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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

Pablos, Filemones, Apias y Onésimos - Por una casa (oikos) campesina

Aníbal Cañaveral Orozco

 

Resumen

La lectura campesina de la Carta de San Pablo a Filemón intenta, con todo respeto y fidelidad a los aportes de los hermanos y las hermanas biblistas y al texto mismo, ser una aproximación a la carta desde el rostro específico, excluido, desfigurado, esclavizado, desplazado, desaparecido, masacrado y asesinado del campesinado colombiano y latinoamericano; pero también desde el rostro vivo, resistente, luchador y lleno de sueños y esperanzas de este mismo campesinado. Tal aproximación se propone desde la casa y la cocina, teniendo en cuenta otras maneras cercanas y profundas al modo de ser campesino, al horizonte de su cosmovisión, a lo profundo de sus culturas, a la experiencia simbólica de Dios en su vida, al sentir y soñar la esperanza y la utopía que brota como la planta después que el campesino y la campesina han escarbado la tierra y han colocado la semilla allí. Entonces emerge tierna, pequeña y bellamente la vida, como un amanecer campesino. Así es este despertar bíblico que está aconteciendo en nuestros campos, cuando como campesinos(as) nos acercamos a leer con el corazón esta carta de San Pablo a Filemón.

Abstract

A campesino (peasant) reading of St. Paul’s letter to Philemon, seeks to respect and faithful the contributions of brother and sister students of the Bible and to the text itself, the reading seeks to approach the letter from the concrete person of the colombian and latin American campesino, an excluded, disfigured, enslaved, displaced, disappeared, massacred and assassinated figure; but a live, resistant, struggling figure, full of dreams and hopes, as well. Such an approach takes in to account the home and the kitchen, as well as other near and profound ways of being the campesino has it considers the horizons of the campesino’s cosmovision, the depth of their cultures, the symbolic experience of god in their life, thefeelings and areams of hope and utopia which sprout like e plant after the campesinos have scratched the land and planted a seed there. The life-tender, small and beautiful- emerges, like a campesino dawn. Tha’s what this biblical awakening in our countryside is like, when we as campesinos approach this letter of St. Paul to Philemon to read it with our heart.

 
Introducción

Tras haber vivido la experiencia investigativa de la carta más pequeñita de San Pablo, la Carta a Filemón, cuyo fruto fue el comentario bíblico titulado “Carta a Filemón. Una respuesta a las ansias de libertad” , me quedaron ardiendo en el corazón muchos interrogantes y desafíos en razón de cómo allegar al universo campesino la interpretación de las cartas de San Pablo, enmarcadas por una experiencia y un contexto predominantemente urbano. Es evidente, que es muy difícil hacer una “hermenéutica campesina” propia, desde nuestro ser y sentir de personas campesinas, en encuentro y diálogo afectivos con un Pablo de la ciudad, urbano en sus pisadas, aunque también a veces viajero y caminante por los caminos del Imperio Romano. Pero es tremendamente cierto que sacerdotes, pastores(as) y biblistas, sí le han hecho la interpretación de las cartas de San Pablo al campesinado de aquí o de allá, la mayoría de las veces sin ser campesinos y campesinas. Desde niño recuerdo que en la parroquia católica de mi pueblo, se hicieron incontables los sacerdotes que nos leían y nos interpretaban a San Pablo. Y ahí nos enraizaron en una “hermenéutica bíblica” no campesina, que hoy se pregunta uno: ¿Qué contribuciones en favor de la vida campesina realmente nos han dejado todas estas interpretaciones?

Mientras tanto, llegaba ya la época del Imperio del Neoliberalismo, de la globalización de la economía, de la apertura de fronteras y leyes del mercado, de la tecnología y la informática, de las telecomunicaciones planetarias, de la exclusión más salvaje y brutal del capitalismo, de la decretada muerte y desaparición del campesinado a lo largo y ancho de América Latina. Y allá en mi pueblo natal y en muchos otros, nos seguían leyendo e interpretando cada ocho días (los domingos), en la Eucaristía, las cartas de San Pablo.

1.995 fue como un año de gracia para releer campesinamente la carta de San Pablo a Filemón con motivo del III Encuentro Continental de Animación Bíblica, realizado en Medellín, Colombia, del 14 al 22 de julio .
 
