
Romanos 13,1-7: Los Cristianos y las autoridades
Una lectura sociológica
Uwe Wegner
La lectura sociológica de textos bíblicos ya fue brevemente explicitada por A.F. Anderson y Frei G. Gorgulho en un artículo publicado en la revista Estudios Bíblicos.1 La aplicación de este método a textos bíblicos, ahora se encuentran en una fase experimental. Por lo tanto, nos gustaría proponer el hacer una interpretación de Rm 13,1ss. por el método en cuestión.
I. Traducción del texto
V. 1: Toda persona está subordinada a autoridades superiores, pues no hay autoridad que no provenga de Dios; y las que existen, por Dios fueron establecidas.
V. 2: De modo que aquél que opone resistencia a la autoridad, opone resistencia a lo establecido por Dios, y los que se oponen obtendrán juicio sobre sí mismo.
V. 3: Pues los que gobiernan no infunden temor a las buenas obras, sino al mal. ¿Quiénes, pues, no temen a las autoridades?
Hace el bien y tendrás alabanza de ella.
V. 4: Pues es servidor de Dios para tu bien. Pues si hicieras el mal, teme. Pues no trae en vano la espada. Pues es servidor de Dios, vengador para la ira2 al que hace el mal.
V. 5: Por eso es necesario subordinarse, no solamente por causa de la ira, sino también por causa de la conciencia.
V. 6: Pues por causa de esto también pagáis tributos, pues son ministros de Dios, siendo perseverantes exactamente para esta finalidad.
V. 7: Dad a cada cual lo que se le debe, a quien impuesto, impuesto, a quien tributo, al que honra, honra.
II. Lectura de los cuatro lados
1. Lado económico
Las dos notas pertenecientes a este lado se encuentran en los vv. 6-7: Se trata de los tributos y de los impuestos, y de sus respectivos verbos (pagar: teleite , en v. 6 es apodote , en v. 7).
En los vv. 6-7 hay exclusividad en el empleo de los verbos en 2a. persona del plural, un indicio de que su contenido es especialmente importante para Pablo, frente a sus lectores.
El v. 7 distingue nítidamente el tributo del impuesto. Estos últimos denominados ta tele , eran de naturaleza variada e incidían tanto sobre los ciudadanos romanos, como sobre los extranjeros residentes en Roma. La cobranza del tributo e impuesto era, comúnmente, arrendada a los así llamados Telonai (publicanos) que, como ya deja traslucir el NT, acostumbraban a hacerlo en forma fraudulenta, ya sea por avaluar excesivamente el valor de las mercaderías en tránsito, o porque estipulaban el valor a los variados impuesto con sumas por sobre lo legal (cf. Lc 3,12s: 19,8).
En latín la palabra para designar este tipo de impuestos se denomina vectigal .3 Este término pasó a representar en la época del imperio a todo tipo de impuestos indirectos que se pagaban al tesoro público, por ejemplo el impuesto de aduana (= portorium, cuyo valor oscilaba entre 2 ó 5% en el inicio del imperio, elevándose en los siglos posteriores hasta 12%), impuestos para la liberación (= 5%: vicesima libertatis ) y venta (= 4%: quinta et vicesima venalium mancipiorum ) de esclavos, impuestos cobrados por procesos, que incide sobre las profesiones (estas últimas introducidas por Calígula) y, no en último lugar, impuestos cobrados para la conservación de aqueductos y vías públicas.4
Al contrario de los impuestos (= tele), el otro tipo de impuesto mencionado por Pablo, es fóros = tributum 5 recayendo únicamente en las personas que no tenían la ciudadanía romana. Los ciudadanos romanos estaban exentos del pago de este tributo en 167 aC , por extensión, también el territorio de Italia fue exento.
El tributo, llamado también impuesto directo, era el que producía la mayor ganancia en la recaudación gubernamental en tiempo del imperio. Este se componía, sobre todo, de dos impuestos diferentes, denominados, tributum soli y tributum capitis .
El primero era el impuesto cobrado por la producción de la tierra; este variaba de acuerdo a la provincia ocupada, su mayor o menor grado de resistencia a las fuerzas de ocupación y a la práctica de la recaudación sedimentada anteriormente, etc. Difícilmente era inferior al 10%, pudiendo llegar, según algunas estimaciones, hasta un 25% del total de la producción.
El tributum capitis era así denominado, ya que recaía personalmente sobre los individuos, tanto mujeres como hombres. Sobre su valor exacto las fuentes de la época no nos ofrecen datos con pormenores. Se presume que era calculado en base a un valor mínimo (¿1 denario?) aumentado con el 1% sobre el valor de los bienes inmuebles no agrícolas, adquirido o en poder de las personas.
La cobranza de estos impuestos en las provincias, junto a los extranjeros residentes en Roma, era extremadamente humillante para quien tenía que desembolsar el dinero. Roma consideraba a las provincias de su propiedad. La ocupación y el trabajo de la tierra representaban meramente una concesión. De aquí se explica el derecho que los romanos creían tener en la cobranza de estos impuestos. Desde la perspectiva de quien tenía que pagarlos, sin embargo, estos eran claramente notae captivitatis , es decir señales de esclavitud (cf. Tertuliano; Ap 13,6).
Por representar el tributum , la mayor ganancia en el total de los ingresos de Roma en el período imperial, las autoridades eran extremadamente severas en la recaudación de sus valores, actuando a veces con extremada brutalidad. Los escritores antiguos nos dieron algunos testimonios de estas prácticas que pretendemos producir parcialmente en las líneas que siguen.6 Como primer testimonio reproducimos las palabras de Filón de Alejandría, que relata dos casos concretos de extorsión y brutalidad con ocasión de la cobranza del tributo en Egipto. El primer caso se encuentra registrado en su escrito De specialibus legibus (= sobre leyes particulares) II, 92-95, en el que leemos:
... aquellos que dirigen los Estados deben evitar de conducirlos a la ruina a través de una presión progresiva representada por los altos impuestos. A través de estos consiguen, en verdad, llenar sus propias bolsas de dinero. Pero lo hacen de tal manera que con este dinero acumulan maldades indignas, que manchan toda su vida.(93) Pues premeditadamente escogen como cobradores de impuestos a las personas más crueles o inhumanas, estimulándolos hacia una práctica avara; y estos, insensibles por naturaleza, estimulados para esta finalidad por influencia de sus señores y dispuestos a realizar todo lo acuerdo con sus propios deseos, no dejaban de aplicar ellos mismos las medidas más crueles, ya que de justicia y mansedumbre nunca tuvieron la más mínima experiencia.(94) En razón de este hecho se caracterizan por destruir y revolver todas las cosas en busca de dinero. El dinero no sólo lo extraían de los bienes (de los contribuyentes) sino inclusive de sus cuerpos, a través de crueldades, maltratos y bárbaras torturas.
Como he oído hablar, existen actualmente también algunos que, en su brutalidad y rabia incontenidas, no tienen consideración ni con los mismos muertos, osando flagelar inclusive los cadáveres.
(95) Cuando, durante estos hechos, fueron interrogados acerca de estas increíbles barbaridades y, preguntándoseles, acaso la misma muerte, que nos arranca y realmente elimina todo el sufrimiento pudiese proteger a los difuntos de atrocidades, siendo que les esperaban estos malos tratos con que se acostumbraba a enterrarlos y honrarlos, además, presentaban la siguiente defensa como respuesta una defensa, además aún peor que una acusación: el mas trato infligido a los cadáveres no tenían como objeto maltratar la materia ya muerta e inanimada cosa que sería sin sentido, la acción tenía por objeto despertar la compasión en las personas que otrora habían estado próxima a los muertos en calidad de sus parientes o amigos, haciendo que se sintiesen incentivados a pagar rescate por los cadáveres, pudiendo, de esta forma, darles una última prueba de amor.
