
La iglesia pre-paulina
Archibald Mulford Woodruff
¡Iglesia pre-paulina! quiere decir, en este artículo, la iglesia que existía antes del auge de la actividad de Pablo, la iglesia de la vida anterior de Pablo, antes de escribir sus epístolas. Además de la iglesia de Jerusalén, que no es tratada aquí, hay dos iglesias sirias pre-paulinas, la Iglesia Siria Oriental, caracterizada por una cristología sapiencial y una ética de los dos caminos, y la Iglesia Siria Occidental o sea Antioqueña, que tenía condiciones de desarrollarse independientemente de los centros en Jerusalén, Galilea y Siria Oriental, por causa del tamaño de la ciudad y de la gran distancia de los otros centros. La iglesia antioqueña puede ser comparada con las religiones de misterio, pero también con la comunidad de Qumrán. Ella derivó su particularidad de una enseñanza básica sobre la muerte y resurrección de Jesús como acontecimientos centrales y de una salvación futura y apocalíptica; la apocalíptica probablemente evitó que ella fuera tan individualista como las religiones de misterio. Muy significativo es lo que ocurrió en el plan social: la religión de un pueblo (el judaísmo) dio origen al pueblo de una religión (la iglesia cristiana).
By ¡Pre-Pauline Church! is meant here the church that existed prior to Paul’s peak period during which he wrote his epistles. In addition to the Jerusalem Church, which is not dealt with here, there are two pre-Pauline Syrian churches, the East Syrian Church, characterized by a sapiential Christology and a two-ways ethic, and the West Syrian or Antiochene Church, which was able to develop rather independently from the centers in Jerusalem, Galilee and East Syrian, owing to the sheer size of the city and to the great distance from the other centers. The Antiochene church can be compared with the mystery religions, but also with the Qumran community; it was characterized by a core teaching of Jesus’ death and resurrection as central events and of an apocalyptic future salvation; the apocalypticism probably prevented them from being as individualistic as were the mystery religions. Quite significant is what happened on the social plane, as the religion of a people (Judaism) gave rise to the people of a religion (the Christian Church).
Entre la enseñanza de Jesús, contenida en los evangelios sinópticos, y la enseñanza de Pablo, contenida en sus epístolas, existe una diferencia enorme, que ningún lector deja de percibir. ¿Será que Pablo desfiguró la religión pura de Jesús? ¿Habría falsificado la enseñanza verdadera de Jesús? ¿Desertó del judaísmo que Jesús nunca abandonó? ¿Habría inventado una nueva religión? Pablo ya fue acusado de todo. Al menos, es necesario conceder que, pasando de Jesús a Pablo, nosotros encontramos algo de nuevo.
Es probable, sin embargo, que Pablo no sea el único responsable por todas las “novedades” que percibimos en sus epístolas. Antes del periodo, breve y brillante, en que Pablo escribió sus epístolas, él estaba durante muchos años en contacto con iglesias en Siria que, a pesar de la insistencia de Pablo de tener un mensaje de Dios y no de seres humanos (Ga 1,11-12), le informaron bastante (Cf. 1 Co 15,1.3). Aunque contemporánea de Pablo, esta iglesia es “pre-paulina” en el sentido de influenciarlo antes del momento de la actividad por la cual Pablo es siempre recordado.
¿Pero cómo podemos saber algo sobre la iglesia pre-paulina? Además de una posible fuente del libro de los Hechos y algunas informaciones allí contenidas, no existen documentos; los documentos más antiguos del Nuevo Testamento son las epístolas de Pablo; el único recurso es el de leer en las entrelíneas de Pablo y de otros autores, junto con las pocas informaciones contenidas en el libro de los Hechos, traer conocimientos indirectos de varios tipos y sintetizar todo. El intento más famoso de hacer eso es el de Helmut Koester , que yo voy a usar en este pequeño artículo, como referencia constante, sin concordar con él en todos los aspectos.
