
La iglesia primitiva en África
Tomás Kraft O.P.
Resumen
El artículo busca reconstruir el rostro original de la iglesia primitiva de África, a través de una investigación minuciosa de textos y personajes bíblicos y extrabíblicos, a partir de los cuales se infiere que la iglesia de África fue: Plural en su teología y liturgia, allí coexistieron cristianos y gnóstico-cristianos. Con fuertes vínculos personales y documentales con el resto de las comunidades cristianas de la cuenca del Mediterráneo. Además expresa un cristianismo fuertemente sapiencial por su estilo literario, tono predicacional y énfasis ético. Finalmente fue una iglesia sociológicamente pobre, que valora el trabajo manual y la solidaridad comunitaria.
Abstract
This article intends to reconstruct the original character of the primitive Church in Africa, through a careful research of the biblical and extra-biblical texts and characters which allows to trace the identity of the African Church: It was pluralistic in its theology and liturgy, and with the coexistence of Christians and Gnostic Christians. It had strong personal and documentary relationships with the rest of the Christian communities in the Mediterranean basin. Also, it shows a Christianity heavily sapiential in its literary style, homiletic tone and ethical emphasis. Finally, it was a sociologically poor Church with high esteem of manual labour and community solidarity.
Introducción geográfica y metodológica
Cuando uno se pone a investigar la vida cotidiana de las comunidades cristianas del continente africano durante el primer siglo de vida eclesial (35-138 d.C.), lo primero que encuentra es una carencia casi total de datos de la época. Más allá de los límites (cronológicos o geográficos) de nuestro tema, hay abundantes datos que atormentan a uno que busca casi en vano, dentro de estos límites, datos “sólidos”. Pero con una paciente labor, encuentra datos, y sobre todo inferencias bien fundadas que nos pueden “correr la cortina” sobre la iglesia africana en los albores del cristianismo.
Un poco de geografía antigua
Antes de entrar en la consideración del cristianismo en África, ayudará dejar en claro algunas nociones acerca del escenario de este artículo. Se trata del litoral mediterráneo del norte de África, correspondiente en la actualidad a los países de Egipto y Libia sobre todo, y a Túnez secundariamente. (Ver mapas 1 y 2, p. …)
En ese entonces se hablaba de Egipto más o menos coextensivo con el actual país de ese nombre; en tiempos cristianos gozaba de un estatus especial en el Imperio Romano, como posesión personal del emperador (siendo Egipto el proveedor de la tercera parte del trigo que consumía Roma) Antiguamente, Egipto fue presidido por la ciudad portuaria de Alejandría, que a ese entonces era la segunda ciudad del imperio: hervidero de comercio internacional y foco de una vigorosa influencia helenista (que las gentes rurales de Egipto: —los “egipcios” propiamente dicho, y de idioma copta— más bien resistían). Era una ciudad culta: tenía varias facultades, y el Museo (escuela superior) se jactaba de tener la biblioteca más grande del mundo: 400,000 volúmenes. Había allí una importante población judía que llegó a ser un 20% de la población de la ciudad y que tenía derechos adquiridos como una municipalidad étnica semiautónoma llamada “políteuma” en tiempos helenísticos (continuado en lo esencial bajo el derecho romano como “colegio” o “asociación”). Fue también, igual que Corinto (puerto más conocido a los lectores del Nuevo Testamento), un lugar de mucho sincretismo religioso.
Cirenáica era el nombre romano de la zona costeña en el extremo este del actual Libia (colindante con Egipto), junto con la isla de Creta. La ciudad bíblica de Cirene, la más importante de cinco ciudades helenistas que conformaban “pentápolis” de Cirenáica, llegó a ser en tiempo de los Tolomeos (s. III-II a.C.) un importante centro intelectual y cultural. Hoy sólo quedan ruinas de Cirene, cerca del pueblo de Susa, pero han sido extensamente excavadas a lo largo de este siglo, aportando muchos datos sobre la vida diaria en el norte de África en aquellos tiempos. La gente de las zonas rurales de Cirenáica se dedicaba sobre todo a la agricultura, que era excepcionalmente fructífera. Existían cuatro sectores reconocidos de la población: ciudadanos, agricultores, extranjeros y judíos. Estos últimos (por lo menos los judíos urbanos de cierto nivel social, como los de Alejandría) gozaban del estatus de “políteuma”. Entre los judíos había ricos y pobres, y ambos grupos experimentaron cambios bruscos de destino debido a los cambiantes “vientos políticos” en los siglos antes y después de Cristo. Políticamente, Cirenáica había sido unido con Alejandría siglos antes, y en la época que nos interesa siguieron los vínculos económicos y sociales entre esta región y el puerto egipcio, especialmente entre sus respectivas poblaciones judías.
La franja norteña del actual Túnez, alrededor de Cartago, zona de mucha riqueza natural, junto con la costa oeste y central de Libia, constituía la importante provincia proconsular de África. Esta provincia, especialmente la ciudad de Cartago, tiene la distinción de ser uno de los centros culturales más antiguos del idioma latín: los primeros documentos eclesiásticos en latín provienen no de Roma sino de “África” proconsular. A pesar de su cercanía con Roma, hay indicios de que la implantación de cristianismo en esta zona (a mediados del s. II d.C. o aún antes) fue obra de la iglesia siria.
La Etiopía bíblica corresponde al Sudán de hoy junto con el noreste del moderno estado de Etiopía. A pesar de sus pretensiones de ser de origen apostólico, la iglesia copta (de Etiopía) no consta en documentos de probada historicidad antes del siglo III-IV d.C. Esta zona, aislada del resto del mundo por montañas (algo así como Suiza en Europa), una vez evangelizada en los siglos III y IV, tuvo una evolución casi independiente del resto del cristianismo hasta el siglo pasado. Es un capítulo interesantísimo y poco tratado por los historiadores de la iglesia occidental; sin embargo, cae fuera del enfoque de este artículo. Más bien la Tebaida, valle del Nilo bajo, a pocos kilómetros de Alejandría, daba numerosos mártires a la Iglesia a fines del siglo II d.C. (tiempos de Orígenes), y allí también un poco más tarde pululaban individuos y colonias de ascetas, tanto ortodoxas como gnósticas. De las arenas de ese valle vienen muchas de las evidencias documentales que fundamentan las conclusiones de este artículo.
Metodología de este artículo
Para facilitar la compaginación y evaluación de datos relevantes para este trabajo (cristianismo en África, 35-138 d.C.), se han dividido en 4 categorías. Sólo los datos del primer grupo tienen plena solidez como base de la reconstrucción que se pretende hacer, y aún allí la cosa no es tan fácil como se podría esperar. Datos de las demás categorías serán evaluados según su proximidad a esta época y esta región, y conforme con lo que se puede establecer (en la mayoría de casos, extrapolando o “retroproyectando”). Estas categorías están representadas gráficamente en el siguiente cuadro compuesto (ver cuadro #1, p. …)


cuadro 1
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Iglesia en África |
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Otras iglesias cristianas |
1. Datos de África durante el período que nos ocupa (35-138)
a) datos del Nuevo Testamento
Rasgos que se verifican en personas relacionadas con África (aunque sea sólo de origen) o en textos representativos de comunidades que probablemente evangelizaron estas regiones de África, notoriamente la iglesia de Antioquía de Siria del primer siglo d.C. Otros datos sueltos sobre cristianos africanos en otras partes del mundo...
Personajes: Simón de Cirene, Lucio y otros cirenenses; y muy en particular, Apolo de Alejandría, mencionado tanto por Pablo (1 Co) como por Hechos.
b) datos extrabíblicos
Es muy probable la temprana implantación del cristianismo en distintos lugares de África, pero existe una carencia casi total de datos explícitos sobre la vida cotidiana de aquellos cristianos en esa época...
Personajes: Carpócrates, Basílides y su hijo Isidoro; el joven Valentín
Textos: p 52 de Juan (et al.) y otros textos bíblicos presupuestos por escritos posteriores; Evangelio (Trad.) de Matías, Evangelio de los Egipcios; Apoc. de Pedro; Carta de Adriano a Serviano |
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2. Cristianismo en otros lugares durante este período (35-138
Sólo tendrán interés para nuestro estudio los rasgos de estas comunidades cristianas (noticias confiables) si consta también la presencia de gente venida de África o la comunicación frecuente de personas, textos o ideas entre la iglesia africana y esas otras iglesias de la época.
Personajes: Cerinto...
Textos cristianos (Didajé, cartas Ign. Ant., Bernabé), apócrifos (Evang. de los Hebreos, ¿redacc. cristiana del 1 Henoc ?), gnósticos (¿Evangelio de la Verdad ?, ¿de María Magdalena?); judíos (Josefo; 5º Oráculo Sibilino ) y documentos romanos (Nerón, Trajano, Adriano) relevantes |
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3. Cristianismo en África en el
siguiente período (138-220):
Aquí se considera sobre todo datos inmediatamente posteriores, provenientes de África y que coincidan con los rasgos generales del cristianismo del período de nuestro estudio, pero no constatados para África en aquel tiempo
Personajes/textos: cristianos (mártires de Escili, de Cartago (Perp. y Fel.) Tertuliano, 1er Concilio cartaginense; Panteno, Clemente de A., mártires de Alejandría, temprano Orígenes,; gnósticos (Apeles y Hermógenes; Testimonio de la Verdad, Evang. de los Egipcios, de Tomás ) o diversos (Sent. de Sexto; Enseñanzas de Silvano )
[Y en una época posterior, Cipriano de Cartago y Agustín sobre los orígenes del cristianismo africano; y tradiciones de la iglesia copta sobre sus orígenes..] |
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4. Datos de otros lugares
y de otros períodos
(pos 138)
Hay abundantes datos en la época posterior en otras partes; entre ellos hay algunos específicamente sobre África:
Personajes: Marción y Valentín y sus seguidores; Justino, Celso, e Irineoen cuanto nos informan sobre tiempos pasados en África (maestros gnósticos, jerarquía, mártires cristianos...)
