www.clailatino.org

Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



EL LIBRO DE LA COMUNIDAD
(Juan 13-17)

Francisco Rubeaux

 

Resumen

Análisis estructural, teológico y pastoral de Jn. 13-17. Esta sección forma un bloque entre el libro de los signos (1, 19-12, 50) y el libro de la realización o glorificación (18, 1-20,31). Se distinguen dos partes: 13, 1-14, 35 y 15,1-16,33. La primera responde más bien a la época de Jesús y la segunda a la época de la comunidad joánina que sufre persecución y odio de parte de la sinagoga y el mundo. También el capítulo 17 tiene este doble contexto: vv. 1-19 y vv. 20-26. Los temas: lavar los pies, comer el pan, vivir en fraternidad, la fuerza de la comunidad, el Espíritu de la Verdad, permanecer en Jesús, el odio contra la comunidad, los discípulos están en el mundo, sin ser del mundo.

Abstract

Structural, theological and of pastoral analysis of John 13-17, which forms a block betweeen the book of signs (1,19-12,50) and the book realization and gorification (18, 1-20,31). Two parts are distinguished: 13, 1-14, 35 and 15,1-16,33. The first has to do with the time of Jesus, and the second with the time of the Johannine community as it suffered hatred and persecution by the synagogue and the world. Chapter 17 also has this double context: vv. 1-19, and 20-26. The themes: the washing of the feet; eating bread; living in fraternity; the strength of the community; the Spirit of the Truth; remaining in Jesus; the hatred directed against the community; the disciples are in the world but not of the world.

En la actual estructura del evangelio según Juan, los capítulos 13 a 17 forman una unidad. Ellos están insertos entre las otras dos partes del libro que los exegetas acostumbran llamar Libro de las señales y libro de la gloria o de la realización. Con referencia a la última cena, el texto de Juan es muy diferente a los relatos de la última cena de los sinópticos. A excepción del lavatorio de los pies, el texto es un gran discurso atribuido a Jesús: es el testamento espiritual del Maestro para sus discípulos, como encontramos ya en el Antiguo Testamento los discursos de despedida de Josué (Jos. 23), de Samuel (1 Sm. 12), de David (1 R. 2,1-9) y de Matatías (1 Mac. 2,49-68).

Jesús se presenta a sus discípulos como modelo. Como yo hice... ustedes también hagan, Este es el consejo (verdadera orientación-Torá) que el Maestro deja para sus discípulos de todos los tiempos y lugares. Ellos tienen por misión continuar en su contexto la práctica liberadora de Jesús.

Así como Jesús, por sus señales, reveló la gloria de Dios y realizó plenamente esa gloria en su Muerte y Resurrección, que por eso Juan llama glorificación, los discípulos han de manifestar la gloria divina por medio de señales, manifestando de esa manera la presencia salvífica de Dios en la Historia.

En esos capítulos encontramos las señales que toda comunidad cristiana debe manifestar en su práctica: quien cree en mí, hará las obras que hago e inclusive las hará mayores (Jn. 14,12). Podemos representar gráficamente la construcción literaria del libro de Juan de la siguiente forma:

 

Prólogo

Libro de las señales

Libro de la comunidad

Libro de la realización o glorificación

Epílogo

1,1-18

1,19-12,50

13,1-17,26

18,1-20,31

21,1-25

 

Es ese bloque que llamamos Libro de la comunidad, el que ahora analizaremos con más detalle. Nuestro estudio se dividirá en dos partes, siguiendo así una ruptura literaria presente entre el final del capítulo 14 y el inicio del 15: ¡Levantaos! Partamos de aquí (Jn. 14,31). Pensamos que los dos primeros capítulos de ese Libro de la comunidad son fruto de una primera redacción, en un momento en que la comunidad joanina vivía un cierto tipo de realidad. Los capítulos 15 y 16, en cambio, reflejan una realidad diferente que deberá ser tomada en consideración en el discurrir de la interpretación.

1. Si comprendieseis esto y lo practicaseis, felices seréis (Jn. 13-14)

1.1. La comunidad de los discípulos (Jn. 13)

En un primer momento Juan nos retrata lo que es ser comunidad cristina, cuáles son las características, las señales a ser manifestadas por la comunidad, siguiendo así el ejemplo de Jesús.

