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La victoria de la vida: Milenio y reinado en Apocalipsis 20,1-10

Pedro Lima Vasconcellos

Resumen:

El artículo propone un abordaje del Apocalipsis 20,1-10 en sus aspectos principales. Destaca los contactos del texto con otras expresiones de literatura apocalíptica y busca percibir como las expectativas de enfrentamiento y superación de la realidad hostil están en la base de la configuración del entramado de las visiones allí presentadas.

Abstract
This article proposes an approach to Apocalypse 20,1-10 in its principal aspects. It points out the contacts between the text and other expressions of apocalyptic literature and seeks to perceive how the expectations of a confrontation with hostile reality and of the overcoming of it are part of the basis of the configuration of the plot of the visions which are presented here.

Feliz o infelizmente, el año 2000 no es el final tan anunciado y por tantos esperado. Lo que la Biblia promete, y propiamente el Apocalipsis de Juan, es el reino de Cristo y sus elegidos por mil años. Y esta promesa es para ahora, así mismo era imaginada y proyectada en el contexto en el que el libro fue escrito. ¿Por qué este fervor por un fin inmediato? ¿Cuál será el motivo de Juan y sus comunidades para apostar por estas esperanzas, que nada parecían tener de evidente?

Por un lado, cuando llegamos a Ap 20, y en especial a la expresión relativa al reinado de mil años con Cristo, constatamos estar delante de un texto muy conocido, uno de los únicos que reciben una definición del magisterio de la Iglesia Católica en cuanto a su interpretación (Denz. 2296). ¿Con qué finalidad? ¿Quizás para controlar eventuales manifestaciones de fanatismo entusiasta? ¿O principalmente para impedir que estas manifestaciones traigan consigo el cuestionamiento del orden social y eclesial vigente? La lectura de un texto como el de Jean Delumeau nos hace sospechar que las implicaciones utópicas y políticas de un texto como Apocalipsis 20, nunca pasaron desapercibidas . A fin de cuentas, incomoda hablar de un fin inmediato. Vuelve frágiles las seguridades afirmadas. Incita a revisiones y nuevas búsquedas. De todas maneras, desestabiliza.

Intentamos aquí revisarlo, no tanto para identificar los caminos hermenéuticos que lo hicieron tan lindo e influyente, la historia que él hizo, sino más bien para buscar imaginarnos cómo imágenes así de poderosas construyeron las referencias y las esperanzas de una comunidad seguidora de Jesús en Asía Menor al final del siglo I. Como nuestro punto principal reside en buscar la comprensión de la mística del milenio, nos vamos a detener en Apocalipsis 20,1-10, en el que se describe una de las varias visiones recibidas por Juan y se habla del “reino de mil años” .

En el capítulo 20 confluyen varias vertientes desarrolladas a lo largo de todo el libro del Apocalipsis. Nuestro texto es, de alguna manera, el desenlace de varios conflictos que recorren el libro. Sus personajes ya frecuentaron páginas anteriores del mismo. Abordarlo nos facilitará por un lado situar el texto dentro del complejo desarrollo del libro, y por otro mostrar qué función ocupa ahí donde éste se localiza. Así, esperamos, se volverá más factible percibir el encanto, la elocuencia y el vigor de la utopía de los mil años de reinado y felicidad proclamados en las últimas páginas del Apocalipsis. Nuestro propósito no es tanto proponer una exégesis completa del texto, sino más bien identificar sus trazos literarios más relevantes, y preguntar por su significado en el horizonte de la experiencia histórica y espiritual subyacente en este texto.

Los problemas de la interpretación

Ya se habla que nos encontramos, en el caso de Apocalipsis 20, frente a un texto muy tratado. Por eso, la multiplicidad de interpretaciones que este recibió. Pierre Prigent asegura poder resumirlas en dos líneas principales, en el caso de que se entiendan los mil años “como un período futuro o como un período ya presente”, de forma literal o sencillamente simbólica. Pero esta dualidad hermenéutica, en rigor, puede ser extendida a todo el libro del Apocalipsis, al objetivo principal que motivó el escrito. A fin de cuentas, nuestro texto es, de alguna forma, un punto de llegada, donde fluyen varios vectores desarrollados en el libro . El conflicto entre una hermenéutica literal y otra alegórica del libro del Apocalipsis, y en particular de Apocalipsis 20, viene desde los primeros siglos del cristianismo. La primera, que tuvo representantes como Papías e Irineo de Lión, de alguna manera representan la superación del orden actual vigente; en cuanto a la segunda, que se inicio con Orígenes y se impuso con Agustín, descarta la perspectiva de contestación e identifica los mil años como el tiempo actual, el de la iglesia cristiana .

Inevitablemente tenemos aquí que proponer un camino, que nos parece ser el pretendido por el libro cuando fue escrito. ¿Qué es lo que pretende? Si regresamos al inicio del texto, encontramos que la revelación de la que es portador, trata “de lo que debe suceder en breve” (1,2). El proyecto de Dios, descrito en tantos libros apocalípticos de forma minuciosa, está listo y llegará a su plenitud, es lo que se reitera en el versículo siguiente. Por tanto, incluso sabiendo el grado de incertidumbre y polémica que ésta elección implica, opinamos que es adecuada para la lectura de nuestro texto, pues lo sitúa en la perspectiva de una promesa, a ser realizada, así lo espera Juan, en un tiempo breve. Para eso escribe, para ayudar a que sus lectores y lectoras comprendan el momento presente que viven y afirmar, desde ya, la victoria y el reinado con Cristo. Lo anunciado para un tiempo breve, subvierte lo vivido, las estructuras y las mentalidades que hacen posible un presente hostil. Ya se vislumbra la victoria y por tanto, esta es real. Nuestra entrada al texto buscará mostrar exactamente cómo la perspectiva de un futuro renovado, estimula a las comunidades del Apocalipsis a obrar en conformidad con ella, y como alternativa a varias tendencias contemporáneas a ella.

