
Recensiones
Albert Nolan. Jesus antes do cristianismo. São Paulo: Edições Paulinas, 1987, 207 págs. (original inglés: Jesus Before Christianity, Cape Town & Johannesburg, 1976).
Aquí tenemos un libro que no es novedad pero que por sus méritos permanentes creemos útil presentarlo a los lectores de RIBLA. Se trata de una vida de Jesús, género siempre actual que ha encontrado en los últimos años muchos aficionados pero ninguno mejor que Albert Nolan. No es una vida de Jesús “científica” escrita para la comunidad de eruditos. Esta es una vida escrita por un activista conocedor de la literatura científica para mover a sus lectores a seguir el modelo del Jesús de Nazaret activista de la compasión y de la fe en el hombre y la mujer.
Albert Nolan es un dominico sudafricano, eminente representante de la teología contextual, nombre que se le da a la teología africana de la liberación (o, más precisamente, a la teología africana que más se corresponde con nuestra teología de la liberación). Ha sido Director del Instituto de Teología Contextual en Sudáfrica y asesor de estudiantes católicos. Estrictamente hablando, pues, es un teólogo más que un biblista, pero un teólogo que maneja las herramientas de la ciencia bíblica.
Jesús fue, dice Nolan, un hombre consumido por la compasión por las gentes de su nación que sufrían a manos de los romanos pero más aún a manos de sus propias autoridades religioso-políticas. Creía en la fe. No la suya especialmente, sino la fe humana como tal. Por su fe se curaban las personas y Jesús no reclamaba haberlo hecho él sino la fe de ellas. Fue un seguidor de Juan el Bautista que, sin embargo, se separó y se distinguió de su maestro por su alegría por la vida y su disposición a disfrutar de los banquetes y fiestas. Ante todo, detestaba el modo en que la gente establecía categorías de prestigio que les servían para despreciar a los excluídos. Disfrutaba de invitar a su casa a rameras, publicanos, leprosos y otra gente despreciable a los ojos de la sociedad de Galilea.
Sí, Jesús tenía su propia casa en Cafarnaúm. El Jesús de Nolan es un carpintero de clase media que se desclasa para identificarse con los pobres, los oprimidos y los excluídos. Predicaba el Reino de Dios, realidad social que vendría como catástrofe si su generación no se arrepentía y mostraba fe, pero que sería una realidad de justicia y paz si se lograba despertar en el pueblo su reserva de fe humana y de solidaridad. Anunció una catástrofe para Israel en su generación si el pueblo no cambiaba. (Este anuncio, sus seguidores lo convirtieron en discursos apocalípticos pero Jesús no era visionario apocalíptico, según Nolan.) Jesús no era violento, pero su pacifismo no era de principio inmutable sino para su situación particular. Con ello se distinguió de los zelotas y otros activistas que creían que la liberación vendría únicamente por la violencia. Jesús creía que el secreto de la liberación era la fe, aunque no excluía la violencia como necesaria en algún momento, como demuestra su instrucción a sus discípulos que compraran espadas y su demostración violenta contra la explotación comercial que regía en el templo de su tiempo.
Bueno, esto dará una idea de un libro rico en contenido y de fácil lectura. Pretende ser una historia humana que no parte del supuesto de la mesianidad o divinidad de Jesús. En la conclusión del libro descubrimos que esto es una estrategia teológica. Nos invita el teólogo a creer en Jesús como divino y en el Dios de Jesús. Aunque no deja de sorprender al lector esta movida que no se anunció al principio no es una treta para captar a lectores incautos sino un paso teológico de principios. No podremos conocer a Jesús si leemos los evangelios como si ya conociéramos a Dios; mas bien, es a partir del humano Jesús que podemos comenzar a vislumbrar esa realidad trascendente que podemos sin manipulación llamar Dios.
Algunas reservas: El libro se escribió en 1976 y no fue revisado posteriormente. Depende mucho de Joachim Jeremias, cuyo conocimiento del judaísmo del primer siglo ha sido puesto en entredicho por E.P. Sanders en su libro premiado Paul and Palestinian Judaism, de 1978. Todo lo que depende de Jeremias, y Nolan es honesto en indicar sus dependencias, debe hoy quedar en entredicho (incluso su famosa interpretación de Abba como “papito”). Mas sorprendente es su uso de Thorlief Boman, cuya obra de 1960 sobre el pensamiento hebreo fue desacreditado por James Barr en varias obras de los años 1960.