Si observamos el vocabulario del capítulo 13 podemos proponer una triple división del texto, en la que cada parte nos presenta claramente una dimensión de la vida comunitaria.

 

1.1.1. Lavar los pies (Jn. 13,1-17)

Del v. 1 al 17 inclusive tenemos la descripción de la escena del lavatorio de los pies, donde la expresión lavar los pies aparece 7 veces. Esa consideración del vocabulario nos indica dónde se sitúa la esencia de la narración. No obstante el lavatorio de los pies será un simple gesto de servicio, pues sabemos que en la tradición cultural de los judíos -y de los pueblos del Cercano Oriente- lavar los pies era un rito de hospitalidad (ver Lc. 7, 44) a ser hecho por el anfitrión. Con el pasar del tiempo esa tarea fue confiada a las mujeres o a los esclavos. Jesús, por tanto, asume la función de esclavo. El se hace el servidor de Yavé según el profeta Isaías. Esta perspectiva nos conduce a preguntarnos si el lavar los pies no tiene, por consiguiente, un significado más profundo, más allá del servicio de hospitalidad y acogida prestado. En la reflexión siguiente nos permitimos acompañar lo que dos exegetas, Juan Mateos y Juan Barreto, en su obra magistral El Evangelio de San Juan, proponen: la expresión dejó el manto, y su correlativa del v. 12: tomó el manto, están en paralelo con Jn. 10, l7ss: entregar la vida/recuperarla. Dejar el manto simboliza pues dar la vida; es la vida que Él da por sus amigos (Jn. 15,13). Pero inmediatamente Jesús toma una toalla, símbolo del servicio. Con su acción de lavar los pies enseñará a los suyos cuál ha de ser su actitud, lo que significa el amor leal: servir a la persona hasta dar la vida como Él (ver la obra citada, pág. 562).

Él, que es el Señor y Maestro, y de hecho Él es (Jn. 13, 13), acaba de mostrar en qué consiste su soberanía y su magisterio: servir a sus hermanos hasta la entrega de la propia vida. Mientras el poder político, el Señor (Kurios) de Roma, y el poder religioso (Didascalos), los maestros del fariseísmo oficial, se exaltan y exigen homenajes y títulos, Él, el Hijo de Dios, da el ejemplo de la más alta grandeza: se hace igual a los otros, asumiendo el servicio de dar a cada uno la posibilidad de hacerse hijo o hija de Dios (Jn. 1,12-13). Podemos, de hecho, con el símbolo del agua del lavatorio de los pies, recordar el gesto que hace de cada uno de los seguidores de Jesús un discípulo: el Bautismo . Por el signo del Bautismo la persona adhiere a Jesús -la fórmula litúrgica antigua usada en el Bautismo era: en el nombre del Señor Jesús (Hch. 2,38)-, entra en comunión con Él, tiene parte con Él. Al rechazar el lavatorio de sus pies por Jesús, Pedro se coloca en una posición de separación. Adhiriendo a Jesús, por el Bautismo, el discípulo se compromete con la práctica de su Señor y Maestro. Él se compromete a amar a sus hermanos hasta el extremo (Jn. 13,1), esto es, hasta la entrega de la propia vida. Es en esa práctica que el encontraría la verdadera felicidad (alêtheia).

Nuestro primer bloque (Jn. 13,1-17) termina con una bienaventuranza: si comprendieséis esto y lo practicaséis, felices seréis (Jn. 13,17). Pese a que en Juan no hay bienaventuranzas como sí hay en Mateo y Lucas, encontramos dos afirmaciones de esa felicidad: en la práctica y en la fe (Jn. 20,29). Aquí la bienaventuranza de la práctica viene a reforzar la orientación propuesta por Jesús: Como yo hice con vosotros, también haced vosotros (Jn, 13;15). Esa insistencia en la importancia de la práctica revela sin duda una situación crítica en las comunidades joaninas. Había una gran tendencia a reducir el Evangelio a una doctrina, a un conocimiento superior dado a iniciados. Es el problema fundamental entre la teoría y la práctica cuando las dos realidades son vistas como opuestas antagónicamente, en lugar de ajustarlas en una complementariedad enriquecedora. En la primera carta de Juan ya encontramos esa advertencia: Aquel que dice: Yo lo conozco, pero no guarda sus mandamientos. es un mentiroso y la verdad no está en él (1 Jn, 2,4).

