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Consejo Latinoamericano de Iglesias - Conselho Latino-americano de Igrejas



 

 

La erótica como clave de lectura

Pablo R. Andiñach

Resumen

Hay teología en el Cantar y debemos buscarla en la toma de posición respecto al lugar social que ocupa el amor sincero - y en particular el lugar de la mujer - dentro de la dinámica de una sociedad que reprime los sentimientos.

Abstract
There is theology in the Song and we should look for it in the position taken regarding the social level which sincere love occupies – and in particular the place of women – within the dynamic of a society which suppresses feelings.

 

Establecer una clave de lectura es una tarea delicada, ya que supone que luego nuestra interpretación será influida por dicha opción. A la vez es necesario decir que difícilmente un texto pueda ser abordado desde una sola clave de lectura, hecho que no sólo nos habla de la riqueza de todo texto y su polisemia, sino también de la riqueza de la experiencia vital – que es diversa e incluso contradictoria - desde la cual se lee e interpreta lo que tengamos delante.

En nuestro comentario al Cantar de los Cantares señalamos que surgen del mismo texto cuatro claves de lecturas: a. La oposición entre lo singular y lo múltiple. Esto adquiere varios aspectos, como la afirmación del amor personal y el rechazo de la sexualidad despersonalizada, o la preservación del propio cuerpo para el ser amado y la negación a otros y otras posibles relaciones. b. La crítica del modelo salomónico de sexualidad . c. La valoración del cuerpo del ser amado en contraste con otros personajes donde se exaltan las posesiones que adornan el cuerpo, las riquezas, los muebles. d. La necesidad de leer el Cantar en clave femenina. La propia estructura lingüística del libro sugiere que es obra de autora y que su impronta permea cada uno de los poemas . Lo erótico está presente en diversas formas en las cuatro perspectivas.

En el importante trabajo de Phyllis Trible sobre la sexualidad en el Antiguo Testamento se intenta leer el Cantar como respuesta a Génesis 2-3. Desde su perspectiva en aquel texto se describe la creación como el desarrollo del eros en cuatro episodios. El primero comienza con la creación del ser humano. El segundo episodio describe como se planta el jardín donde este ha de residir, y en tercer lugar se crean los animales, sus compañeros habitantes del jardín. El relato culmina en el cuarto episodio con la creación de la sexualidad. La posterior expulsión de la primera pareja humana de ese lugar erótico y el cierre del jardín custodiado celosamente por querubines y una espada amenazante estarían impidiendo el acceso al erotismo original. Trible entonces entiende que el texto del Cantar redime de aquella expulsión y vuelve a abrir el camino para el placer y el disfrute de los sentidos . El problema con esta interpretación no reside en su lógica sino en su lectura de ambas obras. Ni el Génesis supone la necesidad de un regreso a aquel estado primitivo, ni el Cantar da a entender que esté tematizando cuestiones creacionales o restituyendo algo perdido . En 7,11 hay una alusión a Gn 3,16 pero no como restitución de un tiempo pasado sino más bien con la intención de corregir el texto de Génesis ampliando la primer lectura de aquellas tradiciones:
                        Yo soy para mi amado
                        Y hacia mi es su deseo

Contrasta con Gen 3,16
                        Hacia tu hombre irá tu deseo
                        Y el te dominará...

En este último texto se establece la pulsión erótica como inclinación de la mujer hacia el varón al necesitar de un hombre para reproducirse lo que supone un modo de sujeción y dominación de parte de él. Esta condición femenina tiene su paralelo masculino en la maldición de la tierra y la necesidad de trabajar para producir lo necesario para vivir (v.17-19), pero nada se dice en este paralelo del erotismo del hombre. La sensibilidad de la autora del Cantar entonces corrige aquella idea señalando que también el varón necesita de la mujer como objeto de su erotismo y en consecuencia está también sujeto a ella. Pero es de notar que mientras el texto del Génesis es etiológico y busca dar cuenta de una conducta humana por la vía de la respuesta de Dios ante la desobediencia humana, en el Cantar esta pulsión mutua es celebrada y está desvinculada de toda connotación de castigo por desobediencia. Es un acto primario no relacionado a otro anterior que lo condiciona.

Veamos otros casos. El poema de 8,5 está construido como un breve diálogo entre la pareja:
            El         ¿Quién es ésta que sube del desierto
                        Apoyada en su amado?

