
Elementos bíblicos que iluminan el camino de la comunidad cristiana Un ejercicio hermenéutico de la carta de Santiago
Elsa Tamez Introducción
En este artículo nos interesa proponer una lectura actualizada de algunos elementos de la Carta de Santiago, que sean útiles para las comunidades cristianas de América Latina. Sin embargo, queremos también dar razón del procedimiento hermenéutico aquí empleado, con el fin de que los líderes laicos de dichas comunidades enriquezcan su capacidad de leer las Escrituras. Para cumplir con esta propuesta, hemos elaborado dos puntos: el procedimiento hermenéutico y la relectura de Santiago. En este último hemos elegido cuatro rasgos que consideramos importantes para nuestras comunidades hoy: la solidaridad, la coherencia, el coraje y la oración.
1. Cómo leemos la carta de Santiago. Pautas hermenéuticas
La lectura de la carta no es fácil. En ella encontramos un sinfín de temas que, a primera vista, nos parecen yuxtapuestos, sin relación entre sí. En ella encontramos también distintos géneros (epistolar, apocalíptico) y estilos (diatriba, parenesis). Nos parece difícil pensar que en la misma carta haya exhortaciones tales como: "sean pacientes en el sufrimiento" y "la fe sin obras es muerta"; o: "no murmuren entre ustedes" y "aullen ustedes los ricos".
Por otro lado, nos encontramos con una carta imposible de fechar, de ubicar y de asignarle un autor (1). Unos la fechan en el año 45 d.C. y otros alrededor del 100 d.C. Unos la ubican en Palestina y otros en Roma o Egipto. Si supiéramos con certeza quién fue el autor se nos facilitarían los datos, pero tampoco lo sabemos.
Debido a esto, las dificultades de un análisis histórico-social de la carta son evidentes. De manera que para proceder, hemos optado por recurrir al mismo texto; este nos da elementos importantes para deducir la situación social y económica de las comunidades a quienes va dirigida la epístola. En la relectura que ofrecemos más adelante se verán con claridad varios de estos aspectos.
Por lo hasta aquí dicho, nuestra primera recomendación es que se lea muchas veces la carta. La primera lectura nos dejará desconcertados, pues nos parecerá que Santiago habla de todo a la vez. Sin embargo, después de varias lecturas nos iremos dando cuenta que hay una situación clara, la cual es atravesada por varios ejes temáticos bastante coherentes entre si.
Cuando se tiene claro el panorama , es decir, la situación de los miembros de las comunidades, sus sufrimientos, sus aspiraciones, sus debilidades, sus necesidades, las preocupaciones del autor de la carta, etc., entonces se puede estudiar diferentes aspectos; o se puede releer toda la epístola desde distintos ángulos, como la opresión, la esperanza, la oración, la praxis, la sabiduría, la coherencia, la espiritualidad, la honestidad, etc. (2). Se podría decir que son puertas o entradas distintas al texto pero que llevan a la misma casa. De allí que en la relectura que haremos más abajo, veremos que recurrimos frecuentemente a los mismos elementos, tales como la situación socio-económica de las comunidades, preocupación principal del autor, debilidades de la comunidad y otros que van en la misma línea.
Advertimos que no releeremos toda la carta; la riqueza es mucha y el articulo corto. Vamos a resaltar algunos rasgos que nos alumbran el camino de nuestras comunidades cristianas. No se espere tampoco la explicitación aparte de un puente que una las comunidades antiguas y las nuestras. Esto no será necesario pues, como se constatará al final, el puente se irá construyendo en la relectura misma.
2. Propuesta de lectura
Hay cuatro rasgos que se destacan en la carta de Santiago. Para el autor, la comunidad cristiana debe ser solidaria, coherente, valiente y amiga inseparable de Dios. Estos cuatro aspectos sobresalen debido a que, por el contenido de la carta, se percibe que los destinatarios están pasando por graves problemas, hecho que nos interpela bastante, pues hoy día nos concierne una situación parecida. Veamos con más detalle estos cuatros rasgos.
