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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

HAITI FRENTE AL MAR
(Exodo 14, 1-31)

Pedro Ruquoy, cicm * 

 

El 7 de febrero de 1991, Jean Bertrand Aristide inicia su mandato como Presidente de la República. Una avalancha (Lavalás) de pobres lo había llevado al poder mediante las primeras elecciones libres en Haití. Sin embargo, el 30 de septiembre del mismo año un cruento golpe de Estado interrumpe la caminata del pueblo haitiano. Desde entonces, una represión salvaje ha estado acabando con todas las fuerzas sanas y vivas de la nación. El pueblo, paralizado, parece perder la esperanza. La crisis es honda, el sentimiento de impotencia es fuerte, y el deseo de abandonar la lucha es grande. En este contexto hemos leído Ex. 14, 1-31 con Comunidades Eclesiales de Base de todo Haití, intentando iluminar este momento de la lucha del pueblo haitiano. Ex. 14 contiene una experiencia que pretende ser un ejemplo y una fuente de inspiración para todos los pueblos de la tierra. De hecho, hoy el pueblo de Haití está frente al mar, preparándose para el paso. Dios está unido a él para, con él, repetir el gran milagro del surgimiento de un pueblo libre como el viento.

On february 7 of 1991, Jean Bertrand Aristide starts his mandate as President of the Republic. On avalanche (Lavalás) of poor took him to power trough the first free election in Haití. But in september 30 of that year a bloody “coup d’ etat” interrupt the long walk of haitian people. Sincem that, a savage suppression has been ending with the most healthy lifes ando forces of nation. The people, stopped, seems lost his hope. The crisis is profound, the feeling of powerlessness is strong and the wish to give way the struggle is strong too. In this context we have read Exodo 14, 1-31 with Christin Community of Haití. Trying to enlighten this moment in the struggle of haitians. Ex. 14 contains an experience which could be an example and a source of inspiration for all the people of the earth. Today the people of Haití is in front of the sea, preparing his walk. God is close to him, for with him, repeating the great miracle of raising of a free people like the wind.

 

Mwen leve menm devan Bondye ak devan Nasyon-an, map mache dapre konstitisyon-an, dapre tout lwa peyi-a. Map fe tout moun suiv-yo. Map respekte tout dwa pep ayisyen-an. Map cheche fe tout moun respekte yo tou... 1 [Yo juro ante Dios y ante la nación, respetar la Constitución y las leyes del país, y hacerlas aplicar por todos. Respetaré los derechos del pueblo haitiano, y velaré hacerlos respetar por todos...].

            Es el 7 de febrero de 1991. Jean-Bertrand Aristide empieza su mandato como Presidente de la República de Haití. Una avalancha (Lava-las) 2de pobres lo había llevado al poder mediante las primeras elecciones libres en Haití. El primer discurso presidencial se centra en la justicia, en la solidaridad, en la esperanza: ¡Qué los niños sepan que pronto irán todos a la escuela! ¡Qué los pobres sepan que comerán al menos una vez al día puesto que “Titid 3 y los pobres son mellizos”. El tema de la fraternidad o del matrimonio —“Titid y el pueblo están casados”— estuvo en el centro de la campaña electoral 4. El 7 de febrero de 1991 representa el fin de una noche oscura, la noche de la dictadura de los Duvalier y de los militares que les sucedieron. El 7 de febrero de 1991 representa el brote de una nueva sociedad en que todos tienen derecho de sentarse alrededor de la gran mesa democrática para compartir los bienes y decir su palabra: durante siete meses surgen nuevos mecanismos de participación popular en todo Haití. El 7 de febrero de 1991 es como la salida de Egipto: después de años y años de opresión y de humillación, el pueblo haitiano rompe sus cadenas y se encamina hacia la nueva tierra. Pero, la noche del 30 de septiembre de 1991, el general Raúl Cedras corta la caminata del pueblo y encabeza uno de los golpes de Estado más sangrientos de la historia de América Latina y el Caribe: centenares de víctimas, ametrallamiento de los barrios populares, cadáveres llevados al basurero por camiones enteros... Desde entonces, una represión salvaje ha estado acabando con todas las fuerzas sanas y vivas del pueblo haitiano. Una de las acciones más represivas se realizó el 27 de diciembre de 1993:

En el momento en que se creía en una tregua política, la que se observa tradicionalmente en tiempos de Navidad, el barrio popular “Cité Soleil” paga el precio de un crimen que no ha cometido: el asesinato de un miembro del “partido político” FRAPH, vinculado de manera estrecha al ejército: más de treinta personas son asesinadas y varios centenares de casitas son incendiadas durante las represalias 5.

