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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Editorial

Jorge Pixley

Eduardo Hoornaert en 1985, en su libro “La memoria del pueblo cristiano” de la serie “Teología y Liberación”, hacía una dramática relectura de la “Patrística”.  Señalaba que nuestra visión de la iglesia de los primeros tres siglos está dominada por la imagen que creó Eusebio, obispo de Cesarea, en su Historia Eclesiástica.  Y que Eusebio escribió en la euforia de la conversión del emperador Constantino y el “triunfo” de la iglesia antes perseguida por el imperio y ahora reconocida por él como aliada.  Por lo tanto, el obispo presenta una visión de una iglesia bien ordenada con una estructura de mando que la subordina a los obispos.  Es una iglesia que desde su comienzo se va preparando para ejercer el poder en la sociedad.  Pero Hoornaert nos proponía que ésta fue una distorsión de la realidad, pues las iglesias, en estos siglos de persecución, eran comunidades de fieles organizadas desde la base y guiadas por pastores escogidos por los mismos fieles de entre su propia asamblea.  Se exige, entonces, por amor a la verdad, una relectura del imaginario histórico para que corresponda mejor, tanto a la verdad histórica como a nuestras necesidades pastorales.
Nosotros, los escritores de estos estudios en RIBLA 22 queremos profundizar el proyecto de relectura que inició en América Latina Eduardo Hoornaert.  Y queremos limitarnos a los primeros cuarenta años de las comunidades de seguidores de Jesús.  Los años entre su muerte (aproximadamente 30 d.C.) y la destrucción de Jerusalén, durante la gran guerra judeorromana, en el año 70 d.C.  Desde nuestras comunidades en América Latina, es evidente que, conocer esas comunidades, exige conocer los desafíos que enfrentaron en su realidad.  Esto es lo que dibujan a grandes rasgos Mesters y Orofino en su artículo sobre la coyuntura palestina de esos años agitados del primer siglo.
En términos literarios, este periodo concluye con la composición del evangelio de Marcos, sentando las pautas que siguieron los evangelios de Mateo y de Lucas.  Se puede argumentar que los evangelios sinópticos hicieron una síntesis de las tradiciones pertenecientes a las principales corrientes de comunidades seguidoras de Jesús, siendo su resultado, por primera vez, textos fundantes para el cristianismo ortodoxo posterior, dentro de las iglesias que presidieron los obispos.  En la expresión un tanto dramática de Burton Mack (en su libro A Myth of Innocence), Marcos fue el “inventor” del cristianismo:  De diversos movimientos con diversas visiones de la salvación que ofrece Cristo Jesús (visto como hacedor de prodigios, profeta, Mesías político, atalaya escatológica, etc.) Marcos hizo una sola cosa.
En RIBLA 22 tratamos de subir el telón para revelar algunos de los movimientos y comunidades de seguidores de Jesús, entre 30 y 70 d.C., dentro del ámbito de Siria/Palestina.  Siria (Woodruff), Galilea (Vaage), Jerusalén (Pixley), la dispersión helenista (Nogueira), las misteriosas comunidades que luego producirían el cuarto evangelio (Rubeaux), y el evangelio de Tomás (López).  Quedan sin comentar las importantes comunidades de Grecia y  Asia, que conocemos por medio de las cartas de Pablo.  Las dejamos para otra ocasión.  También quedan sin comentar las comunidades de Edesa y sus alrededores, en el Oriente mesopotámico, y las de Egipto, Cirenaica y Etiopía en África, comunidades que tuvieron una gran importancia, a juzgar por las iglesias que dejaron, pero acerca de cuyos orígenes no hay suficiente información para llevar muy lejos las investigaciones.  (Ver la visión sinóptica que nos ofrece Richard).
Una de las tragedias de la historiografía del cristianismo de los primeros siglos es el olvido de las mujeres.  Varias investigadoras y algunos investigadores han comenzado a rescatar el liderazgo femenino que ha sido opacado, aunque no totalmente borrado, de nuestras fuentes.  Ivoni Richter Reimer presenta, para los lectores de RIBLA, una visión global del proyecto de rescate, visión que rebasa los límites cronóligicos que nos impusimos para este número.  Era necesario ver el problema en su conjunto.  Es un campo, aún, poco explorado.  Quisiéramos ver más investigadoras/es latinoamericanos que fueran dando mayor claridad a un cuadro aún borroso.
En este número de RIBLA, el lector encontrará asuntos que siguen siendo discutibles acerca de los cuales, los autores de estos ensayos no tenemos un acuerdo.  ¿En qué medida fue “cínico” (como el filósofo Diógenes) el movimiento protocristiano de Galilea que produjo la fuente sinóptica Q?  Aquí, el lector atento descubrirá diferencias entre Vaage y Richard.  ¿Cuál fue la naturaleza del nacionalismo de Santiago, y de sus seguidores en Jerusalén? ¿Es correcto suponer, como lo hace Pixley, que perecieron en la guerra por su militancia antirromana? ¿Quiénes fueron las comunidades que escribieron el evangelio de Tomás, que si bien se conoce solamente en copto, el idioma de Egipto, parece haberse escrito en griego, y en el Oriente, la zona tradicionalmente asociada con este apóstol?
No puede haber certezas en la reconstrucción de sucesos que, aunque importantes en la vida de las comunidades de seguidores de Jesús, no encontraron narradores que los relataran.  Sin embargo, los autores creemos haber abierto temas importantes para la discusión, y, muy especialmente, haber dado elementos para superar la visión muy parcial de Lucas y la visión ideológicamente sesgada de Eusebio.
Queremos destacar el documento que presentamos con este número de RIBLA.  Se trata de la famosa Fuente Sinóptica conocida por los biblistas con la sigla Q.  Pixley y Vaage lo prepararon para el estudio de los biblistas latinoamericanos en su reunión en Salvador, Bahía, en 1994, y esa versión fue luego mejorada por Vaage, quien participa en el Proyecto Internacional Q.  Este documento puede servirles a nuestras comunidades como referencia por muchos años.
Los cuarenta años que enfocamos aquí fueron, sin duda, un tiempo del Espíritu y de las comunidades; algo en lo cual podemos inspirarnos hoy en América Latina.  ¡Te invitamos, querido lector, a disfrutar de este generoso surtido de manjares intelectuales y espirituales!

 

 

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.