
Reseñas
Antônio Estêvão Allgayer. Jesus e os excluídos do Reino. Petrópolis: Vozes, 1994. 128 páginas.
Hay mucho de valor en esta reflexión acerca de Jesús y el Reino. El Reino es visto claramente como una realidad terrenal, que afecta a todos los seres, humanos y no humanos. Se presenta claramente el carácter conflictivo del Reino anunciado por Jesús. Se rechaza la alergia al sexo en las posiciones de algunos cristianos y algunas iglesias cristianas. Y se subraya con mucho énfasis el tema del título, la preferencia de Jesús y del Reino que él anuncia por todos los que están excluídos de las sociedades humanas.
Hay, sin embargo, problemas para el biblista y el teólogo. Un problema es la falta de criticidad en el abordaje de los evangelios y en afirmaciones teológicas como aquellas que tienen que ver con la resurrección. Esto se puede aceptar en un libro de un laico escrito para laicos. Pero hay un problema más serio, que comparte Allgayer con muchos biblistas y teólogos, una interpretación del judaísmo en la triste tradición del anti-judaísmo cristiano. Esto es un grave defecto en un libro que tiene muchas virtudes.
Sin entrar en investigaciones históricas sobre los judaísmos del primer siglo, Allgayer nos habla de los prejuicios judíos contra mujeres, de su hipocresía y su dependencia extrema de una justificación legal y, en contraste, presenta bajo una luz benigna la paz que brindaba el imperio romano. Todo esto es parcialmente correcto pero de ningún modo toda la verdad acerca de todos los sectores judíos del primer siglo ni del imperio. Y legitima un rechazo de las comunidades judías que viven entre nosotros en América Latina. Ya no podemos tolerar actitudes que fomenten el rechazo de las comunidades indígenas, negras, judías o musulmanas.
El autor tiene un distinguido curriculum que incluye haber servido de Procurador General del Estado de Rio Grande do Sul. Es un jurista cuyo libro revela una formación en estudios clásicos y lecturas en la teología de la liberación. Nos imaginamos un jurista jubilado que es un católico con conciencia social haciendo aquí reflexiones sobre los retos del relato evangélico para la fe de los creyentes cristianos. Si no fuera por sus suposiciones hostiles al judaísmo del primer siglo podría recomendarse este libro para uso en grupos de estudio bíblico de clase media. Pero con el defecto señalado no lo podemos recomendar.
Jorge Pixley
Daniel Boyarin. Israel carnal: lendo o sexo na cultura talmúdica. Rio de Janeiro: Imago, 1994. (Original inglés, Carnal Israel, Berkeley, 1993.) 287 páginas.
Este interesante libro propone un método para leer textos de nuestra propia herencia cultural, por un lado, y por el otro propone una tesis sobre la cultura rabínica. Las problemáticas que subyacen el proyecto hermenéutico son la dominación de la mujer y la lucha actual por su liberación y el dualismo que desprecia el cuerpo como una vestimenta que cubre la verdadera esencia humana, su espíritu. Es explorando lo que la cultura rabínica dice sobre el sexo que se busca decir algo sobre esta cultura y armar a los judíos herederos de ella con instrumentos de lucha para transformar su cultura.
Por la brevísima exposición del párrafo anterior se podrá apreciar tanto la importancia del proyecto como su dificultad. No pretende Boyarin encontrar una edad de oro ya perdida que nos pudiera servir de norte en la actualidad. Además, los textos rabínicos son por su mismo género ambiguos, pues son siempre la presentación de voces diferentes con opiniones que se preservan lado a lado sin resolución. Rabino X dijo, pero Rabino Y dijo y Rabino Z replicó. Se puede leer entonces un conflicto de interpretaciones que se preserva y se oficializa en la Misna y los Talmudim (de Babilonia y de Palestina). El intérprete contemporáneo puede encontrar voces subordinadas que cuestionan las dominantes pero que se han conservado, y que le pueden servir en sus esfuerzos por transformar la cultura judía de hoy.
Algunas afirmaciones sobre la discusión talmúdica son posibles. Es una conversación de hombres. Aún cuando aparecen raras veces voces femeninas, entran en una conversación de hombres desde la perspectiva de los hombres. Esta es una cultura androcéntrica (como todas las que conocemos). Pero, y he aquí la tesis de Boyarin, no es una cultura que desprecia al cuerpo, ni por ende a la mujer. En Filón y en Orígenes (y muchos intérpretes más), el hombre original, el de Génesis 1, era pura alma (o espíritu o razón). Por razón del pecado, entró el segundo hombre que era material. El original era andrógino, pues en su immaterialidad trascendía la división de sexos. El segundo Adán era separadamente varón y hembra por efecto de la caída de la esfera de las esencias al mundo de la materialidad. La tesis de Boyarin es que el judaísmo de los primeros siglos estaba dominado por el helenismo, bien representado por Filón, Josefo y Pablo de Tarso. La cultura rabínica surge como una decidida oposición a este otro judaísmo. Debemos leer, pues, estos textos como la construcción de una alternativa cultural a un desprecio por el cuerpo y el sexo que los rabinos percibían como letal al pueblo escogido de Dios.
El casamiento y el sexo son mandamientos de la Tora. El varón judío tiene dos amores, la Tora y su esposa, y frecuentemente entran en conflicto pero no le es lícito abandonar ninguna de las dos. El rabino que deja pasar los años sin casarse es objeto de la crítica de que estudia la Tora pero no la practica, pues quien ordenó poner los mandamientos entre los ojos y en las manos ordenó también fructificar y multiplicarse. Se puede discutir si el joven debe casarse primero y luego dedicarse al estudio para no ser distraído por pasiones no resueltas, o si debe estudiar primero para no distraerse con los quehaceres del hogar y luego casarse, pero la obligación de ambas no se discute.
El deseo carnal es peligroso pero es bueno. Es evidente la primacía jerárquica de hombre en el sexo y el matrimonio, pero el varón tiene la obligación de satisfacer el deseo de la mujer y de no imponerse a ella sin su consentimiento, lo cual es punido con el nacimiento de hijos defectuosos. Los rabinos discuten la frecuencia del sexo, y se dan diversas opiniones. También discuten la fuerza del deseo y su relación con la tenacidad del estudio. Se discuten las dimensiones del órgano de diferentes rabinos y sus prácticas sexuales con sus mujeres. En general, todo es lícito entre la pareja si hay mutuo consentimiento.
La desigualdad de género se percibe claramente en la discusión negativa de la participación de la mujer en la práctica de mayor prestigio, el estudio de la Tora. Pero esta discusión no llega a ser una prohibición. Un rabino, Ben Azai, instruye al rabino a enseñar Tora a su hija para que se pueda defender, pero Rabi Eliézer dice que quien enseña Tora a su hija le enseña lascivia. En las opiniones diversas sobre el tema, y en las historias que se cuentan de Beruria, hija de R. Hanania y esposa de R. Meir, se explora la rareza de la mujer que supera a los hombres en sus interpretaciones de la ley.
En resumen, el sexo y el matrimonio son mandamientos obligatorios. La mujer y el cuerpo están sujetos al estudioso de la Ley pero son necesarios para cumplir lo que Dios manda. Esto está íntimamente vinculado, afirma Boyarin, con el énfasis rabínico en la particularidad del pueblo de Israel y la absoluta obligatoriedad de los mandamientos sin que tenga que mediar una comprensión de los mismos. He aquí una diferencia fundamental con el helenismo y con el cristianismo que es una especie de judaísmo espiritualizado.
La cultura rabínica pagó con su énfasis en el cuerpo y lo particular al precio de su aislamiento de las culturas dominantes. Pero ofrece recursos para judíos hoy ()y cristianos, también?) que luchan contra el desprecio por el cuerpo y, en la lógica dominante, por la mujer como ser que es esencialmente corporal (frente al hombre que se caracteriza por su uso de la razón). He aquí algunas de las discusiones y valores de este interesante libro.