            Ella      Debajo del manzano te desnudé
                        Allí donde te concibió tu madre,
                        Donde te concibió y te dio a luz.

Las palabras del varón repiten un estribillo (3,6 y 6,10) donde se vincula la mujer con el desierto, en este caso símbolo de un lugar exótico y atractivo por lo enigmático. La respuesta de ella alude a una nueva escena. Cuenta que se desarrolla debajo de un manzano. El verbo hebreo ‘or tiene dos acepciones, siendo la primera “despertar” y la que utilizan la mayoría de los traductores. La segunda significa “desnudar”. La elección entre ambas no puede ser un mero juego estadístico sino el fruto del contexto literario del pasaje y de la obra mayor. En esta unidad se habla de la concepción del varón y del parto en el cual nació, ambas actividades llevadas a cabo en desnudez y que expresan momentos centrales de la vida erótica. Si la intención es aludir a la unión sexual es más apropiado traducir “desnudé”, por otra parte enfatizando el rol principal de la joven en esta actividad.

La ausencia de mención del padre –ausente en todo el Cantar– vuelve a colocar el acento en la perspectiva femenina, la que interesa destacar a la autora. Dada esta perspectiva es llamativo que no haya base textual para pensar en el Cantar como vinculando el erotismo y la sexualidad con la maternidad. El concebir es sólo mencionado en otra oportunidad (3,4), en este caso la concepción de ella, pero indicando el lugar donde se reúnen para hacer el amor. Es así un lugar cerrado donde ya se ha ejercitado la sexualidad y donde se evoca el erotismo femenino.

Otro texto es el poema de 2,16-17 puesto en boca de ella:
Mi amado es para mi, y yo soy para él:
Él pastorea entre los lirios.

Antes que sople la brisa del día
Y huyan las sombras.
Vuelve, se semejante,
Amado mío, a una gacela
O a un joven cervatillo
Por los montes de Béter.

El estribillo inicial lo encontramos repetido en 6,3 y en 7,11. Expresa esa unión exclusiva y profunda de la pareja. La estructura semántica es comprimida y muestra una alta capacidad poética por la concisión. Los lirios son una alusión a ella misma y a su sexo, por lo cual la imagen del pastor – su oficio - es utilizada para indagar en la relación entre ambos y en el juego amoroso. En otros poemas (2,3) es ella quien es aludida en relación con los juegos sobre el cuerpo del varón.

La segunda estrofa es sugestiva. Se ha intentado ver en la expresión “los montes de Beter” una alusión al pubis de la mujer, aunque en Josué 15,59 es mencionado un lugar con ese nombre. Así el poema es una invitación a recrear o a hacer efectivo el deseo de la primera estrofa. No es la primera vez que en el Cantar se mencionan colinas. “Colina del incienso” (4,6) y “colina de las balsameras” (8,14) ambos en singular, son imágenes de lugares exóticos y aromáticos asimilables al sexo. Lo que complica esta interpretación en v.17b es el plural de “montes”, de modo que se puede buscar entender el texto como una mención de espacios plancenteros. No debemos olvidar que los montes también pueden ser una imagen para los pechos o los repetidas curvas de su cuerpo. En la lectura de poemas de amor no es necesario que cada palabra encuentre su referente sino que lo que importa es el clima creado y la recurrencia de imágenes. Una gacela recorriendo los montes bien puede evocar la imagen de la mujer siendo acariciada por su amado.

Al varón le es dado expresar su amor en varios poemas. En 7,7-10 lo hace de este modo:
Qué hermosa eres,
Qué encantadora.

Amor. Placeres.

Tu talle se parece a la palmera,
Tus pechos a los racimos.
Me dije: subiré a la palmera,
Recogeré sus frutos.
Sean tus pechos como racimos de uvas,
El aroma de tu aliento como el de las manzanas
Tu paladar como vino fino
que fluye hacia mis labios.

En el poema anterior de 7,1-6 el varón había descripto a la mujer al momento de danzar. Allí ella giraba sobre sus pies y se movía al son de la música. En contraste con ese poema en esta oportunidad la muestra estática, ubicada en un lugar y en el marco de la serenidad que da el estar enraizada firmemente como una palmera. La pasión del hombre se expresa en estas líneas comparando el talle de la joven con la curva del tronco. Hacia la cima del árbol se encuentran los racimos de dátiles, los que entonces son ocasión para evocar los pechos de ella. El varón la busca y así como muchas veces trepó a una palmera para alcanzar los dátiles ahora siente que esa actividad lo conduce hacia ella y así gustar de sus labios y aliento. Son muchas las imágenes que provocan estos versos. El debe hacer el esfuerzo de conquistarla, de llegar hasta ella. Tendrá que saber subir, tendrá que recoger con sus manos los frutos y llevarlos a su boca. La poesía no nos obliga a definir un concepto sino a participar de un clima, en este caso del amor y el erotismo de ambos.

