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Fe y libertad en la carta a Filemón

José Comblin

 

Resumen
Ante el hecho de la esclavitud, los países modernos proclaman la abolición y, después, dejan que los esclavos liberados se mueran de hambre o de enfermedad. Pablo no propone una solución formal o jurídica pues no habría tenido ninguna consecuencia en su tiempo. No define leyes; no impone al cristiano su conducta; sugiere, pide. Propone algo concreto y posible: que se reciba a su esclavo como hermano. Más que la libertad, el esclavo, alejado de su patria y su familia de origen, desea una familia.

 

Abstract
Faced with the fact of slavery, moderns have proclaimed abolition and thereafter abandoned the freed slaves to die of hunger or sickness. Paul is not proposing a formal or juridical solution, which would had no effect in his time. He does not define laws; he does not impose his own conduct on another Christian; he suggests, he asks. He proposes something which is concrete and possible: that one receives his slave as a brother. More than freedom, the slave who is alienated from his country and family of origin wants a family.

 

El hecho de la esclavitud constituye el eje central de toda la revelación bíblica. El éxodo, la esclavitud en Babilonia, la permanencia de la esclavitud en los imperios que dominaron al pueblo de Israel son los hechos que ilumina la Palabra de Dios.

El Nuevo Testamento es una respuesta a la afirmación de las autoridades judaicas: “Nosotros somos la raza de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie” (Jn 8,33). Las autoridades judaicas invocan la ley: la ley los salvó de la esclavitud. El que se somete a la ley ya no es esclavo de nadie.

Está claro que la discusión de Pablo con el judaísmo se refiere a esa pretensión del sector que en aquel tiempo se proclama representativo del pueblo de Israel. Para Pablo lo que libera de la esclavitud es la fe en Cristo y no la ley de Moisés.

Sin duda Pablo profundiza la experiencia de la esclavitud. Revela una esclavitud básica que es una esclavitud dentro del mismo ser humano (Rm 6-7). Si el sujeto humano no se libera de su esclavitud interna, que Pablo designa por la palabra pecado, todo lo demás es inútil. Nunca será realmente libre.

Esta esclavitud interna de la persona, que le impide ser ella misma y hacer lo que realmente quiere, no se puede separar de la forma social de esclavitud. Pablo usa las mismas palabras esclavitud-libertad para la esclavitud interna y la esclavitud social porque en su manera de entender son dos expresiones de una sola realidad. La esclavitud resulta de la situación de pecado en la que vive la humanidad. La liberación de la esclavitud social no haría a la persona libre, si ésta no fuera liberada en su intimidad personal.

La esclavitud no está fuera de la perspectiva de Pablo, la experimentaba todos los días y a cada momento pues el mundo estaba lleno de esclavos. Pablo está muy consciente de que su evangelio de liberación se dirige en primer lugar a los esclavos. Es un evangelio para los esclavos. La liberación de Cristo cambia radicalmente la condición de esclavos.

Por eso, la carta a Filemón, tan pequeña, no es solamente una respuesta a un caso que sucedió en la vida de Pablo. Es una parte esencial de su mensaje. El hecho específico de Onésimo con Filemón le dio la oportunidad de explicitar mejor el alcance de su evangelio.

El Evangelio cristiano no es una “doctrina” que propone la adhesión intelectual. Lo que Pablo pide no es que se esté de acuerdo con él en su doctrina, sino que se haga vida su mensaje. De allí, la importancia de la práctica. Aquí, Pablo tenía la posibilidad de mostrar en la práctica lo que significa el evangelio.

Todos los cristianos saben que la fe no es sencillamente el acto de aceptación intelectual de una doctrina. Tampoco es un acto global de entrega de sí a Cristo en general, sea de modo abstracto o como si fuera un movimiento afectivo de adhesión a la persona de Cristo. La fe es el acto vivido en la vida de cada día, en el encuentro con el otro. Es un cambio de actitud, una relación nueva con el otro. La fe es dejar que Cristo actúe en mí o que yo esté transformado en Cristo.

Por eso, la fe no será hacer un discurso sobre la liberación de los esclavos —esto lo hacen las sociedades actuales—, sino actuar de modo nuevo en el encuentro con el esclavo, de un esclavo determinado, por ejemplo Onésimo.

Por eso, la carta a Filemón no es una sencilla consulta moral. Ella se dirige a la “fe” de Filemón (v.5 y 6). Frente a Onésimo, Filemón va a tener que hacer un acto de fe. Onésimo representa para Filemón la llegada de Cristo y por lo tanto una invitación a la fe.

El evangelio de Pablo proclama: “ya no hay ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer” (Ga 3,28). No basta con publicar esto en una “Declaración de los derechos humanos”; también los criminales firman esta declaración. Se trata de vivirlo en la vida de cada día, en los casos particulares de la vida.

En el pasado, muchas veces, se interpretó el evangelio de Pablo en un sentido espiritualista. Se decía que lo que Pablo anunciaba era un cambio puramente interior de actitud, una fe puramente espiritual. De esa manera, se atribuía a Pablo una teología burguesa. El hecho de pertenecer a la tradición judaica impedía que Pablo pensara así.

Ni los judíos ni los primeros cristianos separan alma y cuerpo como hicieron los filósofos griegos después de Platón. Todo es corporal y todo el cuerpo es espiritual. Por lo tanto, lo que sucede con la venida de Cristo es un cambio en la actitud corporal: prácticamente en la relación corporal entre señor y esclavo como entre hombre y mujer o judío y griego.

