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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

La utopía enterrada
Negación del ideal social en la monarquía de Israel

José Roberto Arango L.

 

Israel se conformó como tal en el período anterior a la monarquía en abierto contraste con el feudalismo cananeo y desafiando al imperialismo Egipcio. En su camino de constitución atrajo a otros grupos de marginados y los aglutinó. En la forma de vida que se forjó hizo explícito un ideal que nació de su particular experiencia de Dios. El período monárquico se encargó poco a poco de ir sepultando ese ideal en todos los niveles de la vida de Israel. Pero los profetas se encargaron de hacerlo valer de nuevo en la existencia de Israel.

Israel in itself took shape during the period prior to the monarchy, contrasting with canaanean feudalism and challenging egyptian imperialism. Israel attracted other oppressed groups and gave them unity. The way of life it created manifested an ideal born from its typical experience of God. As years passed, during the period of the Monarchy this ideal was neglected and lost on every level of Israel’s life. But the prophets reinserted it once again into Israel’s daily life.

 

La vida del Israel premonárquico contrasta grandemente con la del Israel de los reyes. Esta segunda época desdibujó, por la fuerza de las circunstancias históricas, políticas y militares, todo aquello que Israel había tratado de vivir en la época anterior: la solidaridad entre las familias, las asociaciones de familias y las tribus; la participación política más extendida, la unidad de culto y de fe. Esa forma de vida y de pensamiento pre-monárquicos dan sentido a las tradiciones que la atestiguan, y continúan presentes, bien como reliquia cultural, bien como norma religioso-nacional, bien como una lucha social continua dentro de Israel . El resultado de ese proceso de desvirtuación de la historia de Dios con su pueblo fue la pérdida del auténtico norte de Israel, es decir, de la utopía que Yavé mismo estaba construyendo en su pueblo en todos los niveles de su vida social, económica, política y religiosa en claro contraste con los pueblos vecinos.

Queremos, pues, en forma sucinta y, por tanto, no exhaustiva, evidenciar la contraposición de esas dos épocas del mismo Israel y tomar consciencia de que la monarquía significó la sepultura de la utopía yahvista. Sin embargo, al final, mostraremos que esa voz dominante monárquica no fue la única que se escuchó durante esos siglos. También estuvieron acompañando esa época los profetas, los portavoces de la voluntad de Dios que les recordaron, con los énfasis de cada época y muy encarnados en ella, cuál era el compromiso de la elección de Yavé y lo que ésta comportaba en su cotidiano vivir y en las relaciones socio-histórico-económicas. La utopía fue planteada de nuevo, esta vez como total realización de Yavé en medio de su pueblo.

En una primera parte mostraremos algunas características de la época premonárquica; luego, en la segunda, presentaremos algunos rasgos propios de la monarquía y, finalmente, algunas notas que presentan a los profetas como portavoces del ideal utópico de Israel.

Pero antes de entrar en materia conviene aclarar lo que aquí se entiende por utopía. Etimológicamente utopía es lo que no tiene lugar, lo que aún no tiene un espacio histórico en cuanto a su realización práctica. Sin embargo, en la medida en que la utopía es pensada, soñada y anhelada ya ha tomado cuerpo de alguna forma. Ahora bien, dicho pensamiento o sueño no es ideado en su forma perfecta primero, para luego ser realizado, sino que, en la medida en que se va construyendo en la práctica, ese mismo ideal se va perfeccionando en cuanto tal. De manera que utopía no es simplemente un idealismo inalcanzable, sino un ideal que, en la medida en que pone en movimiento una forma de vida, es dinamizador de la existencia histórica y está presente en la actualidad de las concreciones particulares y en la inadecuación que se percibe de ellas mismas por contraste con el ideal perseguido que siempre permanece más allá.

En efecto, el sistema social pre-monárquico de Israel nunca fue igual de una época a otra y, además, nunca alcanzó su forma perfecta pues fue abortado por la forma política monárquica . Pero nunca ese ideal de vida murió para siempre. De una y otra forma salió del anonimato para fecundar la existencia del pueblo y para recuperar su esperanza, función fundamental de la utopía.

1.         El Israel pre-monárquico

El Israel de esta época fue una entidad sociocultural que emergió en reacción a y en interacción con las formas dominantes de civilización en el Próximo Oriente, particularmente con el feudalismo cananeo y el imperialismo egipcio. Israel luchó por conformar un tipo de unidad independiente de la centralización política y de la estratificación social. El rechazo feroz de estas dos características del entorno en que vivía llevó a los diferentes segmentos de Israel a irse constituyendo como entidad social separada de él .

