Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas
MIQUEAS EL LIBRO Y MIQUEAS EL PROFETA
JORGE PIXLEY
Resumen:
El profeta Miqueas es un profeta extraño. En este artículo se analizan los conjuntos de oráculos, destacándose el dato de las relecturas alternadas con los textos más antiguos. En la segunda parte se estudia en particular el tema de la insurrección popular, que puede leerse en el pasaje extraño de 2,10. Desde el punto de vista hermenéutico, se tocan algunos problemas referentes a la transmisión (TM y LXX) del texto.
Abstract:
The prophet Micah is a strange prophet. In this article the groupings of oracles are analyzed, emphasizing the fact of the re-readings alternated with the most ancient texts. In the second part there is a particular study of the popular uprising that can be understood in the strange passage of 2:10. From a hermeneutical point of view some of the problems referring to the transmission of the text (Masoretic and Septuagint) are touched upon.
Todos los libros de los Profetas en la Biblia fueron compuestos en los siglos VI y V a.C. bajo el impacto de la destrucción de Jerusalén, la dispersión del pueblo de Israel, y en el contexto del esfuerzo de recomposición bajo la hegemonía persa. Su público lector original era el pueblo traumado por la caída de su ciudad santa y su reinado, y dividido frente al proyecto de restauración. Miqueas no es una excepción.
Pero todos los Profetas "mayores" y la mayoría de los "profetas menores" se formaron con una colección de dichos y relatos acerca de un profeta del período de la monarquía. Así, el libro de Isaías se forma en base a los dichos del profeta de ese nombre, que vivió en el siglo VIII a.C. El libro de Miqueas toma su nombre de un profeta de Moréset Gat, contemporáneo de Isaías en el siglo VIII, y contiene algunos dichos de él. Isaías era de Jerusalén, la ciudad donde se hicieron muchos de los trabajos de composición de los libros proféticos; Miqueas era del campo y su perspectiva fue campesina. Si bien es natural que existan entre el profeta y sus herederos religiosos e intelectuales que compusieron "su" libro algunas diferencias, las que son evidentes en el libro de Isaías, las mismas son mucho mayores en el caso de Miqueas. Este número de RIBLA busca ayudar a la lectura de los libros proféticos, de modo que nuestro objeto de estudio no es el profeta del siglo VIII sino el libro que fue compuesto por los escribas que suponemos formaban parte de la administración del proyecto judaíta, auspiciado por los persas. Sus intereses sociopolíticos eran legitimar y fortalecer el aparato de gobierno y su aliado religioso, y no podían asumir como propios los intereses antiurbanos del profeta campesino cuyos dichos preservaban. Y, sin embargo, ¡los preservaron!, aunque en algunos casos censurados. Pasemos a la materia.
El libro tiene una estructura ABA'B', donde las partes A y A' son de tono negativo (acusaciones, amenazas, lamentos) y las partes B y B' son de tono positivo (promesas y expresiones de confianza). El tránsito del juicio a la salvación es fundamental a la intención del libro y a la fe de sus autores. El lector no tiene más que leer el primer poema y el último para percibir esta intención:
¡Escuchad, pueblos todos,
atiende tierra y cuanto encierras!
¡Sea testigo el Señor Yavé contra vosotros,
el Señor desde su santo Templo!
Pues he aquí que Yavé sale de su lugar,
baja y huella las alturas de la tierra.
Debajo de él los montes se derriten,
y los valles se parten,
como la cera al fuego,
como aguas que se precipitan por una pendiente (1,2-4).
¿Qué Dios hay como tú, que quite la culpa,
y pase por alto el delito del resto de su heredad?
No mantendrá su cólera por siempre,
pues se complace en el amor;
volverá a compadecerse de nosotros,
pisoteará nuestras culpas.
¡Tu arrojarás al fondo del mar
todos nuestros pecados!
Otorga fidelidad a Jacob,
amor a Abrahán,
como juraste a nuestros padres,
desde los días de antaño (7,18-20).
Este ritmo que se aprecia en las citas inicial y final se da dos veces en los dos bloques que hacen el libro (1,2-5,8 [AB] y 5,9-7,20 [A'B']. Pero veamos el libro en su orden secuencial.
El primer versículo del libro (1,1) es el título general, y anuncia que se trata de la "Palabra de Yavé" dirigida a Miqueas, quien era del pueblo de Moréset, en un tiempo que se define por tres reyes sucesivos de Judá, reyes de los últimos 30 años del siglo VIII, según nuestra forma cristiana de medir el tiempo. Los dichos mismos del libro nunca mencionan rey alguno por nombre, y el hecho de ser Miqueas de un pueblo de la llanura revela una cierta tensión entre el profeta mismo y los autores del libro, para quienes el tiempo se medía por los períodos de los reyes en Jerusalén.