La primera parte del capítulo 13 nos invita, por lo tanto, a considerar el gesto capital de Jesús: amó hasta el extremo, dando su vida para que todos puedan hacerse hijos e hijas de Dios. Actuó así Él, que es Señor y Maestro. Nosotros, bautizados, comprometidos con su práctica, tenemos igualmente que lavarnos los pies los unos a los otros siguiendo su ejemplo, dando nuestra vida hasta las últimas consecuencias, y en esa práctica encontraremos la verdadera felicidad.

Al releer el libro de Juan, aún hoy escuchamos ese llamado del Señor y Maestro. Un llamado que resuena con más fuerza en medio de nosotros, cuya mayoría se dice cristiana y que tantas veces olvida el servicio de la entrega de la vida y asume la actitud del Señor-Roma o del Maestro-Fariseísmo.

1.1.2. Comer el pan (Jn. 13, 18-30)

 

Esa práctica de Jesús -dar la vida para que todos tengan vida no es aceptada por todos: no hablo de todos vosotros (Jn. 13,18). Porque no hay comunión de práctica, tampoco hay comunión de mesa. En esta segunda parte del capítulo el vocabulario se centra en la palabra pan. El proyecto de vida propuesto por Jesús es simbolizado en compartir el pan. Partir el pan: he aquí la práctica fundamental del proyecto. Es ese signo de compartir el que quedaría de generación en generación como la marca registrada de la comunidad cristiana. Sin embargo, en la mesa de Jesús hay alguien que escogió otro proyecto: Judas Iscariote. El escogió el proyecto del diablo pues su corazón (el centro de la decisión y de la voluntad de ejecutarla) esta tornado por el proyecto de entregar a Jesús a los que temen el proyecto del compartir (Jn. 13,2; Jn. 11,45-54). El proyecto diabólico encuentra su sustentación en el dinero. Judas es quien guardaba la bolsa común, y es quien traicionó a Jesús entregándolo por dinero. Aquí entran en conflicto el proyecto del Compartir (el pan compartido) y el proyecto de la economía explotadora -el sistema esclavista en la época del Imperio Romano; el sistema capitalista para nosotros hoy-. La comunidad, una vez más, es invitada a recordar y a reafirmar su compromiso. La mesa del pan compartido permanece en el seno de la comunidad como el signo de la Memoria de Jesús, de su práctica asumida hasta la entrega de la vida. Si el evangelista no se preocupa por narrar la institución de la Eucaristía el discurso sobre el Pan de Vida en el capítulo 6 ya dio a conocer el sentido profundo del pan y el vino para la comunidad-, si quiso dejar clara la actitud interior que cada participante debe adoptar: es el punto culminante de una práctica existente en el día a día de la vida del discípulo y de la comunidad. Estar a la mesa con Jesús compartiendo el pan significa la opción hecha de una vivencia fraterna, así como justa económicamente en la repartición de los bienes. Las comunidades joaninas, como las nuestras, son interpeladas por esta narración. Nosotros estamos con Jesús en su mesa, mesa eucarística, mesa de la Palabra. ¿Estamos también con Él en nuestra práctica social? ¿Qué proyecto asumimos?

1.1.3. Vivir la fraternidad (Jn. 13,31-38)

 

