta historia se construye la primera comunidad de fe en torno al Niño (los pastores gente humilde). A su vez, el anuncio del ángel, con tanta carga soteriológica, también proporciona un sentido histórico-salvífico a la ubicación geográfica del nacimiento en Belén, pues la misma iba al encuentro de una tradición profética y las expectativas populares según las cuales el Mesías debía ser descendiente de David (al estilo davídico). Ubicar la llegada de la salvación en ese pueblito olvidado en el interior del país, que apenas tenía importancia para unos pocos nostálgicos que soñaban con un imperio que había pasado por un breve esplendor diez siglos atrás (el de David y salomón), significa polemizar frontalmente con las pretensiones divinas del emperador de Roma cuyo nombre de por sí ya es todo un programa: Augusto, el Divino. Es polemizar con una política estatal que está apuntando a la veneración religiosa de la máxima autoridad del imperio como figura integradora. Es afirmar una opción contracultural de Dios e invitar a la fe en ese Dios que llega a nosotros y nosotras en el niño Jesús, el Salvador que no aparenta serlo, el Mesías sin brillos ni resplandores.

Para nuestra homilética (contextualización)

Toda reflexión homilética debe partir de las expectativas y la situación de la comunidad de fe, es decir nuestras iglesias. Esta regla de trabajo homilético debe aplicarse especialmente a las ocasiones festivas y los eventos solemnes: Navidad, Viernes Santo, Pascua, pero también bautismo, bendición nupcial, sepelio, aniversarios. Sobre todo la Navidad nos provoca un sinnúmero de sensaciones y expectativas. De todas las fiestas del año litúrgico es la que más ha sido acaparada por la sociedad en general y por el comercio en especial, llegando a adquirir también un sinnúmero de significados que con frecuencia ya no tienen nada que ver con su sentido original, o que a lo sumo constituyen saldos del mismo. Con la Navidad se han asociado el pesebre, la familia, cultos solemnes, alegría, la misa de gallo, profundos deseos de paz y amor; pero también el jolgorio, comilonas, panteones, chocolatadas y champan, brindis, mucho trago, el Papá Noel, el pavo, el lechón, cohetes, regalos, el arbolito, música villancicos, el aguinaldo (llamado "gratificación navideña" en nuestro Perú), decoraciones, tarjetas, vitrinas repletas, ofertas tentadoras, viajes, gastos excesivos que lindan con el derroche, un deseo hueco y vaciado de "Feliz Navidad", todo tipo de basura en el e-mail y en Internet, en fin jarana y parranda...

Vale preguntarnos hoy, e n medio de esta marea del alboroto de una Navidad transformada en negocio y a la vez en intento desesperado por obtener una poca de felicidad, está la comunidad que deseará celebrar su Navidad en la iglesia. ¿Cuáles son las expectativas de las personas que llegan al culto de Nochebuena o Navidad? ¿Qué recuerdos viven en ellas? ¿Con qué asocian la celebración navideña? ¿Qué sentimientos les provocan la propaganda comercial, el agitado ritmo de estos días? ¿Qué esperan de la fiesta en sí? ¿Qué lugar ocupa Cristo mismo en medio de tanta cosa asociados con la Navidad ? ¿Cómo la gente asocia a Cristo con todo lo demás que envuelve, encubre y complica la Navidad ?

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.


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