
La carta a Filemón en el conjunto de las cartas paulinas
Elsa Tamez
Resumen
El artículo ubica la carta a Filemón en el itinerario de Pablo y la relaciona con su producción literaria. Considera el caso de Onésimo como la puesta a prueba de la teología paulina del pecado y la justificación por la gracia. La carta a Filemón es considerada como un desafío a Filemón, al mismo Pablo, y a los cristianos de hoy.
Abstract
This article locates the letter to Philemon in the scheme of Paul’s missionary journeys and relates it to the rest of his literary production. It considers the case of Onesimus as the test case for the Pauline theology of sin and justificatikon by grace. The letter to Philemon is considered as a challenge to Philemon, to Paul himself, and to christians in our own time.
Debido a la manía tradicional de desligar el contexto histórico de la teología y de privilegiar esta última frente a la ética, la carta a Filemón ha sido poco estudiada y no se le ha dado la importancia que se merece. Algunos sin duda se habrán preguntado por qué se incluyó en el canon una carta que no desarrolla conceptos teológicos como acontece en las otras cartas de Pablo.
Sin embargo, la carta a Filemón podríamos considerarla como el desafío crucial del Evangelio o más específicamente de la teología paulina, tomando en consideración, por supuesto, las limitaciones contextuales obvias. Una teología que no transforma corazones, mentes y praxis de las personas y comunidades no sirve para nada, por más bien construida que esté. En este sentido, el caso del esclavo Onésimo pone a prueba la teología de Pablo.
En este breve artículo intentaré ubicar la carta a Filemón en el contexto de las cartas paulinas. Abordaré someramente dos puntos, 1) la ubicación de la carta en el itinerario de Pablo y en relación con su producción literaria; y 2) el desafío de Onésimo a algunas propuestas teológicas de Pablo.
Filemón en el itinerario de Pablo
“Tomó aliento y recobró las fuerzas” dice el narrador de Hechos en 9,19, después de que Ananías le impuso las manos para que recobrase la vista, pues había quedado ciego en el encuentro con el Señor en Damasco. Y así fue; el tremendo dinamismo de Pablo, incansable en su misión de llevar el Evangelio a los gentiles, se deja ver en los relatos de Lucas en Hechos y en las propias cartas paulinas.
El autor de la carta a Filemón fue fundador de no pocas comunidades cristianas en los centros urbanos en Asia Menor, Macedonia y Grecia, dedicó su vida entera a llevar la Buena Noticia de una nueva manera de ser y vivir en comunidad en el contexto del Imperio Romano. Visitó sus comunidades, les escribió cartas, apasionadamente les enseñaba dimensiones del misterio de Dios y también se peleaba con ellas y sus líderes. Lo sabemos por sus cartas. Gálatas refleja el dolor y enojo de una madre que piensa que sus hijos, por engaño, echarán por la borda sus enseñanzas. 2 Co 10-13, llamada la carta de las lágrimas y 2 Co 1,1-2.13; 7,5-16, llamada la carta de la reconciliación, muestran la pasión y confianza en las relaciones que tuvo con las comunidades fundadas por él. En las cartas a las comunidades de Corinto hay una combinación de consejos coyunturales y propuestas fundantes. En algunas partes de Filipenses escuchamos la voz de un preso que está a punto de ser condenado a muerte (1,20). Todo por un proyecto: el del Evangelio de la fe, que Pablo cree que es la salida de un sistema económico-político injusto. Ya en su primera carta había predicho la ruina del imperio (1 Ts 5,3). Romanos explica conceptualmente ese evangelio; Filemón no es más que un acto de coherencia de la propuesta del Evangelio: “Para ser libres nos liberó Cristo” (Ga 5,1) “En Cristo no hay amo ni esclavo” (Ga 3,28).
La carta a Filemón fue escrita muy probablemente a finales del 53 o principios del 54 desde la prisión en Éfeso y enviada a Colosas . Para esas fechas Pablo ya había fundado comunidades cristianas en Galacia, Filipos, Tesalónica, Corinto y seguramente en Éfeso, ciudad en la cual permaneció dos años y tres meses. Fue de este mismo lugar que escribió la carta a los Gálatas y 1 y 2 Corintios. En Éfeso, estuvo preso durante unos tres meses y, desde allí, escribió Filemón y parte de Filipenses. De allí, partió para Macedonia y después para Corinto, en Corinto, escribió la carta a las comunidades de Roma.