Aspectos literarios

Un texto que posee como uno de sus centros semánticos la condición erótica no puede dejar de reflejar esto en sus aspectos literarios. Se ha debatido bastante si el Cantar posee una estructura literaria interna o si sus poemas están colocados azarosamente. Ambas posturas parecen no convencer plenamente. Es difícil mostrar elementos estructurantes evidentes entre los poemas. Se ha intentado hacerlo a partir de algún leitmotiv como “yo os conjuro, hijas de Jerusalén” u otras frases que se repiten en varios poemas. La dificultad estriba en dar cuenta del valor significativo de dicha estructura. Por otro lado, la diversidad y el vaivén de las imágenes no parece amoldarse a esquemas rígidos. Otros autores han sostenido que el orden es casual y obedece simplemente al de una antología donde se habrían acumulado poemas unidos tan solo por estribillos. También se ha intentado describir una obra lineal, casi dramática, donde una pastora enamorada de un simple pastor es requerida por Salomón, lo que crea una rivalidad entre los dos varones y una contradicción en ella entre el amor verdadero y el deber de una súbdita ante el poderoso rey. A nuestro criterio estas búsquedas de estructuras narrativas no son fructíferas y nos parece más adecuado descubrir en la sucesión de poemas una sutil trama de palabras y temas que los anuda unos con otros. En ciertos casos uno es respuesta al anterior (1,5-8 se vincula con v.9-17), en otros se vinculan a partir de una palabra común a ambos (“madre” vincula a 8,1-4 con 8,5), en otros por aludir a objetos y lugares comunes ( “vino” y “viñas” en 1,2-4 y 5-8). Esto puede multiplicarse, pero la constante es que no hay lazos estrictos sino un sucederse blandamente, dejando espacio para la imaginación y el gusto . Los vínculos semánticos difícilmente ofrezcan una estructura visible pero sí conceden coherencia al lenguaje poético en el que está escrito. Un esquema demasiado racional y rígido hubiera traicionado el espíritu de su mensaje. En este sentido se puede decir que la erótica tiene más que ver con el placer de la lectura y sus referentes que con un mensaje articulado y discernible. Es necesario considerar un nivel distinto de interpretación donde se puede postular que el mensaje que subyace es el hecho de que se está promoviendo lo que podríamos llamar el derecho al amor y a su expresión sexual.

También el género es parte de la erótica del texto. Lo caracterizamos como poesía de amor humano, lo que es necesario aclarar debido a que por mucho tiempo se lo consideró un texto no erótico, de amor entre figuras sublimes como el mesías y Dios, Dios y su pueblo, la iglesia y el mesías etc. Pero la evidencia conduce al amor humano y por esta razón en los primero siglos hubo dificultades para entender y justificar su pertenencia al canon tanto judío como cristiano. El problema era explicar la presencia de poemas seculares y eróticos en los cuales no se nombraba a Dios y donde no se encontraban alusiones a prácticas litúrgicas o a los acontecimientos fundantes de la fe de Israel. Llegó a cuestionarse su valor y a discutirse su inclusión en la Biblia. En contraste encontramos que Eclesiástico 47,17 (aproximadamente 220 aC) alude a los “cantos” de Salomón y que la Septuaginta lo incluye entre sus libros. Cuando Aquila, Símaco y Teodocio producen sus propias traducciones de los textos hebreos al griego incluyen el Cantar entre los escritos testificando su aceptación y pertenencia al canon judío para el año 180 dC. Esta discusión tenía su fundamento. Es Rabí Akivá, rabino líder de la comunidad judía después del 70 dC, quien establece la prohibición a los judíos de utilizar el Cantar en fiestas privadas y restringe su uso al litúrgico y religioso. Esto pone en evidencia para nosotros que los poemas eran conocidos y se utilizaban fuera de esos círculos, probablemente como cantos eróticos para provocar excitación sexual entre los participantes.