Textos: Pastor de Hermas, Adv. Haer; y más tarde, Historia Eclesiástica de Eusebio de C. |
1. Datos de África durante el período 35-138 d.C.
a) Datos del Nuevo Testamento sobre África
Por un lado, el Nuevo Testamento, y en particular los Hechos de los Apóstoles, provee una serie de datos sobre el cristianismo en África, pero tan escuetos y tan desprovistos de toda verificación paralela que bien poco se puede deducir de ellos. Además, es muy improbable que cualquier de sus escritos haya sido compuesto en o para África o por africanos, aunque algunas propuestas en este sentido no han faltado ni faltan hoy. Los datos que “Hechos” nos brinda sobre Egipto, Cirenáica o Etiopía suelen ser generales (poco detallados) o muy esquemáticos. La evangelización de los gentiles en Antioquía por cristianos cirenenses (judíos helenistas convertidos) y algunos pasajes referentes a Apolo (Hch 18,24-28; 1 Co 1,10-18; 3,1-9) serían la excepción... He aquí un pequeño estudio sobre los mencionados pasajes.
Datos relevantes sobre los cirenenses:
• en los evangelios sinópticos encontramos mención de un tal Simón de Cirene a quien, regresando del campo, obligaron a llevar la cruz de Jesús. Sobre todo Mc (15,21), que menciona dos hijos suyos por nombre, parece referirse a un hombre creyente en Jesús (a ese entonces o posteriormente). Por lo tanto, sería uno de los primeros cirenenses cristianos, en Jerusalén; sobre su lugar de residencia (en Cirene o en Jerusalén) nada de cierto se puede decir.
• los judíos cirenenses en Jerusalén formaban junto con los alejandrinos (¿y con los de Siria y Cilicia?) una sinagoga llamada “de los libertos”. Según Hch 6,9-14, este grupo reaccionó violentamente a la predicación de Esteban (sobre la caducidad del Templo y de su culto). De hecho, las poblaciones judías de ambas ciudades, Alejandría y Cirene, estaban en estrecha relación entre sí.
• según Hechos 11,20-21, cirenenses cristianos estaban entre los fundadores de la Iglesia de Antioquía y los iniciadores de la admisión de los gentiles a la Iglesia (conceder el bautismo sin exigir circuncisión)
• Pablo (Saulo) parece haber tenido vinculación con esta corriente (con los cirenenses cristianos), por lo menos después de su conversión, y con ellos está asociado Bernabé; los dos tendrán a cargo llevar adelante la misión ad gentes (Cf. Hch 8,1 con 11,19-22; cf. Ga 2,7-9).
• Entre los “profetas y maestros” en la iglesia de Antioquía (Hch 13,1), hubo por lo menos uno de Cirene: “Lucio el Cirenense”. (Y “Simeón el Negro “ ¿sería otro africano?)
Datos relevantes sobre el alejandrino, Apolo:
• Apolo se describe de la siguiente manera en el texto de Hechos 18,24-28:
Un judío por nombre Apolo, natural de Alejandría, elocuente, que estaba impuesto en las Escrituras, llegó a Éfeso. Había sido instruido en el camino del Señor, y como tenía un espíritu fervoroso hablaba y enseñaba con exactitud lo tocante a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan. Empezó a hablar abiertamente en la sinagoga, pero al oírlo Priscila y Aquila se lo llevaron [aparte] y le expusieron con más exactitud el camino de Dios. Y como él quería pasar a Acaya, los hermanos, apoyándo[lo], escribieron a los discípulos que lo recibieran; [y] cuando llegó ayudó mucho a los que por la gracia [de Dios] habían abrazado la fe, pues públicamente refutaba a los judíos con vigor, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Mesías.
Un estudio literario de esta perícopa revela ciertas palabras o frases emparejadas en una estructura ligeramente quiástica: elocuente/de habla abierta; el camino del Señor/ el camino de Dios; espíritu/gracia; con exactitud/con más exactitud; en las Escrituras/por las Escrituras; lo tocante a Jesús/que Jesús era el Mesías. Si la siguiente esquematización tiene alguna validez, cada mitad está encuadrada entre referencias a la predicación cristiana de Apolo (elocuente... en lo referente a Jesús // hablaba abiertamente... que Jesús era el Mesías ) y destaca (como eje central de la estructura) el hecho que más distinguiría a Apolo de otros predicadores cristianos: sólo conocía el bautismo de Juan.
elocuente...
...en las Escrituras
...el camino del Señor
ardiente en espíritu
...con exactitud
...acerca de Jesús
|
...sólo conocía el bautismo de Juan |
hablaba abiertamente...
con más exactitud
el camino [de Dios]
por la gracia
por las Escrituras
...que Jesús era el Mesías
Ahora sería conveniente considerar por otro lado los aportes de la primera carta de Pablo a los corintios, para después sacar algunas conclusiones de la compaginación de ambos pasajes (Hch 18 y 1 Co 1-3)
De 1 Co 1-3, la sección de la carta que más refiere a Apolo (aunque es nombrado otras dos veces en capítulos posteriores), se puede notar lo siguiente:
• Hay indicios claros de divisiones o grupos parcializados con lealtad hacia Apolo en oposición a otros grupos partidarios de Pablo o Pedro (1 Co 1,10-13; 3,3-9)
• Estos capítulos abundan en terminología de índole helenística: palabra (lovgo”), sabiduría (sofiva) y conocimiento (gnwvsi”). El texto sugiere que estos bienes fueron objeto de jactancia de algunos en la iglesia de Corinto, probablemente entre ellos (por la proximidad de ambas referencias en el texto) los del grupo de Apolo. A esta sabiduría mundana-sofista, Pablo opone la verdadera sabiduría de Dios: el mensaje (lovgo”) de la cruz (1 Co 1,5.18-26; 2,1-8)
• Cierta polémica en torno al bautismo, mencionado frecuentemente en relación cercana con Apolo, sugiere que era punto discutido o por lo menos elemento valorado diferentemente en las respectivas visiones teológicas de los grupos que apelaban a Pablo y a Apolo (Cf. 1 Co 1,12-18).
Una comparación de los datos de ambos textos (Hch 18 y 1 Co 1-3) revela interesantes puntos de convergencia:
a) Apolo, evangelizador asociado con la sabiduría de las Escrituras (judías), enseñó con notable éxito en la iglesia de Corinto en alguna época posterior a la primera visita que hizo Pablo a la misma ciudad; b) el bautismo en relación con Apolo (la práctica pastoral, su concepción doctrinal...) era punto de preocupación para la corriente paulina (Pablo en 1 Co 1-3; Prisca y Aquila en Hch 18; cf. Pablo en Hch 19); c) existían grupos cristianos con prácticas o lealtades diversas (uno de ellos asociado con Apolo), aunque sin evidencia de que hayan surgido por rivalidades o ambiciones personales entre sus líderes, más bien parecen ser dos “versiones” de cristianismo, dos experiencias, o 'teologías' diferentes; y d) de alguna manera se superaron las diferencias entre Pablo y Apolo frente a la comunidad cristiana de Corinto (¿con la asimilación/desautorización de la versión de Apolo?).
Como conclusión de este primer apartado de nuestra investigación se puede afirmar que:
a) el cristianismo en África probablemente recibió su impulso evangelizador inicial de la Iglesia helenista de origen judío, de la corriente antioquena, abierta al proselitismo de los gentiles.
b) el caso de Apolo sería evidencia de una experiencia cristiana alternativa a la paulina-petrina que existió por lo menos en Corinto (según la compaginación de datos de Hechos y Pablo) y también en Asia Menor (según Hechos); sin embargo, la vinculación de estos grupos con el continente africano no está comprobada. De todas maneras podríamos destacar como rasgos característicos de estos grupos (“tipo Apolo”) los siguientes puntos:
i) una tendencia partidarista que creaba ciertos problemas en cuanto a relaciones con otros sectores de la iglesia (o bien, ¿sería que hubo una marginación de estos grupos de parte de otros sectores de la Iglesia, considerándoles luego como “sectarios”?);
ii) entre los demás cristianos los caracterizaba la elocuencia sagrada (evangelización docta, sapiencial) como forma típica del apostolado, y
iii) un énfasis especial en el bautismo, con ciertas divergencias en cuanto rito, comprensión o praxis bautismal.
b) Datos extrabíblicos de África en el periodo que nos ocupa
El segundo apartado del primer grupo de testimonios consiste en datos extrabíblicos históricamente fiables sobre el cristianismo africano que vienen de la región que nos toca investigar (el continente africano, principalmente Egipto-Cirenáica, ya que Cartago y Etiopía parecen descartadas para esta época temprana) y dentro de los parámetros cronológicos antes mencionados (desde la primera evangelización hasta fines del imperio de Adriano).
Aquí encontramos vestigios documentales: algunos papiros neotestamentarios, que pueden fijar una presencia cristiana en la zona, los primeros escritos gnósticos, conocidos sólo fragmentariamente, y una carta de Adriano al procónsul Serviano sobre las idiosincrasias de los alejandrinos que nos proporciona interesantísimos datos sobre el clima religioso en esa época. También hay datos seguros sobre figuras que vivían en África en aquel período histórico. Incluso se aventurará una deducción respecto a esta época a partir de los documentos compuestos en África durante la época siguiente: la difusión y el conocimiento de las Escrituras “canónicas”.