Pero esos grupos de creyentes en Yavé no eran los únicos marginados del sistema dominante cananeo . También existían otros grupos oprimidos. Cada uno de ellos luchaba por su propia autonomía y supervivencia que los conducía muchas veces a choques con los que detentaban el poder dentro del feudalismo cananeo, pero también a contradicciones y oposiciones entre sí. Israel se sumó a estos grupos oprimidos haciendo un aporte decisivo: introdujo en ellos, con el correr de las décadas, una visión estratégica y una unidad práctica. Entonces las líneas de convergencia de los grupos sociales oprimidos se juntaron y superaron la fragmentación anterior dentro del sistema dominante que astutamente utilizaba su superioridad para dividir grupos inquietos inferiores.

Los cananeos oprimidos por el sistema feudo-imperial fueron atraídos fuertemente por el yahvismo, pues éste celebraba la liberación de una servidumbre socio-política y prometía liberación continua en caso de amenaza. Lo que resultó, pues, «fue una combinación de fuerzas que desgarró desde dentro el sistema dominante, quedando fragmentado así el gobierno jerárquico en decenas de ciudades-estado confrontadas con la unidad igualitaria de sus ex-súbditos unidos. Con el surgimiento de Israel, la “tribu” cananea al fin encontró una base ideológica y una modalidad organizativa para desafiar con éxito al “estado” cananeo» . Donde estos grupos unidos como Israel se hicieron fuertes (en las tierras altas), expulsaban a sus señores, formaban un nuevo gobierno tribal de ancianos rechazando el gobierno central de reyes feudo-imperiales. En consecuencia, eran abolidos los impuestos y los trabajos forzados donde quiera que Israel prevalecía. De esta manera Israel se distanció del sistema cananeo y rechazó el camino acostumbrado de dejarse llevar hacia él y de acomodarse a él .

Así, pues, la formación social Israel pudo diferenciarse claramente de su entorno, motivado esencialmente por la experiencia de un Dios liberador que lo movía a oponerse a todo lo que significara opresión y esclavitud . Israel estaba organizado de tal forma que la solidaridad entre sus diferentes segmentos fuera obligatoria y pudiera ser efectiva. Todo estaba organizado en torno a la familia extendida como unidad socio-económica primaria. El sistema social se extendía hasta niveles superiores de organización: las asociaciones protectoras de familias y las tribus. En estas unidades estaban difundidas las diversas funciones (económicas, sociales, políticas, militares y religiosas), de modo que no existía liderazgo jerárquico ni estratificación social (resistida fuertemente donde comenzaba a aparecer) . Las tribus confederadas resultaron formando una sociedad sin estado, o mejor, con un estado substituto para sus gentes, en rebeldía contra la monarquía del cercano oriente . Veamos algunos rasgos característicos de esa sociedad:

Siempre se trató de garantizar la ayuda mutua en el antiguo Israel y era un fundamento de su primitiva existencia, pues ella era la que daba realidad social concreta a la unidad de Israel. Todos los segmentos del pueblo de Yavé estaban interrelacionados y sus funciones buscaban la solidaridad en las dificultades sociales, militares, económicas y naturales .

Las funciones políticas estaban difundidas a través de toda la estructura social o concentradas en asignamientos de roles o “tomas de poder” temporales. La idea de jefatura se dificultaba mucho en el primitivo Israel, pues el poder se ubicaba en familias equivalentes en pie de igualdad. Todo lo que significara rango o distinciones al interior de las tribus o entre ellas era fuertemente resistido .

La concentración de excedente económico era bloqueada por la obligación de compartir con otras familias en ayuda mutua. Las pretensiones de riqueza y honor de ciertas familias chocaba con los mecanismos de nivelación igualitaria que eran cuidados por las asociaciones protectoras de familias .

La integración de la sociedad del antiguo Israel era viabilizada por diferentes tipos de asociaciones. Uno de ellos es la mishpahâ, o asociación protectora de familias; éstas eran unidas así en grupos de ayuda mutua para superar su debilidad y para facilitar su interacción. Hacia abajo, (a las bet-abot, o familias extendidas) la asociación ejercía sus funciones socio-económicas, preservando las condiciones mínimas para la integridad de cada una de las familias que pertenecían a ella por medio de medidas de urgencia que se realizaban sólo cuando la familia no podía actuar por su propia cuenta. Así se daba seguridad vital a las familias israelitas. Las funciones militares de la mishpahâ las dirigía hacia arriba, al nivel de la coordinación tribal .

