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UNOS CONSEJOS QUE NO SON TAN NATURALES, NI TAN COLMILLUDOS COMO PARECEN

(Lc. 14:7-14)

José Cárdenas Pallares

 El reinado de Dios significa transformación de las relaciones interpersonales. Implica el abandono de toda búsqueda de privilegios clasistas. Es la negación de todo exclusivismo. Es exigencia de ver a las víctimas del dinero con los ojos de Dios. Es vivir desde ahora la grandeza de la resurrección y el triunfo definitivo de la justicia divina.

The sovereignty of God means transformation in inter-personal realtions. It implies in one's giving up the search for class privileges. It means the negation of any exclusiveness. It means a requirement for us to look at the victims of money through God's eyes. It means to live now and today the greatness of resurrection and the definite triumph of God's Justice.

 

1. Un mundo sin “números uno”...

a) A principio de cuentas, debemos ver que aquí hay dos exhortaciones de Jesús; la primera va dirigida a los invitados, la segunda al que invita. Pero eso no es todo; ambas exhortaciones tienen la misma estructura:
1) la conducta criticada;
2) la conducta exigida;
3) la promesa escatológica.

Si nos fijamos más detenidamente, veremos que ahí no se agota el parecido. Cada una de las partes está construida de la misma manera:

1) “le dijo a w”, v.7 y v12a.;
2) “cuando”X”..., no “y”..., v.8, y
no vaya a ser que..., v.12b;
3) más bien cuando “x”... haz, “z”, v.10a y v. 13;
4) entonces te sucederá que..., v.10b y v.14;
5) en los dos casos se trata de un banquete.

Por si fuera poco, al final de ambas exhortaciones tenemos un verbo en futuro pasivo, que hace referencia al resultado en la vida terrena (vs. 10c y 14a) y en la eterna (vs. 11a y 14b).

La ley estructural del paralelismo antitético, que está en la base de ambas frases conviviales, pone la regla de la sagaci-dad profana a la luz de la “resurrección de los justos” del v. 14b 1.

Esta lectura es exigida por la introducción: “Jesús les dijo una parábola...”, y por el v. 11; ambas frases enmarcan las palabras aparentemente mundanas de Jesús. O sea, que no se trata de una simple regla de prudencia, al estilo de Prov. 25:6-7, “sino que en el contexto del c. 14, estas palabras pueden ser consideradas como parábolas en sentido estricto, como revelaciones sorprendentes del Reino” 2.

b) La sociedad en que vivió Jesús era eminentemente rural. Incluso los que vivían en la ciudad, vivían del campo. En la agricultura se basaba toda la economía. Esa sociedad estaba compuesta en su inmensa mayoría por gente muy pobre, más bien miserable.
Esa sociedad era muy cerrada. Los grupos dominantes y sus ayudantes inmediatos reducían al mínimo sus contactos con los demás.
La movilidad social era algo sumamente excepcional. En esta clase de sociedades

...los tratos alimenticios son un barómetro delicado —una especie de declaración ritual— de las relaciones sociales, y por eso el alimento se emplea como instrumento para iniciar, sostener o destrozar el mecanismo de sociabilidad 3.

Por eso no es de extrañar que en la mayoría de los banquetes relatados por los evangelios, se trate de relaciones entre un grupo privilegiado de gente, que quiere salvaguardar y hacer valer su categoría a como dé lugar, pues se trata de “rango y de status basado en la comparación con otros” 4. De hecho, en nuestro caso,

...por la combinación de frases convencionales y de archiconocidas figuras literarias, vemos que más bien se describe una situación típica, no un caso concreto 5.

c) Lo que aquí aconseja Jesús, acaba con ese rango o status. Para Jesús, el ser invitado a la fiesta (también podemos aplicarlo a la fiesta de la vida, de la comunidad, de la salvación) es un regalo. Lo importante es estar agradecido con quien nos ha invitado, compartir la alegría con él y con los demás. La búsqueda de honores, la autopromoción, no sirve para nada.
No tiene sentido tratar a los demás como inferiores, porque con esto se aleja uno de los demás, no puede ser apreciado (v.9). Pero sobre todo, porque al tratar a los demás como inferiores, uno vale menos ante Dios (v.11).
Es una nueva mentalidad. Es otro ideal de sociedad, en la que no hay lugar para la presunción; porque no hay primeros, no hay quien haga que los demás sean los últimos. Es un desatino buscar sobresalir haciendo menos a los demás y aceptar el Reinado de Dios (9:46-48), pues el modo de relacionarse entre los que aceptan el Reinado de Dios debe excluir el hacer menos a los demás (18:15-17). La razón fundamental es ésta: en el Reinado de Dios nadie es pequeño (18:17), todos valen (14:21-23). En el banquete del Reino los asientos de honor son para todos (9:14-15). En el Reino de Dios no tiene sentido humillar o someter en ningún plan a nadie.
Esto lo dice Jesús, que es él mismo un invitado. Con su palabra y su ejemplo los está invitando a romper un círculo de relaciones muy estrecho. Porque él no quiso imponerse de ninguna manera a los demás, pudo ser amigo de todos (5:27-30). Para él no hubo “pocas cosas” (9:46-48), ni proscritos (5:31-32.15:2). Para él la única grandeza consistió en servir a los demás (22:27).
Con él, el impuro queda limpio (5:12-16), el pobre es invitado      a la fiesta (9:10-17), “y por lo tanto queda incluido en la comunidad (14:21)” 6.
Para Jesús no se trata de intercambiar o de buscar honores, sino de dar desinteresadamente, porque sólo así tiene uno valor ante Dios (v.11).