En lo que viene a continuación desarrollaré tres puntos fundamentales de esta época: a) la existencia de algunas de las Escrituras cristianas en la zona; b) la presencia de grupos cristianos de tipo protognóstico (y, por inferencia, de tipo ortodoxo) en Egipto, y c) el carácter sincretista del cristianismo alejandrino a ese entonces.
a) Por un lado, tenemos varios papiros provenientes de Egipto (descubiertos en este siglo o fines del siglo pasado) que han sido fechados entre el siglo II y III d.C. El cuadro # 2 (p. …) muestra gráficamente los textos canónicos representados por dichos papiros. De este cuadro sinóptico se desprende que el evangelio de Juan es el único atestiguado en la época que nos concierne. Nótese además que son del Evangelio de Juan el más antiguo fragmento neotestamentario encontrado en Egipto y la más antigua copia casi completa de un evangelio canónico, amén de numerosos manuscritos parciales del s. III d.C. Después de Juan, las cartas paulinas tienen la mejor atestiguación para la transición entre siglos II y III d.C. además de numerosos testigos del siglo III d.C. El evangelio de Mateo aparece también posiblemente atestiguado en el siglo II (según se interpreta la datación aproximativa de los papiros); sin embargo, solo en el siglo III encontramos un texto sustancial de Mateo, y ese papiro ya es testigo del evangelio “cuadriforme” de que nos habla Ireneo.
Además de estas evidencias documentales directas, hay que considerar citasde las Escrituras canónicas en otros textos. No hay obras de escritores cristianos ortodoxos compuestas en África en esta época, según nuestra información. Pero hay documentos de la “periferia” cristiana que dan evidencias sólidas de depender de las Escrituras cristianas. Se trata de los documentos gnósticos provenientes de Egipto, de la 2ª mitad del s. II d.C., algunos de los cuales nos han llegado intactos (ver abajo, en la tercera sección de este artículo). Sus autores muestran un conocimiento de las Escrituras cristianas (aunque las tergiversan, o se apartan de ellas en sus composiciones), lo cual sugiere una difusión de las mismas en estos ambientes con anterioridad a la composición de dichos textos gnósticos. Varios autores gnósticos de este período o el siguiente escribieron comentarios al evangelio de Juan, el evangelio que —según Ireneo— era el único reconocido por los valentinianos. Basílides escribió la Exegética, que consistía en “24 libros” sobre “el evangelio”. Los fragmentos existentes de Basílides y de Valentín muestran que conocieron y utilizaron las epístolas paulinas; Clemente de Alejandría cita un texto de Isidoro que da una extraña interpretación de las palabras del Señor sobre el eunuco (Mt 19,10ss). ...Y una obra polémica de Tertuliano viene a confirmar esta afirmación respecto a los grupos cristianos heterodoxos.
b) Sobre la presencia de grupos cristianos de tipo protognóstico en Egipto hemos de considerar tanto la presencia constatada de personajes como de documentos de índole gnóstica. Entre los primeros tenemos a Carpócrates, considerado por Irineo como “padre” de la herejía gnóstica, Basílides, el teólogo gnóstico de mayor relieve del s. II (con su hijo Isidoro) y el joven Valentín, que llegará a ser el sistematizador filosófico del gnosticismo), todos ellos en Alejandría. En cuanto a los documentos, encontramos el Evangelio (o Tradiciones) de Matías, (probablemente compuesto por Basílides) y luego el Evangelio de los Egipcios (de autor desconocido y cuya fecha de composición tal vez sobrepasa los límites de esta época, pero casi seguramente en Egipto). Otra posible composición gnóstica en Egipto en esta época es el Evangelio de los Hebreos (pero porque su lugar de composición es muy debatido hoy, será tratado en el siguiente acápite). Extracanónica pero no gnóstica y casi seguramente de Egipto es el Apocalipsis de Pedro. La Carta de [Ps.] Bernabé, por ser de lugar de origen discutido, será tratada en la siguiente sección. Sin embargo, varios factores hacen que los documentos gnósticos no arrojen mucha luz sobre las características de la periferia cristiana en esta época. No obstante, el Evangelio de los Egipcios en particular deja en claro que existían grupos de persuasión protognóstica, probablemente en áreas rurales de la Tebaida y de Libia, ya que esto es el sentido del gentilicio “egipcios”. A la vez, los hallazgos en el valle del Nilo de textos canónicos del Nuevo Testamento fechados en el s. II nos muestran que también había grupos de cristianos “ortodoxos” allí.
c) Sobre el sincretismo presente en los orígenes del cristianismo en Egipto, Fernández cita un párrafo sorprendente de la carta del Emperador Adriano al cónsul Serviano en la cual comenta algunas idiosincrasias de los alejandrinos. Si bien la autoría de la mencionada carta es dudosa, no lo es tanto su autenticidad como testigo de la situación religiosa en Alejandría hacia fines del período que nos interesa (c. 130 d.C.). He aquí la cita que nos interesa:
“Respecto al Egipto que me alababas, querido Serviano, he llegado a descubrirlo como enteramente frívolo, oscilante y que revolotea a impulsos de cualquier rumor. Allí, los que veneran a Serapis son cristianos y se hallan consagrados a Serapis los que se hacen llamar obispos de Cristo. No existe allí un solo archisinagogo de los judíos, ni un solo samaritano, ni ningún presbítero de los cristianos que no sea astrólogo, adivino o ensalmador. Incluso el mismo patriarca, cuando llega a Egipto, se ve obligado por unos a adorar a Serapis y por otros a adorar a Cristo.
Esta visión del sincretismo religioso de los alejandrinos también encuentra confirmación en las investigaciones arqueológicas de Alejandría y de otras ciudades africanas. El ejemplo de los discípulos de Carpócrates nos da un caso extremo de sincretismo religioso, desde el lado de los gnósticos alejandrinos, ofrecía culto a una imagen de Jesús, colocada entre estatuas de filósofos como Pitágoras, Platón y Aristóteles, y sus seguidores practicaban inmoralidades (orgías y una “comunidad de bienes” que incluía esposas!) que dieron mala reputación a los cristianos, según Clemente de Alejandría. La confusión en la mente de la gente que permitió que los vicios de los carpocracianos “se pegaran” a los cristianos es tal vez un indicio de hasta qué punto se confundieron los diferentes grupos que apelaban todos ellos a “Cristo”. Por otra parte, las acusaciones levantadas por Apión y contestadas por Josefo (Contra Apión, 100-105 d.C.) y el 5º Oráculo sibilino, escrito por algún judío alejandrino entre 115 y 132 d.C., que espera la destrucción de los santuarios de Isis y Serapis, y muestran que no todos los creyentes alejandrinos estaban de acuerdo con el sincretismo existente en su ambiente. En caso de reflejar la situación religiosa de Egipto la Carta de Bernabé, sería indicio de un rechazo tajante a lo judío que anticipa a Marción en muchos aspectos.
Como conclusiones de este segundo acápite de la primera sección de nuestra investigación tenemos pues:
a) Es casi segura la existencia de algunas Escrituras cristianas en la zona mencionada durante el período estudiado. No el total del actual canon neotestamentario, pero por lo menos el evangelio de Juan, probablemente las cartas de Pablo, y posiblemente también Mateo: los tres atestiguados por papiros egipcios fechados alrededor del año 200 d.C. y corroborados por el uso de ellos que hacen los documentos egipcios de índole gnóstico del siguiente período.
b) Consta la existencia de grupos cristianos protognósticos en Egipto en nuestro período. Esto se deduce sobre todo de los personajes que podemos ubicar con bastante seguridad en Alejandría en esta época: Carpócrates, Basílides, Isidoro, y el joven Valentín. Sus respectivos textos, y algunos sin autor conocido, aunque sólo conocidos fragmentariamente hoy, evidencian la vitalidad del gnosticismo emergente. Más allá de la gran metrópoli parece probable que dichos grupos se hayan extendido al valle del Nilo (la Tebaida) donde más tarde tendrán mucha presencia, y posiblemente a las regiones rurales de Libia también.
Consta con más claridad la existencia de grupos gnóstico-cristianos que la de grupos cristianos “ortodoxos” en este primer período. Pero la existencia de las Escrituras “canónicas” ya deducida y la evidencia de una convivencia pacífica entre diferentes religiones (siguiente punto) nos advierte de no sacar conclusiones temerarias como las afirmaciones de Bauer, que el cristianismo alejandrino era exclusivamente heterodoxo hasta fines del siglo segundo.
c) Parece que el cristianismo alejandrino era sincretista (o tal vez, simplemente no todavía definido en términos de ortodoxia/heterodoxia) en esta época. Esto se desprende de la carta de Adriano al procónsul Serviano, de las excavaciones arqueológicas de Alejandría que sugieren una pacífica coexistencia no sólo entre judíos y cristianos, sino también de los dos con devotos de Serapis, y de la ausencia de documentos polémicos de esta región geográfica en esta época (muy al contrario de la situación a fines del siglo segundo). Pero como toda generalización, admite diferentes grados, llegando en algunos casos a extremos de sincretismo o de separación. Como veremos en la tercera sección de este artículo, dicha convivencia pacífica se iba desapareciendo hacia fines de esta etapa.
Cada papiro es identificado por los expertos con un número (px); después del cual viene la extensión del texto bíblico que contiene (frag. = fragmento) y el grupo de papiros al que corresponde: Oxy = Oxyrhynchus, un hallazgo importante de papiros en el valle del Nilo; Ch.B = papiros Chester Beatty (del museo Chester Beatty, Inglaterra); Ryl = otra colección de papiros en la Univ. John Rylands, etc.. Cuadros con línea doble representan testimonios de un mismo grupo de textos neotestamentarios; cuadros con línea gruesa son papiros que indican ya pasos hacia la formación del canon NT.
Datos según el Novum Testamentum Graece, Nestle-Aland, 199327. (Los papiros marcados con asterisco son fechados diferentemente por otros especialistas, según se indica en cada columna.)