El segundo caso narrado por Filón se encuentra en el mismo escrito De specleg . III, 159-163, siendo así descrito: (159)... al poco tiempo personas probablemente en virtud de su pobreza quedaron endeudadas con el tesoro público y por temer a los insoportables castigos, optaron por esconderse. Un hombre destacado para recoger los tributos entre nosotros arrastró brutalmente a sus mujeres, niños, padres y a todos sus demás parientes, procediendo a apalearlos, maltratándolos y practicando toda suerte de violencias torpes contra ellos, a fin de llevarlos a delatar al fugitivo, o al pago de sus deudas atrasadas. Como estos no estaban en condiciones de realizar ni una ni otra cosa la primera, porque no sabían de su paradero, y la segunda por ser igualmente pobres, el cobrador de impuestos no los liberó sin primero haber sometido a sus cuerpos a instrumentos de torturas y martirio, y hasta los asesinó a través de horribles formas de muerte.(160) Después de atar con lazos cestos repletos de arena, les ató al cuello el pesado fardo y los colocó en la plaza al aire libre, a fin de que, en cuanto algunos sucumbieran por el rigor insoportable de aquel cúmulo de castigos constituidos por el viento, el sol y la vergüenza frente a los que transitaban por allí y por el peso colocado sobre ellos, otros contemplando sus castigos, los sufrían anticipadamente (161). Algunos entre estos últimos, que con su alma presenciaban este cuadro de una forma mucho más vivencial de lo que les era dado a presenciar con sus propios ojos, como si ellos mismo estuvieran sufriendo las torturas en los cuerpos de los otros se apresuraban a quitarse su propia vida, empleando espadas, venenos y cuerdas, por considerar que una muerte sin torturas representaba una gran felicidad dentro de su situación de infortunio. (162). Los otros, pues, que no tuvieron la oportunidad de matarse antes, fueron conducidos en fila, como en proceso de herencia, primero los parientes de primer grado, después los de segundo grado, los de tercer grado y así hasta los más distantes. Y cuando ninguno de los parientes faltaba, la desgracia pasaba también a sus vecinos y, en ciertos casos, inclusive a la aldea y ciudades que inmediatamente quedaban vacías y desiertas de habitantes, pues ellos mismo abandonaban sus lugares dispersándose en regiones donde creían poder pasar desapercibidos. (163) Con todo esto no es de extrañar que la recaudación de impuestos fueran delegada en hombres bárbaros por naturaleza, que jamás hubieran recibido una educación propia de seres civilizados, y que éstos, acatando órdenes imperiosas, exigían los tributos anuales no sólo sobre los bienes, sino igualmente sobre los cuerpos, inclusive sobre la vida, haciendo que los riesgos que pesan sobre unos recaigan sobre otros.
Filón de Alejandría vivió el año 20 aC , hasta aproximadamente el 45 dC. Su relato es, pues, muy cercano a la época en que Pablo escribe a los Romanos. Además este tipo de prácticas extorsionadoras y brutales con relación a la recaudación de los impuestos no está solamente testimoniada en la época del NT. Un relato semejante a los anteriores fue también registrado por el escritor cristiano Lactancio (a mediados del siglo III e inicios del siglo IV) en su obra De mortibus persecutorum (= sobre la muerte de los perseguidores, refiriéndose a los emperadores que perseguían a los cristianos). En esta obra, en un pasaje dedicado a describir las atrocidades practicadas durante el reinado de Galerio (293-310 dC), escribe el autor (De mort. persec. 23):
La infelicidad y el clamor se generalizaban con los impuestos sobre la cabeza y sobre los bienes, cuya cobranza era simultáneamente ordenada en todas las provincias y ciudades. La multitud de funcionarios del tesoro público se distribuían por todas partes llevando agitación en todo. Eran escenas de terror, con ocasión del ataque de enemigos o de la deportación de presos. Las plantaciones eran medidas por surcos del arado, las vides y otros árboles contados. Todas las especies de animales domésticos eran registradas; con relación a las personas era anotada la cantidad de cabezas.
En las ciudades se reunían a los pobladores del campo y de las zonas urbanas. Todos los lugares estaban repletos de gente. Todos se presentaban en el local con los hijos y esclavos. Ocurrían torturas y empalamientos: se torturaban los hijos contra los padres, los esclavos más fieles contra sus señores, esposas contra maridos.
Cuando todas las medidas no tenían éxito se procedía a torturar a los propietarios contra sus propiedades y cuando el dolor los vencía, se registraban como propiedades patrimonios que no existían.
Ni edad ni generosidad eran objeto de consideración. Dolientes y débiles eran conducidos al local, siendo registrada la edad de cada uno. A los niños se les agregaban algunos años de edad, a los más viejos se les quitaban algunos años. Todo estaba lleno de clamores y luto... Asimismo las personas encargadas de las evaluaciones no contaban con la confianza de sus mandatarios; estos enviaban siempre nuevas personas con la esperanza de que se encontrase cada vez más, y cada vez los datos eran duplicados. Aconteció que cuando los que eran enviados posteriormente no encontraban más, por rebeldía aumentaban los datos, para justificar el no haber sido enviados en vano. En ese lapso disminuía el número de animales doméstico y las personas fallecían. Esto no impedía que los impuestos tuviesen que ser recogidos aún de los fallecidos. En resumen: Sin pagar no se podía vivir y mucho menos morir.
Se escapaban únicamente los mendigos, a los que nada se les podía quitar. Su miseria e infelicidad les daba seguridad contra todo tipo de coacción. Mas he aquí que un hombre compasivo se apiadó también de éstos, con la intención de dar fin a sus sufrimientos. Ordenó que todos fuesen reunidos, llevados en barco al mar y arrojados al agua. ¡Cómo fue de misericordioso ese hombre, al querer terminar con toda la miseria dentro de su reinado! Mientras que él, así, quería evitar que el no pago de impuestos fuese practicado con la disculpa de falta de bienes acabando por asesinar a una multitud de verdaderos pobres, contrario a lo más elemental de todos los mandamientos de la humanidad. Este pasaje, de una sordidez que no encuentra paralelos, nos muestra hasta que punto podían llegar los gobiernos violentos en el propósito de garantizar sus entradas a cualquier costo. La descripción, aunque contenga una que otra exageración no deja de ser sintomática para caracterizar el triste infortunio a merced de las autoridades del tesoro imperial en el que se encontraban los ciudadanos no romanos, que no sólo perdían derechos legítimos sobre sus bienes y propiedades, sino que, adicionalmente, pagaban por estos con solicitud y buena voluntad.
La existencia de arbitrariedades en la cobranza de impuestos (en relación a esta práctica en provincias bajo el imperio de Galerio) no se conoció en Egipto. La extorsión y fraudes practicados por los publicani ya habían llevado a César y, posteriormente, también a Augusto a decretar un control más rígido sobre sus asociaciones para limitar su radio de acción. El mismo César llegó a prohibir sus actividades en provincias de Asia. Un caso notorio es el relatado por Tácito (= Anales 15,45) y Suetonio (= Nerón 44) para el período del 64/65 dC, según estos la política tributaria de Neón había requerido de todo el Imperio altísimas sumas para el pago de los impuestos. Otro caso es el de Anales 13,50 (también confirmado por Suetonio y Nerón 10). Según este relato el pueblo romano había perdido protección en el 58 dC, y hubo protestas públicas contra las extorsiones y chantajes practicados por los arrendatarios estatales de impuestos y tributos. Tácito describe con las siguientes palabras el incidente y las reacciones tanto de los consejeros como del propio emperador:
Cuando en el mismo año (56-58 dC) el pueblo presentó, en varias protestas, acusaciones contra la sinverguenzura de los publicanos, Nerón consideró que se debían emitir órdenes para la eliminación de todos los impuestos indirectos, dando de esta forma una donación ostentosa a toda la humanidad. Los consejeros más viejos, entretanto, procuraban detener la consumación de esta idea impulsiva, no sin antes haber elogiado su magnanimidad. Y ellos llamaron la atención sobre el hecho de que una disminución de los ingresos que daban sustento al imperio equivaldría a su disolución.
Pues, luego de la eliminación de las aduanas se continuaba con el pedido de la eliminación de los tributos también... lo que se hacía necesario, sin embargo, era que se procurase restringir la ganancia de los publicanos. Sólo así sería posible evitar que todos estos impuestos tolerados durante tantos años no se revertieran en odio, en virtud de nuevos recrudecimientos.
