
La práctica evangelizadora de Jesús revelada en los Evangelios
Carlos Mesters
El anuncio de la Buena Nueva es antes que todo una nueva práctica, fruto de la experiencia que Jesús tenía del Padre, y que lo llevaba a convivir con los marginados, a combatir las divisiones injustas, a desenmascarar la falsedad de los grandes, a combatir los males que arruinan la vida. El contenido de la Buena Nueva está expresado sobre todo en el anuncio de la llegada del Reino, esperado por todos. El objetivo de la Buena Nueva es crear comunidad, hacer nacer la conciencia crítica, combatir el poder del mal, restaurar la vida para el servicio , permanecer unido al Padre por la oración, mantener viva la conciencia de la misión y reintegrar los marginados a la convivencia humana. La fuente de la Buena Nueva es el Padre, a quien Jesús permanece unido por la obediencia. Es por medio de la obediencia que Él se vuelve la revelación del Padre.
1. La práctica evangelizadora de Jesús 1. Jesús es la fuente y el modelo de la acción evangelizadora de los cristianos. Como tal, Él nos es presentado en los evangelios. Estos describen cómo Jesús, después de treinta años de convivencia y de trabajo en Nazaret, anunció la Buena Nueva de Dios al pueblo de su tiempo. ¿Cuál fue la práctica que Jesús adoptó para realizar su misión evangelizadora? ¿Cuál fue el contenido? ¿Cuál la finalidad? ¿Cuál la fuente de la Buena Nueva del Reino? En lo que sigue, queremos responder a estas cuatro preguntas.
2. Los estudios históricos lo muestran, y los evangelios lo confirman: Jesús vivió en una época profundamente conflictiva, en un país irremediablemente dividido. Había hambre, pobreza y mucha enfermedad; había gente explotada por un sistema injusto (Lc. 22,25), con desempleo, empobrecimiento y endeudamientos crecientes (Mt 6,12; 18,24. 28-34; 20,3. 6; Lc. 16,5); había clases altas, comprometidas con los romanos en la explotación del pueblo (Jn. 11,47-48; Lc. 20,47), y ricos poderosos a los que no importaba la pobreza de los hermanos (Lc. 15,16; 16,20 s); y había grupos de oposición a los romanos, que se identificaban con las aspiraciones del pueblo (Hch. 5, 36 s); había muchos conflictos y tensiones sociales (Mc 15,6; Mt 24,23 s), con represión sangrienta que mataba sin piedad (Lc. 13,1); había la religión oficial, ambigua y opresora, organizada en torno de la sinagoga y del templo (Mt 21,13; 23,4. 23-32); y había la piedad confusa y resistente de los pobres con sus devociones, romerías y prácticas seculares (Mt 11,25; 21,8 s; Lc. 2,41; 21,2). En una palabra, había conflictos en los varios niveles de la vida de la nación: económico, social, político, ideológico, religioso. El pueblo estaba sin condiciones de reencontrar la unidad.
3. Jesús no se mantiene neutro. En Nombre de Dios tomó posición. Así, a través de su actitud la Buena Nueva de Dios se hizo presente en la vida del pueblo. El anuncio de la Buena Nueva es, antes de todo, una nueva práctica, fruto de la experiencia que Jesús tenía con el Padre y que lo llevaba a tomar determinadas actitudes frente a la situación del pueblo. Sería demasiado largo describir los aspectos de esta práctica evangelizadora de Jesús. Enumeramos apenas los más importantes y los más evidentes.
1.1. Jesús convive con los marginados y los acoge
4. En los tres años de su vida itinerante, Jesús convivió la mayor parte del tiempo con aquellos que no tenían un lugar dentro del sistema social y religioso de la época. El pasó a ser conocido como el amigo de los publicanos y de los pecadores (Mt 11,19). Acogía a los que no eran acogidos: los inmorales (prostitutas y pecadores), los herejes (samaritanos y paganos), los impuros (leprosos y posesos), los marginados (mujeres, niños, enfermos de todo tipo), los colaboradores (publicanos y soldados), los débiles (el pueblo de la tierra y los pobres sin poder). Jesús hablaba para todos. No excluía a nadie. Pero hablaba a partir de los pobres y de los marginados.
5. El llamado que resulta de esta actitud evangelizadora es muy claro: no era posible para nadie ser amigo de Jesús y, al mismo tiempo, continuar apoyando el sistema que marginaba a tanta gente en nombre de Dios. De hecho, Nicodemo (Jn. 7,52), José de Arimatea (Mt 27,57 s) y Zaqueo (Lc. 19,8), sintieron en su carne lo que quiere decir romper con el sistema en que estaban insertos, y adherir a Jesús. El propio Jesús, a causa de su actitud que acogía a los marginados, entró en conflicto con los grupos que lideraban la sociedad: los fariseos, los escribas, los saduceos, los herodianos, los romanos. Este conflicto fue la causa de su muerte (Mc 3,6).
