
Economía y poder en Isaías 1-39
La palabra de Isaías y sus relecturas
J. Severino Croatto
Resumen
Las dimensiones política, económica y social son extremadamente relevantes en el pensamiento profético. Suele destacarse el contenido social de los libros proféticos. Pero no son menos importantes la instancia política y la económica, esta última menos trabajada exegéticamente. En este ensayo se estudian especialmente los efectos económicos (y ecológicos) de las invasiones militares mesopotamias en el texto de Isaías, usando material comparativo de la literatura épica de Babilonia y de los anales asirios. También se analiza el lenguaje simbólico de destrucción económica en los oráculos de castigo del mismo libro (en Isaías 1-39 es recurrente el léxico de “despojo/devastación/desolación” para expresar el castigo, o de “zarzas” y “espinos” como doble metáfora de recesión económica).
Abstract
Extremely relevant are the political, economic, and social dimensions in prophetic thought. The social emphasis of the prophetic books is usually highlighted, but the political and economic instances are no less important. Using comparative material from Babylonian epic literature and assyrian annals, this essay, deals especially with the economic (and ecological) effects of the mesopotamian military invasions in the book of Isaiah. The symbolic language of economic destruction in the punishment oracles of Isaiah is also analyzed.
1. Introducción
En una primera aproximación, parece irrelevante el tema de la economía en un libro bíblico. En el caso de los profetas, se podría pensar que su mensaje tiene que ver con las realidades espirituales o con la escatología. Es poco común encontrar lo económico como tema de estudio en los trabajos especializados. Se puede observar, también, respecto de los textos que analizaremos, que los comentarios por lo general no prestan mucha atención al lenguaje económico, a veces implícito, a veces muy claro, que precisamente les da fuerza.
El profeta, en efecto, está tan sumergido en la realidad concreta de su pueblo que en ella - aun reinterpretando la tradición - sabe leer la presencia siempre nueva del ‘Dios de la historia’ que es el Yavé de Israel .
Es verdad, por otro lado, que la isotopía del poder es mucho más representativa que la económica, pero tampoco ella suele ser elaborada analíticamente en la exégesis corriente. Es fácil darse cuenta, sin embargo, que ambas instancias están íntimamente relacionadas entre sí. El poder crea “posibilidades” económicas, y viceversa, las condiciones económicas dan acceso a posiciones de poder. Lo que observamos en nuestro mundo lo reflejan los textos bíblicos, especialmente los proféticos. Apenas uno abre el libro de Isaías , se encuentra con una fuerte crítica del culto inauténtico (1,10-20). Pero mirado de cerca el pasaje, aparecen con especial relieve las dimensiones política, económica y social, de esta manera:
Primero, la acusación no es dirigida al pueblo en general (como podría aparecer en el v. 3) sino a los “regidores de Sodoma/pueblo de Gomorra”, una apelación metafórica de la clase dirigente de Jerusalén. Se trata de los poderosos.
Segundo, el texto se deleita en cierta manera en hablar de sus “muchos” sacrificios (v. 11a), de “vuestros novilunios y vuestros encuentros (cúlticos)” (v. 14a) y destaca la variedad de acciones litúrgicas, siempre en plural, para indicar la abundancia, hasta el exceso, de los actos cultuales (v. 12a “¿quién lo ha solicitado...?”). No se está hablando de aquellos que apenas tienen para ofrecer un par de tórtolas sino de los acomodados.
Tercero, y por otro lado, la fuerte interpelación (¡con nueve verbos de acción!) de los vv. 16-17 termina con claras referencias a la injusticia social.
De ahí que situación de poder, solvencia económica e injusticia social, son tres instancias inextricablemente bien tejidas en el oráculo inicial y programático mencionado.
Esta introducción nos sirve de motivación para el análisis.
Con el fin de no dispersarnos en los textos proféticos, delimitaremos este estudio al
1 Isaías (1-39). No se trata de hacer un relevamiento de todos los pasajes del corpus profético, ni siquiera de todo el largo libro de Isaías, sino de destacar una manera de leer los textos bíblicos, y mostrar una tipología de la tematización de lo económico que sirva para leer el resto de Isaías y los otros libros proféticos. De hecho, la sección de Isaías 1-39 contiene un material “económico” más extenso y variado que las otras dos (40-55 y 56-66) .