Jorge Pixley
John P. Meier. Um judeu marginal: Repensando o Jesús histórico. Volume Um: As raízes do problema e da pessoa. Rio de Janeiro: Imago Editora, 1993. 483 páginas. Original en inglés por Doubleday en 1991. Existe una traducción en castellano: Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo I: Raíces del problema y de la persona. Estella: Verbo Divino, 1998. 472 páginas.
Esta impresionante obra es apenas el primer tomo de un inmenso proyecto de tres tomos. Del segundo tomo, proyectado a salir en tres libros separados, apareció en 1996 en Imago Editora el primer libro que consta de 311 páginas. Se trata de un importante proyecto por un destacado investigador que merece atención en RIBLA, aún cuando falta la mayor parte por aparecer. A pesar de la diligencia evidente de su autor, un proyecto de esta envergadura puede tomar varios años en completarse, y no podemos postergar una evaluación preliminar para los lectores de RIBLA. Esta reseña trata únicamente del tomo uno. El tomo dos, libro uno, que ya apareció trata del “Mentor”, Juan Bautista, pero no loo incluimos en esta reseña.
John P. Meier es un profesor de la Catholic University of America de Washington, D.C., y es el editor general de la Catholic Biblical Quarterly. La erudición que manifiesta en las vastas notas de cada capítulo revela con probabilidad su trabajo en equipo organizando un grupo de estudiantes avanzados. Toda la literatura en inglés y mucha en alemán y otros idiomas es no solamente citada sino discutida. Leer cualquier sección, digamos sobre el Testimonium Flavianum o sobre los idiomas que Jesús hablaba, introduce al lector al estado de la discusión académica en nuestro tiempo. Tenemos en esta obra un ejemplo de lo que es posible en esta época de ordenadores electrónicos y de organización avanzada de los equipos de estudiantes en las universidades del primer mundo.
Después de expresar mi admiración por la inmensidad de la obra ante nosotros, quiero organizar el resto de esta reseña (1) explicando el contenido de este primer tomo, y (2) tratando de situarlo en la historia de la investigación del Jesús histórico.
Todo este primer tomo es en cierto modo una introducción al proyecto de escribir sobre la vida de Jesús de una manera histórica y científica. En una primera parte aborda con amplitud y cuidado los problemas de definición del “Jesús histórico” y de método para emprender una investigación al respecto y los criterios para el trabajo, analiza las fuentes para la historia de Jesús, y luego dedica la segunda parte (págs. 205-426) a lo que llama “las raíces de la persona”. Estas raíces son todo lo que podemos saber sobre el nacimiento de Jesús, sobre una serie de asuntos muy específicos como son las lenguas que pudo conocer, su educación y condición socioeconómica, su familia, su estado civil, y su condición como maestro laico, y luego una discusión sobre los problemas cronológicos que confronta una “biografía” de Jesús. No incluye un análisis sociológico o político de la vida en Galilea durante el primer siglo d.C.
Cada uno de estos problemas es tratado exhaustivamente, tomando en consideración y discutiendo todas las propuestas que se han hecho por los padres de la iglesia y los académios del siglo XX. Se puede decir sin temor a equivocarnos que presenta con justeza aún las posiciones extrañas como la de William Phipps de que el matrimonio de Jesús ha sido callado por nuestras fuentes o la de Jerry Vardaman que propone a 12 a.C. como fecha del nacimiento de Jesús y 21 d.C. para su crucifixión. Asimismo, discute con mucho respeto teorías serias de las cuales discrepa como la de Annie Jaubert sobre un calendario solar para calcular la Pascua en tiempos de Jesús o la de Joachim Jeremias sobre la cena de despedida como una cena pascual.
No permite que las posiciones del común de los católicos sobre los hermanos de Jesús alteren las conclusiones que parecen dictar las evidencias. En general, hay que reconocer que aborda toda la gama de opiniones sobre los problemas con sentido común; cauteloso pero justo en su apreciación de teorías de estudiosos anteriores a quienes discute con respeto aún en los casos en los cuales discrepa. (Se trata de un modelo de erudición y de discusión respetuosa!