            Desde ese incendio criminal, todos los pobres de Haití viven en la angustia constante de otra acción similar. Mientras tanto, los golpistas y sus aliados internacionales 6 utilizan todo tipo de maniobras para justificar el golpe o para impedir el retorno de la democracia y del presidente legítimo. Se negocia sin fin, se impone un embargo que en la práctica beneficia a los ricos y a los poderosos, se hacen bonitas declaraciones, se firman acuerdos que nunca se cumplen. Y cada vez más el pueblo, paralizado por el miedo, pierde la esperanza. Varios hasta llegan a anhelar el tiempo de la dictadura de los Duvalier. Varios se resignan y no ven ninguna posibilidad de cambio. La crisis es honda; el sentimiento de impotencia es fuerte; el deseo de abandonar la lucha es grande. Frente a esta situación, junto con miembros de Comunidades Eclesiales de Base 7 de todo Haití, empezamos a leer el capítulo 14 del libro del Exodo 8, uno de los textos bíblicos que más puede dar sentido a lo que parece no tener sentido.
            El capítulo 14 del libro del Exodo está formado por tres escenas construidas de la misma manera: 14, 1-14; 14,15-25 y 14, 26-31. Cada una de las escenas comienza por un discurso de Dios dirigido a Moisés. Le sigue un relato de acciones (4b-10; 19-25a y 28-31). Y para concluir cada escena, encontramos las reacciones de uno de los actores principales: Moisés (13-14), los egipcios (25b) e Israel (30b-31). Cada escena se realiza en un lugar distinto: delante del mar, en medio del mar y del otro lado del mar. En la primera escena, el actor más activo es el ejército egipcio. La acción de ese ejército es en esencia perseguir (vv. 4.8.9.). El verbo perseguir (rdp en hebreo) martilla el texto como el galope de los caballos 9. En esa primera escena, los hebreos casi no actúan. Están acampando a la orilla del mar (v. 9b) y a la vista del prodigioso ejército egipcio, se quedan como paralizados por el miedo (v. 10). Después de la larga lucha de resistencia simbolizada por las plagas 10 y la salida de la tierra de la esclavitud, los hebreos estaban convencidos de que ya había llegado el fin de sus sufrimientos. Por eso estaban saliendo con la mano en alto (v. 9), comportándose como hombres y mujeres que han conquistado de forma definitiva su libertad. En esta primera escena, Dios se queda quietecito. No interviene. Y así nos quedamos ante la imagen de un tremendo ejército arrasador que avanza peligrosamente hacia una masa de gente desarmada 11, y paralizada.
            En la segunda escena, los perseguidores se transforman de repente en perseguidos: ¡Huyamos! (v. 25). Los hebreos toman la iniciativa y entran al mar. Asistimos a un cambio radical de situación. El poderoso ejército egipcio huye como un ratoncito ante el gato. La masa de pobres paralizados por el miedo se atreven a entrar al mar, a desafiar la muerte simbolizada por ese mar. ¿A qué se debe este cambio radical de la situación? El versículo 19 nos da la clave.Hasta ese momento, Dios, simbolizado por el ángel y la columna de nube, caminaba por delante de los hebreos. De pronto él cambia de posición y se pone detrás. Con este movimiento, por un lado, Dios se transforma automáticamente en el objeto directo de la persecución de los egipcios. De manera repentina él es el perseguido, la víctima directa del ejército egipcio, el pobre. Pero ninguna fuerza puede aplastar a Dios. Por otro lado, los hebreos están obligados a arriesgar su vida, a dar el primer paso en el mar, a enfrentar las fuerzas de la muerte. Esos dos elementos provocados por la iniciativa divina explican el cambio radical de la situación.
            En la tercera escena, los egipcios lo han perdido todo, hasta la propia vida. Mientras, Israel camina: un nuevo camino acaba de ser inaugurado.
            ¡Tres escenas, tres etapas! ¿Cuál de esas etapas está viviendo el pueblo haitiano hoy? Con la llegada al poder de Aristide, él pensaba haber roto para siempre las cadenas de la dictadura. Iba con la mano en alto, convencido de que ya las fuerzas de la muerte habían desaparecido. No obstante, de repente esas fuerzas se hicieron más presentes que nunca, destruyéndolo todo. Frente a la represión, el pueblo está paralizado. Se siente acorralado por todos lados. Está frente al mar: por detrás, el ejército y sus aliados, y por delante, “el mar” que exige unirse, tomar riesgos, enfrentar con valentía lo que parece ser sólo muerte. Pero entre el pueblo sufrido y los golpistas se encuentra Dios, la gran víctima. Cada vez que una hija o un hijo del pueblo es torturado, encarcelado, asesinado, es Dios mismo quien es torturado, encarcelado o asesinado 12. Dios recibe los golpes y espera el momento para actuar.
            El capítulo 14 del libro del Exodo representa un punto culminante. Los versículos que preceden (Ex. 13, 17-22) quieren subrayar la densidad de los acontecimientos que se preparan, y convencernos de que vamos a asistir a un momento único de la historia de Israel. Varios hechos lo indican: la decisión sorprendente de Dios de hacer retroceder a los hebreos y el gesto de Moisés que toma consigo los huesos del patriarca José. Los cinco versículos que preceden nuestro capítulo están llenos del tema de la marcha por el desierto. El vocabulario anuncia lo que va a seguir: el adios definitivo e irrevocable a Egipto, la tierra de la opresión 13. La ruptura total con la tierra de la esclavitud es querida por Dios. Esto explica su decisión de hacer volver atrás a los hijos de Israel para que se enfrenten de manera definitiva con sus opresores. El gesto de Moisés de tomar consigo los huesos de José indica también el fin del tiempo de la opresión. José fue el responsable de la llegada de los israelitas a la tierra de Egipto. En Gn. 50, 24-25, el patriarca promete una visita de Dios para realizar las promesas hechas a los padres. José había pedido a su gente, bajo juramento, llevar sus huesos cuando salieran de Egipto. La tierra de la opresión no podía ser la patria del pueblo de Israel. Y en esa tierra de muerte, ninguna pertenencia íntima del pueblo podía quedarse.

El gesto de Moisés tiene una importancia única. El hoya en el pasado y en la memoria de su pueblo como en el suelo egipcio para hacer surgir el recuerdo de José, el primero de sus antepasados en haberse establecido en tierra extraña. Con los huesos de José, hace aflorar un juramento en la conciencia de su pueblo; el juramento de nunca enraizarse definitivamente en Egipto... Los huesos de José son más que un recuerdo. Son una exigencia 14.

            Como el pueblo de Israel al pasar el mar, el pueblo haitiano está viviendo hoy un momento cumbre de toda su historia. Hace unos meses, interpretando la situación dura de su país, el presidente Aristide decía: “Estamos extirpando las raíces del duvalierismo. Es una tarea dolorosa pero esencial”15. Ya van 31 meses desde que se dio el golpe de Estado en Haití, y la represión salvaje no ha podido apagar la sed de democracia de las organizaciones populares haitianas. En esa lucha que culminará con la ruptura definitiva con el regimen de muerte y con su desaparición total, el pueblo haitiano debe llevar consigo sus huesos de José. Y, ¿cuáles son esos huesos para el pueblo haitiano? Toussaint, Dessalines, Christophe, Pétion, los padres de la patria haitiana, los que lograron romper las cadenas de la esclavitud y levantar la República de Haití. Sin embargo, antes que esos grandes héroes está Bouckman, negro valiente que encabezó el primer levantamiento de esclavos en 1791 16. El arranque de ese levantamiento se dio en agosto, en un lugar llamado Bois Caïman, durante una ceremonia vudú. Al ritmo de los tambores, los dioses de la madre Africa llenaron de valentía a esos esclavos y les dieron fuerza para empezar a romper sus cadenas. Los tambores, el vudú, los grandes héroes son los huesos de José del pueblo haitiano: las riquezas que tiene que llevar consigo en la lucha contra el régimen de muerte y en la construcción de la nueva sociedad. Todos esos huesos han sido recuperados por los opresores de turno y han sido utilizados para mantener al pueblo sumiso. Es tiempo de que el pueblo recupere lo suyo para tener más fuerza en sus batallas, romper totalmente los vínculos de la opresión y establecer la nueva sociedad sobre una base firme. Además, Bouckman, Toussaint, Dessalines, Christophe, Pétion y los demás héroes, son más que un recuerdo, son una exigencia de un compromiso a muerte contra las fuerzas de la muerte.
            Veamos ahora algunos elementos claves de Ex. 14 que pueden iluminar nuestra reflexión:

 

1. El endurecimiento del corazón

            El tema del endurecimiento del corazón aparece a lo largo de los relatos de las plagas de Egipto y aparece igualmente en el relato del paso del mar. Ese tema ha provocado muchas discusiones entre los exegetas. Detrás del tema del endurecimiento del corazón se podría ver a un Dios que maneja la situación y que es responsable de la represión, puesto que provoca la actitud agresiva del faraón. Esta interpretación origina un comportamiento fatalista que no se encuentra presente ni en el libro del Exodo, ni en ningún otro libro de la Biblia.
            En la cultura del pueblo de la Biblia, el corazón es la sede de las decisiones. Mientras en nuestra cultura la gente decide con su cabeza, en la cultura bíblica la gente decide con su corazón 17. La expresión “Dios endurece el corazón”significa que Dios obliga al faraón a decidir. Este no puede quedarse indeciso. Y en la medida en que decide la muerte, se embarca en una lógica de muerte que lo hace incapaz de decidir otra cosa que la muerte. Esa lógica lo lleva de modo irremediable hacia su propia muerte. En Ex. 14, Dios endurece el corazón del faraón (v. 8) para conseguir su objetivo: la desaparición definitiva de un sistema de opresión. El obliga al opresor a ir hasta el final en su lógica de muerte, y de esta forma a desaparecer. El endurecimiento del corazón está ligado asimismo al juicio de Dios. El faraón decide constantemente la muerte, negándose a reconocer a Dios, el dueño de la vida. Esa actitud lo lleva a la muerte y, a la vez, al reconocimiento de quién es Dios. Ex. 14 es el momento en que Dios revela su poder cósmico a los opresores, de una manera definitiva 18.
            En Haití, desde el golpe de Estado, los golpistas han tomado sistemáticamente decisiones de muerte. Cada día deciden la muerte del pueblo y de sus líderes. Han entrado en una lógica de muerte que los llevará a la muerte.

 

2. La queja de Israel (14, 11-12)

            Frente al tremendo poder del ejército egipcio, los israelitas piensan que están frente a una sola alternativa: Egipto o el desierto. Y optan de inmediato por Egipto. La tierra de la esclavitud se transforma en objeto de nostalgia. El pueblo recuerda el tiempo en que vivía en Egipto (v. 12a). Lamenta su pasado; añora el mundo conocido donde se sentía seguro. Dos veces aparece el verbo “servir” pegado a la palabra Egipto. Los israelitas, a punto de entrar al servicio de Dios, añoran su pasado de esclavos 19. La vista repentina de sus antiguos amos es suficiente para devolverles todos sus reflejos de esclavos. Para los israelitas, el desierto significa“morir”. Es el futuro próximo, pero desconocido, opuesto al pasado reciente y conocido de Egipto. Israel prefiere las tumbas de Egipto a la muerte en el desierto. Prefiere enterrarse en su pasado de esclavos que arriesgarse en un camino desconocido. Sin embargo, en su queja Israel excluye dos elementos claves: no menciona a YHWH, hacia quien acaba de gritar (v. 10b), y no habla del mar, delante del cual acaba de detenerse. Impresionado por la fuerza del ejército egipcio, el pueblo olvida a su Dios. No piensa tampoco en el mar, sino sólo en el desierto. Olvidando a Dios, motor de la historia, y dirigirse por completo hacia el pasado, la esclavitud, Israel está cerrado al futuro, el desierto desconocido y la libertad 20.

 

3. La respuesta de Moisés (14, 13-14)

            Frente a la desesperación del pueblo, Moisés va a tratar de dar sentido a lo que parece absurdo. Para realizar esa misión, él toca un punto esencial: vuelve a introducir a YHWH en el horizonte de su pueblo. Para el líder del pueblo israelita, Dios es él que da sentido a la aventura de Israel, y por lo tanto se esfuerza por dirigir la mirada de su pueblo hacia ese Dios. Al hacer esto desvía al pueblo de la vista de los egipcios que lo hipnotizaban, a tal punto que estaba listo a echarse en sus brazos. El verbo“ver”aparece tres veces y juega un papel clave. Moisés invita al pueblo a dirigir su mirada hacia la liberación de Dios, y le anuncia la desaparición definitiva de los opresores.
            Además de YHWH, la palabra “hoy”tiene su importancia. Moisés desvía la mirada de Israel de su pasado, pero no para forzarlo a mirar el futuro horroroso del desierto. Moisés habla del presente; habla del “hoy”. Dios va a actuar ahora. De esa forma, Moisés saca a su pueblo del dilema en el cual se había encerrado: Egipto o el desierto, la muerte en el pasado o la muerte en el futuro. La liberación está en el hoy de YHWH.
            YHWH actúa hoy para ustedes. El plan de Dios era percibido por Israel como dirigido únicamente hacia la glorificación de Dios. No captaba el interés de Dios para el pueblo. A través de la intervención de Moisés el pueblo capta que la gloria de Dios (14, 4) no es una vana gloria, sino una gloria liberadora. Dios se glorifica al liberar a su pueblo, y la liberación de éste expresa la mayor gloria de Dios. La glorificación de Dios es la liberación del pueblo, y viceversa 21.
            Como los israelitas frente al ejército de faraón, muchos en Haití están hipnotizados por el poder de las fuerzas represivas, y llegan hasta a desear el retorno a la época de Duvalier: “¡era menos duro en aquel tiempo!”. La crisis actual parece absolutamente absurda y sin salida: por un lado, unos militares armados hasta los dientes y apoyados por el imperio del Norte, y por otro lado, una masa de pobres desarmados por completo. La tentación a resignarse y dejar caer los brazos es grande. No obstante, la respuesta de Moisés a los israelitas puede levantar los ánimos: Dios está presente en medio del pueblo mártir de Haití. Hay que abrir los ojos para verlo. El está llamando a todos los sectores del pueblo a dejar sus divisiones y a unirse. Hoy, juntos, hay que meterse al mar. Hay que arriesgarse. Hay que dar el salto. No hay que esperar a mañana, ni encerrarse en el pasado.

4. El bastón de Moisés

            Cuando Moisés levanta su bastón y extiende la mano sobre el mar (14, 21) él realiza una acción muy cercana al acto creador, puesto que la tierra y las aguas se hallan de nuevo separadas como en la primera página del libro del Génesis. El bastón simboliza el poder cósmico que Dios entregó a Moisés: con el bastón éste fue capaz de transformar el agua en sangre (Ex. 7, 14-25) o la tierra en ranas (Ex. 7, 26-8,11) o en mosquitos (8, 12-14), etc.
            En Ex. 26 estamos ante una acción cósmica en la que un hombre (Moisés) y Dios unen sus fuerzas para mandar al viento, al mar, y a la tierra. Esta acción cósmica culmina con la liberación o la creación de un pueblo 22.
            La acción que realizan Moisés y Dios, íntimamente unidos, tiene como escenario el viento, el mar, el fuego y la tierra seca. El universo entero se ha transformado en un inmenso templo en medio del cual camina un pueblo en lucha contra la muerte. La imagen une elementos de orden cósmico (agua, tierra, viento, fuego) y de orden histórico (Israel, Egipto), dando una dimensión única al acontecimiento 23.
            Esto significa que Ex. 14 contiene una experiencia que pretende ser un ejemplo y una fuente de inspiración para todos los pueblos de la tierra. De hecho, hoy el pueblo de Haití se encuentra frente al mar, preparándose para el paso. Dios está unido a él para, con él, repetir el gran milagro del surgimiento de un pueblo libre como el viento.

