
PEDRO CLAVER
Y LOS CIMARRONES
(Luchas paralelas en Cartagena
durante el siglo XVII)
Neftalí Vélez Chaverra, S. J.
En este trabajo intentamos establecer la relación entre las luchas libertarias de los negros y la labor pastoral de Pedro Claver en Colombia, en el siglo XVII. La conclusión a la que arribamos es que existió una simultaneidad en paralelo de estas dos realidades, sin puntos de contacto entre ellas. A nuestro juicio, y a la espera de otras investigaciones, esta situación se explica en razón del tipo de cristología manejada por el “apóstol de los negros”, centrada en la redención y preocupada, principalmente, por los padecimientos y la muerte sangrienta de Jesús. Tal cristología traía consuelo a los negros, les daba esperanza de una vida plena en el cielo, y les animaba en su existencia terrena, pero no abría espacios suficientes para fortalecer procesos liberadores, de resistencia y libertad en el pueblo negro.
In this presentation we have tried to establish the relationship between the struggle for freedom of the Blacks and the pastoral labor of Pedro Claver in Colombia in the XVII century. We conclude that there was a parallel likenes between these two realities, without ever actually coming to any point of contact. In our judgment, and while awaiting further investigation, this situation explains the reason for the kind of Christology preached by the “apostle to the afro-american” centered as it was in the act of Redemption and concerned specially with Jesus sufferings and death by crucifixion. This type of Christology brougth consolation to the african, giviny them hope for a fuller life in heaven; at the same time providing them with strenght and hope during their earthly existence, without, however, opening up sufficient space for strengthening the liberating process: a process of resistence and liberty for the black people.
El contacto con la escasa literatura colombiana sobre los “palenques” —espacios de resistencia y de libertad de los negros, durante el tiempo de la colonia española— me llevó a una pregunta inevitable: ¿qué tuvieron que ver estas luchas libertarias de los esclavos africanos, con el trabajo de Pedro Claver, S. J., el “apóstol de los negros”? El gastó su vida en medio de ellos, los bautizó y ayudó, especialmente en el momento de su llegada a Cartagena, después de ser cazados y/o comprados en las costas africanas.
Tal cuestionamiento me concentró en el siglo XVII, época en la cual tuvo su misión apostólica San Pedro Claver (1616-54). Escudriñé sobre todo en las biografías del santo y en algunos otros documentos históricos, para tratar de responder lo más objetivamente posible aquella pregunta. El estudio de las catequesis del obispo de Sevilla, del padre Sandoval y de Pedro Claver —como se verá (ver 3.2.)—, ayudó muchísimo en este empeño.
El hallazgo fue sorprendente. Más que una relación estrecha entre la lucha de los palenqueros y la acción pastoral de Pedro Claver, lo que se presentó fue una simultaneidad en paralelo, sin puntos de contacto entre estas dos realidades.
Este artículo —realizado principalmente con fuentes secundarias— coloca los siguientes elementos. Primero, algunos rasgos del peso de los negros en Cartagena de Indias, durante la primera mitad del siglo XVII. Segundo, la labor del apóstol de los negros y su fundamentación bíblico-teológica, mirada de manera especial a partir de las especifidades de su catequesis con los africanos traídos a Cartagena. Tercero, una conclusión acerca del paralelismo de las acciones de Claver y de los palenqueros.
1. La fuerza de los negros
Cartagena de Indias, durante buena parte del siglo XVII vivió la tensión ocasionada por las acciones de los cientos de negros que se liberaban del yugo de sus amos y constituían ámbitos de libertad y resistencia, los palenques. Frecuentemente eran vistos como amenaza para una ciudad en donde los blancos —que eran minoría— mantenían el poder omnímodo.
El otro polo de la tensión lo constituían los blancos. Ante las grandes ventajas económicas que les traía el trabajo esclavo, reaccionaron con violencia en contra de los negros que lograban liberarse de la esclavitud. Usaron contra ellos diversas formas: calumnias, encarcelamientos injustos, torturas, mutilaciones, asesinatos, persecución encarnizada, destrucción de sus aldeas o palenques y, después de muertos, algunos de los más importantes eran decapitados. Colocaban sus cabezas en los lugares públicos, como escarmiento y para atemorizar a otros negros.
1.1. El peso de los negros
El poder de los negros era una realidad. El investigador Ildelfonso Gutiérrez, de la Universidad de los Andes, menciona que los palenques que existieron en los actuales territorios de Colombia y Panamá, desde el siglo XVI hasta finales del siglo XVIII, sumaban 46. Sólo en el siglo XVII, existían alrededor de quince palenques 1.