2. Datos de otros lugares durante este periodo
En esta categoría consideramos los numerosos documentos y personajes vinculados con comunidades cristianas en el mismo período histórico, pero en otras partes del mundo (excluyendo los escritos del actual canon bíblico, que ya han sido tratados en el acápite “a” de la primera categoría). Es peligroso metodológicamente aplicar datos sobre las condiciones de vida y compromiso de los cristianos de Europa o Asia a África, porque puede ser que hubiera experiencias coetáneas del cristianismo muy distintas en diferentes partes de la cuenca mediterránea. Sin embargo, donde ciertos rasgos netamente cristianos en otras partes del mundo coinciden con la constatación de estos mismos rasgos en África en el período siguiente, hay una alta probabilidad que hayan existido también en aquellas mismas regiones de África en el período que nos interesa, sin que nos hayan llegado necesariamente pruebas documentales de ello. Así, por lo menos, propongo proceder en este artículo, a no ser que haya evidencias sólidas que contradicen tal extrapolación retroproyectiva... Sobre todo esta pauta metodológica se justifica cuando hay indicios de un alto grado de movilidad —tanto de personajes como de textos— entre África y estas otras partes de la cuenca mediterránea en este y el siguiente período histórico, como se comprueba en los mapas 3 y 4 en la página ….
Entre los documentos de más probable influencia en, o relación con, África en esta época tenemos las cartas de Ignacio de Antioquía (por la conexión Antioquía-Egipto-Cirenáica, y aún Antioquía-Cartago). Sin embargo, poco o nada podemos concluir sobre el cristianismo en África de estas cartas, tan centradas en el itinerario personal de su autor y la situación de sus iglesias destinatarias en Asia Menor y Roma. El libro etiópico de Henoc, toda una colección apocalíptica muy popular en los primeros siglos del cristianismo, contiene pasajes muy duros sobre los ricos, opresores de los pobres y deja entrever una dolorosa brecha entre creyentes ricos y pobres. Dos obras que convendría considerar juntas son la Didajé, especie de catecismo-manual de disciplina eclesiástica probablemente originaria de Siria, hacia fines del primer siglo d.C., y la llamada Carta de Bernabé, posiblemente escrita en Alejandría (pero sin seguridad de esta ubicación) , alrededor del año 133 d.C. Este último documento tiene una larga sección central de polémica antijudía. En ambos escritos, cuyas secciones parenéticas son casi idénticas, hay evidencias de fuertes desigualdades económicas en el seno de la comunidad cristiana: tratan de temas económicos como la limosna y la comunidad de bienes, condenan la explotación de los pobres y denuncian a los “abogados de los ricos”; la Carta de Bernabé en particular valora el trabajo manual. Desgraciadamente, por su casi identidad con la sección de “los dos caminos” de la Didajé, no podemos decir con seguridad que los consejos de esta parte de Bernabé reflejan la problemática social de Egipto, sino en lo que tiene de propio. El Evangelio de los Hebreos, obra de carácter claramente gnóstico, antes considerado como compuesto en Egipto aunque hoy ya no hay consenso sobre esta cuestión, de todas maneras era conocido por Clemente de Alejandría y Orígenes. Contiene, entre otras cosas notorias, una ampliación del relato de Mt 12,9-13 que presenta al hombre con la mano seca como un albañil que necesitaba curarse para poder volver a su trabajo, y una versión algo extraña del bautismo del Señor que “delata que la gnosis judeocristiana es un componente, si no la base, de [su] teología”
Por otro lado conviene notar que gracias al estudio paciente de Ruiz Bueno, se ha establecido cuál era el estatus de los cristianos ante el Imperio Romano en la época que nos concierne: a partir de Nerón, eran culpables en cuanto cristianos, y dignos de castigo cuando eran denunciados por otros, pero no merecedores de persecución gratuita por el Estado. Así confirman Trajano (a Plinio el Joven) y Adriano (a Minucio Fundano), añadiendo Trajano una advertencia de no hacer caso de acusaciones anónimas, y Adriano, otra semejante de investigar y castigar severamente acusaciones calumniosas.
Como conclusión de este acápite diremos que en este período existían no pocas obras producidas en otros lugares, tanto ortodoxas como gnósticas, que probablemente llegaron a manos de los primeros cristianos en África, y que presentan toda una problemática socioeconómica y política de la comunidad cristiana. Entre los datos que necesitarán ser verificados para África en el siguiente acápite son: a) la existencia de diferentes niveles socioeconómicos entre los mismos cristianos (brecha entre ricos y pobres), b) la valoración del trabajo manual, y c) la posibilidad de persecuciones debido a la oposición latente del imperio al cristianismo.


3. Datos de África durante el período siguiente
(138-220 d.C. y más allá...)
La tercera categoría abarca las informaciones que existen en los lugares estudiados que provienen del período inmediatamente posterior al que nos interesa, y que por lo tanto mantienen cierta cercanía cronológica con el período estudiado. (Se mencionarán al final también otros testimonios africanos más alejados en el tiempo de nuestro período.) La mayoría de estos documentos y datos sobre la actividad de personajes en varios sitios de la costa mediterránea de África distan medio siglo del fin de nuestro período, pero entonces a partir de esas fechas (180 d.C.) pululan, durante 40 años, testigos y documentos que nos dan una visión muy detallada, pluralista y dinámica de las comunidades cristianas en el litoral del norte de África y también en el interior. Entre los grandes centros de esta época tenemos: Alejandría (anfitrión del “Didaskaleion” ) y Cartago, con grupos de mártires en ambos sitios, sobre todo este último . Los personajes más destacados de la ortodoxia cristiana en esta época son Agripa Castor, Panteno, Clemente Alejandrino y Orígenes (todos en Alejandría), y Tertuliano en Cartago. Entre los cristianos heterodoxos, además de algunas figuras de la época anterior mencionadas en relación con Alejandría, tenemos a los marcionitas Apeles (en Alejandría) y Hermógenes (en Cartago), y Quintilla, de la secta de Cayo, también en Cartago. Entre las obras de esta época se encuentran los grandes tratados de Tertuliano, Clemente Alejandrino y Orígenes. El gnosticismo floreciente produjo una amplia literatura en Egipto: Basílides escribió, entre otras cosas, una obra llamada Exegética (24 libros sobre el Evangelio, hoy perdido), y su hijo Isidoro escribió varios tomos de índole filosófica. Probablemente de este lugar y de esta época provienen el Testimonio de la Verdad, la Enseñanza de Silvano y la redacción cristiana de las Sentencias de Sexto (todos ellos de Nag Hammadi). Finalmente tenemos el enigmático papiro de Egerton (fragmento de un evangelio desconocido, tal vez producto de Egipto) y el Evangelio de Tomás, una colección abigarrada de 114 dichos de Jesús (algunos paralelos a los dichos evangélicos, otros posiblemente auténticos dichos extracanónicos de Jesús, y otros claramente invenciones o ampliaciones gnósticas). A pesar de esta plétora de obras producidas o difundidas en Egipto en el período que sigue al de nuestro estudio, en este ambiente del gnosticismo emergente es altamente riesgoso retroproyectar por 60 ó 80 años las formas de convivencia social o relaciones entre grupos religiosos si no están corroboradas para la época anterior.
El estudio detallado del cristianismo africano en esta época sobrepasa el presente artículo, pero aquí convendría presentar en resumen el trabajo de otros historiadores como Hamman y Hoornaert. Entre los rasgos típicos del cristianismo en el continente africano en esta época conviene destacar: a) la formación paulatina del canon de las Escrituras: evidencias de la vetus latina en las actas de los mártires escilitanos y en Tertuliano(traducción inculturada de los evangelios y el corpus paulinum por lo menos); y el uso/abuso de las Escrituras cristianas ortodoxas por los herejes (ver la Exegética de Basílides, y la Praescr. Haer. de Tertuliano donde quiere excluir categóricamente semejante recurso); b) una muy amplia difusión de obras cristianas (ortodoxas y heterodoxas), tanto desde el norte del Mediterráneo hacia África como desde África hacia Europa . La controversia sobre la fecha de Pascua (189-190 d.C.) es un temprano indicio (caso documentado) del grado de contacto entre las iglesias del oikumene. También hay mucho mayor tránsito de personas con relación a África documentado en esta época, que en la época anterior (comparar mapas 3 y 4, p. …); los itinerarios de Panteno y Clemente de Alejandría son especialmente interesantes; c) una evolución desde la convivencia sincretista pacífica de la época anterior a un deslinde entre “ortodoxia” y “herejía”. Irónicamente esta distinción esta especialmente notoria en Tertuliano en Cartago (que luego se separará de la Iglesia católica); también se encuentra en los alejandrinos Agripa Castor, Clemente y Orígenes; hasta los gnósticos reclaman su autenticidad evangélica mediante la propia “tradición apostólica” secreta; d) la constatación de divisiones intraeclesiales, especialmente en Cartago donde parece haber sido más cuestión de ambiciones y vicios personales que de posturas teológicas, grupos sociales o diferencias económicas (cf. Passio Perp. y la Exhort. ad mártires de Tertuliano); más tarde se verá el endurecimiento de posturas llevando a la formación de grupos separatistas, la plaga de la iglesia de Cartago durante siglos; e) se va perfilando en Alejandría una especie de “cristianismo sapiencial”, sobre todo tomando en cuenta la literatura que se manejaba en esta época en Egipto y la presencia de escuelas organizadas (según Ireneo, Basílides y Valentín eran maestros, y sobre todo el Didaskaleion en Alejandría); f) una marcada práctica de la fraternidad/igualdad entre “hermanos” cristianos, por la que desaparecieron entre ellos las diferencias de clase y no se conservaban las tradicionales barreras sociales (visto como una especie de “promiscuidad” social por los paganos, cf. Tertuliano; mártires de Cartago) ; g) la predominancia de cristianos pobres en África según lo retratado por Tertuliano al hablar de la depositatae pietatis, una especie de fondo de solidaridad para socorrer a los más necesitados de la comunidad que indica la situación precaria de muchos cristianos africanos de esta época, y demuestra la capacidad de esas comunidades cristianas de ingeniar respuestas estructurales a los problemas sociales, y el hecho que todavía después del 200 d.C. Clemente de Alejandría tenía que hacer apología por los cristianos ricos (¿Qué rico se salvará? ); h) la ascética del celibato y el encratismo (atestiguados con diferentes matices en Tertuliano, Clemente Alej., Orígenes; el Testimonio de la Verdad y Evangelio de Tomás ); i) el papel destacado de las mujeres: su igualdad ante el martirio (escritos, visiones de Perpetua en Cartago), mujeres en los ministerios de la comunidad cristiana (Tertuliano y Clemente Alej.) y su papel reivindicativo (el caso de María Magdalena y Salomé en el Evangelio de los Egipcios ); j) el martirio. Entre los documentos más fidedignos están las actas de los mártires africanos: (sobre todo de los escilitanos, y de Perpetua y compañeros; secundariamente, los de Alejandría y la Tebaida); además hay exhortaciones al martirio de Tertuliano y Orígenes, mientras Basílides consideraba el martirio inútil y era partidario de apostasía en situaciones de persecución.
