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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

Presentación

Néstor O. Míguez

No cabe duda que el debate económico ha vuelto a ocupar un lugar central en nuestra realidad latinoamericana. Todos los pueblos de la región están experimentando las recetas impuestas por los círculos del poder económico y las consecuencias de las crisis de las “economías globalizadas”. Los “ajustes” y “flexibilizaciones” (curiosa combinación de palabras que parecen indicar cosas opuestas pero que tienen el mismo contenido) que se implementan por mandatos del FMI dejan su saldo de desocupados, trabajos y contratos “basura” y creciente exclusión. Las ya escandalosas inequidades de épocas anteriores se han profundizado, y las políticas impositivas no hacen sino agravar los problemas de los más humildes, generalizando los impuestos al consumo y liberando los bienes de capital y ganancias. Políticas similares, con pequeñas variaciones, se imponen en todo el continente, para llevar a América Latina a ser el continente en el mundo, no el más pobre (África) pero sí el de mayor inequidad distributiva.
Ciertamente los “sujetos emergentes” y las nuevas hermenéuticas desde las experiencias de los pueblos originarios, de la negritud, o la hermenéutica de género, y otras (campesina, de la niñez, etc.) han aportado una nueva riqueza y multiplicidad a la tarea de la interpretación bíblica en Latinoamérica. Y han mostrado que la variante económica no puede ser tomada, sin más, como la explicación única o última de todas las opresiones. Pero también se puede comprobar que todas estas formas de discriminación contienen también un componente de explotación económica innegable.
La economía, tanto en práctica real como en su faz de teoría científica, no está exenta de los vaivenes de la historia y de los juegos del poder. Y esta particular etapa de fines de milenio encuentra a las economías dominantes y a sus teóricos en una situación que podríamos definir como totalmente divorciada de la propuesta bíblica de vida plena. Su objetivo no es brindar vida plena para todos sino generar y acumular ganancias en manos de pocos. Por lo menos, ese es su resultado visible y el discurso “eficientista” que lo acompaña. Curiosamente los mismos economistas que defienden este sistema suelen decir que su funcionamiento depende de la “credibilidad” de los mercados, de “la fe en el modelo”, o del libre juego de las “leyes naturales” que lo guían. Con lo que ubican, ellos mismos, la cuestión económica en el ámbito de la teología: credibilidad, fe, la libertad y la ley natural han sido siempre temas propios del quehacer teológico.
Es así como se habilita la necesidad de que la interpretación bíblica informe este debate, y se plantee el horizonte de la “vida plena” como la razón última de la creación según la voluntad de Dios. También para la economía. De allí el título de este número de RIBLA.
Sería muy fácil plantearse un horizonte utópico y medir desde allí la posibilidad de una economía distinta. Es probable que los economistas estén usando exactamente este mismo mecanismo, ocultando tras la utopía del “mercado perfecto” y la “mano invisible” las miserias que generan las prácticas económicas del capitalismo financiero globalizado. Pero eso no funciona. No funcionó para otros sistemas, no funciona para éste, no se ve por qué va a funcionar en algún otro caso. No hay una economía perfecta, una “economía según Dios” o un recetario bíblico con el cual armar un modelo económico perfecto. También han fracasado ciertos intentos por hacer eso. La tarea de cultivar el mundo, de producir y recrear han sido responsabilidades que Dios le ha dejado al ser humano. Y por lo tanto están marcadas por todas nuestras posibilidades y fuerzas. Pero también por todas nuestras limitaciones y pecados. Los mecanismos mediante los cuales elaboramos los bienes (materiales y simbólicos) que sostienen nuestra vida y la forma en que los distribuimos entre toda la humanidad, y cómo cuidamos la creación para que pueda seguir sosteniendo la vida son cuestiones que tenemos que resolver como comunidad humana (generalmente en forma bastante conflictiva) sin esperar soluciones “llovidas del cielo”.
Pero esto no significa que la fe no provea algunas orientaciones básicas para esta tarea. Si bien no hay “recetario bíblico” para la economía, hay sí una expectativa que recorre la historia salvífica en el tejido de la historia humana. Y es la opción de Dios por preservar y salvar la vida que ha creado, vida que se ve amenazada en los/las más pobres, más desprotegidos/as, quienes padecen discriminación, los y las excluidos/as, en términos actuales. Esto es lo que llamamos “vida plena”, vida abundante, vida verdadera, vida eterna, según las diferentes expresiones bíblicas.
La vida plena no es una vida en soledad, sino una vida solidaria, comunitaria, nutrida por el sentido del amor. Nuestra tarea hermenéutica consiste en buscar, en las páginas bíblicas, las señales y símbolos que apuntan y posibilitan esa plenitud de vida, esas actitudes básicas que nutren la riqueza y variedad de la vida humana y de toda la vida de la creación. La vida plena no es una “utopía”. Es la orientación y fuerza fundante que permite criticar y proponer las comprensiones y actitudes humanas básicas que se realizan, imperfectamente, en las formaciones sociales y económicas concretas, reales. Es un horizonte ético que permite buscar referencias y orientarnos en la tarea de trazar caminos a través de los cuales marchar como pueblo, como comunidad humana.
En cuanto al contenido de este fascículo, como ha ocurrido a veces en números anteriores, damos cabida a algunos trabajos de teólogos sistemáticos para ayudarnos a ubicar la pertinencia del tema y de la interpretación bíblica. El primero, de F. Hinkelammert, nos ubica en el debate actual sobre Derechos Humanos y Globalización, invitándonos a tomar el núcleo ético del sujeto humano real como el centro de la acción y reflexión teológica. Concluye señalando algunas temáticas bíblicas pertinentes al tema. Luego, José Míguez Bonino hace un recorrido a través de la interpretación que han recibido ciertos textos bíblicos para mostrar las distintas aproximaciones al tema económico en la dinámica histórica teológica.
Con este telón de fondo entramos en la tarea de interpretación. Obviamente, los artículos reunidos en este número de RIBLA son apenas un esbozo en un tema muy amplio, y son muchas más las áreas que quedan pendientes que lo que podemos brindar. Pero es una línea de trabajo que muestra la pertinencia de un diálogo entre los planteos económicos de los tiempos bíblicos con la realidad económica de la actualidad. No entramos en los detalles de lo “técnico” que hace a la economía, pero sí al sentido más profundo de la relación entre la vida humana y el mundo material que nos rodea, del que formamos parte y somos responsables, con las mediaciones éticas y simbólicas que organizan la tarea productiva y distributiva de la comunidad humana. Es el reconocimiento de las propuestas y realizaciones humanas, sus grandezas y mezquindades, aún en el texto bíblico. Para ser, como todo mensaje bíblico, denuncia y anuncio del Evangelio, también al mundo de lo económico.

Néstor O. Míguez
Coordinador

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.