Con estas advertencias, podemos recomendar la obra de Nolan. Es una buena introducción al Jesús histórico desde la teología contextual africana. Aunque incluye muchos detalles hoy discutidos también presenta otros muy sugestivos y su enfoque es teología contextual compatible con el pensamiento dominico clásico.
Jorge Pixley
Apartado 2555
Managua
Nicaragua
De Melitón sobre la pascua. Introducción, traducción y comentario por Alberto Ramírez Z. Colección “Estudios Bíblicos” de la Universidad de Antioquia, Medellín, 1993.
Sardes fue una ciudad rica y lujosa que había sido antes de la conquista por los romanos la capital del reino de Lidia, cuyo más conocido rey fue el legendario Creso. Ya en tiempos de Juan el visionario había una congregación cristiana en la ciudad. La comunidad judía era numerosa y rica, habiendo dejado la sinagoga más grande que se conozca de la antigüedad, excavada en tiempos modernos.
Melitón gobernó a la iglesia cristiana del lugar durante el principado de Marco Aurelio, a quien dirigió una apología de la que se preserva un fragmento en Eusebio, H.E. IV.26.6-11 que muestra un increíble acercamiento en su mente entre la fe cristiana y el imperio. Todo sugiere que quería que la iglesia adquiriera algo del prestigio, la riqueza e influencia de su rival, la sinagoga judía de la ciudad. Según Eusebio su fama y piedad eran grandes; era un “eunuco”, aparentemente un hombre célibe.
En este contexto hay que leer su Homilía sobre la Pascua, la única obra suya que se ha preservado en forma íntegra. Gracias a la Universidad de Antioquia y a Alberto Ramírez gozamos hoy de una traducción al español, con una introducción histórica y textual y un comentario. Esta homilía no se conoció en forma completa hasta el siglo XX, pero hoy se conoce en dos manuscritos y en dos ediciones críticas del texto griego, uno de Bernhard Lohse (Leiden, 1958) y el otro, el más completo, de O. Perler en la serie “Sources chrétiennes” (París, 1966). Ramírez describe la situación textual muy bien en esta edición colombiana de su traducción.
La traducción es una versión literal del estilo retórico y recargado del original de Melitón. Mi única reserva es su insistente uso del artículo con el nombre de Egipto (“el Egipto”), nombre muy frecuente en la homilía cuya primera mitad está basada en Éxodo 12. Este uso inusual del artículo es doblemente extraño considerando que Egipto es femenino en el griego y que Melitón por ratos parece jugar con la feminidad que pierde a sus hijos.
Las iglesias de Asia, y Melitón por supuesto también, celebraban la pascua el día en que la celebraban los judíos, la práctica cuartodecimana. Esto significa que no recordaban la muerte un viernes ni celebraban la resurrección un domingo. La homilía muestra la combinación de muerte y resurrección que esperaríamos en esta situación. Aunque Ramírez explica esta práctica y el hecho de que llevó a la condena de estas iglesias por las de Occidente, no logra ver todas sus implicaciones en la homilía de Melitón.
Para el lector moderno la larga sección que acusa a Israel de ser responsable de la muerte de Cristo (números 72-86) es difícil de apreciar. El comentario de Ramírez no es muy útil para entender esta extrema agresividad. Nada dice sobre la rica y floreciente comunidad judía de Sardes que era la competencia directa de Melitón y su comunidad cristiana. ¡Los arqueólogos no saben explicarse una sinagoga como la de Sardes con capacidad para mil personas! (Cierto, su inauguración se calcula en el temprano tercer siglo, unas décadas después del ministerio de Melitón, pero indica una comunidad judía floreciente.) Saber esto ayuda a explicar, aunque no justifica, la saña de Melitón contra los judíos, y debía mencionarse en un comentario sobre esta homilía.
A pesar de las críticas que hemos hecho, hay que agradecer que tengamos ahora un texto en español de esta homilía pascual de uno de los maestros más apreciados en el Oriente antiguo. Podemos recomendar la traducción a nuestros estudiantes, así como las aclaraciones de Ramírez sobre la situación textual. El profesor sabrá matizar los elogios de Ramírez por la utilidad práctica hoy de un texto que presenta problemas a creyentes que buscan promover la comunión entre todos los humanos. Como documento histórico para la situación particular de Sardes es valiosa esta homilía. Como evidencia de la seriedad con que se tomaba el éxodo y la pascua en Egipto como tipo de la Pascua del Hijo de Dios entre los cristianos de Asia es instructivo para la historia de la exégesis y de la liturgia.
Jorge Pixley
Apartado 2555
Managua
Nicaragua
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