|
Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas |
La danza de Eros o el deseo del SerIvone Gebara He quedado preguntando sobre las razones de pensar el erotismo desde la Biblia y desde la teología en este momento de la historia de América Latina. A pesar del interés del tema, confieso la dificultad personal de encontrar pistas teológicas actuales para reflexionar sobre él. Reconozco que la preocupación por rescatar la dimensión erótica de las relaciones humanas ha sido una constante en ciertos medios progresistas ligados a las diferentes iglesias. Más allá de eso, la creciente erotización de la sociedad, verificada, por ejemplo, en la propaganda y en los programas de televisión, está invitándonos a reflexionar sobre esta dimensión humana hoy tan vulgarizada y comercializada. Es como si a partir de la Biblia y la Teología, quisiéramos, pensando acerca del erotismo, revalorizar el cuerpo y sus más profundas dimensiones después de un largo período de lucha contra el cuerpo y la materia que somos. O aún más, es como si quisiéramos restaurar el valor del cuerpo y su dimensión erótica, diferente de aquella expresada por el consumismo de nuestra sociedad. Son muchas las razones de la pertinencia del tema y no es nuestra tarea aquí intentar detectarlas. Mas bien, es importante resaltar la importancia y el desafío de pensar nuevamente, cosas viejas y nuevas sobre la existencia humana. En el camino reflexivo que emprendí para escribir este pequeño artículo, algunas razones sustentaron mi pensamiento, como por ejemplo, el deseo de aproximar el erotismo a la belleza de los cuerpos, el deseo de luchar por la integridad de todos los cuerpos, de despertar de nuevo el cuidado y el cariño por todos los cuerpos. Siento que necesitamos algo fuerte, una pasión capaz de despertar en nosotros el amor y el cuidado por todos los seres, por la naturaleza, por nosotros/as mismos/as. Es como si el cansancio de ver tanta destrucción nos adormeciera e impidiera de crear nuevas acciones y nuevos significados para nuestra vida. Necesitamos nuevas pasiones o reactivar las viejas pasiones olvidadas, pasiones comunes y colectivas. Necesitamos de algo fuerte, capaz de despertar nuestros corazones de piedra para un lindo sueño colectivo. ¿Sería eso erotismo? ¿Sería eso un nuevo erotismo? Fui a buscar en el diccionario el significado de la palabra “erotismo” como si quisiera buscar una definición sobre el sentido de esta palabra. Es como si yo conociera y al mismo tiempo desconociera su significado. Los sentimientos y pensamientos se mezclaban en mi. Yo necesitaba de un apoyo para comenzar a pensar y a escribir. Para mi espanto, los dos diccionarios en los cuales hice mi investigación hablaban de erotismo como un “comportamiento relativo al amor sexual”. Encontré la explicación insuficiente aún sabiendo que no se puede esperar mucho más que eso de un diccionario. A pesar de ya haber sido escrita la primera página, siento una nueva dificultad. Me siento incómoda al escribir sobre el erotismo como “un objeto” que se estudia. Siento el desafío del discurso sobre el erotismo y lo siento como una posible prisión de lo erótico. Mi pregunta inicial vuelve. ¿Qué mismo es esto a lo que denominamos como erótico o erotismo? O qué es ese algo sentido, intuido, hablado, usado, comprado y vendido que vuelve siempre de nuevo en el hablar de los especialistas y de tanta gente? Lo que se puede decir parece el pálido reflejo de una experiencia “casi” inolvidable, de una experiencia irreducible al pensamiento. El momento del pensamiento parece disminuir la intensidad de lo erótico o lo expresa a partir de una experiencia pasada que se vuelve presente como recuerdo agradable o desagradable en el campo de la memoria. Lo erótico es memoria e imaginación, es recuerdo y sueño. Lo erótico es de cierta forma irreducible al discurso. Es como si él solo pudiera ser dicho como pálida descripción de la energía vital que se experimentó o se experimenta. Es como si el dios Eros se negara a entrar en nuestros discursos y a ser definido o controlado por ellos. Me propongo entonces a no pensar lo erótico directamente, pero a reflexionar en torno a algunos condicionamientos en relación a lo que se denomina como erótico. Y esto porque una vez más, me siento limitada a pensar lo erótico, ese algo tan plural y diverso que mal sé caracterizar en los propios límites de