Otro factor de integración fundamental era el sacerdocio levítico. Fue el foco e instrumento de la tendencia hacia la normalización de pensamiento y práctica religiosa que generó la característica del antiguo Israel de ser una congregación ritual (formada por los varones adultos). Por acuerdo intertribal, las leyes rituales y morales eran “impuestas” sobre todos sus miembros y finalmente toda la sociedad sentía su efecto. Esa tendencia fue propiciada por la afiliación de grupos a un grupo pantribal de yahvistas y por la centralización cúltica e ideológicamente del yahvismo. El sacerdocio levítico funcionaba como una asociación educativa con responsabilidades instruccionales además de ceremoniales. Los levitas estaban repartidos a lo largo de Israel y no se concentraban en una sola región como las otras tribus. Fueron los principales portadores del yahvismo en la época premonárquica. Ellos pusieron los fundamentos del sistema social israelita cuando Leví llegó a ser «el portador y funcionario especializado de la tradición yahvista y quedó estructurada en una cofradía transversal que penetraba y entrelazaba las diferentes tribus en una sola comunidad adoradora, militante, constructora de tradiciones y formuladora de leyes» .

Israel se caracterizó en esa época por una cultura y un orden social unitarios. Era una sola comunidad en concepción y una sola comunidad en la práctica, donde todo está interrelacionado y es análogo: la comunidad de un solo culto en su lealtad a Yavé tiene estrecha correlación con los otros ámbitos de su existencia: relaciones sociales igualitarias, actividades económicas similares, modos similares de gobernar la sociedad y modos similares de organizarse militarmente. En el primitivo Israel se da aquel tipo de orden cultural y social unitario que hacía falta como vínculo de los diferentes grupos fragmentados de oprimidos .

Sobresale en al antiguo Israel el tener un culto e ideología unitarios, que «son potentes fuerzas organizativas y simbólicas para establecer y reforzar las disposiciones sociales, económicas y militares que son normativas para la comunidad» .

De esta forma Israel, rompiendo totalmente con el feudalismo extendió su sistema sobre toda una región y todo un pueblo acreditando como “legal” su propia sociedad y forma de vida en todos los ámbitos. En Israel vemos un estilo de vida antifeudal que se plantea como una contra-sociedad completamente autónoma. El ideal que persiguió Israel fue el vivir liberados de la servidumbre, del centralismo gubernativo, de la imposición de impuestos, del endeudamiento y de la esclavitud como consecuencia de una experiencia de fe que lo condujo en este sentido, incluyendo en su camino a otros pueblos y grupos con experiencias similares de esclavitud y con necesidad análogas de liberación.

2.         El Israel monárquico

Veamos aquí también algunas características de esta etapa de Israel que nos ayuden a comprender la forma como el período de los reyes se encargó de tapar aquel ideal del antiguo Israel y de socavarle su fuerza dinamizadora de su propia historia.

2.1.      El escenario económico

2.1.1. El latifundismo

Aunque pudo haber tenido su base en el reparto de la tierra, adquiere matices nuevos y alarmantes con la formación del patrimonio de la corona. Los culpables de la injusta posesión de la tierra eran la clase alta, los altos mandos militares y los reyes, muy especialmente Azarías (Ozías). Se aumenta la práctica de apoderarse del campo del vecino, prohibido en Dt 27,17; 19,14; Pr 22,28; este posesionarse del campo ajeno se hacía no sólo por violencia sino con recursos legales. El resultado de este tendencia es la acumulación de la tierra y la acumulación de poder político que genera asalariados y esclavos .

Para enjuiciar la evolución social global que se dio a mediados de la época de los reyes hay que partir de la situación legal con respecto a los problemas suscitados por los bienes raíces en Israel y Judá.

Las tribus se apropiaron de las tierras con base en el hecho de la ocupación. El fundamento legal del Antiguo Testamento era que la tierra prometida por Yavé a las tribus eran dadas a ellas como herencia . Por tanto, el verdadero propietario era Yavé. Entonces se explotaban los terrenos como donación hecha por Yavé a los diferentes jefes de familia y a éstas. Esto hacía que todo israelita fuera libre.