Pedro Ruquoy
Apartado 1
Neyba-Provincia Bahoruco
República Dominicana

* Pedro Ruquoy, cicm, es licenciado en ciencias bíblicas del Instituto Pontificio Bíblico de Roma. Trabaja en el suroeste de República Dominicana desde 1975. En el  momento del golpe de Estado en Haití, el 30 de septiembre de 1991, él era director de Radio Enriquillo. Esa emisora transmitió programas en creól hacia Haití para informar y animar al pueblo haitiano en su resistencia. Desde junio de 1993, Ruquoy coordina el Centro “Puente”, un proyecto que tiene como objetivo lograr el acercamiento de los dos pueblos que comparten la isla de Quisqueya: República Dominicana y Haití.
1 J. B. Aristide, Tout moun se moun. Tout homme est un homme. Paris, 1992, pág. 11.
Lavalas significa “torrente” o “avalancha”. El movimiento Lavalas es el movimiento de la gran masa de los pobres que llevó a Aristide al poder por medio de las primeras elecciones libres en Haití, el 16 de diciembre de 1990. En esas elecciones Aristide consiguió el 67,7% de los votos. Esa victoria, considerada como el triunfo del pueblo, fue vista como el principio de una revolución pacífica.
3 “Titid” es el apodo dado por el pueblo haitiano a Jean-Bertrand Aristide.
4 Aristide, op. cit, pág. 21.
5 AHP, 1993 Au quotidien. Port-au-Prince, 1993, pág. 6.
6 La complicidad del imperialismo estadounidense en el golpe de Estado es indudable. Había que impedir el florecimiento de un proyecto alternativo en cualquier punto de América Latina y el Caribe. Había que asesinar el sueño de los pobres de Haití y de América Latina y el Caribe, para preservar el proyecto capitalista.
7 Las Comunidades Eclesiales de Base (TKL) representan una de las fuerzas más importantes del movimiento Lavalas que llevó a Aristide al poder en las elecciones del 16 de diciembre de 1990. Desde el golpe esas comunidades han sido uno de los blancos principales de los golpistas, por lo que han perdido a decenas de líderes.
8 J. L. Ska, Le passage de la mer, étude de la construction, du style et de la symbolique d’Ex. 14, 1-3. Rome, 1986. Esta tesis de doctorado nos servirá de referencia a lo largo de todo nuestro análisis.
9 Ibid., pág. 31.
10 En relación con las diferentes etapas de la resistencia de los hebreos en Egipto, ver N. Lofhink, The option for the poor.
11 Jorge Pixley hace notar que el pueblo no salió desarmado de Egipto: “Resulta interesante que el pueblo salió ‘armado’ de Egipto. La palabra ‘jamusim’ no alude precisamente a armas, pero sí a la preparación militar... No era una masa desorganizada, sino un ejército popular listo para la defensa de su triunfo sobre el rey de Egipto...” (J. Pixley, Exodo, una lectura evangélica y popular. México D. F., 1983, pág. 129). Sin negar esto, nos parece que en Ex. 14 se quiere subrayar el contraste entre la tremenda fuerza militar de los egipcios y la debilidad de los antiguos esclavos. Basta con mirar la descripción repetida de ese ejército (14, 9. 17.23.26.28).
12 Podemos afirmar que el contenido de Mt. 25 ya está presente en Ex. 14.
13 J. L. Ska, op. cit., págs. 33-37.
14 Ibid., pág. 35.
15 Conversación con el presidente Aristide, en junio de 1993.
16 P. Pluchon, Vaudou, sorciers, empoisonneurs, de Saint-Domingue á Haïti. Paris, 1987, págs. 301-304.
17 Cfr. Dt. 29, 3; Is. 6, 10.
18 J. L. Ska, op. cit., págs. 53-60.
19 Georges Auzou interpreta el libro del Exodo como el paso “de la servidumbre al servicio”. Cf. De la servidumbre al servicio. Estudio del libro del Exodo. Madrid, 1979.
20 J. L. Ska, op. cit., págs. 64-69.
21 Ibid., págs. 69-70.
22 Ibid., págs. 82-93.
23 Ibid., págs. 111-112.

 

 
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