La sección A, 1,2-3,12, contiene las denuncias y amenazas más duras de todo el libro, con una breve pero importante interrupción para anunciar el retorno del exilio (2,12-13), como para que el lector no se desespere. La sección A comienza con la amenaza de que Yavé desciende a hacer juicio, amenaza que citamos arriba, y termina con el anuncio de la conversión de Jerusalén en un campo arado: "por eso, por culpa vuestra, Sión será un campo que se ara, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la Casa una altura montosa" (3,12). Estos tres capítulos preservan muchos dichos que reflejan la perspectiva rural de Miqueas, incluyendo el último oráculo (3,9-12), que es una acusación violenta contra los jefes de la ciudad. Un dicho, en 1,5, llega al extremo de designar el delito de Jacob como la ciudad Samaria y el pecado de la casa de Judá como la ciudad Jerusalén.
La sección B (4,1-5,8) comienza con una dramática afirmación del futuro de Jerusalén, afirmación que, en 4,1-7, sigue directamente al anuncio de desgracia en 3,12. El lector siente alivio, un alivio que es interpretado en el poema final del libro como resultado de tener un Dios que "no mantendrá su cólera por siempre" y que "arroja nuestros pecados al fondo del mar". Esta fe confiada toma la forma política de los retornados de Babilonia que reconstruyeron Jerusalén, en el famoso oráculo que comienza:
Sucederá en días futuros
que el monte de la Casa de Yavé
será asentado en la cima de los montes,
y se alzará por encima de las colinas.
Y afluirán a él los pueblos,
acudirán naciones numerosas y dirán:
"Venid, subamos al monte de Yavé,
a la Casa del Dios de Jacob,
para que nos enseñe sus caminos,
y nosotros sigamos sus senderos".
Pues de Sión saldrá la ley,
y la palabra de Yavé de Jerusalén (4,1-2).
Podemos observar, comparando con Is 2,1-5, que los autores del libro de Miqueas han tomado de la tradición del profeta urbano Isaías para reinterpretar el juicio a la ciudad como algo que tuvo su momento y que ha sido superado y no como algo intrínseco a su ser como ciudad.
En 5,1-5 podemos ver la promesa de un rey que saldrá del campo para liderar al pueblo de Israel, como antaño salió David. Probablemente por el antecedente davídico que tiene, esta visión, que suponemos proviene del profeta mismo, es retomada como promesa en el libro para la comunidad de la Golá.
La sección A' (5,9-6,7) nuevamente ataca el mal, la corrupción de medidas falsas, la violencia y la mentira (6,9-15). Contiene una querella (rîb) contra Israel, en la que se acusa al pueblo de olvidar las obras salvíficas de Yavé y pretender con sacrificios cubrir las injusticias (6,1-8). En su interesante análisis clasista del libro de Miqueas, el biblista sudafricano Itumeleng Mosala adjudica esto al segundo nivel de tres, un nivel del libro que representa la perspectiva de las capas medias de la sociedad. Aunque no compartimos la confianza de Mosala en poder identificar por intereses sociopolíticos todos los textos (Mosala encuentra cinco diferentes niveles entre los cuales reparte todo el libro), creemos correcta su apreciación de este texto como menos "campesino" que el profeta y más crítico del culto que la redacción final. Apunta, pues, a la complejidad del proceso de composición de este libro, y a la tendencia de sus autores a ser inclusivos y no desechar el material que no refleja directamente sus intereses.
Por último, la sección B' (7,8-20) afirma la confianza en un dios compasivo y poderoso que quitará de Israel la afrenta de su derrota ante sus adversarios:
No te alegres, enemiga mía,
porque si caigo me levantaré,
y si estoy postrada en tinieblas,
Yavé es mi luz.
La cólera de Yavé soportaré,
ya que he pecado contra él,
hasta que él juzgue mi causa
y ejecute mi juicio;
él me sacará a la luz,
y yo contemplaré su justicia.
Lo verá mi enemiga,
y se cubrirá de vergüenza,
ella que me decía:
"¿Dónde está Yavé tu Dios?"
¡Mis ojos se regodearán en ella
cuando sea cosa pisoteada
como el fango de las calles! (7,8-10).
¡Éste es el mensaje del libro de Miqueas!
Yavé sigue siendo el Dios de Israel. Israel ha sido avergonzado con las calamidades de los últimos tiempos, porque Yavé estaba castigándolo por sus pecados y, una vez pagada su culpa, lo perdonará y devolverá a un estado que será la admiración de las naciones de la tierra.