mi existencia. La primera cosa que me parece importante recordar es que lo erótico es múltiple. No hay apenas una única expresión de lo erótico, no hay un único modelo para lo erótico. Se trata de un fenómeno animal humano natural cultural masculino femenino marcado por la historia (aquí no hay comas), por la clase social, por la edad, por la orientación sexual y por tantas otras variables. Pero, ¿quién es el que establece el modelo del ideal erótico? ¿Quién es el que define las reglas del juego? ¿Quién establece los límites de lo amado y de lo rechazado? La poesía desea lo erótico sin límites, lo erótico inclusivo, lo erótico que respeta lo diferente, que invita a soñar con el “ imposible suelo”. La Teología cambia el erotismo divino en Ágape para marcar la diferencia entre el simple amor humano y el divino. Por eso sigo adelante y doy un paso más en mis pensamientos sobre las estructuras de lo erótico o sobre la construcción social de lo erótico. Erotismo tiene que ver con la afirmación del sujeto. Tenemos necesidad de afirmar el “yo” para conocer sus caminos, sus sueños y deseos. Y en la medida en que nos conocemos, vamos siendo capaces de conocer nuestros frágiles “mapas eróticos”, nuestra geografía de sueños, nuestra historia de deseos. En la medida que nos conocemos, percibimos que los mapas descubiertos, son apenas algunos trazos delante de una incontable cantidad de trazos desconocidos. En la medida en que nos conocemos permitimos al otro, a la otra que se conozcan. Y este descubrir recíproco se torna casi inaceptable en una sociedad que entrega modelos eróticos prefabricados y los necesita para mantener su poder y controlar la vida de las multitudes. La construcción de mi cuerpo, de mi persona, revela mi construcción erótica, revela algo de mi libertad interior, de mi búsqueda de comunión con los otros. Entonces, Eros acaba naciendo en nosotros con sus múltiples rostros, con sus danzas diversas, con sus vinos y tragos, con sus manjares y sacrificios. De repente, percibimos que lo erótico de lo cual hablamos es el rostro bonito del Eros, que vive en nosotros. Entonces Eros no es uno pero mil, no es mil pero sí millares con su expresión diferente a pesar del fondo común que lo hace existir. Erótico es el vaso, el jarro, es el cucharón que se hace con las manos, es la boca que se aproxima para beber de la misma agua, más allá de todos los instrumentos, de todos los utensilios y de todos los poemas. Eróticos son los dedos en el teclado, haciendo salir la música de adentro del cuerpo, carne y piano, de las entrañas profundas, vibrando al son del ritmo creado. Y finalmente, ¿será que se puede decir todavía que Dios es amor? ¡Gran cuestión teológica! Tengo ganas de decir que Dios es más que el amor. Limitamos el amor a nuestras experiencias bien o mal vividas en amor. Repetimos a San Juan en su identificación de Dios con el Amor sin pensar en el sentido real de nuestras palabras y experiencias. No sería mejor decir que el amor, cualquier amor humano, crece en Dios, pero que Dios, el misterio infinito, el misterio que teje la vida y todas las vidas, está más allá del Amor? Eros es apenas un dios, un dios entre los muchos que creamos en la vivencia de la aventura humana. Eros es apenas un aspecto de nuestro Olimpo cultural. El “sin nombre”, o “no dios” es más grande, mucho más grande y de él/ella se sabe tan poco. Se intuye apenas que es un VIENTO, un AIRE que se hace “complejo” y se simplifica sustentando la VIDA, todas las vidas. La sabiduría humana se calla delante del Misterio. Apenas consciente que el Misterio sea Misterio. Atracción, Sustentación, Relación. No hay más teología. Solo se puede decir AMEN al SER.
Ivone Gebara
Traducción: Julio Pincay, svd |
El Consejo Latinoamericano de Iglesias es una organización de iglesias y movimientos cristianos fundada en Huampaní, Lima, en noviembre de 1982, creada para promover la unidad entre los cristianos y cristianas del continente. Son miembros del CLAI más de ciento cincuenta iglesias bautistas, congregacionales, episcopales, evangélicas unidas, luteranas, moravas, menonitas, metodistas, nazarenas, ortodoxas, pentecostales, presbiterianas, reformadas y valdenses, así como organismos cristianos especializados en áreas de pastoral juvenil, educación teológica, educación cristiana de veintiún países de América Latina y el Caribe. |
|
|
|
kinderschoenen |