Este último constatado en la lectura de los textos anteriormente presentados: la práctica de la recaudación de los impuestos era brutal y corrupta. Los contribuyentes tenían que pagar para dos: para el tesoro público y además para el tesoro particular de los arrendatarios de cobranza y de sus organizaciones. A esto se suma el hecho de que la cobranza de los impuestos era profundamente discriminatoria: personalizada a todos con la cobranza del vectigal , pero sólo a los ciudadanos no romanos con la cobranza del tributum .
Así las provincias que tenían invadidos sus territorios, eran además obligadas a sustentar también a sus invasores. Los cristianos extranjeros residentes e Roma estaban, pues, pagando doblemente por un pecado que los propios romanos cometieron: La invasión de sus territorios. Jesús instuye muy bien el germen de la injusticia en la raíz de la práctica de estos gobiernos y autoridades. Sabéis que aquellos que vemos gobernar a las naciones las oprimen y los grandes las tiranizan ; entre vosotros no será así... (Mc 10,42s).
La presentación de los testimonios de Filón, Lactancio y Tácito vuelve más transparente algunos datos de nuestro texto:
a) Por el v. 2 queda claro que Pablo está contando con la posibilidad de resistencia a las autoridades por parte de sus lectores. Si en el v. 7 él pide explícitamente que sean pagados tributos e impuestos, nos parece muy probable que la resistencia que Pablo tiene en mente en el v. 2 es la oposición al pago solicitado en el v. 7. Las protestas públicas que efectuó el pueblo en las calles en el 58 podrían perfectamente estar latentes ya algunos años antes de esta fecha, digamos alrededor del 55 al 56 dC, época probable de la redacción de la carta.
b) La referencia al temor en los vv. 3,4 y 7 no puede ser accidental en un contexto en que se llamaba al pago de los impuestos. Las arbitrariedades brutales y extorsiones por parte de los recaudadores de tributo evidentemente infundían temor en aquellos que eran obligados a pagar las cuentas.
Sabemos por las fuentes anteriormente citadas, que la pena para quien no quisiese o pudiese pagar podían ser inclusive la muerte.
Pablo no era ignorante; también sabía esto. Lo que distingue Rm 13 de las otras fuentes citadas es, por tanto, que le temor suscitado por las autoridades y aquí consideradas como legítimas, ya no castigaban la buenas obras, sino las malas. Malas obras serían, en este caso, no pagar impuestos y tributos.
c) Directamente ligado con la cuestión anterior se encuentra la referencia al caso de la espada en v. 4 Friedrich/Pöhlmann/Stuhlmacher7 comprueba, indicando literatura y fuentes, que soldados en funciones policiales en Egipto eran designados con el término maxairofóroi = los portadores de espada, con el mismo término eran también designados policías, cuya tarea consistía en dar cobertura ostensiva para aquellos que estaban relacionados con la recaudación de impuestos. No admite dudas, pues, que a la luz del pedido del pago de impuestos y tributos del v. 7 el uso de la espada designaba, con muchas posibilidades aquella función policial que daba cobertura de armas para que las acciones de recaudación de tributos pudiesen transcurrir dentro del orden y legalidad.
Resumiendo: La economía que aparece en nuestro texto es la de un imperio que subsiste en base a recaudación de tributos indirectos (= vectigal ) de todos los ciudadanos, y de tributos directos ( tributum ) solamente de ciudadanos no romanos, tanto en las provincias como en la propia Italia y en la capital Roma. Los investigadores concuerdan en que la mayor cantidad del monto recaudado provenía del tributum , por lo tanto de los ciudadanos no romanos residentes, sobre todo, en las provincias. Las fuentes también muestran que la práctica de recaudación era hecha con extorsión, corrupción y brutalidad.
El problema económico latente en el texto cuyo contenido se encuentra en el v. 2 indica que Pablo cuenta con posible resistencia al pago de los impuestos. El imperativo de v. 7 pagad sólo viene a confirmar esta hipótesis. Y aquí también nos da la clave para la lectura del próximo lado, a saber, el ideológico.
2. Lado Ideológico
No tenemos duda de que el lado ideológico es más acentuado en Rm 13,1-7. Este no es el lado determinante. Es más bien el lado económico como se transparenta en los vv. 6-7. El lado ideológico tiene en tanto en Rm 13,1-7 la función de dar sustentación a la propuesta de los vv. 6-7. Esta sustentación en el texto es sólida, amplia y abundante. Difícilmente se encuentra un texto proveniente del judaísmo palestinense o de la diáspora en que, como aquí en Rm 13,1-7 de la legitimidad del ejercicio del poder por parte de autoridades paganas afirmado con tanta resolución, determinación y firmeza.
Ya la acumulación de la conjunción causativa gar = pues es sintomática: esta conjunción aparece nada más y nada menos que 7 veces entre los vv. 1-6. Así, es preciso someterse a las autoridades, pues no hay autoridad, sino de Dios v. 1, pues los que gobiernan no infunden temor a las buenas obras v. 3, pues es (la autoridad) viene de Dios: v. 4 (dos veces), pues no trae en vano la espada. v. 4, pues por causa de esto (la conciencia) también pagáis tributo v. 6, pues son ministros de Dios v. 6.
Pablo está afirmando que el origen de las autoridades está en una determinación divina, un propósito de Dios. El generaliza para los dos lados: todas las autoridades provienen de Dios, luego, no hay autoridad, sino de Dios; toda persona está subordinada a las autoridades, pues proviene de Dios. Ahora los objetivos de esta generalización no pueden dejar margen a dudas: después de lo que acabamos de oír sobre la práctica de las autoridades responsables para la recaudación de los impuestos, es evidente que en todo, el lector podrá concordar con los usos de Pablo en vv. 3-4 en que de forma idealizada constata que las autoridades están ahí para enaltecer el bien y cohibir el mal. Los lectores, por experiencia propia, ciertamente habrán aprendido a diferenciar entre las autoridades que, efectivamente, ejercían funciones de mando: Había con certeza, unos que se aproximaban a los ideales de los vv. 3-4, otros que ya no los ejercían en forma adecuada y, por último, también había terceras personas cuya práctica se encontraba en total oposición a los mismos. Pablo evidentemente no tiene interés en resaltar estas variadas posibilidades reales y concretas en el ejercicio del poder por una razón muy simple de que, si así fuese, estaría relativizando la legitimidad de la obediencia al pago de los impuestos y tributos, lo que contradeciría el objetivo más inmediato de su parenesis en Rm 13,1-7. Pablo generaliza, por lo tanto, en función de un objetivo mayor, este es, llevar a los cristianos a practicar el amor también con personas no cristianas y a nivel extra-comunitario en la forma de pago de impuestos. Si su objetivo primario fuese otro, no precisaría recurrir ni a la generalización de los vv. 1-2 ni a la idealización de los vv. 3-4. Una rápida mirada a 1 Co 6,1-11 puede ilustrar lo que afirmamos. En esta sección Pablo abordó el problema de que los cristianos apelaran a tribunales pagados para juzgar los litigios entre hermanos. Aquí, donde el servicio a la autoridad no está en juego, Pablo no la idealiza, por el contrario, la califica como injusta (v. 1). ¿Se atreve alguno de vosotros, teniendo pleito contra otro, someterse a juicio delante de los injustos y no delante de los santos? Cosa semejante acontece también en el pasaje de 1 Co 15,24-26 y que, según el v. 25, los principados, potestades y poderes no son, como en Rm 13,1-1-2, ¡los aliados y sí los enemigos de Dios, que necesitan ser destruidos! También Rm 8,35 podría ser anotado aquí: en este contexto la espada es interpretada en forma totalmente diferente de lo que ocurre en 13,4 a saber, como instrumento de oposición para aquellos que quieren su fe en Jesús.
Somos de la opinión que una observación más exacta del contexto de Rm 13,1-7 es decisiva para no esperar de su contenido cosas que él no tiene en su origen. La intención de proporcionar lo que Pablo tiene concretamente por objetivo es visualizar el amor cristiano a nivel personal, eclesial e inclusive fuera de la comunidad (cf. 12,9 y 13,8-10). No está en discursión pues, primeramente, el deber que tenían las autoridades para con los cristianos. El objetivo es mucho más, es enfocar cuáles son las obligaciones de los cristianos frente a las autoridades. Por eso Pablo generaliza (vv. 1-2) e idealiza (vv. 3-4). Si la parenesis tuviese por objetivo los deberes de la misma autoridad, como ocurre por ejemplo en Sb 6,1-11, ahí el contenido sería por cierto diferente.