1.2. Jesús denuncia y combate las divisiones creadas por el hombre
6. En medio del pueblo había muchas divisiones, mantenidas en nombre de Dios por la propia religión oficial. Ellas contradecían la voluntad del Padre. Jesús criticó estas divisiones y las combatió a través de su manera de vivir y de obrar. Por ejemplo, las divisiones entre prójimo y no prójimo (Lc. 10,29-37), entre santo y pecador (Mc 2,15-17), entre puro e impuro (Mc 7,1-23), entre judío y extranjero (Mt 15,21-28). Condenando estas divisiones, Jesús relativizaba y sacudía los pilares del sistema religioso: el templo, el sábado, las obras santas (ayuno, limosna, oración), la pureza legal. Su práctica evangelizadora incomodaba profundamente a los hombres del poder.
7. Por otro lado, él convidaba y provocaba a las personas a definirse frente a los valores fundamentales de la vida humana y del Proyecto de Dios: justicia, fraternidad, amor, misericordia, repartición, honestidad. El sistema religioso de la época no daba suficiente atención a estos valores. Algunos aceptaron la invitación de Jesús, otros la rechazaron. Así , Jesús se convirtió en fuente de nuevas divisiones (Mt 10,34-36) y en señal de contradicción en medio del pueblo (Lc. 2,34).
1.3. Jesús desenmascara la falsedad de los grandes
8. Jesús no tiene miedo de denunciar la hipocresía de los líderes religiosos de la época: sacerdotes, escribas y fariseos (Mt 23,1-36; Lc. 11,37-52; Mc 11,15-18). Condenó la pretensión de los ricos y no creía mucho en su conversión (Lc. 16,31; 6,24; Mt 6,24; Mc 10,25; Lc. 18,24-27; 12,13-21). Frente a las amenazas de los representantes del poder político, sea de los judíos o de los romanos, Jesús no se intimidaba y mantenía una actitud de gran libertad (Lc. 13,32; 23,9; Jn. 19,11; 18,23).
1.4. Jesús combate los males que arruinan la vida humana
9. Dios creó la vida y la bendijo (Gn. 1,28). Por su propia culpa la humanidad perdió la bendición y atrajo sobre sí la maldición (Gn. 3,14-19). Sin embargo, Dios intervino y llamó a Abraham para ser el padre de un pueblo con la misión de recuperar la bendición perdida, no sólo para sí y su propia familia, sino para todas las familias de la tierra (Gn. 12,3).
10. Jesús retomó la vocación del pueblo de Abraham y luchó para recuperar la bendición para la vida. El dice: Yo vine para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn. 10,10). Por eso, hacía parte de su práctica evangelizadora liberar la vida de todos los males que la oprimían y marginaban. De ahí que a lo largo de los tres años de su vida pública, él enfrentó y combatió el hambre (Mc 6,35-44), la enfermedad (Mc 1,29-34), la tristeza (Lc. 7,13; Mt 5,5), la ignorancia (Mc 1,27), el abandono (Mt 9,36), la soledad (Mc 1,40 s; 5,34), la letra que mata (Mc 3,4; Mt 5,38-42), las leyes opresoras (Mc 7,8-13), la injusticia (Mt 5,20), el miedo (Mc 6,50), el sufrimiento (Mc 6,55 s), el pecado (Mc 2,5), la muerte (Mc 5,41 s; Lc. 14,1-8). El combatió y expulsó al demonio, el príncipe de los males. Pues desde el comienzo no era así (Mt 19,8).
1.5. Jesús usa una nueva pedagogía que hace al pueblo crecer
11. La novedad de la práctica evangelizadora de Jesús se transparenta sobre todo en el nuevo modo que él tiene de relacionarse con las personas y de enseñar las cosas: da atención a las personas sin hacer distinción (Mt 22,16); enseña en cualquier lugar, acoge a todos como oyentes y permite que mujeres lo sigan como discípulas (Lc. 8,1-3; Mc 15,41); utiliza un lenguaje simple en forma de parábolas; reflexiona a partir de los hechos de la vida (Lc. 21,1-4; 13,1-5; Mt 6,26); confronta a los discípulos con los problemas del pueblo (Mc 6,37); enseña con autoridad sin citar autoridades (Mc 1,22); presenta a los niños como profesores de los adultos (Mt 18,3); siendo libre, comunica libertad a los que lo rodean (Jn. 8,32-36), y éstos, a su vez, logran coraje para transgredir tradiciones caducas (Mt 12,1-8). Jesús vive lo que enseña; pasa noches en oración (Lc. 5,16; 6,12; 9,18. 28; 22,41) y suscita en los otros la voluntad de rezar (Lc. 11,1).
1.6. Jesús encarna la Buena Nueva en una nueva convivencia humana
12. La práctica de Jesús revela una nueva visión de las cosas, un nuevo punto de partida, un nuevo orden. Los valores básicos de este nuevo orden aparecen encamados en la pequeña comunidad itinerante que se formó a su alrededor. Veamos algunos de ellos: partición de los bienes o caja común (Jn. 13,29); igualdad básica de todos: ustedes son todos hermanos (Mt 23,8-10); poder como servicio: quien quiere ser el primero, sea el servidor de todos (Mc 9,35; Mt 20,24-28; Jn. 13,14; Mt 23,11); convivencia amistosa, al punto de no tener más secretos (Jn. 15,15); nuevo relacionamiento hombre-mujer (Mt 19,1-9).