Una última observación antes de pasar a la lectura del texto: vamos a encontrarnos con varios textos que tratan de temas afines al nuestros y que, por esto, iluminan la comprensión de nuestra perícopa. Sin embargo esto no significa que Ap 20,1-10 sea solo un mosaico que reúne temas y expresiones de otros escritos. Como no sería justo considerar cualquiera de los paralelos en la relación que tienen con el Apocalipsis. De ahí el cuidado en buscar, a pesar de la riqueza de los detalles y de las sutilezas que a cada momento nos depara el texto, la percepción del sentido en conjunto. La continuidad de las visiones y el análisis sistemático al final suministran el “esqueleto” de la perícopa y garantizarán su especificidad. El dragón amarrado y aprisionado, el reinado paralelo de los mártires y testigos y finalmente la derrota irreversible de Satanás, forman un conjunto poderoso de imágenes y sentidos orientados hacia el fin básico del texto, para el momento en que el vidente deja por un momento de comunicar sus visiones y se dirige al lector y lectora: “feliz y santo aquel que participa de la primera resurrección: sobre ellas la segunda muerte no tiene poder” (v. 6).

Visiones y visiones

Los ojos de Juan están poblados de imágenes, una después de otra. Dos o tres párrafos que componen nuestro texto aparecen abiertos por el categórico “yo vi” (v. 1.4). En los v. 5b-6 el visionario comenta el contenido de lo que acabó de ver y proclama una bienaventuranza; y en los v. 7-10 se pasa a un momento posterior, después los mil años se presenta en la segunda visión. Las repeticiones “yo vi” no quieren a propósito, que el texto sea concebido como una única narrativa; por el contrario, mueven al lector de un lado a otro y, en nuestro caso, presentan cambios fantásticos, ya sea de una visión a otra, sea en las situaciones descritas en la segunda. Se refuerza todavía la impresión dramática en quien se aproxima al texto y a sus imágenes.

El contenido de las visiones da el tono al texto. El verbo en aoristo hace de esta una narración y anticipa al oyente/lector, la certeza de las realidades para él futuras y hasta entonces inimaginables; esto se refuerza por la certeza expresada en primera persona del singular: “yo vi”. Las visiones expresan por vía de los sentidos, las experiencias de intranquilidad, insatisfacción, y marginalidad, como también la capacidad de la cultura de trascenderlas y apuntar a su superación. Construyen esperanza .

Pero nuestras visiones no son las primeras, y mucho menos las únicas en el libro, aparecen una serie de visiones experimentadas por Juan después del anuncio de la caída de Babilonia y los correspondientes cantos de alabanza en el cielo. Tienen que leerse, por tanto, haciendo la conexión con los hilos que van siendo tejidos desde el inicio del libro.

Un dragón, llamado por muchos nombres, es encadenado

El vidente, ve descender del cielo un ángel, entre muchos otros que conoció (como en 10,1). Si embargo, este ángel es particular, tiene la llave del abismo (al parecer, la morada de las fuerzas demoníacas) y una gran cadena. Es necesario considerar los objetos que lleva: la llave del abismo ya apareció en 9,1: cuando se abrió, este hace salir una de las catástrofes que cae sobre los infieles, que no tienen el sello de Dios. Aquí el movimiento va en la dirección: del abismo nada saldrá; al contrario, recibirá la figura del dragón. En cuanto a la cadena, aparece en el N.T. siempre en un contexto de prisión (Hch 12,6.7; 21,33; 28,20; 2 Tm 1,16), aun que ésta sea metafórica (Ef 6,20), o imposible de ser realizada, ya que lo impiden fuerzas mayores (Mc 5,2.4; Lc 8,29). Esta última utilización es interesante al expresar la impotencia frente a la acción del espíritu impuro; en nuestro texto se dará exactamente lo contrario.

El ángel “agarra” al dragón. El verbo usado ahí por innumerables ocasiones indica el acto de prender a alguien; es el preferido por los evangelistas para relatar las prisiones de Juan el Bautista (Mt 14,3; Mc 6,17) y de Jesús (Mt 21,46; 26,4.48.50.57. Mc 3,21; 12,12; 14,1.44.46.49.51). Y, como para resaltar y mostrar la significación enorme de quien está siendo aprisionado, el dragón recibe, además de este nombre otros tres: “la antigua serpiente”, “diablo”, “Satanás”. Es en la segunda vez que aparecen tales piropos, ya aparecieron antes en Ap 12,9.

