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EL PENTATEUCO
Y SUS PROYECCIONES TEOLÓGICAS

Pablo R. Andiñach

El Pentateuco está presente en el resto de la literatura bíblica. Durante la historia del Israel antiguo las sucesivas relecturas de aquel texto central —o sus versiones previas— alimentaron la reflexión teológica y expandieron su sentido original. El artículo expone ejemplos de esta técnica y asume que un texto vivo ofrecerá nuevas lecturas y morirá sólo cuando el pueblo lo considere irrelevante para su experiencia histórica y de fe.

The Pentaeuch is alive in the whole biblical literature. During the history of ancient Israel the new readings of that crucial text —or its previous versions— feed the theological thinking and help to expand its original meaning. This article presents examples of that technique and assumes that a living text will offer new readings but will die only when the peoble understand it as irrelevant for its own historic experience and faith.

 

La discusión sobre el origen y desarrollo del Pentateuco es un tema abierto, y en este mismo volumen el lector encontrará abundantes alusiones al estado de esa cuestión. Sabemos también que las distintas alternativas genéticas compiten por dar cuenta de la historia del texto e intentan a la vez aportar elementos a su comprensión, quizá sin asumir del todo que su visión se limita a sólo un aspecto de esa entidad compleja que es la obra, y que por eso no debe constituirse en el eje central que defina el sentido u otorgue por sí misma legitimidad a una lectura. Sin embargo, el inmenso valor de una explicación genética del origen del texto reside en contribuir a orientar la lectura hacia el contexto original y así poner el evidencia la relación entre texto y realidad histórica, sociológica, política, es decir, intensamente humana. Pero una hermenéutica profunda exige ir más allá e integrar la historia de la constitución del texto en el marco mayor de la historia, no ya del texto sino del pueblo que lo lee y que lo reconoce como relevante para su situación. Previo a esto hay también un paso por la lingüística, por la estructura del material, por el estudio de sus relaciones internas.
Estableciendo entonces lo importante que para nuestra comprensión es todo ese trabajo, deseamos en este artículo dedicarnos a destacar otro aspecto de la vida del texto. Nos referimos a cómo un texto que es reconocido como fundante por una comunidad es releído por las sucesivas generaciones y expandido en su sentido. En algunos casos, de ese modo se pone en evidencia un caudal significativo que estaba de alguna manera oculto a los primeros lectores, pero que ahora es revelado en las sucesivas actualizaciones que en el devenir de la historia se fueron haciendo de él. En otros, la intención es la de legitimar un pensamiento o praxis a partir de esa conexión con un texto de prestigio. Es bueno entonces recordarnos que un texto es una fuente inagotable de sentido que ha de morir solamente cuando el pueblo lo considere irrelevante a su experiencia histórica y de fe.
Sin entrar en la discusión acerca de las distintas fuentes que constituyeron el Pentateuco, podemos constatar que en determinado momento de la historia de Israel esta obra fue asumida como una pieza unitaria. Se la denominó Torah —es decir Ley—, y en ella se incluyeron los textos que hoy conocemos con ese nombre. No tenemos al momento ninguna prueba material en la que se reconozcan estos textos por separado como perteneciendo a una obra distinta o previa. Por otra parte, el hecho de que la comunidad samaritana reconociera durante el período helenístico al Pentateuco como su exclusivo texto canónico, muestra que ya para esa época la unidad de la obra estaba constituida y asumida como indivisible.
Es así que podemos acercarnos a ella sincrónicamente para observar cómo la reflexión teológica de Israel volvía una y otra vez sobre el Pentateuco. Entendemos que lo hacía porque se lo reconocía como un texto fundante ante el que era necesario definirse cada vez que se postulaba alguna novedad teológica. A la vez porque cualquier nueva situación histórica provocaba una nueva praxis que llevaba a la relectura de aquellos textos que habían dado sentido hasta ese momento a la vida del pueblo, y que ahora se veían desafiados a justificarse o desaparecer.
La recurrencia al Pentateuco es notable en todo el Antiguo Testamento. No vamos a detenernos en textos evidentes o ya largamente estudiados. Más bien deseamos señalar dos ejemplos menos visibles que nos sirvan para empujarnos en este tipo de lectura e investigación.