La segunda parte del capítulo termina con la salida de Judas del seno de la comunidad. Él hizo su opción: escogió las tinieblas, la noche (Jn. 13.30), ahora estamos encaminados hacía la plena realización de la gloria (Jn. 13, 31). Un último signo es pedido a la comunidad de los discípulos: Amaos los unos a los otros como yo os amé (Jn. 13,34). Este es el nuevo y único mandamiento que podrá manifestar la pertenencia al grupo de los discípulos: En eso conocerán todos que sois mis discípulos (Jn. 13,35). La novedad del mandamiento reside en tres aspectos. En primer lugar, es el único. No hay más 10, mucho menos 613, como para los fariseos, sino un sólo y único mandamiento. En segundo lugar, ese mandamiento se halla totalmente orientado hacia el relacionamiento entre las personas. No se pide amor a Dios, o a Jesús. El único requisito es amar al hermano. Finalmente, el tercer aspecto reside en la medida, en la intensidad de ese amor. Como yo os ante. No hay cómo esconderse o darse una buena conciencia. El amor fraterno tiene que estar a la altura del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, esto es, hasta el extremo. Y así el capítulo 13 termina como había comenzado: el amor en su plenitud consiste en dar la vida. Jesús da el ejemplo y de este modo glorifica al Padre y es glorificado por el Padre. La gloria de Dios se manifiesta cuando el amor llega a su plenitud. Ahora bien, ese amor es donación para la vida. La gloria de Dios, por consiguiente, está en la vida y es manifestada por todos aquellos que luchan, defienden y hacen realidad la vida. Para esto es necesario arriesgar la propia vida, y otra vez Pedro muestra su incapacidad. El aún no está en condición de acompañar al Señor y Maestro. Entrar en ese seguimiento de Jesús exige lucidez y coraje, pues son muchas las posibilidades de desistir y de caer.

En nuestras comunidades, ¿cómo vivimos el amor fraterno? ¿Cuál es el objetivo de nuestra convivencia comunitaria: la organización de una asociación de amigos o un grupo comprometido con la vida? Cuántas veces la práctica del Evangelio se ha convertido en un conjunto de prácticas rituales, dando lugar para una espiritualización de la vida cristiana. El evangelista Juan guardó fielmente la memoria del testamento espiritual de Jesús. Un testamento plenamente enraizado en la realidad cotidiana, que exige compromiso y opción, como Jesús lo hizo en una fidelidad total al Padre.

1.2. La fuerza de la comunidad (Jn. 14)

1.2.1. No se perturbe vuestro corazón

Siguiendo el mismo proceso de análisis del vocabulario, en este capítulo 14 llegamos a diferenciar tres elementos fundamentales, generadores de fuerza y mística para que la comunidad realice su misión. Pero esta vez no vamos a encontrar esos tres elementos en una secuencia literaria como en el capítulo anterior. Aquí los tres temas están interrelacionados como hilos tejiendo una tela, ellos corren juntos en todo el capítulo.

El primero de esos elementos es la certeza de que Dios es Padre. Esa denominación de Dios se encuentra 23 veces en todo el capítulo. Si Dios es Padre de Jesús, Él también es Padre de los discípulos, por eso no hay por que inquietarse. Como Padre que Él es, no los dejará huérfanos después de la partida física de Jesús. Por el contrario, Él mismo vendrá a hacer morada en el corazón (centro vital) del discípulo. La comunidad será su nuevo templo, como Jesús ya lo había dicho a la samaritana (Jn. 4, 23-24). Más aún, ese Padre que para los discípulos parece tan distante, se reveló en Jesús: Quien me vio, vio al Padre (Jn. 14,9), pues el Padre está con el Hijo y el Hijo esta en el Padre. Ellos, que convivieron con Jesús todos esos años, saben por ende quien es Dios, Padre amoroso y atento, preocupado por la vida y que amó tanto al mundo que le dio a su propio Hijo (Jn. 3,16). Dios es Padre al ejemplo de Jesús en su relacionamiento con los discípulos: Señor y Maestro que se abaja para lavar los pies; esto es lo que ellos acaban de ver en Jesús. Quien me vio, vio también al Padre, y ellos vieron a Jesús lavando los pies; he aquí la actitud fundamental del Padre también. Todo lo que Jesús hace y dice. todo lo aprendió del Padre. Si junto a Jesús los discípulos se sienten seguros y no tienen miedo, Dios -Aquel que está con ellos- es igualmente presencia segura.

A las comunidades desanimadas, con dudas, Juan les recuerda quién es Dios para quien cree en Jesucristo, pues Jesús es el camino que lleva al Padre, y en Él se encuentra la vida, única verdad para la persona, pues es en ella que la persona se realiza plenamente. Cual es la comunidad que hoy no pierde el coraje en el conflicto permanente de lo cotidiano. Es necesario testimonial una realidad (= verdad) que el mundo no acepta porque cree en otro tipo de vida, organiza otros caminos. El coraje de quien cree en Jesús debe ser grande. El evangelista nos hace redescubrir la fuente de la profunda mística: Dios es Padre, y Padre de la misma manera como ustedes vieron actual a Jesús, relacionarse y entregarse.