Existen también en África obras muy posteriores a la época estudiada en el presente artículo pero relevantes para nuestro tema, que convendría señalar aunque sobrepasan los límites de este trabajo. Entre ellas destaca el hallazgo en 1945-48 de una pequeña biblioteca (de 45 obras principalmente gnósticas contenidas en 13 códices) que hoy se conoce por el lugar de su descubrimiento: Nag Hammadi, 535 km al sur de El Cairo. Aunque la fecha de enterramiento de dichos libros es alrededor del año 400 d.C., nos dan versiones bastante antiguas de muchas obras conocidas anteriormente por citas en sus refutadores. Irineo, Clemente, Orígenes.... Varias de las obras gnósticas o protognósticas mencionadas en este artículo nos son conocidas por medio de este importante hallazgo.
Por otro lado hay los Padres de la Iglesia en la “edad de oro” de la Iglesia africana, que nos transmiten algunas informaciones inéditas sobre los orígenes y la historia del cristianismo en África. En este plano merecerían nuestra atención ciertas obras de Cipriano y Agustín con referencias históricas sobre Cartago, y la escuela teológica de Alejandría que va hasta Dídimo el Ciego (siglo IV), en cuanto presupone una larga trayectoria de erudición que nos permite retroproyectar bastante tiempo atrás la actividad exegético-catequética de los cristianos alejandrinos. Pero estos estudios quedarán para otra fecha y otras personas a desarrollar.
4. Datos de otros lugares del mismo período (138-220 d.C. y mas allá)
El cuarto grupo de testimonios considerados, son textos que distan tanto geográfica como cronológicamente de nuestro lugar y período, pero que proporcionan información sobre esta región en el marco histórico indicado, cuyas afirmaciones necesitan una lectura crítica, pero que pueden conservar auténticos datos que no se encuentran entre los escasos y fragmentarios documentos de la época que han sobrevivido hasta hoy.
El Pastor de Hermas, escrito en Roma a mediados del siglo II, llegó pronto después a Egipto (donde apareció entre los papiros de Oxyrhynchus, c. 200 d.C.) tal vez corresponde a la situación social de Egipto a ese entonces. Justino Mártir († 165 d.C.) nos da un dato curioso sobre un anónimo cristiano alejandrino que pidió permiso al prefecto de Alejandría para castrarse (y no recibió permiso!) . Entre las obras de esta época es bien interesante el tratado polémico (anticristiano) de Celso (170-178 d.C.), que tendrá su respuesta más contundente 60 años más tarde de la pluma de Orígenes (ya no desde Alejandría sino desde Cesarea). Por otro lado Ireneo, en su obra maestra Adversus Haereses (escrita desde Lyon, ca. 185 d.C.) nos proporciona los datos fundamentales sobre los diferentes heresiarcas de su tiempo y de las épocas anteriores. Muchos de los datos presentados en apartados anteriores sobre los personajes claves de gnosticismo emergente en África vienen, de hecho, de Ireneo.
Algunos textos incluso muy posteriores a los hechos estudiados, por ejemplo la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, por su mismo género de historia de la Iglesia, merecen nuestra atención. El libro de J.J. Fernández ofrece una penetrante, multifacética y muy equilibrada evaluación de esta y otras obras de la misma índole, y sería inútil repetir aquí sus detalladas apreciaciones. Pero sí conviene presentar lo que concluye respecto a la lista de obispos que transmite Eusebio que supuestamente traza la sucesión apostólica de los obispos de Egipto desde el apóstol San Marcos. Según tradiciones de la Iglesia copta, Marcos evangelizó la ciudad de Alejandría y posteriormente encontró el martirio en la misma ciudad. Por las referencias imprecisas de Eusebio respecto a las fuentes utilizadas para esa parte de su obra, la carencia completa de referencias a San Marcos como fundador de la iglesia de Alejandría en obras de Clemente y Orígenes (y todos los demás escritores anteriores a Eusebio), además de las discrepancias internas y externas de las Homilías pseudoclementinas (que proponen más bien a Bernabé como fundador de la iglesia de Alejandría), Fernández descarta la Historia Eclesiástica como fuente histórica sobre los orígenes de la iglesia de Alejandría. Lo cual no significa, por supuesto, que sea igualmente descartable todo lo que Eusebio informa sobre Alejandría.
Sin entrar en detalles de argumentación sobre puntos específicos, podemos sacar algunas conclusiones de este período para apoyar cosas ya dibujadas para la época que nos interesa (las letras de incisos corresponden a las de la tercera sección del artículo):
a) la formación del canon del Nuevo Testamento en el mundo cristiano (Justino, Irineo tempranos testigos) y el uso/abuso de las escrituras por los heterodoxos (datos en Adv. Haer. de Ireneo); b) el gnosticismo seguía floreciendo en el norte de África según los datos suministrados por Irineo (y después de él, y en muchos casos dependiente de Ireneo, Eusebio de Cesarea) y la “Carta de Pablo a los alejandrinos “ probablemente de cuña marcionita, mencionada por el Canon Muratori; c) la existencia de una jerarquía ortodoxa (iglesia encabezada por obispos) en Alejandría por lo menos desde 180 d.C., según la actual valoración de los datos transmitidos por Eusebio de Cesarea (HE III-V); d-e) la existencia de escuelas heterodoxas y de la Didaskaleion mencionadas por Hipólito, Irineo y Eusebio; f-g) el cristianismo en Egipto parece haber sido mayoritariamente pobre según la visión del cristianismo tanto del Pastor de Hermas como de la obra polémica de Celso; h) evidencias del celibato/encratismo en la mención del cristiano alejandrino que pidió permiso para castrarse (Justino, Apol. I 29,23) y la confusión en la mente de Eusebio (HE II, 16-17) de los Terapeutae (comunidad mixta de judíos célibes en tiempos de Filón) con los primeros cristianos egipcios; j) numerosos mártires cristianos en África 60 años después del cierre de nuestro período (197-203 d.C.) bajo la nueva legislación del emperador africano Septimio Severo (imperio 193-211 d.C.)...
Conclusiones generales
Para no alargar más este artículo ya demasiado extenso, paso a presentar las conclusiones sintéticas de toda nuestra investigación. Primero hay cinco puntos (con sus respectivos incisos) que considero justificado afirmar acerca del cristianismo primitivo en África (35-138 d.C.) Luego, un sexto punto con varios incisos que contiene aspectos que podría bien ser características del cristianismo africano en esta época, pero cuya documentación (según mis conocimientos) no justifica retroproyectarlos hasta las fechas de nuestro estudio. No obstante, los presento para que otros que tienen datos diferentes u otras maneras de evaluar los datos aquí mencionados puedan tal vez confirmar o refutar estos posibles rasgos de la primera etapa del cristianismo africano.
1. Hay evidencia documentaria directa (constatada) e indirecta (inferida) de presencia cristiana y gnóstico-cristiana en el continente africano (concretamente en Egipto) en el período investigado:
a) consta la presencia de las escrituras canónicas en Egipto (aunque compuestas en otros lugares): definitivamente el Evangelio de Juan, probablemente las cartas paulinas (hacia fines de la época) y posiblemente el evangelio de Mateo.
b) consta la presencia de otros escritos cristianos o gnóstico-cristianos, algunos de estos, por lo menos, probablemente escritos en Egipto en ese tiempo; había probablemente también la obra de redacción cristiana (reelaboración, glosas) de apócrifos judíos en el mismo marco cronológico y geográfico. Entre las obras que propongo como representativo de Egipto en esta época son: la llamada carta de Bernabé, el Evangelio según los Hebreos, el Evangelio según los Egipcios, el Evangelio (o Tradiciones) de Matías, la Exegética de Basílides, y el Apocalipsis de Pedro.
2. Consta un elevado nivel de contactos y vínculos personales y documentales entre el cristianismo naciente en África y el de otros puntos de la cuenca mediterránea, y en forma creciente (en cuanto las evidencias seguras que han llegado hasta nosotros).
a) Los evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles (y la tradición muy discutible transmitida por Eusebio de Cesarea) revelan un vínculo temprano entre Cirenáica por un lado y Palestina, Chipre y Antioquía por otra.
b) Pablo, Hechos e Irineo establecen contactos también muy tempranos en esta época entre Alejandría; Asia Menor y Acaya.
c) Hay un cierto acopio de documentos de diferentes sitios en el valle del Nilo y probablemente Alejandría contemporáneamente o aún antes: papiros de las Escrituras, fragmentos del Pastor de Hermas, el Adversus Haereses de Irineo y muchas obras gnósticos de origen foráneo ya por el año 200 d.C.
d) Los contactos se incrementan notoriamente en el período que sigue al que estudiamos aquí, especialmente entre los grandes maestros y sus discípulos, sean ortodoxos o heterodoxos, pero probablemente ya en nuestro período comenzaron sin dejar tanta huella.