La importancia de la empresa justifica los riesgos. He ahí el momento en que algo ocurrió y Pablo llegó a defender en sus epístolas: junto a la influencia del propio Jesús Cristo, la religión de un pueblo (el judaísmo) dio origen al pueblo de una religión (la iglesia cristiana), y comenzó la trágica separación de los dos pueblos.
1. Los datos del libro de los Hechos
En el libro de los Hechos nosotros encontramos la comunidad de los Doce (primeros capítulos), los ¡helenistas! (6,1; probablemente judíos distinguidos por el buen dominio del griego, pero cf. 11,20), la iglesia de Damasco (9,1-30) y la de Antioquía (11,19-30; 13,1-3; 15,22-29). Sobre los helenistas, cf. el artículo en este número de RIBLA, de Paulo Augusto S. Nogueira. El joven Pablo fue provocado por alguna cosa, probablemente no por la enseñanza o mesianismo del movimiento de Jesús, sino por algún liberalismo de los helenistas respecto la ley (así, convincente, piensa Barbaglio ) o por la crítica al templo. En Damasco se encontraban personas que merecieron la ira del joven fariseo, y por eso él salió en camino a Damasco para su búsqueda. La iglesia de Antioquía tuvo su origen por este tiempo, comenzando con judíos y pasando después a incluir “helenistas” (11,20). La iglesia de Antioquía llamó la atención de la iglesia de Jerusalén un tiempo después (¿3 años? consulte Ga 1,18), y allí los creyentes se llamaron christianoi por primera vez. El libro de los Hechos fue escrito un buen tiempo después de los acontecimientos, pero no tenemos informaciones alternativas a esos datos.
2. La iglesia pre-paulina a partir de las epístolas de Pablo (1)
Las mejores informaciones biográficas sobre Pablo aparecen en sus epístolas, principalmente en Gálatas; podemos llenar algunas lagunas usando el libro de los Hechos.
En una primera fase, antes de su ¡conversión!, Pablo conoció la iglesia en Jerusalén. Tal vez la palabra “iglesia” no quepa todavía en esta primera fase. Según Hechos, ya existía una diferencia entre el grupo original y los “helenistas” (Hch 6,1).
La segunda fase comienza en el camino de Damasco (Hch 9,1-9), con su “conversión”, y él llega a Damasco con la mentalidad cambiada, convencido de que Dios estaba al lado justamente del grupo que él estaba persiguiendo. El no demoró en entrar en contacto con los “discípulos” de allá (Hch 9,19b), y también pasó un tiempo en “Arabia” (Ga 1,18). Esta “Arabia” puede ser, en realidad, la región de Transjordania a la que se refieren los evangelios sinópticos como “Decápolis” . Esta segunda fase duró tres años y terminó con una visita relámpago a Jerusalén (Ga 1,18-19).
Durante este periodo, Pablo ya “proclamó” a Jesús, lo que no implica un papel de mucha confianza entre sus nuevos hermanos. Sus compañeros en Damasco y en la Decápolis eran de la iglesia de Siria oriental, de la cual yo volveré a hablar. Durante este periodo él consiguió un padrino cristiano, que encontramos también en la fase siguiente: Bernabé (Hch 9,27; 13,2-3).
Las ciudades de la región participaban de la cultura internacional (quiere decir, griega), pero no llegaron a ser grandes centros de esta cultura. Galilea queda cerca, mucho más cerca que Jerusalén, pero Jerusalén también no queda muy lejos.
Sigue una tercera fase, después de la visita relámpago a Jerusalén, en la “región de Cilicia y Siria” (Ga 1,21). La región en cuestión abarca el extremo noroeste de Siria y el extremo sudeste de Asia Menor (Cilicia). En Cilicia queda Tarso, de la cual Pablo era natural, una ciudad portuaria importante. Bien cerca, en Siria, queda Antioquía. Jerusalén y Galilea quedan bien lejos. Allí, entonces, se realizaban las condiciones para que las comunidades judaica y cristiana manifestaran un alto grado de independencia en relación a Jerusalén —si quisiesen. Allí, también, el movimiento tuvo que adaptarse a las condiciones de una ciudad realmente grande, y tuvo la oportunidad después de difundirse a partir de este nuevo centro, lo que realmente ocurrió.