 

Ética y belleza

En el Cantar encontramos una ética que pone en tela de juicio la moral que la sociedad de entonces – y en buena medida la nuestra - sostenía sobre el erotismo y la sexualidad. En sus poemas se crea un tensión entre la legitimidad del amor dada por la decisión de los amantes de unirse más allá de toda necesidad de una sanción social que los autorice, mientras que a la vez se teje un fuerte lazo de fidelidad que asegura la continuidad del vínculo y la pertenencia en exclusividad mutua. Los poemas dejan entrever que la relación no es socialmente aceptada. La pareja no conviven juntos regularmente y se encuentran en lugares escondidos o privados, allí donde no pueden verlos (1,4.7; 2,4.14; 3,4; 4,8; 5,5; 7,12-13; 8,1). La autora deja ver que esta situación tiene que ver con los hermanos de la joven que la esconden y la preservan para casarla con un varón que pueda dar una buena dote (véase 8,8-9 y el desprecio por el comprar el amor con dinero que expresa la autora en 8,7, en alusión al sistema de dotes y de entrega por los varones de las hijas o hermanas). Esta puede no ser la razón final de su ocultamiento pero el recurso a huir juntos es una constante en ellos. Frente a esta libertad de los sentimientos el Cantar coloca otro elemento que dará equilibrio a la relación: el sentimiento de mutua pertenencia en exclusividad. El amor que se tienen no es abierto a otros actores. El la llama “huerto cerrado” (4,12) para otros hombres. Ella dice de él “mi amado es para mi” (2,16); y cuando las otras mujeres quieren compartirlo ella las detiene diciendo “mi amado ha bajado a su huerto... mi amado es para mi” (6,1-3). Este tema llega a su culminación en el poema en que ella dice “ponme cual sello sobre tu corazón/como un sello sobre tu brazo” (8,6-7) reclamando hacer pública la relación confirmándola con una marca indeleble.

Estos poemas son a la vez una fuente de recursos estéticos y eróticos poco vistos en la literatura universal. Se requiere sensibilidad poética para valorar los más osados como cuando él compara a la mujer con “una yegua en los carros del Faraón” (1,9), para lo cual debemos recordar eran las más hermosas yeguas las que se elegían para el monarca; o cuando dice de ella “tu nariz como la torre del Líbano” (7,5), y nos recuerda que una nariz importante era signo de personalidad fuerte, es decir, un elogio mayor que la mera belleza física. En el Cantar abundan las comparaciones con animales: pechos con gacelas (4,5); cabellos negros con el cuervo (5,11); la blancura de los dientes con rebaños de ovejas (6,6). También se recurre a paisajes para describir al amor y los amantes: el hombre es como un manzano (2,3); ella es como un “ciudad bella” (6,4); y un lirio rodeada de espinas agresivas (2,2). No están ausentes los aromas y entonces ella describe a su amado como un fruto dulce a su paladar (2,3); ella es un nardo que ofrece su fragancia al amado (1,12-14). En 4,11 él describe la boca de ella como destilando leche y miel. Finalmente los cuerpos son también exaltados tomando imágenes de la naturaleza. El cuerpo de ella es en varios momentos comparado con las viñas, un lugar fértil y aromático (1,6; 8,12), y con un huerto (5,1; 6,2). El cuerpo del varón es comparado con “el Líbano, esbelto cual los cedros” (5,15).

El recurso a la repetición es otra técnica explorada por la autora. En varios poemas se repiten frases completas o parciales como “yo os conjuro, hijas de Jerusalén” (2,7; 3,5; 5,8; 8,4). O “mi amado es para mi y yo para él” (2,16; 6,3; 7,11). Si consideramos la simples imágenes contaríamos decenas de repeticiones. Más que una estructura estas repeticiones expresan una intuición fundamental respecto al amor entre una mujer y un hombre: el hecho de que el amor requiere ser dicho y renovado constantemente. Estos poemas no responden a la lógica legal por la cual lo dicho una vez queda establecido. Por el contrario, en ellos la afirmado debe renovarse y validarse en cada encuentro, y – como las caricias recibidas - decir lo mismo no cansa sino que eleva cada vez más.