2. Las prácticas de opresión
Hay que distinguir dos causas de la opresión económica y social vivida por Israel. Está, por un lado, la experiencia de dominación imperial (desde el período neoasirio {c.930-610}, que coincide con casi toda la época monárquica) y, por el otro, la explotación interna, de los poderosos sobre los débiles, de la ciudad sobre el campo. Es notable el hecho de que la crítica profética ataca los dos frentes, pero de forma cualificadamente diferenciada. La dominación externa (cuyos efectos económicos vamos a señalar) puede ser parte del proyecto de Yavé cuando quiere castigar el pecado de su pueblo, que la mayoría de las veces se ubica precisamente en la misma instancia de la opresión de un sector sobre otro. Pero esa misma dominación es fuertemente negada como “desmesura” imperial cuando Yavé quiere salvar a su pueblo. Vemos por ejemplo que Asiria es el “bastón” y la “vara” de Yavé para castigar a Judá (Isaías 10,5-6, junto con 7,18-20 y 8,7) pero en las relecturas posteriores Yavé mismo anuncia su ruina, por haberse extralimitado en su función (10,7-9.13-15 ).
Nunca, en cambio, aparece la opresión interna como instrumento de castigo. El caso no puede darse, 1) porque la opresión es efecto del poder y son justamente los poderosos los criticados, 2) o porque la “sociedad de Yavé” no puede admitir en su interior ninguna expresión de injusticia. Los hombres fustigados en 2,6-21 y las mujeres censuradas en 3,16-4,1, a quienes se les depara la invasión asiria en oráculos posteriores (ya desde 5,26-30) no son el pueblo en general sino las clases altas o pudientes de Jerusalén (ver más adelante en este estudio). Hay que pensar más bien que, siendo los acusados la instancia máxima de poder dentro de Judá, solo cabe una instancia externa para castigar, la del imperio de turno . En estos casos solamente, el lenguaje profético no ahorra palabras para expresar el desastre, lenguaje que, como veremos, expone al máximo la isotopía económica.
Ahora bien, si esto es así, debemos prestar especial atención a la situación económica que resulta de la presencia de los invasores externos en Judá. Leídos esos textos al revés y telescópicamente - llegando a las relecturas que los invierten - podremos apreciar cuánto la realidad económica importa en el programa salvífico de los oráculos proféticos.
Veremos, entonces, en un primer momento, el impacto económico de la presencia imperialista en la tierra de Israel o de Judá.
2.1. Lo que nos enseñan los textos del Oriente semítico
Cuando uno recuerda que en Mesopotamia no hay madera para la construcción como existe en las montañas del Líbano, del Amanus y en diversas regiones del litoral mediterráneo, comprende las implicaciones “político-económicas” de la epopeya de Guilgamés, cuyos protagonistas, el mismo Guilgamés y su compañero Enkidu, deciden hacerse famosos matando al guardián de la región de los cedros del Líbano, Júwawa. Téngase en cuenta que Guilgamés fue (y es en la leyenda en cuestión) un rey, en la ciudad meridional de Uruk en Mesopotamia. La epopeya tematiza el problema de la búsqueda de la inmortalidad y no habla de “conquista” sino de acciones heroicas de los protagonistas. Pero una lectura socio-analítica elemental del poema deja entrever lo que está “detrás” del texto, a saber, las prácticas de los conquistadores mesopotamios de hacer campañas militares en el norte de Siria y en la costa cananea (luego fenicia) con el fin de llevarse la mayor cantidad posible de madera de cedro y otros árboles de gran porte, útiles para la edificación de palacios y templos. El fin justificaba los medios... Los anales asirios nos informan cada tanto de esta clase de botín ‘económico’ de guerra que, junto con las estatuas de los Dioses “vencidos” y los cautivos, eran el resultado más apetecido y “glorioso” según la ideología de conquista entonces imperante. Veamos algunos ejemplos:
“Nunca (desde) la creación de los seres humanos, rey alguno entre los reyes había devastado el país de Armanum y Ebla . Ahora, el Dios Nergal [...] entregó Armanum Ebla en sus manos, haciéndole también el don de Amanus, montaña de los cedros, y del mar superior “.
Un informe del rey sumerio Gudea de Lagas (siglo XXII) nos dice que el rey “penetró en la montaña de los cedros, en la que nadie había entrado; cortó cedros con grandes hachas” , y en una de sus estatuas se lee que: “cuando estaba edificando el templo de Ningirsu, Ningirsu, su rey amado, abrió para él las rutas (comerciales) desde el Mar Superior hasta el Mar Inferior . En el Amanus, la montaña de los cedros, construyó jangadas con troncos de cedros de 60 codos (= c. 30 mts) de largo” .