1. Hacia una comunidad solidaria: camino de santidad
La situación que viven las comunidades, a las cuales escribe Santiago, exige solidaridad. Esta actitud del cristiano y de la comunidad, es ineludible. Por medio de ella se mide el grado de fidelidad al Señor, de amor a Dios e incluso la identidad cristiana. Para comprender mejor esta propuesta de Santiago, volvamos nuevamente a la pregunta inicial sobre el tipo de comunidad que nos presenta la carta.
A simple vista podemos percibir que se trata de una comunidad que sufre, que padece graves dificultades de pobreza, opresión e incluso persecución. Eso lo deducimos por medio de varios versos, tales como "Feliz el que soporta la prueba..." (1,12) "hermanos, míos, tened paciencia..." (5,7), "tened por sumo gozo cuando os halléis en distintas pruebas..." (1,2), "hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor (5,10)... " ¿no os oprimen los ricos y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? (2,6). "...El de condición humilde gloríese en su exaltación, y el rico en su humillación..." (2,9.10). "...He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual, por engaño no les ha sido pagado por vosotros..." (5,4). A esta comunidad cristiana escribe Santiago. Una comunidad que bien podría ser la nuestra si tomamos como punto de partida el mundo estructurado injustamente.
Ahora bien, ¿Cómo son los miembros de la comunidad de Santiago? Encontramos gente muy pobre de la categoría bíblica ptojos ... si un hermano o una hermana está desnudo y tiene necesidad del mantenimiento de cada día... (2,15). Se trata de aquellos que no tienen nada, ni siquiera trabajo para poder subsistir, son los mendigos que viven de la buena voluntad del otro. También hay trabajadores que son explotados por los terratenientes (5,1-6). Por otro lado, pertenecen a la comunidad ciertos negociantes o comerciantes que sólo piensan en la plusvalía... ¡Vamos ahora! los que decís: hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos y ganaremos... (4,13), son de la comunidad porque termina esta sección diciendo:... el que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado (4,17). Y finalmente aunque no es seguro, hay en la comunidad gente rica que vive a expensas de los jomaleros, son los terratenientes, los ricos del capítulo 5. No sabemos si realmente pertenecen a la comunidad; podría ser, si consideramos al rico que aparece en 1,10, como hermano ( adelfós , por posición de equivalencia con el v. 9); lo que sí sabemos es que para Santiago no deben pertenecer a la comunidad cristiana. En todos los casos que aparecen en la carta, el autor los presenta negativamente.
Esta es la comunidad y sus miembros. La solidaridad con los oprimidos es aquí, obviamente, indispensable. Santiago apela a la solidaridad. Esta es, para el autor, un camino de santidad.
Es camino de santidad porque es parte constitutiva de la "religión pura y sin mancha". Para Santiago esto es muy claro, pues afirma que "La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo". Está de más decir que, en la Biblia, los huérfanos y las viudas son los representantes clásicos de los oprimidos, y que guardarse sin mancha del mundo connota no participar de las estructuras injustas que producen la opresión a los desvalidos. "Visitar a los huérfanos y viudas en sus opresiones" es asistirlos de manera eficaz, es solidarizarse con ellos en todo: material y efectivamente.
Esta solidaridad con los pobres y desvalidos es camino de santidad y de bendición para la comunidad, porque ellos son los elegidos del Señor. El mismo autor le recuerda a la comunidad ese hecho cuando escribe: "¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?" (2,6). Esto debería ser una cosa tan obvia para aquella comunidad. Santiago se los recuerda cuando algunos de ellos discriminaban al pobre y se parcializaban en favor del rico (2,1-13). Solidaridad con los humildes es bendición para la comunidad porque a ellos les ha sido revelado el misterio del reino (Mt 11,25). Solidaridad desinteresada con los necesitados es camino de santidad porque el Señor está con ellos presente (Mt 25,40).