13. Estos seis puntos nos dan una idea de cómo era la práctica evangelizadora de Jesús. En ella se revela la experiencia que él mismo tenía del Padre. A través del gesto y de la actitud de Jesús, el pueblo se daba cuenta de que el Dios de Jesús era diferente del dios de los escribas. A través de la práctica de Jesús, Dios se volvió una Buena Nueva para el pueblo.
2. Un resumen del contenido de la Buena Nueva del Reino
14. El evangelio de Marcos ofrece el siguiente resumen del contenido de la Buena Nueva de Jesús:
Después que Juan fue preso, vino Jesús a Galilea proclamando el Evangelio de Dios: ¡Se agotó el plazo, el Reino de Dios llegó! Cambien de vida y crean en la Buena Nueva (Mc 1,14 s).
Vamos a meditar cada uno de estos cuatro puntos: ¡Se agotó el plazo! ¡El Reino de Dios llegó! ¡Cambien de vida! ¡Crean en la Buena Nueva !
2.1. ¡Se agotó el plazo!
2.1.1. Jesús lee los hechos con ojos nuevos, nacidos de Dios
15. Para Jesús, la prisión de Juan el Bautista hizo que el plazo se acabe. ¡Hizo llegar el kairos de Dios! Esto muestra que Jesús estaba atento a los hechos y a los tiempos, y los analizaba con ojos diferentes. Por eso consiguió percibir en ellos la acción de Dios. Esta misma actitud frente a los hechos se verifica en otras ocasiones. Por ejemplo, él interpela a los apóstoles:
Ustedes dicen que faltan cuatro meses para la cosecha. Mas yo les digo, levanten los ojos y vean los campos. ¡Ellos están blancos para la cosecha! (Jn. 4,35).
Y a los fariseos y saduceos, él les responde:
Al ponerse el sol, ustedes dicen: Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego. Y a la mañana: Hoy va a llover, porque el cielo tiene un rojo sombrío. Mirando el cielo, ustedes saben prever el tiempo, pero no son capaces de interpretar las señales de los tiempos (Mt 16,2 s; cf. Mt 24,32; Lc. 12,54-56).
La lectura diferente de los hechos lo ayudó a percibir la llegada del Reino.
2.1.2. Jesús ayuda al pueblo a leer los hechos con ojos nuevos
16. Jesús quiere que todos descubran la Buena Nueva del Reino. Por eso, recorre el país y convoca al pueblo, anunciando su llegada. Pues la cosecha es grande, los obreros son pocos y el tiempo apremia (Mt 9,35-38). El envía doce discípulos (Mt 10,1; Lc. 9,1). Más tarde envía otros setenta y dos (Lc. 10,1). Todos deben llevar el mismo anuncio: ¡El Reino de Dios llegó! (Lc. 10,9; Mt 10,7).
17. Jesús ayuda al pueblo a leer los hechos con los mismos ojos diferentes: hace reflexionar a partir de lo que acontece (Lc. 13,1-5); manda estar atento, pues nadie conoce la hora (Mt 24,42); ayuda al pueblo para que no sea engañado (Mt 24,4. 11. 26); critica las interpretaciones erradas (Jn. 9,2 s).
18. Por medio de las parábolas trata de llevar al pueblo a tener un mirar crítico acerca de la realidad del país y su práctica religiosa. Por ejemplo, las parábolas del fariseo y del publicano (Lc. 18,9-14), de los dos hijos (Mt 21,28-32), del buen samaritano (Lc. 10,29-37). De este modo, Jesús ayuda al pueblo a discernir, dentro de los hechos, las señales del Reino de Dios que van llegando.
19. No todos aceptan la interpretación que Jesús hace de los hechos. Los fariseos y los saduceos no saben leer las señales de los tiempos y lo combaten (Mt 16,1-4). Jerusalén y las ciudades de Galilea se cierran (Lc. 13,34 s; 10,13-15; 19,42). Los pobres, no obstante, y los discípulos, reconocen y aceptan el mensaje (Mt 11,25; 13,11).
2.2. ¡El Reino de Dios llegó!
2.2.1. La novedad que causa admiración
20. En aquel tiempo todos esperaban la venida del Reino de Dios, pero cada uno a su modo. Para los fariseos, el Reino vendría cuando la observancia de la Ley de Dios fuese perfecta; para los esenios, cuando el país fuese purificado. El pueblo, orientado por los escribas y por los fariseos, esperaba la venida de un mesías glorioso. Jesús, sin embargo, ya no esperaba la venida del Reino de Dios. Para él, ¡el Reino ya estaba llegando! ¡Esta era la novedad! ¿Cuál es el análisis que Jesús hace de la realidad para llegar a esta conclusión? ¿Dónde estaba el Reino del que él hablaba? Pues la observancia de la Ley todavía no era perfecta; el país aun no estaba purificado. Y no había nada de glorioso para poder concluir: ¡este es el Reino! Por eso, los fariseos lo cuestionan: ¡Queremos ver una señal hecha por ti! (Mt 12,38; Mc 8,11). ¿Cuáles señales? (Lc. 17,20). Jesús no da ninguna seña ni prueba (Mt 12,39 s).