En una inscripción grabada en la estatua del rey neoasirio Adad-nirari III (809-782), donde aparece la primera mención de Samaria y de un rey israelita, Joás (800-785), se consigna, entre otras cosas, que:
“Yo, Adad-nirari, rey poderoso, rey de la Totalidad, rey de Asiria {...} (recibí) el tributo de Joás el samario , del (rey) tirio y del sidonio; marché al gran mar, donde el sol se pone, y erigí una imagen de mi realeza en la ciudad de Arwad que está en medio del mar; subí a las montañas del Líbano y corté madera: 100 cedros maduros, necesarios para mi palacio y los templos...”.
Este texto tan elocuente exime de la necesidad de traer más pruebas de los propios textos asirios sobre las conquistas con fines económicos, sin ningún respeto por la conservación de la naturaleza o de las riquezas de otros países. Con esto podemos comprender las prácticas imperiales que están al origen de la leyenda de Guilgamés. La hazaña heroica de matar al guardián del país de los cedros, explícitamente identificado con la montaña del Líbano en la tableta IV:13’, tiene un segundo objetivo (primero en la intención), mencionado varias veces con la expresión “cortar los cedros” . La empresa termina, en un fragmento babilonio antiguo, con el gemido de los cedros y este final tan significativo:
“Guilgamés corta los árboles. Enkidu cava...(texto oscuro).
Enkidu le dice a Guilgamés:
‘{...} ¡Guilgamés, golpea a muerte los cedros!’.
{... sobre} la orilla del Éufrates,
{...} los cedros”.
Se trata seguramente de la tala de los cedros y de su transporte en balsas Éufrates abajo hasta Uruc. Los mitos y las leyendas, como sabemos, interpretan o trabajan sobre realidades significativas en un contexto determinado.
Tras estos breves comentarios sobre las prácticas imperiales de asirios y babilonios, podemos volver al texto de Isaías.
2.2. Los cedros del Líbano en el libro de Isaías
La importancia que tiene, por sus connotaciones económicas y políticas, el motivo literario del “Líbano” en el libro de Isaías se muestra especialmente en dos oráculos cargados de ironía referidos a las dos potencias que oprimieron a Israel durante la era monárquica. Las mismas son convertidas en paradigmas de otras ciudades / imperios en el nivel de la redacción del libro total de “Isaías”.
2.2.1. Oráculo sobre el rey de “Babilonia”
A la luz de lo señalado en 2.1 podemos entender la frase puesta en boca de los cipreses y cedros del Líbano en el gran oráculo contra el rey de Babilonia en Isaías 14,4b-23. Éste es presentado como un tirano arrogante (v. 4b), como lo era Guilgamés en la ciudad de Uruk , devastador de pueblos enteros. Al saber su caída, los árboles del Líbano exclaman:
“Desde que tú has caído, no sube el talador a nosotros” (v. 8b).
Lo único que resume la “experiencia” de cedros y cipreses respecto de los babilonios, es el haber sido talados. Por eso, el anuncio de la muerte del soberano imperial es ocasión de festejo: la muerte del destructor es signo de vida para los expuestos a la muerte por él.
Tanto en el poema de Guilgamés como en el libro de Isaías, los cedros del Líbano son una imagen de valores económicos. Es evidente que, hecha la traducción de la imagen al contexto palestino, las riquezas expropiadas por los babilonios no son necesariamente “árboles” sino todo producto de la tierra y del trabajo humano.
2.2.2. Oráculo sobre el rey de Asiria
En otra elegía, esta vez contra un rey asirio (37,22b-29), que por el contexto literario de los capítulos 36 y 37 es Senaquerib (cf 37,21b.22a), se pone en boca de éste una expresión de prepotencia megalómana:
“Con la multitud de mis carros yo mismo escalé la altura de las montañas, los extremos del Líbano; voy a cortar la cima de sus cedros, lo selecto de sus cipreses; entraré en la altura de su vértice (su última cumbre), su jardín del bosque. Yo cavé y bebí agua; y secaré con la planta de mis pies todos los brazos del Nilo de Egipto” (vv. 24ab-25).
