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LOS REFUGIADOS  GUATEMALTECOS Y SU ESPIRITUALIDAD DE RESISTENCIA

Testimonios

Javier Saravia

«La Biblia latinoamericana era la más perseguida. Muchos la tuvieron que dejar, esconder en bolsas de plástico. Yo no la abandoné, pues la Biblia es como un mi amigo, como un mi hijo. Y allá en la montaña se lee con más sabor».

Resistencia misteriosa, frágil y vigorosa. Su fuerza no está en los poderes de este mundo, sino en la vida del Espíritu encarnado en la indigencia indígena. Esa vida del pueblo -maltratada, oprimida, empobreci­da, torturada-, es la tierra donde nace, crece y florece su «espiritualidad de resistencia».

Varios veneros de «espiritualidad de resistencia» brotan de esas «venas abiertas de Latinoamérica». Bebamos de esa sangre muerte, clamor, palabra viva y fuente de espiritualidad, y resistencia.

Escuchemos algunos testimonios de algunos refugiados guatemaltecos. Actualmente se contabilizan alrededor de 40.000 refugiados asentados en campamentos en tres estados de México: Chiapas, Quinta Roo y Campeche. En cada estado hay varios campamentos y algunos con dos o tres módulos de población. (No refugiados en campamentos se calculan cerca de otros 40.000 dispersos por el país).

Consideramos tres raíces principales de esa selva-montaña de la espiritualidad de la resistencia: La fe en Dios, el amor a la tierra y la esperanza en la comunidad. Las tres raíces se trenzan y anudan en su vida. «Nuestra vida es una historia, nunca olvidamos... Nos pasó igual que en la Biblia. Ojalá y hubiera alguien que escribiera lo que hemos venido sufriendo en Guatemala y también por acá...» Veremos y escucharemos sus testimonios en tres etapas de su historia:

1ª Trabajando en nuestra tierra bendita.
2ª Huyendo en la montaña.
3ª Refugiados en los campamentos en México.

 

1ª        Trabajando en nuestra tierra bendita

«Nosotros no teníamos tierras. Por eso cuando se empezó a saber que había unas tierras en el Ixcán para los que quisieran trabajarlas nos salimos de nuestros lugares y llegamos a tumbar la «montaña», a fundar esos pueblos». «El primero de los padres que trabajó para tener esas tierras le gustaba que las parcelas se hicieran como cuñas y que todas llegaran al centro comunitario. Ahí estaba la iglesia, la escuela, la cooperativa. Y luego como en un anillo alrededor estaban nuestras casas, y en otro anillo más amplio los sembrados y por último los potreros para el ganado». «Después las parcelas se hicieron cuadradas». «En cada centro de población había unas 40 familias. Aunque había unos más grandes».

«La tierra era buena, daba de todo: maíz, fríjol, chigua, jamaica, frutas, abejas, animales de patio, ganados...» «La tierra es como una madre y nos cuida y da de comer». «La tierra es una cosa sagrada que es de Dios y se las prestas a sus hijos...».

«Nosotros estábamos bien organizados. Teníamos unas 145 coopera­tivas, una bodega en Huhuetenango». «Vendíamos bien. Sobre todo el… (no se me pudo grabar el nombre de esa planta que exportaban y sacan aceites y otros derivados) que tenían muy buen precio». «Teníamos bien organizada nuestra Iglesia, catequistas, servidores de la Palabra, ministros de la eucaristía. Había muchos estudios tanto de lo material como de lo espiritual».

«Estábamos trabajando bien. Pero luego empezaron a entrar los «ejércitos» (soldados). Primero sólo para enterarse lo que hacíamos. A veces nos robaban al comprarnos algunas cosas y nos las mal-pagaban. Después empezaron a llevarse y desaparecer o matar a nuestros jefes y encabezados de las cooperativas, a los catequistas...». «Veces se disimulaban como «guerrillas» y pasaban a pedir un vaso de agua. Y a la gente le da lástima el sufrimiento...». «Así le pasó a un mi tío, y por la noche se lo llevaron y luego lo encontramos colgado en un árbol». «Los «ejércitos» nos prometieron que nos iban abrir una carretera, y que a conseguir máquinas para trabajar la tierra, pero que firmáramos una solicitud al Gobierno. Y como muchos no sabíamos leer, firmamos. Después me di cuenta que habíamos pedido más ejércitos, dizque para defendemos de la guerrilla».

«Lo que quiere esa gente poderosa, es no perder la mano de obra con bajo salario. Nosotros antes íbamos a trabajar a las grandes haciendas y empresas de la costa. Ellos no quieren que los indígenas, los pobres prosperen». «También los jefes militares codician las buenas tierras». «Los gringos les aconsejaron a los poderosos y a los gobiernos de Guatemala que para prosperar era necesario acabar con todos los indios del país». (Sabemos que ellos tenían un lema: «no hay mejor indio que el indio muerto»).

«Entonces ya se puso más dura nuestra situación». «Al P. Guillermo lo mataron cuando venía en una avioneta. Y a otro de los padres después lo agarraron y lo expulsaron por El Salvador». «Vino luego la masacre de Cuatro Pueblos donde encerraron a muchos dentro de la capilla y le largaron fuego». «Mataban a mujeres y niños. A los niños los azotaban contra los troncos de los árboles o contra las paredes. A algunas mujeres embarazadas les abrieron sus barrigas. Así fue en Guatemala». «Quemaban nuestras casas, las siembras. Les metían machete a los árboles. Hasta a los pobres animales les quitaban un pedazo de carne y los soltaban vivos para que se agusanaran y sufrieran...».

«Por eso tuvimos que salir de nuestras tierras, de nuestras casas». «Cuando regreso a mi pueblo me topo con los ejércitos y me les escondo. Voy a mi casa y ya se había huido mi familia». «Salí con lo que traía puesto». «Mi niño, como un ángel, me dijo que leyera un texto, y él no sabía leer, y encontré aquel pasaje donde dice que José tomara al niño y a su madre y huyeran. Yo había estado terco de no salir y esa noche salí, y esa noche llegaron a quemar mi casa. Yo no puedo dudar de Dios». «Teníamos que dejar lo poquito que ya teníamos. No nos daban tiempo y no podíamos cargar sino a los niños, lo más necesario».

Los relatos sobre esta primera etapa, se multiplican, concentran y detallan en el momento de la huida. Sólo hemos citado algunos pocos. Tratemos de descubrir la «espiritualidad» en estos 14 a 10 años «cuando vivimos TRABAJANDO NUESTRA TIERRA BENDITA».

Me admira y extraña -a pesar de los acontecimientos posteriores— no haber escuchado ninguna queja por haber salido de sus comunidades, ningún resentimiento contra los padres y personas que los invitaron a esta experiencia, prácticamente ninguna frustración por todo el trabajo realizado en abrir y trabajar la tierra. Al contrario un recuerdo cariñoso, agradecido por la tierra tan buena y generosa que les dio vida: Casa, vestido y sustento. La tierra, es como la «providencia» de Dios. Esta experiencia les llevó a conocer otras comunidades indígenas, otras lenguas. Les enseñó a organizarse. Y muchos también atestiguan que descubrieron una manera nueva de vivir la religión.

 

2ª        Huyendo por la montaña

«Andábamos en grupos de 20, 30 ó más familias». «Había jefes de los grupos para organizarnos». «Todo los compartíamos. Algunos llegaban sin nada y había que ayudarles a todos». «Nos toca una tortilla por cabeza para todo el día». «No podíamos hacer lumbre, sino ya de noche, y apagar bien todo antes de las doce de la noche para que al amanecer ya no quedara humo».

«Pues ellos cuando nos veían nos tiraban bombas. Nos escondíamos abajo de las raíces». «Tuvimos que matar hasta nuestros pobres perros para que no latieran». «Las criaturas parecía que entendían y hasta poco lloraban».

«Todas las tardes rezábamos el santo rosario. Leíamos la Palabra de Dios». «Cuando teníamos al Señor, también comulgábamos». «En mi comunidad yo regresé a ver cómo había quedado y fui a la iglesia. Al Santísimo no le habían hecho nada. Lo saqué y lo llevé allá a la montaña». «Si de algo no puedo dudar es que Dios andaba con nosotros. Tantas veces que los ‘ejércitos andaban encima de nosotros y el Señor nos libraba». «Lo único que no puedo decir es que viera a Jesús como es de carne y hueso, pero sí creíamos y sentíamos que El nos acompañaba, que estaba con nosotros».

«La Biblia, muchos no la pudimos sacar, pero la cargábamos en la cabeza, a la memoria de lo que nos acordábamos». «Lo que más nos gustaba era eso del Éxodo, porque nos vino pasando igual a nosotros. También lo de Jesús, su sufrimiento en la vida y en la cruz, y que anduvo huyendo como nosotros».

«Lluvia mucho y casi ni con qué taparnos. Mal dormíamos sobre tapescos que hacíamos de varas, sobre hojas, pedazos de plástico y veces nada teníamos». «Nos escondíamos entre las raíces de los árboles». «Ayu­dábamos a cargar, por ejemplo a los enfermos, a niños y viejitos, o su carga de ellos para que ellos cargaran a su gente. Aunque un ancianito mejor nos pidió que lo dejáramos botado abajo de los árboles. Después lo encontramos muerto y vimos que lo habían torturado. ASÍ FUE EN GUATEMALA...». «Yo allá tuve a esta chamaca. Y así huyendo, qué ganas me daban de morir».

«Aguanté siete meses así huyendo en la montaña, no quería salir a la frontera, por no alejarme de mis tierras, pero no pude más, cuando se me enfermaron los hijos». «Aguanté, poco más de un año. Mi mujer me animaba a seguir allá. Peligraba nuestra vida y mejor nos salimos a México. No nos quedaba muy lejos, nada más había que cruzar un río bien ancho y bien bonito». «Otros siguen allá en las poblaciones en resistencia llevando esa vida ya sobre 10 años. Y no quieren salir».

«Ya cuando salimos buscando la frontera de México, no comimos en ocho días». «Nosotros puro limón pudimos comer por una semana». «Yo estaba muchacha, y venía enferma. Por más que me esperaban ya no podía caminar. Me tiré al suelo para morir, pero un señor me dio un poquito de agua con miel de monte y como que reviví.

Los refugiados nos dicen RESISTIR, sin AGUANTAR. Ellos mismos se admiran de haber «aguantado» tanto. Reconocen unánimemente que sólo Dios, la ayuda de la comunidad y el amor a su tierra les permitió sufrir, y resistir tantas carencias, y penalidades. Sintieron y agradecen la ayuda de Dios para sobrevivir tantos peligros. El compartir y la solidaridad les hizo experimentar que eran una comunidad, un mismo pueblo, aunque anduvieran varias etnias con sus distintos dialectos y también varias religiones. Su historia se unifica, aunque unos vengan de Ixcán, otros del Petén y de otros lugares.

3ª        En los campamentos de México

«Agradecemos mucho a los mexicanos que nos hayan dado posada. Aunque no dejamos de seguir teniendo problemas». «Los primeros tiempos muchas gentes no se quedaban a dormir en las casas. Mejor se iban a dormir a las orillas». «Se nombraban guardias para cuidar el refugio. Había allí, en las Maravillas, un cerro para el lado de la frontera. Pero los ejércitos lo rodearon. Entraron a México. Un señor que estaba enfermo del estómago salió a hacer sus necesidades y cuando lo vieron los ejércitos le dispararon. Y la gente oyó y salió. Se entrecruzaron la gente con los ejércitos en la noche y no se vieron. Es Dios que siempre nos ha andado cuidando, acompañando. Entraron al campamento. Mi papá que se había quedado solo, pudo subirse a un árbol. Cerquita de donde ésta mataron a un hombre, a una mujer y a un niño. Hubo sólo 7 muertos. Pero los ejércitos habían querido echar redada de todos. Luego vinieron reporteros. También espías. Eso sí lo tengo escrito».

Por los años 80 comenzaron a llegar a Chiapas a pedir refugio. Por varios motivos a mediados de 1984 se hizo una reubicación de campamentos. El traslado fue otro gran sufrimiento. Varios miles bajaron de las tierras frías de Chiapas a los calores de Quintana Roo y Campeche. «Se nos murieron muchas gentes. No sólo niños, también adultos».

«Nosotros pasamos varios meses en esas bodegas de China. Vivíamos bien apretados. Peor que animales». «Nos fueron dando material, y nosotros pusimos la mano de obra, para hacer nuestras casas, la Iglesia...».

«Nos dieron unos «mecates» de tierra, como media hectárea, para sembrar maíz, fríjol, jamaica». «Muchos salían a buscar trabajo a Cd. del Carmen, Campeche». «Cuando íbamos a otros estados como Cancún (es sólo un centro turístico), o Tabasco teníamos que conseguir nuestros permisos. Vinieron unas compañías petroleras a llevarnos a trabajar. Anduvimos varios de nosotros entre los pantanos. Yo lloraba pensando mi situación. Allá en Guatemala ya tenía mi buena tierra y ahora pasando estos sufrimientos».

«No tengo ningún pariente aquí en estos campamentos. Pero no me siento solo, sino con muchos hermanos. Esta es mi familia». «También aquí tenemos a Dios que nos ayuda a seguir luchando, a perdonar a esas personas que nos quitaron nuestras tierras, y que nos han hecho tanto mal. Nosotros no queremos mal para ellos, sino que cambien su corazón. Y que nosotros podamos regresar en paz a nuestra tierra».

«En las nuevas poblaciones, Kesté y Laureles ya han dado más terreno. Dos hectáreas. Pero nos falta el agua. Aquí llueve poco. Pero si nos da para comer nuestras tortillas». Bien llamó el poeta Asturias a los guatemaltecos: «HOMBRES DE MAÍZ».

«Cuidamos de no olvidar nuestras costumbres. Pero es difícil. Por ejemplo los cortes de vestido para las mujeres salen muy caros. Eso sí duran mucho. Tenemos nuestras marimbas. Nuestras fiestas. Pero los jóvenes ya no quieren nuestro costumbre». «Seguimos aquí de catequistas igual que allá, aunque nos vamos adaptando a los cambios, a la diócesis de aquí de Campeche».

La Navidad de 1991 la prepararon celebrando las posadas tradiciona­les. Los catequistas escogieron lecturas e hicieron comentarios para iluminar su situación y fortalecer una espiritualidad de resistencia. Espontáneamente iban comparando su situación con la de los peregrinos, José y María que no tenían posada, con la de Jesús que tuvo que huir a Egipto. «El Niño Jesús fue también un REFUGIADO como nosotros».

Sin embargo, algunos catequistas no quieren que se hablen de esos problemas de la vida del pueblo. Estas divisiones internas de la comunidad preocupan mucho a los dirigentes más conscientes.

«Ahora, ya nos están apretando. Nos quieren dejar como sin salida. ¿O te vas para tu patria o te haces mexicano?». «Muchos ya no quieren regresar, tienen miedo, ya se van acomodando aquí... Otros quieren regresar ya, a como dé lugar». «Y lo malo es que a veces nos vamos dividiendo entre la misma comunidad, y hasta entre la misma familia por ese problema. Tenemos que regresar juntos, como pueblo unido».

La coyuntura internacional (ej. la paz en El Salvador) es propicia para lograr el retorno. Las COMISIONES PERMANENTES están negociando con claridad y firmeza el complicado proceso del retorno, los derechos humanos de los refugiados y las condiciones justas y dignas de vida allá: tierras libres, no quedar como guardias civiles...

Los REFUGIADOS GUATEMALTECOS con su «espiritualidad de resistencia» van encontrando una SALIDA y abriendo un CAMINO. Nos han revelado grandes misterios de Dios y del Pueblo en esa experiencia de 1968 a la fecha. La historia de ese pueblo con su «espiritualidad de resistencia»: fe en el Dios de la Vida, amor a la tierra, y esperanza comunitaria nos aportan luces para comprender mejor los 500 años de resistencia del pueblo pobre: indígenas, negros, campesinos, y obreros de América Latina.

La «espiritualidad de resistencia» de nuestros hermanos guatemaltecos refugiados nos da claves de lectura e interpretación de la Biblia. Ciertos textos bíblicos, leídos desde los campamentos y con los refugiados, adquieren un nuevo significado porque, aunque las letras sean las mismas, nuevos son los ojos y la luz con que se miran e interpretan la Biblia y la Vida.

«El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo ahí hasta la muerte de Herodes. El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquéalo reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí...» (Mt 2,13-23).

Javier Saravia
Altamirano 121
91,000 Xalapa Ver.
México

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.





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