Cada uno de estos nombres provienen de una vertiente de tradición y contribuyen para caracterizar de forma pavorosa, fuerte, realzando todavía más la fabulosa captura. El término “dragón” se encuentra en el ámbito del N.T. solo en nuestro libro, pero provoca varios relatos apocalípticos. Se trata de aquella vista por Juan, como una señal en el cielo en Ap 12. Su parecido a la serpiente no viene de aquí, por “dragón”, los LXX traducen lo que en hebreo se llama “cobra” (Ex 7,9.10.12; Dt 32,33). Particularmente interesante es el sentido de la acción de los dos dragones que aparecen en la versión griega del libro de Ester, en el sueño de Mardoqueo: frente a su rugido todas las naciones se preparan para pelear contra el pueblo de los justos. No es muy diferente de lo que encontramos en Ap 12: el dragón está dispuesto para combatir a la mujer y devorarle al hijo. Mientras tanto, él es derrotado en la batalla contra Miguel, lo cual no significa todavía su derrota definitiva: lanzado a la tierra, persigue a la mujer, en una descripción que hace recordar enormemente el relato del éxodo y de la liberación de Egipto (Ap 12,13-16); enfurecido por su fracaso, se dirige contra la descendencia de la mujer, “los que guardan los mandamientos de Dios y mantiene el testimonio de Jesús” (Ap 12,17). Tiene como su agente al monstruo descrito en Ap 13: a él, “el dragón entregó su poder, su trono y una gran autoridad” (Ap 13,2). A través de este medio consigue la adoración de toda la tierra. Y un segundo monstruo, que ejerce su poder delante del primero, habla como el dragón (Ap 13,11). ¡Este es el dragón, hostigador del pueblo fiel, que es apresado!

El dragón es la antigua serpiente. Es interesante anotar que, contra toda regla gramatical, el énfasis está en nominativo, en cuanto al dragón, está correcto en acusativo. Prigent sugiere no considerar esto como una de las deficiencias gramaticales del libro: se trata aquí, del propio título de Satanás . Esta expresión, sin duda, remite a Gn 3, identificando a aquella como la seductora de la humanidad. Su astucia venenosa e imprevisible fácilmente simbolizaron a los enemigos del pueblo justo y fueron identificadas con el dragón. Su significación es potencialmente variada, desde algo más literal hasta las más diversas metáforas, entre ellas la que caracteriza a los corruptos (Mt 23,33; Or. Sib. 5,29 en relación a Nerón). La memoria de Gn 3 (“La antigua serpiente”) no es fortuita: Ap 20 habla justamente de la destrucción del poder de la serpiente, de alguna manera del retorno, a la vida paradisíaca anterior, como vamos a leer, también el texto del testamento de Leví, citado más adelante.

Un tercer sustantivo califica al preso: es el diablo, con el sentido básico de “calumniador” (ver 1Tim 3,11; 2Tm 3,3). Este término, de uso bastante difuso, en algunos pasajes, aparece actuando directamente en la vida de las personas. Así es en los relatos de las tentaciones de Jesús (Mt 4; Lc 4, sin embargo no en Mc), en la presentación de Juan a Judas (Mc 6,70; 13,2) y en la acusación de Jesús a los judíos, en el mismo evangelio (8,44; ver además 1Jn 3,10 y la caracterización de los enemigos del autor), e incluso para designar a las personas curadas por Jesús (Hch 10,38). En el Apocalipsis, él aparece como el agente de la prisión de algunos miembros de la comunidad de Esmirna (Ap 2,10), pero su tiempo de acción es pequeño (Ap 12,12) En este caso, ¡el que apresaba es ahora apresado!

Y finalmente Satanás que significa fundamentalmente, el “adversario”. Se intercambia con el término anterior en algunos pasajes del N.T., encarna al gran enemigo de Jesús en el evangelio de Marcos, en particular en los exorcismos (Mc 3,23.26). ¡Pero también él está presente en la acción de Pedro (Mc 8,33)! También sirve para caracterizar a los herejes (Policarpo en relación a Marción). En Apocalipsis, cave mencionar especialmente que Satanás es aquel que tiene su trono en Pérgamo (Ap 2,13), alusión clara al culto imperial que se ha desarrollado allí. También las sinagogas hostiles a la comunidad son “de Satanás” (2,9;3,9). Por este nombre se le llamará cuando se le suelte para el combate definitivo (Ap 20,7).

La prisión de esta realidad monumental, hostigadora de los justos, productora del mal y de la muerte, enemiga ancestral, se describe en una secuencia de verbos en aoristo, expresando la serie de movimientos bruscos realizados por el ángel. El agarró al dragón… lo amarró… lo lanzó… y lo rematól.

“Lo amarró”: la caracterización de alguien como… “amarrador”, tiene, en las diversas mitologías, la función de destacar su omnipotencia y al mismo tiempo, el cambio de situación de la entidad, muchas veces vista hasta entonces como invencible, además de otras significaciones más específicas en el ámbito de la vida Judeo-cristiana Mircea Eliade habla de “multivalencia mágico-religiosa de ‘amarrar’” . En el N.T. el uso del verbo se da particularmente en el contexto del apresamiento de alguien, de ahí que se puede traducir también por “sujetar”. Entre tantos pasajes, es imposible no recordar aquí el hombre fuerte amarrado por el más fuerte de Mc 3,28, para algunos el eje hermenéutico fundamental de este evangelio . También cave mencionar Lc 13,16, en donde se habla de Satanás que amarró a una mujer dejándola enferma y encorvada.

“Lo lanzó al abismo”: en 12,9 fue echado del cielo a la tierra; ahora, de la tierra es lanzado al abismo. La vinculación de nuestro texto con 12,9 aparece todavía más evidente cuando se nota que son justamente los dos versículos que trazan esta secuencia de nombres para él, ahora lanzado al abismo. Si estando en la tierra él pasó persiguiendo a la mujer y sus descendientes (12,13-17), ahora la tierra está liberada.