Don Pedro de Acuña, gobernador de Cartagena, —cuando expiraba el siglo XVI (1598)— le escribe al rey de España en estos términos:
La “impusición” de los negros que el procurador general de la ciudad ha suplicado a V. M. es muy necesaria para que haya con qué salir a buscar los negros cimarrones que con la ocasión de los muchos montes y aspereza de montañas crecen cada día 2.
El crecimiento de los cimarrones, con esas condiciones tan favorables como menciona el gobernador, seguirá a lo largo del siglo XVII. No había tantas lagunas y montañas en Lima, ni en ninguna otra parte de las tierras tomadas por los españoles, que propiciaran, como en Cartagena, la fundación y el mantenimiento de los palenques.
El censo de los negros de Cartagena, adelantado por el gobernador don Juan de Pando y Estrada, en el año 1693, muestra la existencia de 5.700 esclavos. Este número, “aparentemente escaso superaba con mucho el de los blancos españoles y criollos” 3.
1.2. Un pueblo organizado y temido
Durante el tiempo de la labor pastoral de Pedro Claver en Cartagena —y más precisamente en el año 1621—, ocurre el asesinato de uno de los más importantes jefes cimarrones, Bioo o Biho. El gobernador de entonces, don García Girón, se refiere a él en los siguientes términos (como es un texto largo lo he dividido, para mostrar desde varios puntos de vista el poder negro en aquellos tiempos):
Cuando llegué a gobernar esta provincia, una de las cosas que hallé más dignas de remediar fue un alzamiento que había habido en esta ciudad de unos negros cuyo caudillo y capitán fue un negro llamado Domingo Bioo, negro tan belicoso y valiente que con sus embustes y encantos se llevaba tras de sí a todas las naciones de Guinea, que había en esta ciudad y provincia. Hizo tanto daño, tantas muertes y alboroto, que llevó a gastar a esta ciudad más de doscientos mil ducados.
Muy significativa era la organización a que habían llegado. Tenían en ese momento un jefe extraordinario, Domingo Bioo, con poder de arrastre y de convencimiento. Muchos negros dejaban la ciudad e iban a engrosar el número de habitantes del Palenque La Matuna, en donde Bioo era el jefe máximo.
Y sin poder castigarle a él ni a los negros alzados que traía consigo, se tomó con él un medio muy desigual y se le consintió que viniese a poblar a veinte leguas de aquí —con todos sus soldados— los cuales hicieron y fundaron un pueblo que se llamó Matuna. Era un sitio fuerte entre unas ciénagas y caños de agua. Allí se fortificaron los negros con muchos palenques.
Su poder fue tan grande que las autoridades “permitieron” que se estableciera a veinte leguas de Cartagena. Es una transacción que muestra la fuerza negra frente a los blancos. ¡Parece mucho más que una oferta bondadosa del gobernador!; manifiesta un tácito reconocimiento de la imposibilidad en que estuvo siempre el gobierno español de reducir definitivamente o exterminar a los negros cimarrones de los arcabucos de la provincia de Cartagena.
Domingo Bioo nunca consintió que ningún español entrase con armas en su pueblo; y a dos alcaldes de la hermandad que acaso fueron por allí a correr la tierra, los desarmó diciendo que en su jurisdicción no había de entrar gente armada, porque él era el Rey de Matuna. Y llegó a tanto su atrevimiento que se intitulaba con ese apellido; y si acaso venía a esta ciudad era con gente armada.
Llamarse rey en este tiempo implicaba un gesto de libertad extremo, ya que se desconocía a la corona española; por otro lado, indicaba la fuerza negra, confirmada por la desigualdad en el porte de armas. Ellos sí las podían llevar en sus entradas a Cartagena, sin embargo en el palenque estaban absolutamente prohibidas a los visitantes blancos.
Finalmente, todos los negros de esta provincia y ciudad que pasan de veinte mil [20.000], le tenían tanto miedo y respeto y él era tan belicoso y atrevido, que cada día se temía alzamiento; y todos los vecinos de esta ciudad que son muchos, que tenían haciendas cerca del pueblo de este negro, le reconocían y regalaban 4.
Tanto blancos como negros le rendían pleitesía a este jefe negro; o porque seguían sus pasos, o porque se sentían atemorizados ante su poder militar y su influencia social.
Ante estos acontecimientos, las autoridades asumen una respuesta brutal. Apoyados en la deslealtad de varios de los guerreros del rey Biho, lo toman preso y lo ahorcan el 6 de marzo de 1621. Por un tiempo se atemorizan los negros, no obstante mantienen su resistencia en los palenques y sus ansias de libertad, hasta la llegada de la Independencia.