La primera parte es equivalente a lo que subyace a la exclamación de 14,8b. Detrás de esta formulación de tono político está el interés económico por las materias primas del Líbano, imagen a su vez de todo país rico en bienes de la naturaleza. La segunda parte expresa la capacidad de destruir la economía de Egipto, basada en la única gran fuente hídrica que es el Nilo. En los dos casos, por lo tanto, el lenguaje sobre el “poder” apunta a efectos de orden económico. Las imágenes de “altura” y las acciones titánicas que aluden al agua expresan, en la instancia ideológica, la pretensión ‘divina’ del rey asirio (comp. 14,13-14), mientras que la referencia a los carros manifiesta la capacidad y el operativo militar de las conquistas .
Este díptico de elegías (tal es el género literario de 14,4b-23 y 37,22b-29, cf 14,4 y 37,22) manifiesta claramente la experiencia de distintas acciones de conquista mesopotamias que destruyeron la economía de Israel y de Judá. En la perspectiva de los redactores finales del libro, aquellas potencias destructoras tendrían otros nombres, como ‘Persia’ o ‘seléucidas’.
2.2.3. Transferencia de las imágenes
Veamos ahora cómo la imagen del “Líbano”, por sus connotaciones simbólicas de altura (nivel ideológico), riqueza (nivel económico), poder protector (nivel político), se traslada a otro referente, el de los sectores de poder de Jerusalén. Esta transferencia se hace, curiosamente, al final de un oráculo de juicio (10,1-4) y anuncio de castigo (10,33-34), en que el instrumento de Yavé es nada menos que Asiria (10,28-32). Cuando el invasor está a las puertas de Jerusalén (v. 32b), el profeta dice:
“He aquí que el señor Yavé Sebaot sacude el ramaje con estrépito. Los (árboles) altos de la cima (serán) talados, y los elevados quedarán bajos. Sacudirá las espesuras del bosque con el hierro, y el Líbano por uno valeroso caerá” (vv. 33-34).
Lo que, según los textos mesopotamios e Isaías 14 y 37, era la práctica de los conquistadores, en este oráculo lo hace el mismo Yavé. ¿Resulta ser él un nuevo opresor? Como estamos en el plano de las imágenes y de las metáforas, el referente del texto ya no está en la instancia económica (la destrucción de la naturaleza) sino en la social: se trata de las clases altas y ricas de la sociedad judaíta residentes en Jerusalén (la conexión del v. 32b indica que no se trata de Judá sino de Jerusalén, donde evidentemente no hay árboles como los descritos en los vv. 33-34).
3. Lo económico en la instancia socio-política
Sabemos que, en una formación social dada, las instancias económica, política, social e ideológica se condicionan o se refuerzan mutuamente; la última, en todo caso, es la que cobija, legitima y enmarca a las otras. ¿Cómo se textualizan estas correlaciones en la crítica de Isaías a la sociedad de su tiempo, o en las relecturas que actualizaron su mensaje?
3.1. Oráculos de juicio y castigo
Diversos oráculos isaianos de crítica y de destrucción se enuncian con lenguaje económico, lo que demuestra la importancia de la economía en la vida real.
3.1.1. La ruina económica
En la septena de “ayes” del capítulo 5 (vv 5-23, cf vv 8.11.18.20.21.22 ) la primera acusación se refiere a la expropiación de casas y campos de los pobres por parte de los poderosos, hasta quedar éstos como únicos residentes en el país (v. 8). El poder posibilita el enriquecimiento.
Ahora bien, la inversión que describe el v. 9, tematiza la ruina económica (casas desoladas y vacías, malas cosechas en los campos) pero deja entender la impotencia y la frustración de sus nuevos propietarios.
En Isaías 1-39 es recurrente el léxico de “despojo / devastación / desolación” para expresar el castigo. El contenido puede referirse a las casas, a las ciudades o al país mismo (1,7; 6,11; 17,9, respecto de Judá; 13,16, sobre Babilonia; 17,2, acerca de Transjordania; 17,9), pero es frecuente también la alusión al campo o a la adamá, como en 15,6; 16,8.9-10 (sobre Moab; 17,4-6 ).