El presente aporte intenta recoger, desde una perspectiva campesina (colombiana), respetuosa de muchas otras, la interpretación campesina de la carta de San Pablo a Filemón que floreció en el Encuentro y los posteriores frutos que hemos venido cosechando.

 

1.         La esclavitud neoliberal de hoy

1.1.      Campesinos y campesinas sin tierra

Partiendo del hecho de que las personas campesinas mostramos poco interés por las estadísticas, omito el poner cifras de este brutal despojo de la tierra, para dedicarme mejor a las noticias, comentarios y signos evidentes que uno escucha y ve cuando recorre muchas zonas rurales de Colombia.

Así como Pablo recibía las noticias en la prisión de lo que ocurría en la casa (oikos) de Filemón, las personas campesinas oímos decir a las personas vecinas que las veredas se están quedando vacías, que las familias se van para el pueblo o las ciudades, que cada semana hay más casas desocupadas. Y uno contempla esto cuando va por los caminos campesinos: muchas casas deshabitadas, muchas oikos campesinas vacías. Las personas hablan con nostalgia y tristeza de la ausencia y la separación de quienes se tuvieron que ir. Las razones son muchas. Allí, donde todavía no hay conflicto de fuerzas armadas, serán unas (desempleo, miseria, pobreza, endeudamiento, ausencia de servicios, deterioro de la tierra, bajo precio de los productos, carestía de otros, sueños de la sociedad de consumo, pérdida de las cosechas, violencia intrafamiliar etc.) También ha ocurrido que no tienen tierra porque los terratenientes y narcotraficantes se la han venido apropiando, porque son jornaleros que van de región en región buscando trabajo ; porque la poca tierra que poseen no les da para vivir y prefieren venderla; porque el sistema educativo siembra en sus hijos e hijas la decisión de abandonar el campo e irse a la ciudad, entre otras muchas razones.

Pero donde está el conflicto armado (ejército, guerrilla, narcotráfico, paramilitares y las “convivir” ) las razones serán otras. La situación es peor. Son pueblos, caseríos y campos desocupados violentamente, arrasados por los bombardeos del ejército, masacrados por unas fuerzas o por otras (oficiales y privadas). Las noticias son entonces de los medios de comunicación, muchas veces manipuladas, distorsionadas y manejadas por los organismos de seguridad. Entre la vecindad predomina el silencio, lógica de sobrevivencia en un medio donde no se puede pronunciar una palabra. El miedo, el temor y el terror llevan a que la población campesina salga despavorida a cualquier lugar. Un millón de desplazados por la violencia y la guerra daba cuenta recientemente un informe de Amnistía Internacional. Las “Convivir” son la nueva expresión del Evangelio de la muerte en los campos colombianos.

1.2.      Muerte de la casa del campo y desintegración de la familia

El llamado “progreso” o “desarrollo” de esta sociedad neoliberal ha venido atentando contra la “casa” como símbolo de la vida cotidiana y de la unidad familiar. La casa se ha transformado física y simbólicamente. Ella ha dejado de ser el lugar de encuentro de los/las abuelos/abuelas, padres (mamá - papá), hijos e hijas, hermanos y hermanas, tíos y tías, primos y primas... para convertirse en lugar de desencuentro, en lugar de individuales y extraños.

La casa campesina, otrora convertida en casa de vida, edificada con los materiales y productos propios de la región, pasó a ser construida con materiales de las grandes empresas y transnacionales. Sus cimientos religiosos, sociales, políticos, económicos y antropológicos modificaron profundamente sus referentes de antaño y acogieron referentes de esta sociedad neoliberal.

La despensa económica, años atrás llena de maíz, plátanos, yucas, frijoles y frutas, se cambió por las carnes frías, los productos industrializados, los refrescos químicos y muchos más productos importados. Pasamos de la despensa orgánica, natural y propia a la despensa transnacional y química, que no valora ya lo que es propio, que nos hace sentir vergüenza de nuestros alimentos caseros, que los asesina a través de mil maneras.

