
APORTE DE LA HERMENEUTICA BIBLICA DE LOS GRANDES PREDICADORES NEGROS
Dennis A. King
¿Cómo ser cristiano y auténticamente negro? Esta pregunta guía estas reflexiones. Una de las principales tareas de los cristianos ha sido la de colocar y mantener los valores europeos en el centro de toda experiencia humana. De esta manera, el Dios de la vida y de la liberación que predican los cristianos se convierte en un dios opresor que defiende la anti-vida. Se hace necesaria la afirmación de un afrocentrismo, es decir, la colocación de Africa como horizonte y mirar todas las otras culturas desde esta óptica. En el proceso de conocimiento de la Biblia por parte de los esclavos negros, ésta constituyó una compañera de lucha y de esperanza en su búsqueda de liberación. Sin embargo, hay que reconocer que con el correr del tiempo la ideología del blanqueamiento ha llevado a la descentralizacion del componente africano y a una preocupación desmesurada por los aspectos europeos. En este contexto se requiere la recuperación de la hermenéutica bíblica de los predicadores negros, de forma que se recupere lo afroamericano en la lectura de la Biblia y se coopere a la recuperación de la memoria histórica y la reafirmación de la identidad cultural del pueblo afroamericano.
How to be Christian and authentically african-american? This question provides a guide to these reflections. One of the principle tasks of the christians was to take on European values as the center of the total human experience. In this way, the God of the life and liberation which the Christian preached becomes an oppressing God who defends anti-life. The affirmation of an afrocentrism becomes a necessity; in other words, the faces is on Africa and all other cultures are see from the african viewpoint. As the African american became schooled in the Bible the biblical text constitued a companion in their struggle and their search for liberation. Nevertheles with the passage of time it is necessary to recognize that the imposition of the white ideology as being superior had ostracized the african component and brought about a disproporcionate preocupation for everything European. Given this background it is necessary to return to the biblical hermeneutic of the black preachers in orden to insert that which is afroamerican in the reading of the Bible and thus restore the historic memory and the affirmation of the identity of the African-american.
1. Introducción
Hace dos años se celebró en Rio de Janeiro, Brasil, el Primer Encuentro de Teología Afro-latinoamericana y Caribeña bajo los auspicios del ISER. El tema central era: ¿Cómo testimoniar y proclamar a Dios entre los afroamericanos? Durante el encuentro, uno de los compañeros del candomblé lanzó un reto a los cristianos: ¿cómo ser cristiano y auténticamente negro? Decía que hay una contradicción fundamental entre el ser negro y el ser cristiano. El cristianismo, para él, es la religión importada del opresor para mantener y justificar la esclavitud. Por lo tanto, no se puede asumir la lucha por la liberación del negro, y al mismo tiempo abrazar el cristianismo.
El ambiente del encuentro no era para polemizar ni ofrecer una apología de un cristianismo negro. No obstante, algunos aprovecharon la ocasión para señalar las raíces profundas del cristianismo en Africa, partiendo de la influencia de Africa (Egipto/Nubia) en la vida y formación de Jesús, y de textos antiguos como Hch. 8, 26-40, la conversión del etíope.
2. Afrocentrismo, meta del afroamericano
No se puede despedir de forma tan fácil el reto que nos lanzaron. Tal vez el interés primario de nuestro hermano no era el convertirnos a la Religión de los orishás, sino invitarnos a ser en realidad afrocéntricos. Es decir, colocar a Africa en el centro de nuestro horizonte y mirar todas las otras culturas desde esa óptica. Afrocentrismo es recrear los valores, la sabiduría, la filosofía, la teología y la cosmovisión de nuestro mundo a partir de la historia y la cultura africanas. En ese sentido, se trata del reconocimiento y fortalecimiento de la conciencia colectiva de un sistema cultural africano presente tanto en el continente como en la diáspora africana.
No se puede negar que una de las principales tareas de los cristianos ha sido la de colocar y mantener la cultura y los valores europeos en el centro de toda experiencia humana. Como consecuencia, la historia, la cultura y los valores de otros grupos humanos han sido interpretados desde este centro, perdiendo así su aporte vital. De este modo, el Dios de la vida y de la liberación que predican los cristianos se convierte en un dios opresor que quiere y defiende la anti-vida. Presentado de esta manera, es obvio que todo intento por des-centralizar la cultura europea debe comenzar con la descentralización de la religión que la sostiene.