3.1.2. De zarzas y espinos
En lugares clave del texto recurren los términos “zarza” y “espino” como doble metáfora de recesión económica. Observemos el juego de oposiciones:
En la canción de la viña (5,1-7) dice Yavé que la abandonará y que en su lugar “crecerá la zarza y el espino” (v 6ab ). Más adelante, en el oráculo compuesto de castigo que gira en torno a la figura del Enmanuel futuro (7,10-25) se anuncia la devastación de Judá por Asiria con una serie de cuatro “en aquel día” (vv 18.20.21.23); el último dice que:
“En aquel día
sucederá que en todo lugar donde haya mil cepas por mil piezas de plata,
para la zarza y el espino será” (v 23)
El pronóstico se refuerza señalando que “todo el país” será un matorral de zarzas y espinos donde solo con flechas y arcos se podrá entrar (v. 24); por el mismo motivo, tampoco se podrá entrar en los montes (v. 25).
De esta manera, “zarza y espino” sirve de metáfora para significar el abandono del trabajo agrícola (representado especialmente por el cuidado de las viñas) y de la producción (las cepas cotizadas a un buen precio esperado). Hablar de esta manera implica haber experimentado tanto el resultado positivo como el negativo de los empeños agrícolas.
En 9,17, en el medio de una fuerte crítica al reino de Israel, se compara la maldad a la zarza y el espino, que el fuego devora fácilmente. Un poco más adelante, Yavé mismo es descrito como fuego que arde y devora la zarza y el espino (10,17). En otra sentencia contra el reino del norte (17,4-6) – paralela a la dirigida contra el del sur (17,9-11) y en el centro de la antología de oráculos sobre las naciones (13-23) – Yavé compara su acción con la de una siega, en que solo queda un sobrante (17,6).
3.1.3. Prosperidad económica vs. devastación
En otro juego de oposiciones, se contrapone la prosperidad económica a la devastación y la recesión de los procesos productivos del campo. Para entender correctamente este lenguaje en su contexto, debemos anticipar una reflexión sobre los condicionamientos políticos de la economía en Israel.
La agricultura es la base de la vida (la alimentación) y de las relaciones económicas y comerciales esenciales. El “establishment” central depende de ella, más que de los artesanos. El palacio se mantiene por los tributos que en última instancia provienen del campo, sobre todo cuando son en especie. La “mesa del rey” (1 Reyes 5,7), mantenida por los distritos administrativos y las “ofrendas” tributarias (1 Reyes 5,1), procedían fundamentalmente del campo (1 Reyes 5,2-3 registra contribuciones en harina, vacas y ovejas, etc.). También el poder militar, que necesitaba caballos para los carros de guerra , tenía una base estructural en la producción campesina de caballos y pastos para éstos (1 Reyes 5,8a menciona “cebada y paja para los caballos y los animales de tiro”). En el proyecto de la construcción del templo, Salomón contrata con Fenicia el suministro de cedros y cipreses de la montaña del Líbano a cambio del de víveres (léjem) para los leñadores y marinos . Es de suponer que estos datos son paradigmáticos en cierta manera: al referirse al primer rey constructor y organizador del Estado grande, establecen un modelo de la práctica de los reyes de Israel y de Judá.
No es inesperado por tanto el lenguaje de Isaías respecto de la acción de Yavé sobre la economía agrícola. Si la prosperidad del campo significa bendición (cf Salmo 67,7), su devastación es de signo opuesto, marca de juicio y castigo en la interpretación profética. Tal devastación no afecta tanto (o solo) a los campesinos —que al fin y al cabo se abastecen con recursos limitados que quedan para ellos— sino sobre todo (o también) para el palacio y el templo (respecto de éste último, cf Joel 1,9.13) .
Desde la apertura del libro de Isaías está instalado el discurso profético en la instancia económica, cuando la metáfora de la figura humana deshecha (1,5-6) es sustituida rápidamente por la de “vuestro país (‘éres) es desolación, vuestras ciudades, incendiadas por el fuego, vuestro suelo (‘adamá) delante de vosotros extranjeros se lo comen” (v 7). Esta frase manifiesta en realidad lo que dejan los ejércitos invasores: las ciudades son destruidas, pero el producto del campo es “comido” por los ejércitos o transportado al país de los invasores (ver Isaías 62,8) .
En un orden literario inverso, y formando un quiasmo a distancia (frecuente en los textos proféticos de relectura) en 17,10-11 se habla del castigo en términos de pérdida económica en el campo para terminar en la metáfora de la persona dolida. Desde el v 9 tenemos un oráculo contra Judá (v 9) y Jerusalén (vv 10-11) que corresponde – en la estructura concéntrica del capítulo 1727 - a la crítica a Jacob=Israel de los vv 4-6:
10 “Porque olvidaste (a) a tu Dios salvador (b)
Y a tu Montaña poderosa28 (b’) no recordaste (a’)
Por eso, plantarás (c) plantíos hermosos (d)
y esquejes exóticos (d’) sembrarás (c’)
11 durante el día tu plantío (e) verás crecer (f),
y en la mañana tu simiente (e’) harás florecer (f’)
pero desaparecerá la cosecha en el día de la herencia
y el dolor será incurable”.
