
Reseñas
Aníbal Cañaveral. Carta a Filemón - Una respuesta a las ansias de libertad. Bogotá, CEDEBI, 1995 (Colección Tierra y Cántaro, nº 1)
En esa experiencia de cercanía con el trabajo bíblico de Aníbal desde 1992, cuando realizamos acá en Colombia el Curso Intensivo de Biblia, he podido confirmar la calidad de su labor como biblista, sus intuiciones muy ricas y profundas por cierto, como su pasión por la lectura de la Biblia desde el mundo campesino. Esta calidad y particularidad se refleja plenamente en este comentario a la carta a Filemón, especialmente se deja entrever en las primeras páginas donde nos comparte su experiencia personal, sus motivaciones y la importancia de la práctica, estudio y la interpretación bíblica en la experiencia de las CCC (Comunidades Campesinas Cristianas).
Aníbal compara el trabajo de exégesis bíblica con la labor del campesino cuando escarba la tierra para buscar el alimento de cada día. El trabajo del biblista se perfila de una manera distinta, este es y debe ser el de escarbar en el texto para percibir y comprender los dinamismos de vida y esperanza que se encuentran sumergidos dentro de las palabras. Esta es la mejor imagen para poder hablar de este interesante libro que Aníbal nos regala y para expresar la nueva manera como se está leyendo la Biblia en nuestras comunidades, especialmente las campesinas.
Pido prestada esa imagen para presentar el paso campesino por las páginas de este libro. Las manos, en ese contacto material y profundamente espiritual con la madre tierra, simbolizan el gran esfuerzo realizado por Aníbal para encontrarse vitalmente con el texto y para poder “desenredar la telaraña” de sus sentidos y significados de vida que brotan de ese contacto con la dura realidad que viven nuestros campesinos y campesinas. El campesino cuando escarba la tierra entra en un diálogo de profundo respeto con ella; a través de sus manos el campesino le transmite (entrar) sus sentimientos, sus sueños, sus pensamientos, sus preocupaciones; con la ilusión de poder sacar (salir) los frutos necesarios para alimentarse. Esto es lo que encontramos en este comentario.
La opción por la carta a Filemón deja entrever la importancia que lo subjetivo, lo pequeño, lo afectivo y lo simbólico tienen para comprender los textos bíblicos y para involucrar aspectos de la vida cotidiana de las comunidades cristianas y sus animadores desatendidos hasta ahora. La intuición, los sueños, la sospecha, la imaginación, facultades muy presentes en nuestras culturas populares, son las herramientas privilegiadas en la elaboración de este comentario. Ellas nos están mostrando la posibilidad real de poder construir otro paradigma u otra manera de leer los textos bíblicos, especialmente cuando se toma en serio la dimensión cultural. Pero así como el campesino se vale de otras herramientas, diferentes a sus manos, Aníbal en este comentario se vale de manera sencilla y práctica de varias de las herramientas de los métodos tradicionales de hacer exégesis y los utiliza de acuerdo a su objetivo.
La tierra. “La palabra fue sembrada en tierra buena”. El comentario nos deja sentir el olor a tierra fértil y generosa. El texto bíblico, como la tierra, es sentido y percibido con una riqueza muy profunda; tal vez, mucho más de lo que nos imaginamos. Esta riqueza es mucho más significativa, si consideramos que la carta Filemón es las más “pequeña” del corpus paulino. Para muchos desde una visión muy racional, la consideran como muy pobre y sin importancia, especialmente si queremos comprender los escritos paulinos y al mismo Pablo. Creemos, al contrario, como José Comblin que esta carta es la obra prima, tal vez la más perfecta de las cartas de Pablo. Si se considera como el último de los escritos auténticamente paulinos, esta carta es clave para poder comprender el mensaje paulino, así como su práctica pastoral. En ella Pablo se exprime en su totalidad y en toda su radicalidad , llevando a las relaciones cotidianas las consecuencias de su mensaje en torno a la justificación por la fe, al ágape, de su comprensión en torno a la autoridad, al evangelio, a la esclavitud (y la libertad). Aníbal deja ver esta realidad, de una manera sencilla pero evidente, como una expresión más de la sensibilidad del mundo campesino por las cosas “pequeñas”.
Las palabras anteriores hacen alusión a la primera parte del comentario, del capítulo II al VII, donde nos presenta el estudio de la carta desde el punto de vista literario, sociológico, simbólico y teológico. Vale la pena detenernos a leer estas páginas, cargadas de la sabiduría que brota de la humildad de un campesino que aprendió a amar y a dialogar con la Biblia como lo hace con la tierra. El análisis exhaustivo de las palabras, de la estructura de la carta, de las relaciones sociales que se dejan entrever entre líneas, de los núcleos de sentido, de la teología de la carta, hacen de este comentario algo digno de tenerse en cuenta, a pesar de que el comentario no se deja llevar por los criterios racionales que han marcado la exégesis y desde donde se juzga el valor de cualquier análisis. Tal vez en esto último, esté lo realmente novedoso de este comentario.
En la segunda parte del comentario, del capítulo IX-XIII, Aníbal hace un gran esfuerzo por actualizar la carta a partir de la realidad campesina, y por dar un aporte a la construcción de una teología bíblica campesina. Aquí la vida tiene peso y espacio; es un referente explícito, que le da la sazón al comentario. En el capítulo IX Aníbal nos ofrece una sugestiva relectura de la carta teniendo como sujeto las comunidades campesinas cristianas de hoy. En los capítulos siguientes desarrolla algunos criterios y algunas claves para la actualización de la carta.
Muchas veces leemos grandes y complicados comentarios y no le encontramos sabor, son simples, fríos, sin referencia a la vida. Son semejantes al trabajo que se realiza en las grandes plantaciones industrializadas, mecanizadas, que explotan sin misericordia la tierra; pero que paradójicamente, no puede gozar de ese encuentro con la tierra, ni establecer un diálogo con ella; tampoco puede saborear sus frutos con el gusto de quien la sembró, cuidó y cultivó.
“Por sus frutos los conoceréis”, nos recuerda el evangelio de Mateo. Los frutos en este comentario son bien jugosos, con ese sabor natural de la vida y el gusto dulce de la esperanza. Son frutos abundantes, frescos y deliciosos; que a la hora del descanso y después de un largo esfuerzo, son la mejor recompensa. Entre ellos destacamos el esfuerzo por rescatar los sueños, el florecer liberador de las mujeres en las comunidades; además de la recuperación, al lado de las dimensiones política y económica de la vida campesina, de las dimensiones afectiva, espiritual y teológica de la hermenéutica bíblica campesina. Los frutos son los más importantes, porque generan vida, comunión, alegría; porque reavivan las fuerzas y la esperanza; y hacen más cercano y presente los horizontes a nuestros ojos, permitiéndonos imaginar, soñar, confiar en una utopía donde las relaciones sean basadas en el verdadero amor, en la igualdad, en la solidaridad y en el reconocimiento mutuo, tanto en nuestras iglesias como en la sociedad.
Es un esfuerzo encomiable y digno de admiración, aún más, cuando tiene que hacerse con las uñas (en este caso uñas con color y olor a tierra, lo que le da especificidad al comentario), cuando el autor es un joven campesino “anónimo” que ha tenido como única escuela de formación el contacto con la realidad de los campesinos pobres y, en concreto, con la práctica de la lectura que las comunidades campesinas hacen de la Biblia. Esta labor supone un método aprendido en la experiencia cotidiana de leer la Biblia, empapado y nutrido por su propia realidad como campesino, por su cosmovisión y cosmosentimientos frente al mundo que lo rodea.
Nos queda claro, para terminar, que la reflexión no vale sólo para el mundo campesino, tiene la facultad de trascenderlo, al aportar elementos y valores muy profundos que nos pueden ayudar no sólo a comprender mejor los textos bíblicos, sino a buscar alternativas profundas a la situación “sin salida” a que nos ha llevado el mundo moderno de las ciudades. Tenemos que tener una gran humildad para poder aprovechar las grandes riquezas que nos brinda el estudio que nos hace Aníbal. Vale realmente la pena dedicarle unas horas para deleitarse de sus frutos y de su trabajo.
Francisco Reyes Archila
Apartado Aéreo 077 183
Santa Fe de Bogotá 2 Colombia
José Comblin. A mensagem da epístola de S. Pablo a Filemón. 3a edición, En: Estudos Bíblicos. no.2.(1987), Petrópolis: Vozes, p. 50.
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