La casa fue bombardeada por los medios de comunicación, la propaganda y la distracción que promueve el sistema y murió el lugar vital más querido: la cocina, donde se compartía la vida desde la persona más anciana hasta la más niña. Al calor del fogón se acrecentaba el calor humano y familiar, la acogida del forastero y visitante, la solidaridad del más necesitado, la salud del enfermo y la memoria de los antepasados fallecidos. La casa era el lugar del “ágape familiar” por excelencia, donde se participaba de la comida que Dios bendecía y proveía cada día mediante el esfuerzo del trabajo material y familiar. Era el compartir pleno de la vida, donde cabían todas las dimensiones de la vida. La cocina era símbolo de la sencillez, la espontaneidad y la gratuidad de la vida. Asientos, piedras, trozos de madera o el mismo piso (suelos normalmente de tierra), estaban dispuestos para que la familia se sentara a comer y a dialogar. Los abuelos y abuelas contaban las historias, mitos y leyendas del campo (dimensión cosmológica y cultural). Las madres enseñaban las oraciones y hablaban de Dios a los/las pequeños/pequeñas (dimensión religiosa). Los hombres contaban las experiencias que habían tenido en el mercado del pueblo (dimensión económica). Los compadres y comadres dialogaban de los asuntos políticos del pueblo y de sus organizaciones (dimensión política). La familia expresaba y vivía muchos sentimientos (dimensión afectiva). La cocina era un pilar de la campesinidad, es decir, aquella expresión o manera de vivir la familia en comunión consigo misma y con la vecindad del entorno geográfico. Ella era más que el lugar donde se cocinaban los alimentos. Era el lugar de convocación a la vida de toda la familia.

 La familia se ha desintegrado y la casa en su sentido más humano también. Alguien decía: “que es muy difícil encontrar una familia completa en el campo”. Hubo padres de familia que fueron asesinados por el ejército, la guerrilla o los paramilitares, quedando sus esposas y los niños y niñas en la orfandad. Hubo hijos que arrebató el ejército para combatir a los mismos hermanos campesinos y que murieron defendiendo una causa ajena. Hubo jóvenes campesinos(as) que se fueron con las guerrillas, a veces acosados por el desempleo o la ausencia de un futuro claro. Hubo mujeres, que maltratadas y embarazadas tuvieron que salir a luchar la vida, por causa de un sistema machista. Hubo jóvenes que salieron al colegio del pueblo y jamás retornaron al campo. Hubo familias amenazadas que tuvieron que escapar de la noche a la mañana... Y seguiríamos hablando de este vaciamiento del campo rural colombiano y latinoamericano.

1.3.      Relaciones opuestas y conflictivas

La sociedad colombiana y latinoamericana se rige por un código de relaciones opuestas y conflictivas, las cuales van destruyendo y modificando las relaciones campesinas de hace tiempo e implantando de manera sistemática la destrucción total de las relaciones de vida, como consecuencia de la política de globalización neoliberal que hoy impide que pensemos y reconstruyamos los lazos culturales que marcaron por mucho tiempo la vida campesina.

Veamos algunas características no muy lejanas y semejantes con aquellas que identificaron al Imperio Romano, y que aparecen claramente al situar contextualmente hoy la carta de San Pablo a Filemón; y que fueron el resultado de la relectura que de esta carta han hecho las comunidades campesinas.

1.3.1.   Relación hombre-mujer

La figura, la presencia y la función de Apia como la hermana en la carta a Filemón nos ha ayudado a profundizar en las relaciones hombre-mujer que se dan en el campo.

A la base de esta relación está, tan histórico como actual, un poderoso sistema machista que margina, oprime, excluye y esclaviza a las mujeres campesinas. Muchas de nuestras culturas campesinas viven cotidianamente esta relación, vista a veces como necesaria y normal por muchos varones y mujeres también. La mujer campesina es obligada a una difícil y estrecha situación dentro del hogar, la casa y la familia. Tantas mujeres tienen que enfrentar en sus vidas los papeles de hombre y mujer a la vez. Son las que consiguen afuera la subsistencia económica de ellas y sus hijos/hijas, y adentro, la crianza y educación de los/las mismos/mismas.

Se trata de una relación conflictiva que pone en condición de superioridad al hombre y de inferioridad a la mujer. El sistema que desde siglos y siglos se ha encarnado en lo más hondo de las culturas encubre y ayuda a los hombres a camuflar sus acciones machistas, impidiendo ser visualizadas claramente por la sociedad. Entonces el accionar de las instituciones sociales, económicas, políticas y religiosas se contagia de un refinado machismo, sutil en extremo, que habla en favor de la promoción de algunas figuras femeninas en los altos sectores de la sociedad, tan machistas, explotadoras y dominadoras como los mismos hombres.