En este momento, llegamos a la gran paradoja cristiana: se anuncia el reino de Dios, pero solo existe en forma de semilla en medio de un mundo injusto. El reino de la justicia solo llegará al final de los tiempos. ¿Cómo ser justo en un mundo injusto? ¿Cómo ser justo en medio de estructuras injustas? ¿Cómo liberar al esclavo en un mundo basado en la esclavitud? Este es el desafío permanente en el que viven todos los cristianos desde el comienzo y vivirán hasta la consumación de los siglos.

Que no se diga: ¡hagamos un mundo justo! ¡cambiemos las estructuras para poder actuar en un mundo estructuralmente justo! En este caso ya no habría ninguna necesidad de conversión para practicar la justicia. La justicia sería espontánea. Todos practicarían la justicia unánimemente.

La escatología cristiana es tal que no proclama el advenimiento inmediato de un mundo justo. Desmiente previamente todo anuncio de una era del Acuario, todo mesianismo terrestre e histórico.

Los modernos creyeron y anunciaron que por el triunfo de la razón podrían establecer en este mundo el reino de la justicia. De hecho la colocaron en sus constituciones, sus proclamaciones, sus declaraciones, sus ideologías. Pero, no salió de allá. Quedó en el papel.

El desafío es: ¿Cómo vivir en un mundo injusto o pecador tal y como nos lo ha dicho Pablo?

Y no se trata de dar una respuesta abstracta, general, inaplicable en la práctica. Se podría pensar: ¿por qué Pablo no proclamó la supresión de la esclavitud? Pero ante tal llamado, nadie se habría sentido interpelado. Los no cristianos, que eran el 99%, no habrían oído nada. Los cristianos no sabrían que hacer. Todos podrían decir: lo que mi vecino no hace: ¿por qué lo haría yo? Entonces esa proclamación habría sido inútil. A lo mejor, le habría dado a Pablo buena conciencia. Lo que buscan tantos revolucionarios de palabras: quieren tranquilizar su conciencia y creen que las declaraciones solucionan ese problema. Esto es una huida ante la realidad.

Pablo propone una solución aplicable y que penetra en lo esencial. Le pide a Filemón que reciba a Onésimo como hermano y no como esclavo. La relación humana vivida todos los días habrá cambiado.

Dar la libertad al esclavo puede ser bueno o no, dependiendo de lo que pasa después. Había amos que liberaban a sus esclavos viejos para no tener que darles alimento y la libertad les permitía morirse de hambre en una vida de mendigos. Había en Roma miles de mendigos que eran libertos o esclavos que habían huido y vivían escondidos, pidiendo pan para no morirse de hambre.

Los esclavos venían de países apartados, muy distantes. ¿Regresar a su país? ¿Cómo saber si alguien los recibiría? ¿Qué harían en su país de origen para subsistir? ¿Su familia todavía los reconocería? Lo que más le hace falta a un esclavo es una familia. La libertad nunca la habían conocido en su país de origen. Vivían en la dependencia de una familia y su clan, y esta dependencia les daba seguridad y tranquilidad. Lo más importante es encontrar de nuevo una familia. Es lo que Pablo sugiere. Más importante que una libertad formal que puede ser la pobreza total, es una familia acogedora.

Pablo propone lo posible, que es también lo esencial: tratar al prójimo como hermano. En esa forma desaparece la realidad de la esclavitud. Pablo sabe que esto puede ser imitado por los cristianos. No propone una regla general, pero sí algo que puede ser asumido por muchos.

Siguiendo esta sugerencia de Pablo, Filemón daría muestras de que es posible practicar la justicia en una sociedad injusta. No le era posible cambiar la sociedad, pero sí cambiar el contenido humano, cambiar las relaciones humanas concretas: vivir como hermanos en una sociedad de lobos. Esta es la paradoja de la vida cristiana. Al final, las estructuras acaban cambiando. Pero no cambian por decreto, si las personas humanas no lo hacen.

El Evangelio cristiano es realista porque es popular. No huye hacia los conceptos y los discursos, como lo hacen los grandes para ocultar su práctica en la vida diaria. Es exigente porque cambia las condiciones concretas de la vida. Tratar a Onésimo como hermano es dejar de darle órdenes, es dialogar con él sobre la vida de la familia, estar con él todo el tiempo y tomar en cuenta sus opiniones, así como se hace entre hermanos. No se trata de una declaración teórica de hermandad.

Llama la atención que Pablo no ordena (v.9 y 10). Pablo anuncia el fin de la ley. No puede inventar leyes nuevas. Si Filemón lo hace por obediencia, no será obra de fe, será una nueva forma de esclavitud. Pablo haría de Filemón su esclavo. En adelante nadie debe imponer su voluntad a otro. Ni el Apóstol se atreve a imponer a todos una ley nueva. La fe de Filemón se manifestará en acoger espontáneamente a Onésimo como hermano. Si Onésimo supiera que Filemón lo hace por obediencia, tampoco se sentiría acogido como hermano.

¿La solución propuesta por Pablo vale en otras circunstancias? Él mismo no lo sabe. No quiere hacer de su carta una ley. No quiere dar una norma para todos en todos los tiempos. Sería lo contrario de su evangelio. La misma prudencia literaria que usa muestra claramente que no quiere crear una norma. Sabe que su prestigio es tal que habrá una tendencia espontánea por hacer de sus palabras leyes nuevas. Es exactamente lo que quiere evitar.

Lo que nos enseña esta carta es justamente eso: no crear leyes, buscar la mejor expresión de la fe en cada situación humana. Al mismo tiempo asumir los desafíos de la vida. No dejar pasar la oportunidad de anunciar el Evangelio en su aspecto práctico. ¡Nos dio una extraordinaria lección de evangelización!

 

José Comblin
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