Pero el autor de la carta va aún más allá con respecto al sentido de la solidaridad del cristiano. Para él sólo con las obras, en este caso la solidaridad, se da la manifestación plena de la fe en Jesucristo. Sin las obras de justicia, sin la solidaridad, la fe es incompleta, está muerta y por lo tanto, no es eficaz para la salvación. "¿Hermanos míos, -dice Santiago- de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma (2,14ss)". Ya que este pasaje es controversial para la ortodoxia cristiana, cabe aclarar aquí que Santiago está haciendo referencia a la clase de fe que justifica, es decir, la viva, en contraposición con la fe muerta. Y para él, la fe es vivificada por las obras buenas. Para hacerlo más claro, ejemplifica su postulado teológico con una situación que apela a la solidaridad: "si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también, la fe, si no tiene obras es muerta en sí misma". Así que podríamos afirmar que la solidaridad aquí es como el espíritu que da vida a la fe. En otras palabras, la solidaridad es una forma de perfeccionar nuestra fe (2,22).
2. Hacia una comunidad coherente: camino de verdad
Retomemos el contexto de aquellas comunidades de Santiago. El autor se dirige a las comunidades (las llama doce tribus) que están en la dispersión. Según John Eliott, la palabra dispersión representa una categoría social más que teológica. Hace referencia a las comunidades cristianas que sufren marginación en el Asia Menor a causa de su fe, por ser extranjeros y por contar con pocos recursos (3). Además Santiago dice que los ricos los oprimen y arrastran a los tribunales (2,6). Al interior de las comunidades observamos también serios problemas. Hay miembros que desprecian a los pobres y favorecen a los ricos; otros que son egoístas, sólo piensan en ganar dinero para ellos mismos. No son solidarios con los necesitados. Por otra lado, encontramos desunión, chismes, envidia, competencia, y sobre todo, incoherencia en su actuar.
De manera que, para poder enfrentar una situación como la que experimentan las comunidades de Santiago, la coherencia es fundamental, de lo contrario la comunidad se destruye a sí misma.
Santiago apela a la integridad o coherencia, como camino de verdad Para el autor la ambigüedad no tiene cabida en las comunidades cristianas O uno se entrega a la causa del reino, o no se entrega. O uno deja de hacer acepción de personas o deja de llamarse cristiano. O uno se dirige al Señor sin reservas o no se dirige. O uno está con Dios o está con sus propios negocios. Literalmente el autor se expresa así: "Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es hostilidad contra Dios? Pues quien quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios" (4,4).
Esta coherencia, que es camino de verdad se muestra en los hechos concretos: en la integridad entre el decir y el hacer (2,12); el escuchar la Palabra y el ponerla en práctica: "...Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace" (l,25).
Santiago aconseja a las comunidades que tengan un mismo sentir entre sus miembros e incluso al interior de la misma persona. Se trata de una integridad comunitaria, sí, pero también personal. La persona no puede mostrarse interiormente dividida, en griego dípsixos , sino manifestar armonía de espíritu. El dípsixos actúa siempre con segundas intenciones; le es imposible entregarse por completo, desinteresadamente y sin reservas, por más solidario que intente ser, siempre busca su propio provecho. Es un ambiguo, busca la bendición de Dios y aprueba las estructuras del mundo hostil. El autor afirma que este tipo de personas, de doble ánimo son inconstantes en todos sus caminos (1,8). Santiago los ataca radicalmente porque una comunidad que sufre una situación tan difícil como la expuesta arriba, no puede sobrevivir con este tipo de miembros.
Podríamos decir que la integridad forma parte de la identidad cristiana. Se reconoce que se es cristiano en tanto se muestra con hechos concretos y no sólo con afirmaciones intelectuales, por más sinceras que estas sean. Para Santiago, repetimos, cuando se practica la justicia, la fe adquiere vida, y por lo tanto, es verdadera. Por eso, la comunidad cristiana que se esfuerza por ser coherente con su predicación y lo logra, marcha por el camino de la verdad, pues sus palabras las consolida con la práctica. En otras palabras, dice que ama a Dios y ama al hermano, no es, por lo tanto, mentirosa (1 Jn 4,20). En palabras de Santiago: no se puede bendecir a Dios y con la misma lengua maldecir a los hombres que están hechos a imagen y semejanza de Dios (4,9-10).