Aunque la nota predominante en el campo continúa siendo este sistema machista, hay esfuerzos y frutos muy esperanzadores de muchas mujeres y algunos hombres sensibles, que buscan superar aquel sistema de muerte y sembrar nuevas relaciones de igualdad, respeto, amor y fraternidad.

Quisiera transcribir para una perspectiva de las Apias campesinas de hoy un párrafo respecto de su contribución al proceso de las Comunidades Campesinas Cristianas (CCC): “mujeridad es la constatación histórica más integradora e inclusiva de la muchedumbre (multitud) de mujeres campesinas (niñas, jóvenes, solteras, en unión libre, madres de familia, religiosas y abuelas) que han caminado adelante en el proceso de CCC y de la Iglesia de los Pobres, y que continúan siendo el mujerío de las Comunidades Campesinas Cristianas, la vida y la esperanza de este proyecto de Iglesias y sociedad nuevas, en el campo y en las ciudades”

1.3.2.   Relación jornalero-patrón

Los vínculos de Onésimo con Filemón en la carta a Filemón nos ha ayudado a profundizar en las relaciones jornalero y patrón que se dan en el campo.

Los campos han sufrido una transformación a lo largo de la historia. Allí ha existido la relación jornalero-patrón, cuyas implicaciones abarcan muchas dimensiones de la vida de la persona jornalera. Jornalero, en términos sociológicos, pudiéramos decir que es aquel que no tiene tierra, o tiene tan poquita, que para sobrevivir tiene que vender su capacidad de trabajo productivo (jornal) a otro, que se enriquece casi siempre, pues es quien suma la plusvalía del trabajo, mientras la persona jornalera se empobrece más. La historia del latifundio está muy ligada a la explotación jornalera, pues los terratenientes han sometido y exprimido la vida de muchos campesinos jornaleros. Tal sometimiento ha llegado a extremos como los de ver a estos patrones como buenos, justos, bondadosos y salvadores. En tal grado de alienación de la conciencia campesina, el patrón es considerado como mi diosito, es el padrino del niño o la niña del jornalero, es el jefe y manda callar de todos, es el patrón bueno porque hace regalos y fiestas, es hombre justo porque da limosnas y contribuye a la Iglesia.

Hoy Onésimo es un símbolo colectivo en tantos jornaleros campesinos, víctimas de terratenientes y patrones que la sociedad y la Iglesia muchas veces confunden, identifican y santifican como Filemones bondadosos, caritativos y justos, porque dan limosnas a los/las campesinos/campesinas pobres. Filemones de esta talla aún no están en el camino de Jesús, ni en la práctica que Pablo exigió delicadamente al Filemón que tenía a Onésimo como esclavo. Aquel camino estaba cimentado en el amor, la conversión, la igualdad, la justicia, la solidaridad y la caridad.

Los amos, como lo fue primeramente Filemón, avaros y explotadores de hoy son grupos económicos fuertes que chupan hasta la última gota de sangre al campesinado. Son las grandes transnacionales que penetran al campo con sus grandes megaproyectos de hidroeléctricas, canales interoceánicos, carreteras, etc., y sacan violentamente a millares de familias campesinas de sus tierras, sometiéndolas a condiciones de vida infrahumanas. Son los grandes gremios económicos de los países latinoamericanos que cada año celebran los miles y miles de millones de ganancias que producen sus empresas y negocios, fruto del saqueo a los recursos naturales, a la explotación de sus trabajadores, a la modernización tecnológica de sus compañías nacionales y transnacionales, a la usura y circulación mundial de sus capitales. Los Filemones avaros son también los que contratan o manejan en pequeño mano de obra jornalera, convertidos en pequeños patronos, aprovechadores de la fuerza de sus trabajadores. Filemones de este estilo son los que tienen mentalidad capitalista, que sueñan y comulgan con el sueño neoliberal.

1.3.3.   Relación bancos-campesinos

En mi comentario a la Carta a Filemón , se plantea la cuestión de la deuda en la carta de San Pablo a Filemón. Aunque se trata de una realidad planteada en dos versículos (18 y 19), tiene una grande significación para la “hermenéutica campesina”, pues el campesinado carga con una pesada deuda que le han impuesto los bancos (Caja Agraria y BANCAFE, en el caso colombiano). Los créditos o préstamos a los campesinos han empeorado su situación, llevándoles a trabajar para pagar los intereses o en el peor de los casos, a ver rematadas sus fincas y parcelas por las entidades crediticias.