 

1. La sabiduría de Salomón

Cuando leemos la historia de Salomón no solemos reparar en sus relaciones con el Pentateuco. En general parece que es una narración independiente que poco tiene que ver con aquellos otros textos. No obstante, una lectura atenta pondrá en evidencia sutiles alusiones y frases que responden a una comunidad que tenía en su horizonte aquellos textos como referencia. Detengámonos en 1R. 3,9, donde Salomón pide a Dios un corazón que sepa distinguir entre “el bien y el mal” y así poder juzgar a su pueblo que era numeroso. La argumentación es que la tarea es mucha y requiere de una sabiduría dada por Dios. Así lo entiende Dios mismo, quien en el versículo 11 exalta la actitud del rey y le concede lo pedido debido principalmente a que no pidió una larga vida o riquezas, ni la muerte de sus enemigos.
Sin embargo este pasaje puede leerse con el trasfondo de Gn. 3,5. Allí la serpiente señala que el conocimiento “del bien y del mal” hará como dioses a la pareja humana. Es Dios mismo quien ha establecido la prohibición de comer de ese árbol, el que será en definitiva la causa de la expulsión del jardín original. La humanidad ha estado desde entonces marcada por aquella acción. Nunca llegó a restablecerse el vínculo con Dios del modo que estaba antes de la caída. ¿Cómo podemos releer la historia de Salomón a la luz de estos eventos? Sugerimos seguir tres líneas de investigación.
En primer lugar, la narración reedita el drama del Génesis para darle una salida distinta. En aquella oportunidad Dios negó a la humanidad la posibilidad de permanecer junto a él por haber transgredido la norma establecida. Ahora es Dios mismo quien concede ese conocimiento a su siervo el rey Salomón. Nótese el cambio de género literario y sus consecuencias. En el caso del Génesis, nos encontramos dentro de una narración mítica en la que los personajes son figuras arquetípicas que representan a toda la humanidad. Cuando vamos al relato sobre Salomón estamos dentro de un texto de carácter histórico, que pretende precisión en sus detalles y que señala sin dudas al actor principal en quien ejerce Dios su máxima benevolencia. La concesión está disfrazada de facultad para discernir lo justo, pero no puede dejar de verse en ella la intención de establecer que Dios da a Salomón aquello que había sido prohibido a todos los demás.
Lo segundo que deseamos señalar es que a partir de este momento la historia de Salomón lo coloca por encima de toda la humanidad. La supuesta humildad del rey y su benevolencia no hacen más que ocultar el fuerte contenido ideológico de la narración. Si en el comienzo Dios expulsó a la humanidad del jardín primitivo por desear conocer el bien y el mal, ahora Dios elige a Salomón para que únicamente él domine esa ciencia y la administre. Salomón aparece no como un nuevo Adán —que reinicie la historia de la humanidad y la eche a andar por nuevos carriles reconciliando al pueblo con su Dios—, sino como el privilegiado de Dios que recibe lo que nadie antes había recibido.
La tercera línea a seguir tiene que ver con la deificación de la figura de Salomón. La sabiduría adquirida le permitirá distinguir entre la falsa y la verdadera madre. Eso es anecdótico. Lo que interesa es que el papel de la justicia ha pasado ahora a manos del rey, quien la ejerce con el respaldo de una decisión de Dios. En otras palabras, su justicia ya no es humana sino que conlleva el juicio y la sabiduría de Dios mismo. Salomón se eleva por encima de todos, concentrando en su figura el poder de decidir qué es lo justo y de ese modo dominar ideológicamente sobre todos. El texto se encarga de puntualizar: “sabio e inteligente como no lo hubo antes ni lo habrá después”. ¿Quién tendría poder para oponerse a tales argumentos?
La historia de Salomón recurre al Génesis para construir la base de su proyecto político e ideológico, y proyectar su figura por encima de toda discusión.