De ahí la teoría de la invendibilidad del suelo, lo cual trajo consecuencias en orden a la distribución de la tierra y al derecho hereditario en vigor para las familias.

En la monarquía, sin embargo, la apropiación de tierras también comenzó a hacerse por conquista; esto consistía en la anexión de terrenos cananeos al territorio israelítico. Para estos terrenos no entraba en vigor el derecho hereditario de Israel. Al principio el derecho de conquista no se hizo valer con vigor, sino que se compraban terrenos, como la era de la Areuná, comprada por David y la colina de Samaría, adquirida por Omrí.

Con el tiempo esta forma de posesión de terrenos se amplió; se hicieron compras aún en terreno israelítico. Las posesiones familiares se hicieron libres y los reyes se arrogaron el derecho de intervenir en herencias ajenas.

Para la administración de la corona y de los tributos se estableció un cuerpo de funcionarios al servicio del rey y de la corte. Esta burocracia adquirió muy pronto un carácter de institución estable que se fue ampliando y perfeccionando .

Esto supuso mayores gastos. Los recursos para ello se obtuvieron de diferentes renglones entre los cuales estaba el comercio exterior y los tributos que tenía que dar el pueblo; éstos beneficiaban a la corte y a la aristocracia y fueron necesarios para mantener el ejército ; también se impusieron trabajos forzados para las construcciones. En tiempo de Salomón todo el peso de estas medidas lo cargaba el norte. La injusticia fue creciendo; esto suscitó la rebelión de Jeroboam y la independencia de las tribus del norte .

Consecuencia: A la ordenación de las tribus, que era la genuina constitución israelítica, se sobrepuso una nueva estratificación y administración de las tierras cuyo principio supremo era la creación de un sistema económico que le diera la base de suministro al país y a la población. Pero su principal cometido era el aprovisionamiento de la corte y del aparato estatal. El rey era el punto céntrico del organismo estatal, ordenado a la realeza y a su conservación .

Esa ampliación de la estructura administrativa (propiedades y funcionarios para su administración) son las raíces de los abusos que lamentaban los profetas, los cuales tienen como blanco a las clases altas, al sacerdocio estatal y al rey .

2.1.2. Comercio

La situación del siglo VIII a.C. en este aspecto es escandalosa. Se suministran artículos lujosos para los poderosos, los cuales se adquirían vendiendo productos esenciales para la superviviencia del pueblo. Hay un sometimiento de los campesinos y de los pobres a una dura ley de oferta, que se aprovecha para vender los peores productos. Los comerciantes engañan en los pesos y medidas. Los grandes propietarios no solo obtienen de sus tierras lo necesario para vivir, sino que venden parte de la semilla a otros campesinos, ventas que se prestan a grandes fraudes y a hacer grandes fortunas. Pero además ellos mismos pueden prestar a interés lo cual implica el endeudamiento del pequeño campesino quien, al no poder pagar la deuda y los intereses, se ve obligado a perder sus tierras, sus hijos (entregados como esclavos) y con todo ello su propia libertad .

 

Todo esto supone una sociedad arbitraria con una injusticia de base. Contra ello reacciona el Deuteronomio defendiendo a los grupos más pobres: huérfanos y viudas, antes protegidos en la estructura social del antiguo Israel, por medio de la familia (bet ‘ab) o de la asociación de familias (mishpahâ) .

Esta situación ha sido explicada de diversas formas:

a. Alt explica todo a partir de la formación del patrimonio de la corona y del reparto de la tierra entre militares, ministros y funcionarios, siendo estos últimos de origen cananeo sobre todo, que tienen una mentalidad distinta, unos ideales contrapuestos a los del Israel de la época patriarcal, una concepción absolutista de la monarquía y unas leyes sobre la tierra que permitían venderla, contraria a la concepción de Israel. Esta pirámide burocrática amplía sus posesiones y para ello tienen el poder en sus manos (Mq 2,1).

b. Loretz sitúa el desarrollo propio de Israel y Judá ubicándolo en el fenómeno más amplio del antiguo Oriente: el “capitalismo de rentas”, que consiste en dividir la producción en el mayor número posible de factores que el campesino debe pagar por separado. Se pasa así del patrimonio (posesión de la tierra) al sistema de prebendas: donación de la tierra por el estado a funcionarios, lo cual comienza ya con el nacimiento de la monarquía misma. El propietario vive en la ciudad, da la tierra a unos colonos quienes deben pagarle tributo por su uso, es decir, deben pasarle rentas por los diferentes factores de producción: agua, simiente, animales, instrumentos etc.