La diferencia de Filemón con respecto a las otras cartas paulinas es marcada, no solo por la brevedad, sino por el tono - muy personal de una carta a un amigo - y el estilo. La carta a Filemón trata un solo asunto: la intercesión de Pablo para que Filemón perdone al esclavo Onésimo, quien huyó. Entre líneas, Pablo le pide que lo libere, le perdone lo que haya hecho (¿robo, deuda?) y lo trate como a un hermano al servicio de la fe cristiana. Su tono es suave, indirecto pero muy preciso en lo que busca: un trato igualitario interhumano. Esto responde a su concepción teológica.
En Filemón no desarrolla conceptos teológicos como lo hace en otras cartas. Sin embargo, no se puede afirmar que su obra epistolar consiste en desarrollar conceptos teológicos. De hecho, en casi todas las cartas, su teología es fragmentada. Esto es porque, en todas las demás cartas paulinas, Pablo desarrolla conceptos teológicos a partir de problemáticas muy concretas. Así, por ejemplo, desarrolla la cristología de la comunidad como cuerpo de Cristo a partir de la situación conflictiva que atraviesa la comunidad de Corinto. La Cristología, en Filipenses 2,1-11, refleja no solo la necesidad de la unión dentro de la comunidad, sino la vida de alguien que ha dado su vida por los demás; Pablo escribe esa parte desde la prisión, posiblemente espera la condena a muerte (Flp 1,20). En Gálatas y Romanos, desarrolla ampliamente conceptos de libertad y esclavitud a partir del problema muy concreto de sometimiento a la ley y circuncisión, o a tradiciones deterministas esclavizantes (Ga 4,3). Y si utiliza los términos de esclavitud y libertad es porque el sistema esclavista de ese tiempo es impresionante. Una reflexión profunda del pecado desarrollada en Romanos, tiene como base el sistema económico, político, social y cultural del Imperio romano y su experiencia con la lógica de la ley contrapuesta a la de la gracia.
Pablo se presenta en Filemón como prisionero (por causa de Jesucristo). Es la única vez que se presenta de esa forma. El detalle es importante, pues refleja sentido con respecto al contenido de sus cartas. Con Filemón no quiere imponer su autoridad de apóstol, aunque se la hace ver (cf. Flm 1.8); se trata de un prisionero intercediendo por otro de situación similar: un esclavo. Apela a la conciencia del convertido Filemón. En la carta a los Filipenses se presenta como siervo, aunque hablará de la prisión (1,13), prefiere el título de siervo, pues escribirá sobre el Cristo que toma forma de siervo (Flp 2,7); En 1 Ts se presentará sencillamente por su nombre, Pablo, como un hermano más de la comunidad pobre y sufriente de Tesalónica. Pero en Gálatas y en 1 y 2 de Corintios apela al título de Apóstol. En estas cartas, por la situación conflictiva, Pablo busca que se le reconozca su autoridad. En Romanos combina siervo y Apóstol. Para él es importante que se reconozca que hay autoridad en su propuesta revolucionaria teológica, pero también que él, Pablo, como todos los dirigentes eclesiales son siervos de Cristo y de la comunidad.
Los saludos y la bendición final son similares, con pequeñas variantes, a las otras cartas paulinas.
Onésimo frente a la teología paulina
Según José María González Ruiz, Filemón, el patrón del esclavo Onésimo, era un rico hacendado de Colosas, que se convirtió al cristianismo por medio de Pablo durante su permanencia en Éfeso; en Colosas fue un predicador del Evangelio y hasta su propia casa la ofreció para la reunión de la comunidad . La mayoría de los comentarios piensan de esa manera. Pero como dice Néstor Míguez, no necesariamente hay que suponer que Filemón era un hombre rico, pues había pequeños artesanos que contaban con unos pocos esclavos en sus talleres, de acuerdo a Míguez, eran más baratos que contar con la mano de obra de jornaleros libres . De todas maneras, sea rico o no lo sea, el hecho que nos interesa es la existencia de una marcada diferencia entre ser esclavo y ser amo.