2. Labor de Pedro Claver
2.1. Puntada histórica de su vida
Pedro Claver nace en Verdú —Cataluña, España— el 26 de junio de 1580. El 7 de agosto de 1602 ingresa a la Compañía de Jesús en el seminario de la ciudad de Tarragona. Allí se comprometió con los votos religiosos el día 8 de agosto de 1604, a la edad de 24 años. Fue enviado a Gerona para continuar el estudio de las letras (latín, griego y retórica), en un colegio que acababan de fundar los jesuitas, en la frontera con Francia.
Terminado un año en Gerona, salió para sus estudios filosóficos en el colegio de Montesión, en la isla de Mallorca. En este lugar se encontró con el hermano Alonso Rodríguez, portero del colegio, quien le ayudó en su vida espiritual. Se hicieron tan amigos que Claver nunca olvidará en su vida los consejos del ya anciano hermano portero.
Terminó sus estudios filosóficos de tres años en Mallorca y pasó a Barcelona, para empezar la teología. Un año largo duró este proyecto —junio de 1608 a enero de 1610—, porque el padre provincial le comunicó el destino para “Las Indias”, en carta del 23 de enero de 1610. Se embarcó para el nuevo Reino de Granada el 15 de abril de 1610. Pasó a Santa Fe de Bogotá, para terminar sus estudios teológicos en 1613.
Siguió a Tunja en 1614 y finalmente a Cartagena en noviembre de 1615, cuando contaba con 35 años de edad. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de 1616. Muy pronto, y de la mano del padre Alonso de Sandoval, conoció los barracones donde hacinaban a los esclavos y visitó los galeones marcados con la bandera negra de la esclavitud. Allí iba a transcurrir su existencia que se prolongó hasta su muerte, el 8 de septiembre de 1654.
2.2. Una catequesis con características propias
Pedro Claver tuvo entre sus principales ocupaciones en Cartagena, la acogida de los negros que traían del Africa y su bautismo. Para esta labor se ayudaba de intérpretes, que eran negros convertidos. El proceso de la catequesis que seguía tiene unas particularidades que la distinguen de sus fuentes: la catequesis del padre Alonso de Sandoval y la del cardenal de Sevilla.
2.2.1. Catequesis de Alonso de Sandoval
En su libro Un tratado sobre la esclavitud, Alonso de Sandoval coloca el siguiente proceso de la catequesis, en nueve pasos:
1) Advertirles que sin el bautismo no pueden ir al cielo:
Lo primero pues, que parece convendrá enseñarles será cómo sin recibir el bautismo... no pueden ir al cielo.
2) Explicarles el sentido del agua:
Lo segundo, se les dirá que aquella agua no se les echa para lavarles las cabezas de alguna suciedad, refrescárselas, o para quitarles el cabello; sino que es agua de Dios, una cosa grande, ordenada por Jesucristo, para que con ella se renovara el hombre perfectamente, dándole la gracia de Dios, su amistad y grandes bienes con ella; por la cual, de esclavos del demonio se vuelven hijos de Dios, y de pecadores se vuelven justos. Y no solamente lava el alma de toda mancha de culpa, mas también la libra de toda la pena del infierno y del purgatorio, de modo que si uno muriese luego después de ser bautizado, iría derecho al cielo, como si jamás hubiera cometido pecado; que con ella quedan cristianos como los blancos...
3) Explicarles la omnipresencia de Dios:
Enseñarles ha luego los misterios siguientes. Cómo hay Dios que nos está mirando, aunque nosotros no lo miramos a él. Que está en el cielo, en la tierra, en el mar, en sus tierras y en todas partes, al modo que sus ojos están en todo lo que tienen presente. Y que este Dios es tan grande y poderoso, que siempre fue, y siempre será, que lo ha hecho todo, el cielo, la tierra, la mar, lo que comen y beben, y a ellos mismos, y a todos los hombres y cuantas cosas ven y no ven, las hizo y creó este gran Dios.
4) Llevarlos a comprender la Trinidad:
Lo cuarto, el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios: declarándoles por alguna comparación o semejanza, cómo —aunque les decimos que son tres, no es más que uno solo, porque todas tres, aunque distintas, no les suele decir, que aquel canto del manteo, que ven todos y se les figura allí, no es más que uno, y de él se les hacen tres divisiones o pliegues que todos confiesan ser tres y desplegándolo se les demuestra uno.
5) Comprensión del Hijo de Dios:
Se les dirá que este gran Dios que le hemos dicho tiene su Hijo, Dios también como El, la segunda persona que dijimos; el cual se hizo hombre —así como todos los hombres— para salvarnos a todos y llevarlos al cielo con El y con su Padre y se llama Jesucristo.