Discurso teológico

La incomprensión y la falta se sensibilidad poética sumados al imperativo de encontrar una explicación religiosa llevó a muchos a imaginar una teología oculta detrás de las imágenes y metáforas del Cantar. Así surgió la comprensión alegórica para asegurar una teología que de otro modo no podía justificarse, y que era imprescindible para preservar la canonicidad de la obra. Nosotros preferimos valorar lo dicho en el texto y desafiarnos a comprender su significado. Hay dos elementos teológicos que deseamos resaltar: en primer lugar el rol negativo atribuido a Salomón. Al hacerlo la autora toma partido por una comprensión de la historia de Israel y de lo que Dios bendice y rechaza. El modelo de relación impersonal y casi esclavista que se funda en la poligamia de la cual aquel rey es su máximo héroe israelita es denunciado en los poemas. Salomón es descripto como un rey frívolo y agresivo (3,6-11) en contraste con el amor de la pareja . En segundo lugar la descripción del rey en forma negativa permite delinear mejor la valoración positiva del amor y la sexualidad de la pareja: se unen porque se aman y eso vale por encima de cualquier forma de poder social o político. Es más, desafían el modelo salomónico al denunciar en forma sutil pero explícita que el amor no puede comprarse con dinero (8,7), práctica habitual de los sectores cortesanos pero no vinculado en este caso a la prostitución sino al pago de favores y acuerdos políticos con la entrega de hijas en casamiento.

Hay teología en el Cantar y debemos buscarla en la toma de posición respecto al lugar social que ocupa el amor sincero - y en particular el lugar de la mujer - dentro de la dinámica de una sociedad que reprime los sentimientos. La sociedad los canaliza a través de una estructura donde la mujer es sometida al varón a través de casamientos forzados y decididos por otros (8,8-9). Y es la misma sociedad que sanciona al hombre que quiere romper con ella al rechazar el dinero (8.12). Esta colección de poemas en la Biblia denuncian que Dios da otro lugar al amor y al erotismo.

 

Pablo R. Andiñach
C.C. 159
1832 Lomos de Zamora
Argentina

Este trabajo es parcialmente un adelanto del que se incluirá en Alejandro Botta y Esteban Voth (editores), Introducción latinoamericana al Antiguo Testamento, en prensa.

Pablo Andiñach, Cantar de los Cantares - El fuego y la ternura (Buenos Aires, Lumen, 1997), p.51-52. En portugués: (Petrópolis, Vozes/Sinodal, 1998), p.44-45.

Véase nuestro “Crítica de Salomón en el Cantar de los Cantares”, Revista Bíblica, 53 (1991), p.129-156.

David Clines cuestiona el rol de la mujer en el Cantar considerándolo subordinado al del varón. Parte del concepto de que el Cantar describe a la mujer desde la perspectiva del varón. Clines asume esto pero no lo fundamenta, lo que a nuestro criterio le hace perder buena parte de la riqueza femenina del texto, Interested Parties: the Ideology of Writers and Readers of the Hebrew Bible (Shefield, JSOT Press, 1995) p.120-121.

God and the Rhetoric of Sexuality (Philadelphia, Fortress Press, 1978), p.144-165.

God and the Rhetoric of Sexuality, p.144.

Athalya Brenner puntualiza las diferencias de esos textos y muestra sus intereses divergentes, The Song of Songs (Sheffield, JSOT Press, 1989), p.83; también David J. A. Clines, Interested Parties, p.115-116.

Es un error interpretar este pasaje como si el erotismo femenino fuera un castigo por la desobediencia y una señal de sujección al varón. Preferimos interpretarlo como un signo del carácter humano y corporal distinto del ser de los Dioses a los que aspiraba la pareja: la desobediencia tendría como premio el hecho de que “sereis como Dios” (Gn 3,5). George Coats señala que esta unidad no es una maldición sino que establece una nueva relación entre la mujer y el varón distinta de la relación íntima y vinculante de 2,23-24, Génesis with and Introduction to Narrative Literature (Grand Papids, Eermans, 1983), p.56. Gerhard von Rad también rechaza la idea de maldición y prefiere hablar de que se anuncia que sobre la vida de la mujer se “abatirán penas y contradicciones”, El libro del Génesis (Salamanca, Sígueme, 1977) p.112.

Es el énfasis de Renita J. Weems, “Song of Songs” en Carol A. Newsom and Sharon H. Ringe (editores) The Women´s Bible Commentary (Louisville, John Knox Press, 1992), p.157.

En este poema Salomón no es el héroe sino que es desvalorizado al ser descripto en toda su frivolidad, en su desamor y en contraste con la sencillez y la sensibilidad de los jóvenes amantes. Vease nuestro Cantar de los Cantares, el fuego y la ternura (Buenos Aires, Lumen, 1997), p.96-104.

 
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