 

2.         Ejes hermenéuticos para una lectura campesina de la carta de San Pablo a Filemón

Desde mi experiencia de campesino que ha labrado y escarbado la tierra creo que hay otras maneras de sentir, contemplar, experimentar, imaginar, soñar, leer y estudiar el texto bíblico. El saber y el pensar campesinos pasan por canales todavía insospechados por la racionalidad occidental, la cual se queda limitada como mediación para el encuentro afectivo del campesinado con la Palabra de Dios. A la lógica racional que nos vino de occidente, ciertamente le debemos mucho y esto hay que valorarlo, pero no podemos caer en el convencimiento de la ausencia de otras lógicas y otros caminos, ni tampoco creer que lo único que hace creíble, legítimo y acertado es el método científico racional.

2.1.      Eje del corazón y la afectividad

Para el campesinado es más vital encontrarse con este texto bíblico de Filemón por el camino de los sentimientos, de la afectividad, del corazón, que por la vía de la razón. El texto está cargado de sentimiento. Alegría, emotividad, saludo, acogida, recibimiento, hospitalidad, amor, consuelo, animación y encuentro empapan de principio a fin esta carta. Un campesino puede vibrar profundamente y hundir su ser en este texto por el sendero de los sentimientos.

Francisco Reyes escribe: “el campesino cuando escarba la tierra entra en un diálogo de profundo respeto con ella; a través de sus manos el campesino transmite (entrar) sus sentimientos, sus sueños, sus pensamientos, sus preocupaciones; con la ilusión de poder sacar (salir) los frutos necesarios para alimentarse” . Así mismo, por la vía de los sentimientos, el texto entra en el corazón del campesino (a) y sale transformado afectivamente.

2.2.      Eje de lo simbólico campesino

El símbolo representa uno de los principales pilares de la Hermenéutica Campesina, pues es portador de las más ricas y profundas experiencias de vida (humanas y religiosas) de nuestro mundo campesino. Desde el amanecer hasta el anochecer nuestra vida es como una sinfonía simbólica en el campo. Estamos rodeados (as) de símbolos desde la niñez hasta la ancianidad. Siendo las personas también símbolos entre los símbolos.

En la carta a Filemón es símbolo el nombre. En el campo todo tiene nombre hasta lo más pequeñito (personas, plantas, animales, lugares, herramientas, utensilios, ríos, montañas, caminos, etc.).

Es símbolo la mujer porque es reconocida en términos de igualdad frente a las estructuras patriarcales misioneras de la época, donde los hombres no las consideraban dignas de ser nombradas en los encabezamientos de las cartas como protagonistas de la revolución eclesial femenina y feminista en el corazón de las Iglesias. La hermana Apia de este texto bíblico es símbolo de las incontables Apias campesinas que trascienden aquella condición social de ser esposas encerradas en su hogar, sometidas por sus compañeros machistas a trabajos domésticos, de ser hijas y hermanas de padres y hermanos que les niegan la posibilidad y el derecho de ser ellas mismas, de realizarse como personas comprometidas con causas mayores.

Es símbolo la casa (oikos) campesina como expresión de vida de la familia y la comunidad, de todas las formas de vida, de ecología decimos hoy, ante la brutal y demencial destrucción ecológica que vivimos en los campos y ciudades latinoamericanas.

Es símbolo la comunidad de hermanos y hermanas, en reunión ecuménica por la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.

Son símbolos los cuerpos de los/las encarcelados(as), de las mujeres, de los/las luchadores, de los/las esclavos(as), de los/las ancianos(as), de los/las niños(as), de los/las endeudados(as), de los/las desplazados(as) hoy...

Es símbolo la cama, el alojamiento, el hospedaje, la comida y la acogida en el campo, cuando llegan personas de lejos o forasteras.

Es símbolo la oración y la contemplación de Dios que bendice y derrama su gracia en la tierra, la familia, la comunidad.