En lo referente a la acción de sellar las puertas del abismo, ésto tiene que ver con la afirmación de la bondad del mundo creado, ahora recuperado. El autor de Oración de Manasés, al celebrar la creación de Dios, afirma: “(tú) cerraste el abismo y lo sellaste por tu nombre temible y glorioso”. Según Prigent, tenemos ahí una “alusión al mito del monstruo acuático primordial que el creador tuvo que vencer y limitar antes de poder realizar su obra” . En nuestro texto, ¡se va viabilizando el surgimiento de un nuevo cielo y de una nueva tierra (Ap 21)!.

Agarrar, sujetar, encadenar: la experiencia de la libertad de este que ahora tiene su prisión descrita arriba, y sobretodo con tantos vocablos, se siente en términos dramáticos. Su apresamiento es absolutamente necesario. El objetivo de todas estas acciones del ángel es garantizar que la seducción de las naciones no suceda en el período en que el dragón de muchos nombres esté preso. A fin de cuentas, ¡un nuevo reinado va a ser implantado! e incluso aunque sea necesario que él sea liberado, eso será por poco tiempo (ver Ap 12,12). Tenemos aquí otro tema de la apocalíptica corriente, el vaticinio de la apostasía; sin embargo, ella será breve, pues el Señor tiene el control de los tiempos (Mc 13,20). Lo que interesa es que, si el dominio satánico es intenso, expresión simbólica de la dominación histórica y del juego impuesto , su expresión es condición para lo que va a seguir: el reinado de quién hasta ahora, conoce el reino a partir de sus reverso menos presentable y más tenebroso.

El tema del apresamiento final de los enemigos de Dios y del pueblo justo es bastante conocido en las Escrituras hebraicas y en el judaísmo tardío. En Is 24,21-22 leemos: “y sucederá en aquel día Yahveh visitará el ejército de lo alto, allá arriba, y a los reyes de la tierra, en la tierra. Ellos serán reunidos, como un grupo de prisioneros destinados a las cavernas; serán encerrados en la cárcel; después de un largo tiempo, serán llamados a rendir cuentas… Yahveh de los ejércitos reina en el monte Sión y en Jerusalén, y su gloria resplandece delante de sus ancianos”.

Ya en el Testamento de Leví (18,12) Encontramos lo siguiente “y después de este castigo… el Señor promoverá al sacerdocio un nuevo sacerdote, al cuál todas las palabras del Señor le serán reveladas y él realizará un juicio según la verdad de la tierra, al final de los tiempos. Y su estrella aparecerá en el cielo… Los cielos se abrirán, y del templo de gloria la santidad vendrá sobre él… y se pronuncia sobre él la gloria del Altísimo, y el espíritu de entendimiento y de santificación descansará sobre él en el agua. El dará la majestad del Señor a sus hijos en la verdad para siempre… Y durante su sacerdocio todo pecado tendrá su fin…, y los justos descansarán en él. Y abrirá las puertas del paraíso y removerá la espada amenazadora contra Adán, y dará a sus santos de comer del árbol de la vida y el espíritu de santidad estará en ellos. Y Belial será aprisionado por él, y dará poder a sus hijos para derrotar a los espíritus malos. Y el Señor se alegrará en sus hijos…”.

Veamos además lo que dice el Primer libro de Enoc (10,4-5): “y de nuevo el Señor dijo a Rafael: Amarra a Azazel de manos y pies, y lánzalo a la oscuridad; y haz una abertura en el desierto, que está en Dudael, y lánzalo allá. Y ponle sobre él piedras ásperas y puntiagudas, y cúbrelo con oscuridad, y déjalo sufrir para siempre, y cubre su rostro para que no pueda ver la luz”.

Fijémonos solo en estos ejemplos, que podrían ser ilustrados con otros. En cuanto al texto de Isaías habla de la prisión de los reyes de la tierra, por obra de Yavé. El enemigo escatológico, en el testamento de Leví, es apresado por la acción del sacerdote-mesías, y de un ángel en Enoc, con huellas de tortura que hablan por sí mismas. El Apocalipsis habla de la muerte de los reyes de la tierra en Ap 19,21 y ahora trata de la destrucción de la última fuente de su poder, no sin antes haber garantizado la prisión del monstruo a quien el dragón dará el poder (Ap 19,20). La derrota es progresiva e implacable, para alegría de los justos, que viven la felicidad del establecimiento del reino divino.

Tronos para el juicio. El milenio

A propósito dejamos de comentar que el dragón de muchos nombres fue encadenado por un período definido de mil años. Esto porque ese tiempo marca fundamentalmente lo que se describe en la segunda visión. Paralelamente a la prisión del mayor enemigo por mil años, está el reinado de mil años con el Mesías. Vamos por partes.

Lo que se lee a partir del v. 4 es la visión de los tronos, y los que en ellos se sientan reciben la capacidad de juzgar. El juicio fue reservado antes a la prostituta (17,1) asociada a la gran ciudad (18,20).

Por lo que se refiere a los tronos, no es la primera vez en el Apocalipsis que Juan los ve, pero es la única vez en que ellos son muchos y no están al rededor del trono del Dios Todopoderoso. Encontramos un paralelo interesante en Mt 19,28, en que los discípulos se sentarán en doce tronos para juzgar a las tribus de Israel. Igualmente en Dn 7,9 los tronos están de alguna manera en función del trono del Anciano. La visión del trono central (Ap 4; 20,11) tiene de alguna manera que ver con el rechazo al culto esplendoroso al emperador. Pero en nuestro caso ¿a qué se referirán los tronos múltiples? Nuestro texto parece estar inspirado en Dn 7,22, en la forma como lo encontramos, traducida para el griego en la versión de Teodosio: “el juicio fue confiado a los santos del altísimo”; y no simplemente: “se hizo el juicio a favor de los santos”. Aquí, el contexto deja claro el sentido del juicio: se trata de detener las victorias que el enemigo de los santos, es decir, el poder imperial, está alcanzando sobre ellos, e invertir la situación, para que el reino sea entregado al pueblo de los santos del altísimo (Dn 7,27).