3. El cristianismo primitivo en el continente africano fue marcado por un pluralismo a nivel doctrinal-cúltico que en el principio se vivía pacíficamente e incluso tendía al sincretismo. Hacia fines del período que nos ocupa comienza un deslinde entre la ortodoxia y heterodoxia, y se consuma la división entre judaísmo y cristianismo. Cismas propiamente dicho entre cristianos sólo aparecen en el continente africano en tiempos de Tertuliano.
a) La convivencia pacífica entre los diferentes grupos es atestiguada por la arqueología de residencias, cementerios y centros de culto; además, por la ausencia de tratados polémicos en Egipto hasta el año 130 (Bernabé y la refutación de Basílides por Agripa Castor).
b) El sincretismo es evidenciado por la carta de Adriano a Serviano y por la conducta de los/las discípulos/las de Carpocrates en Roma pocos años después del cierre de nuestra época.
c) Al cierre de este período comienza una etapa de bastante enfrentamiento que he llamado un “deslinde” entre diferentes grupos religiosos relacionados con el cristianismo (judaísmo, la corriente que se definirá como “ortodoxa”, y grupos heterodoxos reclamando su identidad cristiana, etc.). Esto se ve tanto en documentos polémicos de origen extranjero pero presente en Egipto (Adv. Haer. ) como obras de origen africano que a partir de Bernabé y la refutación de Basílides por Agripa Castor, se hacen cada vez más frecuentes, especialmente al fin del s. II; pululan las obras “Contra Fulano” y las exposiciones doctrinales “Sobre tal o cual aspecto de la fe”.
4. El estilo de cristianismo que parece haber predominado en Egipto, especialmente en la ciudad culta de Alejandría, era un cristianismo sapiencial, caracterizado por:
a) la elocuencia sagrada/predicación docta y la búsqueda de la sabiduría (Apolo), el acercamiento a lo filosófico (Basílides, Isidoro), y especialmente en Alejandría se cultivaba la interpretación literaria de Filón (cuyo representante más famoso es Orígenes, pero que debe haber sido transmitida a lo largo de los dos primeros siglos cristianos)
b) un enfoque ético representado por algunos apócrifos judíos muy populares entre los cristianos, José y Asenet y el Testamento de Job; por los cuadros escatológicos del Apocalipsis de Pedro, y posteriormente, por las Sentencias de Sexto y la Enseñanza de Silvano
c) la frecuencia de temas sapienciales (el sufrimiento, Sofía y el sabio, la inmortalidad/destino eterno; Cristología del logos ) y el uso de géneros típicamente sapienciales (como dichos o sentencias, novelitas edificantes, y el discurso sobre los “dos caminos”).
5. La situación social de las primeras comunidades cristianas en África, (no obstante la probable presencia de algunas personas pudientes) parece haber sido principalmente:
a) de gente pobre: las afirmaciones de Celso parecen coincidir con lo que sabemos de los mártires escilitanos: gente humilde, campesinos, pequeños comerciantes...; solamente en tiempos de Tertuliano se afirma que los cristianos son de todos los estamentos sociales y que llegan a los más altos puestos; Clemente de Alejandría, al comienzo del siglo III d.C., tiene que dar una apología por los cristianos ricos en términos diametralmente opuestos a los del Pastor de Hermas a mediados del s. II; su obra El Pedagogo es la primera obra escrita en África para la clase alta;
b) marcada por una valoración del trabajo manual o artesanal, rasgo característico de los alejandrinos (Carta de Adriano a Serviano ) pero que aquí adquiere un valor evangélico (Bernabé, Evangelio de los Hebreos, y posteriormente, Oxyrynchus 1 y las labores forzadas mencionadas por Tertuliano al hablar de la deposita pietatis );
c) y una solidaridad eficaz que se ve realmente impresionante en la descripción de la deposita pietatis en el Apologeticum de Tertuliano; pero el hecho que ya el Nuevo Testamento conoció colectas para los pobres de Jerusalén, hospitalidad para con los forasteros y solidaridad con los encarcelados sugiere que los cristianos africanos en tiempos de Tertuliano no inventaban sino continuaban la práctica cristiana de tiempos de San Pablo. Entonces podemos suponer que esta solidaridad eficaz se venía practicando desde los comienzos de la fe cristiana en África. (Cf. las sección moral de la carta de Bernabé ).
6. Pongo a continuación algunos rasgos probables del cristianismo africano durante el primer siglo d.C., pero que no veo sostenible afirmar ateniéndose a los datos que tenemos a mano. Pero son rasgos seguros para el cristianismo africano de una época posterior, y es fascinante especular sobre su posible origen en el primer siglo de cristianismo en el continente:
a) Los comienzos del proceso de la formación de un “canon” bíblico, ya evidenciado en otros lugares durante nuestra época, y en África a partir de fines del s. II (p46 p45; actas de los mártires de Escili) y la primera traducción de las Escrituras cristianas al latín (la vetus latina ) ciertamente atestiguada hacia fines del s. II en África proconsular (Acta de los mártires de Escili, Tertuliano; posteriormente Cipriano de Cartago).
b) Una preocupación con el bautismo: lo deducido al respecto de nuestro análisis de 1 Co y Hch 18-19; ¿tiene alguna relación con los siguientes datos? Bernabé y el Evangelio según los Hebreos lo destacan; Clemente Alejandrino cita a Teodoto (discípulo alejandrino de Valentín) sobre el bautismo, y en ciertas obras gnósticas que circulaban en Egipto Juan el Bautista tenía precedencia sobre el mismo Cristo porque “el bautismo de Juan” es el que realmente valía, y Cristo era un falso Mesías, el “Cristo de la nada”... Luego, Cartago es el sitio de mayor desarrollo temprano de la doctrina de este sacramento: Quintilla ataca la práctica cristiana del bautismo, y recibe su respuesta en el De Baptisma de Tertuliano (primera obra sobre el tema y único tratado sacramental preniceno); pocos años después tenemos las importantes conclusiones dogmático-pastorales del 1º Concilio de Cartago sobre el bautismo de los herejes...
c) La presencia de una opción célibe promovida por la comunidad cristiana, tanto en círculos ortodoxos en forma equilibrada, como en círculos gnósticos bajo la forma del encratismo: ¿habría una continuidad histórica entre la vivencia del celibato por los Terapeutae (confundidos con los cristianos por Eusebio...) y José y Asenet con el Evangelio según los Egipcios, el caso raro del alejandrino cristiano (“uno de los nuestros” c. 150 d.C.) mencionado por Justino y la tradición pro-célibe de Clemente, Orígenes, el Testimonio de la Verdad, y el Evangelio según Tomás ?
d) El lugar social de las mujeres el cristianismo primitivo en África es un tema que reclama mayor estudio. En el período siguiente al de nuestro estudio hemos visto la igualdad de las mujeres con los varones, e incluso su preeminencia como en el caso de los mártires de Cartago (el alegre y hermoso testimonio de Perpetua), constatación de la presencia de mujeres en ministerios eclesiales (Tertuliano y Clemente A.), y el papel reivindicativo-contestatario de la mujer en los evangelios gnósticos (Evangelio de los Egipcios y otros), que a la vez rebajaban la dignidad de la mujer por su desprecio de la sexualidad en general y del sexo femenino en particular. Parece que a pesar de todo las mujeres desempeñaban un papel importante en dichos grupos heteredoxos. Probablemente un paciente análisis de los documentos y datos, utilizando los métodos de la lectura feminista (sospecha ideológica, etc.), podría empujar más allá de mis conclusiones el conocimiento del lugar de la mujer en este poco conocido capítulo de la historia del cristianismo.
e) Las persecuciones y el martirio, No tiene ningún apoyo documental ni inferencial para África antes de 180 d.C. No así para otras partes del mundo cristiano en esta época (Ignacio de Antioquía, persecución de Bitinia) y medio siglo después de nuestro período tanto en África (mártires de Escili, de Cartago, de Alejandría y la Tebaida) como en Europa (Policarpo, Justino, mártires de Viena y Lyon), Sí hay evidencias de persecuciones de judíos en Egipto y Cirenáica en varias ocasiones, pero su situación social y los motivos de antipatía son muy diversos entre judíos y cristianos. Sería pura especulación y cosa muy atrevida retroproyectar un fenómeno tan dependiente de los cambiantes vientos políticos medio siglo para atrás. Lo único que pudimos establecer para nuestro marco cronológico al respecto es la política oficial del Imperio respecto a los cristianos, siguiendo el estudio de Ruiz Bueno mencionado en el acápite correspondiente.
Bibliografía Básica
de Santos Otero, A. Los Evangelios Apócrifos edición crítica y bilingüe B.A.C. 148. Católica, Madrid 1991 781pp.
Fernández Sangrador, J.J. Los Orígenes de la Comunidad Cristiana de Alejandría. Plenitudo Temporis 1 Universidad Pontificia Salamanca 1994, 233pp.
Hamman, A. La vida cotidiana de los primeros cristianos Palabra, Madrid 1985 (origen francés) 293pp.
Hoornaert, E. La Memoria del Pueblo Cristiano Teología y Liberación serie 1, tomo 3. Paulinas, Buenos Aires 1985 (origen portugués, Sao Paolo, CESEP, 1986).
Quasten, J. Patrología, I B.A.C. 206 Católica, Madrid 1961
Vidal Manzanares, C. Los Evangelios Gnósticos Martínez Roca, Barcelona, 1991. (introducción general al gnosticismo pp. 17-59)
Veilhauer, P. Historia de la Literatura Cristiana Primitiva. Sígueme, Salamanca 1991.
Tomás Kraft O.P.
Estudiantado Dominico
Convento San Alberto Magno
Apartado 2999
Lima, PERU
Escuela teológico-catequética de Alejandría con la cual se asociaron sucesivamente Panteno, Clemente de Alejandría y Orígenes.
Las actas de los mártires nos dan evidencias además de la implantación del cristianismo en las zonas rurales aledañas de ambos centros urbanos.