6) Explicar a María, madre virgen de Jesús:
Lo sexto, se les dirá cómo ese Hijo de Dios se hizo hombre y nació de Santa María su madre, donde se les dice que adviertan, que varón como las demás mujeres que tienen hijos, porque aunque concibió a su hijo Jesucristo, quedó virgen doncella, y lo mismo cuando le parió porque era madre de Dios; el cual sabe y puede hacer cosas grandes como ésta lo fue.
7) Explicar el cielo y el infierno:
Lo séptimo, que este Dios grande y todopoderoso tiene dos casas, la una hermosísima donde siempre hay contento, que está arriba allá en el cielo, donde están y van todos los que tienen agua en la cabeza... La otra casa tiene abajo, en la cual no hay sino mucho fuego, azote y castigo, y allí van los que no tienen agua y no le quieren servir aunque la tengan, donde les atormentan siempre.
8) Conocer el Hijo de Dios su muerte y resurrección:
Lo octavo, que este Hijo de Dios que se les ha dicho, murió porque quiso, para llevar a todos los que se hubieren lavado la cabeza donde él está; porque habiendo muerto volvió a vivir y fue a abrir la puerta que estaba cerrada, y allá está glorioso, donde tendrá consigo... a los cristianos, a los que se lavaron la cabeza de buena gana... pero a los que no se quisieren lavar la cabeza, que hurtaren, fornicaren, mataren y no se contentaren con sólo su mujer, los echará a la casa de abajo, donde los castigan con fuego para siempre.
9) Explicar el misterio de la resurrección:
Lo noveno, se les declarará el misterio de la resurrección, con que reciben gran consuelo. Por lo cual, después de haberles explicado lo que se apuntó de Cristo nuestro Señor, se les dirá que cuando Dios quiera, se han de morir todos los hombres, como han visto en sus tierras morir a muchos y que así, en llamándoles Dios, también ellos se han de morir... Enterados de esta verdad, se les dirá cómo el alma nunca muere, que lo que muere sólo es este cuerpo, que ven y sienten enfermo, el cual ha de volver a resucitar y a vivir y juntándose otra vez con su alma, ambos juntos han de ir al cielo, si mueren con agua de Dios y de bautismo en la cabeza y fueren amigos de Dios; o si no, como se les dijo, al infierno 5.
Por lo que se puede percibir, las características principales de la catequesis de Alonso de Sandoval son las siguientes. En primer lugar, se centra en las imágenes del cielo y el infierno, es decir, en una visión teológica en la cual el bautismo rescata de la muerte eterna y coloca a las personas en amistad con Dios. En segundo lugar, se hace énfasis en el agua, capaz de limpiar y de abrir las puertas del paraíso. En tercer lugar, la Trinidad tiene una importancia grande, a la cual se le dedica la comparación con el manteo doblado en tres, pero que sigue siendo un solo manteo.
2.2.2. Catecismo del arzobispo de Sevilla
Lo que conocemos de este proceso catequético, de monseñor Pedro Castro de Quiñones, nos lo trae el mismo Alonso de Sandoval en estos términos:
Los que se hubieren de bautizar sin condición, o con ello se deben primero catequizar, y disponer con dolor de sus pecados y propósito de la enmienda. Los misterios sustanciales que será forzoso enseñarles y que los entiendan conforme a la capacidad de cada uno, son: un solo Dios creador de todas las cosas; el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios. Que el Hijo de Dios se hizo hombre por salvarnos, y que murió, y resucitó y está glorioso en el cielo; que hay otra vida y en ella gloria para siempre o tormento para siempre; que no se pueden salvar sin el bautismo y sin la ley de Nuestro Señor Jesucristo... 6.
Es una síntesis elaborada por Sandoval. Seguramente tenía en sus manos aquel precioso documento de Sevilla. Sus características principales son: primero, afirma la participación en la redención de Cristo por medio del bautismo; segundo, mantiene su peso la explicación de la Trinidad; tercero, desaparece la importancia del agua, que existía en el catecismo de Sandoval.
Aunque se trata de un resumen, parece interesarse menos que el catecismo de Sandoval por las imágenes y las repeticiones. Quizá haya sido más conceptual, dejando para las aplicaciones concretas las insistencias y las imágenes.
2.2.3. La catequesis de Pedro Claver
Veámoslo a la luz de uno de sus biógrafos más completos, el padre Angel Valtierra:
1) Realiza un gesto de amor con los negros:
Lo primero que hacía, se lee en el proceso de labio del Hermano González y de Andrés Sacabuche, era abrazar y acariciar a todos los esclavos que iba encontrando.
2) Les da la bienvenida a los esclavos:
De repente se ponía en medio de los esclavos negros y por medio de los intérpretes les decía que venía para ser el compañero de todos. Que fueran bienvenidos a la tierra de los blancos.