21. Para los otros, la llegada del Reino dependía del esfuerzo que ellos mismos tenían que hacer. Dependía de la observancia de la Ley de Dios, de la purificación de la tierra, o de la lucha. Jesús decía lo contrario: El Reino no viene como fruto de la observancia, sino que él ya está en medio de ustedes (Lc. 17,20 s). Independientemente del esfuerzo hecho, el Reino ya había llegado. Su llegada no dependía del esfuerzo humano, sino que era pura gratuidad. Esta era una manera radicalmente nueva de encarar la venida del Reino.
22. Jesús no dice en qué consiste el Reino. Dice apenas que el Reino ya llegó. Si ya llegó, entonces el Reino debía estar presente y visible en las cosas que Jesús andaba haciendo y diciendo:
Vayan y digan a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados (Mt 11,5 s).
Si es por el dedo de Dios que yo expulso los demonios, entonces el Reino de Dios ya llegó hasta ustedes (Lc. 11,20).
2.2.2. Una nueva lectura de la Escritura
23. Para ayudar al pueblo a percibir la presencia del Reino en él mismo y en los hechos, Jesús usaba la Biblia y la interpretaba de manera nueva. La experiencia que él tenía de Dios le daba ojos nuevos para entender mejor la acción de Dios en el pasado, y era en él una luz para iluminar el sentido de la Escritura. Así , iluminada por la Biblia, la Buena Nueva del Reino aparecía a los ojos del pueblo no como bastarda e impostora, venida de fuera, sino como hija nacida en casa, como fiel a la Tradición, como realización de la Promesa.
24. Veamos algunos de los momentos en que Jesús hace esta nueva lectura de la Escritura:
a. En la sinagoga de Nazaret, él usa un texto de Isaías para presentar su programa (Lc. 4,18 s e Is. 61,1 s). Y concluye: Hoy se cumplió en vuestros oídos este pasaje de la Escritura (Lc. 4,21).
b. El recado que mandó a Juan el Bautista (Mt 11,5 s), era de otro texto de Isaías. La profecía de Isaías se realiza en la acción de Jesús junto a los pobres (Is. 29,18 s; 35,5 s).
e. En el Sermón de la Montaña, Jesús aclara el objetivo que Dios tenía en mente al dar los Diez Mandamientos al pueblo: Antiguamente fue dicho... pero yo digo... (Mt 5,21. 27. 31. 38. 43).
d. Jesús critica el Templo de piedra, el centro del Antiguo Testamento, y lo declara provisorio. Pues el nuevo Templo será él mismo, su cuerpo (Jn. 2,19-2 1), donde todos podrán adorar al Padre en espíritu y en verdad (Jn. 4,23).
e. A los discípulos de Emaús él les muestra, comenzando por Moisés y por todos los profetas, lo que la Escritura decía respecto de él. De este modo, él sitúa la cruz dentro del proyecto de Dios (Lc. 24,27).
f. Cuando se le pide dar una señal, él habla de Jonás y de Salomón, y concluye: Aquí está alguien que es más que Jonás y Salomón (Mt 12,41 s). El mismo es criterio de interpretación de la Escritura.
g. Jesús dice a los discípulos que ellos tienen ventaja sobre los profetas. Los profetas desearon ver lo que ustedes están viendo, y no pudieron (Lc. 10,23 s). El mismo es el punto de llegada de la Escritura.
h. En la discusión con los judíos sobre la legitimidad de su enseñanza, Jesús se declara mayor que Abraham: Antes que Abraham fuese, yo era (Jn. 8,52-58).
i. Atacado por los escribas en nombre de la Escritura y de la Tradición, él se defiende con argumentos sacados de la propia Escritura , de la vida de David (Mc 25-26).
j. En todo lo que hacía para cumplir su misión como Mesías, Jesús se guiaba por la profecía del Siervo de Yahvé.
25. Leído en esta nueva perspectiva, el Antiguo Testamento ayudaba al pueblo a percibir cómo el Reino de Dios se estaba realizandodentro de los hechos de la vida de Jesús, y de su propia vida. Jesús realizaba la Promesa. Por eso, ¡el pueblo se reconocía en él y encontraba en él la Buena Nueva de Dios!
2.2.3. Las señales del Reino presentes en la vida
26. El Reino que estaba llegando era todo aquello que entró en movimiento con la llegada y el anuncio de Jesús. Era la propia historia avanzando. ¡El Reino está en medio de ustedes!. Sin embargo, no era tan fácil definir claramente lo que venia a ser el Reino presente en medio del pueblo. El Reino era algo que la persona experimentaba cuando entraba en contacto con la persona de Jesús y con la comunidad por él creada. Para ayudar al pueblo a entender esta misteriosa presencia del Reino dentro de los hechos de la vida, Jesús usaba las parábolas: simiente, campo, perla, cizaña y trigo, grano de mostaza, red, pesca, fermento, sal, tesoro, dracma perdida, deudor implacable, trabajadores de la viña, casamiento del hijo del rey, las diez vírgenes, buen samaritano, juez inicuo, hijo pródigo, oveja perdida, etc., etc. Quien tiene oídos para oír, ¡oiga! (Mt 13,9). Las parábolas provocan al pueblo a ir descubriendo las cosas de Dios a partir de su propia experiencia de vida.