Aunque probablemente escrito en el S. II d.C., y casi seguramente de origen sirio, tiene relevancia para nuestro tema principalmente porque es atestiguado en Egipto por varios papiros griegos de Oxyrhynchus fechados por el año 200 d.C. y poco después es mencionado también por Orígenes. El texto completo tenemos sólo en idioma copto, de la colección de Nag Hammadi, aunque los fragmentos griegos de los papiros mencionados representarían una versión más antigua y menos gnóstica. Un buen estudio: M. Alcalá, El Evangelio Copto de Tomás: palabras ocultas de Jesús Sígueme Salamanca 1989.
A. Hamman, La vida cotidiana de los primeros cristianos Palabra, Madrid 1985 y E. Hoornaert, La Memoria del Pueblo Cristiano Paulinas, Buenos Aires 1985
Tertuliano en Cartago recoge, conoce y comenta muchas obras de otras partes; asimismo Clemente y sobre todo Orígenes en el Didaskaleion hacen otra monumental recolección y evaluación crítica de obras de todo el mundo cristiano de ese entonces.
En este plano la obra maestra de Ireneo Adv. Haer. (ca. 185 d.C.), también atestiguado en Egipto por el papiro Oxy 405 (s. II/III), es la más notoria entre las hoy existentes. Otros muchos padres de la Iglesia hicieron cosas semejantes, por ejemplo Justino, 30 años antes que él, pero desgraciadamente sus obras se han perdido.
Agripa Castor escribió la primera y más contundente refutacion a la obra de Basílides -hoy perdida- probablemente antes de 150 d.C.
Esta feliz expresión es de JJ Fernández: op.cit. 177-180
el corpus filosófico-exegético de Filón; José y Asenet (apócrifa judía probablemente escrita antes de la persecución de Trajano 117 d.C., y muy popular entre los cristianos de Egipto por su temática susceptible de interpretación cristiana), los evangelios gnósticos de Matías y de los Egipcios; y obras compuestas hacia fines de este período: las Sentencias de Sexto, el Testimonio de la Verdad, y las Enseñanzas de Silvano. Estas tres últimas tienen carácter netamente sapiencial.
Cf. la descripción muy equilibrada y muy documentada de Hamman, op. cit. 47-53. Hoornaert sobre el mismo tema me parece más unilateral.
En su Apología 39,7, Tertuliano explicita que se utilizaba para sustentar a huérfanos, dar el dote a chicas pobres para que se puedan casar, sostener y enterrar a los indigentes, socorrer a los naúfragos, liberar a los esclavos, atender a los desterrados, y aliviar a los que sufrían trabajos forzados en las montañas, las islas y las prisiones por causa de su fe, es decir, a los “confesores”.
Más radical todavía en esta línea es el gnóstico “Evangelio de María [Magdalena]” donde María Madgalena ha recibido revelaciones secretas de Jesucristo que no fueron dadas al mismo Pedro (símbolo de la Iglesia jerárquica), en papiros del s. II en Egipto, pero de procedencia no determinada.
Justino, Apología I, 29,23. El incidente ocurrió en tiempos de la prefectura de Minucio Féliz (151-154 d.C.), y por tanto poco después del cierre de la época que nos concierne.
Tanto Hamman como Hoornaert en sus obras citadas en la bibliografía desarrollan extensamente y en forma complementaria los datos de Celso.
J.J.Fernández Sangrador Los Orígenes de la Comunidad Cristiana de Alejandría. Univ. Pontif., Salamanca 1994, 43-53.
Estoy consciente de lo relativo de esta lista; el libro citado de JJ. Fernández (op cit.) muestra la tremenda diversidad -hasta diría capricho- de los investigadores respecto a la asignación de estos documentos “huérfanos” de época y lugar. Además remito al lector a las precisiones hechas en el cuerpo del artículo; algunos documentos tienen “dobles” en Nag Hammadi con los cuales no hay que confundirlos. Otros documentos cercanos a este tiempo o posible para estos lugares serían: el Papiro Egerton, el Evangelio de Tomás (aunque no originario de Egipto), el Evangelio de la Verdad, el Protoevangelio de Santiago, las Sentencias de Sixto en su reelaboración cristiana,y la Ensenanza de Silvano
Además del trigo exportado a Roma, era famoso por sus industrias locales de lino, vidrio y sobre todo papiro, y se comerciaban en el puerto de Alejandría marfil de Africa, gomas y especies de Arabia, algodón y seda de la India (Cf. Eduardo Hoornaert, La Memoria del Pueblo Cristiano, Paulinas, Buenos Aires 1986. 128-138; A. Hamman, La vida cotidiana de los primeros cristianos Palabra, Madrid 1985, 23). Según el rescripto de Adriano a Serviano (reseñado abajo, pp 14-15, texto completo en D. Ruiz Bueno, Actas de los Mártires Católica, Madrid 1962. 250-251) los alejandrinos eran muy trabajadores.
Según Filón (In Flaccum 6 y 8), en todo Egipto había un millón de judíos: 12% de la población total.
Sobre el políteuma, cf. R. Trejivano Etchevarría, Orígenes del Cristianismo: el trasfondo judío del cristianismo primitivo. Univ. Pontificia, Salamanca 1995, 93-97. En la comunidad cristiana, por el contrario, nada de eso, ni en Europa ni en Africa. El famoso texto del Discurso a Diogneto (cap. 5) elevó a nivel de principio esta realidad: los cristianos no tienen aquí ninguna patria.Por lo que concierne el territorio que estudiamos aquí, Tertuliano en su Apoogética (42) dice esencialmente lo mismo.
Por ejemplo: el despojo de 3,000 judíos ricos de Cirenáica después de la victoria romana en Palestina, y por otro lado una sublevación de judíos pobres en el desierto, convocada por el zelote Jonatán y aplastada por los romanos por la misma época. R. Trejivano Etchevarría, Orígenes del Cristianismo: el trasfondo judío del cristianismo primitivo. Univ. Pontif., Salamanca 1995, 96 y JJ Fernández, Los Orígenes de la Comunidad Cristiana de Alejandría, Univ. Pontif., Salamanca 1994. 135
JJ Fernández, Los Orígenes de la Comunidad Cristiana de Alejandría, Univ. Pont., Salamanca 1994. 129
En este artículo utilizo los términos “Africa”y “africano/a” en su sentido moderno (referentes al continente); cuando los utilizo en el sentido clásico de la provincia romana siempre van acompañados del calificativo”proconsular”. Alrededor de 300 d.C., la parte correspondiente a la actual Libia fue desmembrado de esta provincia proconsular para formar la Tripolitana (A. Hamman, La vida cotidiana de los primeros cristianos Palabra, Madrid 1985,253, n 44).
Ver el estudio interdisciplinar de J. Feron y G. Lapeyre, “Carthage” en Dictionnaire d'Histoire et de Geographie Ecclésiastique, XI, 1179-1811. Sobre los primeros siglos cristianos en Cartago, ver los apuntes de Eduardo Hoornaert, La Memoria del Pueblo Cristiano, Paulinas, Buenos Aires 1986. 124-128.
Ver un buen resumen (breve) sobre los orígenes de cristianismo en Etiopía en Eduardo Hoornaert, La Memoria del Pueblo Cristiano, Paulinas, Buenos Aires 1986. 128-138.
“Hechos” menciona a judíos alejandrinos y cirenenses -probablemente incluyendo a judíos creyentes en Cristo- (Hech 2,10; 6,9); cristianos cirenenses expatriados (Hech 11,20; 13,1; cf. Mc 15,21); Apolo de Alejandría (Hech 18,24-28); el eunuco etíope (Hech 8,26-40); y se supone tripulación alejandrina testigo de los hechos de Pablo en los barcos alejandrinos que lo llevaron cautivo hacia Roma (Hech 27,6; 28,11).
Hech 2,10 se revela, bajo un análisis detallado, como lista literaria, y no reportaje de un censo; en Hech 6,9 se trata de un dato fiable pero que concierne directamente a judíos y no a cristianos (sinagoga de alejandrinos y cirenenses); Hech 8, aunque parece dar detalles de un episodio histórico, es, según Luis Alonso Schökel, un relato metahistórico:
“Con rasgos realistas, en un escenario irreal, se encuentran y se separan dos personajes. Lo que están representando es otra apertura trascendental de la Iglesia.
La acción se mueve desde fuera, un poco ex machina: un ángel del Señor da órdenes, el Espíritu manda, el Espíritu arrebata (26.29.39)... Un símbolo unitario de fecundidad gobierna el relato: del terreno “desierto” brota una fuente de “agua” vivificante; del libro incomprensible brota un sentido que ilumina y transforma; el estéril recobra nueva vida.”
Biblia del Peregrino, Ed. de estudio. III, 3213-22.
Dicho sea de paso que el modelo de prédica de Esteban en esta sinagoga (Hech 7) muestra un mensaje bien “inculturado” porque se cierne casi exclusivamente a una interpretación de la historia de los israelitas en Egipto (la raíz ocurre 15 veces en 31 versículos).
Aquí el texto occidental (D gig) tiene: “...instruido en su tierra natal en la Palabra del Señor”, lo cual indicaría tal vez (si se entiende de instrucción cristiana ) la existencia de comunidades cristianas en Alejandría a mediados del 1º siglo d.C. Sin embargo, a excepción de Boismard y Lamouille (J.J. Fernández, ibid., 34 n.6), los expertos en las recensiones bíblicas no dan mucho peso a este variante.
o “ayudó mucho por la gracia a los que habían abrazado...” (cf. nota en la versión Cantera-Iglesia)
Nótese que a continuación de esta perícopa, en Hech 19,1-7, se menciona también un grupo de discípulos en el mismo lugar (Éfeso) que sólo conocían el bautismo de Juan. Se puede suponer que tenían algo que ver con Apolo (que en el capítulo anterior “había llegado a Éfeso”). Sugiere que existía todo un movimiento con los rasgos teológicos que Hechos atribuye a Apolo. ¿Habría que asociar con esta corriente también la figura de Cerinto, egipcio de tendencia gnóstica que actuaba en Asia Menor (especialmente Efeso) en oposición a Pablo, en la segunda mitad del s. I d.C.? Idea tentadora...