Con eso se indica quienes son los que se sientan en los tronos. En el v. 5 el vidente continúa mostrando lo que vio, en continuidad con lo anterior. Junto a los tronos, Juan vio las “vidas de los degollados por causa del testimonio de Jesús y por causa de la Palabra de Dios, y los que no se postraron frente a la bestia o su imagen y no recibieron la marca en su frente o en su mano”. Esta identificación minuciosa de las vidas que se vieron recoge datos de otras partes del libro. Los “degollados por causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios” recuerdan la presentación de Ap 6,9, y la situación del propio Juan, que está en Patmos, compañero de aquellos a los cuales se dirige (1,9). Vale anotar la redacción de los textos Ap 1,9: “Yo, Juan, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús”; Ap 6,9: “Vi… las vidas de los inmolados por causa de la palabra de Dios y por causa del testimonio que dieron”; Ap 20,4: “vi… las vidas de los degollados por causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios”.

Vale todavía mencionar que en Ap 12,11 se habla de personas que vencieron a causa de la sangre del Cordero “Y a causa de la palabra del testimonio de ellos”. Palabra (en 12,17 y 14,2 se habla de mandamientos) y el testimonio son el tenor de la fidelidad mantenida. Los mártires ahora aparecen para la rehabilitación en tanto tiempo conseguida, en 6,10.

Junto con ellos aparecen los que no adoraron a la Bestia descrita en Ap 13 ni recibieron su marca (ver Ap 13,15-17). No son necesariamente otro grupo totalmente distinto del primero ni identificado plenamente con él. Basta recordar que con esta mención estamos situados de manera específicamente crítica en el universo social, económico y cultural impuesto por Roma .

Por lo que se nota, tenemos hasta aquí, en el v. 4 una serie de elementos descriptivos que señalándonos hacia otros momentos del libro, nos sitúan en el ambiente de persecución, hostilidades y muerte que marca la parte mayor del libro del Apocalipsis y explica mucho de sus motivaciones y propósitos .

Son los perseguidos y hostilizados aquellos que se sientan en los tronos. En el v. 4 se habla de ellos como agentes del juicio (“los santos juzgarán el mundo”, según 1Cor 6,2). Aún todavía sin objeto explícito, las inspiraciones del texto sugieren la inversión de la situación y la condena por parte de los testigos fieles, de los poderes malignos. Sentarse en el trono, destrona a aquellos que se acostumbraron a él, ¡cambia la comprensión del mundo y del sentido del testimonio!

Lo sorprendente viene ahora: los decapitados y los que no se postraron delante de la Bestia “vivirán y reinaran con Cristo mil años”. Este reinado de mil años ya dio que hablar, y aquí anotamos solo lo que nos parece esencial. En primer lugar, supone la victoria de Cristo narrada en 19,11-21, en que la Bestia y su falso profeta fueron capturados y destruidos, y su séquito destrozado. Pero supone también el aprisionamiento desde la raíz del poder de la Bestia, es decir, el Dragón, presentado en la visión anterior (20,1-3). El fin de éste es fundamental para que sea posible el reinado con Cristo así como que se pueda percibir su carácter: tanto uno como el otro corren paralelos por mil años.

“Vivirán”, este verbo nos hace pensar en Ez 37, la famosa visión de los huesos secos que viven. Por el contrario estaríamos ahí apenas en el inicio de un paralelismo entre el fin del libro del Apocalipsis y varios capítulos de Ezequiel a los que nos referiremos más adelante. Por ahora, basta recordar que Ezequiel habla de la esperanza, de la reconstrucción, del rejuvenecimiento y de la superación de una realidad de aparente y sufrida impotencia.

“Reinarán”, ahora somos remitidos, una vez más, a Dn 7,27, en el cual se ve el reino entregado al pueblo de los santos del Altísimo. El Apocalipsis, no es el único libro del N.T. en hablar de la comunidad cristiana en términos de reinado (ver 1Pe 2,9; Ap 1,6; 5,10), pero aquí tenemos la proyección apocalíptica de un reinado que se contrapone, contesta y sustituye al reinado que hasta entonces tenían las fuerzas, ahora detenidas y reducidas a la impotencia. El antagonismo supuesto en este reinado colectivo es muy peculiar para nuestro texto. Esta perspectiva queda reforzada cuando advertimos que el reinado apocalíptico se opone siempre a los reinados históricamente establecidos, muchas veces presentados en forma de alegorías con animales o en secuencia de metales (Dn 2). Pero en el Apocalipsis la oposición del reino venidero se da específicamente en el reino presente, es decir, en el imperio Romano (Ap 13).

La expresión “mil años” no es nueva en el Apocalipsis, aunque este sea en el N.T., el único en emplearlo, con la excepción de 2Pe 3,8, y solo en nuestro texto. Aunque la expresión en 2Pe ciertamente inspirada en Sal 90.4, quiere apuntar hacia una significación absolutamente vaga, en nuestro texto ella aparece contrapuesta al “poco tiempo” por lo cual el Dragón de muchos nombres quedará libre después de estos mil años. Así “mil años” quiere designar un período largo, aunque limitado, en que el Dragón estará preso y los suyos estarán reinando. El vidente insiste en el número: por seis veces, del v. 2 al 7 y habla de los 1000 años. Son mil años de felicidad, que esperan a los fieles que viven un presente atribulado y hostil, y que por la expectativa del fin totalmente nuevo pueden resistir.