1.2.2. El os dará otro Consolador

 

Esa confianza en un Dios que es Padre es fortalecida por la presencia del Espíritu. El Espíritu que será dado (Jn. 19,30) en la hora de la glorificación, será la presencia viva y dinámica (dunamis) junto a la comunidad y a los discípulos. Aún no fue dado (Jn. 7,39), no obstante Jesús lo presenta como la substitución de su presencia física: El Padre os dará otro Consolador para que esté siempre con vosotros (Jn. 14,16). Esa nueva presencia será defensa (Paráclito = abogado de defensa) en la hora del testimonio delante del mundo. Él asistirá y ayudará. El Espíritu será asimismo la luz que ayuda a comprender las enseñanzas de Jesús y del Padre, y hará recordarlos (repasar en el corazón, lugar por excelencia de la memoria). Él es el Espíritu de la verdad, o sea, Aquel que comprueba la realidad última de la vida.

Esa realidad última es la voluntad del Padre plenamente realizada en la justicia, en el amor, en la fraternidad, en la libertad, por eso el mundo no lo puede reconocer ni recibir. En este capítulo 14 encontramos las primeras logias respecto del Espíritu Santo, realidad específica de la vida de las comunidades cristianas. Ellas son el fundamento de una pneumatología joanina que revela el estilo de vida de esas comunidades; ellas son eminentemente carismáticas, es decir. conducidas por el soplo del Espíritu de Cristo. En la confianza de que Dios es Padre y que el Espíritu Santo está con él, el discípulo de Jesús se vuelve el verdadero santuario de la presencia de Dios. En él habitan el Padre y el Hijo, siempre que él guarde y observe los mandamientos de Jesús. Tener y observar significa conocer y poner en práctica, como ya vimos en el apartado anterior: la bienaventuranza de la práctica.

Es en la figura de ese discípulo que se revela el rostro del discípulo amado. De hecho, Juan nos afirma que el discípulo que así actúa, ama a Dios y es amado por Dios. Así pues, el discípulo amado es todo y cualquier discípulo de Jesús, que pone en práctica su proyecto, que continúa la obra de Jesús por los signos de la vida entregada, del pan compartido, de la fraternidad igualitaria, y hasta haciendo obras mayores que el Maestro.

Como podemos constatar, estos dos primeros capítulos del Libro de la comunidad forman una unidad, nos brindan las características fundamentales de la comunidad joanina, tal como ella misma se identificaba a partir de la memoria que tenía de su Señor, de su Palabra y de su práctica.

Como ya señalamos en la introducción de este trabajo, existe entre el capítulo 14 y el capítulo 15 una cierta ruptura literaria marcada por el final del versículo 31: ¡Levantaos! Partamos de aquí. A partir del capítulo 15 los mismos temas de los dos capítulos anteriores son retomados, sólo que en un contexto que parece ser totalmente diferente. Si en los capítulos 13 y 14 estábamos en el contexto de la Pasión de Cristo, de su última cena junto con sus discípulos y podíamos casi revivir con ellos esos últimos días del Maestro, compartiendo sus angustias, sus interrogantes y sus inseguridades, ahora estamos en un contexto donde existe también el sufrimiento, el dolor, la persecución, y se habla de igual forma de muerte próxima, pero, ya no de Jesús, sino que se trata de los propios discípulos.

Por ese motivo adelantamos la hipótesis de que esos nuevos capítulos sean de formulación y de redacción posteriores, en una época en que las comunidades enfrentan la persecución y tienen que dar el testimonio de Jesús en medio de un mundo hostil. Intentaremos hacer ahora un comentario de esos capítulos en esa perspectiva.

2. Cuando la mujer está para dar a luz... (Jn. 16,21)

 

2.1. Permaneced en mí (Jn. 15,1-17)

 

El inicio del capítulo 15 recuerda a la comunidad quién es ella. Tenemos aquí las características fundamentales de una comunidad cristiana según la visión joanina.

Jesucristo, que es el fundamento de toda comunidad por ser el nuevo pueblo de Dios, es la verdadera viña (Jn. 15, 1).