Con estas observaciones expresadas, se vuelve improbable la tesis que procura justificar la idealización de los vv. 3- 4 a partir de un juicio extremadamente positivo que habría hecho Pablo de la Pax Romana conquistada por Augusto y asegurada por sus sucesores, el ejemplo lo afirma M. Trimaille en las palabras que siguen:
Realmente, el escribe a los romanos en el 57 ó 58, esto es en los primeros años de Nerón (54-66). En el 49, Claudio había promulgado un edicto, expulsando a los judíos de Roma. En ese edicto incluía también a los romanos de origen judío (Cf. Hch 18,2). Nerón, probablemente en el inicio de su reinado de fecha incierta y desconocida, derogó ese edicto, por lo menos decidió no insistir en su aplicación. Eso explica por qué los judeo-cristianos, algunos pocos y discretamente, volvieron a ocupar sus lugares en Roma.
Somos víctimas de clichés simplistas, heredados de nuestros libros de historia, que nos presentan a veces a los emperadores romanos sedientos de sangre. Ahora, sobre las ruinas de una república despedazada por las guerras civiles y por las conspiraciones, Augusto realizó una obra política duradera.
El emperador no era el tirano en el cual se transformó más tarde. El senado no dejó de existir y el papel de emperador dependía más de su autoridad moral que de su poder. La pax romana creó, en la bahía del Merditerráneo, un espacio de libertad que los pueblos subyugados por el imperio podían aprovechar para su desarrollo económico, gracias a un comercio floreciente.
Con la excepción de Calígula, podemos decir que los primeros emperadores - Augusto, Tiberio y Claudio- dejaron obras recordadas con reconocimientos y mucho afecto, inclusive Nerón, en el comienzo de su gobierno, era estimado por el pueblo. Es en este contexto global que debemos entender la exhortación de Pablo a los cristianos de Roma.7.a
Que Pablo difícilmente hubiese sido un adepto ciego e ingenuo de la pax romana lo demuestra ya 1 Ts 5,3: Cuando anden diciendo: Paz y seguridad, es que les sobrevendrá repentina destrucción.... Las persecuciones, prisiones y continuos conflictos que tuvieron con las autoridades también no favorece esta hipótesis (Cf. p. ej. 2 Co 4,8s.; 11,23-32s; 1,8s; 1 Co 15,32; etc.). Sobre todo la tesis no hace justicia a la formulación generalizante de los vv. 1-2: Ahora, cuando Pablo afirma que no hay autoridad, sino de Dios y los que existen fueron instituidos por Dios no se está refiriendo únicamente a autoridades del imperio, sino, a autoridades en general. Esto presupone que Pablo considera igualmente a las autoridades judaicas de forma ingenuamente positiva, lo que es imposible tanto a partir de la lectura de sus propias cartas, como también de los Hechos de los Apóstoles.
Hechas estas consideraciones iniciales, nos detenemos un poco en los pormenores de la ideología presentada en el texto. La petición del pago de los impuestos en los vv. 6-7 es fundamentada, concretamente, en los siguientes presupuestos:
1. No hay autoridad sino de Dios, y los que existen, por Dios fueron ordenados . Y.1.
El apóstol hace uso aquí de un pensamiento muy difundido en el judaísmo, como los testifican pasajes por ejemplo de Dn 2,21; Is 41,2ss; Pr 8,15
Eclo 17,17, etc. Por mí reinan los reyes... por mí gobiernan los gobernantes, afirma Pr 8,15-16.
La afirmación de que las autoridades son ordenadas por Dios (representa, pues una ordenación del mismo: v. 2) fue, a veces, sobreentendido en la investigación8 en el sentido de que hubiesen sido instituidas o creadas por Dios con un valor propio. Esto equivaldría a leer los vv. 1-2 con abstracción de los vv. 3-4 que procura fundamentarlos. Así siendo las autoridades representativas de una ordenación divina por la función que son llamadas a ejercer, a saber, alabar el bien y cohibir el mal (vv. 3-4) no para las barbaridades y atrocidades que eventualmente venían o estaban efectivamente realizando. Pretender, pues, como lo quiere Yoder9, que esto valga para todos los gobiernos, pudiendo aplicarse tanto al gobierno de dictadores y tiranos como a las democracias constituidas, inclusive al gobierno de un bandido o de un guerrero, en la medida en que ellos ejercen el control es simplemente no tomar en serio una regla elemental de la hermenéutica: el contexto es determinante para la interpretación de las palabras.10 Las afirmaciones que Pablo hace en los vv. 1-2 no pueden ser separadas de la complementación realizada por los vv. 3-4: de otra forma Dios sería aliado de tiranos y opresores; este es un precio que la teología no debe ni puede querer pagar, para resguardar una supuesta soberanía de Dios en la conducción del mundo y de su historia. Dios gobierna este mundo en oposición a los tiranos y a pesar de estos mismos. Esto es una verdad que necesita ser rescatada a la luz de textos como. Lc 4,5-6; Mc 3,22-27; 1 Co 15,24-26; Hch 13, etc.
Es en esta exacta perspectiva que también deben ser leídos textos como Sb 6-1-11. Este texto afirma, en verdad, que el dominio de reyes y jueces viene del Señor, y del poder del Altísimo (v. 3).
Ciertamente el texto continúa:
Sí, pues, siendo siervos de su reino, no gobernaste rectamente, no observaste la ley ni seguiste la voluntad de Dios, El caerá sobre vosotros, terrible, repentino. Un juicio implacable se ejerce contra los que ocupan lugares prominentes... a los poderosos reserva un juicio severo (vv. 4-6,8).
2. Pues lo que gobiernan sirven a las personas fomentando el bien y castigando el mal (vv. 3-4); en esta función las autoridades son siervos de Dios.
Las referencias al bien y al mal unen fuertemente a Rm 13,1- 7 a su contexto anterior, sobre todo a 12.9.17,21. La práctica del bien constituye, según 12,9, una expresión d amor. En la esfera de los compromisos públicos de los cristianos evidentemente practicar el bien significa -dentro del contexto contribuir con sus obligaciones delante de las autoridades, el ejemplo del pago de impuesto y tributos.
Nuevamente en relación al contexto de 12,17-21 y que, para Pablo, las autoridades tienen la legitimidad para retribuir y vengar el mal; a los cristianos les cabe únicamente vencer el mal con el bien (v. 21). Las autoridades, por causa de este hecho, son temidas; ya que así prestan también un servicio a Dios en este papel de retribución y venganza. Con esto Pablo legitima el uso de las armas. Pero también aquí hay que separar: no se trata de represión arbitraria, sino como dice 1 P 2,14 represión al malhechor.11
3. Es necesario subordinarse, también en virtud de la conciencia. Pablo está interesado en evitar que el pago de impuestos y tributos se reduzca al cumplimiento formal de una obligación impuesta por terceros. El desea también una adhesión por convicción personal: de ahí la apelación a la conciencia. Esta está, para el cristiano, orientada por el amor de Cristo que aprueba la edificación de comunidades y la sociedad. La subordinación a las autoridades o su materialización concreta en forma de pago de impuestos serían para el apóstol Pablo una expresión de amor responsable por la sociedad.
4. Pues son ministros (= Liturgos) de Dios.
Liturgo12 era un término comúnmente usado para designar a la persona que realizaba un servicio público en favor del imperio; el servicio correspondiente se designaba Liturgia. El término era empleado con menos frecuencia en el ámbito cultural (cf. Is 61,6) aunque podía designar también, generalizadamente trabajador. Pablo une en Rm 13,6 los dos usos del término: Los liturgos designan aquí autoridades al servicio del estado y, silmultáneamente, al servicio de Dios. Esto representa, según Schlier,13 una formulación paradojal, grotesca y osada, que solamente se muestra cuando es importante para Pablo destacar la relación entre Dios y lo profano, en este contexto de exhortación a la subordinación de las autoridades.