La posesión de la tierra tenía en el antiguo Israel un valor capital; era el medio de subsistencia fundamental para el pueblo. Una vez que se distorsiona su posesión y se ponen las condiciones que favorecen la acumulación de la misma, se echan las raíces de las desigualdades, de la esclavitud, de la acumulación de poder político y, con ello, las posibilidades de que todo ocurra en favor de los poderosos, pudiendo ellos torcer la causa del justo en beneficio propio. La gran crisis del siglo VIII a.C. tiene su raíz, en gran parte, en los problemas de la posesión de la tierra .

2.2.      El escenario social

Con todo lo anterior resultan varios grupos sociales completamente desprotegidos, sometidos y oprimidos. Los individuos, cuya protección estaba asegurada anteriormente por la familia (bet ‘ab) y por las asociaciones de familias (mishpahôt), quedaron a merced de las catástrofes y de la voluntad de los poderosos. Con la monarquía, esas estructuras sociales que buscaban el bienestar de los grupos, la protección de los huérfanos y las viudas, de los forasteros, de los esclavos y de los débiles en general, habían quedado relegadas a un segundo plano en cuanto a instancias efectivas de solidaridad. “Con la monarquía... el shebet (tribu) llegó a ser poco más que un concepto regional o tradicional; las realidades funcionales eran el estado y la estratificación de clase. El shebet (y la mishpahâ en particular) eran cada vez menos viables como unidades sociales protectoras cuando personas de muchas tribus se encontraban juntas en nuevas estructuras sociales y políticas a las que la organización no centralizada de la tribu no podía responder.”

Esta situación se venía gestando desde el final de la época de los jueces con los problemas que trajo la sedentarización. La monarquía significó una agudización de los problemas que se plantearon allí: la injusta distribución de la tierra y el reparto de botín de guerra que pusieron las bases de las desigualdades posteriores. Ya en el siglo X a.C. la monarquía aparece como fuente de todos los males (1Sm 8,11-17).

La época de la monarquía se prestó muchísimo más que la de los jueces a grandes diferencias y a monopolios, pues se había perdido la obligación de ayuda mutua entre familias que significaba el control del superávit económico. Entre el siglo X y el VIII a.C. se fueron acentuando las diferencias surgiendo grupos de marginados y sin posesiones, de personas que ganaban su vida al margen de la ley o que tenían graves deudas. Surge la nobleza social y económica, los pequeños y medianos propietarios oprimidos por los poderosos y con peligro de pasar a ser parte de los que quedan sin posesiones ni derechos. Aparecen diversos grupos sociales en problemas: forasteros o inmigrantes, esclavos, asalariados, desocupados, lo cual rompe la igualdad y la solidaridad que se ha venido buscando .

La administración de la justicia: antes de la monarquía los encargados de administrarla en territorios determinados era el patriarca en su familia, los ancianos en la mishpahâ y el juez en un territorio más amplio. Luego, con David, se creó un tribunal de apelación en Jerusalén, no caracterizado propiamente por su eficacia (2 Sm 15,2-4). La reforma de Josafat en el siglo IX a.C. muestra que la situación a que se llegó debió de ser caótica en el sur .

2.3.      El escenario religioso

Con la sedentarización se presenta otro grave problema: el religioso. Yavé no era conocido como el Dios de las cosechas, de las lluvias, de la fertilidad y de las estaciones, puesto que él era un Dios del desierto que acompañó a su pueblo durante la marcha posterior a la salida de Egipto. ¿Qué hacer, entonces, al momento de cambiar del pastoreo a la agricultura? La respuesta estaba al lado; quien cuidaba de tales asuntos era Baal, el dios de la naturaleza a quien rendían culto los habitantes de la tierra donde se habían asentado los grupos provenientes de Egipto. Invocarlo fue el paso siguiente. Con ello la fe de Israel entró en una delicada crisis de identidad: ¿Yavé y Baal al mismo tiempo? Parece que el culto a ambos coexistió durante un largo período. Pero la disyuntiva se planteó: Baal o Yavé.