Esta afirmación trae a la memoria de la comunidad el tema profético de la viña como pueblo de Dios (Isaías, Miqueas, Jeremías...). Toda la historia de Israel encuentra en él su plena significación y realización. Él da el sentido final de aquello que es y cómo debe ser el Pueblo de Dios, Él es la verdadera vida de la cual va a nacer el nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia, conformada por todas las comunidades unidas entre sí, como lo están las ramas entre sí y con el tallo de la viña. En esta perspectiva, mirando el vocabulario de esos versículos encontramos 11 veces el verbo permanecer que da a todo ese texto la connotación principal. Si recordamos que estamos en tiempos de persecución, es evidente que el evangelista quiere convencer a las comunidades de que encontrarán fuerza y coraje en Cristo Jesús, y es así como termina el capítulo 16: ¡Animo!, yo he vencido al mundo (Jn. 16,33). La comunidad solamente vive por la vida de Jesús: Sin mí, nada podéis hacer (Jn. 15,5). Sólo será posible que las ramas den fruto si permanecen unidas a la viña, y ¿cuáles son esos frutos? Los frutos de la vivencia del proyecto, a ejemplo de Jesús, y por ese motivo estos frutos serán la gloria del Padre, como Jesús glorificó al Padre por la donación de su vida. La práctica liberadora de los discípulos manifiesta la presencia de Dios en la historia y testimonia su voluntad.

Esa nueva práctica genera asimismo nuevas relaciones entre los miembros de la misma comunidad: todos ellos son hermanos-amigos, como Jesús también se hizo amigo de sus discípulos, revelando a ellos lo más íntimo de su ser que es su relación con el Padre (Jn. 15,15). No existen secretos ni medias verdades entre las personas de una misma comunidad: únicamente la verdad enraizada en una auténtica amistad circula entre los miembros. Es una de las exigencias que Pablo también apuntará para sus comunidades (Ef. 4,25).

2.2. Ellos los odiarán (Jn, 15,18-16,4a)

 

Dos son los orígenes de la persecución: los expulsarán de las sinagogas y matandos pensarán estar honrando a Dios. La expulsión de los discípulos de Jesús de las sinagogas comenzó por los años 85/90, cuando la corriente farisea, representada por los rabinos y doctores de la Ley que consiguieron escapar de la masacre del año 70 d. c., llegó a restaurar la vivencia judía y a elaborar todo un nuevo estilo de vida para un tiempo de diáspora a partir de la ciudad de Jamnia. Fue entonces que las comunidades cristianas, principalmente aquellas de origen judío, tuvieron que romper con la Sinagoga, pues los líderes judíos aumentaron a 18 las bendiciones de la oración sinagogal, lo que representó una maldición para los seguidores del profeta de Nazareth.

 

Es esta situación la que el libro de Juan refleja en el episodio del ciego de nacimiento:

...sus padres así dijeron por miedo a los judíos, pues éstos ya habían acordado que, si alguien reconociese a Jesús como Cristo, sería expulsado de la sinagoga (Jn. 9,22).

Llegó la hora en que la comunidad debe asumir su plena identidad y testimoniarla delante del mundo. El grupo no puede más ser tenido como una secta dentro del judaísmo; debe ahora manifestar su propia originalidad, sin embargo esto sucede en medio del sufrimiento y los dolores del parto (Jn. 16,21). Así pues, toda una página de la historia está siendo cerrada: todo aquello que fue portador de la búsqueda y de la esperanza de un mundo nuevo se rompió y ahora ofrece a todos las primicias de ese futuro: el eschaton entró en la historia. No obstante, por el mismo acto que se libera el fruto maduro, se quiebra y se pierde el cascarón. Ahora las comunidades cristianas quedan expuestas a la arbitrariedad y la violencia de las potencias que gobiernan ese mundo. Ellas no pueden aparecer más como una secta del judaísmo, y aunque lo fuesen, ahora el judaísmo es rechazado y condenado en la sociedad imperial, él se hizo religión ilícita, perdió sus privilegios. Las comunidades cristianas aparecen como aquello que ellas son de hecho.