La honestidad es el primer paso necesario para alcanzar la integridad. Jon Sobrino se refiere a ella como el primer paso de la espiritualidad (4). Algunos miembros de las comunidades de Santiago presentaban problemas de deslealtad entre ellos mismos. Había problemas obvios de murmuración. El autor dedica una buena parte de la carta al problema de la lengua sin control, devastadora, capaz de acabar con la comunidad entera. Pide a los miembros que no hablen mal del hermano a sus espaldas (4,11); eso es actuar deshonestamente. Es probable que algunos de ellos, que se creían muy religiosos, manifestaban su incoherencia por medio de sus malos actos. Eran aquellos que bendecían a Dios pero maldecían a los hombres; decían tener fe en el Señor Jesucristo, pero hacían acepción de personas (2,1). Por eso Santiago muy claramente expresa: Si alguno se cree religioso entre vosotros y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión de tal es vana (1,26).
La humildad es otra cualidad de la comunidad que se esfuerza por ser íntegra. Aquella comunidad o persona cristiana que practica la justicia sin humildad, no es consecuente consigo mismo ni con su fe. Lo hace con segundas intenciones: ya sea por necesidad de aprobación, por presión situacional, pero no por gratuidad. Se debe socorrer al necesitado no porque se sabe que Cristo está detrás de él, o es a Cristo a quien se le hace, sino sencillamente porque es la manera natural y gratuita como actúa la fe viva, en respuesta a la gracia salvadora de Dios. El reino de la fe no sigue el régimen del mundo estructurado injustamente (Mr 10,43). En las comunidades de Santiago había ciertos miembros que querían ocupar puestos altos en la iglesia, pero sus actos tal vez contradecían sus discursos. El autor les exhorta diciéndoles: No os hagáis maestros muchos de vosotros... Quien es sabio y entendido entre vosotros, muestre por buena conducta sus obras en sabia mansedumbre... (3,1.13).
En resumen, la iglesia está llamada a seguir el camino de la verdad. Ella está en el camino cuando expresa y vive la fe cristiana coherentemente, con honestidad y humildad.
3. Hacia una comunidad valiente: camino de vida
El contexto socio-económico de las comunidades de Asia Menor, en este momento histórico, como hemos visto, no es fácil de sobrellevar. Se necesita coraje, valentía y perseverancia. La denuncia que hace el autor al terrateniente en el capítulo 5, es extremadamente radical. Sólo un valiente, lleno de amor por los campesinos explotados puede hablar con tal fuerza, claridad y en ese tono, arriesgando su vida.
Pareciera ser que Santiago está preocupado por la resistencia de las comunidades. Ellas tienen que sobrellevar y vencer, a toda costa, las dificultades para no extinguirse, desfallecer o salirse del camino de fidelidad a Dios. El autor exhorta a la paciencia insistentemente. Pero, y esto hay que tenerlo muy claro, se trata de una paciencia militante o como dice Dibelius, heróica , (5) que es capaz de aguantar la dureza de la prueba. Con esta paciencia en medio del sufrimiento ( hupomoné ), la comunidad puede continuar su camino inquebrantablemente, sin dar un paso atrás. Esta paciencia manifiesta la "terquedad de Job" (6). Y la comunidad la alcanza cuando tiene la certeza de que el camino que está siguiendo es aquel que lleva a la vida. Por eso, ese camino de dolor es camino de vida, y si no se soporta, se pierde la vida.
Ahora sí podemos comprender los primeros versos de la carta de Santiago, que dicen: "Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear (1,2-4)". Como podemos observar, la paciencia militante se aprende en el camino del dolor; por eso es que se trata de una paciencia activa, productora de "obras perfectas". Ese camino heroico purifica al ser humano de tal forma que lo hace íntegro. La persona o la comunidad que logra la integridad, es decir, la coherencia entre pensamiento y práctica es bienaventurada. Porque su camino que pareciera ser de muerte, se toma en camino de vida, gracias a la fortaleza que le concede la paciencia militante y heroica y a la certeza absoluta de que Dios le acompaña. El verso siguiente (1,5) afirma que si a alguien le falta la sabiduría, que la pida a Dios; y al final de la carta, Santiago les recuerda a las comunidades que el Señor de los Ejércitos ya dictó sentencia a los opresores (5,1-6).