Durante los catorce años (Ga 2,1) de esta fase, Pablo estaba en contacto con la iglesia de Siria occidental o antioqueña y participando junto con Bernabé de la dirección de la comunidad (Hch 13,2-3; 15,2). La fase terminó en conflictos sobre la situación de los hermanos no circuncidados, los cristianos gentiles, frente a las nuevas exigencias de que ellos fueran circuncidados (Ga 2).
En la cuarta fase, encontramos un Pablo independiente de Bernabé, partiendo de Antioquía hacia el occidente, en viaje o escala misionera. En el auge de su vida, él entra en nuevas responsabilidades, funda iglesias, escribe cartas, se mete en peleas, ordena sus ideas, sufre, brilla. En esta fase, que conocemos a través de sus cartas, Pablo, con toda seguridad, sacó provecho de sus largos años de preparación junto a las iglesias sirias.
Yo vuelvo al asunto, después de ver algunos aspectos del trasfondo.
3. Siria como ambiente para la iglesia
En la época en discusión, “Siria” era el nombre de una vasta y variada región. Yo voy a destacar algunos aspectos de mayor importancia.
3.1. La historia política explica la “Siria” del primer siglo. Siria era una provincia romana. Fenicia y Babilonia, Jerusalén y Damasco, Samaria y la Decápolis –todo eso y mucho más pertenecía a la abstracción política llamada Siria. Anteriormente, esta región había sido el imperio helenístico de los Seléucidas, que construyeron Antioquía como su capital y no consiguieron mantener la unidad política de la región sin conflicto y algunas pérdidas de territorio. Antes de eso, Siria hacía parte del imperio persa, del que el imperio de los Seléucidas era el presunto sucesor. Como lengua de administración imperial, los persas utilizaron una lengua que continuó después dando alguna coherencia cultural a la región, la ya antigua lengua de una pequeña región más propiamente llamada Siria– el aramaico. La región mostraba disparidades enormes. No sería de admirar que las iglesias de Siria oriental y de Siria occidental divergieran bastante una de la otra.
3.2. Gran parte de la población de Siria era de ascendencia semítica. La separación religiosa y política de los judíos no podía esconder algunos aspectos de la sintonía cultural. Si quisieran, los vecinos probablemente podrían entenderse. En el campo religioso, un “dios griego” podía ser, en realidad, un dios semítico disfrazado de griego.
3.3. La cultura grecorromana, quiere decir, la cultura griega adaptada para las condiciones del imperio romano, estaba presente en varias medidas. En Babilonia, en el extremo oriente de la provincia, la presencia de esa cultura era el resultado más o menos directo de los esfuerzos de los imperios que habían intentado implantarla, y su impacto fue muy limitado. En Fenicia, en el extremo occidente de la provincia, la helenización era profunda, resultado no solamente de los imperios de Alejandro y sus sucesores, sino también de un proceso que alcanzó Asia Menor y Fenicia antes de Alejandro. Entre estos dos polos estaban Damasco y la Decápolis.
No todo que pasa por “helenismo”, era, de hecho, griego, especialmente en el campo religioso. La oferta religiosa de uno u otro pueblo, si era aceptada por los romanos, ganaba prestigio fuera del imperio —entre los que hablaban griego.
3.4. La situación religiosa era bastante variada. El ambiente era profundamente politeísta, aunque existiera la idea de un Dios supremo. Sacrificar a un dios, o a muchos dioses, no implicaba necesariamente que el sacrificante “perteneciera a una religión”. Para muchas personas, sacrificar a muchos dioses era mera prudencia.