Resumiendo: Es notoria la cantidad de argumentos que el apóstol reúne en tan pocos versículos para probar siempre la misma cosa: es necesario subordinase a las autoridades y pagar impuestos. También es innegable que las formulaciones dejan traslucir más el tono de amenaza que el de adhesión: sólo leer con atención los vv. 2-5. El propio Pablo procura deshacer esta impresión acrecentando el no solamente por causa de la ira, además el ciertamente también por causa de la conciencia, mas es innegable que el apelar a la conciencia no es, en este texto, el argumento predominante.
III. Lado Político
El texto destaca los siguientes aspectos de este lado:
- Pide la subordinación a las autoridades superiores14 en el v. 1 y refuerza este pedido en el v. 5.
- Rechaza la oposición a las autoridades, pues esta trae el juicio, la ira y la venganza. (vv. 2-4).
Tanto el término autoridades como gobernantes son empleados aquí en sentido amplio y genérico, como sugiere sobretodo, el v. 1 y también el empleo usual dentro del NT.15
En el v. 6 tenemos ya un empleo más específico, en el que liturgos designa concretamente, a los funcionarios encargados de la recaudación del tesoro.
Lo destacable del lado político en Rm 13,1-7 se concentra en dos verbos de contenido antagónico: subordinarse, por, oponer resistencia.
La idea de subordinación encuentra un fuerte respaldo del NT: El pedido subordinación a las autoridades políticas reaparece ahora en 1 P 2,13 y Tt 3,1. El mismo verbo upotassesthai es, sin embargo, ahora empleado para proponer la subordinación de las comunidades a sus dirigentes (1 Co 16,16; 1 P 5,5) de las mujeres a sus maridos (Col 3,18; 1 Co 14,34), de los esclavos a sus señores (1 P 2,18; Tt 2,9) de los niños con relación a sus padres (Lc 2,51). Puede ser usado ahora en relación a Dios (1 Co 15,28), a Cristo (Ef 5,24), a la ley (Rm 8,7), o la justicia (Rm 10,3). Sólo Pablo emplea el verbo 16 veces, las deutero-paulinas lo emplean 7 veces. La estadística comprueba, pues, que estamos confrontados con un pensamiento común para Pablo. ¿De qué se trata exactamente?
La respuesta que proponemos trata de definir subordinación en oposición a dos extremos, porque comprendemos que ni uno ni otro hacen justamente aquello que Pablo entiende por el término. El primer extremo reside en la interpretación de subordinación como representado nada más y nada menos que una revolución, es decir una subordinación revolucionaria. Es la tesis de Yoder.16 El segundo, la subordinación propuesta por Pablo y por el NT es revolucionaria porque: a) La persona subordinada es tratada como agente moral. b) El subordinado lo es por libre opción, inspirado en el ejemplo de Cristo. (La inspiración de Rm 13,1-7 residiría en 12,1-2), y c) La subordinación teóricamente, será recíproca. Para Yoder, de estas tres características sólo la tercera no es aplicable al complejo de subordinación de cristianos a autoridades, pues en los textos que contemplan la temática la exhortación no es revertida. No encontramos una cita en el sentido de que el rey se imagine a sí mismo como siervo público.17 La ausencia de esta inversión podría estar fundamentada en el hecho de que las autoridades no están enmarcadas entre los destinatarios originales de las cartas apostólicas..., o entonces en el hecho de que Jesús instruirá a sus discípulos específicamente para rechazar la dominación gubernamental sobre otros como algo indigno de la vocación del discípulo para la servidumbre.18
De las dos fundamentaciones la primera tiene claramente las mejores probabilidades a su favor, pues sería inexplicable aconsejar a los cristianos de forma tan incisiva a la subordinación de las autoridades por ser ellos de Dios, y, sumultáneamente que la forma del ejercicio de su poder no corresponde a aquella propuesta por Jesús. En verdad el aspecto de la reciprocidad está también contenido en Rm 13,1-7, aunque no en forma tan explícita como en otros textos. Pensamos poder detectarlo, sobretodo en el v. 4: Pues es siervo de Dios para tu bien.
Cuestionando las posiciones de Yoder, sobre todo la calificación de revolucionaria a esta propuesta de subordinación.
Esta sería revolucionaria si entre los sobre-ordinario y sub-ordinario hubiese como propuesta un cambio alternativo de lugares. Pero no es en este sentido que Rm 13,1ss. puede ser interpretado. Una revolución en las relaciones entre las personas ocurre para Pablo sólo dentro del ámbito de la comunidad, del cuerpo de Cristo: Col 3,27s ó 1 Co 12,13s. Para las relaciones dentro de la sociedad mayor, permanece la orientación de 1 Co 7,20: Permanezca cada una en las condiciones que se encontraba cuando fue llamado. La razón existente en la argumentación de Yoder no por esto debe ser subestimada: el cristiano subordinado prestará su servicio dentro de otro espíritu y motivación que en este caso no lo encuadrase dentro del discipulado de Cristo. La razón de Yoder está, pues en el sentido de que cambia al cristiano como subordinado. Las autoridades, no obstante, no por esto cambian. La historia lo ha demostrado muy bien, que estos últimos, por el contrario, no pocas veces aprovechan la subordinación para incrementar y fortalecer mejor sus formas de tiranía y exportación. En razón de lo expresado encontramos inapropiado hablar de subordinación revolucionaria en este contexto.
Además, también existe una segunda comprensión de subordinación que igualmente no puede ser aceptada como determinante para Pablo. Esta es sugerida por la traducción del término griego original, por palabras como sujeción o sumisión; que conducen a una connotación de pasividad y permisividad, o también de conformismo y resignación. Este tipo de interpretación surge fácilmente cuando se lee Rm 13,1-7 aisladamente, y no en el contexto de toda la carta a los Romanos. Ahora, el pedido para la subordinación a las autoridades viene después de textos como Rm 6,15ss. y 12,1-2 en los que Pablo resalta, entre otras cosas, que el cristianismo no es más esclavo del pecado sino siervo de la justicia, y que su función no reside en simplemente conformarse con este mundo, sino en transformarse por la renovación de su mente. Cuando Rm 13,1-7 es leído atentamente considerando aquello que le antecede dentro de la misma carta, entonces efectivamente subordinarse no puede significar simplemente resignarse o conformarse o aceptar pasivamente cualquier cosa que viene de las autoridades. A. Antoniazzi19 describe muy bien esta cuestión refiriéndose al empleo del mismo verbo ypotassesthai dentro de 1 Pedro:
Sométanse (en griego: hypotágete ) puede ser entendido mejor como intégrese (no hasta: encájense) en orden (en griego táxis ) social. Pero esto no significa que este orden de la sociedad sea considerado justo o natural o hasta eterno . Los cristianos saben que este orden muchas veces injusto, marcado por el pecado, y que él es transitorio, sumiso al juicio de Dios. Por el hecho, sin embargo, de vivir en esta sociedad, una familia, un matrimonio, un individuo (también el cristiano) adquiere una responsabilidad para con estas instituciones humanas. Es al ejercicio de su responsabilidad social que en 1 P se invita a los cristianos.
Esta interpretación ofrecida en el imperativo de 1 P 2,13 es válida también para la interpretación del imperativo de Rm 13,1.
También en Rm 13,1,5, el pedido a la subordinación se encuentra inserto en un contexto de parenesis comunitaria y social, pues es un pedido para la prestación de servicios a las autoridades. Que esto, no obstante, no puede representar anuncio para todos y para cualquier demanda estatal, lo muestra no solamente la apelación de Pablo a la conciencia de los cristianos (Rm 13,5; cf. también 1 P 2,19), pues también hay otro pasaje de la propia carta a los Romanos, a saber 8,35-39.
En estos versículos Pablo expresa su convicción inquebrantable de que nada, ni principados, ni poderes, ni persecuciones, ni peligros, ni la espada, podrá separar a los cristianos del amor de Dios.
