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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

EDITORIAL

Latinoamérica y el Caribe se aprestan a celebrar los 500 años del descubrimiento de América. Desde luego que una conmemoración de esta naturaleza no podía dejar de ser conflictiva en la actual situación del continente. La primera pregunta es si tenemos en realidad algo que celebrar, o si no debemos más bien hacer un gran acto de contrición y mea culpa por la cantidad de injusticias que se han cometido en todo este tiempo con miles de personas: hombres, mujeres y niños; y especialmente con campesinos y razas indígenas, que han sido arrasadas y despojadas de sus tierras.

Estas preguntas no surgen de la nada. No son cuestiones emocionales, ocultas en la historia que debe revisarse. El despertar de los pueblos que ha venido operando en el continente respecto a su situación de dependencia del Primer Mundo, es un sentimiento muy grande. América Latina ha descubierto que la dependencia no es un fenómeno económico-político de la época moderna, sino que ésta se remonta prácticamente a toda la historia del continente desde su descubrimiento por los españoles y portugueses. Nadie desconoce que la lucha por la liberación es un fenómeno que recorre todo el continente de distintas formas y surge de la conciencia de vivir siglos bajo la dominación y la violencia impuesta, primero por los conquistadores hispano-lusitanos y, luego, por otras potencias coloniales.

Esta violencia, ejercida desde el poder dominante sobre la totalidad de los pueblos americanos, ha generado todo tipo de alianzas del poder político con los intereses económicos y de éstos con el poder religioso El continente americano ha vivido a la sombra de dichas alianzas, en las que las grandes potencias luchan por la hegemonía de tierras y riquezas, sojuzgando a pueblos, razas y dioses.

A partir de esta experiencia, y como cristianos dedicados al estudio de la Biblia, hemos querido reflexionar sobre el tema del poder y la violencia estructural. Cuando leemos las Escrituras desde nuestra práctica latinoamericana, asombra ver que exista tanto paralelismo entre las experiencias del pueblo de la Biblia y la situación actual de nuestros pueblos y, en particular, de las comunidades cristianas populares dispersas por el continente. Pareciera que en ambos casos, se trata de la experiencia de vivir como pueblos oprimidos bajo el yugo del poder extranjero que genera todo tipo de violencia sobre los dominados.

Los trabajos que ofrecemos en este número van en esa dirección. Seis artículos tratan sobre el tema del poder y la violencia que los sectores dominantes ejercen sobre los pueblos oprimidos. El análisis del texto bíblico ofrece además, pistas acerca de cómo Israel o la comunidad cristiana percibieron la mano de Dios en esta situación de opresión.

Los trabajos que ofrecen estos biblistas desde Latinoamérica, si bien es cierto están a un nivel de análisis critico y erudición aceptables en el concierto bíblico internacional, tienen la particularidad de ser el producto de la reflexión de biblistas y pastores del pueblo de Dios insertos en las comunidades cristianas populares del continente. En este sentido reflejan la experiencia y buscan responder a las preocupaciones que la Iglesia latinoamericana está viviendo en este momento. Las diferentes lecturas del texto bíblico aunque son trabajos académicos con cierto rigor científico, no son totalmente objetivas, en cuanto están motivadas e interesadas en alimentar la práctica de los cristianos en el continente.

Si bien es cierto que la situación de Latinoamérica y el Caribe es muy critica, sabemos que no podemos y no debemos caer en el escepticismo. Después de todo, el pueblo pobre y creyente no pierde la esperanza de alcanzar su liberación y está cierto de que Dios está de su lado, y así lo testifica la Sagrada Escritura. Asimismo la historia del continente y del pueblo de Dios, en particular la de sus mártires, que todavía está por escribirse, habrá de manifestarse en una lucha de siglos.

No podemos decir entonces que la Iglesia haya estado siempre al lado de los pobres. Tampoco se puede afirmar que ha estado en contra de ellos. Sectores al interior de ella se han colocado en muchas ocasiones al lado del poder dominante y otros han creído que es posible quedarse al margen de la lucha política y económica. Finalmente unos pocostal vez los menos, el remanente fiel, han permanecido al lado de los pobres. Siguiendo la línea del testimonio bíblico creemos que es posible rastrear las huellas de Dios en las Escrituras y leer la historia de su pueblo, para concluir que así como estuvo con aquellos también está amando, cuidando, protegiendo y alentando al pueblo pobre del continente americano.

Esperamos que la lectura de estos trabajos, más que ofrecer respuestas acabadas o aportar erudición, levante preguntas que motiven un diálogo fructífero entre los cristianos y las comunidades cristianas o también, por qué no decirlo, con creyentes de otras religiones y también con los no creyentes. Este diálogo para que sea valedero debe conducirnos no sólo a la discusión, a la confrontación de líneas de pensamiento, de teologías o ideologías, sino sobre todo debe llevarnos a una práctica de compromiso de solidaridad con aquellos sectores más desposeídos de nuestro continente que sabemos además, están presentes en otros lugares del Tercer Mundo, y también con las minorías postergadas del Primer Mundo.

Nuestro propósito es, además, promover un despertar al interior de nuestras propias iglesias latinoamericanas, a veces adormecidas en una práctica eclesial únicamente litúrgica y/o sacramental que poco o nada tiene que ver con el sufrimiento que hay en nuestros pueblos.

Si la Iglesia es una Iglesia de la Palabra, debe dejarse interpelar por ella. Es este el propósito de nuestros trabajos.

Dagoberto Ramírez F .
Santiago de Chile

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.