Tampoco la era paradisíaca milenarista no es exclusiva del Apocalipsis. Veamos todavía como termina el Apocalípsis de Elías, “En aquel día, el Mesías, el rey y todos sus santos llegarán de los cielos. Ellos quemarán la tierra. Él quedará en ella mil años. Porque los pecadores prevalecerán sobre ella, el creará un nuevo cielo y una nueva tierra. Ningún maleficio mortal habitará en ellas. Él gobernará con sus santos… que están con el Mesías por mil años” (5,36-39).

En una escena que podrá ser vista más adelante, se nos muestra como el Apocalipsis Hebraico de Elías define, por cuarenta años, la duración de la era mesiánica. Por el contrario, la duración de la era de felicidad tiende a variar de un escrito a otro. En el cuarto libro de Esdras (7,26-31) leemos: “aquellos que vienen a tiempo, cuando las señales que yo les anuncié vendrán; la ciudad, hasta ahora no vista, aparecerá, y la tierra que ahora está escondida será revelada. Y todo el que fue liberado de los males que yo anuncie, verá a mis vencedores. Pues mi hijo, el Mesías, será revelado con estos que están con él y los que permanezcan se alegrarán por 400 años y después de estos años mi hijo, el Mesías morirá y todos los que respiran el soplo humano. Y el mundo retornará al silencio primitivo durante siete días… Y después de siete días, el mundo… será despertado, y lo que es corruptible perecerá”.

No es necesario suponer que los escritos cristianos milenaristas hayan bebido única y directamente del Apocalipsis de Juan. La epístola de Bernabé, relacionando Sal 90,4 y Gn 2,2, sugiere lo siguiente: “Dios realizó su obra en seis días. Esto significa que en seis mil años Dios llevará todas las cosas a su fin… Y el reposó en el séptimo día. Esto significa: cuando su Hijo venga a poner fin al plazo concedido a los pecadores, juzgará a los impíos, transformará el sol, la luna y las estrellas, entonces él descansará gloriosamente al séptimo día… Inaugurará el octavo día, es decir, otro mundo” .

El libro de los secretos de Enoc realiza la misma articulación que permite pensar en los orígenes de la imagen milenaria del reino: “Y en el octavo día yo fijé el mismo día, para que el octavo día fuese el primero, primicias de mi descanso, y para que se conviertan en símbolos de los siete mil y para que sea el principio de los ocho mil” (11,81).

Comenta sobre este texto Antonio de Santos Otero: “Los días de la semana son interpretados aquí como símbolos de los siete mil años atribuidos a la duración del mundo. Esta concepción esta basada en una idea de origen inmemorial, según la cual una unidad de mil años equivale a un día de la semana del mundo’” . ¿Estos textos estarían, conteniendo o no el número “mil”, sugiriendo una consumación/renovación de la creación? Irineo parece sugerir algo en este sentido: “Cuantos fueron los días empleados en crear este mundo, tantos serán los milenios de su duración… Si la creación fue acabada en seis días está clara que la consumación de las cosas sucederá en el sexto milenio”. (Adv. Hear. V, 28,3).

Podemos notar aun una variante en la forma de presentar el período paradisíaco. La epístola de Bernabe, como ya lo hiciera el Testamento de Leví lo comprende como un descanso de los santos; otros textos van a hablar de modo diferente, en términos de fecundidad y vitalidad, inspirados particularmente en: Is 65,17-25. Y hay quien hable del reinado. Es el caso de Papías de Hierápolis, del cual, Eusebio dice que “después de la resurrección de los muertos habrá un milenio, y que el reino de Cristo se establecerá físicamente sobre esta tierra (Historia Eclesiástica, III, 39,12). Ya leímos en el Apocalipsis de Elías, hablando del gobierno del Rey Mesías con sus santos. El Apocalipsis de Juan también apunta en esta dirección, incluso con matices particulares que cabe destacar.

La relevancia de esta vida y reinado con Cristo queda marcada por el hecho de que “el resto de los muertos no viven” en este período. Esta expresión difícil debe servir fundamentalmente de contrapunto: Los elegidos, los mártires, los que no se postraron delante de la bestia tienen aquí su compensación privilegiada.

Nada de fanatismo, de locura o de expresiones de género. Las poderosas imágenes comunicadas por el vidente no tienen otra función que despertar a los lectores y lectoras. En este sentido, es típico del Apocalipsis suspender la secuencia descriptiva, combinando narración y comentario: 14,1-3.4-5; 13,1-8.9-10; 16,13-14.15; 21,24-26.27. Los comentarios tienden a explicar al público lector las descripciones . En nuestro texto tenemos primeramente una explicación: “Esta es la primera resurrección” (v.5b). Después de un macarismo (una expresión de felicidad), uno de los siete encontrados en el libro expresa la conexión entre el acto y sus efectos, como en Mt 24,46; Ap 1,3. La connotación escatológica es explícita: “La segunda muerte no tendrá poder sobre ellos”. Esta concepción muy particular de las resurrecciones dice Vielhauer, “Es combinación de dos concepciones judaicas: una, la antigua, sobre la resurrección de los justos exclusivamente y la otra, más reciente, sobre la resurrección general de los muertos”. La finalidad, aparece clara: animar a la participación en la primera resurrección, aquella que espera a los que triunfan, incluso pagando con su vida: “Serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Cristo por mil años”. Llama la atención la aparición repentina del tema del sacerdocio en nuestra perícopa. Ella retoma pasajes anteriores: desde 1,6, en que se habla de Jesús que “hizo de nosotros un reino de sacerdotes para nuestro Dios”, pasando por 5,10. Lo que estos pasajes presentaban en el pasado y el presente, nuestro texto lo proyecta para el futuro. Estas expresiones, al mismo tiempo que nos recuerdan el ambiente litúrgico de nuestra perícopa, nos hacen recordar Ex 19,5, que inspira también 1Pe 2,5.9. Textos de Qumram también caracterizan al pueblo mesiánico con este calificativo sacerdotal.