El baalismo fue el otro gran problema de la monarquía, que lo fomentó a través de sus alianzas políticas con los pueblos cananeos. Política y religión no podían separarse. Si se daba entrada a una extranjera para ser esposa de un rey, con ella entraba su dios, su culto y sus profetas. Y viceversa, con su religión entraba toda una concepción de la sociedad, de la tierra y unos ideales que eran ajenos al yahvismo, como es el caso típico de Jezabel, aunque la admisión de mujeres extranjeras en la corte había comenzado con Salomón.

Además, el culto fue perdiendo su contenido histórico-salvífico. Los actos cúlticos antiguos eran repetidos sin la centralidad sociopolítica antigua con la consecuente pérdida de su relación tanto con las tradiciones como con la experiencia actual de la comunidad. El culto antiguo de las tribus fue perdiendo su posición primaria en el sistema social, sus funciones políticas cada vez más apropiadas por la monarquía, sus funciones religiosas desafiadas por el nuevo culto del templo real y su fuerza creadora como centro de generación de nuevos esquemas comprensivos para interpretar la historia de Israel .

3.         Los profetas reviven la utopía

La igualdad y la solidaridad menoscabadas de raíz por el sistema económico y social de la monarquía era algo a lo cual Israel no podía renunciar, pues era, por naturaleza una comunidad tribal que siguió siendo en el plano ideal y en parte en el orden práctico. La monarquía no constituía para Israel una magnitud irrenunciable . Lo irrenunciable parece ser, entonces, aquello que Israel pretendió garantizar desde los comienzos: una sociedad liberada donde se viva en solidaridad e igualdad, donde los débiles sean protegidos, donde los pobres puedan tener acceso a lo necesario para vivir y no se vean discriminados. Este compromiso con los débiles es primero que todo de Dios y está anclado en la conciencia de Israel; se refleja desde la experiencia de Egipto y aparece claramente en el libro del Éxodo (2,24ss; 3,7-10.17; 4,31; 6,5-8) . Ya en el período de los jueces surgen los primeros esfuerzos por ayudar a los necesitados : el compromiso con los débiles pasa a ser, entonces, una parte integrante de los vínculos sociales de Israel, los cuales estaban garantizados por las estructuras de la época premonárquica.

La mentalidad tribal “utópica” de un cierto ordenamiento social igualitario irrumpió en escena con los profetas. Ellos emergieron como defensores del derecho divino que implicaba unas justas relaciones entre los miembros del pueblo y, por otra, un reconocimiento de Yavé como el único Señor, que no acepta ninguna competencia (Baal). En la práctica, la naturaleza honda de Israel se hizo sentir de esta forma en la voz de los profetas. Esa naturaleza de Israel estaba marcada indeleblemente por Yavé mismo desde los acontecimientos fundamentales de la liberación de Egipto, la marcha por el desierto y la entrega de la tierra prometida, pasando por la constitución de Israel como pueblo en el Sinaí. A esa constitución cuyos estatutos están contenidos en la alianza, Israel no debía renunciar, porque haciéndolo renunciaba simultáneamente a Yavé y a sí mismo.

¿Por qué se hace necesaria la irrupción agresiva de los profetas, comenzando por Amós, el más amenazante de ellos? Porque las tribus desde David van perdiendo su influencia en la evolución de la monarquía, con la cual se forma en Jerusalén un gobierno estatal, un centro administrativo, un poder central que lleva en sí mismo su propia ley. La formación política queda transferida totalmente al rey y a sus funcionarios, lo cual, en cierta forma, es permitido por las mismas tribus . La política, pues, comienza a caminar independientemente de la fe yahvista, cuyas tradiciones eran conservadas en las tribus, que quedaron al margen de las decisiones de la organización estatal . Fe y política tomaron rumbos independientes. Jerusalén, capital del reino unificado, creció y se forjó con sus propias leyes. De ahí el alejamiento del proceder justo “a los ojos de Yavé”.

Con el correr de la monarquía, se creó una tradición jerosolimitana yuxtapuesta a las tradiciones de la religión tribal, cuya existencia y eficacia fue sancionada por Jerusalén donde es aceptada por Josías en el núcleo de la legislación deuteronómica, quedando la religión tribal al amparo de las tradiciones del sur. Así se fue abriendo paso en la época de los reyes una nueva mentalidad religiosa con Jerusalén como ciudad del templo.