Cuando Pablo escribió la carta a Filemón ya tenía bastante clara su perspectiva con respecto a la novedad que aporta el Evangelio en la vida de la sociedad y de las personas. Ya había sufrido enfrentamientos con autoridades políticas y religiosas. Había padecido persecuciones, azotes, cárceles y humillaciones. También se había enfrentado con grupos adversarios a sus ideas. Como artesano, Pablo debió haber conocido bastantes esclavos, pues era una labor común de ellos. Ya que pasó tantos meses viajando por barco, seguramente vio a cientos de esclavos llevados para la venta en los grandes mercados de Delfos, Galacia u otras ciudades; quizás durante sus viajes entraba en contacto con otros viajeros esclavos artesanos, comerciantes que trabajaban para sus amos, o con prisioneros de guerra que muy pronto serían esclavos. Pablo pudo entender perfectamente a Onésimo, el esclavo fugitivo. Pablo lo acogió como a un hijo, y vio en él un futuro agente del Evangelio . Onésimo seguramente había escuchado sobre el mensaje de Pablo, pues la casa de su amo era una casa de reunión de cristianos (Flm 1.2). A Onésimo le interesa ese mensaje que le eleva por gracia al status de persona libre.
No se sabe exactamente por qué Onésimo huyó de la casa de Filemón. La mayoría piensa que el esclavo hizo algo que podría haberle acarreado castigo. Basándose en el v.18, algunos piensan que se trata de un robo, o algún daño material que le causó a su dueño Filemón y que Pablo está dispuesto a reponer (v.19). Podría ser. Sin embargo, Onésimo seguramente conocía la dureza de la ley romana para con los esclavos fugitivos. Probablemente eran peor las consecuencias de la huida. Por otro lado, la vida de un fugitivo, aunque no se le encuentre, estaba llena de inseguridades, temores e incertidumbres. El daño material puede haber sido causado también por la huida y no necesariamente por un robo. La pregunta sigue en pie ¿Por qué huyó Onésimo? Una posible respuesta que nadie se hace es que quizás era maltratado por su patrón; Onésimo era muy infeliz en casa de sus amos, como Agar lo era en casa de Abraham y Sara. Curiosamente a nadie se le ocurre esa respuesta, pues se supone que Filemón, al ser cristiano y ofrecer su casa como “iglesia”, no podía maltratar a sus subalternos, aún cuando fuesen esclavos. Por eso, se cree que Onésimo tuvo que haber cometido el robo o el daño. Lo mismo podríamos decir con respecto al relato de Génesis 16, nadie pensaría que Sara maltrató violentamente a su esclava Agar, pero el texto en Gn 16,6 es claro. Agar huye porque era agredida con violencia . No es disparatado pensar que en el caso de Filemón acontece lo mismo. Tal vez Filemón aún no ha comprendido que el Evangelio es una propuesta de vida, de cambio radical y no solamente de religión. En ese caso Pablo, quien seguramente sabe las causas exactas de la huida de Onésimo, le presenta el desafío sorprendente de tratar a Onésimo como a un hermano.
Aquí entra en juego toda la teología paulina sobre el pecado estructural y la justificación por la fe y no por las obras de la ley. En cierto sentido, Onésimo desafía la predicación paulina y a su propio amo Filemón. En otras palabras, Onésimo pone a prueba a Pablo. Lo que le escriba en su carta a Filemón dejará ver si Pablo es coherente con su postura frente a la gracia, la ley y el pecado. Y Pablo pone a prueba a Filemón, con la intercesión que hace por Onésimo, dejando a Filemón que decida por sí mismo. Con esto se sabrá si Filemón es un verdadero seguidor del evangelio de Pablo, y si Pablo es coherente consigo mismo.
La teología paulina podríamos resumirla como la propuesta de una nueva creación, que se basa en las relaciones de gracia y no en relaciones utilitaristas ni por mérito. Su anuncio de la revelación de la justicia de Dios en la vida de fe de Jesús de Nazaret se contrapone con la situación de injusticia estructural y de insensibilidad social. Una inversión de la realidad a tal grado, que se hace difícil encontrar la verdad. A Filemón le es difícil ubicarse en la nueva creación en Cristo si sigue la lógica del sistema esclavista. Pablo llama pecado a ese poder que somete y esclaviza sin excepción, y que utiliza la ley para poder funcionar. Onésimo sabe lo que es ser esclavo. Es un objeto que pertenece a otro, no se tiene conciencia de humano ni se le permite tenerla, solo se cumple lo que se le pide, y si se sale de la ley se le castiga. Pero no solo los esclavos tienen esa experiencia, Filemón y todos los seres humanos que se dejan conducir ciegamente por la ley, el sistema, la tradición o las costumbres, viven una especie de esclavitud, pues no actúan de acuerdo a la conciencia o a las necesidades que la situación exige sino de acuerdo a lo ya dado.