d) La etiqueta de Jesús no es la acostumbrada en su tiempo, ni ahora. A él le importa más la salud de un hidrópico que todas las leyes religiosas reverenciadas por sus comensales (14:1-6). No le interesa quedar bien con nadie, y menos en un plan de mera apariencia; por eso habla claramente a los demás comensales de lo que posibilita la verdadera convivencia, es decir, de lo que nos hace grandes ante Dios (14:7-11), y de la única manera de disfrutar de la compañía de los demás: el desinterés. Solamente así nuestra ganancia será total y definitiva (14:12-14). Porque únicamente así podremos aceptar el proceder de Dios. Sólo así podremos tener parte en el Reinado de Dios (14:15-24).

 

2. ...y sin oportunistas

a) Durante la comida, que simboliza un tiempo de hermandad y de cohesión, surge un conflicto entre Jesús y los fariseos 7; y éste surge por iniciativa exclusiva de Jesús. El acaba con la tranquilidad y el respeto aparente. En realidad, Jesús está rompiendo con las reglas del juego.

b) ¿Quién podía invitar a un banquete en la Palestina de entonces? Solamente los muy ricos o los que trabajaban para ellos prestándoles algún servicio de tipo administrativo, cultural, artesanal o artístico. O sea, a lo más, la décima parte de la población.
¿A quién invitaban? A los que podían retribuirles el favor.

Esta es la justificación fundamental para hacer regalos (o favores) en la sociedad helenista. El fin con que se hacía un favor era el que tarde o temprano se cobrara. Un ejemplo claro de ello son las acciones emprendidas por el mayordomo de Lc. 16:3-7 8.

Jesús está comiendo con un jefe de fariseos (14:1). Estos pertenecían a la “crema” del lugar. Entre ellos eran frecuentes los banquetes.

Por medio de tal hospitalidad se conservaba el grupo en su identidad como grupo, se fortalecían las lealtades de grupo y los lazos internos.

Por supuesto que se trataba de

...un círculo excluyente. Se admite únicamente a los que pueden devolver el favor. Sus intercambios fortalecen la cohesión del grupo y su posición dominante en la sociedad 9.

En cambio, el tipo de relaciones humanas que propone Jesús es el acabóse de toda clase de exclusivismo y de cualquier clase de dominación.

c) Jesús pide generosidad y convivialidad con la gente peor vista y a la que no se le podía sacar tajada alguna: con los pobres, con los mutilados, con los rencos y con los ciegos. O sea, con gente considerada impura. Con gente que no podía entrar al templo, gente a la que hasta el rey David detestaba (2 Sam. 5:8). Ni el ciego, ni el renco, ni el de pierna o brazo rotos, podían acercarse a ofrecer el alimento de Dios (Lev. 21:17-19). El ciego y el inválido estaban condenados a la mendicidad (18:35-43). Lo mismo se puede decir del renco (Hech. 3:1-10). La vida del pobre era muy dura. Además de carencias, a cada rato sufría desprecios y humillaciones (Prov. 10:15. 14:20. 18:23; Sir. 13:3. 40:28-30).
Precisamente con esta gente, que no da ni prestigio, ni acarrea ningún beneficio económico, que incluso pone en peligro la pureza ritual, es con la que Jesús recomienda la familiaridad, con los excluidos; esa es la clase de gente para la que él vivió (7:22).
Esta gente no ayuda a subir en la escala social. Para colmo, “no hay que esperar de ellos ni siquiera alabanza o gratitud” 10.

Este consejo de Jesús, relatado por Lucas, está muy alejado de la sabiduría de Prov. 6:1-5. 17:18, lo mismo de la actitud un poco más abierta de Sir. 29:14-20, ya que estos textos recomiendan prácticar la benevolencia hacia los demás, en aquellos casos que no se corre el riesgo de salir perdiendo 11.