3. El islam, centralización de la cultura árabe
Desafortunadamente, para muchos africanos y afroamericanos la des-centralización del cristianismo y de la cultura europea ha significado la centralización del islam y de la cultura árabe. Abrazaron el islam pensando que estaba más en consonancia con la lucha negra. Pero, como nos dice el profesor Molefi Kete Ashante, “toda religión surge de la deificación del nacionalismo de alguien” (Afrocentricity, págs. 2-3). El islam, como religión, tuvo su origen en el desierto de Arabia. Gran parte de su éxito consiste en la adhesión sumisa de muchos africanos y otros no-árabes, a través de ciertos mecanismos de dominación cultural. Entre ellos:
a) La lengua de Dios es árabe. Para comunicarse de forma correcta con Dios hay que aprender esta lengua, como si Dios no conociera ni valorara las nuestras.
b) Hay que hacer una peregrinación a la Meca, porque no hay otro sitio, otra ciudad tan sagrada como ésta. Cuando en realidad, la Meca es el centro de la cultura y la dominación árabe.
c) Para orar de manera efectiva, hay que mirar hacia la ciudad santa; de nuevo, reconocer el valor supremo de otra cultura sobre la propia.
d) Hay que cambiar el nombre propio por un nombre árabe, inculcando así la importancia de lo ajeno desde la cuna.
e) Hay que abrazar otras costumbres y tradiciones árabes, tales como la forma de vestir, aun cuando las circunstancias climáticas no lo ameriten, y la subordinación femenina, a pesar de los grandes esfuerzos por reconocer y promover la dignidad de la mujer.
Así pues, muchos de los que rechazan el cristianismo en nombre de la liberación de un yugo de madera, terminan ahorcándose con un yugo de hierro.
¿Debemos concluir entonces que la fidelidad a la lucha negra exige renunciar tanto al cristianismo como al islam?
4. La Biblia en la formación crítica de los esclavos negros
Nos parece que en cuanto al cristianismo, la experiencia de muchos de los esclavos negros desmiente esta conclusión.
a) En primer lugar, desde muy temprano en su nueva experiencia en tierra extraña, los esclavos conocieron la Biblia. Muchos aprendieron a leer y a escribir por medio de las Escrituras.
b) La Biblia no fue impuesta a los esclavos para mantenerlos sumisos. Si éste fue el propósito de algunos dueños de esclavos, no se puede universalizar. Tampoco resultó como ellos esperaban. Más bien los esclavos adoptaron y asumieron las enseñanzas de sus conquistadores, porque consideraban una práctica sabia conocer todo lo posible acerca del Dios que le dio la victoria a sus enemigos.
c) Expuestos tanto a los textos de la Biblia hebrea como al Nuevo Testamento, vieron similitudes entre el Dios de la Biblia y su fe tradicional. Un cierto número de sociedades africanas consideran que Dios es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Se trata de aspectos esenciales de su ser que son parte de su única naturaleza, y que no pueden aplicarse a otros seres en los mismos términos. Estos y otros atributos de Dios, como su misericordia, su bondad, su santidad, son los que distinguen a Dios de su creación y le hacen ser no sólo la génesis, sino también el sustentador de todas las cosas (ver Mbiti, John, Entre Dios y el tiempo, págs. 43-55). La Biblia, pues, hablaba del mismo Dios que ya conocían los esclavos.
d) Los paralelos no terminan con la esencia de Dios. También la historia y la vida de los héroes/heroínas bíblicos hacía eco en la experiencia de los esclavos. Por ende, al leer y/o escuchar la historia de la maravillosa intervención de Dios para liberar a su pueblo oprimido, los esclavos negros no demoraron en proclamar: “ellos son nosotros”.
Lejos de ser instrumento de blanqueamiento, la Biblia constituye para el esclavo negro un compañero de lucha y de esperanza en su búsqueda de liberación. El afroamericano, descendiente de aquel esclavo, también es amante de la Biblia. Robado de su cultura, su lengua y su tierra africanas, y sin posibilidades reales de volver, se vio obligado a forjar una nueva realidad cultural basado en su memoria africana enriquecida con elementos culturales de Amerindia y de los países europeos colonizadores. Por eso, el afroamericano es una criatura nueva. No es africano, ni amerindio, ni mucho menos europeo. Sin embargo, ha sabido incorporar lo mejor que estos tres grandes mundos/culturas pudieron ofrecerle.