 

2. Eclesiastés: volverás al polvo

En la literatura sapiencial es posible encontrar muchos ejemplos de cómo el Pentateuco se prolonga y es releído. El reconocimiento que se tenía de él como obra fundante hacía que una y otra vez se buscara definirse ante su teología. No obstante, debemos tener en cuenta que el Eclesiastés no abunda en reminiscencias del Pentateuco, del cual podríamos citar apenas algunos versículos. Eso hace más sugestivo encontrar un texto directo. Vamos a referirnos a Eclesiastés 3,20:

Todos caminan hacia una misma meta
todos han salido del polvo
y todos vuelven al polvo.

La alusión a Gn. 3,19 es evidente, por lo demás confirmada por el contexto literario que viene reflexionando sobre el aliento de vida y su relación como prueba de que la misma vida se constata en el cuerpo de los animales. El tema del aliento de vida está presente también en Gn. 2,7. La pregunta que nos hacemos es por qué esta alusión al texto del Pentateuco. Intentaremos una respuesta a partir de la teología del Eclesiastés y su necesidad de justificarse.
Desde el punto de vista teológico el pesimismo del Eclesiastés es intolerable. Versos como el 6,3, donde se dice que ante tantas desgracias que la vida presenta “más feliz es un aborto” ya que ni siquiera llega a ver la luz y sin duda va a descansar más que quien llega a la vida, no pueden menos que hacernos pensar que estamos frente a una forma extrema de comprensión de la realidad. No hay texto en todo el Antiguo Testamento que llegue a tal forma de rechazo de la vida. Aun teniendo en cuenta que las injusticias y sinsabores abundan en casi cada una de sus páginas, la actitud que se asume es la de valorar la vida y aceptar a veces como desafío de cambio u otras con cierta resignación la realidad tal como es. No se puede criticar al Antiguo Testamento por falta de realismo, y sin embargo el discurso siempre es una invitación a la esperanza. Esclavos o cautivos son invitados a confiar en Dios y a salir a construir el futuro con su ayuda y guía. ¿Cómo compatibilizar esta prédica con “Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia no te asombres por eso...” (5,7)?
En busca de ese encuentro el autor busca textos que den validez a su pensamiento. Es en ese marco que podemos afirmar que este recurso a un texto del Pentateuco durante el período helenístico, debe interpretarse como una prueba del valor que tenía ya en ese tiempo como texto referencial ineludible para cualquier pensamiento teológico dentro de la fe de Israel. Es de destacar entonces que al vincular su teología a la del Pentateuco, el Eclesiastés está legitimándola y dándole un lugar en la biblioteca de los textos sagrados. En este caso no se da el sentido inverso: no es que sea necesario demostrar la relevancia del Génesis, y por eso se lo vincula al pensamiento de ese momento, sino que son las reflexiones del Eclesiastés las que suenan disonantes dentro de la tradición teológica israelita y entonces busca sustento recurriendo al prestigio de la narración antigua.
Sin embargo, la lectura que el Eclesiastés hace de aquel pasaje del Pentateuco es claramente una relectura y no una simple cita literal. Es notable que en el Génesis la pertenencia del ser humano a la tierra no es presentada como una fatalidad ni como un castigo, sino más bien como un dato que ubica al hombre en el concierto de la creación. Dios lo crea no de la nada sino utilizando aquella materia privilegiada que es la tierra, reconocida como dadora de vida y sustento del trabajo humano. Volver al polvo es retornar a la materia original con la que Dios modela la vida. Pero en la lectura del Eclesiastés volver al polvo es la prueba de la vacuidad de la vida, del sinsentido de todo esfuerzo y de que, en definitiva, el destino del ser humano y el de los animales corren por la misma senda.

 

Conclusiones

Caben unas afirmaciones finales antes de terminar este breve artículo. El Pentateuco como obra se proyectó a todo el pensamiento teológico israelita. Hay textos por demás evidentes. Piénsese en los salmos 78; 105; 106. Las alusiones en el corpus profético son cientos. No obstante, más allá de las citas directas hemos querido ejemplificar la influencia que ejerció en el pensamiento y en la evolución de la fe. Es una tarea por hacer el poner en evidencia este tipo de relaciones temáticas que hacen a la intertextualidad y ayudan a visualizar los ejes semánticos que recorren la Biblia.

Pablo R. Andiñach
Camacuá 252
1406 Buenos Aires
Argentina

 

 
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