Estamos en el mismo clima espiritual del Sermón del Llano (6:31-38). No se trata de sacarle jugo a nadie, ni de comprar lealtades, ni de convertir a los demás en medio para acumular prestigio o poder. Se trata de ser misericordiosos como nuestro Padre celestial (6:36).
De aquí el carácter doblemente paradójico de esta exigencia de Jesús: Dichoso el que convive con los marginados. Dichoso el que se descasta al grado de hermanarse con los parias. Dichosos, porque no les pueden pagar los favores que les hace. Dichosos, porque por el bien de ellos pierden dinero y el prestigio dado por el roce social. Dichoso el que se ha hecho como uno de estos desechos (18:17). Dichoso “el que refle-ja en su conducta lo que está sucediendo en la llamada al Reino de    Dios” 12.
Este es un testimonio del radicalismo único de Jesús 13. Se trata de compartir a la manera de Dios.
Quien obra así, no dejará de recibir su recompensa, “pero ésta no se la dará el beneficiado, sino sólo Dios” 14, y no consistirá en bienes que los ayuden a dominar o a aprovecharse de los demás. No se trata de acumular más poder, sino de buscar el Reinado y la justicia de Dios (12:31).
Jesús recomienda fraternizar con los pobres y con toda clase de excluidos, pues la honra a éstos es la honra inequívoca a Dios (9:48). Por esto, Dios actúa en nombre y en lugar de los más desamparados (14:14c).
El que obra así es tan dichoso como el que no se escandaliza de Jesús (7:23), como el que escucha la Palabra de Dios y la guarda (11:28), como el que será sentado a la mesa y servido por el Señor mismo (12:37-43).
Esta actitud totalmente desinteresada coloca a uno entre los justos que resucitarán, pues solamente si se ha compartido la alegría con los carentes de bienes y de respeto, se pude tomar parte en el triunfo definitivo de la justicia divina.

d) Es probable que el fuerte trabajo redaccional de esta perícopa pueda explicarse sólo con el trasfondo de un problema interno de la comunidad. Ciertamente, los “topos” tradicionales de la literatura simposiaca... aquí están condicionados por la experiencia diaria y concreta de la comunidad 15.

Con esto, San Lucas deja en claro que la comunidad debe romper con el exclusivismo social. En ella el necesitado debe sentirse y estar en pie de igualdad con los demás (Hech. 4:35). Más aún, ella debe ser un factor determinante en la lucha contra la injusticia y la desigualdad (Hech. 2:43-47. 4:32-37).
Porque esto no se quede en sueño, hay que modificar los valores sociales y la conducta. De hecho, la verdadera fe en el Reinado de Dios que llega con Jesús puede ser un maravilloso antídoto a todo el carrerismo, al oportunismo y demás comportamientos que convierten a los demás en peones de ajedrez, en trampolines o en viles comparsas. O sea, que la fe en Jesús, si es auténtica, debe derrumbar lo que entroniza la desigualdad y la mentira que se apodera de la vida.
Estos valores sí podemos vivirlos día tras día. Al vivirlos se puede percibir el alborear de un nuevo día.

José Cárdenas Pallares
Capilla del Rosario
Lázaro Cárdenas 140
28.869 Salahua, Col.
México.

1 J. Ernst, Das Evangelium nach Lukas, pág. 439 (Pustet, 1977).
2 D. L. Tiede, Luke, pág. 264 (Augsburg Press, 1988).
3 M. Sahlins, Stone Age Economics, pág. 215 (Aldine Publishing, 1972).
4 H. Moxnes, The Economy of the Kingdom, pág. 135 (Fortress Press, 1988).
Ibid., pág. 135.
Ibid., pág. 137.
7 B. Brandon Scott, Hear then the parabole, pág. 164 (Fortress Press, 1990).
8 Ph. F. Esler, Comunity and Gospel in Luke-Acts, pág. 194 (Cambridge University Press, 1987).
9 H. Moxnes, op. cit., pág. 131.
10 Ibid., pág. 132.
11 C. Cavallin, “Bienheureux seras-tu... á la résurrection des Justes, en lá cause de l’évangile”. Mélanges J. Dupont, pág. 544 (Du Cerf, 1985).
12 R. C. Tannehill, The narrative unity of Luke-Acts, pág. 184 (Fortress Press).
13 Cfr. C. Cavallin, op. cit., pág. 545.
14 H. Moxnes, op. cit., pág. 134.
15 F. W. Horn, Glaude und Handeln in der theologie des Lukas, pág. 101 (Vandenhoeck und Ruprecht, 1986).

 
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