Pero, con el correr del tiempo, la ideología del blanqueamiento ha llevado a la descentralización del componente africano y a una preocupación desmesurada por los aspectos europeos. Una nueva cultura se impuso con sus valores y no-valores, con su historia, sus patrones de belleza, su idiosincrasia. A través de la escuela, la religión y los medios de comunicación, se legitimó el mito de la supremacía de la raza blanca y de la cultura occidental. En ese contexto, lo africano y lo amerindio ya no parecían ofrecer nada de que enorgullecerse. De este modo, el afroamericano ha quedado marginado de las riquezas de Africa no sólo física sino culturalmente.
5. El aporte de la hermenéutica bíblica
de los predicadores negros
En los últimos años se ha insistido mucho en la importancia y la necesidad de recuperar la memoria histórica y reafirmar la identidad cultural del pueblo afroamericano. Desde los movimientos de “regreso a Africa” hasta los encuentros de pastoral afroamericana, pasando por los movimientos de “Poder Negro” y la lucha contra el racismo, todos han querido hacer central a Africa en la conciencia colectiva afroamericana.
No obstante, nos parece que este proceso se podrá acelerar en la medida en que redescubramos la interpretación de la Biblia en la tradición de los grandes predicadores negros. En cuanto aprendieron a leer en su nueva lengua, algunos esclavos empezaron a contar a sus compañeros en el sufrimiento las maravillas que habían descubierto en la Biblia. Interpretaban los textos de una manera comprensible y animada, pues partían de una experiencia común. Poco a poco, estas reuniones de los esclavos para escuchar la Palabra narrada e interpretada por algún compañero, llegaron a ser los momentos más importantes para ellos. Buscaban pretextos para reunirse y celebrar la nueva vida que encontraban en la Palabra. Lo importante era contar una y otra vez, escuchar una y otra vez los relatos bíblicos, por cuanto eran relatos de lucha y perseverancia, de fortaleza y esperanza, cuando todo parecía perdido. Con el tiempo surgió en torno a estos predicadores negros toda una tradición oral, con variadas interpretaciones de la Biblia en diversas situaciones de vida.
Este aporte de los predicadores que interpretan la Biblia a partir de su realidad se da en toda la diáspora africana, pero quizá se aprecia más en la experiencia estadounidense, donde nació una verdadera Iglesia Negra. Recordemos que en la experiencia afro-latinoamericana, fuera de los territorios de cimarronaje y de algunas otras expresiones comunitarias, la influencia de la Iglesia Católica, con su estructura jerárquica, no favorecía los movimientos religiosos independientes.
Podemos señalar algunas de las características más sobresalientes de los grandes predicadores negros.
a) Utilizaban la Biblia para interpretar su realidad. Estos predicadores negros eran intérpretes simultáneamente de la Biblia y de la vida de sus comunidades. No eran ciegos a la opresión ni sordos al clamor del pueblo esclavizado. Tampoco interpretaban la Biblia al pie de la letra. Para ellos, la Biblia era un criterio para interpretar la vida y discernir dónde y cómo Dios estaba presente para dar la victoria. Por eso también, su lectura e interpretación de la Biblia era tan diferente a la de los opresores, para quienes ella dejó de ser Palabra viva.
Volver a la tradición de los predicadores negros nos ayuda hoy a contrarrestar aquella corriente que utiliza la Biblia para glorificar una cultura y despreciar otras tradiciones humanas. La fidelidad a la Biblia no es fidelidad a la cultura hebrea ni a la romana, sino a la presencia de Dios en toda raza, lengua, pueblo y nación.
b) Predicaban sobre temas de vital importancia para los esclavos. Su interpretación de la Biblia no era una fuga hacia las áreas remotas del cielo para sentirse confortados. Por eso enfatizaban temas que los oyentes necesitaban escuchar. Para ellos, los relatos bíblicos no eran meros cuentos. Eran la garantía de la acción liberadora de Dios, pues si El actuó así en favor de Israel, hará lo mismo por nosotros que también somos su pueblo.