Cuando Pablo afirma que con Jesucristo de Nazaret la justicia de Dios se ha revelado, esta es buena nueva no solo para Onésimo, sino también para Filemón, puesto que propone una salida. Se tiene la posibilidad de vivir una realidad diferente en la cual no sea el cumplimiento de las leyes o normas la lógica que permea esa salida, sino la fe y la gracia, una manera de vivir abierta a todo aquello que humanice y realice a las personas.
Para un esclavo es una gran noticia saber que por fe se es justificado. Onésimo no tiene que pagarle nada a nadie para ser persona y libre. No se necesitan méritos para ser acogidos por Dios. En la sociedad grecorromana, tener méritos de nobleza, dinero y poder era fundamental para ser alguien. Los esclavos escucharían en Gálatas y Romanos que la gracia de Dios no hace acepción de personas, que todos son iguales y que no necesitan tener méritos para ser personas dignas. Todos lo son por ser creaturas e hijas de Dios. Si Onésimo escuchó a Pablo decir que en Cristo no hay esclavo ni amo, tuvo que haber vibrado. Más aún, si escuchó la parte de la Carta a los Gálatas que dice: “Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud” (Ga 5.1).
Pablo en su carta a Filemón trata a Onésimo como a un hermano, un hijo querido (v.10); igualmente a Filemón lo trata con cariño, como un amado colaborador (v.1). Pablo no es radical exigiendo, con la autoridad de un apóstol, la liberación del esclavo Onésimo. Pudo haberlo hecho y pudo Filemón haberlo dejado ir. Sin embargo, si ese hubiera sido el caso, no hubiera cambiado en nada la relación entre amo y esclavo. La radicalidad es mayor, pues Pablo le suplica que lo trate no solo como a un igual, libre, sino que lo reciba como hermano, más aún, como el mismo Pablo (v.12). Ese es el verdadero Evangelio de Jesucristo. La radicalidad está en que todos son libres, se respetan y estiman mutuamente. Queda en manos de Filemón la decisión. Si lo hace, realmente es un verdadero convertido del Evangelio.
Hoy día la carta a Filemón sigue desafiando a los cristianos, pues si bien no hay esclavos como en ese tiempo, muchas empleadas domésticas son tratadas como tales. Como dice Comblin, “Pablo no podía pedir a Filemón que no tuviese empleado doméstico, si nosotros mismos no condenamos la existencia de este tipo de empleo hoy en día, si hasta obispos, sacerdotes, religiosos e inclusive religiosos que hacen votos de pobreza, tienen empleadas domésticas sin tratarlas como hermanas. San Pablo exigió mucho más de lo que nosotros nos exigimos a nosotros mismos” .
Elsa Tamez
Apartado 901
1000 San José
Costa Rica
Cf. Néstor Míguez, “Pablo, el compromiso de la fe”, RIBLA, n.20, 1995, p.13.
Cf. Senén Vidal. Las cartas originales de Pablo. Madrid: Trotta, 1996.
Algunos proponen que la carta a Filemón, así como la de Filipenses, escrita también desde la prisión de Éfeso, fue escrita desde las prisiones de Roma. Sin embargo, quienes están a favor de Éfeso arguyen y con razón, que la distancia entre Roma y Colosas es muy grande como para responder rápido a cuestiones que necesitan respuesta urgente, como lo es el contenido de Filipenses y Filemón.
En el Evangelio de Pablo, Madrid: Morova, 1977, p. 214.
En Colosenses se habla de un líder llamado Onésimo que bien podría ser el mismo esclavo (Cl 4,9).
El verbo hebreo oprimir aquí incluye violencia.
José Comblin, Epístola aos Colossenses e epístola a Filemon. Petrópolis: Vozes, 1986, p.107.
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