La magia floreció durante el periodo romano, y asumió formas bien “ecuménicas”. Designaciones de Dios provenientes del judaísmo, tales como “Ion” (de “Jahvé”) o “Sabaot”, se mezclaban con palabras poderosas de otros orígenes . Tal vez, entre las iglesias pre-paulinas, estuviesen personas de origen pagano, cuyo primer contacto con el judaísmo hubiera sido una palabra judaica oída en un encantamiento o exorcismo o (hasta) el relato de un milagro de Jesús. La magia se esparcía entre el pueblo, en todas las clases sociales. La práctica de la magia, o el recurso a un practicante de magia, no implicaba que alguien “perteneciera a una religión”.
Sin embargo, “pertenecer a una religión” era una idea relativamente nueva que crecía, gracias a las religiones de misterio. Esas religiones eran bastante diversas, y el estudio de ellas es, hoy, un campo minado de teorías no comprobadas .
El “mito” de una religión de misterio, normalmente muy antiguo, proviene de un pueblo. Los misterios de Eleusis, cerca de Atenas, se remontaban al antiguo pueblo local que originó el mito de Deméter y Perséfone; los misterios de Isis y los de Osiris se remontaban a la antigua religión de Egipto; el mitraísmo era de Irán. En cada caso, la religión tenía adeptos que no eran del antiguo pueblo del mito fundamental de la religión.
¿Existía un mito único o central, que todos los misterios tenían en común, tal como el “Dios que muere y resucita”? ¿El Cristo de Pablo no es un ¡Dios más entre los otros que muere y resucita”? Con esta pregunta, estamos en pleno campo minado. Osiris, por ejemplo, es un dios que muere y resucita, y ya fue comparado con el Cristo de Romanos, que también muere y resucita. Sin embargo, esta comparación difiere en muchos detalles, especialmente cuando el resucitar del adepto es tomado en consideración . Los misterios de Eleusis no tenían un dios que muere y resucita , aunque los misterios de Eleusis sirviesen de modelo para otros misterios. La muerte es comparada con una iniciación, y no viceversa . Por otro lado, en Rm 6, Pablo no compara el bautismo con la muerte, sino con el sepelio .
Una teología unificada, aplicable a todos los misterios, con tesis tales como “el cuerpo es una tumba”, apareció solamente en el segundo siglo, con la ayuda del neoplatonismo, que sólo surgió en aquel siglo .
Sin embargo, en el nivel social, los misterios del primer siglo tenían mucho en común - ¡ellos eran religiones! Gracias a ellos, “pertenecer a una religión” tenía sentido, tal vez por primera vez en la historia. Koester esboza las características típicas de una religión:
— organización, en contraste a la magia, que no necesitaba de organización;
— iniciación de adeptos en un ritual;
— asambleas o reuniones regulares, que pueden ocurrir en una casa o en un lugar público ;
— obligaciones morales que podían ser exigentes o hasta ascéticas;
— obediencia obligatoria al líder;
— tradiciones y disciplinas arcanas.
A partir de estas características, obviamente, pueden compararse la iglesia cristiana con las religiones de misterio.
El gnosticismo no entra en esta discusión; sólo aparece en el escenario histórico al final del primer siglo.
4. El judaísmo en relación al ambiente mayor
Varios cultos antiguos, tales como el culto a Deméter en Eleusis y los de Isis y Osiris en Egipto, dieron inicio a nuevas religiones. El judaísmo también dio origen a una nueva religión, el cristianismo, a pesar de toda la disciplina y todo el separatismo del judaísmo en relación a otras religiones. ¿Como fue posible tal proceso?
Los problemas internos que el judaísmo sufría durante el primer siglo contribuyeron, sin duda. La institución central, el templo de Jerusalén, sufría de la administración de sacerdotes colocados en el oficio por el poder imperial, y continuaba existiendo durante el periodo en cuestión (Pablo actuó en los años 50 y el templo fue destruido en 70). Un nuevo foco de identidad y unidad de los judíos ya estaba operante —la Torá o ley de Moisés, pero con interpretaciones divergentes. El “judaísmo normativo” todavía no existía, y el “judaísmo formativo” mostraba una diversidad de opiniones y partidos.
Mientras los saduceos dominaban el templo y la interpretación oficial de la ley, los fariseos luchaban por influenciarlos y promovían prácticas aún más exigentes. Diferencias regionales, especialmente entre Judea y Galilea, abrieron espacios para conflictos. Las prácticas de magia corrían sueltas entre el pueblo, pero no siempre eran encaradas con buenos ojos por los líderes de la religión oficial. Las comunidades judaicas de las grandes ciudades fuera de Palestina, tales como Alejandría y Antioquía, a pesar de los muchos lazos que tenían con Jerusalén, disfrutaban de una autonomía local en su administración de la Torá. Los movimientos mesiánicos no eran, en sí, contrarios a alguna norma judaica, pero siempre traían un potencial conflictivo. La dominación romana, obviamente, tenía mucho que ver con todo eso, descaracterizando la mayor institución del pueblo, al poner sacerdotes títeres al frente. Pero, sean cuales fueren las causas de la situación, la crisis creó la posibilidad de que un grupo de judíos huyeran del control de las instituciones judaicas —con nuevos adeptos provenientes de afuera.
Otro factor era la presencia, dentro del judaísmo, de la “secta” de los esenios , situados en Qumrán y en las colonias esenias de varias ciudades palestinas. “Secta” puede ser una terminología muy inexacta en relación a los esenios; ellos poseían –a nivel social– algunas de las mismas características de las “religiones” de misterio señaladas por Koester:
— organización (descrita en el “Manual de Disciplina”);
— rito de iniciación (después de un año de novicio, descrito en el “Manual de Disciplina”);
— asambleas regulares (el “Manual” trae reglas sobre cómo conducir una asamblea);
— obligaciones morales, muy exigentes (interpretación exigentísima de la Torá);
— obediencia obligatoria al líder (grandes penalidades por irrespeto a un sacerdote, muchos textos sobre la autoridad del “Maestro de Rectitud”);
— tradiciones y disciplinas arcanas (obligación de no divulgar sus conocimientos a personas fuera de la comunidad).
También existían divergencias enormes de las religiones de misterio. A pesar del comportamiento “sectario”, los esenios no abandonaron la idea de Israel, y la esperanza apocalíptica (ligada a una Jerusalén restaurada, en el Rollo de Guerra) excluía la posibilidad del individualismo típico de las religiones de misterio.
A partir de esta reflexión sobre los esenios, es posible concluir que una organización social semejante a las de las religiones de misterio era posible (“y conocida”) dentro del judaísmo palestino . Esta observación nos complica la situación. No podemos tener certeza de que la organización del tipo ¡misterio! se originó en Antioquía; los primeros pasos pueden haber sido tomados ya en Palestina. Tampoco no podemos concluir que la religión de los cristianos estaba totalmente enfocada hacia la salvación individual, como ocurría en los misterios; el ejemplo de los esenios, que nunca perdieron la idea de Israel y mantuvieron fuerte una esperanza apocalíptica, sugiere que los adeptos de la nueva religión pueden haber mantenido una idea de salvación mucho más corporativa y menos individualista que los adeptos de otros ¡misterios!
5. Las iglesias pre-paulinas a partir de las cartas de Pablo(2)
La síntesis de informaciones sobre el ambiente, que acabé de hacer, tiene como objeto facilitar una lectura entrelíneas de Pablo, buscando informaciones sobre las iglesias pre-paulinas.
Los criterios para tal lectura no se deben seguir mecánicamente. Pero Pablo puede estar mostrando lo que él aprendió con la iglesia cuando: él dice que “recibió” una tradición; él corrige una práctica existente; él se refiere a una doctrina o práctica que él acepta, pero que él no tiene vocación para promover; la enseñanza de él es semejante a la de Jesús; él se refiere a una doctrina o práctica cristiana que no aparece en las tradiciones sinópticas; en sus primeros escritos, él da gran énfasis (a asuntos) que quedan en segundo plano después.
La aplicación de estos principios sería una buena materia para una tesis de doctorado, o para varias. En este artículo, es sólo posible señalar algunos de los asuntos más obvios:
La muerte y resurrección de Jesús Cristo (1 Co 15,3) y las palabras de la institución de la Santa Cena (1 Co 11,23-25) son tradiciones que él dijo haber recibido.
La práctica de tomar una comida entre la bendición del pan y la bendición de la copa (1 Co 11,21-22), en la Santa Cena, es una práctica existente que él corrige.
La práctica de bautismo no es negada por él, pero, en 1 Co 1,13-17, él deja de identificarse con la práctica. Los títulos Cristós “Mesías” y Kyrios “Señor” y la expresión ¡nuestro Señor! son muy frecuentes y relativamente poco motivados en las epístolas paulinas. La presencia de maran o marana “Señor” o “nuestro Señor” en aramaico (1 Co 16,22) sugiere que el título es muy primitivo.
El mandamiento de amar (Rm 13,8 etc.) y la prohibición contra la ira y la venganza (Rm 12,17-21) tiene afinidades con la enseñanza de Jesús. También, el tema del Reino (Rm 14,17) es un punto de contacto con la enseñanza de Jesús.
La relación entre el bautismo y la muerte de Jesús (Rm 6,3-4), la doctrina de la nueva creación (2 Co 5,17)) y la centralidad del bautismo, en la identidad de la persona bautizada (Ga 3,27-28), son novedades en relación a los sinópticos. Los aspectos apocalípticos de la resurrección general (1 Ts 4) y el futuro triunfo de Dios (1 Co 15) no tienen paralelo claro en los sinópticos, pero son importantes para Pablo.
Otros temas, aún más “paulinos”, pueden tener raíces en la iglesia pre-paulina, tales como: la palabra evangelio (Ga 1,6-7, etc.), la identificación de Jesús Cristo con la sabiduría (1 Co 1,24), el raciocinio cínico sobre la cuestión del trabajo (1 Co 9,1-18 ), la libertad del cristiano delante de la ley (Gálatas).
El tema apocalíptico es muy fuerte en la primera carta paulina escrita, 1 Tesalonicenses, y reaparece en 1 Corintios, pero sorprende por su relativa ausencia en Gálatas y Romanos.
Cada uno de estos ítems, y todavía muchos ítems más, necesitan de una evaluación minuciosa, que escapa de los límites de este artículo; pero yo voy a esbozar, en resumen, como puede darse el resultado de un análisis de este tipo.
6. La iglesia de Siria Oriental
La iglesia de Siria oriental se conoce a partir de su producción literaria e historia posterior, por su ética exigente y cristología sapiencial . Se practicaban el Bautismo y la Santa Cena. La geografía nos permite imaginar que, en los tiempos del contacto de Pablo con esta iglesia, ella estaba en contacto con el mismo grupo que produjo la Fuente Q, especialmente en ¡Arabia!, antes de la compilación del documento Q. Pablo probablemente aprendió allí algunos contenidos del futuro libro Q. El hizo poco caso después de reproducir estas informaciones en sus cartas, ¡que bien!, porque él estuvo allí una buena década antes de la compilación definitiva de Q (Pablo allí en los años 30, Q compilado en los años 40). Allá, también con personas semejantes a los autores de Q, Pablo probablemente comenzó a pensar en Jesús como sabiduría. Y por una cuestión de estilo y cultura: el grupo de Q (como la investigación está descubriendo ahora) adoptó varias características de la filosofía popular, del cinismo. Pablo también tenía características del mismo tipo, en el estilo retórico (antiguamente llamado de ¡diatriba estoico-cínica!) y en la decisión de ganarse la vida trabajando para defender la independencia y libertad de su enseñanza. Es costumbre suponer que Pablo aprendió esas cosas griegas en Tarso, antes de encaminarse hacia Jerusalén y estudiar con Gamaliel, pero en ¡Arabia! (Meleagro y otros cínicos eran de Gádara, en esta región) también era posible aprender a reforzar esas cosas. Tal vez Pablo haya aprendido en la iglesia oriental, entonces, una cierta disposición de adoptar estilos e ideas éticas cínicas como compatibles con el cristianismo.
7. La iglesia antioqueña
Nuestras especulaciones sobre la iglesia antioqueña deben responder a cinco cuestiones, sobre todo: la libertad concerniente a la ley, la conversión de gentiles, el ¡querigma! de la muerte y de la resurrección de Jesús, el tema apocalíptico del futuro triunfo de Dios y la autoconciencia del grupo.
7.1. La libertad concerniente a la ley. Podemos cotejar dos modelos del proceso que se daba. El primero es el modelo de la liberalización gradual. De acuerdo con este modelo, la comunidad antioqueña era más liberal que el judaísmo riguroso y rígido que reinaba en Palestina, pero todavía no llegó al pleno y pensado antinomismo de las epístolas paulinas. Una lectura de Hch 15 tiende a confirmar este modelo. El segundo modelo es el del liberalismo pragmático de un primer momento que entra en crisis después. La primera conversión de gentiles ocurre muy temprano, sin ninguna “misión a los gentiles”, y es acogida con un pragmatismo semejante al pragmatismo de los judíos que convirtieron la familia real de Adiabene . El liberalismo pasa casi desapercibido, por involucrar pocas personas y por ocurrir en tiempos relativamente relajados. Después, el número de gentiles convertidos crece, volviendo el “problema” más visible; al mismo tiempo, el movimiento farisaico de renovación judaica, con sus nuevas reglas y campañas para un cumplimiento más riguroso de la ley, alcanza tanto éxito que los judeocristianos de Jerusalén, se adhieren. Ahí, surge la crisis que Pablo, un tiempo después, interpreta en Gálatas. La situación en Antioquía sería, entonces, la de un liberalismo pragmático sin rechazo teórico de la ley judaica.
7.2. La conversión de gentiles. La primera conversión de un gentil al movimiento de Jesús puede haber pasado casi desapercibida, en la misma Palestina; la adhesión de gentiles a la religión de los judíos no era desconocida, y los romanos siempre procuraban la sabiduría del oriente. Antioquía, por motivos demográficos, sería el lugar en el que tales conversiones se multiplicaron, formando una masa de gentiles convertidos que, por su gran número, tendrían que formar su propia identidad.
7.3. La muerte y resurrección de Jesús. ¿De dónde viene el “querigma” de la muerte y de la resurrección de Jesús como eventos fundamentales del mensaje cristiano? ¿Es posible que la iglesia antioqueña haya adoptado este querigma bajo la influencia de las religiones de misterio (o sea, de las “otras” religiones de misterio)? Es una tesis atractiva y sin pruebas. No podemos afirmarla con mucha confianza, pero tampoco podemos descartarla. Decir que la iglesia antioqueña adoptó “el” mito del Dios que muere y resucita es imposible, pero, tal vez ella haya tejido, de material presente en el Antiguo Testamento, un mito adecuado para competir con el de Osiris.
7.4. La apocalíptica. La enseñanza de un futuro triunfo cósmico del Mesías de Dios, contenido en 1 Co 15, no puede ser invención pura de Pablo. Es comparable, a groso modo, con la apocalíptica de Qumrán; por otro lado, no encontramos una apocalíptica tan clara en los sinópticos. Pero, sea cual sea el origen, es casi imposible imaginar que la iglesia antioqueña no haya tenido esta idea.
7.5. La autodefinición. El libro de los Hechos recuerda que la iglesia antioqueña empleaba la auto designación christianós. Este hecho, en sí, no implica una separación del judaísmo, pero apunta hacia un grupo con identidad propia, por eso, más apto a separarse en el momento de una crisis.