3) Les regala presentes:
Seguía luego la repartición de los regalos por medio de los intérpretes. Agua fresca ante todo; abrían sus ojos y se lanzaban tras ese jarro de agua. A los más decaídos les daba un remedio que los sacaba del letargo, un buen vaso de agua fuerte o aguardiente.
4) La imagen de Jesucristo en la cruz:
Sólo después venía la parte del espíritu; hacía luego un altar en sitio alto, en donde todos le pudieran ver; en él ponía una imagen de Cristo clavado en una cruz pintada en tela, con una pila a los pies en la cual caía toda la sangre que corría del Cristo, y cerca de la pila un sacerdote con la estola y la capa, que estaba bautizando con tal sangre a varios negros, los cuales parecían muy bellos después de ser bautizados y los que no lo estaban aparecían muy brutos. Algunos demonios estaban con la boca abierta como si les quisieran tragar.
5) Bautizaba más rápidamente a los moribundos:
Si alguno estaba en peligro grave lo bautizaba al punto, y con los que no estaban en estas circunstancias, les instruía muchos días, enseñándoles la doctrina cristiana y las oraciones, y después les hacía hacer el acto de la contrición muy fervorosa...
6) La señal de la cruz:
Su intérprete más asiduo, Andrés Sacabuche, de Angola, cuando declara más tarde a los 45 años: “Lo primero era enseñarles a hacer la cruz por mí y los otros, perfectamente, con la mano derecha; y en sólo esto se solía demorar una hora, porque los iba visitando y viendo de uno en uno, si la hacían bien y si formaban la cruz”.
7) Otras enseñanzas: oraciones y Trinidad:
Y luego les enseñaba el Padre Nuestro, el Ave y el Credo y los misterios de la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, que aunque fuesen tres personas no eran sino un Dios, y para dárselo a entender hacía en un pañuelo muchos pliegues y les mostraba y luego que vieran los pliegues los desligaba y les decía cómo no era sino un pañuelo solo, con lo cual los negros fácilmente creían en el misterio.
8) El Hijo redime el pecado original:
Y lo mismo les enseñaba cómo de las tres personas de la Santísima Trinidad, la Segunda, el Hijo, se había hecho hombre para remediar el pecado original, con el cual nacen todos.
9) La encarnación y la vida de Cristo:
Luego la Encarnación y luego sacaba un libro que tenía, en el cual estaba pintada toda la vida de Cristo en estampas. Y les mostraba una de la virgen con el Hijo benditísimo en sus brazos y luego les descubría toda la vida de Cristo hasta su muerte y resurrección; y mostrándoles las estampas, según iba explicándoles.
10) La inmortalidad del alma, el infierno y el cielo:
Luego la inmortalidad del alma, el infierno, el cielo y para esto mostraba unas estampas, sobre todo del infierno, un alma en pena y también un alma que estaba en la gloria.
11) Enseñanza sobre Jesucristo redentor:
Luego, después de la instrucción sacaba de su seno un crucifijo de bronce que siempre llevaba consigo, de un cuarto de largo y levantándolo en lo alto para que todos lo viesen, con gran fervor de espíritu y acento les decía que aquel Señor que tenía clavados los pies y las manos en la cruz, era el Hijo de Dios, que para remediar el género humano se había hecho hombre y muerto en una ignominia lamentable, pagando por sí mismo las penas que nosotros merecíamos.
12) Termina con una oración:
Y de repente hacía que todos en alta voz, por medio de los intérpretes recitasen las palabras siguientes: “Señor mío Jesucristo, Hijo de Dios, Tú eres mi Padre, me duele de haberte ofendido. Yo te amo mucho. Yo te amo mucho” (repitiéndolo muchas veces y dándose al mismo tiempo golpes de pecho) 7.
2.2.4. Su especificidad
La catequesis de Pedro Claver tenía en común con las anteriores: el hecho de darle importancia a la redención de Cristo, conseguida mediante el bautismo; el énfasis en la explicación de la Trinidad; finalmente, los pasos que se siguen en el proceso de la catequesis.
Sin embargo, hay características propias de la acción bautismal del apóstol de los negros. Un aspecto son los gestos de amor y la bienvenida que les daba a los africanos. Además, la utilización de imágenes fue más importante para Pedro Claver que para Alonso de Sandoval y para la catequesis de Sevilla. Es como si se hubiera metido en el alma negra y hubiera descubierto su manera de ser, imaginativa y concreta 8.
Sobresale también la pasión de Cristo. Aunque los otros la tienen en cuenta, para Claver es definitiva. Por eso, coloca el cuadro con la imagen sangrante del crucificado en medio de los catequizandos. Vale la pena recalcar allí el aspecto del dolor de la pasión, del sacrificio de Cristo que entrega su sangre por la redención de la humanidad.
En estrecha relación con lo anterior, la catequesis de Pedro Claver tiene una insistencia especial en la cruz. Cada negro debería aprender a hacerse esta señal. Al final, les mostraba el crucifijo que permanentemente cargaba consigo; así, reforzaba el amor a Jesucristo crucificado.
2.3. Enfasis en la pasión
Se cuenta en las biografías de Pedro Claver que un día el padre rector fue a su cuarto, y lo encontró con una corona de espinas en la cabeza y lleno su cuerpo con instrumentos de suplicio 9.
Para sus largas oraciones —realizadas muchas veces hasta altas horas de la noche— usaba el libro de meditación llamado Vita D. N. Jesucristo, escrito por el padre Bartolomé Ricci e impreso en Roma en 1607 10. Valtierra nos dice que Pedro Claver:
Ora, como suele hacerlo siempre. Sobre un taburete cercano está abierto el libro del P. Ricci que contiene ilustraciones evangélicas, las preferidas son las de la Pasión: “Cristo atado a la columna”, etc. 11.
La pasión de Cristo centraba sus preocupaciones teológicas y espirituales. Uno de los biógrafos franceses llega a decir que:
En la vida de Nuestro Señor, lo que más le atraía particularmente, era la Pasión: no dejaba de estudiarla, de comprenderla, de penetrar en ella. La oración en el jardín de los Olivos, la flagelación, la coronación de espinas, la Crucifixión, el descenso de la Cruz, he ahí los temas sobre los cuales —como los grandes místicos— él volvía sin cesar... 12.
2.4. Insistencia en la cruz
En consecuencia con lo anterior, se destaca en Pedro Claver un gran amor a la cruz. Las biografías recuerdan que siempre llevaba consigo un crucifijo de metal, colocado en una cruz de madera. Lo usaba en los momentos importantes de su diálogo con los catequizandos, con los enfermos y con las personas desesperadas a las cuales atendía con amorosa solicitud.
Alfonso de Andrade, uno de sus primeros biógrafos, comenta lo siguiente:
La cruz por todas partes. Sin ésta no se explica la vida de San Pedro Claver. Con ella, con ese amor apasionado por su Dios crucificado, se explican todas sus locuras santas. En su aposento la tenía siempre a su vista, en el confesionario había colocado una, en donde ponía la Santa Imagen, de suerte que la boca del penitente llegase a sus pies y él la tuviese delante de sus ojos 13.
2.5. Sufrimiento por Cristo
En la vida del santo, la imitación de Jesucristo tenía que ver con la entrega total de su vida y con el sufrimiento. Sufrir por Cristo era una de sus delicias. En ese sentido, no se contentó con los durísimos trabajos del apostolado con los negros, sino que buscó añadir a éstos las terribles penitencias voluntarias que le dictaba su espíritu ascético.
Quizá sea este punto uno de los de mayor influencia de San Alonso Rodríguez sobre Pedro Claver. Aquel humilde hermano jesuita, portero durante largos años, había escrito esta oración que impactó el camino de Claver:
¡Oh mi dulcísimo Jesús, amores de mi alma y telas de mi corazón! Quién Señor habrá que no quiera de muy buena gana padecer penas y tormentos por tu amor, pues tú, por el mío, tantas pasaste, Dios mío... venid pues todos los géneros de trabajo que en el mundo hay, sobre mí, porque este es mi consuelo, padecer Señor y consolarme con el consolador crucificado 14.
Estos aspectos anteriormente mencionados —la pasión, la cruz y el sufrimiento—, confirman lo que ya veíamos en la catequesis. La vida de Jesucristo y —en especial— los misterios de la pasión se constituyen en la vida y en el trabajo de San Pedro Claver, en su corazón y centro principales. Quizá allí esté su gran especificidad, frente a Sandoval y a la catequesis de Sevilla.
3. Conclusión: luchas paralelas
Retomemos la pregunta: ¿por qué no existe una relación —hasta ahora documentada— de Pedro Claver y la lucha de los cimarrones, en la Cartagena de la primera mitad del siglo XVII?
3.1. Una situación poco favorable
Ciertamente, en las biografías escritas sobre Pedro Claver —la mayoría de carácter ascético— ni siquiera se mencionan la búsqueda de resistencia y de libertad de los negros y la constitución de sus palenques. El mismo Valtierra (1954) —quien quiere escribir sobre “la vida y la época” del santo (como reza el subtítulo de la obra)— por ninguna parte habla de los cimarrones.
Quizá haya influido el ambiente cultural que se vivía. En términos generales, Eduardo Cárdenas nos dice que:
La evangelización de América se realizó cuando la cristiandad ibérica todavía se movía en un contexto de odio contra los mahometanos. Los musulmanes eran los “gentiles”, y los negros aparecían como una prolongación del mundo musulmán... Los negros hechos prisioneros en Africa eran o mahometanos o equiparados a los mahometanos 15.
Siguiendo esa misma línea de pensamiento, no faltó en aquel contexto cartagenero la convicción de que los negros descendían de Cam, hijo maldito de Noé, quien llegó a poblar el Africa. Así lo demuestra un texto citado por el investigador Arrázola 16.
El hecho de que los sacerdotes diocesanos y las comunidades religiosas fueran esclavistas, para el trabajo en sus fincas, hacía difícil que ellos mismos se enrolaran en procesos de apoyo a las luchas libertarias de los negros. El censo de 1693, antes mencionado, da cuenta de la existencia de 278 esclavos “eclesiásticos”, frente a 5.256 esclavos “seculares”, y 166 “ministros de la Inquisición” 17.
Era tal la posición a favor de los blancos, por parte de la Iglesia Católica en general y de la jerarquía, que no pocas veces —en los momentos de asesinatos de cimarrones importantes— “se descubrió en la Iglesia Catedral el Santísimo Sacramento, cantando el tedeum laudamus” 18.
3.2. Algunos apoyos importantes
Había, sin embargo, apoyos decisivos en aquella situación. El general de los jesuitas, el padre Vitelleschi, escribe así al superior de ellos en Cartagena, Alonso de Sandoval:
Agradezco a vuestra reverencia el santo celo con que alienta y afervora los ministerios, en especial el de los morenos, que en esa ciudad es tan importante y de tanta gloria de Dios. Ruego a V. R., encarecidamente que lo lleve adelante y procure que vaya siempre en aumento, que la necesidad de esa pobre gente es tan grande que obliga que hagamos todo por socorrerla y ayudarla 19.
Igualmente era de gran ayuda la labor de Alonso de Sandoval para con los esclavos provenientes de Africa. Había comenzado desde antes de la llegada de Pedro Claver a Cartagena. Sandoval no sólo aportó su trabajo pastoral, sino también sus escritos en favor de los negros. Algunos llegan a comparar su labor con aquella que realizó —años antes— Bartolomé de las Casas en beneficio de los indios de América.
Al expirar el siglo XVII encontramos sacerdotes mediadores entre los palenqueros y la corona española. El padre Baltazar de la Fuente, por ejemplo, logró del rey una cédula que favorecía al Palenque de la Sierra de María (origen del actual Palenque de San Basilio). Aunque no se cumplió aquella orden real —por las oposiciones de los poderosos de Cartage- na—, sí mostró el acercamiento del clero hacia los cimarrones.
Pero, a pesar de estos gestos de colaboración con las expectativas de los negros, no llegaron a interesarse por sus luchas. No tomaron como algo propio el proceso de resistencia y de liberación de los negros, como tampoco lo hizo de forma directa el padre Pedro Claver.
3.3. Las explicaciones
Eduardo Lemaitre, en el prólogo de su obra, dice de Pedro Claver que
...su acción —aunque meritoria desde el punto de vista religioso— careció de la trascendencia social y política necesaria para mejorar fundamentalmente el status de los esclavos de nuestro país.
Otro investigador colombiano —Jaime Uribe Jaramillo— opina de Claver y de Sandoval que
...no atacan con el ardor y tenacidad que pusieron los teólogos indigenistas en la defensa de la personalidad del indio y de su condición de vasallo libre de la Corona 20.
El padre Valtierra tiene la convicción de que tanto Sandoval como Pedro Claver se enfrentaron a la esclavitud en las circunstancias concretas que la rodeaban: el primero como ideólogo, desbaratando los argumentos de los negreros para justificar la esclavitud, y el segundo como hombre de acción, apoyando a los negros, colocándose a su lado y poniéndose a su servicio en los momentos precisos en que su ayuda era solicitada 21.
San Pedro Claver no fue protagonista activo y principal de grandes sucesos históricos; sufrió el influjo, como era natural, de aquel ambiente del siglo XVII inconfundible. Fue uno de los forjadores ocultos de la historia, más bien que un personaje perturbador de la misma 22.
Arrázola —en la obra ya varias veces citada— dice que
...todavía es más diciente, que las autoridades no se valieran nunca de los buenos oficios de San Pedro Claver con todo y la compañía de su equipo de intérpretes, para la reducción de los cimarrones.
Y lo explica señalando que podría deberse tanto a que no se tomaba muy en serio la ascendencia del santo entre los negros, como a que jamás se pensara en reducirlos de otra manera que a sangre y fuego 23.
3.4. El fondo bíblico-teológico
Si tenemos en cuenta lo arriba analizado acerca de la catequesis de Pedro Claver y los rasgos más importantes de su espiritualidad, podríamos llegar a la siguiente conclusión, colocada a manera de hipótesis en tanto no se descubran otros documentos históricos o se elaboren otras teorías consistentes.
La insistencia en la pasión de nuestro Señor Jesucristo, en la cruz y en el sufrimiento como camino de la imitación del Salvador, configuran una cristología centrada en la redención, preocupada —principalmente— por los padecimientos y la muerte sangrienta de Jesús.
Tal cristología —puesta en ejercicio en el proceso de la catequesis— traía consuelo a los negros que se encontraban con Pedro Claver; les daba esperanza en una vida plena, en el cielo; los animaba en su existencia terrena y les concedía —no pocas veces— la salud y la alegría. Una de las razones que San Pedro Claver aducía para que los esclavos se bautizaran era que haciéndolo “se tornaban más hermosos, físicamente” 24.
No obstante, esa misma cristología centrada en el dolor de la pasión, no abría espacios suficientes para fortalecer procesos liberadores, de resistencia, identidad y libertad en el pueblo negro. Llevaba de forma explícita —como se percibió en la vida de Pedro Claver— a la experiencia del sufrimiento, como manera de acompañar e imitar al Jesús sufriente del Calvario, pero no apoyaba directamente las luchas de los cimarrones.
De esta modo, se dio históricamente un paralelismo entre la labor de Pedro Claver, en absoluto admirable y reconocida por todos: de solidaridad y de amor concretos para con los negros; y —por otro lado— las luchas de liberación promovidas por los negros en mismo período. Tal paralelismo no deja de cuestionarnos hoy, aunque encuentra su explicación principal —como queremos aquí proponer— en los contenidos cristológicos de la vida y el anuncio del apóstol de los negros.
Neftalí Vélez Chaverra
Apartado Aéreo 25.916
Bogotá
Colombia
1 Gutiérrez Azopardo, Ildelfonso, Historia del negro en Colombia. Edit. Nueva América, Bogotá, 1980, págs. 40-42 y 68.
2 Arrázola, Roberto, Palenque, primer pueblo libre de América. Historia de las sublevaciones de los esclavos de Cartagena. Ed. Hernández, Cartagena, 1970, pág. 15.
3 Ibid., pág. 92. Nota: el lenguaje de estos textos y de los citados en el trabajo, los coloco con frecuencia en castellano actual para facilitar una mejor comprensión.
4 Ibid., págs. 56-57. Nota: como en las citas anteriores, los énfasis son míos.
5 Sandoval, Alonso de, Un tratado sobre la esclavitud. Alianza editorial, Madrid, 1987, págs. 421-424.
6 Ibid., págs. 498-499.
7 He tomado los pasos de la catequesis de Pedro Claver con una cierta libertad, de acuerdo con la reproducción que hace el autor seguidamente mencionado: Valtierra, Angel, El Santo que libertó una raza. San Pedro Claver S. J., esclavo de los esclavos negros. Su vida y su época. Imprenta Nacional, Bogotá, 1954, págs. 217-218, 222, 224.
8 Sobre esa capacidad imaginativa, ver: Ledos, Gabriel, Saint Pierre Claver. Librairie Victor Lecoffre. Paris, 1923 (2a. ed.), págs. 53-56; Valtierra, Angel-Hornedo, Rafael M. de, San Pedro Claver, esclavo de los esclavos. BAC, Madrid, 1985, págs. 80-81; Lamed, Pedro Miguel, Un cristiano protesta. Pedro Claver (1580-1654). Bibliograf S. A., Barcelona, 1980. págs. 154-160.
9 Valtierra, Angel, op. cit., pág. 389.
10 Valtierra-Hornedo, op. cit., págs. 89-90.
11 Valtierra, Angel, op. cit., pág. 389.
12 Ledos, Gabriel, op. cit., pág. 132.
13 Citado por Valtierra, Angel, op. cit., pág. 403.
14 Citado por ibid., págs. 417-418.
15 Cárdenas, Eduardo, “La ética cristiana y la esclavitud de los negros. Elementos históricos para el planteamiento de un problema. En el IV centenario del nacimiento de San Pedro Claver (1580-1980)”, en: Theologica Xaveriana No. 55 (Abril-junio, 1980), pág. 254.
16 Ver, Arrázola, Roberto, op. cit., pág. 168.
17 Ver, ibid., págs. 92 y 148.
18 Ibid., pág. 198.
19 Lamet, Pedro Miguel, op. cit., pág. 201.
20 Citados por Gutiérrez Azopardo, op. cit., pág. 65.
21 Idem.
22 Valtierra, Angel, op. cit., pág. 583.
23 Ver Arrázola, Roberto, op. cit., pág. 80.
24 Ibid., pág. 78.
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