Sin embargo, para poder llegar a este mensaje hubo que hacer más que reinterpretar al profeta, como sucedió al colocar la promesa de la tradición isaiana después del anuncio de la destrucción de Jerusalén (4,1-7 después de 3,9-12). Fue necesario también censurar al rebelde profeta de Moréset Gat. Este proceso se puede observar especialmente en el oráculo de 2,6-11, donde el profeta protesta justamente por la censura que se les impone a él y a sus compañeros: "¡No babeéis - babean ellos - que no babeen de esa manera!" (2,6). Lo censurado a Miqueas y sus compañeros se encuentra en los vv. 8-10, pero ha sufrido una nueva censura de parte de los autores del libro, de sus transmisores y de sus traductores. Siguiendo a los LXX en una traducción literal, el v. 9 diría: "Por lo tanto, los líderes de mi pueblo serán arrancados de sus casas de placer, por sus fechorías serán expulsados". El TM hebreo cambia líderes por mujeres, y así oculta el sentido "clasista" del dicho censurado. En el v.10 todo depende de quién es llamado a levantarse e ir, pues no es tiempo de paz. Los traductores por lo general quitan la acción del pueblo como enemigo en el v.8, pues suponen que Miqueas fue censurado por dirigirse a los ricos y no pueden entender al texto, que claramente hace del pueblo el actor (y probablemente también el interpelado en la profecía censurada). El texto hebreo es claro sobre que es elpueblo el que se ha alzado. Una vez eliminado el pueblo como el interpelado, los imperativos del v.10 ("¡alzaos, id, pues no es tiempo de descanso!") se tienen que leer como un llamado a los ricos a huir. Si se tradujera en el v.8 a "mi pueblo" como sujeto, entonces resultaría que ¡el pueblo es quien debe alzarse, pues no es tiempo de descanso!
Una vez que conocemos algo del proceso de censura y que Miqueas llamó al pueblo a la insurrección, podemos entender mejor la curiosa profecía de 3,12, que asegura que Sión será un campo arado, pero silencia quién la reducirá a ese estado. Los comentaristas generalmente suponen que Miqueas piensa en los asirios, y también suponen que estos mismos están detrás de las ciudades amenazadas en 1,8-16 (Gat, Lakis, Adullam, etc.). Pero el libro nunca menciona este supuesto enemigo. Tampoco presenta las destrucciones como obras de Dios. Si nuestra lectura de 2,6-11 es correcta, bien se puede pensar que Miqueas el profeta llamó a los campesinos de Judá a la insurrección contra las ciudades.
Resulta sumamente aleccionador que los escribas que transmitieron estos dichos proféticos y que no creían en la insurrección, hayan querido preservarlos en un libro de estudio para la comunidad de la Golá. El Dios del libro de Miqueas es en última instancia un dios perdonador, que se enoja y castiga pero no mantiene su ira. Pero es también el dios de ese pueblo campesino que soñó con un rey surgido de su medio (5,1-5). Y no se puede excluir que Yavé, el dios de Israel, también haya inspirado al profeta campesino que incitó a la insurrección.
¡Sin duda Karl Barth tenía razón cuando dijo que el Dios de la Biblia es un dios extraño! ¡Este dios es nuestro Dios! Es el mismo Dios del cual dijo san Agustín, obispo de Hipona en Africa en el siglo V: "Si lo comprendes, no es Dios".
Miqueas es un libro fascinante y extraño, pero en la fascinación de esa extrañeza es fiel al Dios de la Biblia.
Jorge Pixley
Apartado 2555
Managua, Nicaragua
(505 2) 66.0417
Fax: (505 2) 22.6860
Las citas son de la Biblia de Jerusalén, cotejada y corregida con los originales hebreo y griego. El griego (LXX) es uno de los originales por cuanto preserva en algunos casos un texto que luego fue modificado en la tradición textual hebrea que culminó en nuestro Texto Masorético (TM).
El antiguo texto griego de los LXX preserva esta última referencia que está censurada en el texto hebreo, el cual dice que los "altos" de la casa de Judá son Jerusalén. Los LXX, una traducción del siglo III a.C., son un testigo de que la composición del libro de Miqueas no terminó con la adaptación/censura de los dichos del profeta, sino que este proceso continuó en la transmisión posterior.
Ver Itumeleng J. Mosala, Biblical Hermeneutics and Black Theology in South Africa. Grand Rapids, Eerdmans, 1989) 134-143.
El autor del presente ensayo ha hecho un análisis de este oráculo y de las traducciones que ha sufrido, en el estudio "Miqueas 2.6-11; ¿Qué quiso silenciar la Casa de Jacob? Profetismo e insurrección", en Revista Bíblica 51 (1989) 143-162. Una versión abreviada está en portugués: "Miquéias - Profecia e Insurreiçao", en A teologia se fez terra. CEDI/Editora Sinodal/CPID, 1991.
Si comprehendis, non est Deus (Agustin de Hipona, Sermo 56 c 6).
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