A no ser que fuera al revés, es decir, que Antioquía fuera evangelizada no sólo por algunos naturales de Chipre y de Cirene (Hech 11,20), sino desde alguna(s) comunidad(es) cristiana(s) ya implantada(s) en Africa.
Es la conclusión a que llega J.J. Fernández (op cit., 167-172) después de un paciente y crítico análisis de las fuentes documentales y arqueológicas. También me parece acertada su opción metodológica de hablar de “corrientes antes que de personajes históricos cuya actividad misionera o apostólica es imposible controlar desde un punto de vista estrictamente histórico.” (ibid., 105)
Utilizo este anacronismo conscientemente porque es útil para nuestro propósito: destacar el conocimiento y uso/abuso de aquellos escritos que más tarde llegarían a ser designados “canónicos”.
p52, descubierto en Oxyrhynchus, y de identificación cierta, fechado alrededor de 125 d.C. por Sanchez Caro (coord.), Introducción al Estudio de la Biblia, I “La Biblia en su entorno” Verbo Divino/Inst. S. Jerónimo, Estella 1990. 517
p66 (que contiene, con algunas lagunas, Jn 1-21), fechado 200 d.C.
Recuérdase el lector que juega mucho el azar en el descubrimiento de papiros: fácilmente un texto podría haber sido difundido en Egipto durante 20, 30 o hasta 50 años antes de la fecha en que haya sido escrito un papiro particular que tenga la suerte de ser enterrado delicadamente en la arena seca y desenterrado intacto 1800 años más tarde, cayendo justamente en manos de expertos capaces de leerlo y valorarlo!! Por eso, un testimonio como p52 no sólo demuestra que existía una copia de estos versículos en todo Egipto, sino que probablemente ya circulaban por allí copias del texto entero desde algún tiempo. Esta conclusión se ve apoyado por el hecho de que p52 es hoja de un códice, que significa que era parte de un libro, el nuevo estilo de presentar documentos popularizado por los cristianos.
p46 = corpus paulinum Heb; p32 = Tito. La Carta de Policarpo a los Filipenses (130-140 d.C.) demuestra la preocupación del obispo de Esmirna de recoger y difundir las cartas tan beneficiosas de Ignacio de Antioquía (Polic. Fil. 13,2); es un indicador del interés que debe haber existido unas generaciones antes respecto a las cartas de Pablo. No es, pues, nada extraño que haya llegado ya a Egipto la colección de las cartas paulinas. Cf. también la mención inequívoca de “las cartas de Pablo, hombre justo” en el proceso verbal de los mártires escilitanos en la zona de Cartago en 180 d.C
p45, que contiene en orden pero con grandes lagunas el texto de los cuatro evangelios y Hechos, desde Mt 20 hasta Hech 17. Es un importante testimonio de la formación del canon, pero es un siglo o más posterior al período que estudiamos aquí. La referencia de Ireneo está en Adv. Haer. III, 11.
Por ejemplo, Heracleon, discípulo de Valentín que vivía algún tiempo indeterminado en Alejandría, escribió el primer comentario sobre el Evangelio de Juan, citado 48 veces por Orígenes.
Cf. Johannes Quasten, Patrología Católica, Madrid 1961, I, 248.
Sesenta años después de la época que nos concierne, Tertuliano tratará de quitar toda validez a los argumentos de los herejes diciendo que su recurso a las Escrituras cristianas es inválido porque no les pertenecen (De Praescrip. Haer., c. 200 d.C.), lo cual, sin embargo, muestra que desde hacía tiempo dichos grupos apelaban de una manera u otra a las Escrituras cristianas para fundamentar sus propias doctrinas.
Citado por Eusebio de Cesarea, Hist.Ecl. IV,7,9-11.
Posiblemente Valentín no era todavía tachado de “hereje” cuando vivía en Alejandría (Ireneo dice que enseñaba allí en tiempos de Adriano Adv. Haer. ), porque solamente después de estar unos años en Roma (pos 140 d.C.) se produjo su ruptura con la iglesia católica. Tertuliano e Ireneo mencionan un evangelio escrito por Valentín, que podría ser el “Evangelio de la Verdad” encontrado en la colección de Nag Hammadi (I,3), que trataremos en la 3ª sección del presente artículo, por ser probablemente del siguiente período y de otro lugar.
No hay que confundir este texto conocido a través de las citas que de él hace Clemente Alejandrino con otro del mismo nombre descubierto en Nag Hammadi, más extenso y equivocadamente llamado así, que no parece tener relación con éste, ni tener nada de bíblico ni siquiera de cristiano. Escribe Veilhauer sobre el texto que nos interesa: “Los fragmentos de Clemente [de Alejandría] demuestran asimismo hasta la saciedad que [...] con su tendencia ascética (“encratita”), con la concepción dualista subyacente del mundo y del hombre y con la soteriología correspondiente nada tiene que ver con la predicación de Jesús ni con la de todo el Nuevo Testamento, sino que pertenece al ámbito de la gnosis...” Historia de la Literatura Cristiana Primitiva. Sígueme, Salamanca 1991. 693.
Es diferente del documento del mismo nombre en la colección de Nag Hammadi.
a) las obras gnósticas generalmente son de carácter esotérico y no circunstancial (a diferencia de las cartas paulinas), de manera que es difícil reconstruir la vida de estos grupos a partir de sus escritos; b) por eso mismo, sus fechas de composición suelen ser muy difíciles de precisar; c) la ubicación geográfica de su composición está igualmente abierta a las más variadas posibilidades; d) la autenticidad de la atribución a Basílides en el caso del primer documento mencionado, o la identidad del autor de la segunda obra no está muy clara; y finalmente e) el porcentaje del total de estas dos obras que los fragmentos hoy existentes representan es tan pequeño que hace falta ser muy cauteloso al momento de sacar conclusiones de ellas: se trata de unas 10-20 líneas del “Evangelio (o Tradiciones) de Matías” y varias perícopas del “Evangelio según los Egipcios”.
“Por 'egipcios' deben entenderse los provincianos de Tebaida y de Libia, en contraposición a los egipcios de la capital (Alejandría).” A. de Santos Otero Los Evangelios Apócrifos 2 BAC, Madrid 1991. 53
Dice Fernández respecto a este documento: “...podría reflejar el ambiente en Alejandría en el año 130, pero existen serias dudas acerca de la identidad del autor de la carta, por lo que ha de ser aceptada con cierta reserva. Bien es verdad que la noticia acerca de ese entreverado de cristianos, judíos y otras corrientes religiosas resulta llamativa, sobre todo en lo que se refiere al cristianismo, pero hay que reconocer igualmente que, en algunos de los asuntos tratados en la carta, el autor no se aparta un ápice de la verdad histórica y, así, por ejemplo, cuando describe el ambiente de la ciudad o el carácter de los alejandrinos lo hace, según las noticias que se tienen por otras fuentes, con gran exactitud.... Es, por tanto, digna de ser tenida en cuenta como fuente documental.” (JJ Fernández, Los Orígenes de la Comunidad Cristiana de Alejandría, Univ. Pontif., Salamanca 1994, 37)
Citado en la nota 20 en J.J. Fernández, ibid., 37.
Cf. las investigaciones arqueológicas presentadas por JJ. Fernández en su libro (ibid., 115-124), y sobre Cartago y Hadrumeto, Hamman, La vida cotidiana de los primeros cristianos Palabra, Madrid 1985, 21, n. 58.
mencionado por Ireneo en Adv. Haer I,25,6; probablemente refiere a Marcela, discípula de Carpócrates en Roma a quien Ireneo puede haber conocido personalmente.
Stromata, III, 2, 5-9, escrito menos de un siglo después de Carpócrates.
Cf. el análisis de la tesis de Bauer y de su refutación por Barnard, en JJ. Fernández, op. cit., 84-93. Vielhauer, (Historia de la Literatura Cristiana Primitiva. Sígueme, Salamanca 1991. 693) hace notar que Bauer publicó su estudio un año antes de la publicación de p52, por la que sus conclusiones, tal vez legítimas para la información tenida a ese entonces, tienen que ser revisadas profundamente.
cuya redacción final es discutida (¿judía o cristiana?; ¿dónde?), probablemente en la segunda mitad del siglo primero d.C. pero de todas maneras valorado en Africa en los siglos venideros porque fue incluido en el canon copto (de la Iglesia de Abisinia).
Vielhauer (op cit 634) piensa zanjar la cuestión de lugar de composición, largamente debatida, al mostrar que la idea equivocada que tiene la carta sobre la circuncisión de “todos los sacerdotes paganos” (Bern 9,6) solamente sería posible desde Egipto, donde efectivamente todos los sacerdotes paganos se circuncidaban. (Los argumentos anteriores solían partir del carácter alegórico del escrito, que eran más bien argumentos de conveniencia; el argumento de Vielhauer es más fuerte, pero, en fin, la acogida que le dan los expertos dirá si convence o no.)
Did 1,5-6; 4,5-8 || Bern 19,9.11 (limosna); Did 4,8 || Bern 19,8 (comunidad de bienes); Did 5,1-2 || Bern 20,1-2 (obras del camino de tinieblas: oprimir a los pobres, no atender a los huérfanos y viudas, ser abogados de los ricos/jueces injustos de los pobres); Did 12,3-5 (ociosos que son “traficantes de Cristo); Did 13,3-7 (ofrendas de las primicias); Bern 19,10 (valoración del trabajo manual como igual al ministerio de la Palabra para el rescate de los pecados).
Ambas citas en de Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos Católica, Madrid 1991, 40-41 (ofrece un elenco agotador de citas patrísticas que “reconstruyen” hasta donde sea posible el texto del evangelio).
D. Ruiz Bueno, Actas de los Mártires Católica, Madrid 1962. 76-101 (evidencias del Institutm Neronianum) y análisis de textos oficiales, 241-247 (Trajano) y 251-257 (Adriano)
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