La alusión final al dolor parece retomar la descripción del llagado de 1,5-6, mientras que el desarrollo de los motivos de la plantación y siembra, así como el de la desolación de las ciudades, remiten a 1,7. Para comprender mejor este pasaje, sin embargo, hay que empezar por el capítulo 1. La construcción de quiasmo a distancia sería la siguiente:
A persona golpeada y desfigurada (1,5-6)
A país desolado (a) / ciudades (b) incendiadas (1,7a)
B
b (producto del) suelo comido por extranjeros (1,7b)
a’ ciudades (b’) abandonadas / desolación (a’) (17,9)
B’
b’ plantación / siembra (17,10b-11a)
A’ dolor
La devastación de la economía agrícola sirve tanto para indicar el castigo, como para expresar el estado de postración y sufrimiento que sirve de punto de partida para las promesas de restauración. En este traslado de significaciones que operan las relecturas, lo económico es un nivel esencial para situar la experiencia del sufrimiento o, inversamente, de la bendición.
3.1.4. El lamento de la naturaleza y de los trabajadores
Es frecuente en los profetas la utilización del género de la lamentación – especialmente con el verbo ‘abal – para referirse a la destrucción de la economía, especialmente agrícola (cf Isaías 3,26; 24,4.7; 33,929 ). Respecto de Isaías 1-39 escogemos el oráculo de 19,5-10, por ser poco conocido y por lo significativo que es en el marco de nuestro tema.
Isaías 19,5-10 está dentro de un conjunto de oráculos contra Egipto (19,1-15; 20,1-5) y contra Kûs = Etiopía (19,1-6) que en realidad designa a Egipto en este lugar, ya que pertenecía entonces a su dominio. Los discursos de castigo, primero contra Judá que confiaba en Egipto (20,6), y luego contra Egipto, están redaccionalmente contrabalanceados con promesas de salvación para Jerusalén (18,7) o para los judíos de la diáspora de Egipto (19,16-25)30 .
El castigo a Egipto se inspira en la propia realidad de este país, donde la economía agraria se basaba en los ritmos naturales del Nilo, a los que por tanto estaba condicionada. Egipto es visualizado como un poder opresor que es “invadido” por Yavé, quien es representado como un rey andando en carro sobre las nubes (un motivo tomado de la simbólica cananea y ‘apropiado’ ya en el Salmos 68,5.34; 104,3; Deuteronomio 33,26 y cf Salmo 18,10-11). A pesar de sus sabios y consejeros, Egipto no podrá oponerse a los “planes” (`esá) de Yavé. Este tema, tan remarcado (19,3.11-12), hace pensar en la tradición del éxodo (relato de las plagas). A esa “memoria histórica” apela también, con una brillante inversión de contenido, el inicio del oráculo de los vv. 5-10. Lo que otrora había sido el secarse del Mar para que pasaran los israelitas (Éxodo 14), será ahora el secarse del Nilo mismo, bloqueando la vegetación y las industrias pesquera y textil, y haciendo aparecer la desesperación. He aquí cómo lo celebra el poeta31 :
5 “Se secarán las aguas del mar, y el río se desecará y secará.
6Hederán los ríos; menguarán y se desecarán los Nilos de Egipto32 ;
La caña y el junco se marchitarán. 7Los lotos [sobre el Nilo] sobre el borde del Nilo,
y todo sembrado del Nilo se secarán, serán aventados y no serán más.
8Gemirán los pescadores, se lamentarán, todos los que echan anzuelo en el Nilo; los que
extienden la red sobre la superficie de las aguas, languidecerán.
9Se avergonzarán los trabajadores del lino, cardadoras y tejedores palidecerán;
10Estarán los tejedores abatidos; todos los asalariados, desanimados”.
Egipto se queda sin agua. Toda la economía depende del Nilo o de sus canales y afluentes. La sequía aquí pronosticada será de consecuencias desastrosas, en la agricultura (vv 6b-7), en la industria pesquera (v 8) y textil (vv 9-10). En efecto, con la sequía no hay producción de lino y tampoco trabajo para los tejedores. La recesión será total. Esta acción de Yavé muestra la inoperancia de la sabiduría y de los planes de Egipto. Como es de suponer, esta clase de oráculos no fueron dirigidos a Egipto sino al pueblo de Yavé. Para los oprimidos, por los gobernantes de Judá en tiempos de Isaías, o por los persas en la época de la provincia de Yehud, o para la diáspora judea en Egipto como parece indicar este texto redaccional, el oráculo reflexiona sobre la realidad económica como indicador tanto de la bendición para unos como del juicio para otros. Cada uno debe tomar el puesto que le corresponde.
Cabe recordar aquí que en Apocalipsis 18 los mártires cristianos celebran la caída de “Babilonia”, la Gran Ciudad del poder, de la riqueza del mundo y del comercio, con el mismo lenguaje de la lamentación (vv 9-24). Se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra asociados a ella (9-10), los mercaderes de la tierra que se enriquecieron con ella (11-17a), y los marineros que comerciaron con ella (17b-19). El motivo literario del poder económico y técnico está tomado de Ezequiel 27 (oráculo contra la rica ciudad fenicia de Tiro), mientras que el de la lamentación sobre la caída de la Gran Ciudad proviene de Isaías 21,9 y 47,1-15 (explícitamente citados en 18,2.7b.8a).
4. Conclusión
No hace falta comentar otros textos. De lo visto se desprende la importancia que tenía la instancia económica de la producción y del trabajo para textualizar un mensaje de juicio o de salvación. No podía faltar en el discurso profético una referencia a lo que es la base de la vida y en lo que Yavé es tan “Señor” como de la historia misma de su propio pueblo y de todos los otros.
J. Severino Croatto
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El propio nombre Yavé remite a la presencia salvífica (‘Yo soy el que estoy {contigo/vosotros}’, Éxodo 3,11.13-14) y no a su “onticidad” (‘Yo soy el que soy’, solo en los LXX). Cf “ ‘Yo soy el que estoy (contigo)’. La interpretación del nombre de ‘Yavé’ en Ex 3,13-14”, en VARIOS, El Misterio de la Palabra (Cristiandad, Madrid 1983) 147-59.
El capítulo 1 es una especie de anticipo de grandes temas de todo el libro. Cf el estudio clásico de G. Fohrer, “Jesaja 1 als Zusammenfassung der Verkündigung Jesajas”, en Studien... (1967) 148-166; también, M.Sweeny, Isaiah 1-4 and the Post-Exilic Understanding of the Isaiah Tradition (de Gruyter, Berlín 1988) 101ss; B. Gosse, “Isaïe 1 dans la rédaction du livre d’Isaïe”: ZAW 104 (1992) 52-66; de una manera especial, las múltiples “inclusiones” temáticas y literarias entre los capítulos 1 y 66 son analizadas por A. J. Tomasino, “Isaiah 1.1-2.4 and 63-66, and the Composition of the Isaianic Corpus”: JSOT 57 (1993) 81-98, esp. pp. 92s.94. En cuanto a las conexiones de 1 y 6 con 40-55 cf R. Rendtorf, “Jesaja 6 im Rahmen der Komposition des Jesajabuches”, en J. Vermeylen (ed.), The Book of Isaiah (Lovaina 1989) 73-82, cf p. 77-79.
Cabe observar que usamos el término Isaías o 1-Isaías (1-39) no para hablar de la persona histórica del profeta del siglo VIII. El texto presente es redaccional, representando en su mayor parte el trabajo de relecturas postexílicas (también de una redacción josiánica según algunos). Cf Isaías: La palabra profética y su relectura hermenéutica. Vol. I: 1-39: El profeta de la justicia y de la fidelidad (La Aurora, Buenos Aires 1989) 23-29.
Esta inversión se siente claramente todavía en 14,24-27, un oráculo que en cierta manera “cierra” las reflexiones sobre Asiria, iniciadas con la crítica a Israel del cap. 5 (ver los vv. 26-30); cf R. E. Clements, “The Unity of the Book of Isaiah”: Interpretation 117-129 (p.124).
Mirado desde el horizonte de las relecturas, el poder castigador de afuera será destruido a su vez; éste es un tema común en la redacción final del corpus profético (cf, además de 10,5-15; 8,9-10; 9,3-4; 14,1-2.3-21.22-23.24-27, etc., y las relecturas típicas de Jeremías 25,11-12 y 29,10, retomadas a su vez por Daniel 9,2s).
