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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
Daniel Boyarin. Israel carnal: lendo o sexo na cultura talmúdica. Rio de Janeiro, Imago, 1994, 287p. (original inglés: Carnal Israel, Berkeley, 1993)
Este interesante libro propone un método para leer textos de nuestra propia herencia cultural, por un lado, y por el otro propone una tesis sobre la cultura rabínica. Las problemáticas que subyacen al proyecto hermenéutico son la dominación de la mujer y la lucha actual por su liberación y el dualismo que desprecia el cuerpo como una vestimenta que cubre la verdadera esencia humana, su espíritu. Es explorando lo que la cultura rabínica dice sobre el sexo que se busca decir algo sobre esta cultura y armar a los judíos herederos de ella con instrumentos de lucha para transformar su cultura. Por la brevísima exposición del párrafo anterior se podrá apreciar tanto la importancia del proyecto como su dificultad. No pretende Boyarin encontrar una edad de oro ya perdida que nos pudiera servir de norte en la actualidad. Además, los textos rabínicos son por su mismo género ambiguos, pues son siempre la presentación de voces diferentes con opiniones que se preservan lado a lado sin resolución. Rabino X dijo, pero Rabino Y dijo y Rabino Z replicó. Se puede leer entonces un conflicto de interpretaciones que se preserva y se oficializa en la Misna y los Talmudim (de Babilonia y de Palestina). El intérprete contemporáneo puede encontrar voces subordinadas que cuestionan las dominantes pero que se han conservado, y que le pueden servir en sus esfuerzos por transformar la cultura judía de hoy. Algunas afirmaciones sobre la discusión talmúdica son posibles. Es una conversación de hombres. Aún cuando aparecen raras veces voces femeninas, entran en una conversación de hombres desde la perspectiva de los hombres. Esta es una cultura androcéntrica (como todas las que conocemos). Pero, y he aquí la tesis de Boyarin, no es una cultura que desprecia al cuerpo, ni por ende a la mujer. En Filón y en Orígenes (y muchos intérpretes más), el hombre original, el de Génesis 1, era pura alma (o espíritu o razón). Por razón del pecado, entró el segundo hombre que era material. El original era andrógino, pues en su inmaterialidad trascendía la división de sexos. El segundo Adán era separadamente varón y hembra por efecto de la caída de la esfera de las esencias al mundo de la materialidad. La tesis de Boyarin es que el judaísmo de los primeros siglos estaba dominado por el helenismo, bien representado por Filón, Josefo y Pablo de Tarso. La cultura rabínica surge como una decidida oposición a este otro judaísmo. Debemos leer, pues, estos textos como la construcción de una alternativa cultural a un desprecio por el cuerpo y el sexo que los rabinos percibían como letal al pueblo escogido de Dios. El casamiento y el sexo son mandamientos de la Tora. El varón judío tiene dos amores, la Tora y su esposa, y frecuentemente entran en conflicto pero no le es lícito abandonar ninguna de las dos. El rabino que deja pasar los años sin casarse es objeto de la crítica de que estudia la Tora pero no la practica, pues quien ordenó poner los mandamientos entre los ojos y en las manos ordenó también fructificar y multiplicarse. Se puede discutir si el joven debe casarse primero y luego dedicarse al estudio para no ser distraído por pasiones no resueltas, o si debe estudiar primero para no distraerse con los quehaceres del hogar y luego casarse, pero la obligación de ambas no se discute. El deseo carnal es peligroso pero es bueno. Es evidente la primacía jerárquica de hombre en el sexo y el matrimonio, pero el varón tiene la obligación de satisfacer el deseo de la mujer y de no imponerse a ella sin su consentimiento, lo cual es punido con el nacimiento de hijos defectuosos. Los rabinos discuten la frecuencia del sexo, y se dan diversas opiniones. También discuten la fuerza del deseo y su relación con la tenacidad del estudio. Se discuten las dimensiones del órgano de diferentes rabinos y sus prácticas sexuales con sus mujeres. En general, todo es lícito entre la pareja si hay mutuo consentimiento. La desigualdad de género se percibe claramente en la discusión negativa de la participación de la mujer en la práctica de mayor prestigio, el estudio de la Tora. Pero esta discusión no llega a ser una prohibición. Un rabino, Ben Azai, instruye al rabino a enseñar Tora a su hija para que se pueda defender, pero Rabi Eliézer dice que quien enseña Tora a su hija le enseña lascivia. En las opiniones diversas sobre el tema, y en las historias que se cuentan de Beruria, hija de R. Hanania y esposa de R. Meir, se explora la rareza de la mujer que supera a los hombres en sus interpretaciones de la ley. En resumen, el sexo y el matrimonio son mandamientos obligatorios. La mujer y el cuerpo están sujetos al estudioso de la Ley pero son necesarios para cumplir lo que Dios manda. Esto está íntimamente vinculado, afirma Boyarin, con el énfasis rabínico en la particularidad del pueblo de Israel y la absoluta obligatoriedad de los mandamientos sin que tenga que mediar una comprensión de los mismos. He aquí una diferencia fundamental con el helenismo y con el cristianismo que es una especie de judaísmo espiritualizado. La cultura rabínica pagó con su énfasis en el cuerpo y lo particular el precio de su aislamiento de las culturas dominantes. Pero ofrece recursos para judíos hoy (¿y cristianos, también?) que luchan contra el desprecio por el cuerpo y, en la lógica dominante, por la mujer como ser que es esencialmente corporal (frente al hombre que se caracteriza por su uso de la razón). He aquí algunas de las discusiones y valores de este interesante libro. Jorge Pixley |
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