Sabemos que esa posibilidad de tornarse objeto de odio y de reprobación por parte de toda una sociedad pasó a ser realidad ya con el Emperador Nerón, y ahora, al final del primer siglo de la era cristiana, con el Emperador Domiciano. Como todo grupo minoritario, el grupo cristiano quedó marginalizado, y de este modo, desprotegido, fue mucho más fácil perseguirlo. Comenzaron entonces a matar a los discípulos del Nazareno, juzgando realizar un acto de culto a Dios (Jn. 16,2). Tenemos conocimiento de que los juegos en los circos eran en su gran mayoría celebrados como culto a los dioses, motivo por el cual los cristianos, que no participaban de esas manifestaciones, eran llamados ateos, como nos relata Suetonio en su obra histórica. La sociedad siempre necesita señalar grupos étnicos o sociales minoritarios para ser entregados a los instintos destructores y violentos de las mayorías ideológicamente dominadas por el poder vigente. Lo que había sucedido con el Maestro, acontece ahora con los discípulos.

El siervo no es mayor que su Señor, si ellos me persiguieron, también os perseguirán (Jn. 16,20). Nuevamente el discípulo es llamado al seguimiento hasta las últimas consecuencias.

Como en el conjunto de los dos capítulos anteriores, aquí también es recordada la promesa de Jesús:

Cuando venga el Paráclito que os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la Verdad, que viene del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros también daréis testimonio (Jn. 15,26-27).

2.3. El Espíritu de la verdad (Jn. 16, 4b - 33)

 

Frente a la realidad seductora del mundo, dominada por el Príncipe del Mal, de la Mentira, de las Tinieblas, los cristianos poseen la certeza de la realidad fundamental y definitiva, aquella que tiene la consistencia y la garantía que viene de Dios. En el tribunal del mundo delante del cual los cristianos deben responder por su fe, ellos son asistidos por el Espíritu que es Paráclito (abogado de defensa), y él mismo va a confundir a las potencias de este mundo, envueltas por el Príncipe de las Tinieblas. Por cuanto el Espíritu de la Verdad denunciará el pecado del mundo, que fue rechazar al Enviado de Dios, y manifestará al Justo, que fue aquel que fue crucificado -y hasta hoy el único justo continúa siendo aquel que es crucificado-, él derrotará a Satanás, padre de la mentira (Jn. 16,8-11).

El Espíritu de la Verdad llevará los discípulos a la plena comprensión de aquello que ellos son y de su misión en el mundo, pues él es uno con el Padre y con el Hijo. Es esa la realidad que los actuales discípulos experimentan; sin embargo, una cosa es el saber teórico y otra es el saber práctico, y si muchas veces aceptamos teóricamente las situaciones, cuando aparecen en nuestra vida, nuestra actitud es muy diferente.

En esta presentación del Espíritu de la Verdad podemos notar de nuevo que Él es para la comunidad la presencia viva de Jesús: Todo lo que el Padre tiene es mío. Por eso yo les digo: el Espíritu recibirá de aquello que es mío, y os lo anunciará (Jn. 16,15). Jesús no camina más con su comunidad, no obstante continúa presente por su Espíritu que se vuelve así el criterio de compromiso y de acción, pues Él no habla por sí mismo, sino que dice todo lo que Él oyó... (Jn. 16,13).

3. En el mundo, pero no del mundo

El capítulo 17 sirve de conclusión al Libro de la comunidad. Al igual que los capítulos anteriores, entrelaza las reminiscencias de la práctica de Jesús y aquello que debe vivir la comunidad.

Es la oración de Jesús y el gran signo a ser vivido por los discípulos: la unión de todos. Llegó al hora de la manifestación plena de la gloria, Jesús cumplió su misión, los discípulos han de continuarla, y por eso también Jesús ora: no ruego solamente por ellos, sino por los que por medio de su Palabra creerán en mí... (Jn. 17,20). Al dejar a sus seguidores, Jesús hace sentir su preocupación: Padre Santo, guárdalos en tu nombre... (Jn. 17,11).