Ahora, porque habría Pablo de contar con tantas adversidades inclusive delante de principados y poderes: 8,38 emplea arxai , 13,3 arxontes , pero la raíz es la misma. ¿Acaso subordinación quiere decir acríticamente sí y amén para todo lo que el estado manda?
En razón de lo expuesto se hace difícil aceptar con Michel y otros comentaristas20 que el término empleado para subordinarse sea más fuerte que sus similares griegos peíthesthai y pakoúein = obedecer.
Yoder21 describe acertadamente que lo contrario, a la obediencia en griego, tiene sentido de sumisión irrestricta a los deseos de alguien. Es por esta razón según el mismo, que el hecho imperativo en Rm 13,1 es de subordinación y no de obediencia, esto no puede ser accidental: Lo que Pablo exige... es subordinación. Este verbo tiene la misma raíz que la ordenación de los poderes de Dios. Subordinación es algo bien diferente a obediencia. El opositor que por razones de conciencia se niegue a hacer lo que el gobierno le exige, sin embargo continúa bajo la soberanía de este gobierno y acepta las penalidades que este le impone, a los cristianos que rehusan adorar al César, sin embargo permiten que el César les condene a muerte, están siendo subordinados, lo que no es lo mismo que obedientes.22
Estas consideraciones, en el caso que sean correctas, son válidas para entender más exactamente lo que, en boca de Pablo, podría significar el reverso de subordinarse a saber, el oponer resistencia a las autoridades. Pablo es abiertamente contrario a que los cristianos opongan resistencia a las autoridades en Roma. Esto, como ya lo vimos anteriormente, no puede significar que estos cristianos estén siendo invitados a perder su juicio crítico frente a las demandas gubernamentales o cosa parecida. El amor (Rm 12,9;13,8), en verdad, no se desespera, ni se resiste al mal; por otro lado, por lo tanto, Pablo no puede querer estar pretendiendo que el amor se alegra con la injusticia o se regocija con la mentira (1 Co 13,5-6).
El amor lo mismo que con las autoridades no puede ser excluyente, a riesgo de volverse hipócrita (Rm 12,9). Si él pide no oponer resistencia a las autoridades no puede ser interpretado a este nivel, nos resta interpretarlo en le sentido de no oponer resistencia armada contra las autoridades. Esta es, de hecho, la interpretación que más nos parece corresponder a la práctica usual de resistencia a la cobranza de impuestos (basta recordar a los Zelotes en Palestina) es lo que mejor combina con el tono marcadamente amenazador de los vv. 2-5, principalmente con la referencia explícita al uso de la espada en el v. 4.
IV. Lado Social
El texto presupone una clara estratificación social: hay gobernantes y gobernados, hay autoridades sobrepuestas (= hiper-exoúsais v. 1) y ciudadanos subordinados ( hipotasséstho : v. 1).
Las relaciones entre los dos grupos pueden ser de conflicto y antagonismo: y en el caso de que a las autoridades se les oponga resistencia (v. 2) las relaciones son determinadas por el temor.
Pablo procura evitarlo. Fuera de esto las relaciones pueden ser de cooperación: si los ciudadanos practican el bien, las autoridades retribuyen con elogios.
También al abordar el lado social se nota claramente que la perspectiva a partir de la cual fue escrito Rm 13,1-7 está totalmente determinada por el hecho de que sus destinatarios son los ciudadanos cristianos y su ejercicio del amor político, no las autoridades paganas y a sus compromisos de gobernantes.
Es por esto también que dentro del texto la ruptura de la cooperación o la armonía entre autoridades y ciudadanos tienen su posible origen siempre en los últimos: son los ciudadanos que pueden oponer resistencia, obtener juicio sobre sí mismo, hacer el mal y temer a las autoridades. La perspectiva inversa encontrada por ejemplo en Sb 6,1ss. no está presente en el texto: es que Pablo no está escribiendo para las autoridades, y sí, únicamente para los ciudadanos de la comunidad de Roma. En la práctica bien lo sabemos es lo inverso que acostumbra a suceder: son exactamente las autoridades quienes a través de decretos, originaron las demandas y arbitrariedades que ocurren en las relaciones entre gobernantes y gobernados. Pero no es esto lo que Pablo está deseando destacar en este momento... En razón del hecho, Rm 13,1-7 presenta el lado social prácticamente sólo desde una perspectiva, lo que hace que las formas de interacción y reciprocidad entre gobernantes y gobernados estén prácticamente ausentes.
Evaluación de la lectura de los cuatro lados
En Rm 13,1-7 hay dos versículos que interpelan directamente a los destinatarios de la carta; vv. 6-7. En cuanto a los vv. 1-5 las formulaciones son hechas en forma genérica, y en el v. 6 en que, por primera vez los verbos son empleados en 2a. persona plural: tanto en este como también no el v. 7 Pablo se dirige directamente a los destinatarios. La terminología usada en este caso es eminentemente económica. El asunto del pago, sea de tributos o impuestos sea de temor u honra. Esta concentración de terminología económica en los versículos que directamente se dirigen a los fieles de Roma permite llevarnos a la hipótesis de que la cuestión central de nuestro pasaje es exactamente éste, a saber el pago de impuestos y tributos por parte de los miembros de la capital del imperio. Los análisis que siguen pretenden mostrar que los impuestos y tributos eran recaudados en forma de extorsión, corrupta y violenta. Las asociaciones de publicanos eran los que, al lado del propio gobierno, más se beneficiaban con el sistema tributario. Este era, en esencia, propiamente discriminatorio, ya que contemplaba a todos con el pago de los tributos indirectos, pero sólo a los ciudadanos no romanos con la recaudación de los tributos directos: estos últimos eran los que efectivamente representaban la mayor parte de los ingresos del imperio en el siglo I.
Pablo no alude a este procedimiento discriminatorio, interpelando a los cristianos a pagar indistintamente tanto los impuestos como los tributos.
Encontramos que la práctica extorsionadora, corrupta y violenta usada por el imperio para la recaudación de sus impuestos tiene una íntima relación con el incremento y la expansión que reciben las consideraciones de naturaleza ideológica en Rm 13,1-7. Desconocemos un pasaje similar dentro del judaísmo de la época, en que con tanta insistencia y de forma tan variada es legitimada la acción y el ejercicio del poder por parte de las autoridades paganas. Esta insistencia no puede ser casual. Ello revela que Pablo evidentemente se está confrontando o piensa poder confrontarse con serias oposiciones a su pedido del v. 7.
De ahí se explicaría también el tono más bien restrictivo que propiamente positivo a lo largo de los vv. 1-5.
Así mismo Pablo no puede ser interpretado simplemente como un inveterado optimista de los gobiernos del imperio, él no obstante convoca a la subordinación a las autoridades; la subordinación representaba en su entendimiento el espacio real que se ofrecía en el época y dentro de la situación dada para que el amor pudiese ser vivenciado también en una dimensión que excede los límites estrechos de relación personal o comunitaria. Así mismo el apóstol no defiende simplemente una subordinación a cualquier costo o únicamente por imposición de fuera. Colocando como criterio de subordinación la propia conciencia de los cristianos (v. 5), él lo entiende como un servicio a ser prestado mediante la convicción interior.
La perspectiva social presentada por el texto es de una sociedad nítidamente estratificada que permite vislumbrar tanto una cooperación como un antagonismo entre las partes.
V. Lo que la superficie del texto nos dejo transparente...
El análisis sociológico procura perseguir las pistas y los datos que el texto presenta en su superficie literal. Se puede sospechar, por lo tanto, que la comprensión profunda de un texto se reduce a los datos que efectivamente deja traslucir...
Intrigante es, sobre todo, la verdadera batería de substratos ideológicos que Rm 13,1-7 encierra. ¿No podría Pablo haber aconsejado el pago de los impuestos sin usar de todas estas colecciones justificadoras?
Nos preguntamos de otra forma: ¿No podría ser esta abundancia de legitimación ideológica por motivos ocultos que no interesaba al apóstol presentar explícitamente en calidad de alguien que por primera vez se presenta por escrito a la comunidad de Roma?
