
LAS ESCRITURAS NO TIENEN DUEÑO:
SON TAMBIÉN PARA LAS VÍCTIMAS
Jorge Pixley
Resumen
Desde que los obispos de las ciudades imperiales tomaron el poder en las iglesias, se declararon dueños de las Escrituras. El movimiento de lectura popular reivindica la libertad de las Escrituras. Urge consolidar esta lectura para liberar la fuerza de la Biblia y también para contribuir a un nuevo sistema global donde la vida de las mayorías estará en sus propias manos, la única salida viable para la humanidad.
La Biblia se ha usado en la historia de la humanidad para fines muy opuestos. Con ella se ha legitimado la esclavitud de los negros por ser supuestamente descendientes de Cam, el hijo maldito de Noé. Con ella también, en sentido contrario, se han nutrido la dignidad y las ansias de liberación de los negros esclavizados en la América, especialmente de los estados sureños de los EE.UU. Con la Biblia se ha querido demostrar que los judíos son los asesinos de Dios y que deben, por ello, ser eliminados de la faz de la tierra. Pero también con ella se ha justificado a la nación de Israel en su lucha por establecer un santuario para los judíos aun al costo de despojar a los palestinos árabes, y en sus éxitos en este sentido muchos ven el cumplimiento de las profecías de la Biblia.
No hay fin de los ejemplos con los cuales se demuestra que la Biblia es un libro con un potencial político inmenso, aparentemente inagotable. Sin embargo, el poder de la Biblia no se ejerce si no hay una institución o un movimiento capaz de canalizarlo y utilizarlo para sus propios fines. En el siglo IV la Biblia se usó para legitimar el poder de los obispos de las ciudades imperiales, Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén, y apoyándose en la legislación imperial, para ir quitándoles a los rabinos su capacidad de usar el poder de la Biblia. Los rabinos, por su lado, se organizaron primero en Jamnia en el sudoeste palestino, luego en Tiberias, y finalmente, en Babilonia para establecer un poder contrario que pudo consolidarse bajo el amparo del imperio persa que le servía en el siglo IV como contrapeso al imperio romano. Los obispos, bajo la sombra de Roma, consolidaron su reclamo a ser los legítimos dueños de la Biblia, por un lado, mientras que el colegio de rabinos lo hizo, por otro lado, en el oriente del imperio romano y fuera de sus límites bajo la sombra de los persas.
En esta lucha entre la asociación episcopal y la asociación rabínica se disputaba no solamente la posesión de la Biblia sino también su definición. Los obispos hicieron su lista de libros «bíblicos» a partir de un texto griego de los mismos, y le añadieron una colección adicional de Escrituras de los apóstoles que adquirieron igual autoridad y llegaron a considerarse parte de la Biblia, su «nuevo testamento». Los rabinos también definieron la Biblia, pero partieron de un texto hebreo de sus libros, y los suplementaron con colecciones de debates rabínicos en hebreo y arameo que, aunque no fueron incluidos en la Biblia, adquirieron igual autoridad. Estos son la Misná, la Tosefta, y el Talmud.
Una vez terminado este proceso para el siglo V o VI, cada cuerpo podía reclamar la posesión exclusiva de la Biblia y negar que su rival tuviera siquiera una Biblia verdadera, mucho menos el derecho de basar argumentos válidos sobre su Biblia incorrecta.
Tomemos un paso más en la definición de nuestro tema. Para ello nos servimos del tratado del jurista cartaginés Tertuliano, su famosa De praescriptione haereticorum, escrita temprano en la carrera cristiana del autor, alrededor del año 200 d.C. Con un argumento cuidadosamente montado a lo largo de 44 capítulos, el hábil abogado africano alega que los herejes no tienen ningún derecho de usar la Biblia, pues no les pertenece. Cristo autorizó a sus apóstoles y solamente a ellos que predicaran su mensaje. Así pues, el mensaje cristiano y la Biblia en que se apoya, pertenecen a los apóstoles y a quienes los apóstoles los encomendaron, a saber, las iglesias constituidas por los sucesores de los apóstoles.
En América Latina estamos montando un cuestionamiento de este tipo de lectura de la Biblia desde el poder, y lo que pretendemos es establecer la legitimidad de otra lectura, una lectura desde los pobres, las mayorías, los débiles. La revista RIBLA puede entenderse como parte de este esfuerzo. Para lograr nuestro objetivo nos servimos de la lectura académica, que no deja de ser otra lectura desde el poder. Lo hacemos para abrir brechas en el control de las Escrituras por el poder eclesial. Pero nuestro objetivo no es contraponer a una lectura desde el poder eclesial otra desde el poder de la academia. Más bien, sirviéndonos de las técnicas de la ciencia académica nos proponemos construir con la lectura en las comunidades populares otra lectura legítima de la Biblia desde un poder que aún no es, pero que con la ayuda de Dios un día será.
La estrategia de este ensayo procederá en tres pasos:
(1) Proponemos la tesis de que hoy la Biblia es del dominio público y que ya no es verdadero ni útil adjudicar su autoridad a nadie.
(2) Sostenemos que en el origen de la Biblia la fuerza motriz es popular, si bien es cierto que fue luego captada y canalizada por poderes imperiales. Siendo así, el pueblo tiene pleno derecho a leer e interpretarla.
(3) Para terminar, alegaremos que la sobrevivencia de la humanidad exige el surgimiento de las democracias populares, surgimiento que puede potenciarse mediante esta nueva lectura bíblica de las mayorías populares. Es decir, que la lectura popular de la Biblia se consolide nos conviene en el largo plazo a todos los humanos.
¿Pertenece la Biblia a alguien?
La estrategia de Tertuliano es una estrategia de quienes están montados en el poder. En el siglo II hubo una feroz disputa en torno al Dios verdadero entre grupos que compartían su reverencia ante la autoridad de la Biblia. Algunos grupos propusieron la convicción de que las calamidades de este mundo se deben a la materialidad del mundo y a la carnalidad de la existencia humana. La salvación que Dios ofrece en Cristo Jesús consiste en la liberación de la carne y de la materia, que las almas vivan sin el lastre de los cuerpos. Los obispos de las congregaciones cristianas de las ciudades más importantes arremetieron contra estos «herejes» a quienes llamaron gnósticos. En las últimas décadas del segundo siglo Irineo, obispo de Lión en Galia, escribió cinco eruditos libros en los cuales combate a los gnósticos y defiende al mundo material como la buena creación de Dios.
En los libros tercero, cuarto y quinto de su Contra herejías, Irineo utilizó la Biblia ampliamente para arremeter contra los gnósticos. Inclusive utiliza por primera vez los escritos apostólicos, los cuatro evangelios, las cartas paulinas y el Apocalipsis de Juan, reconociéndoles una autoridad igual a la de los libros tradicionales de la Biblia. Es decir, los reconoce como plenamente bíblicos. Aunque la situación no fue uniforme, la mayoría de los «herejes» no reconocían estos libros y se apoyaban en los libros de las revelaciones de Cristo resucitado, de los cuales el que mejor se conoce hoy es el Evangelio de Tomás.
Irineo, al comenzar su argumento basado en las Escrituras, hace una defensa de la Biblia de los obispos, que incluye los libros apostólicos públicos y no incluye ningún libro del Resucitado. La defensa consta en la afirmación de que los obispos de las iglesias principales recibieron públicamente sus cargos y sus enseñanzas de los doce apóstoles que el Señor escogió para difundir su enseñanza. Esto les confiere una legitimidad que no pueden tener quienes, sin tener vínculos con los apóstoles, solamente pueden apelar a tradiciones dadas en secreto. A base de los escritos apostólicos que los obispos aceptan como auténticos ellos leen las escrituras aceptadas por todos. La lectura de la Biblia que hacen sus adversarios tiene que ser incorrecta porque usan libros que no son los que los apóstoles dejaron a sus sucesores para entender a los libros proféticos 1.
Tertuliano se apoya en el mismo argumento que el obispo de Galia, el argumento de que la verdad de las enseñanzas de los obispos se convalida porque ellos recibieron su doctrina de los apóstoles; quienes a su vez la recibieron de Cristo. Ahora, desde el poder religioso que gozan los obispos, el jurista africano toma el paso de prohibirles a quienes no leen la Biblia con los obispos cualquier derecho a leerla. La Biblia pertenece a la Iglesia y fuera de la Iglesia nadie tiene derecho a usarla. Por lo tanto, Tertuliano rehúsa siquiera discutir Biblia con los «herejes», es decir, con quienes no obedecen a los obispos.
No hay que suponer que tal prohibición del uso de la Biblia a los adversarios de quienes controlan la Biblia es una cosa del pasado. Permítame el lector algunos ejemplos más cercanos. En 1974 apareció un importante libro de Femando Belo, Lecture matérialiste de l'evangile de Marc 2. El año siguiente apareció una traducción castellana en la editorial Verbo Divino de Estella, Navarra. Fue una bomba porque pretendía aplicar a la comprensión del evangelio bíblico una teoría lingüística novedosa cultivada en Francia y el análisis sociológico marxista que los cristianos generalmente rechazaban por sus vínculos con el ateísmo de los regímenes marxistas. Pero la parte medular del libro era una lectura o comentario de Marcos, que para muchos de nosotros en América Latina pareció muy esclarecedor.
La discusión que siguió se dio en un momento muy difícil en el continente, cuando los militares controlaban la mayoría de los países más grandes del subcontinente. Sintomático fue que la editorial retiró el libro y destruyó bajo la guillotina los libros que no se habían vendido 3. También fue sintomático que la Revista bíblica no quiso publicar una reseña escrita por el autor de este estudio, quien recomendaba altamente el libro de Fernando Belo. Tampoco nadie más hizo ninguna reseña del libro de esta revista.
Durante estos años, 1975, 1976, 1977 y 1978, años de dura represión en los países del Cono Sur, aparecieron en la Revista bíblica una serie de reseñas de libros franceses de esta tendencia escritas por el jesuita uruguayo Horacio Bojorge. Junto con algunos artículos de apoyo por el mismo autor y por Santos Sabugal se fue formando una lectura eclesial que excluía y pronunciaba ilegítima la lectura «materialista» de la Biblia 4. Bojorge es un biblista estudioso y serio, totalmente comprometido en su oficio con el servicio a la Iglesia, es decir, la Iglesia Católica Romana encabezada por su jerarquía. Aunque lee y conoce bien la obra de quienes buscan leer la Biblia como una colección de textos cuyo sentido está en los signos mismos y su entramado, después de mucha erudición su respuesta es restar legitimidad a una lectura de las Escrituras que no se hace con previa sujeción a la autoridad de la Iglesia. Cito un texto ilustrativo, tomado de la reseña suya del libro colectivo del grupo de Entrevernes 5.
Por todo ello, este reseñista encara con creciente recelo el interés de los lingüistas por aplicar sus métodos a las Sagradas Escrituras. La historia está llena de antecedentes de interés por las Escrituras de la Iglesia que nace de intenciones confiscatorias (énfasis mío). Hay quienes no pueden acercarse al texto si no es dando la espalda a la Iglesia.
No basta encontrar sentidos múltiples y nuevos. El problema es encontrar el sentido o los sentidos verdaderos. Y para eso le fue entregada la Escritura a la Iglesia (énfasis de Bojorge).
Aunque el padre Bojorge y la revista han sido elegantes y atentos en su tratamiento de las lecturas que se apoyan en la lingüística, su repudio al método no es solamente que sus practicantes tienen malas intenciones respecto a la Iglesia sino que leen el libro de la Iglesia con métodos que no son de la Iglesia. Tertuliano le dijo a Marción: «¿Con qué derecho cortas árboles en mi bosque? Soy yo el heredero de los apóstoles, yo solo poseo las Escrituras y el único que la detenta» 6. Finalmente, el argumento del jesuita es el mismo.
Un tanto diferente es el caso de Jon Levenson, un profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Harvard. El profesor Levenson es judío. En una ponencia que ha ofrecido en varias universidades norteamericanas descalifica la interpretación «evangélica y popular» que ofrece el autor de estas líneas en su Exodo: una lectura evangélica y popular (México: CUPSA, 1983) 7. Su argumento es que siempre se ha pretendido por la Iglesia quitarle a los judíos su libro, la Biblia y especialmente el Éxodo. Ahora, los teólogos de la liberación pretenden quitárselo en nombre ya no de la Iglesia sino de los pobres. Pero quienes salieron de Egipto fueron los Hijos de Israel y son los descendientes de los hijos de Israel, que Levenson cree ser los judíos modernos, los legítimos dueños del Éxodo. Querer darle a los pobres lo que pertenece a los judíos es una especie de robo.
Que el profesor Levenson pueda usar este argumento desde una de las más prestigiosas universidades de los EE.UU. apunta a un fenómeno nuevo, que pasamos a examinar. El surgimiento de los Estudios Bíblicos como un campo de estudio e investigación universitaria independiente del control eclesiástico es un fenómeno de los últimos dos siglos. Hoy día está sólidamente afincado y ha logrado establecer relaciones amistosas con las jerarquías eclesiales. Resulta pues que ejerce un control a título de la ciencia sobre lo que es estudio válido de la Biblia. En los EE.UU., que está alcanzando el dominio en este campo, apareció en 1990 un libro significativo de la tendencia. Se trata de Power, Politics and the Making of the Bible, de Robert B. Coote y Mary P. Coote (Philadelphia: Fortress, 1990).
Los profesores Coote presentan una visión panorámica de la formación de la Biblia como el libro autorizado de dos grupos de poder político/ religioso, los obispos cristianos del imperio romano, y el colegio rabínico que logró consolidarse en el imperio persa en el siglo V. El libro presenta el consenso que está emergiendo en la academia norteamericana de una alianza con el «establecimiento» protestante/católico/judío. Los autores son profesores de un seminario teológico protestante, pero su libro recibe el beneplácito del más reconocido de los eruditos judíos de la academia, Jacob Neusner. A lo largo de su presentación de la formación de la Biblia todo se presenta como el resultado de los manejos de quienes detentan el poder. La Biblia recibe al fin de la historia de su formación dos formas diferentes debido a la existencia de dos grupos de poder que la usan para sustentarse, los obispos cristianos y los rabinos judíos. Los autores usan su posición académica para dejar abierta la cuestión de cuál reclamo es el más válido. Esto es un asunto que la academia se cuida de no dirimir, aunque pueda, como lo viene demostrando Levenson, rechazar desafíos que vienen de fuera del «establecimiento» religioso.
Los mecanismos que usa la academia para imponer su posesión de la Biblia son el consenso de quienes tienen las posiciones más destacadas en las universidades, pero no puede dudarse que a medida en que se consolide el consenso de esta alianza académica protestante/católica/judía veremos cómo se excluye a quienes buscamos ofrecer otra lectura que no pueda incorporarse a este consenso. El problema está en que el consenso es un consenso desde el poder, y lo que buscamos los que estamos identificados con RIBLA es una alternativa de lectura desde un poder popular que está apenas construyéndose. Es evidente que las dos se excluyen mutuamente y que esta exclusión se manifestará con mayor nitidez en un futuro próximo.
En este momento aún temprano de nuestro proyecto latinoamericano de lectura popular de la Biblia es importante rechazar todo intento de «adueñar-se» de la Biblia. La Biblia es hoy una autoridad del dominio público. Su «poder» no depende de que tenga un endoso de ninguna jerarquía eclesial ni de ningún consenso académico/científico. La discusión en torno a la lectura materialista representada por Belo puede servirnos de ilustración. Su exclusión por las autoridades eclesiales en Iberoamérica no pudo evitar su difusión e influencia. En EE.UU. su virtual exclusión por los estudios académicos no evitó que se tradujera, con atraso, al inglés (Orbis).
Sin duda el crecimiento del movimiento popular ha servido de espacio para la difusión de esta lectura y la existencia de una editorial como Orbis, que apoya este movimiento, ha superado el bloqueo académico 8. No se puede excluir el ejercicio de poder de la discusión de estudio bíblico, aún el estudio bíblico popular. Sin embargo, en el mundo plural de hoy la pretensión de «poseer» la Biblia o de definir sus dimensiones auténticas ya no se puede imponer. Conviene no adoptar esta pretensión para el movimiento popular (cosa que se mostraría con un lenguaje sobre la «verdadera» o la «correcta» definición de la Biblia o interpretación de ella). Hoy la Biblia en sus diversas definiciones (con o sin los deuterocanónicos, con o sin el «nuevo testamento») es una autoridad para las culturas nacionales en gran parte del mundo. Esta autoridad no depende de ninguna organización religiosa o académica, sino que se manifiesta en la competencia entre varias. No solamente debemos reconocer este pluralismo sino también afirmarlo como deseable.
El origen popular de la Biblia
Para los lectores de RIBLA no es necesario detenernos mucho en este punto. La lectura que vienen haciendo ya por algunos años las comunidades populares ha recuperado estos orígenes y nuestro propio trabajo como biblistas vinculados con estas comunidades ha confirmado con las técnicas «científicas» de la academia la validez de estos orígenes populares.
Las tribus de Israel son los primeros sujetos de las tradiciones bíblicas. La naturaleza de su organización como una alianza de familias para defender su autonomía frente a los reyes de las llanuras ha quedado definida por Norman Gottwald y los biblistas que le siguen en el norte y en América Latina 9. La confesión fundante de la liga de las tribus fue la confesión de que Yavé, su Dios, los sacó de la esclavitud de Egipto. Esta confesión se preserva en un texto muy recubierto de reflexiones posteriores en el actual libro bíblico del Éxodo. El libro actual puede leerse como la obra de Yavé, el Dios de la nación Israel , que rescató a su pueblo del imperio egipcio. También puede leerse como el rescate de la «asamblea de Yavé» de Egipto para que pudieran libremente ofrecer su culto a Yavé bajo la supervisión de sus propios sacerdotes. Pero hoy no es posible negar que en el origen de la confesión hubo unos «`apiru», grupos marginados en Egipto, que se rebelaron bajo la conducción de Moisés el profeta de un Dios Yavé de los pobres.
Es decir, en los orígenes, en el relato fundante del pueblo que nos dio la Biblia, está la historia de un pueblo pobre que se rebeló contra la dominación de la clase pudiente de Egipto. El Yavé bíblico se conoció primero en esta rebelión. Después comienza el proceso mediante el cual diversos grupos de poder se disputaron las tradiciones bíblicas, disputa narrada de manera interesante por los profesores Coote en su libro reciente. Es un proceso que llamó Hugo Assmann hace veinte años la apropiación por los poderosos de la «plusvalía ideológica» 10.
El mismo origen popular se percibe de los escritos bíblicos que los cristianos reconocemos como los libros del «nuevo testamento». Jesús de Nazaret fue un carpintero e hijo de un carpintero que formó un movimiento de mujeres y hombres reclutados de las clases humildes de Galilea para cuestionar las formas sociales de su tiempo. Los académicos nos han demostrado la dificultad de saber exactamente cuáles eran las intenciones del movimiento. Su carácter contestatario parece suficientemente comprobado, con todo, por la confrontación con las autoridades en Jerusalén que llevó a la muerte de Jesús y más tarde de Esteban, uno de sus seguidores.
En las comunidades populares se cree saber mucho más de lo que admiten los académicos acerca de Jesús el galileo, quien fue ejecutado por las autoridades del Templo y el gobernador romano. Pero no importa. Aun el mínimo del Jesús histórico de la academia y de su movimiento es del pueblo y es contestatario. Todos sabemos que lo que unió al movimiento fue su confianza en la pronta aparición en Palestina del «Reino de Dios», una utopía cuyos contornos precisos no es posible hoy recuperar. Todo esto es más que suficiente para asegurar que en los orígenes del «nuevo testamento» hay un movimiento popular, por más que en poco tiempo obispos que frecuentemente hicieron causa común con las autoridades se la apropiaron para sus fines.
Si hoy el cristianismo popular lee la Biblia desde el movimiento del pueblo en busca de su liberación, esta lectura tiene una legitimidad en los orígenes de la Biblia. No decimos que sea la única verdadera lectura, porque admitimos que hay otras lecturas que se han hecho y se siguen haciendo desde los poderosos y que estas lecturas tienen su asidero en la obra de los poderosos desde la formación misma de la Biblia. Pero insistimos que la fuerza originaria de la Biblia está en el Dios de los pobres que fue conocido por los pobres en distintos momentos cuando luchaban por su liberación.
La democracia popular, única alternativa para la humanidad
Estamos llegando a finales del siglo XX en una situación verdaderamente angustiosa para la humanidad. La gran mayoría de las personas viven en una lucha por la mera supervivencia en la que miles sucumben diariamente, especialmente entre los más vulnerables que son los niños. Los estados en asociación han construido hoy un sistema internacional monstruoso para asegurar que las clases dominantes podrán seguir consumiendo cantidades vergonzosas de los recursos que se producen, mientras que las inmensas mayorías carecen de lo más elemental: pan, techo y salud.
Y para colmo de males el uso indiscriminado de tóxicos -agroquímicos, residuos industriales, gases que destruyen la capa de ozono, etc.-, pone en peligro la existencia de un ambiente donde pueda la humanidad del próximo siglo vivir. Los humanos somos parte de un planeta que tiene una belleza sin par y una red de inter-dependencia de sus muchos seres que es asombrosa y admirable. Nuestros ancestros, quienes pedían permiso de la Madre Tierra para roturarla y preparar la siembra, respetaban y reverenciaban este planeta. Nuestros líderes de este siglo le han perdido el respeto al planeta. Con su ciencia y su tecnología dominan y explotan la naturaleza, haciendo caso omiso de que ellos también son parte de ella.
El futuro del planeta y de la humanidad parece acortarse si no se da un cambio drástico de rumbo. Y el problema es claramente político. Quienes detentan el poder sacan inmenso beneficio del actual estado de cosas. Siglos de historia nos enseñan que las conciencias de algunos pueden efectuar cambios en su conducta, pero que la mayoría defenderá su estilo de vida y seguirá armándose para protegerse de las crecientes mayorías que se rebelarán contra la muerte a la cual son condenadas por el orden vigente. Para las élites las mayorías, y aun el futuro del planeta mismo, se vuelven superfluos.
No hay más solución que una verdadera democratización del poder, del poder de los estados y también del poder económico. Solamente cuando el poder esté en las manos de las mayorías se usará ese poder para el beneficio de las mayorías - la humanidad. El futuro del planeta está en juego. Hoy que el capitalismo tiene un control indiscutido del orden (o desorden) mundial la lucha es, más claramente que antes, una lucha contra el capitalismo. Aún no es muy claro el mundo que buscamos. No importa. Sabemos que este mundo actual es inviable y tiene que desaparecer. Aun el caos es mejor que la continuación de este dominio satánico. Pero tampoco nos es del todo desconocido el mundo que precisamos. Será un mundo donde las mayorías tendrán una participación en las decisiones que afectan la configuración de su mundo. Será un mundo donde la pobreza no será tolerada bajo ningún concepto. Será un mundo donde los servicios de salud estarán a disposición de quienes lo requieran. No se puede tolerar que unos pocos sigan imponiendo reglas que imponen la miseria sobre la mayoría de la humanidad, y que además hacen al planeta inservible para las próximas generaciones
Pues bien, en los esfuerzos por preparar este mundo, que es la única alternativa, la lectura popular de la Biblia tiene su parte. No podemos saber si esta parte es grande o pequeña. Pero si la Biblia tiene autoridad, y efectivamente la tiene, entonces es preciso defender el derecho que tiene el pueblo de leer este libro autorizado. Es en este contexto que se inserta nuestro esfuerzo en RIBLA por rescatar la Biblia para los pobres.
Jorge Pixley - Apartado 2555 - Managua - NICARAGUA
1 Resumo de esta manera los primeros capítulos del tercer libro Contra herejías.
2 Fernando Belo, Lecture matérialiste de l'evangile de Marc: Récit - Pratique - Idéologie, Paris Editions du Cerf, 1974.
3 Según el testimonio verbal de un misionero de la Sociedad del Verbo Divino que presenció la destrucción de la edición, la veracidad de este testimonio se confirma por la rápida desaparición del libro del mercado, sin que haya habido una segunda edición.
4 Ofrezco una lista parcial de los artículos y reseñas pertinentes: Horacio Bojorge, reseña de René Kieffer, Le primat del' amour. Commentaire épistémologique de I Corinthiend 13, en RB 38 (1976), pp. 269-272. Horacio Bojorge, reseña de Michel Clévenot, Approches matérialistes de la Bible, en RB 39(1977), pp.361-364. Santos Sabugal. El vocabulario veterotestamentario sobre la liberación. RB 40 (1978), 71-93, y El vocabulario neotestamentario sobre la liberación.
PB 40(1918), 95-102. (Estos artículos pretenden mostrar el valor principalmente, «espiritual» de la liberación bíblica, apuntalando así la lectura eclesial ante la amenaza de la lectura materialista. Sabugal es agustino, aparentemente español). Horacio Bojorge , interpretación eclesial de la Escritura: ¿Instrumento de dominación o garantía de libertad?, RB 40 (1978), 123-128. Horacio Bojorge, reseñe de Hans-Georg Gadamer, Verdad y método, en RE 40 (1978), pp. 185-188. Horacio Bojorge, reseña de Groupe d'Entrevernes, Signes el Paraboles. Sémiotique et texte èvangélique, en PB 40 (1978). pp. 188-190. Con esta serie de estudios la RN reconoció el desafío de la lectura estructuralista y semiótica de la Biblia, y de la variante materialista de ella, pero la rechazó por ilegítima, declarándose leal a la lectura eclesial. Todo parece haberse iniciado en 1975, el año anterior al golpe militar en Argentina, con la resella más o menos favorable que hizo Eduardo Bierzychudek, Director en ese entonces de la RB, del libro Análisis estructural y exégesis bíblica, de R. Barthes, R. Martin-Achard, J. Starobinski, y EL. Leenhardt, en PB 37 (1975), pp. 282-284. Bierzychudek fue desplazado posteriormente de la dirección de la revista.
5 Groupe d'Entrevernes. Signes el Paraboles. Sémiotique et texte evangélique, reseña de Horacio Bojorge en PB 40 (1978). pp. 188-190.
6 Citado por Bojorge en interpretación eclesial de la Escritura: ¿instrumento de dominación o garantía de libertad? El motín de Oea, RB 40 (1978), p. 124, dentro a su vez de una cita a Tertuliano hecho por Clévenot.
7 El profesor Harvey Cox de la misma Facultad me ha facilitado una fotocopia de la forma del «paper» de Levenson que presentó en una reunión de profesores en Harvard en marzo de 1989. He visto también otra forma que dio como conferencia posteriormente en la Yale Divinity School. Pero entiendo que es un tema que ofrece con frecuencia el mencionado profesor.
8 Orbis Press es la editorial propiedad de los Padres Misioneros de Maryknoll. Su experiencia misionera la ha hecho vocero de los movimientos teológicos en el llamado Tercer Mundo, y abierto hacia los fenómenos nordatlánticos que impactan a la teología del Sur, como la lectura materialista. Sin embargo, por ser una editorial católica está expuesta a presiones que tarde o temprano no podrá resistir.
9 Hoy existen muchas obras en esta línea pero sin duda la que sigue siendo el fundamento de la propuesta es la de Norman K. Gottwald, The Tribes of Yahweh:A Sociology of the Religion of Liberated Israel, 1250-1050 (Maryknoll. NY: Orbis. (1979), que hoy existe en traducciones portuguesa (Paulinas) y castellana (Seminario Presbiteriano, Barranquilla).
10 El profesor Assmam usó esta expresión en las Cátedras Ecuménicas Tomas J. Liggett que dictó en el Seminario Evangélico de Puerto Rico en abril de 1972; posteriormente aparece en diversos de sus escritos.
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