Tres palabras claves articulan todo el texto. Si consideramos el deseo de la unidad expresado en la oración de Jesús, notaremos que únicamente tres veces aparece la expresión: para que sean uno como nosotros (Jn. 17,11); por los que, por medio de su palabra, creerán en mí, a fin de que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti (Jn. 17,20-21); yo les di la gloria que me diste, para que sean uno como nosotros somos uno... (Jn. 17,22). Así pues, aparecen las tres palabras claves de la unidad. En el nombre de Dios (= Yavé) la comunidad de los discípulos se consolida, alimenta su fe, dinamiza su mística. Es la fe en el Dios-Yavé la que consigue la unión entre los discípulos y no las leyes o determinaciones de las Iglesias o congregaciones de cualquier denominación que sean. La raíz más profunda de la fe se pierde en la comunión plena con el Padre, pues la Vida en plenitud: es conocerte a ti, el Dios único y verdadero, y a aquel que enviaste, Jesucristo (Jn. 17,3).

La fe viva se concreta en la acción, en la Palabra que es la voluntad del Padre manifestada y actualizada en Jesús: Te glorifiqué en la tierra, concluí la obra que me encargaste realizar (Jn. 17,4). La Palabra, dabar (palabra-acción), vino a morar entre nosotros para posibilitamos nacer como hijos e hijas de Dios, no por la sangre o por la voluntad humana, sino por la vida de Dios que Jesús vino a transmitirnos en abundancia. La Palabra es, por lo tanto, generadora de vida, y la vida es la realización plena de la persona en su humanidad -alcanzar la plena humanidad es alcanzar la meta fijada por el Padre, creador de todos. Ser plenamente humano es ser plenamente criatura de Dios. Los discípulos encuentran su unidad luchando por el mismo objetivo, por el mismo proyecto de vida.

Entonces brillará la gloria de Dios por la acción de los discípulos, como ya brotó y brillará totalmente en Jesús. La gloria, que es la manifestación de la presencia liberadora de Dios en la historia, se reveló en el Antiguo Testamento y en la práctica liberadora de Jesús, que lo condujo hasta la plena glorificación en la cruz. Hoy las comunidades van revelando esta presencia por su acción, por su práctica en favor de la justicia, de la libertad y de la vida, y solamente de esa manera el mundo podrá creer (Jn. 17,21).

Al asumir esa postura de discípulo de Cristo, la persona, inserta en el mundo, no vive más según los criterios de ese mundo sino según el espíritu de ese nuevo mundo surgido de un nuevo proyecto, cuya gloria ya se reveló en Jesús de Nazareth. Es exclusivamente por esos discípulos que Jesús ora (Jn. 17,9), pues sabe muy bien cuánto deberán de enfrentar y sufrir para permanecer firmes y producir los frutos esperados por el Padre.

Al concluir este breve estudio del Libro de la comunidad, percibimos cuán importante fue guardar para las comunidades futuras el Testamento de Jesús. Él fue conservado, y al mismo tiempo releído, a la luz de los acontecimientos constantemente vividos.

Hoy, ¿cuáles son los signos que las comunidades cristianas deben manifestar al mundo para revelar la gloria del Padre? ¿Cómo vivir la fraternidad, esas nuevas relaciones de amistad? ¿Vale la pena insistir en mantener vivos los frutos de una comunión con Cristo en el mundo actual? ¿Dónde, en nuestra sociedad, están la mentira y las tinieblas? ¿Cómo el Príncipe de ese mundo aún hoy persigue y denuncia en el tribunal de la historia a los discípulos de Jesús?

Cualquiera que sea la respuesta que demos a estas preguntas, existe una certeza que permanece, después de releer estos capítulos del Evangelio según Juan: que no somos huérfanos, sino que el Espíritu de la Verdad habita en nosotros y está con nosotros. Por eso: Yo les di un ejemplo: hagan la misma cosa que yo hice... Si vosotros comprendéis esto, y lo practicáis, seréis felices (Jn. 13,16-17).

 

Bibliografía

Juan Mateos & Juan Barreto, O Evangelho de Sao Joao. Grande Comentário Bíblico , Sao Paulo, Ediciones Paulinas, 19-9.

R. E, Brown, A Comunidade do Discipulo Amado , Sao Paulo, Ediciones Paulinas, 1984.

Francisco Rubeaux, Mosrra-nos 0 Pai , Serie A Palavra na Vida, CEBI, 1989.

Francisco Rubeaux
Caixa Postal 1438
66017-970 Belém-PA
Brasil

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.