Una rápida comparación de Rm 13,1-7 con sus similares 1 P 2,13-17. Ti 3,1 y Tm 2,1.2 sobre el aspecto aludido sólo hace reforzar la hipótesis levantada. Somos realmente de la opinión que la insistencia de Pablo en la ordenación divina de las autoridades y en la necesidad de subordinación de los mismo no se explica únicamente con el recurso de los v. 6-7. En este caso, sin embargo, ¿que podría haber motivado ahora al apóstol a escribir de manera insistente como lo hace?
En respuesta a esta pregunta hay opiniones divergentes.23 Las variadas motivaciones presentadas en la investigación no siempre se excluyen necesariamente. Dos de ellas, entre tanto, nos gustaría destacar en esta ocasión, porque nos parecen muy actuales tanto para la situación específica de la comunidad dentro de la capital del imperio, como en cuanto a la situación singular de Pablo frente a los cristianos de Roma.
En la primera hipótesis de la insistencia de Pablo a la subordinación a las autoridades, se encuentra en estrecha relación con un incidente ocurrido entre judíos y cristianos años antes bajo el emperador Claudio, en el que por causa de las desavenencias en relación a Cristo surgiendo agitaciones entre los dos grupos (alrededor del año 49 dC). Por causa de este hecho Claudio expulsó a cristianos y judíos de Roma (cf. Hch 18,1-3), como nos relata el escritor romano Suetonio. A los cristianos les estaba pues prohibido expresar su religión públicamente en Roma desde el 49.
Se sabe, sin embargo, que con la subida de Nerón al poder este decreto de Claudio probablemente fue derogado (en el ¿54? ó ¿55?). El cristianismo de Roma tenía, no obstante, que contar a partir del 54 dC con la oposición férrea de los judíos y con la vigilancia atenta de las autoridades romanas. Para éstos no representaban propiamente una religión (= religio ) sino, meramente una superstición (= superstitio ). Y los superstitiones eran sólo tolerados por los romanos, siempre y cuando, no atentasen contra dos cosas: decencia y orden público.24 Sobre todo este último detalle podría representar una clave, de comprensión para la insistencia de Pablo en la subordinación a las autoridades: reacciones hostiles al gobierno y al orden público, aunque representasen únicamente hechos aislados de a dos o tres, podría llevar todo a la reedificación de la comunidad aguas abajo. Tal tragedia no representaría únicamente el fin de la comunidad de Roma, sino, simultáneamente, también la invalidación de los proyectos misioneros del apóstol en relación a España (Rm 15,22-29) para lo cual la ayuda de los fieles de Roma sería imprescindible (15,24-38). La insistencia de Pablo sería, en este caso, la principal motivación por la situación extremadamente delicada de la superstición cristiana frente a la vigilancia de las autoridades de la capital.
La segunda hipótesis que encontramos merece un breve comentario de orden más personal. Pablo astutamente era un misionero extremadamente controvertido. El tenía muchos amigos, pero también muchos enemigos. Su vida personal fue todo menos una vida de armonía con las autoridades, lo que destacan entre todos Wengst y Konzen.25 ¿Tal vez hubo en Roma, antes de que Pablo llegase hasta allí, una contra-propaganda en relación a su persona?
¿Tal vez enemigos suyos tenían interés en desacreditarlo junto a los cristianos de la capital, precisamente en virtud del peligro que podrían representar frente a la necesidad de orden y armonía?
Esta tesis formulada últimamente por Wengst,26 nos parece igualmente digna de consideración, y esto tanto más ya que en pasajes anteriores de la carta de Pablo tiene necesidad de responder a objeciones y críticas (cf. 3,8,31; 3,1-2,15;7,7). También debe ser considerado que con esta carta, Pablo se está presentando por primera vez a la comunidad. ¿No es así también entre nosotros hoy día, que en cartas de presentación la gente acostumbra escribir con muchos más cuidados y ponderación de lo que las acciones reales en la práctica dejan translucir?
Otras dos hipótesis, no menos discutidas y abordadas dentro de la investigación nos parece tener un grado menor de razón.
La primera sería la que presupone que Pablo está polemizando contra fuertes tendencias entusiastas existentes entre los cristianos de Roma que convencidos de poseer el Espíritu, se sentían ya libres de compromisos dentro de este mundo. Es verdad que pasajes como Rm 1,8-17; 11,18; 12,3; 16; 14,3; y 15,14-33 dejan traslucir algunas tendencias de soberbia y desconsideración para con los otros. Pero si ese fuera el motivo real de la insistencia del apóstol en el servicio a las autoridades, no se explica el porqué no había haber sido explícitamente puesto dentro de Rm 13,1-7.
Una segunda hipótesis menos probable es la que presenta la posibilidad de representar Rm 13,1-7 como polémica oculta contra simpatizantes del movimiento de resistencia armada contra los romanos (= movimientos zelote) residentes en la capital. No encontramos del todo improbable que el debate y ocupación de Palestina por los Romanos haya ganado adeptos también entre la numerosa población judía residente en la capital ( 20 a 30 mil).
Los destinatarios primeros de la carta a los Romanos no son pues judíos y sí paganos (1,5; 13s.; 11,13,30s.; etc.) razón por lo que la hipótesis pierde su argumento central.
VI. Avances y limites en Rm 13,1-7
El mayor avance que encontramos en el texto reside, a nuestro modo de ver, en el hecho de que el apóstol Pablo interpela a los cristianos de Roma para asumir compromisos de amor responsable no sólo entre sí y dentro de la comunidad, sino también para dentro de la sociedad en forma de pago de impuestos y tributos.
Antes y después de este texto Pablo aconseja la vivencia del amor (12,9-10 y 13,8-10). La interpelación en Rm 13,1-7 debe, pues, ser entendida a partir de este contexto como invitación para la práctica del amor dentro de las estructuras y poderes constituidos en la sociedad.
Esta posición no deja de ser sorprendente en vista de la ausencia de la representatividad política de los cristianos en la época y sobre todo, también en vista de la minoría insignificante que representaban los mismos dentro del imperio y de su capital. No tenemos, por lo tanto, aquí el testimonio de cómo el cristianismo ya en sus orígenes más remotos, era un movimiento no centrado únicamente en torno de sí y sus propios problemas, sino que buscaba simultáneamente definir responsabilidades en el conjunto mayor de la sociedad. Es claro que él lo hace dentro del espacio de responsabilidades que el propio sistema permitía concretizar.
El cristianismo, sobre todo, muestra así no haber sido meramente a-político, como lo quieren interpretar muchos cristianos hoy día.
Un segundo avance que presenta Rm 13,1-7 reside en el hecho de que tanto el poder de las autoridades como la subordinación de los cristianos vienen nítidamente calificados: Las autoridades son las que están para castigar el mal y alabar el bien y la subordinación de los cristianos debe basarse no sólo en el temor, sino, también en la conciencia, Ahora, de esta manera se presupone que ni las autoridades son arbitrarias, ni los cristianos practican subordinación a cualquier precio. Tenemos aquí entonces un hecho curioso de que los mismos argumentos usados por el apóstol para pedir la subordinación en este caso pueden, o en otra situación, por la naturaleza misma de su contenido, ser empleados para fines contrarios.
El último avance que pretendemos destacar reside en la desacralización de las autoridades: para el apóstol éstas sino al servicio de Dios, son sus siervos (v. 4). Es verdad que en el texto esta afirmación es usada para conferirles una mayor autoridad.
Si embargo es innegable que simultáneamente, ello implica una mayor carga de responsabilidad.
Hay al lado de estos y otros avances una serie innegable de límite en el texto. Veamos algunos de ellos a modo de conclusión.
1. La alternativa categórica entre subordinación y oposición de resistencia a las autoridades en términos puestos por Pablo no es responsable más que para el interior de nuestro contexto.
Para la mayoría de los cristianos del continente la acción más responsable probablemente ahora representa aquella que contempla las dos alternativas simultáneamente, dentro de las condiciones que cada situación específica ofrece. Al contrario del v. 2 resistencia hoy en día también no se refiere a la resistencia armada.
La mayor parte de la resistencia a las autoridades inclusive es de hecho en forma no violenta a través de la desobediencia civil, presión de movimientos populares, asociaciones, sindicatos, etc.