La derrota definitiva

Para nuestro propósito este trozo de la perícopa tiene una importancia menor, ya que pretendíamos detenernos sobre el significado del milenio para el Apocalipsis y su público. Pero los v. 7-10 sitúan adecuadamente el conjunto, por eso proponemos al respecto algunas observaciones. No describen la lucha contra los enemigos que surgen con la liberación de Satanás después de los 1000 años, de igual manera como en 19,11-21. Solo hablan del camino de estos, como si fuesen a vencer, y después su derrota final. Es interesante notar todavía que la forma del texto no es el de una visión, aunque el contenido pudiese ser colocado ahí. Se trata más bien de un vaticinio, el tono es de anuncio.

Klaus Berger identifica un tema que aglutina varios textos de tradición judía y cristiana, entre ellos Ap 19,11-21 y 20,7-10; la guerra contra Jerusalén, “Esta lucha es decidida por el juicio divino con el fuego o con la venida del Mesías, que lucha contra los pueblos y los derrota”. En el caso de nuestro texto es el fuego que espera al Diablo, como en Hen 10,6 (“y en el día del gran juicio, él (Azazel) sea lanzado al fuego”).

La función de estas guerras, dice Berger, es la siguiente: “en el propio plano de la historia concreta, Dios va a hacer reconocer su soberanía. Así como los mártires fueron sacrificados físicamente, ellos tendrán que reinar también físicamente. Frente a la experiencia del poder militar acumulado en el imperio Romano, superando todo lo ya visto, aquellas osadas esperanzas no son incomprensibles como consolación y teodicea” .

Un detalle viene a reforzar la importancia de la utopía del milenio en este texto: solo ahora, el Diablo va a hacer compañía definitiva a sus compañeros y agentes, la Bestia y el falso profeta, lanzados al fuego ya en 19,20. La prisión del Dragón de varios nombres en el abismo es provisional, y corre concomitante al reinado de los que habían sido sus víctimas o habían resistido a su representante. No se trata, solamente de un reino intermediario, sino también de un castigo del Dragón, lo que viene a dar más relevancia a la vida de los sacerdotes y reyes por mil años de quien participa de la primera resurrección. Así, el contenido del macarismo y de la proclamación de los v. 5-6 se muestra siempre más central en la intencionalidad manifestada por nuestro texto.

Conclusión

Ya se habló que nuestro texto se inserta en un conjunto que estructuralmente se aproxima bastante al final del libro del profeta Ezequiel. Veamos el cuadro:

Ezequiel

 

Apocalipsis

37- La “resurrección”

 

20,4-5 - La resurrección

38-39 - Gog y Magog

 

20,7-10 - Gog y Magog

40ss - Nuevo Templo

 

21- Nuevo cielo y nueva tierra

Pero se puede notar todavía una aproximación, inclusive en los detalles con el Apocalipsis hebraico de Elías, obra de difícil datación, pero probablemente posterior al Apocalipsis de Juan. Klaus Berger nos ofrece a este respecto un cuadro comparativo .

Apocalipsis de Elías

Apocalipsis de Juan

 

 

2 - Fin de Roma
 2,4: adversarios de Roma

17,16 - Adversarios terrestres de Roma

3s - exiliados se reúnen salida de Babilonia

18 - la caída de Babilonia es anunciada

4,8-5,1 - el principal adversario escatológico

18,4 - orden de salir de Babilonia

5,2.5;6,1 - el Mesías viene
 6.2: efecto: los paganos desaparecen

13-19 - La Bestia; 19,19 - la bestia y los reyes

6,3-5 - era mesiánica de 40 años

19,11-21 - Viene el Logos

7,1 - Gog y Magog marchan contra Jerusalén

19,20s - castigo de los adversarios

7,2.3 - Dios y el Mesías contra ellos

10,1-6 - Reino de mil años

7,5 - Las aves devoran las carnes de los adversarios

20,7-9a - Gog y Magog marchan contra Jerusalén

7,9 - Las ciudades de Israel protegidas por el fuego

20,9 - El fuego del cielo aniquila a los enemigos

8,3 - Resurrección

20,12 - Resurrección

9,1-3 Juicio

20,14s - juicio

10,1-8 - Nueva Sión/Jerusalén

21,10ss - Nueva Jerusalén

 

En esta exposición más descriptiva que analítica, los cuadros y los varios textos de la literatura Judeo-cristiana que pudimos leer nos ayudan a percibir que el Apocalipsis de Juan está en conexión y diálogo con otras tantas expresiones. Forma parte de un mundo en que circulan anárquicamente concepciones, ideas. Y cada texto establece sus conexiones. Aparece como propio del Apocalipsis articular el apresamiento de Satanás, la parusía y la idea de un reino milenario en cuyo período el Diablo estará preso; después habrá un combate definitivo .