27. Los pobres entienden este lenguaje (Mt 11,25), pues el Reino anunciado por Jesús es de ellos (Mt 5,3-10), y para ellos (Lc. 4,18). Los otros, los de fuera, oyen, pero no entienden (Mc 4,11 s). Muchas veces, en las discusiones con los fariseos, Jesús intentó corregir la visión que ellos tenían de Dios, de la ley y de la historia. Sin embargo, no lo consiguió. Ellos no se abrían, sino que se aferraban a la antigua lectura que hacían del Antiguo Testamento. No permitían entrar a lo nuevo.
2.3. ¡Cambien de vida!
2.3.1. La difícil exigencia
28. Jesús no pide: ¡Observen la Ley y la Tradición!. El pide metanoia, esto es, un cambio en el modo de pensar y de obrar, que engloba todos los aspectos de la vida de las personas, del pueblo y de la nación. Sin este cambio radical, el pueblo no podrá entender el mensaje del Reino anunciado por Jesús. Sino ocurre este cambio, si ustedes no se convierten, todos van a perecer del mismo modo (Lc. 13,3. 5). 0 sea, van a perecer del modo que los galileos perecerán por la violencia represiva del Imperio Romano. No hubo el cambio que él pidió y, cuarenta años después, la profecía se volvió triste realidad. Jerusalén fue totalmente destruida.
2.3.2. Cambiar, ¿por qué?
29. A lo largo de los siglos anteriores fue aconteciendo una inversión total de los valores que se expresaban en la propia religión. La religión oficial ya no revelaba el rostro de Dios al pueblo: el mandamiento de Dios fue anulado por la tradición (Mt 7,8); el ser humano estaba en función de la ley (Mc 2,27); el Templo llevaba ventaja sobre el amor a los padres (Mc 7,10-13); la misericordia fue disminuida en favor de la observancia (Mt 9,13); la justicia practicada por los fariseos ya no revelaba el Reino (Mt 5,20). En la práctica, el amor de Dios estaba separado del amor al prójimo. Los escribas y los fariseos, responsables de la transmisión de la fe, habían olvidado las necesidades de los pobres (Lc. 13,15-17), imponían pesadas cargas al pueblo (Mt 23,4), y, así, bloqueaban la entrada del Reino (Mt 23,13).
2.3.4. Cambiar, ¿en qué?
30. Ya no bastaba con reparar uno u otro defecto. Era necesario hacer todo nuevo. ¡Metanoia! Nacer de nuevo (Jn. 3,3), reconocer el propio error, aceptar la nueva lectura del pasado e iniciar una práctica nueva en el rumbo que Jesús proponía: vivir el amor a Dios en el amor al prójimo (Mt 22,39); entender que el sábado es para el hombre (Mc 2,27) y que el objetivo de la ley es imitar a Dios que hace llover sobre todos (Mt 5,43-48); vivir la elección divina no como un privilegio que separa de los otros pueblos, sino como un servicio que lleva a insertarse en medio de ellos (Mt 20,28; Lc. 17,10). En una palabra, aprender que nadie tiene el derecho de marginar como pecador, impuro, pagano, maldito o ignorante (Jn. 7,49; 9,34) a aquellos a quienes Dios acoge como hijos (Mt 5,45). Realmente, hacer un cambio así era lo mismo que morir y nacer de nuevo. Quien no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios (Jn. 3,3). Muchos no quisieron hacer este cambio radical, reaccionaron contra Jesús y decidieron eliminarlo (Jn. 12,37-4 1; 11,45-54; Lc. 19,42).
2.4. ¡Crean en esta Buena Noticia!
2.4.1. Se realiza la esperanza del pueblo
31. Toda esta novedad que comenzó a existir alrededor de su persona, Jesús la designó como la Buena Nueva del Reino. Expresión antigua, usada por primera vez por el profeta Isaías para designar la Buena Nueva del regreso de los exiliados (Is. 40,9; 52,7; 61,1). Desde entonces, todos esperaban por la Buena Nueva del Reino. En los gestos y palabras de Jesús, esta esperanza se realiza.
32. El acceso a esta Buena Nueva del Reino solamente era posible a través de la fe: ¡Crean en la Buena Nueva !. Fe no sólo en el mensaje, sino también en la persona de Jesús, tal como él era y se presentaba: joven, obrero, sin estudio, viniendo de Galilea, sin ser doctor, sin ser sacerdote, sin ser de la clase dirigente, aunque tiene el coraje de decir a todos: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, si no es por mí (Jn. 14,6). Quien a mí me ve, ve al Padre (Jn. 14,9). Sin esta fe en la palabra y en la persona de Jesús, no era posible entender la Buena Nueva del Reino que él anunciaba.
33. Aunque la Nueva no fuese tan Buena para los doctores y escribas, ella era realmente Buena para los pobres (Lc. 4,18). Pues a través de la palabra y de la práctica de Jesús, el pueblo pobre, que vivía marginado como ignorante, maldito, impuro y pecador (Jn. 7,49; 9,34), tenía nuevamente acceso a Dios. Jesús liberó la entrada. La presencia amiga de Dios se volvió, nuevamente, universal, aceptable para todos, libre de las amarras en las cuales venía siendo aprisionada hacía siglos (Mt 23,13).