2.3.      Eje del valor de lo pequeño y la contemplación

Tanto la exégesis como la hermenéutica campesina precisan de ser abordadas desde esta perspectiva. Valorar lo pequeño supone una actitud de vida, de mucha contemplación de Dios en la Creación. Así, la carta de San Pablo a Filemón, es sentida como la más pequeña de las cartas, pero de un contenido y una síntesis sorprendentemente viva y esperanzadora.

2.4.      Eje de la relacionalidad

Desde las cosmovisiones campesinas, la carta en mención, apunta a tejidos (telarañas) de relaciones, a constelaciones de símbolos y lenguaje, como cuando yo contemplaba los conjuntos de estrellas en el firmamento cuando estaba niño. En el campo todo está relacionado entre sí. También la carta apunta para una relacionalidad (transversalidad) de las diversas hermenéuticas.

2.5.      Eje de los valores campesinos

Sin duda alguna, por acá hay una llave fabulosa de lectura para que como campesinos podamos interpretar esta carta. Los valores campesinos nuestros precisan ser fortalecidos, recuperados y alimentados por el mensaje de vida y esperanza que encontramos en la carta de San Pablo a Filemón. Nos corresponde, desde dentro, como Comunidades Campesinas Cristianas y organizaciones campesinas fortalecer lo nuestro, lo propio, lo cultural que tenemos.

2.6.      Eje teológico campesino

Vivimos en estos fines de siglo y cercanía al Tercer Milenio una crisis radical en el campo rural latinoamericano. “La encrucijada de la humanidad”, nos decía recientemente un economista del campo, porque el capitalismo está pasando por una etapa de sobreproducción de todo. La mercancía corre y llega hasta el más último rincón del mundo. Hay hambre y es contradictorio que haya abundancia, pero la producción se pierde y se pudre en las bodegas del sistema. Entonces este sistema neoliberal transporta su Dios y su religión a todas partes. Y ambos penetran en la conciencia del pueblo hasta los tuétanos, haciéndonos soñar y suspirar por un modelo de sociedad consumista y destructor de la vida.

Entonces nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está el Dios de Jesús? ¿Dónde está el Dios que experimentaba Pablo y la comunidad que se reunía en la casa de Filemón?. Desde la perspectiva campesina, la carta nos revela un Dios Padre y Madre, comunitario, familiar, femenino, vivo, compañero, solidario, alegre, campesino, hospitalario, ecuménico, consolador, denunciador de las deudas y afectivo. “En la carta todas las cosas hablan de Dios y están referidas en última instancia a Él”. De igual manera, en el campo todo nos habla de Dios y lo sentimos presente en toda la Creación, en la oikos campesina, tan amenazada y destruida.

 Dios está en nuestros pequeños esfuerzos por resistir, por organizarnos, por formar comunidades cristianas, por generar alternativas económicas, por desarrollar prácticas agroecológicas, por oponernos a la contaminación y al envenenamiento de nuestra madre tierra con los químicos, por construir vida desde nuestros pequeños trabajos, por engendrar nuevas relaciones de hermandad. Sentimos que Dios nos acompaña y nos fortalece en esta construcción de nuestra Casa (oikos) Campesina.

Aníbal Cañaveral Orozco
Apartado Aéreo 66625
Medellín, Antioquia
Colombia

Aníbal Cañaveral. Carta a Filemón - Una respuesta a las ansias de libertad. Bogotá: CEDEBI, 1995.

Memoria III Encuentro Continental de Animación Bíblica. Medellín: Programa Común de Biblia de la REDLA, julio de 1995.

Aníbal Cañaveral. op. cit., p.89.

Son cooperativas de vigilancia privada, legalizadas por el estado colombiano, entrenadas y apoyadas por el ejercito para cuidar los intereses de los ricos del campo y con el pretexto de combatir la inseguridad en el campo y en la ciudad se han convertido en fuerzas violadoras de los derechos humanos.

Aníbal Cañaveral. “Los sentidos teológicos en la historia de las Comunidades Campesinas cristianas”. En: Prática, no.17 (Sueños de vida y esperanza; cosecha desde el caminar y sentir de las Comunidades Campesinas Cristianas) (jul. 1997). Bogotá: Dimensión Educativa, p.159.

Aníbal Cañaveral. op. cit. p.32,34,35,37,41,49,67,77,89,90.

Francisco Reyes. Hagamos vida la Palabra, aportes para una lectura comunitaria de la Biblia. Bogotá: CEDEBI, 1997, p.25.

 

 
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