¿Son estas expresiones las que muestran esta red de imágenes, figuras y números? De la lucha por la vida, llena de incertidumbres y esperanzas, de hostilidades y felicidades. La lucha cotidiana de la comunidad apocalíptica se debe meter en el proceso descrito en el libro, de expectativa actuante por la derrota del poder maligno escatológico y de sus agentes históricos. En la periferia del mundo, salir cantando la prisión de los agentes represivos y la vida de quien fue víctima de ellos, no es, en verdad, poca cosa. La revelación de los términos del fin, ilumina el actuar presente, el camino se ve más claro.

Vale la pena recuperar aquí otro aspecto. Vimos nuestro texto en relación con varios otros, en particular de la Biblia Hebrea. Destacando, la recuperación de contenidos provenientes de Ezequiel y Daniel. Los respectivos contextos del cautiverio de donde surgieron estas obras (exilio de Babilonia y opresión Seléucida) podrían aproximarse al mundo del Apocalipsis. Pero destacaría otro aspecto, que viene de la relación en términos de tradición. Lo que se recupera en estos escritos son promesas de restauración del pueblo, del retorno a la tierra, de supresión de los imperios tiránicos. Se reafirma la certeza que su contenido tiene sentido y se procede a la relectura de ellas en nuevas circunstancias . El reavivar las promesas antiguas desencadena la revelación de nuevas, que refuerzan las seguridades y confirman las esperanzas.

Terminemos recordando con Canudos, (interior de Brasil) al final del siglo pasado. Siendo o no siendo de Antonio Conselheiro (parece que no es), el famoso anuncio de que “la estepa va a convertirse en mar y el mar va a convertirse en estepa” dio dirección y sentido al camino histórico y vital de millones de campesinos procedentes del interior del Noreste, empapados o no de deseos apocalípticos: la ciudad santa de Belo Monte. Hasta ser detenidos por los cañones del ejercito de la civilización, mandados para destruir la aberración bárbara, llena de acciones inconcebibles y sueños prohibidos…

Pedro Lima Vasconcellos
Rua das Acácias, 115
Jardim Paraíso
13273-390 Valinhos - SP
Brasil

 

Jean Delumeau. Mil anos de felicidade. Una historia do paraíso. Companhia das Letras, São Paulo, 1997. Para un resumen se puede leer Richard Heinberg: Memórias e visões do paraíso. Editora Campus, Río de Janeiro, 1991, p. 150-151.

Esta delimitación de la perícopa (v. 1-10) es aceptada, entre otros, por Phillip Vielhauer. Historia de la literatura cristiana. Ediciones Sígueme Salamanca, 1991, p 513.

Pierre Pringent. O Apocalipse. Ediciones Loyola, São Paulo, 1993, p. 353. Ver además Adela Yarbro Collins (“The book of Revelation”. En: John J. Collins (ed.) The encyclopedia of apocalypticism. Continuum, 1998. v.1, p. 409-411), que muestra como nuestro texto es uno de los focos a partir del cual se define la interpretación de todo el Apocalipsis.

V. Lanternari. “Milênio”. En: Enciclopédia Einaudi. Empresa Nacional - Casa de la moneda, 1994, p. 305-308.

V. Lanternari. “Sueño/visión”. En: Enciclopédia Einaudi. Impresora Nacional - Casa de la Moneda 1994, p. 247-279.

Pierre Prigent. O Apocalipse…, p. 363.

Mircea Eliade. Imagens e símbolos 2 ed., Martins Fontes, 1996, p. 89-122. La cita es de la p. 111.

Ched Myers. O evangelho de são Marcos. Ediciones paulinas, São Paulo, 1992.

Pierre Prigent. O Apocalipse…, p. 363.

Se menciona aquí la observación de Gerd Theissen: “de acuerdo con el Apocalipsis de las Semanas… Dios delegó cuando Israel perdió su independencia política, su reino a los ángeles caídos, súbditos de Satanas” (Sociología del movimiento de Jesús. Editora Sinodal, São Leopoldo, 1989, p. 66).

A propósito de esto vale ver Klaus Wengst. Pax romana - Pretensão e realidade. Ediciones Paulinas São Paulo 1991, p. 174-198.

Para una posición bastante matizada respecto a las persecuciones de las primeras comunidades seguidoras de Jesús ver Jorge Pixley. “Las persecusiones: El conflicto de algunos cristinaos con el imperio”. En: Ribla Petrópolis, 1990. n. 7, p. 76-88.

Citado en Jean Delumeau. Mil años de felicidad… p. 22.

Libro de los secretos de Enoq. En: Alejandro Diez Macho (org.) Apócrifos del Antiguo Testamento. Ediciones Cristiandad, Madrid, 1984. v. 4, p. 180.

Klaus Berger. Las formas literarias del Nuevo Testamento. Ediciones Loyola, São Paulo, 1998, p. 288.

Philipp Vielhauer. Historia de la literatura…, p. 522.

Klaus Berger. Las formas literarias…, p. 272.

Klaus Berger. Las formas literarias…, p. 273.

Klaus Berger. Las formas literarias…, p. 273.

Philipp Vielhauer. Historia de la literatura… p. 522.

José Severino Croatto. “Apocaliptica y esperanza de los oprimidos (contexto socio político y cultural del género apocaliptico)”. En: Revista de Interpretación Biblica Latinoamericana Petrópolis, 1990. n. 7, p. 11-12.

 
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe.