
UNA ANTIGUA LECTURA ALTERNATIVA A LA REVUELTA
DE LAS TRIBUS DEL NORTE CONTRA LA DINASTIA DAVIDICA DESPUES DE LA MUERTE
DE SALOMON 1
Friedrich Erich Dobberahn
La tradición-extra de la Septuaginta (LXX) en III Re. 12, 24a-z presenta, al contrario de como lo hace la versión ‘oficial’ del texto masorético (TM) en 1 Re. 11-12, la revuelta de Jeroboán, el cisma y el surgimiento de la monarquía del Reino del Norte como un acto de liberación, iniciado por el pueblo mismo, junto con sus ancianos, y hasta por Dios en virtud de su solidaridad con los oprimidos y explotados. Es claro que la literatura popular, a su vez, también es interpretación de hechos históricamente ocurridos. Sin embargo, la óptica de los oprimidos, de igual manera, es un documento histórico que nos transmite una manifestación de la conciencia histórica del pueblo israelita, condenada al olvido por la historiografía ‘oficial’ de los dominadores.
The special tradition of the Septuagint (LXX) in III Kings 12, 24a-z describes - different from the ‘official’ version of the Massoretic text (TM) in 1 Kings 11-12 - the Jeroboam’s revolution, the schism of the Solomonic Kingdom, as well as the rise of the Northern Hebrew Kingdom as an act of liberation, initiated by the tribes, its eldest and by God himself, according to His solidarity with the oppressed and exploited people. The popular resistance, of course, gives a subjective interpretation of the historial events, too. Nevertheless, the view of the oppressed which differs from the ‘official’ version doesn’t lose its value as a historical expression, taking into account that it transmits something of the historical consciousness of the people of Israel: facts being most likely to be forgotten by the ‘official’ historical documentation of the rulers.
1. Introducción
“Mundo negro y lectura bíblica”, es el título de este número de nuestra RIBLA. Temática cautivante que nos reta a buscar lecturas de la historia que mantengan su carácter de alternativas a las lecturas de los dominadores, especialmente cuando se trata de lecturas de la Biblia. Recuerdo haber oído, hace algunos años, un “Negro Spiritual” que dice:
Come down, come down, my Lord, come down!
My Lord’s a-writtin’ all the time.
An’ take me up to ‘wear the crown!
My Lord’s a-writtin’ all the time!
¡Baja, baja, Dios mío, baja!
Mi Señor está escribiendo todo el tiempo.
¡Y me levanta para ponerme la corona!
Mi Señor está escribiendo todo el tiempo.
En este “Negro Spiritual” encontré expresada una firme convicción: si Dios mismo hiciera el trabajo de historiografía también en la tierra, ella terminaría siendo, necesariamente, una realización alternativa de la historia, pues todos los oprimidos del mundo serían levantados de la miseria y recibirían una corona de su mano.
En su libro La historia de Israel desde los pobres, Jorge Pixley enfatiza mucho una tradición de la Septuaginta (= LXX, III Re. 12, 24a-z) que, al tratar de la revuelta de las tribus del norte contra la dinastía davídica, presenta una lectura alternativa a la versión oficial, encontrada en el texto masorético (= TM, 1 Re. 12, 24) 2. Existen, hasta hoy, pocos estudios sobre esta parte de la LXX en portugués o en castellano 3. Por esto procuraremos hacer una presentación de un breve análisis exegético de este texto, para iniciar una discusión más amplia acerca del valor de las tradiciones populares existentes en el ambiente bíblico.
Por lo general se considera al TM como más confiable que el de la LXX. Tal opinión generalizada se debe al hecho de que los manuscritos hebreos en los que se basa la LXX como traducción griega, pertenecen a un grupo de textos ‘vulgares’ que, alrededor del segundo y del primer siglos a. C., circulaban en el judaísmo de la diáspora griega de Alejandría. Ordinariamente, la palabra ‘vulgar’ quiere decir que tal género de textos desempeña una función que conocemos asimismo por los targums ara- meos 4: El texto tiene como preocupación hacer su contenido inteligible al pueblo. Para eso el texto no sólo evita palabras oscuras y obsoletas, prefiere una sintaxis simple, echa mano de un estilo directo, etc., sino que también adapta su tradición a las condiciones vivenciales en que el pueblo se encuentra, con la finalidad de ‘implantar’ la tradición sagrada en el ambiente religioso y cultural del mismo 5.
‘Vulgar’, además de esto, significa asimismo, a nuestro entender, una buena oportunidad para la investigación histórica, pues este género de literatura en verdad ‘original’ nos ofrece textos todavía no ‘purificados’. Los textos vulgares no se preocupan por eliminar duplicaciones, lecturas alternativas que existan una al lado de la otra, voces y ópticas diferentes. De este modo, una tradición vulgar o popular puede estar más cercana a la multiplicidad y heterogeneidad de la historia y funcionar como ‘elemento crítico’. Los procesos redaccionales que purifican su tradición, se hallan comprometidos, en la mayoría de los casos, con los intereses de los dominadores que quieren ‘oficializar’ su versión de la historia a costa de otras versiones. Y, ¿será cierto que tales ‘otras’ versiones no contienen verdades —verdades inclusive también históricas? ¡Vamos a ver!
En su disertación Salomón y Jeroboán, J. C. Trebolle Barrera refuerza esta visión cuando dice que los problemas redaccionales que caracterizan los capítulos 2-12 de 1 Reyes, en especial los de la tradición-extra de la LXX en III Re. 12, 24a-z, encuentran solución únicamente en el nivel de la historia de la tradición, o sea, en el análisis imparcial de las diferentes tendencias teológicas y opciones políticas que siempre están detrás de los procesos redaccionales.
2. Traducción de III Re. 12, 24a-z (LXX) 6
La LXX colocó su tradición-extra entre 1 Re. 12, 24 y 1 Re. 12, 25. En las ediciones científicas de la LXX 7, la versiculación de esta parte es III Re. 12, 24a-z.
24a) Y el rey Salomón se durmió junto a sus padres y fue sepultado junto con sus padres en la ciudad de David. Y Roboán, su hijo, gobernaba en su lugar en Jerusalén; tenía 16 años cuando asumió el gobierno. Y reinó durante doce años en Jerusalén. Y el nombre de su madre [era] Naanan, hija de Anan quien, a su vez, era hijo de Naas, rey de Amón. El [= Roboán] hizo lo que era malo a los ojos del Señor, y no seguía el camino de David, su padre.
24b) Y había un hombre [proveniente] de las montañas de Efraín, un siervo de Salomón; y el nombre de él [era] Jeroboán, y el nombre de su madre [era] Sarira 8, una prostituta. Y Salomón había hecho de él, el superintendente sobre el trabajo forzado de la casa de José. Y él construyó para Salomón, Sarira 9, situada en las montañas de Efraín; y él tenía 300 carros de combate. El construyó la ciudadela con el trabajo forzado de la casa de Efraín. El cercó(?) 10 la ciudad de David y se mostraba, así, aspirante al reino.
24c) Y Salomón intentó matarlo; pero él [= Jeroboán], cuando comenzó a sentirse en peligro, huyó donde Sesac, rey de Egipto, y se quedó con él hasta la muerte de Salomón.
24d) Y cuando Jeroboán oyó en Egipto que Salomón había muerto, él habló a los oídos de Sesac, rey de Egipto, diciendo: “despídeme y yo iré a mi tierra”. Y Sesac le habló: “pide lo que quieras, yo te lo daré.”
24e) Y Sesac [había] dado para Jeroboán, como mujer, a Ano, hermana mayor de su esposa Tequemina; y ella era grande entre las hijas del rey, y para Jeroboán ella había dado a luz a Abija, su hijo 11.
24f) Y Jeroboán habló a Sesac: “entonces, despídeme y yo me iré”. Y Jeroboán dejó Egipto y se fue para la tierra de Sarira [que queda] en las montañas de Efraín. Y toda la tribu de Efraín se reunió allá. Y Jeroboán construyó allá trincheras [en las cercanías de la ciudad de Sarira = Seredah].
24g) Y se enfermó su hijo con una enfermedad muy fuerte. Y Jeroboán fue para informarse sobre [su] hijo. Y él habló a Ano, su mujer: “levántate y ve, pregunta a Dios sobre (nuestro) hijo, si se va a recuperar de su enfermedad”.
24h) Y había en Silo un hombre, cuyo nombre [era] Ahija; y él tenía 60 años; y la palabra de Dios [estaba] con él. Y Jeroboán dijo a su mujer: “levántate y toma en tu mano panes y pastelillos para el hombre de Dios y sus niños y [también] un racimo de uvas y un recipiente de miel”.
24i) Y la mujer se levantó y tomó en su mano panes y dos pastelillos, un racimo de uvas y un recipiente de miel para Ahija. Y [este] hombre [era] viejo, y sus ojos [ya estaban] turbios de [tanto] ver.
24k) Y ella partió de Sarira y se fue. Y sucedió, cuando ella entró en la ciudad para [encontrarse con] Ahija, el silonita, que Ahija habló para su servidor: “ve, ahora, al encuentro de Ano, mujer de Jeroboán y dile: entra y no te tardes, pues así ha hablado Dios: ‘¡cosa dura voy a enviar contra ti!’”.
24l) Y cuando Ano llegó hasta el hombre de Dios, Ahija le dijo: “¿para qué me trajiste panes y un racimo de uvas, pastelillos y un recipiente de miel? Así ha hablado Dios: ‘mira, tú debes apartarte de mí’. Y sucederá que cuando tú entres a la puerta de Sarira, que tus hijas saldrán a tu encuentro y te dirán: ‘¡el niño ha muerto!’.
24m) Pues así habló el Señor: ‘¡he aquí que voy a destruir de Jeroboán [cada cual que] orina contra la pared [= hijo hombre]; y sucederá que los que mueran [de la familia] de Jeroboán en la ciudad, los perros comerán; y los que mueran en el campo, los pájaros del cielo comerán. Y por el niño lamentarán: ‘¡ay, Señor!’. Pues sólo en él se encontró algo bueno para el Señor!’”.
24n) Y la mujer se fue, habiendo oído [esto]. Y sucedió, cuando ella entró a Sarira, que el niño murió, y [que] salió [de la ciudad] el lamento a su encuentro.
24o) Y partió Jeroboán para Siquen, situada en las montañas de Efraín; y allá él reunió a las tribus de Israel. Y subió [para] allá [también] Roboán, hijo de Salomón. Y la palabra del Señor aconteció para Semaja, el elamita, diciendo: “Toma para ti un manto nuevo que [todavía] no ha sido sumergido en el agua. Y rásgalo en doce pedazos, y dáselo a Jeroboán, y dile: así habló el Señor: toma para ti diez pedazos para vestirte [con ellos].” Y Jeroboán los tomó. Y Semaja habló: “así habló el Señor: sobre las diez tribus de Israel [reinarás]”.
24p) Y el pueblo dijo a Roboán, hijo de Salomón: “tu padre hizo pesado el yugo sobre nosotros e hizo difícil la comida de su mesa. Y, ahora, si tú lo aligeras sobre nosotros, nosotros te serviremos.” Y Roboán dijo: “todavía tres días, y yo responderé a ustedes [mi] palabra”.
24q) Y Roboán habló: “me llaman los ancianos, y yo me voy a aconsejar con ellos, con qué palabra responderé al pueblo el tercer día”. Y Roboán habló a sus oídos, de acuerdo con lo que el pueblo había enviado para él. Y los ancianos del pueblo hablaron: “[haz] así como el pueblo ha dicho para ti”.
24r) Pero Roboán rechazó el consejo de ellos, no habiendo encontrado gracia de él. Y él envió y mandó buscar a sus compañeros; y él habló para ellos la misma cosa: “y esto el pueblo mandó para mí, diciendo”. Y dijeron sus compañeros: “así tú debes decir para el pueblo: mi dedo más pequeño es más gordo que el muslo de mi padre. ¡Mi padre los castigó con chicotes; yo he de castigarlos con escorpiones!”.
24s) Y [esta] palabra agradó a Roboán; y él respondió para el pueblo conforme los compañeros de su infancia le habían aconsejado.
24t) Y todo el pueblo dijo como un hombre, cada uno para su prójimo, y gritaron todos, diciendo: “nosotros no tenemos ninguna parte en David, ni una herencia en el hijo [de] Jesé. ¡A tus tiendas, Israel, pues este hombre no [sirve] para gobernante, ni para guía!”.
24u) Y todo el pueblo se dispersó de Siquem; y cada uno se fue para su tienda. Y Roboán se apresuró para irse, y subió a su carro de combate y fue para Jerusalén. Y fue detrás de él [sólo] toda la tribu de Judá y toda la tribu de Benjamín.
24x) Y sucedió cuando el año [nuevo] comenzó, que Roboán reunió a todos los hombres de Judá y de Benjamín, y subió para hacer guerra contra Jeroboán en Siquem.
24y) Y aconteció la palabra del Señor para Semaja, hombre de Dios, diciendo: “habla a Roboán, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a todo el resto del pueblo, diciendo: ‘así habló el Señor: no deberán subir, ni hacer guerra contra sus hermanos, hijos de Israel. Regrese cada uno a su tienda, pues esto me toca a mí’”.
24z) Y ellos obedecieron la palabra del Señor, y ya no fueron, conforme a la palabra del Señor.
3. Las lecturas idénticas entre la LXX y el TM
Enseguida queremos indicar primeramente dónde y en qué versículos se encuentran las lecturas más o menos idénticas de estas dos versiones en consideración.
Septuaginta Texto Masorético
III Reyes 12, 24a-z 1 Reyes 11-12 y 14
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12, 24a 11, 43
cfr. 14, 21-22
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12, 24b 11, 26-28
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12, 24c 11, 40
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12, 24d-e cfr. 11, 19-22.25b
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12, 24f 12, 2; 2 Cro 10, 2
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12, 24g-n/a 14, 1-18
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12, 24n/b 12, 3a 12, 1
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12, 24o 11, 29-31,
pero ¡cfr.11, 32-39!
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12, 24p-u 12, 3b-18.20b
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12, 24x-z 12, 21-24
4. Diferencias y divergencias entre la LXX y el TM
Bajo este título emprenderemos, ahora, la observación de las diferencias y divergencias entre las redacciones del TM y de la LXX.
4.1. Principales lecturas alternativas
por parte de la LXX
1. La edad de Roboán al asumir el trono (12, 24a; cf. 1 Re. 14, 21: 41 años).
2. La duración de su gobierno (12, 24a; cf. 1 Re. 14, 21: 17 años).
3. Las informaciones sobre la descendencia de su madre (12, 24a; cf. 2 Sam. 10, 2; vea 1 Re. 12, 21).
4. Informaciones sobre la madre de Jeroboán (12, 24b; cf. Jue. 11, 1).
5. Informaciones sobre la misma persona de Jeroboán (12, 24b):
—constructor de la ciudadela de Seredah;
—comandante de 300 carros de combate;
—cerco de Jerusalén (?).
6. Las informaciones acerca de una permanencia de Jeroboán en Egipto, y sobre su casamiento con una princesa egipcia (12, 24e; pero cfr. 1 Re. 11, 18-22.25b).
7. El relato sobre la reunión de su tribu en Efraín después de su regreso de Egipto, y sobre un sitio de la ciudad de Seredah, por iniciativa de él (12, 24f).
8. La introducción del servidor del profeta Ahija (12, 24k).
9. El pueblo entra en negociaciones con Roboán, sin ninguna participación de Jeroboán (12, 24p; pero cfr. 1 Re. 12, 3).
10. La negociación directa de los ancianos tribales (12, 24q) con Roboán sobre el aligeramiento de la servidumbre; según 1 Re. 12, 6-15, sólo había una discusión interna en la corte entre consejeros ancianos y consejeros jóvenes.
11. La caracterización de Roboán como que “no sirve como gobernante, ni como guía” por el pueblo (12, 24t).
12. La designación de Jeroboán como rey por el profeta Semaja de Elam (y no por Ahija, cfr. 1 Re. 14, 1-18) después de la muerte de Sa-lomón (y no antes de la muerte de Salomón, cfr. 1 Re. 11, 31) (12, 24o) 12.
4.2. Adiciones a la versión de la LXX
hechas por el TM
1. Las referencias a la elección de Judá y de David por parte de Yavé (1 Re. 11, 32-39).
2. Las reflexiones sobre el “pecado” de Jeroboán (1 Re. 14, 7b-9).
3. El anuncio del juicio sobre el pueblo del Reino del Norte (1 Re. 14, 15-16).
5. Evaluación de estas observaciones crítico-literarias
Al parecer, pues, tanto la LXX como el TM presentan los eventos ocurridos, a grandes rasgos, de la misma manera. Esta impresión es casi inevitable, si se tiene en cuenta todo lo que afirmamos en el apartado 3. No obstante, ambas versiones difieren en muchos detalles. Ahora nos interesa, en primer lugar, presentar una reconstrucción de los hechos y, después de eso, caracterizar las dos versiones —la ‘vulgar’ de la LXX, así como la ‘oficial’ del TM— en sus diferentes intenciones históricas, teológicas y sociales.
5.1. Hechos posiblemente ocurridos
1. A la muerte de Salomón, Roboán asume el trono davídico.
2. El regreso de Jeroboán de Egipto (III Re. 12, 24f). Reúne su tribu y sitia la ciudad de Seredah (III Re. 12, 24f; cfr. 1 Re. 11, 26b.27a).
3. Jeroboán trata de ‘comprar’ a la oposición profética en Silo, sin resultado positivo (III Re. 12, 24h-k.m) 13.
4. Negociaciones por parte de los ancianos de todo Israel con Roboán.
5. Respuesta negativa de Roboán, por la cual se manifiesta como un déspota peor en mucho que su padre Salomón. Los ancianos suspenden las negociaciones (1 Re. 12, 1-16; III Re. 12, 24p-u).
6. Roboán envía al supervisor del trabajo forzado.
7. Asesinato del supervisor, y huida de Roboán a Jerusalén (1 Re. 12, 18; III Re. 12, 24u).
8. Jeroboán consigue reunir en Siquem algunas(?) de las tribus de Israel, posiblemente para exigir la adhesión de todas ellas a su reinado (III Re. 12, 24o) 14.
9. Roboán trata de recuperar su poder perdido; reúne las tribus de Judá y de Benjamín contra Jeroboán en Siquem (III Re. 12, 24x).
10. Reunión de ambos ejércitos, el de Roboán y el de Jeroboán, en Siquem, por iniciativa del profeta Semeja(?).
11. En nombre de Yavé, el profeta Semeja sentencia que diez de las doce tribus de Israel se independicen de la dinastía davídica en Jerusalén. Jeroboán acepta (III Re. 12, 24o).
12. Se llega a un acuerdo, confiados en la palabra de Yavé (1 Re. 12, 22-24; III Re. 12, 24y.z). No habrá guerra; las tribus de Judá y de Benjamín quedan de lado de Roboán (cfr. 1 Re. 12, 20b y 21a; III Re. 12, 24u.x).
5.2. Las tendencias y opciones diferentes
Dos cosas llaman la atención en lo que se refiere a la versión ‘vulgar’: la tradición-extra de la LXX carece de reflexiones teológicas colocadas de forma expresa, y enfatiza, mucho más que la versión ‘oficial’, la participación que el pueblo tuvo en los acontecimientos posteriores a la muerte de Salomón. El pueblo es el que, sin ninguna asistencia por parte de Jeroboán, empieza las negociaciones en Siquem (12, 24p) 15, y de igual manera los ancianos ‘del pueblo’ (12, 24q) —y no los consejeros ancianos de la corte real (cfr. 1 Re. 12, 6)— son los que, ante el rey opresor, luchan por la causa del pueblo. La versión ‘oficial’ confirma indirectamente la historicidad de este recuerdo, cuando anuncia el juicio también sobre el pueblo (cfr. 1 Re. 14, 15-16).
En lo que se refiere a la carencia de reflexiones teológicas en la versión de la LXX, es obvio que la tradición vulgar en III Re. 12, 24a-z presenta su material de una manera aún no deuteronomística (como, a propósito, parece ser igualmente el caso en la LXX, III Re. 2, 35a-o y 46a-l) 16. Este descubrimiento nos parece que es muy importante, pues sin los elementos deuteronomísticos, los motivos sociales de la revuelta y del cisma destacan mucho más.
1. LXX 12, 24g-n representa una ‘versión breve’ en comparación con el TM (1 Re. 14, 1-18). El TM añade reflexiones sobre el porqué de la enfermedad y la muerte del niño de Jeroboán. El mismo Jeroboán es presentado como apóstata y merecedor de castigos (1 Re. 14, 10-11). De este modo, los eventuales motivos sociales de su revuelta y de su reforma del culto son negados categóricamente.
2. También LXX 12, 24o representa una ‘versión breve’. De nuevo el TM (1 Re. 11, 29-39) contiene un ‘además’ de reflexiones acerca de las razones del cisma entre el Reino del Norte y el Reino del Sur, mediante las cuales algún redactor deuteronomístico justifica la separación de las diez tribus del norte haciendo referencia a los pecados ‘teológicos’ de Salomón. En 1 Re. 11, 32-39 se reafirma, de manera constante, la supremacía y la legitimidad exclusiva de la dinastía davídica sobre el reino israelita entero, abolida sólo de modo temporal (1 Re. 11, 39). Toda esta reflexión sirve únicamente para decir que Yavé admitió el cisma por motivos de castigo de la dinastía de Jerusalén. Otra vez, eventuales motivos de liberación de aquellos que habían sido oprimidos por el sistema explotador de Salomón, no entran en consideración (cfr., sin embargo, 1 Re. 12, 4).
3. La LXX, en III Re. 12, 24g-n, sitúa la profecía de Ahija contra Jeroboán antes de los eventos del cisma y del gobierno del mismo. El TM, por el contrario, la sitúa en 1 Re. 14, 1-18, cuando el reino de Jeroboán ya se había establecido por completo (cfr. 1 Re. 14, 8-9).
Es posible que la LXX haya conservado la tradición anti-jeroboánica en su ubicación histórica original, a saber, en el contexto de su tentativa de promover un levantamiento contra Roboán, otra vez sin haber sido llamado por Dios 17, y de ‘comprar’ a uno de los profetas oposicionistas (12, 24h). Aparentemente, las actitudes ambiciosas de Jeroboán representaban para la oposición tribal alrededor del antiguo santuario anfictiónico de Silo (cfr. Jue. 21, 19; 1 Sam. 1, 3; etc.), un grave problema.
Si todo esto fuera verdad, la evaluación deuteronomística del gobierno de Jeroboán en 1 Re. 14, 1-18 se habría valido de una profecía que, originalmente, surgió antes del cisma. El deuteronomista, a su vez, necesitaba para su historiografía (cfr. Am. 3, 7) 18 una profecía contra Jeroboán como rey. Para la composición de su obra se valió de los anales reales y evaluó, sin excepción, a todos los reyes del Reino del Norte de forma negativa por no haberse adherido al culto central en Jerusalén. Se necesitaba, por tanto, de una profecía justamente contraria al rey Jeroboán que, según 1 Re. 12, 26-32, merecía ser tenido como el primer rey-apóstata.
Resumiendo: con todo esto, la interpretación deuteronomística no logró suprimir por completo los motivos sociales de la revuelta, sin embargo intentó remitirlos, en razón de su dogmática centralista, a un segundo plano. Al parecer, la versión de la LXX refleja en términos históricos, más que la versión del TM, la historia efectivamente acontecida.
6. Afirmaciones conclusivas
Nuestras observaciones exegéticas nos llevaron al resultado de que la historiografía ‘oficial’ —presentada por el TM y por la redacción deuteronomística, respectivamente— caracterizó la revuelta de Jeroboán, el cisma y el surgimiento de la monarquía en el Reino del Norte, como ‘pecado’ contra Dios. En cambio, la tradición de la LXX, tradición ‘popular’ todavía libre de procesos redaccionales por parte del deuteronomista, vio en todo eso un acto de liberación iniciado por el pueblo y sus ancianos, y hasta por Dios en virtud de su solidaridad con los oprimidos y explotados.
Desgraciadamente, la literatura popular no siempre es respetada como debe ser. A nuestro entender, las tradiciones de la LXX merecen mucha más atención en los análisis históricos de los textos bíblicos. Desde luego que toda literatura popular también es interpretación de hechos históricos ocurridos. Así por ejemplo, las informaciones dadas en III Re. 12, 24b.e (cfr. 1 Re. 11, 18-22.25b) podrían tener la intención de valorizar la persona de Jeroboán en el ámbito internacional —pese a su origen humilde (cfr. Gn. 37; cfr. asimismo Neh. 2, 1-10). Pero esto no significa que la tradición ‘vulgar’ sea siempre una interpretación sin valor alguno. Desde siempre, la literatura ‘vulgar’ ha acompañado la historia de la humanidad. Su valor reside en el hecho de que ella, por su opción por los pobres, guarda en su memoria ideas y acontecimientos que tienen que ver con la abolición del trabajo esclavo, la defensa de los derechos humanos, la propia cultura e identidad religiosa, y la paz y la solidaridad entre todos los seres humanos. Todo aquello que la historiografía de los dominadores, por su opción, condena al olvido, la literatura ‘vulgar’ lo conserva desde su óptica propia.
En este sentido precisamente, según dice Maxim Gorki, la literatura popular ejerce también una función pedagógica y optimista (además de servir de “elemento crítico”), y se hace indispensable cuando se trata de estudiar la historia y las ideas del pueblo humilde 19. La literatura popular, o sea, la poesía y la historiografía del pueblo, más que la literatura de las ‘bellas letras’, refleja la vida real, dando, al mismo tiempo, el honor a quien trabaja y hace historia en la base de la Historia.
Nos gustaría ver, en LXX III Re. 12, 24a-z, un ejemplo de todo esto. Debe haber muchos ejemplos de esto también en el “mundo negro” , sea en la presentación de la historia, sea en la “lectura bíblica” y la divulgación del Evangelio liberador.
¡Baja, baja, Dios mío!
Mi Señor está escribiendo todo el tiempo.
¡Y me levanta para ponerme una corona!
Mi Señor está escribiendo todo el tiempo.
[Traducción de José Luis Calvillo Esparza]
Friedrich Erich Dobberahn
Worringer Strasse 69
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Alemania
1 Una visión general sobre la literatura científica que usamos en este trabajo, se encuentra en Jörg Debus. Die Sünde Jerobeams, en Forschungen zur Religion und Literatur des Alten und Neuen Testaments, v. 93. Vandenhoeck & Ruprecht, Göttingen, 1967, págs. 68-80.
2 Jorge Pixley. História de Israel a partir dos pobres. Editora Vozes, Petrópolis, 1989, págs. 37-39 (ed. castellana: Historia sagrada, historia popular. La historia de Israel desde los pobres. San José, DEI, 1989).
3 Cfr., especialmente, J. C. Trebolle Barrera. Salomón y Jeroboán. Historia de la recensión y redacción de I Reyes 2-12; 14. Bibliotheca Salamanticensis Dissertationes, v. 3. Universidad Pontificia, Salamanca, 1980.
4 Cfr. André Paul. “O que é o intertestamento?”, en Cadernos Bíblicos (Edições Paulinas, São Paulo) v. 10 (1981), págs. 33-43.
5 En lo que se refiere a la LXX, cfr. ibid., págs. 50-61.
6 Cfr. también la traducción inglesa de III Re. 12, 24a-z hecha por Albert Ten Eyck Olmstead. “Source Study and the Biblical Text”, en American Journal of Semitic Languages and Literatures (Chicago (I11.)) v. 30(1) (1913), págs. 17-20. De gran valor son asimismo los esfuerzos de hacer una retroversión del texto griego para el hebreo, encontrada en Jörg Debus, op. cit., págs. 57-65, así como las observaciones crítico-textuales de David W. Gooding, The Septuagint’s Rival Versions of Jeroboam’s Rise to Power, en Vetus Testamentum, v. 17. E. J. Brill, Leiden, 1967, págs. 173-189.
7 Me basé para mi traducción en el texto griego, editado por Alfred Rahlfs. Septuaginta. Württembergische Bibelanstalt, Stuttgart, 1965, v. 1, págs. 661-664.
8 = Seru’ah; cfr. 1 Re. 11, 26.
9 = Seredah; cfr. 1 Re. 11, 26; ditografía o confusión entre resh y daleth en el texto hebreo; cfr. R. P. Gordon. The Second Septuaginta Account of Jeroboam: History or Midrash?, en Vetus Testamentum, v. 25. E. J. Brill, Leiden, 1975, pág. 379.
10 Así literalmente; cfr. también el uso del verbo griego en cuestión (sygkleíoo) en Jer. 21, 4.9. En la literatura científica, por lo general esta información es considerada como no-científica. Así, por ejemplo, David W. Gooding, op. cit., pág. 187: “Se trata, aquí, de una deliberada distorsión del significado original de 1 Re 11, 27”. Cfr. igualmente R. P. Gordon, op. cit., págs. 383-384.
11 Probablemente, la versión de la LXX fue influida por la historia de Hadad, un príncipe edomita (cfr. 1 Re. 11, 14-25). No convence de forma plena la información de la LXX de que el faraón Sesac haya dado una hermana de su mujer como esposa a un hombre de descendencia no real.
12 La redacción deuteronomística podría haber suprimido el nombre de Semaja y haberlo sustituido por Ahija, por lo siguiente: para el deuteronomista, Ahija es el profeta de la época que, de acuerdo al esquema deuteronomístico de “profecía y cumplimiento”, anuncia la desgracia que se realiza más tarde; cfr. 1 Re. 11, 29-32 y 1 Re. 12, 25b, cfr. también 1 Re. 14, 6-16 y 1 Re. 15, 29. Gerhard von Rad. Estudios sobre el Antiguo Testamento, Biblioteca de Estudios Bíblicos, v. 3. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1976, págs. 177-189 (en especial, págs. 180-182).
13 III Re. 12, 14g.l.n representa, originalmente, otra historia popular sobre la enfermedad del hijo de Jeroboán; esta otra tradición fue añadida a la historia principal por su carácter de mal augurio. Cfr. Horst Seebass. Die Verwerfung Jerobeams I und Salomos durch die Prophetie des Ahia von Silo, en Die Welt des Orients, v. 4. Vandenhoeck & Ruprecht, Göttingen, 1968, págs. 164-166.
14 Parece que, en términos históricos, la LXX colocó la noticia de 12,24o en un lugar equivocado de la narración, cfr. Horst Seebass, Zur Königserhebung Jerobeams I, en Vetus Testamentum, v. 17. E. J. Brill, Leiden, 1967, págs. 328-329.
15 Ver capítulo IV, A, párrafo 10. Rudolf Smend y otros observaron que, en este importante detalle, hay paralelismos entre Ex. 5, 3-19 y la versión de la LXX en III Re. 12, 24p; cfr. Rudolf Smend. Zur ältesten Geschichte Israels -Gesammelte Studien II, en Beiträge zur Evangelischen Theologie, v. 100. Chr. Kaiser, München, 1987, págs. 192-194.
16 A esta conclusión también llega Jörg Debus, op. cit., pág. 87, después de análisis meticulosos; cfr. asimismo Horst Seebass, op. cit., págs. 178-179.
17 La designación definitiva de Jeroboán como rey, aconteció cuando las tribus del Norte ya se habían separado de Jerusalén. La reunión de su tribu y el sitio de la ciudad de Seredah, organizados por él (12, 24s), podrían ser vistos como iniciativas ambiciosas y aisladas.
18 Cfr. Hans Walter Wolff. Joel und Amos, en Biblischer Kommentar Altes Testament, v. 14/2. Neukirchener Verlag, Neukirchen-Vluyn, 1985, págs. 218-219.225-226; cfr. también nota 12.
19 Citado por Jiri Cejpek. “Die iranische Volksdichtung”, en Iranische Literaturgeschichte (organizado por Jan Rypka). Otto Harrassowitz, Leipzig, 1959, pág. 468.
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