2. La ideologización del papel de las autoridades en los v. 3-4 es funcional dentro de Rm 13,1-7, tratando de no impedir la práctica requerida en el v. 7; no son interpeladas las autoridades, sino los cristianos. Así mismo él no deja de representar una cierta convivencia para con los gobernantes. Quien calla, consciente dice un dicho. ¿Sería justo encuadrar en este dicho? Nos gustaría juzgar, en este caso. Más la apelación del v. 7 aconsejando pagar indiscriminadamente impuestos y tributos , cuando sabidamente el tributo era cobrado sólo a pueblos militarmente subyugados y a ciudadanos no romanos, no deja de causar un cierto malestar.
3. El pedido de subordinación a las autoridades es hecho en forma unilateral en el texto. No hay, en este caso, una deseada reciprocidad. Pablo interpela sólo a una de las partes. Nosotros ya vimos las razones de este hecho. Hoy es más que hora para interpelar con insistencia a la otra parte. Y de ella es el deber de subordinarse también delante del pueblo: a sus prioridades, necesidades y anhelos. Las autoridades no son únicamente siervos de Dios, como dice Rm 13,4. Sino sobre todo y en primer lugar siervos y deudores del pueblo, al mando de quien y para quien gobiernan.
pueblo, traza el tono de toda la problemática actual del control de los poderes: ¿Qué mecanismos o instituciones necesitamos crear o salvaguardar para que los gobernantes permanezcan como servidores y no se conviertan en déspotas o tiranos?
4. Una subordinación a las autoridades necesita hoy de un discernimiento crítico constante. Los cristianos precisan darse cuenta de que las autoridades son únicamente las cabezas de freno para los intereses muchas veces contrarios al bien del pueblo, como el de las grandes multinacionales. En la época de Pablo había mucho menos secreto sobre los intereses reales de los gobiernos.
Hoy al contrario a ciertas autoridades, puede representar, con poca información, el servir inconscientemente a intereses propagandísticos, científicos, económicos y financieros esencialmente ajenos y contrarios al bien común, el cual les corresponde a las autoridades cuidar.
5. Los cristianos no serán por principio, contrarios a las autoridades. También Jesús admitió a mayores y menores, aunque tenía claro que el criterio de legitimidad de la autoridad no es la fuerza de sus armas, sino el grado de servicio que presta. (Mc 10,41-45). La cuestión decisiva no es, pues, subordinarse o no subordinarse, sino, a cuáles poderes subordinarse. También la forma de ejercicio del poder no puede ser neutra para nosotros. Una democracia representativa que no deja espacio para la participación crítica del pueblo y de sus movimientos, acaba prestando un servicio mayor a los gobernantes electos, que a aquellos quienes los eligieron.
Uwe Wegner, Caixa Postal 14, 93001 Sao Leopoldo/RS , Brasil
NOTAS
1 Cf. A.F. Anderson/Frei G. Gorgulho: La lectura sociológica de la Biblia.
Estudos Bíblicos 2: Camino de Liberación. Petrópolis, Vozes, 1984, p. 6-10. Cf. en el mismo cuaderno también el artículo de C. Tosar: La lectura de la Biblia con el pueblo trabajador, p. 71-74.
2 La traducción es literal. El significado es para realizar el juicio de la ira, es decir, para castigar a los que practican el mal. Lo mismo corre para ira en v. 5.
3 Cf. T. Pekáry: artículo vectigal. En: K. Ziegler et al i.ed. Der Kleine Pauly . Lekikon der Antike, Munchen. Deutscher Taschenbuch Verlag, 1979, vol. 5, col. 1150.
4 Cf. El artículo sobre vectigal citado en la nota anterior M.C. Giordani: Histórica de Roma . 9. ed. Petrópolis, Vozes, 1987, p. 120-122; J. Bleicken: Verfassung und Sozialgeschichte des römischen Kaiserreiches . 2a. ed. Paderborn, Ferdinand Schoeningh, p. 193-206.
5 Cf. T. Pekáry: artigo tributum. In: K. Ziegler et al, op. cit., col. 952-954.
6 Para la presentación de las fuentes antiguas nos basamos en las traducciones ofrecidas por J. Friedrich/W. Pöhlmann/P. Stuhlmacher: Zur historischen. Situation und Intention von Röm 13,1-7. ZThK 73: 131-166, 1976 (p. 154ss); W. Stenger: Gebt dem Kaiser was des Kaisers it...! Frankfurt am Main, 1988, p. 21. Fue consultada también la traducción en español de la obra de Filón de Alejandría: De specialibus legibus. Para la traducción de Tácito agradecemos la ayuda de Egbert Ossewaarde van Nie.
7 Cf. Lo mismo en el artículo anteriormente citado (nota 6), p. 140-145.
7a. Cf. M. Trimaille: Vivir como cristiano y como ciudadanos responsables. Romanos 13,1-7. in: VV. AA. Libertaçao dos homens e salvacao em Jesus Cristo . Um estudio bíblico (Iia. parte). Sao, Paulinas, 1981, p. 74.
8 Cf. J. H. Yoder: A política de Jesus . Sao Leopoldo, Sinodal, 1988, p. 131-134.
9 Cf. J. H. Yoder, op. cit., p. 133.
10 Cf. L. Berkhof: Principios de interpretaçao bíblica . 2a. ed. Río de Janeiro, JUERP , 1981, p. 78-82.
11 Cf. Las buenas observaciones al respecto hechas por J. Comblin: O espíritu santo e sua missao . Sao Paulo, 1984, p. 289-293.
12 Cf. para lo que sigue sobre liturgoi H. Schlier: Der Römerbrief. 3a. ed. Freiburg, Herder, 1987, p. 391s, 430s.
13 Cf. H. Schlier, op. cit ., p. 391s.
14 O. v. 1 usa el término autoridade (= exousía ) una vez en plural y una en singular; los vv. 2-3 no se usan siempre en singular. Además de este término el texto se refiere ahora a gobernantes (= árxontes : v. 3) y a ministros (= leitourgoí : v. 6) para designar funciones políticas.
15 Cf. Bauer-Aland: Griechisch-Deutsches Wörterbuch zu den Schriften des Neuen Testaments und der frühchristlichen Literatur . 6a. ed. Berlín, Walter de ruytex, 1988, col. 227 e 564.
16 Cf. J. H. Yoder, op. cit ., p. 112-126, 136-139.
17 Cf. J. H. Yoder, op. cit ., p. 123.
18 Cf. J. H. Yoder, op. cit ., p. 123.
19 Cf. A. Antoniazzi: La salida es precisar. El conflicto de los cristianos con la sociedad, segunda y primera epístola de Pedro. In: Estudos Bíblicos 15: Crisis y salidas. Petrópolis, Vozes, 1987, p. 57-68 (65-66).
20 Cf. O. Michel: Der Brief an die Römer . 5a. ed. Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1978, p. 398, nota 10; también H. Schlier, op. cit ., p. 387 en cuanto a la idea probable.
21 Cf. J. H. Yoder, op. cit ., p. 139.
22 Cf. J. H. Yoder, íbidem.
23 Cf. El examen crítico de las variadas hipótesis en Vilho Riekkinen.
Römer 13 . Aufzeichnung und Weiterführung der exegetischen Diskussion.
Helsinki. Suomalainen Tiedeakatemia, 1980, p. 96 ss.
24 Cf. con relación a la religión y superstición en el imperio. M. Green: Evangelizçao na igreja primitiva . Sao Paulo, Vida Nova, 1989, 2a. ed., p. 36-45.
25 Cf. K. Wengst: Pax Romana . Anspruch und Wirklichkeit. München, Chr. Kaiser Verlag, 1986, p. 93-97; L.Z. Konzen: Autoridade político-religiosa e obediencia. In: Palavra partilhada . Año 7, No 1, 1988, p. 28-36 (Sao Leopoldo). Algunos textos que dejan traslucir los conflictos de Pablo con las autoridades y las presiones subsiguientes de allí son: 2 Co 1,8-10; 4,8-9; 6,5; 11,23ss.; 15,32; 1 Ts 2,2; Fp 1,13 ss., etc. Gl 5,11 y 6,12 comprueba que la predicación de un crucificado era provocativa en la época, generando persecuciones.
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