Estos predicadores nos inspiran hoy a descubrir las necesidades más urgentes de los afroamericanos, y a responder con generosidad a ellas. Si ayer se trataba de resistencia y perseverancia, hoy el Dios de la Biblia nos lleva a una participación total en la vida del pueblo, incluyendo lo político, lo social, lo económico; la procura de salud, trabajo y respeto, siempre desde la centralidad de la identidad cultural afroamericana.
c) Utilizaban una metodología vivencial. Apelaban mucho a la imaginación, con imágenes y cuentos sacados de la experiencia de los oyentes. Sabían combinar la fidelidad al texto bíblico con la creatividad en el contenido y en el estilo de su prédica. Los oyentes no eran meros espectadores, sino que respondían alentando al predicador. Esto era posible porque ellos también conocían la Biblia y su realidad. Había momentos para llorar, reír, aplaudir.
Hoy la causa negra no podrá avanzar sin el aspecto celebrativo. La celebración de la fe y de la vida no se pueden separar. Por eso es importante que los dirigentes del culto en las comunidades afroamericanas sepan incorporar, o permitan al pueblo incorporar sus propias expresiones y símbolos en la liturgia. Hay que evitar el falso dualismo sagrado/profano. Dios es todo y está en todo.
d) Se preparaban bien para su tarea. A veces se da la impresión de que los pioneros negros eran anti-intelectuales. No es así. Aun aquellos que leían poco, se beneficiaban de su propia intuición y del contacto con los sabios ancianos de la comunidad. Tomaban muy en serio la preparación porque sabían que a sus oyentes no les interesaba unos artistas, sino auténticos vehículos de la Palabra y la presencia de Dios. Más que utilizar la Biblia, permitían que ésta hablase a través de ellos. Se preguntaban siempre: ¿qué es lo que el Espíritu me está diciendo por medio de este texto? ¿Qué dice Dios a estos oyentes hoy? ¿Cómo puedo comunicar esta verdad en imágenes y en el lenguaje de mi pueblo, para que sea real y transformadora de su vida? Solamente con una buena preparación lograban su propósito.
Hoy, uno de los grandes atrasos de la lucha negra es precisamente la falta de preparación. Los filósofos, sociólogos, teólogos, biblistas y otros que acompañan a las comunidades afroamericanas, casi siempre son de afuera. Vienen con buena voluntad, sin embargo su identidad cultural es otra. Y pareciera que los negros nos resignamos a dejar estas tareas vitales en otras manos. Aun los que logramos cierta preparación académica nos formamos fuera de nuestro ambiente socio-cultural, y muchas veces terminamos como agentes de desculturización.
Conclusión
El afroamericano es profundamente religioso. Percibe la presencia de Dios en la vida. Y la Biblia sigue siendo para él la puerta de entrada para entender la vida. Por eso, la hermenéutica bíblica negra en la tradición de los grandes predicadores negros será un instrumento formidable en la formación de nuestra conciencia colectiva de negritud. Por otra parte, la comunidad afroamericana tiene mayor contacto con la Biblia, no tanto en cursos y seminarios, como en el culto y la proclamación de la Palabra. Por eso también, los dirigentes religiosos hoy —pastores y pastoras, diáconos y diaconisas, sacerdotes y sacerdotisas, catequistas, y sobre todo, predicadores y predicadoras— tenemos la urgente tarea de conocer bien la realidad afroamericana en toda su complejidad para poder leer e interpretar la Biblia como Palabra de Dios que libera y valora a nuestro pueblo. Esta tarea será nuestra contribución al movimiento negro.
Bibliografía
Asante, Molefi Kete. Afrocentricity. Trenton, Africa World Press, 1992.
Bradley, David Henry. A History of the A. M. E. Zion Church. Nashville, The Parthenon Press, 1956.
Fishel, Leslie H. The Negro American: A Documentary History. Glendale, Scott Foreman and Co., 1967.
Mbiti, John. Entre Dios y el tiempo. Madrid, Editorial Mundo Negro, 1990.
Mitchell, Henry. Black Preaching: the Recovery of a Powerful Art. Nashville, Abingdon Press, 1990.
Woodson, Carter G. The History of the Negro Church. Washington, D. C., The Associated Press, 1921.
Dennis A. King
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