Pasemos ahora a tratar de situar este proyecto en la historia de la investigación sobre el Jesús histórico. Se trata de una obra monumental. De algún modo invita comparación con la reciente obra de John Dominic Crossan, también católico como Meier (ver la reseña en RIBLA 22). Toda comparación es, evidentemente, preliminar, pues Meier apenas ha introducido su propuesta con este primer tomo, mientras que la obra de Crossan está completa. A pesar de ello, algunas líneas son claras.
Meier dedica 120 densas páginas (50-168) a evaluar las fuentes que existen para la vida de Jesús. Aquí su método y sus conclusiones difieren fundamentalmente de Crossan. Gran parte de la novedad de la obra de éste está en su cuidadoso examen de los evangelios extracanónicos como Pedro y Tomás y de manuscritos fragmentarios. Muestra una tendencia a mover hacia atrás las fechas de composición de estas obras y a reconocer en ellas fuentes independientes de los evangelios canónicos. El análisis de Crossan de la muerte de Jesús depende de sus interpretaciones novedosas del Evangelio de Pedro y de la Epístola de Bernabé. Aunque Meier no ha tratado aún la Pasión, su abordaje negativo de las fuentes extracanónicas anuncia que llegará a conclusiones mucho más tradicionales que las de Crossan.
Otra diferencia fundamental es la ausencia en lo que va del proyecto de Meier de un análisis sociológico o antropológico de Galilea. Crossan dedicó una enorme sección de su libro sobre El Jesús histórico a un análisis antropológico de la cultura de vergüenza y honor y a un análisis sociológico de los conflictos que se vivieron en la Galilea del primer siglo y de las figuras que emergieron para dar liderazgo ante la crisis. Meier no se mete en estos campos. Aunque no ha elaborado aún su presentación de la confrontación de Jesús con fariseos y escribas, ni ha tratado textos tan sensibles como la “entrada triunfal” y el “ataque” o “purificación” del Templo, la ausencia de análisis social prepara el terreno y hace casi inevitable una presentación poca novedosa y políticamente conservadora. Sin duda, para los lectores de RIBLA la obra de Crossan es más util por su atención a los conflictos de la época en que vivió Jesús.
En conclusión, las obras de Crossan y de Meier se perfilan como dos monumentos a la ciencia bíblica de fines de siglo que se tendrán que leer en contraposición el uno del otro. Ambos manifiestan gran erudición, aunque habría que darle las palmas a Meier en cuanto a entrar mejor en un diálogo con toda la gama de estudiosos del siglo XX. En cambio, me arriesgo a sugerir que Crossan será leido por mucho tiempo por la novedad de su metodología. Esta tendrá que ser discutida y criticada, y sus teorías atrevidas sobre temas como “Q” o “el evangelio de la cruz” (una reconstrucción hipotética basada en en evangelio de Pedro) tendrán que ser examinadas para ver cuánto resisten a la luz intensa de la investigación.
En todo caso, Crossan pretende genera investigación. Meier, en cambio, busca decir una palabra decisiva después de examinar todas las opiniones. La mayor parte del proyecto queda aún por hacerse. Y, sin embargo, ya se pueden discernir las vías por donde transitará. No está construyendo una imagen de Galilea y sus personajes que podría permitir la construcción de una imagen novedosa de Jesús, como la que propuso Crossan o, en su día, Albert Schweitzer. Su proyecto es diferente. Quiere evaluar todas las propuestas y después llegar a una evaluación sensata que parezca válida al gran centro de la academia que no se mete en experimentos políticos o sociales ni busca imágenes mesiánicas para enjuiciar la sociedad.
El valor de este proyecto ya es grande, y no es riesgoso adelantar que el proyecto total tendrá un inmenso valor como el resumen de la discusión hasta la fecha sobre el Jesús histórico. Como tal recolección y resumen será un instrumento indispensable por muchas generaciones. Como presentación del Jesús histórico definitivo, que a pesar de sus declaraciones matizadoras parece ser su intención, es previsible que no satisfará a muchos por mucho tiempo.
((Qué bueno que la ciencia bíblica ha producido un Meier en frente a un Crossan! (Necesitamos a los dos! Y, (qué ironía que dos católicos del Primer Mundo se encuentren en este magno debate en una editorial judía de una ciudad del Tercer Mundo!
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