2.4.2. Reconocer la Buena Nueva de Dios en la vida del pueblo
34. La Buena Nueva del Reino, ¿qué es? No es una doctrina que se enseña, ni una moral que se impone. No es un catecismo que se aprende de memoria, ni una ideología que se transmite. La Buena Nueva del Reino es un hecho de vida, donde Dios está presente, actuando, liberando a su pueblo con poder, realizando su plan de salvación, mostrando que es Rey, Señor de la historia. Mas no sólo eso. Ella es también una palabra que saca el velo de este hecho y revela al pueblo la presencia gratuita de Dios ahí dentro; es una actitud, un testimonio, una práctica, que confirman esta presencia de Dios; es todo el pasado del pueblo que lo confirma y lo ratifica: ¡Era esto lo que esperábamos hace mucho tiempo!.
35. Anunciar la Buena Nueva del Reino, ¿qué es? Es identificar hechos concretos donde el Reino de Dios está aconteciendo e interpretarlos de tal manera que aparezca hacia fuera esa dimensión escondida de la presencia victoriosa de Dios en la historia del pueblo. Fue así que Jesús respondió a Juan el Bautista: Vayan a decir a Juan lo que están viendo y oyendo (Mt 11,4 s).
3. La finalidad de la Buena Nueva anunciada por Jesús
36. El evangelio de Marcos enseña cómo el cristiano debe anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc 1,1). En primer lugar (Mc 1,2-15), la Buena Nueva no puede caer en paracaídas dentro de la vida del pueblo, sino que debe venir como respuesta a sus esperanzas (Mc 1,2 s), a través de personas bien concretas (Mc 1,4-8). Ella tendrá su momento de inauguración (Mc 1,9-11), de prueba (Mc 1,12 s) y de proclamación (Mc 1,14 s).
37. Enseguida (Mc 1,16-45), escogiendo bien los hechos, Marcos describe la finalidad que la Buena Nueva del Reino quiere alcanzar en la vida del pueblo. Los siete puntos que siguen son las señales del Reino. Pueden servir como criterio de evaluación para examinar de cerca la calidad de nuestra práctica evangelizadora:
a. Crear comunidad (Mc 1,16-20)
Vocación de los primeros discípulos
La Buena Nueva tiene como primer objetivo congregar a las personas en torno de Jesús y, así, crear comunidad.
b. Hacer nacer la conciencia crítica (Mc 1,21 s)
Admiración frente a la enseñanza de Jesús
La manera como Jesús anuncia la Buena Nueva hace al pueblo crear una conciencia crítica con respecto a los escribas, sus líderes.
c. Combatir el poder del mal (Mc 1,23-28)
Expulsión de un demonio
La Buena Nueva combate y expulsa el poder del mal, que daña la vida humana y aliena a las personas de sí mismas.
d. Restaurar la vida para el servicio (Mc 1,29-34)
Cura de la suegra de Pedro y de muchos otros enfermos
La suegra se levantó y comenzó a servirlos. La Buena Nueva cuida de la vida enferma y trata de restaurarla para el servicio.
e. Permanecer unido al Padre por la oración (Mc 1,35)
Jesús ora en un lugar desierto
Hace parte de la Buena Nueva el permanecer unida a su raíz, que es el Padre, a través de la oración.
f. Mantener y profundizar la conciencia de la misión (Mc 1,36-39)
Anuncio de la Buena Nueva por las aldeas de Galilea
La Buena Nueva exige que el misionero no se cierre en los resultados ya obtenidos, sino que mantenga siempre la conciencia de la misión.
g. Reintegrar a los marginados en la convivencia (Mc 1,40-45)
Un leproso es curado y enviado a los sacerdotes.
La Buena Nueva acoge a los marginados y los reintegra en la convivencia humana.
38. Estos siete puntos marcarán el anuncio de la Buena Nueva realizado por Jesús y por los primeros cristianos. ¿Serán los que marcarán los 500 años de la evangelización de América Latina? ¿Serán los que marcan la evangelización que realizamos hoy? Donde esta Buena Nueva entra en la historia, ella sin duda alguna encontrará resistencias y provocará conflictos. Es lo que el evangelio de Marcos sugiere, presentando enseguida cinco conflictos entre Jesús y los líderes religiosos de la época (cf. Mc 2,1-3. 6).
39. Marcos informa todavía que, en el momento de llamar a los apóstoles, Jesús
...llamó a sí a los que él quería llamar, y fueron hasta él. Y constituyó el grupo de los Doce, para que se quedasen con él y para enviarlos a predicar, con autoridad para expulsar a los demonios (Mc 3,13-15).
En el mismo llamado Jesús plantea dos finalidades. Llama para estar con él, y para enviarlos a predicar y a expulsar los demonios. El estar con Jesús da el contenido para la predicación y la autoridad para expulsar el demonio. O sea, la comunidad es la plataforma de donde parte la misión y la que le da consistencia.
4. La fuente de la Buena Nueva del Reino anunciada por Jesús
4.1. Jesús, igual a nosotros en todo
Jesús es el Hijo de Dios. Este título define su relacionamiento con el Padre, y tiene que ver con la constitución de su persona. Esta verdad no se prueba, sino que se acepta en la fe. Ella fue objeto de lento y grato descubrimiento por parte de los cristianos. Jesús es el Mesías. Este título tiene que ver con su relacionamiento con los hombres, y con su misión dentro del plan de Dios. Fruto de la total gratuidad del Padre es el hecho de no haber mandado a cualquiera para realizar la misión del Mesías, sino al propio Hijo, igual a nosotros en todo, menos en el pecado (Hb. 4,15).