La iglesia antioqueña, entonces, debe haber sido una comunidad que se consideraba parte del judaísmo, pero con identidad propia, con una organización social que tomaba cuerpo y, semejante a la organización de los misterios y de Qumrán, pasaba a ser la organización de “una religión”. Los miembros creían en un mito proveniente del judaísmo, que, a groso modo, podía ser comparado con los mitos de los misterios. Ellos creían en una futura salvación, ligada a una resurrección general y no eran, por lo tanto, tan individualistas en su orientación como los adeptos a un misterio. En contraste con la iglesia de Siria oriental, la iglesia antioqueña era bastante centrada en el mito y en esta salvación.
Bibliografía
BARBAGLIO, Giuseppe, São Paulo. 0 homem do evangelho, Vozes, Petrópolis 1993.
BARTH, Markus, Die Taufe —ein Sakrament?— ein exegetischer Beitrag zum Gespräch über die kirchliche Taufe, Evangelischer Verlag, Zurich 1951.
BEKER, J. Christiaan, Paul the apostle —the triumph of God in life and thought, Fortress, Philadelphia 1988.
GARCiA MARTÍNEZ, Florentino, Os manuscritos do Mar Morto, Vozes, Petrópolis 1995.
JOSEFO, Flavio, Antigüedades de los judíos, 20.17-96, especialmente 20.38-48.
KOESTER, Helmut, Introduction to the New Testament, 2 v., Fortress, Philadelphia 1982.
MEYER, MarvincW., comp. The ancient mysteries: a sourcebook - sacred texts of the mystery religions of the ancient Mediterranean world, Harper & Row, San Francisco 1987.
WEDDERBURN, A. J., Baptism and resurrection —studies in Pauline theology against its Graeco-Roman background, J. C. B. Mohr, Tübingen 1987.
Archibald Mulford Woodruff
Rua Gravataí 46, ap. 4
São Paulo - SP, 01303-040
Brasil
Helmut Koester, Introduction to the New Testament, 2 v., Fortress, Philadelphia 1982.
Giuseppe Barbaglio, São Paulo - 0 homem do evangelho, Vozes, Petrópolis 1993, p.74-81.
Cf. Koester, v.1, p. 379-381.
Sobre misterios en relación al Nuevo Testamento, cf. Koester, v. 1, p. 164-2-4; A. J. Wedderburn, Baptism and resurrection —studies in Pauline theology against its Graeco-Roman background, Tübingen, J. C. B. Mohr, 1987; Markus Barth, Die Taufe —ein Sakrament?— ein exegetischer Beitrag zum Gespräch über die kirchliche Taufe, Zurich, Evangelischer Verlag, 1951, p. 187-221; sobre los misterios en sí, vea Marvin W. Meyer (comp.). The ancient mysteries: a sourcebook —sacred texts of the mystery religions of the ancient Mediterranean world, San Francisco, Harper & Row, 1987.
Cf. Wedderburn, p. 305-310.
Markus Barth, p. 203-204.
Los serapios eran salones públicos, y no cenáculos escondidos, y eran usados para reuniones públicas del misterio influyente de Serapis; vea Koester, v. 1, p. 191.
De la más que harta literatura sobre los “manuscritos del Mar Muerto”, cabe aquí hacer resaltar una edición reciente de estos documentos: Florentino García Martínez, Os manuscritos do Mar Morto, Vozes, Petrópolis, 1995.
Era también posible, en Alejandría, llamar al propio judaísmo de “misterio”; cf. Filón, citado por Wedderburn, p. 159.
El triunfo futuro de Dios, como centro coherente de la enseñanza de Pablo, fue defendido por J. Christian Beker, Paul the apostle - the triumph of God in life and thought, Fortress, Philadelphia 1988.
Vea Koester, v.2, p. 150-160.
Este episodio de conversión de gentiles al judaísmo es contado por Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, 20.17-96, especialmente 20.38-48.
|