Con el surgimiento de esa nueva mentalidad que cobijaba a las tradiciones del norte y con la “instalación” de Yavé en Jerusalén, centro de poder, se descansa sobre algo conquistado, adquirido y sancionado realmente, pero poco a poco se aparta de la marcha de Yavé por la vida ordinaria del pueblo, la cual adquiere su desarrollo independiente que termina por no ser manifestadora del Yavé conocido en el desierto y, por lo tanto, por ser profanación de mi santo nombre (Am 2,7b). El resultado fue la domesticación de la religión yahvista. Era necesario que se reaccionara ante esa religión domesticada que había perdido la capacidad dinamizadora de la historia toda, función de la utopía propia del Israel premonárquico. Entonces rugió el león (cfr. Am 3,4).

José Roberto Arango L.
Calle 42 Nº 4-49
Santafé de Bogotá 1, D.C.
Colombia

 

Norman K. Gottwald, The Tribes of Yahweh. A Sociology of the Religion of Liberated Israel, 1250-1050 B.C.E., N.Y., Orbis Books, Maryknoll, 1979 (tercera impresión, enero de 1985), p.42 (vea la edición en español: Las tribus de Yahveh - Una sociología de la religión del Israel liberado - 1250-1050 a.C. Barranquilla, Seminario Teológico Presbiteriano, 1989; y vea la traducción al portugués: As tribos de Iahweh - Uma sociologia da religião de Israel liberto 1250-1050 a.C. São Paulo, Edições Paulinas, 1986).

Ibid, p.33.

Esta primera parte está basada en la obra citada de N. K. Gottwald.

Ibid, p.43 y 214.

Cfr. Carlos A. Dreher. “O surgimento da monarquia israelita sob Saul”. In: A Palavra na Vida, nº 50, São Leopoldo, CEBI, 1992, p.14.

Norman K. Gottwald, op. cit. p.484-485.

Ibid, p.214 325-326 332-333.

Sin embargo, no se puede caer en la tentación de idealizar el Israel pre-monárquico. También allí había contradicciones, personas con menos derechos, unas gentes empobrecidas mientras otros intentaban acumular. Pero la contradicción principal había sido superada: la ciudad no dominaba sobre el campo (Carlos A. Dreher, op. cit., p.6).

“Su producción económica, su organización política, social y religiosa se hacían de forma colectiva y democrática” (Ibid, p.5; la traducción es mía).

Norman K. Gottwald, op. cit., p.345 383-384. Confira Carlos A. Dreher, op.cit., p.6.

Norman K. Gottwald, p.253.

Ibid, p.298 322-323.

Ibidem.

Ibid, p.267,316 y 318.

Ibid, p.320.

Ibid, p.489-490.

Ibid, p.490.

José Luis Sicre, “Con los pobres de la tierra” - La justicia social en los profetas de Israel, Madrid, Cristiandad, 1984, p.76-77.

Siegfried Hermann Historia de Israel en la época del Antigo Testamento, Salamanca, Sígueme, 2a edición, 1985, p.306.

Ibid, p.307.

Cfr. Carlos A. Dreher, op. cit., p. 10. Con la monarquía se pasa al modo de producción tributario (p.11).

Siegfried Hermann, op. cit., p.237-238.

Ibid, p.308.

Ibid, p.308-309.

Ibid, p.310-311.

José Luis Sicre, op. cit., p.79-81.

Cit. por José Luis Sicre, op. cit., cita 85, p.82 (vea Albrecht Alt. “Miquéias 2,1-5 - A redistribuição da terra em Judá”. In: Terra Prometida - Ensaios sobre a História do Povo de Israel. São Leopoldo, Editora Sinodal, 1987, p.9-18.

Citado por José Luis Sicre, op. cit., cita 87, p.82.

José Luis Sicre, op. cit., p.83.

Norman K. Gottwald, op. cit. p.254.

José Luis Sicre, op. cit., p.56-59.

Ibid, p.77.

El ideal que propone la monarquía desde sus comienzos es una vida donde el lujo y la riqueza ocupan un lugar muy importante. Esta es su mayor culpa (Ibid, p.72).

Norman K. Gottwald, op. cit., p.143-144.

Siegfried Hermann, op. cit., p.175-176.

José Luis Sicre, op. cit., p.52.

Ibid, p.59-60.

Siegfried Hermann, op. cit., p.216.

Las tribus conservaron los relatos de sus respectivas historias desde tiempos del desierto y luego se convirtieron en tradiciones “panisraelíticas”, pero en tensión con el ordenamiento estatal (Ibid, p.236-237).

 

 
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