Siendo de condición divina, Jesús no se apegó a su igualdad con Dios. Por el contrario, se vació a sí mismo, asumiendo la condición de siervo (Fl. 2,6 s). Siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza (2 Cor. 8,9). Jesús no era ciudadano romano, no tenía ningún título, no siguió cursos con Gamaliel, no estudió en Jerusalén, no sacó diploma; no era de la clase sacerdotal; no era levita ni fariseo; no era escriba, ni publicano, ni esenio, ni saduceo. No tenía la protección de ninguna clase. Jesús era un laico, obrero, agricultor. Era conocido como el carpintero (Mt 13,55). Nació fuera de casa, en una caballeriza. Desde el seno materno, sufrió las consecuencias del sistema opresor de los romanos (Lc. 2,1-7). Vivió treinta años en Nazaret de Galilea (Lc. 3,23), tierra de los gentiles. En la comunidad local no era presbítero ni coordinador. Quien quiera saber cómo fue la vida de Jesús, bastará con describir la vida de cualquier nazareno de aquel tiempo, ponerle el nombre de Jesús, y sabrá cómo fue la vida del Hijo de Dios durante treinta de los treinta y tres años que vivió en esta tierra, en medio de nosotros. Realmente, siendo rico, él se hizo pobre, ¡igual a nosotros en todo!
Lo que para unos era condenación del destino, para Jesús se tornó la manifestación de la voluntad del Padre. Jesús nació pobre, y continuó siempre del lado de los pobres. Nacer pobre era la expresión de la voluntad del Padre. Continuar del lado de los pobres era la decisión del Hijo, queriendo ser obediente al Padre. Jesús nunca buscó una salida individual, nunca buscó privilegios para si. Continuó pobre, igual a ellos en todo, hasta el fin, ¡hasta la muerte de cruz! (Fl. 2,8).
4.2. Obediente al Padre, en todo
Estamos aquí delante del misterio mayor de la vida de Jesús. Su unión con el Padre. Jesús dijo a María y a José: Entonces, ¿ustedes no saben que debo estar en la casa de mi Padre? (Lc. 2,49). Los padres no entendieron la respuesta (Lc. 2,50). El dijo a los discípulos: Mi alimento es hacer la voluntad de aquél que me envió, y terminar la obra que El me encargó (Jn. 4,34). Los discípulos se extrañaron de la respuesta (Jn. 4,33). El dijo a los judíos: El Hijo, por sí mismo, no puede hacer sino aquello que ve al Padre hacer (Jn. 5,19). Jesús dijo a Felipe: Felipe, ¿usted aún no me conoce? Quien me ve, al Padre ve (Jn. 14,9). Y también Felipe se extrañó de la conversación de Jesús sobre el Padre (Jn. 14,8).
Estas y otras frases muestran que la comunión entre Jesús y el Padre no era automática, sino fruto de una lucha que él trababa dentro de sí para obedecer al Padre en todo y vivir en comunión con El. Jesús nunca permitió que nadie interfiriese en este secreto, el más profundo de su vida. No tuvo miedo de provocar conflictos, incluso con las personas más queridas, para poder mantener la comunión con el Padre. Los que intentaron desviarlo recibieron respuestas duras o reacciones inesperadas: Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! (Mc 8,33). Los apóstoles: Vamos a otros lugares. Pues fue para esto que yo vine (Mc 1,38). Los parientes: Todavía no ha llegado mi hora, en cambio vuestra hora siempre está ahí (Jn. 7,6). Juan Bautista: Vayan a decir a Juan lo que están viendo y oyendo (Mt 11,4).
La preocupación de estar siempre unido al Padre por la obediencia fue el eje de la vida de Jesús, la fuente de su práctica evangelizadora, su alimento diario (Jn. 4,34). Al entrar en el mundo, él afirmó: ¡Heme aquí! ¡Yo vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad!' (Hb. 10,5). Al dejar el mundo, hizo revisión y dijo: ¡Todo está consumado! (Jn. 19,30). Jesús sufrió y fue tentado a entrar por otros caminos (Mt 4,1-11; Mc 8,33). Luchó para ser fiel (Hb. 5,8). Tuvo que rezar mucho para poder vencer (Hb. 5,7; Lc. 22,41-46). Pero venció. Nadie, nada, nunca, ninguna autoridad, en ningún momento, consiguió interferir en este secreto, el más profundo, de Jesús. Los que lo intentaron se toparon con una muralla impenetrable, con una libertad impresionante. El fue obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso, Dios lo exaltó (Flp. 2,9).
4.3. Revelar al Padre por la obediencia profética
Jesús procuraba ser fiel a la experiencia que tenía del Padre. Por cuanto la Buena Nueva del Reino no es una doctrina o un catecismo a ser transmitido, ni una moral o una disciplina a ser impuesta, ni una idea nueva a ser enseñada, sino que es la faz del Padre a ser revelada al pueblo, sobre todo a los pobres. La obediencia de Jesús no era disciplinaria, pero sí profética. En la obediencia al Padre estaba la raíz de la libertad de Jesús. Por causa de esta obediencia él desobedecía la tradición de los hombres y la criticaba. La obediencia solamente tiene sentido en cuanto revelación del Padre. Por causa de ella la voz de Jesús era y es la voz del Padre. Pues quien obedece no habla en nombre propio, sino en nombre de aquél a quien obedece.
En Jesús, la obediencia no es una simple virtud al lado de las otras virtudes. La obediencia hace que él se vuelva totalmente transparente, pura referencia. Por su obediencia profética hasta la muerte, Jesús se esclavizó a sí mismo y dejó que el Padre reinase en su vida. Por eso, todo lo que Jesús hace es revelación del Padre. La unión que así nace entre él y el Padre es tan perfecta, que los dos se identifican uno con el otro: Yo y el Padre, somos uno (Jn. 10,30). Todo lo que es mío, es tuyo (Jn. 17,10). Quien me ve, ve a aquél que me envió (Jn. 12,45). Es la comunidad perfecta en el Espíritu.
¿Cómo se manifestaba la voluntad del Padre para Jesús? El decía: Por mí mismo, nada puedo hacer: yo juzgo según lo que oigo (Jn. 5,30). El Hijo por sí mismo nada puede hacer, sino sólo aquello que ve hacer al Padre (Jn. 5,19). ¿Cómo y dónde veía y oía Jesús lo que el Padre quería de él?
1. En la Sagrada Escritura. Ella es fuente de autoridad (Lc. 4,18); orienta a Jesús en la realización de su misión como Siervo (Mc 1,11); ofrece respuestas contra las tentaciones (Lc. 4,4. 8. 12).
2. En los hechos. Juan el Bautista confrontó a Jesús con las normas de la tradición (Mt 11,3). Jesús confronta a Juan con los hechos (Mt 11,4). Iluminados por la Escritura, ellos revelan la voluntad de Dios.
3. En las personas y sus actitudes. Frente a la respuesta de la cananea, Jesús cambia de opinión y dice: Sea hecho como quieres (Mt 15,28). En la actitud de la mujer, Jesús leyó lo que el Padre quería de él.
4. En los padres. Jesús fue con sus padres a Nazaret, y vivía sujeto a ellos (Lc. 2,51). Esta sumisión, sin embargo, no era ciega. El tiene el coraje de criticarlos (Lc. 2,49).
5. En su condición de pobre. Nacer pobre era para él la expresión de la voluntad del Padre. Continuar del lado de los pobres era la decisión del Hijo queriendo ser obediente al Padre.
6. En la tradición y en los superiores. Hagan lo que ellos dicen, pero no hagan lo que ellos hacen (Mt 23,3). Reconoce la autoridad, no obstante critica el comportamiento y las desviaciones (Mt 7,13). Jesús nunca cita a las autoridades, sin embargo habla con autoridad (Mc 1,22).
7. En la lucha. En el Huerto de los Olivos, el ángel vino y lo ayudó para ir hasta el fin. Sudó sangre, pero encontró la paz en la entrega total al Padre (Lc. 22,43-44).
8. En la oración. En las noches pasadas junto al Padre, él vive su experiencia de Hijo y descubre lo que el Padre pide de él (Lc. 5,16; 6,12; 9,18. 28-29; 11,1).
No había una instancia o una norma preestablecida que guiaba a Jesús en el descubrimiento de la voluntad del Padre. No había una lista de normas para que él se orientara. Había, eso sí, aquella atención permanente volcada hacia el Padre. Hago siempre lo que le agrada (Jn. 8,29). Jesús dejó un testimonio muy bonito a este respecto, cuando dice: ... el mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado. Levántense. Vámonos de aquí (Jn. 14,31). Se levantó y fue hacia el huerto, donde comenzó la Pasión.
Conclusión
La misión de Jesús se resume en hacer brillar el rostro de Dios en la vida del pueblo. Haz brillar sobre nosotros tu faz y seremos salvos (Sl. 80,4). El rostro de Dios es la luz que brilla en la oscuridad (2 Pd. 1,19). Es la raíz de la libertad y de la resurrección. Es la eterna Buena Nueva para el pueblo oprimido. Sin este rostro, todo se oscurece. No hay disciplina, ni lámpara, ni vela, que puedan sustituirlo. Quien no lo conoce, tal vez no sienta su falta. Pero quien, como Jesús, lo encontró, ya no sabe vivir sin él. El encuentro con El revoluciona la vida, hace descubrir lo que está errado en nosotros y a nuestro alrededor, y anima para la lucha, a fin de recolocar todo en su debido lugar, como Dios lo quiere.
Como el Padre me envió, yo los envío a ustedes. Diciendo esto, Jesús sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo (Jn. 20,21-22). Con la ayuda del Espíritu, las comunidades reproducen en sus vidas la práctica evangelizadora de Jesús y, así, serán la revelación del Padre al pueblo. En la misma medida en que sepamos vivir y anunciar la Buena Nueva del Reino, seremos la Iglesia de Jesús; seremos la carta de Cristo, reconocida y leída por todos los hombres (2 Cor. 3,2-3). '
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