En la carta encontramos también otro tipo de paciencia que las comunidades deben tener. Además de la paciencia heroica, ( hupomoné ), debe mostrar una paciencia que sabe aguardar, sin desesperarse ( macrothimía ), el momento que se sabe con seguridad que va a llegar. La desesperación es una actitud negativa en tiempos difíciles, pues se corre el peligro de perder la prudencia y caer, con facilidad, en la agonía. A esa paciencia se refiere Santiago cuando, poco después de acusar con vehemencia a los ricos opresores, escribe a las comunidades: "Tened paciencia, ( makrothimía ), hasta la venida del Señor. Mirad; el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías" (5,7).
Podemos concluir, entonces, afirmando que Santiago exhorta a las comunidades cristianas a la valentía, prudencia y sabiduría. Con esto estamos diciendo que toda exhortación a una paciencia pasiva, según Santiago, debe reformularse.
4. Hacia una comunidad amiga de Dios: camino de gratuidad
Toda comunidad cristiana especialmente aquella que atraviesa por grandes pruebas, debe sentir la compañía y solidaridad de Dios muy de cerca para saberse fortalecida y perseverar así hasta el final. Desde el momento en que la comunidad rechaza la amistad con el mundo estructurado injustamente, ha de elegir la amistad con Dios. Una amistad íntima, como de amigos inseparables, cuya entrega y confianza en Dios es absoluta. Abraham, patriarca conocido por su fidelidad a Dios, fue llamado amigo de Dios (Is 41,8; Stg 2,23). Así también, la comunidad ha de ser llamada amiga íntima de Dios.
Santiago ve en la oración un medio eficaz para posibilitar esa intimidad. Insiste en que la comunidad debe estar en permanente oración. Hay que tener claro que no se trata solamente de una relación amorosa placentera (como muchas comunidades la viven sin dar fruto y con el peligro siempre presente de evadir la realidad), sino y sobre todo, de una relación cuya oración, en tanto sincera, es profundamente eficaz. Santiago habla de la oración ferviente y su poder (5,16).
Por último, y esto es muy importante, hablar con Dios, teniéndolo como amigo íntimo, da cabida a la autocrítica permanente. El orgullo, el autoengaño, la incoherencia quedan excluidos de la comunidad que vive en oración constante. Pero la integridad, la entrega solidaria a los desvalidos, la humildad y la valentía, llegan a formar parte inherente de aquella comunidad que logra ser amiga íntima de Dios. Este camino de oración es un camino de gratuidad, pues el amor de Dios y su solidaridad con los oprimidos se experimenta aquí con mayor intensidad.
Notas
1) Por ejemplo, dos de los últimos comentarios más conocidos no coinciden en ninguno de esos tres aspectos: Sophe Laws afirma que el autor es alguien que tomó el nombre de Santiago como seudónimo, costumbre común en la literatura judía y greco-romana; ubica la carta en Roma por la similitud con otra literatura como I Pedro, Clemente de Roma y Hermas; fecha la carta entre los años 70 y 130 d.C. ( The Epistle of James , Cambridge: Harper & Row Publishers, 1980). Peter Davids, por su parte, afirma que el autor fue Santiago, el hermano del Señor y que posiblemente alguien, un poco más tarde, retocó la carta; ubica la carta en Palestina, y para él pudo ser escrita entre los años 45-65 ó 75- 85 a .C. ( Commentary on James , Michigan: W. Eerdmans Publishing Company Grand Rapids, 1982).
2) Esto lo intento realizar en mi pequeño libro Santiago. Lectura latinoamericana de la epístola (San José: DEI, 1986).
3) John Eliott, A Home for the Homeless A Sociological Exegesis of I Peter. Its Situation and Strategy (Philadelphia: Fortress Press, 1981), págs. 21-58.
4) Jon Sobrino, Liberación con Espíritu , (Santander, Sal Terrae, 1985), pp. 25-27.
5) Martín Dibelius, James (Philadelphis: Fortress Press, 1975), pág. 73.
6) Cfr. Gustavo Gutiérrez en Hablar de Dios (Lima: CEP, 1985).
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