Inscripción (encontrada en Ur) de Naram-Sin, siglo XXIII a.C., rey del período sargónico.
Del Mediterráneo al Golfo Pérsico.
Estatua B. El texto sigue relatando el transporte, en esas balsas, de piedra, alabastro y alfalto.
en acádico, Ia’asu samerinaya. La estatua fue encontrada en Tell Rimah (Iraq NO.). Para el texto completo, cf Stephanie Page, “A Stela of Adad-Nirari III and Nergal-Eres from Tell al-Rimah”: Iraq 30 (1968) 139-214.
Tabletas III:32; IV:vi:29’; V {fragm. babilonio antiguo}, cf R. Labat, Les religions du Proche-Orient asiatique (Fayard/Denoël, París 1970) 162-181.
Cf para un análisis de esta función, del mito en especial, Los lenguajes de la experiencia religiosa. Estudio de fenomenología de la religión (Docencia, Buenos Aires 1994) p.151-155.
Para un análisis más completo de estos poemas antihegemónicos, cf Isaías: La palabra profética...I: 1-39, pp. 97-103 y 218-221.
En realidad, el séptimo “¡ay!” está editorialmente desplazado al capítulo 10 (vv. 1-4), pero está resumido en la frase de 5,23, “los que declaran justo al malvado por soborno y la justicia de l(os) justo(s) alejan de él”.
Léxico: salal, buz/bazaz, sasâ, samam, sajat (Hi.).
El profeta describe la suerte adversa de la “gloria” (¿la nobleza?) de Israel; en las cosechas no quedará ni sobrante o rebusco para los pobres.
Sobre esta lectura del pasaje, cf “El ‘Enmanuel’ de Isaías 7,14 como signo de juicio (Análisis de Isaías 7,1-25)”: RBíbl 50 nn. 29-30 (1988) 135-142.
Para la época de Salomón, cf 1 Reyes 4,1-19.
Ver la apuesta de Senaquerib al rey judaíta Ezequías: le ofrece regalarle 2.000 caballos para ver si es capaz de proveer sus carros y aurigas correspondientes (Isaías 36,8).
Cf 1 Reyes 5,23; según el v 25 Salomón proveía anualmente a Jirán 20.000 cargas de trigo y 20.000 medidas de aceite de oliva
Toda la unidad literaria de Joel 1,5-14 centraliza en la instancia económica (en el contexto de la producción campesina) el desastre político, social y religioso del país.
Vale la pena recordar este oráculo del 3-Isaías, que refleja dramáticamente la experiencia del despojo económico en el nivel de la subsistencia: “¡No entregaré nunca más tu trigo como comida para tus enemigos, ni beberán hijos de extranjero tu vino, por el cual te fatigaste!”.
27 La disposición estructurada del texto es la siguiente:
A contra Damasco (17,1-3)
B contra Jacob (vv 4-6)
X mirada hacia el Hacedor/el Especial de Israel (vv. 7-8)
B’ contra Jerusalén (vv [9].10-11)
A’ contra los pueblos opresores (vv 12-14)
28 Traducir el hebreo sûr por “Roca” no hace justicia a las asociaciones mítico-simbólicas que el término tiene; tanto en los textos ugaríticos como en los bíblicos, se personifica la “Montaña” como un símbolo de lo divino, por la altura y la lluvia, no por la dureza (cf Deuteronomio 32: y Baal...).
29 En otros profetas: cf Jr 4,28; 12,4.11; 23,10; Os 4,3; Jl 1,10; Am 1,2; 8,8.
30 No corresponde al querigma isaiano (redaccional, por supuesto) interpretar este conjunto de oráculos como un anuncio de tono universalista respecto de la conversión de Egipto. El referente son las comunidades de la diáspora Judea en Egipto. El texto merece un estudio especial.
31 Los vv. 5-10 forman el núcleo de una estructura concéntrica que unifica el gran oráculo de 19,1-15:
A Desconcierto en Egipto / anulación de sus planes (vv. 1-4)
b Destrucción de la economía de Egipto (vv. 5-10)
A’ Ineficacia de los sabios y consejeros / enloquecimiento de Egipto (vv. 11-15).
32 En vez de la designación corriente de Egipto por Misrayim en el v. 6 se emplea Masôr (lit. “fortaleza”), para ironizar sobre la impotencia de Egipto para salvarse.
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